CAPITULO 2: Un sentimiento imposible de ignorar

Aunque no lo aparentase, Rangiku Matsumoto era de aquellas mujeres que creían ciegamente en el amor eterno, en la existencia del "príncipe azul" y todo ese tipo de cosas. En sus recurrentes escapadas al mundo real, había leído numerosas historias acerca de hombres que atravesaban largos desiertos por el amor de una mujer; peleaban contra dragones, e incluso entre ellos mismos. Peleaban por el amor de una mujer.

Siempre había deseado que algo así le pasara. Ella quería sentir la emoción de todo aquello que había encontrado en los libros. Quería que un príncipe llegase a buscarla en su blanco corcel. Quería que alguien la amase con locura, que fuesen capaz de dar todo por ella y –por qué no- que dos hombres peleasen por su amor, o intentasen conquistarla a toda costa.

Nada de eso jamás le había ocurrido. En parte podría decirse que Gin era su príncipe. Uno bastante extraño, que desaparecía sin dejar rastros para luego volver a aparecer. La única parte de la historia que sí había vivido con él era la del desamor, dónde él se va y deja a la heroína sola, quien debe aprender a vivir sola solo para que él vuelva cuando ella menos lo necesitaba –y ahí volvía a caer en sus redes-

Es cierto, no era un príncipe, pero era lo mejor que tenía y había aprendido a vivir con ello.

Siempre había fantaseado con un hombre apuesto, galante y que solo tuviese ojos para ella. ¿Por qué todo en las historias debía ser tan bueno? ¿Debía tener siempre final feliz? ¿Por qué sentía que su historia con Gin no lo tendría?

Ella lo amaba, pero ¿Y él? ¿La amaba o solo la consideraba de su propiedad?

Entonces ocurrió algo que Rangiku no estaba esperando: Su capitán –aquel a quien conocía desde hace años, la persona con la que menos supuso que algo podía pasar- la besó y luego salió corriendo. ¿No hacían aquello las mujeres? Por lo menos así era en los libros.

¿Qué había significado aquello? ¿Y por qué cada vez que lo recordaba no podía evitar esbozar una estúpida sonrisa?

Pensar en aquello estaba mal. Como había estado mal aquel beso, lo suyo no era otra cosa que un amor prohibido, algo que no podía ser. Él debía estar con otra mujer, otra que no fuera ella; ella debía estar con Gin.


No habían pasado ni dos horas desde que había besado a Hinamori y ya era el chisme fresco del seireitei: que el capitán del décimo escuadrón y la teniente del quinto estaban saliendo.

Nuevamente la capacidad para inventar de las personas que hacían de teléfono para transmitir los chismes, lo sorprendía. Jamás le había pedido nada a Momo de salir con ella. A lo mejor ella así lo creía. Pero ahora no importaba, serviría para concentrarse en otra cosa que no fuese aquel delicioso beso con su teniente, quien lo volvía un ser irracional e impulsivo cuando rondaba.

Un momento ¿Había dicho "delicioso beso"? Aquello estaba mal. Seguía pensando en ello. A lo mejor esto no había sido una idea tan buena después de todo.


La noticia tomó por sorpresa a la joven rubia que se encontraba "evitando pensar", siendo -cordialmente- ayudada por Gin.

-Vaya Ran-chan, hoy estas particularmente ardiente-comentó mientras ella besaba apasionadamente su cuello y él recorría con sus manos todo el cuerpo de la mencionada.

-Es que te he extrañado-comentó entre besos.

Y eso era verdad. A medias –o quizás un poco menos que a medias- pero verdad al fin.

-Oh, valla, me alegra saber eso-se embriagó con su perfume floral y sus caricias se volvieron más apasionadas, casi rozando lo violento. Pero a Rangiku no le importó. Tenía una misión: Demostrarse a si misma que no había sentido nada antes, y que todo lo que tenía con Gin era mejor.

Si llegase a oídos de Gin… estaría muerta.

-¿Sabes que es lo que oí?-la obligó a darse vuelta y comenzó a besar su nuca, tomando con firmeza aquel voluptuoso cuerpo. Ella se tensó y se puso blanca cual papel. Las cosas con Gin finalmente iban bien, no quería que se arruinase por un malentendido.

-¿Qué es lo que has oído?-preguntó temerosa al tiempo que un gemido se escapaba de su boca al sentir como el peliplateado la hacía suya una vez más.

-Que tu taichou y la fukutaichou de Aizen salen-dijo arrastrando las palabras hasta por fin llegar al climax.

