Gracias por sus comentarios.
Guest, bueno, me encantaría darte mi comentario en portugués pero creo que solo me humillaría tratando de escribir algo así.
liz: que bueno que te guste, aquí esta la continuación ^^
Después de ver una película como "mujer bonita" uno pensaría en lo mejor de las prostitutas. Pero esta es otra historia. Sam no era un joven que había huido de casa por un absurdo sueño o siguiendo a una mujer, tampoco tenía principios; era un adicto a las drogas y el alcohol. No encontraba problema al besar a alguien, le daba lo mismo… Cuando el vio la película por primera vez carcajeó, eso no era una prostituta, era una película para adolescente con una princesa ninfómana. Muchos clientes encontraban asqueroso besar a alguien que realizaba cientos de mamadas al día y quien sabe que otras cosas metía en su boca. ¡Oh! y el uso del condón, dependía del cliente en la mayor parte de los casos, después de vivir en las calles la mayoría de las prostitutas sabían que el SIDA era la menor de sus preocupaciones, tuberculosis, hepatitis, esas eran mucho peor que contraer VIH. Él no se preocupaba por las ITS, tomaba antibióticos y respecto al SIDA, estaba seguro que moriría antes por una sobredosis o la golpiza de algún cliente antes de ser detectado siquiera.
No odiaba su trabajo, en ningún otro podría estar drogado y trabajar al mismo tiempo. Hacía mucho que había perdido el asco igual que sus sueños si es que alguna vez los tuvo. Bueno, sí. Mentiría si dijese que nunca soñó ser como Superman a los cinco años o tener el poder de convertir las cosas en dulces. Pero claro, de eso hacía tanto tiempo. Y uno se preguntaría bajo qué condiciones alguien del tipo de Sam podría encontrarse con un magnate como Dean Winchester.
Solo que el gobierno obligase a Sam a trabajar de manera legal y que a Dean se lo impusieran de empleado.
Porque claro, pertenecen a clases diferentes. Y no se indignen, que ustedes también desvían la mirada cuando una persona sucia y poco atractiva pasa al lado suyo en la calle o si se cruzan con una prostituta se inclinan un poco hacia la calle, o si pueden hasta cruzan desde antes de acercarse. No piensan en su pasado, solo que seguramente son drogadictas holgazanas, quizás piensen que las están explotando pero solo las miran con lastima y siguen con su vida, ignorándolas.
Dean Winchester, un hombre ejemplar: el hombre perfecto, el sueño de cualquier adolescente y ama de casa y ¿por qué no? Múltiples profesionistas atractivas y solteras. Era muy atractivo, de carácter fuerte pero amable, con sentido de del humor y millonario, también filántropo y adora a los perros. ¿Quién no adoraba a este hombre?
Irak, el medio oriente en general.
Bien, no, una parte lo amaba, el otro aborrecía. Pero ellos odiaban a medio mundo. Claro, que a él más porque atacó sus hogares. Los llamó terroristas cuando fue él quien invadió su casa y mató cientos de personas con sus armas mientras estuvo en el ejército sirviendo al tío Sam.
Sucede que después de jugar a ser un rebelde sin causa y recibir una golpiza por parte de su padre -porque eso era Miguel para Dean, un padre- Se le ocurrió mandar su empresa familiar al garete y enlistarse en la guerra para servir a su país y lo hizo bien, hasta un operativo para eliminar futuros peligros a su alrededor, y eso fue lo que lo cambió todo.
Winchester se unió al ejército tratando de ayudar a su país, a su gente. Era joven e ingenuo, no estaba seguro de cómo participar en una guerra les ayudaba a ganar, Estados Unidos decía que con eso evitaban futuras amenazas y ataques a sus chicos. Y él confiaba plenamente en su nación. A diferencia de muchos países tercermundistas Estados Unidos tiene algo que se llama autoridad moral o –hipocresía moral- Sus políticos no eran tan corruptos y si cumplía en cuidar de su sociedad la mayoría de las veces, era congruente con sus acciones. No de en vano tantos inmigrantes llegaban ahí buscando el sueño americano.
Entrar en el ejército fue un orgullo y una pesadilla, no estaba acostumbrado a ser tratado como mierda, tampoco a levantarse a las cuatro de la mañana a ejercitarse. Pero no importaba, cada vez que se ponía el uniforme se sentía fuerte, era como si le diese algún súper poder y todos sus compañeros ingenuos se sentían de la misma manera, sus camaradas se convirtieron en su familia. Compartieron los abusos de sus superiores, el agua. Todos llenos de expectativas, fanfarroneando, hablando de cuantos bastardos eliminarían y como regresarían con medallas con sus familias. Porque ellos harían la diferencia.
Y lo hicieron, aumentaron el número de desaparecidos y muertos.
De la tropa inicial solo quedaban tres. Se suponía que sería un operativo fácil, se suponía que a ellos aún no los enviarían a la parte cruda de la guerra. Oh, cuan equivocados estaban.
El uniforme que Dean adoraba portar con pulcritud ahora lucía negro y desecho. La lluvía arreciaba llenando todo de lodo, dificultando la visibilidad, los fuertes truenos sobresalían de los disparos. Los musulmanes les disparaban sin piedad y varios de sus compañeros caían abatidos a tiros.
Todo era gritos de rabia, dolor y confusión.
Quien haya dicho que el infierno era un lugar lleno de fuego mentía. El clima era helado, solo se escuchaban truenos, gritos, explosiones y disparos; todo esto con el lúgubre sonido de los gemidos de personas agonizantes, no todos tenían la fortuna de recibir un disparo en la cabeza. No volteó a ver el cadáver de su amigo, no quería que sus sentimientos se apoderasen de la poca cordura que le quedaba. Él había querido negociar, hablar, siempre había tenido la esperanza de lograr un acuerdo de ambas partes, que nadie dispara un arma y que los dejasen pasar. Pero apenas los vieron dispararon contra ellos, uno cayó al instante.
"Hijos de puta" gritó su compañero que aún quedaba en pie. Apenas asomaban la cabeza por el muro de concreto por milésimas de segundos. "solo son dos pero tienes una maldita metralleta"
Los disparos no disminuyeron durante diez minutos. Temían que el pequeño muro de concreto que les protegía se desintegrase por las balas. Los disparos siguieron.
Siguieron muchos disparos erráticos hasta que no hubo nada.
