Glee y sus personajes no me pertenecen. Pertenecen a Ryan Murphy y a FOX. Si me pertenecieran yo volvería Glee una serie sobrenatural en la quinta temporada. Puedo jurar que CUALQUIER guión haría que en el primer capítulo de la quinta temporada, regresara el rating que Glee tuvo en la primera temporada.

I'm just saying.


Aquí está el segundo capítulo. Trece mil palabras. ¿Too much? Fué difícil de escribir, espero que les agrade. Espero les resulte orgánico y creíble.

Esta es la primera vez que escribo un fic. Es "Rated M" por una muy buena razón y la leerán en unos pocos minutos. Es mi primera 'escena' sexual. Se trata de una 'auto gratificación' para ponerlo más explícito: Escena de MASTURBACIÓN. Si no te agradan este tipo de historias pues deberías de dejar de leer este fic. Si te gustó la escena dímelo en un review.

Espero que la historia no les resulte confusa, al principio lo será, pero prometo que en el final de este capítulo y en el desarrollo del capítulo tres, los misterios poco a poco se irán desentrañando.


Capítulo 2

Santana había caminado por su enorme mansión por unos instantes sin saber por qué estaba todo tan oscuro. Conocía lo suficiente de su hogar como para caminar entre los pasillos sin golpearse. Sus tacones resonaban por todo el lugar. Se encontraba en el tercer piso, cerca del salón del té de su madre, la bodega de pinturas, la habitación de Kurt y su habitación. «¿Cómo demonios llegué aquí? ¿Dónde está Kurt?» Pensaba cada pocos segundos. Siguió caminando, y su instinto le dijo que caminara por la alfombra para que sus tacones no sonaran tan estrepitosos como lo hacían. No podía ver nada más allá que sus manos, y unos pocos destellos de paredes y muebles. Gracias a que ella y Kurt amaban las caminatas nocturnas por la mansión, ellos conocían muy bien su hogar de noche. Pero no por eso se sentía en ese momento exenta del miedo. El silencio que la rodeaba era aterrador, parecía provocado. Y esta no era una noche normal, era demasiado oscuro. Todo estaba demasiado calmado, podía escuchar hasta sus latidos del corazón y sentir su pulso incrementando en sus venas. Algo no estaba bien. «Santi, pon atención, tu sentido callejero te dice que nada está bien.»

Llegó al final del pasillo y con mucho cuidado comenzó a bajar las escaleras. Las escaleras principales que conectaban toda la mansión, estaban cubiertas por una hermosa y cara alfombra azul por el centro de los escalones de mármol. Bajo escalón por escalón tratando de hacer el menor ruido posible, tratando de que sus tacones sólo tocaran la alfombra. Comenzó a preocuparse por Kurt. Ellos siempre se encontraban juntos, tal vez su hermano era una molestia algunas veces, pero él siempre tenía una sonrisa para ella desde la adopción. No podía dejar a su hermano solo. Sabía que Kurt no era un idiota o un miedoso, pero en esta situación hasta ella se encontraba asustada. Todo era demasiado extraño. Tenía que encontrar a su hermano. Santana decidió usar el protocolo de amenaza, así que se escondería y saldría por los pasillos menos conocidos de la mansión, tal y como su padre y su madre les habían enseñado casi diez años atrás.

Bajó unos cuantos escalones y sintió bordes irregulares por las paredes. Santana jamás había sentido esos bordes y se detuvo para poder observar bien esa extraña protuberancia en el vitral que rodeaba a las escaleras. Santana comenzó a buscar y a tocar con sus dedos lo que debería de ser un vitral pero no pudo encontrar más que piedra. Pierda áspera y fría que cubría toda la escalera. «¿Qué mierda es esto? ¡¿Y el vitral?!» Resonó en su mente. Su corazón comenzó a acelerarse. ¿Por qué esa piedra estaba cubriendo el vitral que su madre hizo? «Esto es demasiado extraño. Esta piedra no estaba en la mañana. ¡Demonios, esta piedra no estaba hace unas horas!» Sus dedos comenzaron a tocar con más desesperación, pero no había ningún caso. Ese vitral o ya no existía. Pensó con una nota de pena. No existía o estaba bajo la piedra. Ahora no era el momento para enojarse por un vitral, pero el recuerdo de su madre haciendo ese vitral y sonriéndole no la dejaba en paz.