Por su parte, Rangiku había dejado de sentir cualquier cosa desde aquella frase. Estaba indignada. Furiosa.

-¿En serio? ¿Quién te lo dijo?-preguntó tratando de disimular su malestar.

No podía sentir siquiera aquellos largos y experimentados dedos explorar su interior y jugar con la parte más sensible de su cuerpo. Lo que normalmente la hubiese vuelto loca de placer.

-¡Qué extraño que nadie te lo haya dicho! Creía que ustedes se contaban todo.

-Hoy no he visto mucho tiempo a mi capitán-se excusó.

-Kira me lo dijo, la misma Hinamori se lo comentó.

-No sabía que te interesara el chismerío barato-comentó enojada, pero no con él, sino con la situación. ¿La había usado?

-Realmente no me interesaba saberlo, pero Kira insistió demasiado para que lo oyese, y no tuve otra opción…

Poco a poco las palabras comenzaron a alejarse.

¿Quién demonios se pensaba que era para andar besándola y después andar repartiendo besos por todo el seireitei? ¿Es que besaba a todo el mundo restándole importancia? ¿Estaba jugando con ella el muy desgraciado? Algo era claro: La había usado. Nadie la había usado antes. Se sentía terrible como mujer, había herido su orgullo.

No podía comprenderlo, pero tampoco podía quejarse: indirectamente, era posible que ella lo hubiese lanzado a los brazos de Hinamori, con toda esa charla de hacía un tiempo…

Pero algo era claro: Ella no lo necesitaba. Tenía todo lo que quería: a Gin Ichimaru.

De todas maneras, había muchas cosas que aclarar. El por qué la había usado era una de ellas.


-¿Por qué me besaste de pronto?-preguntó risueña sin dejar de mirarlo. Aquella pregunta lo tomó por sorpresa. Apartó la vista de unos papeles y luego la miro con cierto desinterés que pronto entendió debía disimular.

"Para no pensar en otra".

-No lo sé, creo que ya no tenía sentido negar lo que ambos sentimos. ¿No crees?-mintió de una manera que le resultó asquerosamente real. Ella sonrió.

-¿Desde cuándo sientes algo por mí? ¿Y desde cuando sabes lo que siento por ti?

-Desde siempre-y no mentía: Siempre la había sentido como alguien cercano a él, alguna clase de amiga, en su extraña definición de la palabra; y por sus sentimientos a él… probablemente los supo poco después que se volvió capitán. Con los constantes comentarios de Matsumoto…-Desde que éramos unos niños y jugábamos en el distrito Jurinnan.

A veces le sorprendía lo rápido que se le ocurrían las respuestas. Su mente parecía trabajar –o inventar- bien bajo presión.

-Iremos juntos al baile ¿Verdad?-preguntó con un brillo particular en los ojos que no pudo dejar de notar, por más que lo intentó. Con cara de… de un pequeño perro que espera encontrar un dueño. Prácticamente se colgó a él en señal de insistencia.

-Ya te dije que no creo que valla. La situación no está para andar yendo o pensando en bailes-el ánimo tampoco.

Tarde comprendió el tono frío con el que le había respondido. La miró de reojo. Ella no se había quejado simplemente miraba el piso, apenada. La culpa invadió al joven capitán. Cómo si usarla no fuese suficiente, para colmo la hacía sentirse mal. Era un monstruo. Y eso que se suponía que era su amiga.

Acarició su pequeño rostro esbozando una sonrisa, algo fingida, pero era lo mejor que tenía y ella debía conformarse con eso.

-De acuerdo. Iremos. No quiero que te sientas mal-pensó que lo correcto en este caso sería besarla. Era un hombre, besar mujeres atractivas no debía costarle, y eso era un hecho, no le costaba. Lo que le costaba era dejar de pensar en otra.

"Maldita Matsumoto"

Besó tiernamente sus labios y la miró con algo muy parecido a la dulzura.

Hinamori era una buena mujer. No solo buena, sino que también era atractiva… o algo así. Podría enamorarse de ella, estaba seguro. Solo debía intentarlo.


Los últimos tres días habían sido realmente extraños: Hinamori no lo dejaba ni a sol ni a sombra. ¿Es que acaso nunca tenía que trabajar o dormir? No es que aquello le molestase, aunque tampoco le agradaba del todo. Necesitaba momentos de soledad, los cuales ahora eran imposibles de obtener.

