Capítulo 1

-¿Di-disculpa? tartamudeo Kurt Hummel , sus ojos azules se abrieron de par en par, mientras miraba al hombre que tenía frente a él , sentado en su lujoso escritorio de roble , seguramente no había oído bien, no era eso posible.

-Ya me has oído, murmuro, su intensa mirada se clavó en la suya con una expresión inquietante

-No lo diré dos veces. Kurt lo miro boca abierta, demasiado aturdido para formular palabra. No podía creer lo que estaba oyendo, no podía creer que ese hombre Blaine Anderson, estuviese sugiriendo-mejor dicho, exigiendo- semejante cosa. En cualquier otra situación su respuesta habría sido "si". Bajo estas circunstancias su orgullo sólo le permitía decir... "No." Sacudió la cabeza, tragando bruscamente al mirarlo.

- No me utilizaras de esa manera Blaine, no puedo creer que incluso te atrevas a pensarlo, dijo pero Blaine solo arqueo las cejas pero todo lo demás siguió tranquilo. Sintió su mirada arrogante recorrer todo su cuerpo de arriba abajo, desnudándolo. Esto era demasiado teniendo en cuenta que había pensado que tendrían un encuentro improvisado, pensó. La manera en que él intentaba dominar la situación no tenía nada de improvisado.

Apretó los dientes con fuerza pensando que el muy bastardo probablemente estaría disfrutando un montón con su incomodidad. ¿Pero, acaso podía culparlo? Si las circunstancias fueran a la inversa, pensó, no sabía cómo lo trataría. Kurt, suspiró. El hombre que había protagonizado más sueños húmedos durante su adolescencia de los que podría recordar, finalmente se había fijado en el como hombre. Tenía veinticinco y había esperado mucho, mucho tiempo para que este momento se hiciese realidad. Pero ahora que había llegado, pensó malhumoradamente, tenía que rechazarlo. Se percató de la ironía.

A los treinta estaba quizás aún más guapo que la primera vez que le había puesto la vista encima con quince años. Se había enamorado instantáneamente de él, un hombre de veinticinco años, pero no había necesitado una gran experiencia social para darse cuenta de que esta atracción era y sería siempre unilateral.

Los hombres con el aspecto de Blaine no se conformaban con hombres como Kurt Hummel, Ni siquiera si ese hombre era el hijo del hombre más rico de Lima, Ohio.

Si había una cosa que Kurt había aprendido relacionándose desde niño con la crème de la crème de la sociedad, era que los hombres atractivos y poderosos deseaban esposos trofeo, masculinos, bronceados y atléticos. Deseaban hombres que jugaran futbol y fueran modelos de revista y que se creyesen que era de niñas el cantar Broadway y mirar películas cursis de los 80'. Deseaban hombres con los brazos bastante fuertes como para levantar un tronco y por si fuera poco con miembros viriles y complacientes. Suspiro estaba claro que el nunca seria ninguna de esas cosas siendo pálido, femenino y con una vagina en medio de las piernas, cuando creció siempre le pareció raro no ser como los demás hombres pero él contaba con una extraña enfermedad que modificaba sus aparatos reproductivos. Estaba claro Kurt Hummel nunca serie ninguna de esas cosas.

Kurt caminó hacia la puerta de la oficina, y después se paró a medio camino. Volteó la cabeza, mirándolo por encima del hombro -Independientemente de lo que decidas hacer dijo suavemente, -quiero que sepas que estoy y he estado siempre en contra de lo que te hizo mi padre. Le dio la impresión de que su mirada tensa se relajaba levemente pero no podría asegurarlo. -Y esta conversación se acabó.

De hecho, él había sido el principal defensor de Blaine. Cuando su padre le dio la espalda a su joven protegido, echándolo como si fuese un trasto viejo sólo para ganar un dinero fácil, se murió de vergüenza. Pasaron muchos años antes de que pudiera perdonarlo y relacionarse con él como se supone que deben hacerlo padre e hijo. Y aun así, habían pasado algunos años más antes de que la tensión entre ellos se relajase.