Debieron quedarse sin armas o lo esperaban. No importaba. Mataría a los hijos de puta. Ambos corrieron sobre los escombros, saltando y sorteando varios cuerpos y los musulmanes les disparaban pero ahora con pistolas más pequeñas, lo que tenía de emergencia. Su compañero cayó herido por una bala y Dean se abalanzó con su cuchillo de caza sobre el hombre enterrándoselo al instante. Su compañera gritó de rabia y se lanzó sobre la espalda de Dean, golpeando y sacando un cuchillo. Dean se tiró al suelo aplastando a la mujer quien quedó confundida por unos segundos, tiempo que le bastó para cortarle la garganta. Escuchó un ruido bajo sus pies y bajó con el arma. Escuchaba los gritos de ayuda de uno de sus compañeros.
Entró en la casa y se quedó inmóvil al ver ahí a una pequeña familia. El mayor de todos debía tener apenas doce años y sostenía un cuchillo en el cuello de hombre herido mientras sus hermanos estaban escondidos detrás del cuerpo
"Dean, por favor" escupió a través de la sangre. El niño gritaba en otro idioma mientras le pinchaba el cuello del hombre. Aplicó más presión y cortó el cuello del hombre quien cayó al suelo convulsionando como una ternera degollada.
Dean se quedó quieto por el shock y el niño corrió hacia el con el cuchillo en mano.
"¡No voy a hacerte daño"! gritó. El niño era ágil, Dean no quería lastimarlo. Quería hacerlo entender que no era su enemigo, que quería ayudarlos; el niño gritaba monstruos asesinos en su lenguaje. El niño intento córtalo y Dean sostuvo la muñeca, el chiquillo se impulsó y pateó a Dean con fuerza en la cara y lo desestabilizó, iba a acuchillarlo pero Dean reaccionó como su entrenamiento lo dictaba. Antes de darse cuenta le había enterrado el cuchillo en la garganta al niño. La sangre brotó rápidamente, salpicando hacia su cara, deslizándose por su boca.
"Yo, no quise" no hubo tiempo, más balas, no sabía de quién pero debían salir Dean tomó a los dos niños más pequeños y quiso huir. El mayor ahora de diez años perseguía a Dean para proteger a sus hermanos del diablo que lo cargaban. Pero fue baleado en el camino. Dean volteó con horror al ver al niño caer y gritar algo que él no podía entender. Dejó a los niños llorando detrás de un muro y fue a auxiliar al niño.
"¡GRANADA!" el volteó a ver con horror como alguien lanzó el explosivo cerca de los niños.
"¡CORRAN!" no hubo tiempo. La explosión demolió la casa detrás y los escombros cayeron sobre los niños aplastando sus cuerpos. La nube de polvo lanzó a Dean lejos y su cabeza se golpeó contra las rocas.
Y después de esa pelea hubo otras más, aunque Dean ya no peleó con niños. Aun veía en las caras de los soldados infantes asustados, motivados por el odio y el resentimiento de ver morir a sus seres amados. Regresó a Estados Unidos con medallas de victoria pero con la cola entre las patas.
Dean no fue a terapia después de eso. No había palabras para lo que había vivido y ningún psicólogo lo entendería, fingiría hacerlo. Le dirían como actuar en base a la vida de gente que había sobrevivido. Regresó con la cola entre las piernas, había muerto gente de los dos bandos, sus camaradas y niños que apenas comenzaban a hablar, que no sabían el motivo de esa guerra. Personas que nada tenían que ver, por eso usó todo su dinero para crear una empresa que dedicaba principalmente a ayudar las personas de la guerra. No a los héroes, si no a la gente que estaba harta. Las personas del medio oriente, aquellos que huían de las masacres, era bien recibidos, bien pagadas y si juntaban lo suficiente podían sacar a toda su familia. Tenía otras empresas más en Europa, dedicadas a lo mismo. Quería evitar que familias terminasen así, pero el gobierno siempre metía las narices donde no le incumbía. Odiaba que sus impuestos fuesen usados para crear armas, balas que terminarían con la vida de algún niño. Y Dean no era de mal corazón, pero no entendía a la gente que seguía una vida de crimen por su propia elección, aunque tratasen de rehacer su vida, era una aversión hacia sí mismo. Mientras el robada videojuegos y drogas en su rebeldía, había niños muriendo.
Por eso le importaba una mierda los supuestos sentimientos de las mujeres. El las adoraba pero no soportaba la cursilería, el romance. Y después de lo que vivió, maduró. Su juicio se volvió más analítico y se acostumbró a siempre tener la razón, y por eso cuando Sam lo calló. Se sintió imbécil.
Jamás maduró lo suficiente como para pedir una disculpa.
"Ve por un café expresso, una ensalada tradicional y un croissant de jamón. Cómprate algo si gustas" fue su primera orden, no quería parecer más idiota y tampoco tenerlo sentado como niño.
"Gracias, Señor Winchester" Sam recibió el dinero. Aceptaría de muy buena gana la oferta de comida. Hacía años que no comía nada decente y estaba seguro de lo que moría por comer en ese momento.
Sam esperó a que Cole colgase el teléfono, fingiendo no haber escuColeo, le pareció divertida la conversación y que su jefe le comprase ropa, era patético pero gracioso.
"Tú serás el chico nuevo."
"Temporal."
"Hermano, todos son temporales con Dean." Cole tenia una sonrisa irónica, completamente diferente de Dean, más bajo pero un poco bromista, más empatico, moreno. No era feo pero tampocoeraguapoconjohn
"¿Tan mal coge?" Cole tosió ante el comentario.
"Te diré que siempre sale con una chica bonita pero… quizás no es lo suyo." Sam encogió los hombros. Como quien no presta importancia, no estaba enfocado en Dean Winchester en sí, si no en las otras personas a su alrededor que estaban seguro, ganaban muy bien. Ligarse al jefe sería un trabajo imposible, Winchester no era un hombre patético como Crowley, y estaba seguro que con ese físico podría tener a cualquier mujer que se prestaría a las más oscuras fantasías con tal de estar con alguien como él. Y era mandón, odiaba a la gente mandona. La mayoría de sus clientes lo eran y el odiaba a sus clientes.
"¿Dónde está la cafetería?" preguntó
"Tercer piso, viejo, tienes que probar el café de este sitio es buenísimo y muy adictivo" señaló el elevador. "Pero la fila es la muerte, "
"¿Puedo decir que voy de parte del jefe?"