Ahora se encontraba aún más desesperada por encontrar a su hermano. Santana se rindió y siguió bajando los escalones, con toda la calma que aún le queda en su interior tocó la pared de la escalera para apoyarse y comenzó a palparla para sentir los cuadros y pinturas que adornaban la pared de madera. Con sus dedos delineó el primer marco que sentía, se trataba de una pintura, ese marco tenía un relieve áspero y sesgado por las esquinas, lo que le dijo que ese no era el que estaba buscando. Siguió tocando con sus dedos hasta que llegó a una pequeña hendidura en la pared, lo que le decía que estaba cerca de su objetivo. Bajó tres escalones más y tocó el enorme marco de madera sin bordes que la sacarían de ahí. Se colocó completamente frente al marco y lo movió hacia la izquierda con fuerza, lo deslizó poco menos que un metro, sólo lo suficiente como para poder pasar y en cuanto deslizó el marco puedo ver el pequeño pasadizo absolutamente negro. «La maldita boca del lobo.» Pensó irónicamente, y sin pensarlo se metió. Empujó por dentro el marco y lo deslizó a su lugar.

Santana esperaba que en ese punto, la luz apareciera en el pequeño túnel que la llevaría hasta la segunda planta, pero no. Estaba incluso más oscuro que la escalera. No entendía el porqué de la luz. Se suponía que estos pasillos que se encontraban por toda la casa excepto la planta baja y el sótano, tenían un sistema de iluminación completamente a parte del resto de la mansión, por si acaso ocurría esta situación. Decidió ir al segundo piso por los pasadizos por que no podía tomar la escalera principal hasta el final, ya que el suelo del segundo piso no tenía alfombra y sus tacones resonarían por toda la mansión.

Caminó lentamente en el pequeño pasillo, sus tacones no sonaban por la alfombra que tenía el suelo, y creyó que sería una buena idea apresurar el paso, pero Santana no se encontraba tan segura sobre lo que había pasado con el vitral. Alguien estaba en la casa. Y si ese alguien se tomó las molestias de bloquear un vitral de tres metros de largo por veinte de largo en un tercer piso, que cubría una escalinata, entonces ese alguien quería algo de ella, su padre o su hermano. Sentía en su piel que no estaba sola. Tenía que encontrar a su hermano. Si alguien se tomaba tantas molestias como para bloquear una posible "salida" como un vitral, que jamás nadie utilizaría para 'salir', ya que sería una caída de unos doce metros y una muerte obvia para el estúpido que lo hiciera, era obvio que sabían que existían estos pasadizos entre los muros. Su sangre se heló.

Caminó por varios minutos en ese pequeño pasillo de paredes lisas y frías, que se encontraban entre los muros de los salones del segundo y tercer piso, queriendo tranquilizarse haciendo el menor ruido posible hasta que se dio cuenta de que había llegado al entronque de escape, que eran una serie de escalones que la llevaban a diferentes direcciones por casi toda la mansión. Las escaleras más cercanas la llevaban al tercer y cuarto piso, y estas a su vez, la podían llevar a los pisos sexto, séptimo y octavo. Santana no creyó que su hermano estuviera en alguno de los seis pisos superiores, creyó mejor buscar a partir del segundo piso y planta baja, así que siguió caminando, hacia los escalones que la llevarían al segundo piso. El pasillo se estrechaba cada vez más, y comenzaba a hacer demasiado frío. «Maldita, maldita minifalda.» Pensó. Caminó por unos segundos más hasta que vio que el pasillo formaba un cuello de botella inverso, lo que hizo que saliera del minúsculo pasillo y entrara a la cámara principal, de los pasillos, no muy grande pero sí bastante más grande que el pasillo por el cual Santana acababa de entrar. Conocía el camino hacia la cocina. Kurt no se escondería en el segundo piso, ya que sólo había dos salones enormes de estilo minimalista, y uno de ellos estaba en remodelación, y eran los peores lugares para esconderse de toda la mansión y el otro era un tipo de estancia con muy pocos muebles, sinceramente, era el lugar más estúpido en el cuál podía esconderse.