Pasaban un buen tiempo juntos, recordando cuentos de la infancia. Pero no podía dejar de verla como una amiga. ¿Por qué demonios? Todos sus esfuerzos eran en vano. Pero no se rendiría, seguiría intentando hasta enamorarse de ella.

Sumado a aquello, hacía tres días que no veía a Matsumoto, no había tenido noticias de ella ni nada. Por parte, era algo que agradecía: Todavía no había comprendido el por qué de aquel impulso, así lo que mejor era estar tranquilo para poder pensar entiéndase: Sin aquella rubia revoloteando por todos lados.

Mientras hablaban animadamente sentados en uno de los sillones de la oficina, alguien tocó la puerta y Shuuhei Hisagi se hizo presente luego de que Toushiro diese permiso para entrar.

Al verlos pareció confundido y sorprendido. Hizo una referencia.

-Hitsugaya taichou, Hinamori fukutaichou, lo siento, estaba buscando a Rangiku san…

-Ella no está aquí- dijo en tono serio. Maldito ¿Para qué sería que la estaba buscando? Al notar como Hinamori lo miraba extrañada por la mordaz respuesta agregó-Afortunadamente.

-¿Para que la buscas, Hisagi san?-inquirió la teniente del quinto escuadrón.

-Quedamos en salir todos ayer por la noche, pero jamás apareció.

-Qué extraño. Espero que nada malo le haya pasado.

-Seguro que no le pasó nada malo-comentó despreocupado el peliblanco-Se habrá quedado dormida o algo así.

-Es probable. Pero de todas formas seguiré buscándola, ya sabe… para asegurarme que todo esté bien. Con permiso-y sin esperar que el permiso le fuese concedido salió del lugar.

Toushiro permaneció unos instantes mirando fijamente hacia el lugar donde se había encontrado Hisagi segundos atrás. Era realmente extraño: Ella no venía a trabajar, no salía. ¿Qué ocurría? Bah, seguro que estaba divirtiéndose por ahí con Ichimaru…

-¿Por qué has sido tan grosero, Toushiro?-preguntó molesta.

-¿Disculpa…?-arqueó una ceja.

-Trataste muy mal a Hisagi-san, sin mencionar que agradeciste que Rangiku-san no se encontrase aquí. ¿Ocurre algo que no me hayas contado?

"Si supieras…"

-No ocurre nada. Solo que ese tipo ya es una molestia. Si supieras el tiempo que está aquí. Y por Matsumoto, me alegra que no esté aquí. Sin ella es todo más tranquilo. El trabajo es igual, siempre tengo todo por hacer, así que…-creyó haber mentido bastante bien.

-De todos modos creo que tu respuesta fue demasiado agresiva. Debes controlar ese carácter. No olvides además que Rangiku san es tu fukutaichou, y siempre se ha preocupado por ti, lo mínimo que deberías hacer es preocuparte también.

-Creo que tienes razón, Momo…-a lo mejor dándole la razón se callaría. Y así fue, afortunadamente-Pero ahora lo único importante es estar contigo-rodeo los pequeños hombros de ella con uno de sus brazos y permaneció mirando el horizonte.

¿Debía averiguar qué le ocurría? Después de todo ella siempre se había preocupado por él… A lo mejor debía hacerlo por cortesía. Si, solo por eso averiguaría el por qué de su extraño comportamiento. No es que le interesara, claro.


Hacía dos días que no salía de su habitación. Caminaba como un león enjaulado, dando vueltas y vueltas. Aún continuaba furiosa, y los rumores que le llegaban no hacían otra cosa que aumentar su enojo.

Había ensayado mil veces el discurso que le daría a su estúpido capitán cuando lo viese. El problema era como empezar. En un principio se le ocurrió empezarlo con un "¿Acaso es estúpido?" pero creyó que no sería conveniente. Mil comienzos como ese se le habían ocurrido.

Cómo si fuera poco, Gin había vuelto a desaparecer. Siempre hacía lo mismo. Había momentos en los que no podía aguantar aquel comportamiento infantil. La sacaba de quicio.

Todas sus quejas fueron interrumpidas por un golpeteo en la puerta. Conocía perfectamente aquella manera de golpear. Antes de decir nada se miro en el espejo y arregló un poco. El estar enojada no era motivo suficiente para no verse hermosa.

-¡Adelante, Shuuhei!

Con cierta timidez el muchacho abrió la puerta de la habitación y asomó su cabeza. Sonrió al verla.

-Rangiku san, es bueno verte. Ya sabes… digo, porque ayer te esperamos y no apareciste.

Claro, la salida. Con todo lo de Gin y su enojo, lo había olvidado.