"todos dicen eso" burló Cole. "Mejor apresúrate y lleva algún libro, tardarás al menos hora y media en la fila"
Sam abrió los ojos como platos en cuanto las puertas del elevador se abrieron al ver fila de la cafetería. Todos iban recomendados, estaba seguro que demoraría al menos una hora formado en la fila, una pizza sería más rápida, se estaba haciendo a la idea hasta que reconoció a alguien detrás del mostrador. El gerente de la cafetería de movía de un lado a otro ayudando a sus empleados, estresado, iracundo. Su trabajo no era malo a menos que fuese la hora pico ¿Por qué todo mundo quería comer la misma hora? Su empleada y novia le guiñaba el ojo tratando de calmarlo. Maldijo entre dientes al quemarse por vigésima vez con el café caliente y cuando se dispuso a secarse se topó con un par de ojos coquetos
"Hola cariño."
"S-sam" tartamudeó. "¿Qué demonios haces aquí?" se acercó a la barra donde sabía que entre tanto bullicio nadie los escucharía.
"Resulta que ahora trabajo aquí, es una divertida historia" dijo juguetón. "oh, y quiero dos café expreso extra grande, una ensalada de pollo, un panini y dos rebanadas de pastel de chocolate"
"Fórmate"
"Resulta que no quiero esperar una hora por mis pedidos"
"Pues las putas no tienen opción" dijo despectivo. Esperó insultar a Sam pero este mostró un gesto benevolente.
"Apuesto que tu novia que está por ahí amaría saber que lo mucho que gusta recibir por el culo"
"nadie va a creerle a una puta como tú" alzó la voz para darse cuenta de su error y entrecerrar los ojos, mirando con odio a Sam. El chico era la puta, era él quien debía ser humillado.
"Aquí sólo soy un empleado" dijo Sam, sacando de sus pensamientos al gerente. "un chico guapo que trabaja para el director. Sí, así es. Soy algo así como su secretario particular." Mentira, apenas lo conocía de unos minutos pero aquel hombre no tenía porque enterarse.
"Le diré al señor Winchester la clase de porquería que tiene trabajando para él"
"¿Qué le dirás?" retó Sam, su sonrisa se ensanchó aún más. "Conozco a ese muchacho porque me encante que me folle duro para después golpearlo y regresarle el favor, lo recogí en una de las peores zonas de la ciudad, y el cabrón cobra caro"
"No diré nada…"
"Corrección, no puedes decir nada." Dijo con la voz triunfante "Apura con mis pedidos"
A regañadientes preparó el café del muchacho, pensando en echarle un poco de detergente para provocarle una severa gastritis, de no ser porque había una posibilidad de que Sam dijese la verdad y trabajase para el jefe. Pensó demasiado antes de que Sam lo llamase al notar su retraso.
"Cariño" llamó en voz alta.
"Perra." Espetó con desprecio, lo suficientemente bajo para que los demás no lo oyesen.
"Tú atiéndeme bonito y nadie se tiene que enterar" le guiñó el ojo antes de tomar de nuevo el ascensor que le llevaría la oficina de su jefe. Le gustaba ese sentimiento, no estaba acostumbrado a él pero sin duda era algo que le gustaba experimentar.
En cuanto abrió la puerta de la oficina Dean lo recibió con una cara de pocos amigos.
"¿Aún estás aquí? ¡Te pedí que fueses por mi comida!"
"¿Siempre eres tan prejuicioso y gritón?" dijo con un puchero antes de mostrarle la bolsa de comida. "¿Tienes donde servir?"
"¿Cómo lo hiciste?" Sam encogió los hombros. Echó un vistazo hacia una de las mesas que había por ahí y dio un silbido al ver todo lleno de papeles. La oficina era grande, muy bien decorada, de un estilo moderno. Rojo y negro junto con varios muebles chocolate pero todo estaba opacado por los cientos de papeles dispersos. Dejó las bolsas de comida en una silla para ordenar los papeles. Asumió que Dean tenía alguna especie de orden en ese desastre así que rápidamente hojeó los papeles, así podría saber de qué iban y como ordenarlo de tal manera que Dean podría usarlo.
Vaya, su jefe su jefe sí que pensaba a lo grande.
"Te dije que soy eficiente" respondió, mientras servía aquel café en una taza y cambiaba al comida del plato desechable a la hermosa vajilla que se encontraba por ahí. Todo con una elegancia y gracia digna de admirar. Le agradó la mirada de Dean, aunque solo fuese por algo tan simple como ir por la comida. "Asumo que los papeles que tienes en el escritorio son demasiado importantes y no querrás ensuciarlos"
"Sí…"
Dean devoró la comida, no estaba acostumbrado a disfrutar sus alimentos, lo único en lo que se tomaba su tiempo, eran en el café. Oh café, podía demorar horas con una taza. Pero Sam, juró que el muchacho gimió cuando se llevó el primer trozo de pastel a la boca. Caso contrario cuando probó el café y solo dio un trago que pareció disgustarle.
Una vez terminado limpió su boca con un pañuelo y volvió a sentarse en su escritorio a escribir en la computadora. Sam le siguió el paso, el director lo mandó a sumar, restar, sacar copias, archivar: todo eso sin aparta la vista del ordenador ni dejar de hacer anotaciones en una pequeña libreta y atacar el teclado de la computadora como si fuese una metralleta.
"La empresa te proporcionara un teléfono, capacitaciones y demás." Dijo sin apartar la vista de su trabajo.
"¿siempre estás pegado a la computadora?"
"Solo por ahora, tengo un proyecto y necesito un gran apoyo. Sin embargo todo esto requiere mucho trabajo de investigación, se deben de cubrir todos los requisitos y no debo escatimar en detalles así que todo este año pasaré pegado a la computadora para poder obtener ese recurso."
"¿Sobre qué es?"
"¿Trabajas en esta empresa y no sabes a que nos dedicamos? ¿Cómo pasaste la entrevista?"
"Le di una buena mamada a mi gerente" dijo sonriente. Dean se atragantó con su propia saliva para ver Sam de reojo, dos hermosos hoyuelos contorneaban su cara.
"Muy gracioso" gruñó Winchester, más molesto por haberse dado cuenta que Sam tenía una hermosa sonrisa. "Hacemos un poco de todo, en sí somos un grupo en mi familia. Yo me centro principalmente en la venta de electrodomésticos y cosas para el hogar y esto es sobre unos nuevos casinos de los cuales comenzaremos a hacernos cargo en dos semanas"
"El negocio del vicio y la perdición siempre es redituable"
"Algo ¿Sabes cómo funciona?"