Decidió tomar las escaleras hacia el salón en remodelación. Caminó unos metros más y abrió una pequeña puerta que se encontraba tras una protuberancia de un muro con piedra negra tallada y vio los escalones que la llevarían hasta el salón en remodelación del segundo piso. Comenzó a bajar los escalones de piedra agradeciendo que Kurt amara tanto las alfombras. Kurt estaba en serio demente, como para ponerla alfombra en cada uno de los escalones y pasillos secundarios de toda la mansión. Pero en ese instante, Santana estaba agradecida con su hermano.

Bajó unos cuantos escalones y con sus dedos buscó la manija del marco para poder moverlo. Cuando lo sintió, bajó el último escalón y se dio cuenta de que ya no había más alfombra que ocultara sus pasos. «Gracias porcelaine.» Se quejó.

Santana se debatió entre quitarse los tacones y caminar descalza, y en el momento en que esa idea estuvo en su mente, ella misma la desechó. Quitó ese pensamiento de su mente ya que si ese alguien quería hacerle daño, ella le patearía el culo y le metería el tacón izquierdo de sus Louboutin de 6 pulgadas hasta que esa bestia le dijera qué es lo que quería con los Hummel. No metería su pie desnudo en el culo de nadie.

Deslizó la madera que cubría el paso de la escalera deslizando la manija hacia la derecha. Ese salón era hermoso y muy luminoso, y Kurt lo amaba. Santana vio que por la remodelación las cosas estaban fuera de su lugar, lo que Santana agradeció ya que la puerta estaba cerrada y podía salir de la pared sin que nadie la viera, escondiéndose entre los muebles regados por la habitación.

Salió de la pared y deslizó el madero que cubría la entrada, caminó entre las cosas del salón. Kurt había decidido cambiar el cristal de los bordes de la ventana con pequeños vitrales que habían encontrado ambos hermanos en el sótano hacía unos pocos días. Vitrales de su madre, los cuales se habían dado cuenta que siempre contaban una historia, lo que hacía que en el lugar donde estuvieran, las personas prestaran atención al diseño y a los detalles. Pocas personas habían podido entender lo que su madre había plasmado y ellos seguían averiguando. Podrían ser confusos, pero todos estaban completamente de acuerdo en decir cuan talentosa era su madre por plasmar esos intrincados diseños en vidrio.

Caminó con cuidado en el piso de mármol sin alfombra y entre los muebles y mesas que se encontraban regadas por todo el salón. Llegó a la enorme puerta de madera. Santana buscó la manija con sus dedos, en cuando la agarró, con su mano izquierda la apretó y comenzó a respirar acompasadamente. Pasó lo dedos de su mano libre por su cabello, quitándose el sudor de la frente y se limpió en su blusa. Quitó su mano izquierda de la manija y con ambas manos dobló las mangas de su blusa hasta los codos y se hizo una coleta alta y apretada con su cabello.

Abrió la puerta y salió por el pasillo sin cerrar la puerta de roble del salón por remodelar. Caminó por la alfombra del pasillo hacia la escalera principal para poder bajar a la planta baja. «¡Necesito marcar a Kurt! ¿Y mi celular?» Santana siguió caminando y buscándose se celular por la pequeña bolsa de su minifalda. No tenía su celular. «No lo puedo creer. ¿Qué es esto? Jamás salgo sin mi celular. Qué demonios está pasando aquí. Muy, muy sospechoso. Mierda.» Se dijo a sí misma. Santana a pocos pasos adelante supo que de nada serviría tratar de marcar a Kurt y utilizar su celular ya que en la casa de su padre, el Senador Hummel, los dispositivos electrónicos de comunicaciones, no servían. Además de que, obviamente, los que hicieron esto eran inteligentes y Santana no creyó ni por un segundo que los tipos que irrumpieron a su casa y bloquearon los vitrales, se les olvidara un asunto totalmente básico como cortar las líneas de luz, teléfono e internet o incluso bloquear la red de celular desde que entraron. «Y Kurt me decía que no era bueno ver maratones enteros de James Bond. Por lo menos sé cómo piensan esos bastardos. Ahora sé que tengo muchas opciones para tratar de escapar.» Pensó sarcásticamente.