-Es que no me sentía muy bien. Realmente lo siento mucho-se disculpó tímidamente.

-¿Cómo te encuentras ahora?

-Eh, bien, bien… Gracias por preocuparte-le sonrió.

-¿Irás al baile?-preguntó de pronto. Ella levantó lentamente la vista para encontrarse con una mirada de ilusión.

-Ehh, supongo que iré. Aunque ya sabes con todo esto de los ryoka…-se excuso. Sabía que su intención era invitarla y hoy no estaba de humor para soportar a un hombre. Estúpidos hombres.

El sonrió. ¿Por qué? Si ella no había sido amable.

-Tu taichou piensa lo mismo-¡Y tenía que mencionarlo!

-Me da igual lo que piense-bufó.

-Valla… ¿Ocurre algo entre ustedes?

-¿Por qué lo preguntas?-¿Habría oído algo? Si era así estaría aún más enfadada.

-Porque lo noté de muy mal humor hoy. Mira que para que dijeses que le alegrase que hace dos días no vayas al escuadrón-Rangiku sintió como su mandíbula caía al suelo de la indignación y rabia ¿Qué había dicho QUÉ?

-¿Así que dijo eso?-pregunto fingiendo estar sorprendida y tranquila, especialmente tranquila.

-Si, por eso creí que algo malo pasaba entre ustedes-comentó inocentemente.

Hisagi tuvo que contener una sonrisa. Alguien alguna vez había dicho "divide y reinarás" y aquello era lo que él estaba poniendo en práctica. Estaba seguro que aquello la alejaría de su capitán. Ichimaru se alejaría solo. Y entonces Matsumoto sería toda suya.

-No bueno, no ocurre nada. Ninguno está teniendo una buena semana, solo eso.

-Dudo que Hitsugaya taichou no esté teniendo una buena semana. Lo noté muy acaramelado con Hinamori-san…

Y seguía metiendo el dedo en la llaga. A este pasó ya no sabía si pensar que Hisagi era malo o simplemente idiota.

Argh, ¡HOMBRES! Los detestaba.

-Por lo menos algo está yendo bien en su vida-sonrió fingidamente-Ahora, si no te molesta Hisagi, debo ir a tomar un baño porque estoy encargada de vigilar en la noche.

-No hay problema Rangiku-san, llámame si necesitas ayuda.

-Lo haré, muchas gracias por ofrecerte-le sonrió coqueta y tan pronto como el puso un pie fuera de su habitación cerró la puerta con rabia.

Hacía dos días que se encontraba encerrada en su habitación por culpa de un maldito hombre. ¿Qué no recordaba quién era ella? Ella era RANGIKU MATSUMOTO y ningún hombre podía con ella. Nadie merecía que su alegría se evaporase y se tuviese que recluir para no matar a alguien. Muchas cosas debía explicarle aquél idiota con pelo blanco al cual solía llamar capitán.

Pero primero, debía tomar un baño. No podía matar a nadie sin antes bañarse.


-¿Entonces no te molestaría tomar mi lugar para vigilar hoy?

-Para nada, Momo. Estaría mucho más tranquilo sabiendo que te encuentras con Aizen, protegida.

Ella sonrió con dulzura. Le dio un rápido beso en los labios y salió corriendo en búsqueda de su capitán.

¿Si le había molestado tener que quedarse? ¡Obvio que si! Pero no tenía otra opción. Los hombres hacían aquellas cosas por sus "novias" a quienes sentían la estúpida necesidad de proteger. Debía comportarse como tal.

Suspiró. Aquella sería una noche larga. Pero viendo el lado positivo, tendría un momento para pensar. Comenzó a caminar sin un rumbo aparente, viendo que todo se encontrase libre de intrusos.


Vigilar nunca había sido tan aburrido. Había pensado en ir a gritarle a su capitán en el preciso instante en que había terminado de bañarse, pero debía tranquilizarse antes, de lo contrario sentía que podría arrancar cada cabello blanco de su cabeza.

Caminaba sin realmente prestar atención a sus alrededores. Fingía controlar que todo estuviese en orden. ¿Qué más podía hacer? Si por lo menos le hubiese tocado a alguien vigilar con ella las cosas serían mucho más divertidas, por lo menos tendría alguien con quién hablar.

Aunque pensándolo bien, era mejor que nadie vigilase con ella. Siempre le tocaba con Hinamori, y aunque ella le caía bien, le recordaba lo mucho que la habían usado.