"He visto algunas películas… Pero creo que entiendo, así cómo va la economía la gente ha dejado de comprarse cosas bonitas por lo que buscas crecer en otro ramo, uno que siempre tendrá clientes viciosos sin importar que tan jodidos están. Es un poco abusivo pero redituable, aunque no creo que la UNICEF quiera apoyarte en esto…"
"lo hará porque quiero abrir una pastelería y reclutar gente de bajos recursos"
"sácame de una duda" Sam arqueó las cejas ligeramente confundido. "¿Qué ustedes los ricos no buscan hacer más dinero?"
"Por"
"Presentaría una gran pérdida contratar personal poco calificado. Las ganancias sería de apenas un diecisiete por ciento, tardaría al menos diez años en recuperar el dinero invertido. Y aunque la empresa creciese sus utilidades no cambiarían mucho, por el contrario. Existe un riesgo de baja por el personal que deserte. No digo que no ganes, pero es muy poco dinero comparado con él esfuerzo que haces."
"¿Supiste eso con un vistazo a los papeles?"
Estaba sorprendido, normalmente les tomaba unos tres días de capacitación intensa a sus muchachas y aun así tenían dudas, Sam había comprendido el concepto con tan solo echar un vistazo a los papeles y le había conseguido su almuerzo en menos de diez minutos. No se desharía de él ni de broma, podría coger con alguna linda chica en algún bar después.
"Es un poco de lógica y jugar con los números. Así que no entiendo porque quieres perder tanto dinero. Aun con el apoyo de UNICEF tú planeas usar un doscientos por ciento más."
"Es cierto lo que dijiste Sam, soy rico, asquerosamente rico. Perder un poco de dinero no me perjudica si sé que a la larga me saldrá más económico y podré vender el producto como artesanal. Estoy contemplando el hecho de que la gastronomía se ha redescubierto y las personas aprecian más las cosas caseras que las industriales"
"Pero si fallas podrías ir a la quiebra"
"No planeo fallar"
"No siempre resulta lo que uno quiere" susurró el menor, más para sí mismo que para su jefe.
"Por eso tienes que joderte trabajando"
Sam sacudió la cabeza, no podía tener ataques de debilidad. Era parte de la maldita ansiedad, desde que llego no había ingerido ni una sola pastilla y sabía que lo que eso le ocasionaba, depresión.
"¿Y planeas vender este café en tus pastelerías?" trató de pensar en otra cosa, distraerse.
"Sí. ¿Te gusta?" iba a presumir que él mismo lo seleccionó en uno de sus viajes al medio oriente cuando el menor habló.
"Es un asco."
Dean lo miró incrédulo.
"¿Perdón?" exclamó ofendido. Despegó la vista de lo que estaba haciendo para enfrentarse a Sam, ese café era bueno. Eso era la gloria cuando lo tomaba en las noches heladas del desierto. "Hemos ganado varios premios con este café. No digo qué es el mejor que he probado pero es de muy buena calidad, mejor que el de Starbucks y podríamos fácilmente liderarnos en el mercado."
Sam hizo una mueca y se cruzó de brazos.
"No te pongas sensible, solo creo que es malo y caro. Sería mejor si comprases los granos de café, lo tostases y mueles en lugar de comprarlos a un distribuidor árabe. Eso mejoraría la calidad del producto y disminuirías los costos. Hablas de trabajo artesanal pero sería mejor que tuvieses en el local un pequeño apartado donde tuestes el grano y lo muelas, sería genial. Tú mismo hablas de un producto artesanal.
"¿trabajaste en una cafetería antes?" preguntó curioso.
"Formalmente, no. Pero si estuve viviendo un tiempo en Colombia y ahí aprendí con unos chicos a hacer café"
"Deberías de hacer algún día, así podríamos ver cuál es el mejor"
"No, lo odio"
"¿Qué?"
"Bueno, no me gusta en sí, creo que demasiado amargo para mí gusto" el menor suspiró cansado. "prefiero el chocolate pero me dio curiosidad probar ese café del que tanto me presumía Cole y no me impresionó. Está muy quemado y los granos no estaban lo suficientemente maduros, creo que deberías supervisar el proceso o contratar a alguien que lo supervise. Puedo prepararte un poco aquí, después pero no en mi casa, honestamente no soporto el aroma"
Joder, ya estaba recordando otra vez. Maldita abstinencia, no quería más preguntas. Debía distraerse de otra forma.
"¿Por qué…?"
"toc, toc" Charlie llamó con voz cantarina antes de entrar la oficina. Su cabello rojizo enmarcaba su bello rostro, iluminado al ver que Dean estaba hablando con alguien ajeno a su círculo de amigos sin ser un bastardo arrogante o un coqueto descarado. Y más sobre sus negocios. Porque para ella no era nada divertido.
"Traje tus uniformes, cariño. Vamos a probártelo."
"Tardaste una eternidad."
"¡Shu! Encontrar ropa extra grande para alguien tan delgado no es cosa fácil."
"Adelante, ve con esa arpía"
Dani rodó los ojos mientras guío a Sam al baño, se sorprendió de lo alto que era, juraba que no había nadie más alto que Dean pero el joven parecía hijo de gigantes. Le entregó la bolsa con cinco pantalones y siete camisas diferentes. Sam acarició la tela suave, incluso la mezclilla de los pantalones lo era. Ansiaba de ganas de deshacerse de la ropa andrajosa que vestía en ese momento y vestirse.
"Tómate tu tiempo" gritó desde afuera del baño. "¿y bien?"
"¿qué?"
"Espero las gracias. Estuve escuchando. Sam y tú parecen congeniar de maravilla." Aplaudió infantilmente.
"Llevamos apenas unas horas"
Sam se miró al espejo con el nuevo uniforme. Se veía bien, mucho mejor que con esa ropa andrajosa, tal vez si podría hacer caer a Dean, sería difícil pero no imposible, a menos que fuese cien por ciento heterosexual. Ya lo descubriría, Dean no parecía del tipo que se interesaba solamente en lo físico. Era calculador y analítico, el también.
Descubrió sus dotes de seducción en la prisión, una vez que se hartó de ser abusado por la mayor parte de los reos se enfocó en aquel que tenía mayor control, más poder y con ese se quedó. Era bueno y a aquel hombre no le gustaba compartir. Tuvo que hacer porquería y media pero por lo menos no se preocupaba por las cosas que se le caían al piso o simplemente podía dormir en las noches y tuvo la gran suerte de que no le pegaran el SIDA antes de salir.