Santana se preguntó por qué Kurt no se encontraba cerca. Ambos sabían que si algo raro ocurría en la Mansión, tenían que escapar hacia la verja de la entrada con los guardias de seguridad. «Que tal vez ya están muertos. Acéptalo guapa, esta gente es muy profesional, aunque te desagrade decirlo. Los guardias debieron de haber sido la prioridad desde el principio, tal vez ellos ya estén muertos. Estás sola. Sólo busca a Kurt.» Santana y Kurt sabían desde que comenzaron a vivir allí, casi diez años, que si cualquiera de ellos se encontraba entre el segundo y el octavo piso, tendrían que salir por los pasillos entre los muros hasta el segundo piso y después bajar por la escalera de servicio la cual estaba fabricada completamente de madera, la cual pasaba a un lado de la cocina, o bajar por la escalera principal. Ir por la escalera de servicio del segundo piso era demasiado peligroso, incluso más que bajar por la principal. Al estar hecha de madera de roble con más de cien años y con pocas restauraciones, sería un verdadero escándalo el subir o bajar por la de servicio, ya que todos los escalones rechinaban. Nadie tan estúpido subiría o bajaría por esa escalera en una situación así. Por lo menos no su hermano. De eso estaba completamente segura. O casi segura. Además creía que para encontrar a Kurt no podía andarse con escondrijos, sería mejor ser obvia y buscarlo lo más pronto posible.

— ¡Kurt! ¡¿Dónde estás?! Mierda.— Susurró desesperada, asustada y enojada. Mientras bajaba por los escalones de mármol, por la escalinata principal, hacia el vestíbulo y entrada de la mansión.

La oscuridad todavía era demasiado pesada como para ver más allá de sus manos, ni siquiera sus anillos tintineaban como regularmente lo hacían ya que no existía ni un solo haz de luz por la enorme escalera de mármol blanco que bajaba. «Muy extraño. A esta hora siempre está iluminado por la cúpula de vidrio. Aún de noche, la cúpula lo ilumina.» Pensó. Volteó a ver arriba y lo que sospechaba desde hacía unos minutos, era cierto. La cúpula de vidrio estaba completamente negra. Tapada con algo que hacía que no entrara ni un poco de luz. Ahora sí estaba completamente segura de que alguien quería en serio hacer algo con ellos. «No hay forma de que los guardias no hayan visto que alguien ponía esa cosa arriba. Ellos están muertos.» Se dijo a sí misma con un enorme nudo en la garganta.

Su corazón comenzó a agitarse y sintió como su espina dorsal se enfriaba hasta el punto en que creyó que tenía un hielo bajándole por la espalda. Cuando toco el último escalón con la punta de aguja de su Louboutin, los espejos que se encontraban en el recibidor de la estancia junto a la puerta comenzaron a susurrar. Susurrar su nombre. Voces de niños. «Dios. No.» Pensó. Su corazón tartamudeó y comenzó a acelerar. Su cabeza se sentía a reventar por la presión y el miedo.

Santana no podía aguantar más. Sintió que su corazón salía de su boca y supo que no podría salir por la puerta principal. Ya no había tiempo de esconderse calladamente, era tiempo de correr. Trataría de correr hacia la cocina, que era la última habitación que se encontraba en la enorme planta baja de la mansión con una de las dos puertas de roble color borgoña de toda la mansión. Las puertas favoritas de Kurt. Esas puertas se encontraban en el salón de música, que era la habitación siguiente, que se encontraba frente al jardín de su madre, con una entrada al salón que se encontraba unos metros más alejada de la entrada principal, lo contrario que la puerta del jardín, lo que hacía que las entradas del jardín y del salón no estuvieran una frente a la otra, pero si técnicamente los salones estaban uno frente al otro y la segunda puerta borgoña se encontraba en la cocina. La cocina tenía una salida trasera. Tenía que correr e intentar escapar y llamar a la policía.