-Adiós, Blaine susurró, continuando su camino hacia la puerta. Suspiró. Desearía que las cosas hubieran resultado de otra manera. Y sobre todo desearía haber podido cumplir sus fantasías de acostarse con Blaine sin que esto fuera el resultado de un sacrificio por su familia. Pero a los ojos de Blaine Anderson, estaba seguro, uno de los Hummel tenía que pagar por los pecados paternos. Y puesto que su padre estaba muerto y ahora era él era dueño de la Corporación Hummel francamente, sólo había un hombre que pudiese pagar por ellos.

Llegó hasta la gran puerta doble de la elegante oficina y se dispuso a abrirla. De repente, una brusca palmada sonó contra la viga de madera justo encima de su cabeza e hizo que se detuviese. Tragó saliva con nerviosismo, al sentir el calor irradiado por el cuerpo que se apretaba contra su espalda. Juraría que estaba excitado. Por el como hombre o por el poder que ejercía sobre el -o por ambas razones-no sabría decirlo

-Piensa bien lo que haces Kurt murmuró. -Tu madre y tu hermano confían en que tomes la mejor decisión para todos. Se debatió entre la excitación y la cólera. Excitación porque era la primera vez que lo escuchaba llamarlo familiarmente Kurt en lugar de Hummel. Cólera porque acababa de dar por hecho que su madre y su hermano eran tan codiciosos como su padre. Y al final… venció el cólera.

-Mi madre, dijo con voz agria, -nunca me perdonaría que me dejase utilizar como una puta común. Sus fosas nasales se abrieron. -Y mi hermano pensaría lo mismo.

-Ya veo, gruñó Blaine junto a su oreja. Podía sentir sus ojos intensos e inteligentes taladrando su cráneo. Analizando. Evaluando. Calculando. Eso era lo que mejor se le daba. Ese era el motivo de que, a diferencia del montón de ex-empleados que su padre había engañado, Blaine Anderson se las hubiese arreglado para abrirse paso hasta la cima. Ahora él estaba a su merced.

-¿Pero qué crees tú que es lo mejor?, querido Kurt. Posó una mano sobre su hombro, frotándolo, acariciándolo. -¿Cuál es la mejor decisión ejecutiva que puedes tomar, la mejor para ti? Tu familia tiene tanto que perder. -Es decir puedo enterrar el pasado, así tu familia, corrupta o no, podrá continuar con el ritmo de vida al que se ha acostumbrado.

El cuerpo de Kurt se tensó. -Quieres que sea tu puta, dijo en voz baja. -Independientemente de lo que pienses de mi familia, me educaron para algo mejor que eso.
-Eras el niño de papá, murmuró contra su oído. Se apretó más contra él, su gruesa erección presionando contra su trasero. -No tengo ninguna duda de que Burt te educó para que fueses todo lo que él no pudo ser.

Lo que hacía aún más dulce su venganza contra la familia Hummel pensó el sombríamente. A los ojos de Blaine él era dulce e inocente caballero de alta sociedad.
De repente, todo cobró sentido. Súbitamente, entendió por qué un hombre que lo tenía todo, un hombre que podría poseer a cualquier hombre o mujer que se le antojase, quería tenerlo como amante... Porque el no era en absoluto como su padre. Y porque tenía la esperanza de que Burt Hummel el hombre que lo había traicionado, se enterase desde la tumba de que Blaine Anderson había conseguido convertir a su querido Kurt en el mismo tipo de persona que Burt había sido en vida-una vulgar puta que haría cualquier cosa por dinero.

-¿Qué quieres de mí? masculló. -¿Sexo? ¿Cuántas veces? ¿Y hasta cuándo?" Kurt giró sobre los talones, clavando sus ojos ardientes en los suyos. Él era un poco mal alto que el así que en ese momento de cólera dio gracias por eso.

-¿Cuántas cosas te tendría que aguantar? escupió.