"Te ves bien." elogió Charlie cuando Sam regresó a la oficina.
Winchester observó con detenimiento al joven, era increíble como unas ropas podían cambiar tan bien la presentación de alguien. Pero siempre era así. La ropa mostraba bastante de la forma de ser de una persona. Ahora que no portaba esos pantalones desgastados y vestía una camisa azul cielo debía reconocer que se veía bien. El único problema era quizá ese flequillo que le impedía ver a la perfección esos hermosos ojos.
Dean sacudió la cabeza. No podía pensar que los ojos de Sam eran hermosos. Las mujeres se admiraban entre ellas, los hombres no. Hizo una mueca infantil antes de hablar.
"Por cierto Sam, respecto a cómo te traté esta mañana… lamento…" decir esa palabra fue como recibir una puñalada. "Que tu condición económica sea tan mala, no pensé en ello."
"gracias Dean" el director parpadeó un par de veces antes de hablar.
"No te di permiso de llamarme por mi nombre" siseó.
"Nombres, apellidos. ¿Cuál es la diferencia? Es la misma persona" respondió el menor restándole importancia.
"Es por educación"
"Si lo que busca es un hipócrita afuera encontrará muchos que le lameculos"
"Esto te puede costar tu trabajo"
"¿ahora me amenaza por no usar el lenguaje que le gusta? Eso suena antideportivo"
"Nos vemos mañana chico, no llegues tarde"
Dean tamborileó los dedos en el escritorio, jugando con su pluma. No podía quejarse el muchacho era muy inteligente. Pero eso no era adquirido en la escuela, no la capacidad de análisis y retención. Era listo por naturaleza y eso, era algo que no se adquiría. Tal vez ahora no tendría que esperar hasta el siguiente año para presentar su proyecto. Si Sam demostraba ser tan útil como prometía en tres meses podría presentar el protocolo.
Sam estaba agotado, física y mentalmente, hacía mucho que no dormía nada. Se aseguró de pasar al baño en la oficina y llevarse unas toallitas húmedas, así no tendría que pasar al gimnasio, por la comida no había problema, aun le quedaba una rebanada de pastel. Abrió su bolsa para ver cuantas pastillas le quedaban y maldijo por lo bajo, apenas le alcanzaban. Tendría que medirse en su consumo y esperar a que le pagaran para comprar más.
Esa noche no iría a trabajar. Lo extrañaría el sádico que amaba perforarle los pezones, aunque seguramente encontraría a otra prostituta dispuesta. Después de todo el hombre pagaba bien. Solo esperaba que su sueldo prometido fuese lo suficientemente bueno como para pagar sostener sus vicios.
Pensó si quitarse la ropa o no. Optó por quedarse con un uniforme como pijama, era cómo y más suave que la tela de la colcha vieja. Ya lavaría sus otros uniformes en el gimnasio de ser necesario.
Se tomó una pastilla con lo que quedaba de la botella de vodka. Los efectos fueron inmediatos, su cuerpo empezó a adormecerse y sintió un piquete en la lengua. Amaba esa sensación, no se preocupaba de nada y le producía un sentimiento de felicidad que para alguien tan jodido como él, era su única manera de experimentar.
Se dejó llevar se acostó en las mantas raídas con una enorme sonrisa relajada en el rostro.
Tres meses. Habían pasado tres meses desde que Sam estaba trabajando con Dean y por primera vez ya habían pasado dos horas y el menor aun no llegaba. Conforme Sam aprendía del negocio y del protocolo de investigación el CEO le delegaba más y más tareas, convirtiéndose en algo más que un simple asistente. Dean había visto el potencial del menor y no dudó en ponerlo a prueba y explotarlo más posible, conforme los días el ambiente era cada vez más tenso y no por las discusiones con el menor.
Desde el primero momento supo que Sam tenía un carácter y el, era muy temperamental pero extrañamente, no chocaron. Sam era bromista, aunque muchas veces sus bromas fueses de índole sexual y sarcástica, pudo encajar y soportarlo. Lo mejor era que le adivinaba el pensamiento y se adelantaba a las circunstancias.
Además de preparar un café delicioso. En un arranque de locura Dean lo retó a preparar un café y Sam aceptó, aunque había dicho que odiaba el aroma. El menor aceptó el reto y preparó los granos, gracias a una maquinilla que tenían en el lugar. Se tragó sus palabras, sin duda era el mejor café que había probado, y el café moka era aún mejor. A cambio de un bono Sam aceptó prepararle un café a Dean todos los días a las siete de la mañana que ambos llegaban y solo iba a la cafetería por un bocadillo más tarde, cosa que siempre se las arreglaba para traer lo más pronto posible.
Y justo ese día que entregaba el protocolo, aún no llegaba. No tenía café, no tenía desayuno, no tenía a su asistente y tampoco su trabajo. No tenía nada.
¿Qué demonios estaba haciendo? Y lo peor es que no contestaba el maldito celular.
"¡Joder Cole! ¡¿Dónde está mi café?! "llamó por el interphone a su guardaespaldas y reciente nuevo esclavo. Moría de hambre, cansancio y su bebida aun no llegaba. Debía conformarse con ese café mediocre.
¡Dean, sigo atorado en tu puta cafería! –gritó Cole a través de la línea. Luego lo escuchó gritar más fuerte "¡Carajo! Hey, un puto café y una ensalada! ¡Es para el jefe!"
"¡Hey, el mío también! "
"¡Y el mío!"
"¿Cómo diablos le hace ese chico?" masculló Cole antes de colgar.
Dean estaba a punto de gritar cuando Sam entró a la oficina, aún tenía el cabello mojado y se veía desarreglado. Pero eso no importaba, quería gritarle por ser impuntual y recriminarlo pero todo eso sería una perdida inútil de tiempo.
"Aquí está, escribí todo lo de logística e importaciones en esta libreta" dijo Sam antes de tomar aire. Era obvio que había tratado de llegar lo más pronto posible. "Me lo llevé a casa, solo falta que se transcriba a la computadora y se anexe al final. Y todo estará listo"
Dean lo recibió bastante molesto e inmediatamente le ordenó a Dani trascribir todo mientras Sam se encargaba de revisar todos los costos y Dean de leer los contratos y no encontrar ninguna falla.
Terminaron antes de lo esperado, antes de que Cole subiese con el café y quisiera aventárselo a Dean en la cara."
"¡Es la última vez que te compro un café aquí! ¡La próxima iré a un maldito seven eleven!