Sus tacones tocaron completamente el suelo de mármol de la estancia. Las voces se hacían más fuertes. No podía correr rápido por el miedo que estaba sintiendo. Las voces eran horrendas. Santana corrió unos metros y sintió que el aire se le estaba escapando de sus pulmones, sentía sus piernas muy pesadas. Se escondió en el primer salón que vio. El jardín privado de su madre. Se escondió detrás de la puerta de metal de la entrada, junto a las rosas rojas.

No podía respirar. « ¿Qué demonios eran esas voces? ¿Por qué mierda Kurt no está conmigo? ¿Quieren asustarme? No me voy a acobardar. ¿Es una broma de Kurt? El jamás te haría algo así.» Se dijo a sí misma. Desechó todo ya que las voces eran demasiado tenebrosas y oscuras como para que alguna máquina pudiera crearlas.

Las voces se escuchaban bastante cerca, y aumentaban. Ya no eran susurros. Eran lamentos, de gente torturada. Voces que gritaban por liberación. Era desgarrador. Santana comenzó a llorar. Jamás se había sentido tan asustada en su vida. Las voces repetían su nombre, sus huesos se sentían pensados y sin fuerza. Las voces susurraban su nombre repetidamente entre sollozos y gritos de niños.

Santana sintió que se le iba la fuerza. No podía escuchar nada que no fuera eso en su cabeza. Hasta que escucho a sus pequeños canarios. Estaban frenéticos. Algo estaba dentro de su jaula espantándolos. Los canarios sonaban muy espantados.

— ¡Pero qué de…!— Gritó hacia la jaula. Antes de que pudiera terminar una mano tapó su boca. La lengua de Santana rozó la mano de lo que la estaba callando. Sabía a ceniza y sal.

Santana se quedó petrificada por el miedo. Completamente congelada. « ¡Por dios, que sea Kurt!» Pensó mientras las lágrimas volvían a correr sobre sus mejillas.

Con mucha fuerza la empujaron. Chocó y derribó la jaula de los canarios de su madre, la habían lanzado con demasiada fuerza. Los canarios estaban frenéticos, eran casi una docena. Santana sentía un dolor en su frente y un pequeño punzón de dolor en su muñeca izquierda, pero por lo demás estaba bien. «Kurt no me empujaría por seis metros hasta los canarios de mamá.» Se dijo. De eso estaba absolutamente segura.

Tratando de ponerse de pie antes de que le hicieran más daño, recibió un golpe en la mejilla que dejó a Santana viendo estrellas. Santana se recuperó demasiado lento del golpe. Lo que aprovechó quien la perseguía. Santana colocó su pie izquierdo en el piso. Alguien en ese momento la tomó de su cabello y tiro de él para levantarla.

En cuanto los dos pies de Santana se encontraron en el suelo, ella se apoyó en el pie izquierdo. Levantó el pie derecho a la altura de su cintura en un rápido movimiento y lo giro hacia afuera con toda la fuerza que pudo. Giro su pierna pateó hacia atrás. Le dio de lleno en la costilla con su tacón de aguja con toda la fuerza que pudo. Un grito de rabia y dolor se escapó de quien la quería golpear. El golpe que recibió con el tacón descontroló al atacante y Santana agarró la mano que jalaba su cabello y la dobló en una especie de llave. Jaló la mano con toda su fuerza sobre el codo del agresor. Si no hubieran estado gritando y susurrando las voces y los canarios hubieran dejado de aletear asustados, seguramente hubiera podido escuchar cómo dislocó el codo de quien la perseguía.

Santana escuchó los lamentos y siseos que salían de la boca de su agresor y supo que era una mujer la que la había estado atacando. La mujer gritaba con rabia y dolor.

Santana aprovechó la distracción de la mujer, a la que no podía ver bien por la oscuridad de la habitación, sólo veía una leve sombra de cabello hasta los hombros y supo la distancia que había entre ellas dos. «Le partiré el culo a esta maldita.» Pensó con una pizca de miedo e inundada de ira. Siguió aprovechando el dolor que tenía la mujer, para observar a su atacante. Santana no podía ver bien pero sabía que esa mujer no era más alta que ella. Vio que la atacante seguía distraída y corrió hacia ella. Santana le dirigió una patada en la quijada de su atacante y en el momento que su Louboutin chocó en la quijada de la mujer, Santana celebró sus casi diez años de gimnasta y porrista y sus años de defensa personal. La mujer cayó y se derrumbó en el suelo con un golpe sordo.