"Había sido solo un beso"

Repetía su mente. ¿Y qué? ¿Dar un beso para luego marcharse con otra no era utilizar a alguien? Porque todo se detuvo porque ella quiso, porque ella pensó en Gin. Sino ¡quién sabe hasta donde habría pretendido llegar! Por más pequeño que hubiese sido ese beso había sido un intento de utilizarla. Estaba segura de aquello.

Doblo en una esquina y a lo lejos pudo divisar una melena blanca y un haori de capitán. Algo dentro suyo se achicó, había llegado el momento de aclarar las cosas.


Volteó al sentirse observado y fue cuando, a lo lejos, la vio: Tan maravillosa como siempre, sin embargo había algo extraño en ella. Su manera de mirarlo, su mirada era fría y no se movía de su lugar.

¿Qué debía hacer? ¿Acercarse a ella y preguntarle por su ausencia de los últimos días? ¿Por qué aquél beso tuvo que volver todo tan difícil? Decidió que lo correcto era acercarse a preguntar. Avanzó con cierta incomodidad al notar que ella tenía los ojos clavados en él, y su mirada no cambiaba. Estaba furiosa, la conocía. Pero… ¿Por qué?

-Matsumoto-dijo a modo de saludo. Ella no respondió-¿Por qué has faltado los últimos días?-preguntó. Ella respondería y luego él diría algo como "ah, bueno, entonces espero verte mañana temprano" y seguiría su camino. Estaba todo perfectamente planeado. Nada podía salir mal.

-¿Le preocupa? ¿No se ha sentido afortunado con mi ausencia?-jamás la había oído hablar en aquel tono de voz. Mordaz. ¿Qué había llegado a sus oídos?

-¿Disculpa?-preguntó confundido temiendo no entender.

-No se haga el tonto. Sé que entiende todo perfectamente bien. Esta muy agradecido porque no me he presentado a trabajar y entonces usted ha podido revolcarse alegremente con Hinamori en el escuadrón-Toushiro se iba poniendo poco a poco blanco como un papel. Así no había planeado las cosas. ¿Revolcarse con Momo?

-No sé de dónde has sacado esas estupideces, pero te aconsejo que dejes de decirlas.

-Lo que me aconseje o deje de aconsejar poco me importa

"Tranquilízate Rangiku, tranquilízate" se repetía a si misma. "inhala, exhala, inhala…"

-¿Qué demonios te ocurre Matsumoto? ¿Es que acaso debo recordarte que me debes respeto por ser tu capitán?-jamás le había dicho aquello a nadie, ¡Y justo debió decírselo a ella!

Se acercó pendencieramente a él y lo enfrentó con la mirada.

-¿Qué demonios le ocurre a usted? ¡¿QUIÉN DEMONIOS SE PIENSA QUE ES PARA UTILIZARME?

-¿Utilizarte…?-susurró confundido.

-Sabe perfectamente a lo que me refiero. El besarme y luego a los tres minutos andar besando a otra.

Los ojos de Hitsugaya se abrieron como platos. ¿Cómo podía pensar que la estaba utilizando cuando no había nada más lejos de eso?

-No digas estupideces, ¿Quieres? Jamás te he utilizado ni se me ha pasado por la cabeza algo por el estilo-por más que quería contenerse, ya no podía. Ella tenía esa habilidad de acabar con su paciencia rápidamente. Hoy había marcado tiempo record.

Rangiku ya no pudo más con su genio, no pudo soportar más aquella indignación y que él lo negase todo; así que de una manera casi instintiva lo abofeteó.

El clima se había vuelto realmente tenso. Él había apoyado su mano donde ella lo había abofeteado. No es que le doliese, físicamente hablando. Le dolía donde no debía hacerlo.

Su mirada no había cambiado, aún había ira en sus ojos pero pudo notar como estos comenzaban a…¿cristalizarse? ¿Acaso estaba conteniendo las ganas de llorar? ¿Sería que le decía todo aquello porque estaba celosa de Momo?

-Dígame entonces por qué me besó-ordenó luego de minutos de silencio e intercambio de miradas asesinas.

-Es mi problema.

-No es solo su maldito problema. ME beso y ahora debo comprender el por qué. Dígame-inconscientemente levantó la mano para cachetearlo una vez más, solo que esta vez él la tomo por la muñeca, atrayendo su cuerpo al de él. Chocando un cuerpo con el otro.

-¿Quieres que te diga por qué demonios te bese?-preguntó colérico, teniendo a centímetros el rostro de la rubia-Aquel maldito beso fue un error.