"Olvídalo." Todo estaba listo, pero no por eso se encontraba relajado. Aun debía recibir la aprobación del concejo, y no estaría feliz hasta tener miles de trabajadores. Y menos con el pequeño desliz de Sam.
"¿Y si vamos a un bar esta noche? Solo nosotros tres, Charlie tendrás noche de chicas seguramente"
"no tengo dinero" fue la respuesta de Sam.
"no te preocupes, el jefe invita después de habernos sobre explotado estos tres meses" le dio un apretón en el hombre.
"interesados" se quejó dramáticamente. "Más te vale escoger un lugar que no esté lleno de putas"
"Creí que no había en los buenos bares"
"Siempre hay zorras que se lanzan encima. Personalmente prefiero una relación, no tengo nada en contra del sexo por dinero pero me gusta más juego previo"
"Parece ser que tú sí"
"No las ofendo pero si encuentro asqueroso estar con una mujer ha pasado por la cama de miles de hombres, por no mencionar que la mayoría son drogadictas. No las culpo, no hay manera en que muchas terminen así"
"Muchas son forzadas" defendió el menor. Generalmente le importaba una mierda lo que el resto pensaba, pero lo que Dean opinaba no le agradaba. Y Cole, Cole era idiota.
"Lo sé, pero no tengo nada en contra de ellas. Si no te las chicas que quieren seguir ahí por tener una vida más cómoda o para seguir sosteniendo sus adicciones. Ellas son las que me causan cierta repulsión. No soy ignorante, se las cosas que tienen que hacer y me parece más repugnante que ellas acepten humillarse por unos dólares en ves tener un trabajo donde cuiden su salud...¿Por qué seguimos hablando de esto?"
"Porque ustedes dos siempre tienen que pelear." Dijo Cole encongiendo los hombros. "Cómo sea, vamos a festejar. Tres solteros contra el mundo. A no ser que tengas alguna chica Jaybird"
"No"
"¿Algún chico quizás?" sugirió enarcando sus cejas. "porque de ser así tendrá que cuidarme. No sea que te enamores de mí"
"Fanfarrón y enano, no eres mi tipo" Cole chasqueó la lengua. "¿Y Dean?"
"Muy enano también"
"Eh, que tú eres el monstruo. Tú tampoco eres mi tipo"
"si, a Dean le gustan las rubias muy delgadas"
"¿Para probar su hombría?" Sam siguió el juego, Dean se estaba cabreando pero no importaba.
"Como Cole"
El guardaespaldas arrugó la cara.
"Esto es acoso sexual" Sam y Dean rieron.
No era la primera vez que Sam estaba en un club de ese estilo pero si la primera que podría consumir libremente y ser atendido como un cliente. Apenas se distinguían los rostros y las siluetas entre las personas que se perdían entre la música y el ambiente estridente. No era la clase de bar donde los ricos iban a tomar, era algo un poco más casual donde la gente buscaba divertirse. "Aquí es donde están las mejores chicas, las más divertidas" No usaron la zona VIP, usaron una mesa cualquiera y decidieron usar una más.
Pidieron dos botellas de whisky más un par de cervezas. Dean se admiró de la cantidad de alcohol que Sam podía ingerir antes de notar sus efectos. Dean apenas y tomaba unas cuantas cervezas y Cole, él buscaba a alguna chica.
Sam se recostó en el cómodo sillón del bar. El sillón de Dean seguramente era más cómodo pero apenas y podía sentarse cuando su jefecito mandón lo explotaba. Así que disfrutó cada segundo, la música así como sus tragos. Varias chicas lo invitaron a bailar y el rechazó a todas, enfocado en su propio disfrute. Lo mismo con Dean.
Ni siquiera se dio cuenta cuando Cole los dejó.
"Hombre, ¿eres gay?"
"No, no creo."
"¿No crees?" bufó incrédulo. El menor ladeó la cabeza viendo hacia la pista, buscando alguna chica que le pareciese linda. Ninguna. Pero tampoco le gustaban los chicos. Sam no pensaba en el sexo como algo placentero, si no como algo de lo que podía sacar provecho. La mayor parte del tiempo su mano le causaba más excitación que otras personas, fuesen hombres o mujeres.
"Soy asexual." respondió finalmente. Dean bufó.
"Tú tomas muy poco, ¿verdad?"
"Amo la cerveza. No me emborracho con ella pero el whisky, ese es otro cantar. Por eso procuro tomar cosas un poco más suaves."
"Ya estas bastante mareado."
"Tú eres que el que ya se tomó una botella de wiski sin ayuda." lo acusó. Ambos se observaron fijamente durante un par de minutos. Sam siempre se había sentido orgulloso de poder leer a las personas, pero no podía leer a Dean. Había mucha frustración en esa mirada, y sabía que era por muchas cosas, no solo el trabajo.
Quería saber, acarició la mandíbula de Dean, pasando su dedo por sus labios. Por primera vez se sentía nervioso al besarlo y no sabía que reacción tendría, se acercó suavemente, viendo en pequeñas fugas si Dean lo rechazaba. No lo hizo.
Fue un beso lento, casto. Que Dean respondió suavemente, comenzaron a profundizar, se volvió más intenso, Sam degustó a Dean, sabía a cerveza y a café, aunque odiaba ambos en Dean resultaba particularmente delicioso. Sus respiraciones eran suaves.
"Esto fue demasiado cursi para mí." Dijo Sam, a pesar de que él había iniciado el tema.
Sam sonrió juguetón y se puso de pie. Tambaleante, Dean le siguió riendo tontamente. Los dos estaban completamente ebrios. Sam tomó a su jefe de la mano y lo llevó entre la multitud hasta una pequeña bodega que siempre sabía que estaban cerca de los baños. Ahí se lanzó sobre los labios de Dean pero este le tomó con fuerza y le empujó contra la pared.
Sam se sorprendió por la rudeza cuando su rostro quedó pegado contra la pared. Dean detrás de él besando su cuello y su hombre. El director pasó sus manos por el pecho de Sam buscando algo que acariciar, fue eso lo que lo despertó un poco. Estaba con un hombre.
Bueno, no importaba. Podía ser rudo. Tomó el cabello de Sam y jaló su cabeza hacia atrás. Sam protestó pero sus quejas fueron calladas cuando Dean capturó sus labios bruscamente. Dean no quería distraerse así que solamente besó a Sam, su parte consciente no quería acariciar el cuerpo de un hombre aunque en realidad muriese por marcar cada pedazo de piel.
