Madurez
Capítulo2 "La misión del shinobi"
Por Inniyah
Existen cosas que conozco gracias a los libros; otras que comprendo al tomar en cuenta experiencias ajenas. Pero pienso que son aquellas situaciones que experimentas, las que te hacen crecer como shinobi, como kunoichi y en ocasiones como persona.
Quizás lo que más recuerdo de mi primera infancia es ser feliz. Tuve la fortuna de pertenecer a una familia unida. Siempre había tiempo para reír un rato, trepar árboles y aprender algo nuevo. Mi padre provenía de una familia de comerciantes de telas. Cuando llegamos a Konoha, tanto mi madre como mi padre eran jóvenes con una pequeña niña bajo el brazo. Éramos una familia realmente normal.
Papá decidió venir a Konoha, en busca de fortuna y seguridad."Qué lugar mejor para establecerse que una poderosa villa shinobi, donde se necesitan telas de calidad y resistencia. Es el sueño de cualquier comerciante: Buenas ventas y una gran seguridad" solía decirme con una sonrisa de oreja a oreja.
Sin embargo, no creo que ése haya sido su verdadero motivo. Hacía unos años, un familiar admirado por él (quizás un tío lejano, el cual se ganó el título de oveja negra de la tranquila y no fuera de lo normal, Familia Haruno), decidió convertirse en shinobi. Papá solía contarme historias sobre aquél hombre. Cuentos que ahora sé, tenían su mezcla de exageración e imposibilidad. La forma en que mediante el camino del ninja, encontró amor, estabilidad y paz. Recuerdo escucharlo atentamente, sólo por ver el brillo en sus ojos, cada vez que llegaba a una parte emocionante. Esa fue la primera motivación que tuve para ser un ninja. Sin embargo, cuando entré a la academia me enteré que aquél familiar, a quién imaginaba en forma constante, que admiré y que juré llegar a alcanzar… murió en su primera misión de genin.
Shikamaru me describía de la siguiente forma: "Haruno Sakura, una kunoichi sin ningún talento especial". Sin embargo, tengo algo que es producto de la herencia. No es un jutsu o una habilidad sanguínea como el Sharingan… Soy una excelente actriz y por tanto puedo ser una gran mentirosa. Hasta el día de su muerte, papá continuó observando la misma emoción en mis ojos al escucharlo narrar las crónicas falsas del Gran Shinobi: Kenji Haruno. Me costó trabajo entender que mi padre, más que un mercader, era un romántico.
Yo solía ser romántica también. Pero la vida de una kunoichi es especialmente complicada. No es elegante y llena de aventuras, como muchas personas piensan. No consiste en seducir hombres apuestos con un meneo de caderas o agitando las pestañas, todo con el fin de sacar información. Cómo médico, puedo asegurar que una autopsia suele arrojar datos más valiosos, que alguno de esos bobos métodos de "persuasión". Sin embargo, esto no quiere decir que una kunoichi, no sea tramposa y manipuladora, que no se le asignen misiones encubiertas, que no finja ser encantadora e inofensiva para obtener información… en especial, que no se valga de genjutsu para hacer creer a otros una situación que realmente no existe.
Lo anterior se puede resumir así: '¿Por qué dejaría que un idiota se aprovechara de mí, cuando mi función es tomar ventaja de él?', si a esta regla, combinamos la frase "Una vez shinobi, siempre shinobi" obtenemos un resultado interesante, el cual se torna más visible entre la población una vez terminados los exámenes chunin: El clásico escenario en donde una ninja, acepta salir con un chico siempre y cuando sea él quien pague la cena. Como solíamos decir Ino y yo… "Se atina a muchos blancos con un solo kunai… se entrena, se obtiene información y una comida gratis, a cambio de nada". Porque después de todo lo que motiva a un joven, en especial si es un ninja, a invitarte a salir es la esperanza de que ocurra algo más durante y/o después de la cita... al final de la cena, una buena kunoichi deja a su cita desesperanzada… pero con la creciente determinación de volverlo a intentar.