Las voces quedaron calladas completamente. La luz apareció en el jardín, no luz eléctrica, sino una especie de luz natural que emanaba desde los enormes ventanales de la habitación. La piedra que los cubría había desaparecido.

— Así que esta perra lo controlaba, ¿Eh? ¿Cómo demonios desapareció la piedra tan rápido?—. Se susurró cansada. Santana por el impacto también quedó en el suelo. Se levantó con un poco de trabajo y observó a la mujer más detenidamente.

Su piel era totalmente pálida. Blanca. Sus dedos y manos eran como las de un hombre. Sus brazos estaban cubiertos por escamas transparentes que dejaban ver unas cuantas venas. Santana sintió que su sangre se helaba. El cabello de la "mujer" era largo en extremo, de color rojo o quizá de un café rojizo que no podía descifrar con esa luz. Vio que esa cosa no llevaba ropa. Los senos de la "mujer" eran enormes. Le recordaba a Mystique de los X-Men. Una Mystique muy vulgar, nada sexy, en blanco, con uñas amarillentas y enormes y completamente sin depilar. Nada depilado. « ¡Pero qué asco!» La repulsión la invadió pero el miedo seguía latente en su cuerpo.

Antes de que pudiera pensar algo más, Santana volteó blanca por la impresión y por lo que llegaba a sus oídos. Música. De piano. Provenía del salón de música. Alguien estaba tocando el piano de su madre.

Santana sintió como se le iba la sangre del cuerpo. « ¡Por Dios! ¿¡Qué es esto!?» Gritó en su cabeza, mientras se tapaba la boca con la mano para no gritar. «¿Por qué estaban tocando el piano?». Se preguntó Santana aún con la mano en su boca. Seguro ellos creían que la asustarían y saldría corriendo. Pues no. «Aun muriendo de miedo, voy a hacerles frente. Nadie se burla de mí. Y tengo qué saber si Kurt está bien. Tengo que saber qué es lo que quieren. Sean lo que sean.»

La melodía era caótica y hermosa, al mismo tiempo que tenebrosa. Santana se alejó de la bestia. Se limpió el sudor y las lágrimas de la cara con las manos y tuvo que bajar las mangas de su blusa para poder limpiarse ya que en serio era un desastre. Se acomodó bien su blusa, las manos le temblaban y poco a poco su respiración se controló. Tomó una pequeña pala plateada que se encontraba en el suelo junto a las rosas rojas. La podía esconder en su por su espalda entre su blusa y los botones traseros de su minifalda. Tomó la pala, la escondió y creyó estar lista al encuentro con el músico.

La música llenaba las habitaciones de la planta baja. «¿Castigo psicológico? ¿Eso era lo que trataban de hacer? ¿Querían asustarla con una melodía? Ese maldito o maldita es cruel y disfruta de hacer eso, él o ella será peor que la perra del piso.» Pateó en la cara a la bestia y salió caminó con seguridad, haciendo que sus pasos retumbaran por todo el salón. Levantó la cabeza y continuó andando unos pasos por el pasillo, pasó unos cuantos floreros y mesas y empujó la puerta color borgoña del salón para poder entrar al salón de música. La música seguía, pero no había nadie tocando en el piano.

Santana volteó a los alrededores del salón. No podía creer lo que veía. Se olvidó de la música por completo. Era Kurt. Su hermano. El cabello de Kurt estaba intacto, su ropa un poco desaliñada, con la frente ligeramente sudada, un pañuelo al cuello de color azul, igual que sus ojos, con un pantalón ocre pintado en sus piernas y sin sus características botas de diseñador. Ella gritó pero no pudo escucharlo.

— ¡Kurt!— Gritó Santana a su hermano. Y Kurt no respondió. Parecía como si no Santana no estuviera ahí. Como si ella no existiera para él.