Sam comenzó a desabrochar los pantalones. Dean soltó a Sam y lo empujó contra la pared, el menor se desestabilizó un poco, su jefe estaba siendo tosco. Como todos los demás, no negó que le decepcionó un poco el trato pero estaba demasiado caliente para detenerse. Y era la primera vez que realmente quería ser follado. Alcanzó a sacar un condón de sus bolsillos y se lo dio a Dean quien sonrió y se apresuró a ponérselo.
No hubo jugueteo previo. Dean empujó dentro de Sam en crudo. Sam arrugó el ceño cuando Dean comenzó a embestir. El hombre era grande y tenía fuerza. Siseó de dolor al chocar contra el concreto.
"¿Te estoy haciendo daño?" preguntó sobre su cuello.
"Eres muy suave" bromeó.
"mentiroso" Dean retrodeció sin salir de menor, losuficiente como para evitar maltratarlo. continuó embistiendo, sosteniendo el cuerpo con sus fuertes brazos. Sam llevó sus manos hacia atrás, sosteniéndose de las caderas de Dean, aun sin tocarse se sentía bien. Tal vez demasiado, y no puedo evitar gemir.
"no grites tanto" ronroneó en su oreja, jadeando.
"Es que… se siente muy bien" se quejó entre gemidos. Estaba teniendo el mejor sexo de su vida, de esto estaba seguro. Se mordió el labio, Dean tomó su barbilla e inclinó su cabeza hacia atrás. Era brusco, fuerte, pero no buscaba dañarlo, al contrario. Quería que el menor disfrutase tanto como él.
"¿Acostumbras a meterte los dedos, Sam?" Preguntó el mayor mordiendo su cuello.
Es que soy una prostituta y tengo que estar bien abierto para mis clientes" se mordió la lengua, pero Dean lo tomó como una broma.
"entonces no tengo que contenerme"
"¿te estas conteniendo…? oh dios, esto… Estás tan adentro…. Dios, dios." Sam era un lío de balbuceos, Dean arremetía contra sus nalgas con fuerza, llegó un momento en el que el golpe de las caderas igualó sus gemidos. Movía las caderas en círculos, encontrándose con las embestidas del mayor quien correspondió con brutalidad. Sam se corrió sobre las cajas y Dean dio unas últimas embestidas antes de llenar el condón de esperma.
Y aunque Sam hubiese amado sentir el semen de Dean, se alegró de traer condón, de otra manera realmente le hubiese hecho daño. Dean se deshizo del condón y lo botó en un lugar del almacén mientras tomaba a Sam de la cintura y lo besó, esta vez más suave, contrario a la bestia en la que se había transformado hace unos momentos.
"Regresemos antes de que noten nuestra falta." Sugirió Sam entre besos.
"Estas ebrio y sudado. Es obvio que pasó."
"Pudimos habernos parado a bailar."
"Eso suena más gay que haber follado juntos."
"Cierto…"
Sam siguió con unos besos traviesos a Dean mientras subía sus pantalones, pero no por eso dejaba de devorar al menor. Besando su cuello, le gustaba Sam. No podía decir olía a frutas silvestres o a manzana, a decir verdad tenía un olor entre tierra, detergente barato y whisky pero era agradable. Extrañamente adictivo. Su piel era salada y suculenta, acarició su amplia espalda por encima de la ropa.
"No sigas, ya no tengo más condones." Se quejó, sin embargo, no hizo ningún esfuerzo por apartarlo.
"Puede ser al natural."
"Claro, tú no eres el que recibe." Hizo un puchero. Dean se inclinó a besar esos labios, amaba cuando Sam se ponía como un niño.
"Podemos seguir en tu casa" Eso trajo a Sam de vuelta a la realidad. No.
"no se va a poder"
"¿Por?"
"Comparto habitación" mintió. Pensó en decir la verdad a modo de broma pero Dean seguiría insistiendo y con esos besos en el cuello y el exceso de alcohol en la sangre, ah no. Las cosas no saldrían bien y lo que menos quería era que Dean se enterase de su otra vida.
"Hh vaya"
"¿Qué tal tu casa?"
"No está disponible"
No es que Dean fuese un ermitaño. Solo que odiaba llevar gente a su casa y dormir con alguien más, las cosas no acababan bien. El único que podía dormir con Dean era Cass y porque sabía de defensa personal. Dean aun sufría de su guerra en el medio oriente y lo que menos quería era lastimar a alguien.
"Tú no tienes casa, yo tampoco. ¿Qué tal en la oficina, sobre el escritorio?" sugirió Sam, estaba seguro que eso le dolería mañana, no era el sexo más brutal que había tenido pero si fue un poco fuerte.
"Sí, podríamos tratar… ¿Te lastimé, bebé?" preguntó un poco preocupado, sabía que se había excedido. Sam abrió los ojos con sorpresa, tanto por el apodo como por la preocupación y por primera vez dio una respuesta libre de sarcasmo.
"Estoy bien, gracias por preguntar" respondió antes de depositar un beso tierno en su labios. Un cosquilleo agradable recorrió su cuerpo y sentía la cara caliente, Dean sonrió aliviado al escuchar al menor y verlo sonrojarse, eso era nuevo. Ambos salieron de la sala sudados para toparse con un Cole malhumorado.
"¿Qué diantres hacían? Llevo horas esperándolos."
"Tú fuiste el que huyó tras las piernas de esa linda chica."
"¿y por eso Dean corrió entre las tuyas?" Dean se atragantó con la cerveza. Cole se le señaló con una enorme sonrisa en el rostro. "no te atrevas a mentir viejo, los vi salir del almacen por la cámara se seguridad. Resulta que Kiara perdió su bolso y revisamos las cámaras, los vi a los dos entrar a la sala de almacén, me quedé viéndolos y ella me creyó gay.
"Por metiche."
"Aclárame algo Sam, siempre he tenido curiosidad"
"¿Dean es polla enana?"
"Ven y mámamela si tantas ganas tienes."
"Es, un poco…" Sam hizo un gesto y agitó la mano suavemente, como quien hace una aproximación "menos del promedio pero es aceptable... creo" Cole aplaudió mientras se carcajeaba. Dean enarcó una ceja perfecta para ver a Sam. "No te sientas mal, cariño, te adaptas muy bien a las circunstancias." respondió juguetón. Estaba mintiendo, ambos lo sabían pero eso era lo de menos. "Cole, ya sabes cómo es Dean, le saca provecho a todo"
"Te voy a dejar invalido." Amenazó Dean.