Como se puede ver, las cosas en Konoha no son "normales". Cuando eres Genin se te explica que durante una misión, el deber es más importante que el honor, que debes guardarte cualquier sentimiento que ponga en juego a la misión, entre otras cosas. Cuando creces, te das cuenta que realmente estas reglas aplican a tu vida en general porque "Un shinobi, nunca debe tener la guardia baja y su lealtad estará siempre con el Hokage". Simplemente, la vida de un shinobi gira alrededor de lo que se crea benéfico para la aldea. La vida del ninja es una misión.
Supongo que en este momento, sueno fuera de personaje. Debo admitir que si hace unos días alguien hubiese afirmado que soy una herramienta con una misión en vez de vida, lo habría golpeado a través de la pared. Pero ahora, que veo la firma del Hokage en el pergamino, con la misión más ruin y estúpida que haya visto antes… Bien, sólo me resta decir, que maldigo el día en que juré lealtad a Naruto. Si fuera Tsunade-shishou quien estuviera detrás del escritorio, se habría burlado de la estúpida petición de Sasuke. Pero Naruto… es… una persona poco objetiva, que aprecia a Sasuke como a un hermano y que seguramente piensa que me hace un favor.
-¡Piénsalo Sakura –chan!, de esta forma, los ancianos dejarían que Sasuke asistiera a algunas misiones. No tendríamos que ocupar miembros de la ANBU para supervisar si cumple su periodo de prueba…
-No- Le contesté entre dientes, con los puños cerrados y evitando canalizar chakra a través de ellos. Sin embargo Naruto continuó como si yo no hubiese abierto la boca.
-Tendría un médico las 24 horas del día, los siete días de la semana ¡La villa no temería el que se descontrolara!- Continuó con la misma energía de antes y una enorme sonrisa en la cara.
- ¡Me niego a servirle de matriz! –Grité, pero Naruto seguía ignorándome. Sus ojos brillaban con emoción y por un momento temí que empezara a brincar en el asiento.
-¡Konoha tendría nuevamente al sharingan y tú no terminarías vieja y sola!- En ese momento, mi enojo alcanzó el pico más alto. El escritorio frente a mí, se redujo a astillas y aserrín cuando rocé mis manos contra su superficie. Naruto me observó con los ojos muy abiertos y para sorpresa de los presentes, cerró la boca. Naruto observaba el escritorio con sorpresa y algo de lástima –No otra vez. Ese en verdad me gustaba.-Lo escuché decir moviendo la cabeza con tristeza.
Cuando pensaba en que husos romper primero, recordé que había miembros de la ANBU dentro de la oficina, así que me controlé y dije con la cara en alto y viendo hacia el frente.
-Haruno Sakura, ninja médico con rango Jounin de folio 48253229, rechaza la misión propuesta por el Hokage.
-Saku… - La voz de Naruto sonó como la de un chico que acaba de entrar en la adolescencia. Se aclaró la garganta con dificultad. Aún seguía observándome como si fuese la primera vez que me viera…
O como un genin que había olvidado su mochila con armas y estaba en medio de una misión de clase A y ahora entendía que su error era incorregible y le costaría la vida.
- Sakura-chan, no… no es un pergamino de selección de misión… Es un aviso de aceptación de la misión por parte de los ancianos y…
-¿Qué?- Ahora, era yo quien lo observaba con los ojos abiertos. El aviso de aceptación, era un documento poco común. Significaba que los ancianos y el Hokage, habían llegado a un consenso, cosa que no había ocurrido desde antes que mis padres llegaran aquí. Después de todo, la función de los ancianos era evitar abusos por parte del Hokage y buscar el bien de la villa. En pocas palabras, eran un grupo de "consejeros" dedicados a contradecir al Hokage. En conjunto, cuando lograban ponerse de acuerdo entre ellos, su poder era similar al del líder de la villa. Un aviso de aceptación, era por tanto, un acta irrevocable, en la que las dos fuentes de poder de la villa aprobaban y demandaban la realización de una misión.
En este momento, sentía mi sangre hervir con furia.
-¿Por qué ellos harían algo así?, ¿por qué tú harías algo así?- Tirando la precaución al viento grité…- ¡Voy a matarte!