Mientras Santana se distraía gritando y viendo a su hermano, un hombre joven y sensualmente hermoso detenía la música, se levantaba del asiento y se acercaba a Santana por su espalda y comenzó a oler su cabello. Ella estaba totalmente distraída contemplando el presente de su hermano. Pero Santana no tenía ni idea de que Kurt estaba en otro plano. Ella no podía hacer nada por su Kurt. Ni por ella. Kurt y Santana se encontraban en la misma habitación. Dos planos unidos en uno. Kurt estaba en el plano uno. Y Santana en el dos. Los hermanos Hummel estaban en el mismo lugar, pero completamente separados, a menos que él quisiera lo contrario. Cosa que no iba a pasar. El sensual joven sonrió en él lóbulo de Santana.

— Nunca lo pensé. Nunca lo creí ni imaginé. Creía que ellos mentían. En verdad eres sensual. Y valiente. Lo que te hace muy estúpida y muy, muy peligrosa.— Le dijo Sebastian al oído a Santana. Ella no podía escucharlo ya que él se encontraba en otro plano, el plano tres. Idéntico al de Kurt, en el mismo espacio y al mismo tiempo pero separados en esencia. Tres planos unidos en un mismo espacio, pero completamente separados. Sebastian estaba guiando todo lo que se fraguaba en la mansión. Pocas personas podían llevar a cabo lo que él lograba, su madre, su difunto padre y algunas otras personas más. Casi nadie podía juntar tres planos espaciotemporales y reunir la concentración y fuerza necesaria para unirlos en uno mientras separaba la esencia de cada mundo. Tres mundos que no podían tocarse a menos que él lo quisiera.

Hacía mucho tiempo que le habían explicado a Sebastian que no podía tocar a los Mexhirj como él. Él no podía dañar mano a mano a Santana y a Kurt ya que moriría. Para poder dañarlos tendría que hacer cosas demasiado drásticas que no estaba dispuesto a llevar a cabo. Por eso había planeado todo el teatro en la mansión. Oscuridad y tortura.

Sebastian se sentó arriba del piano con un movimiento sutil y elegante. Pensó que tenía que disfrutar del espectáculo mientras durara ya que la barrera de prohibición de paso a la Mansión no duraría para siempre. Alguien podría entrar a ayudarlos desde el plano cero. Sebastian había sentido unos minutos antes que Kurt y Santana se habían quedado dormidos en el mundo real, al dormir, las mentes de los Mexhirj se transportaban al mundo cero. Un plano astral, de dónde los primeros Mexhirj provenían. Personas como Santana y Kurt, sin ningún tipo de entrenamiento, simplemente veían lo que pasaba en el plano cero como "sueños", al haber sentido su presencia en el plano cero, Sebastian los encerró rápidamente a ambos en su sueño, ambos soñaban en la mansión. Sebastian decidió separarlos en la mansión, los encerró en planos diferentes, a Kurt en el plano uno, a Santana en el plano dos y a él mismo en el plano tres. Tres mismos planos de la mansión existente en el plano cero. Tres planos que se tocaban en el mismo punto, pero al mismo tiempo separados.

Estaba seguro de que alguien en Krutra mandaría a salvar a unos pequeños Mexhirj en problemas. Los hermanos Hummel tenían que morir hoy. «A disfrutar el espectáculo galán.» Se dijo a sí mismo, completamente divertido.


Santana trató de tocar a su hermano. No pudo. Los dedos en lugar de rozar a Kurt lo traspasaban y le cosquilleaban y se volvían fríos. Trató de tocarlo de nuevo con toda la mano pero ésta sólo traspasó la cara de Kurt. La mano le cosquilleó y se le enfrío.

Santana no podía creer que su hermano estuviera junto a ella y no poder tocarlo. Lo veía muy desaliñado para ser él, un poco asustado y cansado, pero con una mirada y expresión de concentración en su rostro. Eso la enorgulleció, pero no bastó ese sentimiento como para desaparecer la frustración, la ira y el miedo que tenía al no poder tocar a su hermano.