"¿Con esa crayola?" si algo había descubierto Sam, es que Dean odiaba ser retado.
"Vale chicos, es mejor irse a casa que mañana tenemos que trabajar." Sugirió Cole, estaba muerto y solo quería dormir.
"Yo me voy a tomar dos días"
"¿Qué?"
"Creo que me lo merezco después de la follada que me diste, además de que en los tres meses que llevo trabajando para ti no he tenido un solo día libre."
"¿En serio?" Dean no podía creer que había tenido esclavizado al chico desde que llegó, y que no se hubiese quejado ni una sola vez.
"me tiene de seis de la mañana a diez de la noche" acusó Sam con un puchero, no es que Dean fuese mal jefe. Es que ni siquiera él se había dado cuenta de lo mucho que explotaba al menor.
"Hhn, deja te llevo a tu casa" Sam iba a declinar cuando Cole intervino.
"oh no, nadie va a conducir aquí, ustedes tres están demasiado tomados y son un peligro al volante"
"Mi jefe planea pagarme un taxi" adelantó el más joven.
"Eres un poco aprovechado" lo acusó. Sam le dio un beso juguetón en los labios.
"Me lo merezco por mi buen desempeño"
Salieron trastabillando del bar. Dean le entregó todo su efectivo a Sam sin detenerse a contar si quiera pero estaba seguro que eran más de cien dólares, los tres estaban demasiado ebrios como para preocuparse por eso. Se despidieron de un beso en los labios, al mejor le quedó un cosquilleo y sentía que la lengua se le entumía.
Cada uno subió a un taxi diferente.
"¿A dónde?" Preguntó el chofer viendo fastidiado como aquella pareja no dejaba de besarse. Dean le dio un último beso antes de subirlo al taxi.
Era la primera vez que tomaba uno, prefería el camión, podía dormirse hasta su casa pero no iba a negar que con sus piernas tan largas a veces resultara muy incómodo. Conforme avanzaban el taxista iba cada vez más tenso.
"esta es una zona muy insegura"
"algo" admitió el menor. "un consejo, no haga caso de los semáforos"
El taxista tragó duro, conforme avanzaban en los edificios, las ventanas en las casas se hacían cada vez más pequeñas hasta desaparecer una vez que llegaron a la casa del menor. Pagó con el dinero que Dean le habría prestado, ya era casi de madrugada. Sacó las llaves y entró en su viejo cuarto. Una vez dentro no se molestó en quitarse la ropa. Tampoco en dejarse caer sobre las nuevas mantas que había comprado.
Todavía no podía vivir en un lugar mejor, entre la fianza y las drogas se le iba todo el dinero. Pero acabaría de pagar ese mismo año. La primer semana fue la muerte, pensó en mandar a Dean al carajo pero este muy amablemente le adelantó la quincena y Sam regocijó de gusto. No trabajó el resto de la semana en su otro oficio y se dispuso a dormir.
Ser la perra de Dean no era tan malo. Dormía cinco veces por semana y ocupaba dos días para obtener un ingreso extra. Unas cuantas pastillas y el dolor pasaban desapercibido, así como toda la depresión. Todo se iba por el desagüe.
Pero esa noche era diferente, esa noche su interior revoloteaba. Estaba agotado y tenía ansiedad, pero no por las drogas. Se tocó los labios, aún estaban hinColeos y cosquilleaban, deseaba seguir besando a Dean, hubiese podido besarlo toda la noche. Todo era tan extraño, no era el alcohol el que le producía este sentimiento.
Tampoco el que llenaba ese vacío en su interior. Todo era nuevo.
Se carcajeó fuerte. Una risa sincera y descarada. Era la primera vez que realmente se sentía feliz, verdaderamente feliz y eso le gustaba. De pronto entró en pánico. Era igual que cuando fumaba crack, todo era felicidad y de pronto desaparecía; luego vendría la oscuridad. La depresión, mientras más lejos llegaba, más fuerte era la caída.
No, no, no quería.
Sam se hizo un ovillo entre las sabanas, tratando de respirar. No tenía a nadie, solo él podía darse ánimos. Lo único que necesitaba era seguir con Dean, era como el crack. El sería su nueva droga, no importaban los términos que Dean dictase, solo necesitaba seguir con él para que esa sensación no desapareciese.
Cualquier término que el mayor dictase; solo sexo, algo romántico, ser su esclavo, que lo usara como lo había hecho en aquel almacén, él lo seguiría al pie de la letra si con eso pudiese estar a su lado. Si con eso podía sentirse pleno en su interior.
No quería que esa felicidad que sentía terminase jamás.
Y por primera vez sin drogas, sin alcohol. Durmió con una sonrisa en su rostro.
Dean entró a su casa, oscura y silenciosa. No era ostentosa, a decir verdad no tenía nada.
Subió por las escaleras hasta entrar a su habitación. La borrachera se le había bajado después de vomitar en la vía pública. No podía decir que jamás se imaginó teniendo sexo con su asistente porque ya había tenido algunos sueños húmedos con el menor, pero tampoco se imaginó que terminasen follando en la primer oportunidad y maldijo la manera en que lo trató. Era obvio que se había excedido, Sam estaba demasiado tomado como para quejarse pero le había hecho daño.
Por eso odiaba tomar, las secuelas de Irak, todo, jamás podría deshacerse de eso y no podía desquitarse en el sexo. Si Sam hubiese sido una chica como las que acostumbraba lo habría demandado por violación, por suerte era un joven alto y fuerte.
"no estoy listo para esto" se dijo a sí mismo. Se preguntó si cuando Sam estuviese sobrio pensaría lo mismo, el chico no parecía del tipo de tener relaciones estables. Bueno, alguien que va por la vida con el culo lubricado y abierto no era de fiar pero tal vez podría tener una relación meramente sexual. Sin compromisos ni ataduras, eso era lo que buscaba en las mujeres… Pero todas, todas juraban que solo querían sexo y siempre terminaban enamoradas de él, y no podía perder el control. No debería lastimar a nadie otra vez.
Se preguntó que tenía Sam de especial, a él jamás le atrajeron los hombres, los consideraba sucios y toscos. Él era uno.
Se imaginó a Cass en pelotas y la idea le pareció asquerosa. En las últimas horas lo estuvo besando como si fuesen un par de adolescentes. No había otra explicación, se estaba enamorando de Sam.
Oh diablos. Debía poner fin a eso cuanto antes.
¿Qué creen que pase?^^