Blaine sonrió, un gesto arrogante diseñado para enfurecerlo aún más. Y lo consiguió.
-¿Bien? chilló. -¡Continúa con tus exigencias! No puedo dejar a mi familia en la calle cuando está en mis manos evitarlo y tú lo sabes condenadamente bien. Dime tan solo qué diablos quieres de mí, gritó con furia, y lo tendrás.
Él se rió entre dientes y sus intensos ojos recorrieron hasta el último rincón de su cuerpo.
Su mirada peligrosa se detuvo en su rostro, en su cadera memorizando el contorno -Quiero mucho más de ti que sexo Kurt, dijo suavemente. Demasiado suavemente. -Lo quiero todo.
El tragó con un nudo en la garganta. -¿Qué quieres decir exactamente? dijo casi sin fuerzas.. -No estoy de humor para acertijos. Él arqueó las cejas, pero no dijo nada. Metió las manos en los bolsillos de su exclusivo traje italiano y lo miró fijamente.
-Todo, murmuró, -significa exactamente eso. Su mandíbula se endureció. -El sexo no es suficiente, Kurt Ni por asomo es suficiente.

Él se ruborizó, sintiéndose como un tonto pues durante un momento había pensado que Blaine Anderson quería acostarse con él. Qué idea más ridícula, concedió. Se mordió el labio. Podría tener a cualquier hombre que deseara. Ya tenía que estar muy necesitado para tirarse a alguien tan simple como él.
-Oh, no pienses que te has librado, gruñó, creyendo que la mirada que le había dirigido era de alivio. -Te follaré cuando y como me dé la gana. Pero el sexo sólo es una mínima parte de tu penitencia, querido."
Vaciló y la preocupación ensombreció sus rasgos de nuevo. -¿Qué quieres decir exactamente? murmuró. –No entiendo lo que dices, Kurt se sentía completamente fuera de lugar.

-Quiero ser tu dueño, dijo simplemente, sin andarse por las ramas. Sus ojos se clavaron en los suyos, su expresión de nuevo perturbadora. -Casarme contigo, tener todo el control sobre tu cuerpo...y no creas que no se lo especial que eres entre las piernas…dijo Blaine perforando su cuerpo con una mirada lasciva.
Sus ojos se abrieron de par en par. Era lo último que había esperado oír. ¿Casarse con él? No necesitaba casarse para asumir el control de la Corporación Hummel
Con la coyuntura actual, sólo tenía que decirle una palabra al banco y a la junta directiva y la empresa sería toda suya. ...y Burt se enterará desde la tumba que no sólo he tenido éxito colándome en su preciosa compañía sino también en su jodida línea sanguínea.

Kurt lo miró sin comprender, demasiado atontado como para reaccionar. El magnífico plan de Blaine estaba más allá de cualquier cosa que él se hubiese podido imaginar. Estaba más allá, lo sobrepasaba y se adentraba en el puro surrealismo.
-¿Estás loco? susurró. No puedes desear realmente casarte conmigo. -¿Por qué ibas a condenarnos a ambos a una eternidad de... no pudo terminar la frase la frustración era demasiada

-El momento de las preguntas y las respuestas ha terminado, anunció con arrogancia, una ceja oscura levantada. -Tienes dos opciones, querido. Sé de mi propiedad y yo dejaré en paz a tu familia. O rechaza la oportunidad que te estoy ofreciendo de salvarlos y perderás todo en el proceso. Eres tú quien tiene que tomar la decisión.

Su mirada chocó con su cara y después se clavó en sus piernas. -Tómala y hazlo rápido.
Parpadeó, incapaz de formular un pensamiento coherente y aún menos de tomar una decisión que cambiaría su vida para siempre. -¿Por qué hablas de propiedad? dijo débilmente. -El matrimonio no es exactamente propiedad...

-El mío lo será. Dijo Blaine El mío. No el nuestro. Había captado perfectamente el uso del posesivo.
Los ojos calculadores de Blaine bajaron de nuevo, devorando su cadera, buceando en su sexo cubierto por el pantalón

- Te follare cuando y como yo quiera. Complacerás cada uno de mis caprichos y satisfarás mis más perversas fantasías. Su cuerpo reaccionó a sus palabras, excitándose en contra de su voluntad. -Me darás tantos hijos como yo te diga. Harás lo que te mande. Nunca mirarás ni tocarás sexualmente a otro hombre... Sus ojos penetrantes se clavaron en los de Kurt -Seré tu dueño," murmuró. -Por completo. El tragó con dificultad, los ojos abiertos de par en par. -Hazme saber tu decisión ." Su mandíbula estaba tensa, la mirada dura. -El tiempo comienza a contar, y ya comienzo a impacientarme y sin más lo dejo hay solo con un mar de pensamientos y un nudo en la garganta.