Los ojos azul cielo de la teniente se abrieron como platos. ¿Había sido un error? Y aquellas palabras habían sido un golpe para su ego. Aunque si para ella también había sido un error ¿Por qué dolía tanto que lo dijese?

-¡Pues claro que fue un error! Jamás podría estar con alguien tan amargo como usted.

-Me alegra oírlo. ¡Yo tampoco podría compartir mi vida con una mujer tan distraída e incompetente!

Ni por un minuto perdieron el contacto visual, solo que poco a poco, sus miradas se suavizaron un poco. En un acto impulsivo, de los que solo ella sabía provocar, con su mano libre rodeó la cintura de ella pegando sus cuerpos. Fuego comenzó a recorrer su cuerpo.

No podía comprender como habían quedado así: Había sido hipnotizada por aquellos ojos aguamarina. Sentía –nuevamente- su piel quemar donde él la tocaba. Sabía que debía moverse, pero no quería hacerlo. Su pulso se aceleró. El de él también.

Apoyando una de sus enormes manos en la nuca de la rubia la obligó a acercarse a ella y la beso. Este beso había sido muy distinto del anterior, fue un beso apasionado, al que ella no tardó en responder.

Parecía que toda aquella rabia había desencadenado aquel beso. Él apoyó su cuerpo al de ella, y con sus manos comenzó a recorrerlo. Ella lo imitó.

El aire comenzaba a escasearles, pero aquello no importó: Lo más importante ahora era sentir al otro.

La lujuria lo había poseído. Dejó de besar su boca y se concentró en aquel larguísimo cuello, que tanto había fantaseado con besar.

Nuevamente, ella volvió a romper la escena. Se alejó de él y lo miró: En sus ojos podía notarse la excitación.

-¿Este beso también fue un error?-preguntó a la defensiva.

-El error es que no sé como haré para pensar en otra mujer que no seas tú.

Permanecieron en silencio, agitados por la excitación.

-Esto está mal. Usted está ahora con Hinamori, y yo con Gin. ¿Por qué me besó?

-¿Por qué dejaste que te bese, Matsumoto?-preguntó, ella se sonrojó-La respuesta es sencilla en ambos casos. No se puede negar la atracción que existe entre nosotros. No puedo negar la atracción que siento por ti. Por más que quiera no puedo negar que eres en lo único que pienso. Contigo me vuelvo un animal, una persona irracional, alguien que no quiere pensar… Solo sentir.

-Taichou…-susurró. Entonces él se acercó y asaltó sus labios nuevamente, esta vez con más pasión. Ella rodeó el cuello del peliblanco con sus brazos para profundizar el beso.

No había motivos para seguir negándolo: Ella hacía tiempo sentía algo por su capitán. Algo que se negaba a ver, pero que ya no podía más: ¡Qué importaba que ellos estuviesen con otras personas! Aquello ahora no tenía la más mínima importancia. ¿Y los problemas que podrían surgir por aquello? Bueno, luego se preocuparían.


¡Holaaa a todos! Muchas gracias a todos por leer, en especial a thunder-fiend y a Samarripa por sus reviews.

Espero que este capítulo también haya sido de su agrado, y seguramente estaré actualizando el Lunes.

Bueno, antes de irme los dejo con otra imagen para que a los "hitsumatistas" nos alegre los ojos :).

1) .com/albums/n153/bijinigarashi/BLEACH/?action=view¤t=

(Qué lindo qué es)

2) .com/albums/n153/bijinigarashi/BLEACH/?action=view¤t=#!oZZ2QQcurrentZZhttp%3A%2F%.com%2Falbums%2Fn153%2Fbijinigarashi%2FBLEACH%2F%3Faction%3Dview%26current%

(Con la hija de ambos. Amo esta foto, es súper tierna -y él es súper lindo :P)

3) .com/albums/n153/bijinigarashi/BLEACH/?action=view¤t=#!oZZ3QQcurrentZZhttp%3A%2F%.com%2Falbums%2Fn153%2Fbijinigarashi%2FBLEACH%2F%3Faction%3Dview%26current%3D20080626_

4) .com/albums/n153/bijinigarashi/BLEACH/?action=view¤t=#!oZZ4QQcurrentZZhttp%3A%2F%.com%2Falbums%2Fn153%2Fbijinigarashi%2FBLEACH%2F%3Faction%3Dview%26current%3D20070122_

¿Qué les parecieron las imágenes? :) ¿Les gustaron? Espero que así haya sido.

Nos leemos.

¡Un beso!