— Tampoco puedo oírlo. Sólo verlo. No puedo tocarlo. Supongo que él no puede verme, ni oírme, ni tocarme. ¿Quién es la escoria que hace esto? ¡Aparece maldito cobarde, imbécil!— Gritó lo último con rabia y un pequeño atisbo de miedo.

Sebastian sonrió y se lamió los labios. «Esto será muy divertido.» Pensó emocionado.

El sonido llegó hasta Santana en el mismo instante en el que fue creado. La mujer bestia estaba en el pasillo. E iba hacia Santana. La bestia estaba levantada, pero no completamente. Las piernas y pies se encontraban rectos, los dedos de los pies, blancos y salpicados de negro, que hacía que contrastara contra toda la piel blanca, se encontraban abiertos y rotos, como si los hubieran girado. Las uñas de sus dedos eran terroríficas. Los dedos se movían escalofriantemente, como con espasmos epilépticos. La columna estaba completamente volteada y se arrastraba por el piso. No veía su cabeza, no es que quisiera verla. «Bienvenida al peor día de tu vida cariño.» Santana se dijo a sí misma.

Santana retrocedió unos cuantos metros mientras la criatura se arrastraba hacia ella lentamente. La bestia se detuvo como a dos metros de la entrada del salón. Santana comenzó a transpirar, no podía creer nada de lo que estaba pasando. Volteó a ver a su hermano y vio que seguía recargado contra la puerta borgoña, como si la reptil no le afectara en lo más mínimo. Santana agradeció que Kurt no pudiera ver nada. La mirada que tenía su hermano le decía a Santana que él estaba pensando en un plan. «Ojalá que sea uno bueno.»

— Tienes que salir de aquí.— Se susurró a sí misma.— ¡Ven por mi maldita lagartija!— Le gritó a la bestia mientras sacaba la pequeña pala de jardín de su espalda.

La bestia dio un grito terrible. Y se levantó con una rapidez sórdida, el asqueroso sonido de huesos rompiéndose resonó por el salón. Santana quería desmayarse después de haber escuchado eso. Santana la observó. Tenía la cintura completamente rota, la espalda la tenía en el frente y los senos en la espalda. Su espina dorsal se veía inflamada y roja y absolutamente doblada en un serpenteo por toda su doblada espalda. El cabello rojo cubría la cara de la bestia, la cual estaba viendo hacia abajo.

Unos segundos Santana se quedó sin respiración y la bestia completamente quieta. Santana sentía su corazón en la boca. Ya no tenía saliva, toda se había ido. Un sabor amargo se expandió por su lengua y Santana sintió su lengua completamente rugosa y seca. La hacía pasar de un lado al otro por sus mejillas, buscando tranquilizarse.

La bestia levantó su cara y poco a poco la cortina de cabello se iba levantando sola. Lo que permitió ver una sonrisa horrible que marcaba la cara de la criatura. Los labios más rojos que jamás hubiera imaginado ver, incluso con falta de luz, podía decir que eran el rojo más rojo que ella hubiera visto. «Ella cambió. No la dejé así en el jardín.» Pensó. Su corazón retumbaba en sus sienes.

— No creí ni una sola palabra de los maestres cuando me contaron sobre ti.— Siseó con una voz angelical y cantarina como de una niña de cinco años.— ¿Acaso creíste que tú podrías ganarme?— Lo dijo con burla. Y sonrió mostrando unos dientes amarillos y afilados.— Zorra, tienes unos muy, muy buenos zapatos. Ninguna mujer podría negarlo.— Dijo con fingido compañerismo. El cabello de la bestia había dejado de estar en su cara y dio una mirada con sus brillantes ojos morados a los ojos de Santana. Lo siguiente que la bestia le dijo a su presa lo dijo como si saliesen de su boca seis voces al mismo tiempo. Voces de niños y niñas. Algunas lo dijeron sollozando, otras riendo y otras gritando.— Y sí, me sorprendieron tus dos movimientos. Pero no podrás conmigo. Morirás.— Dijo lo último con las seis voces riendo. Y salió una enorme lengua negra de su boca y lamió sus labios rojos con deleite.

Santana estaba helada. Ya no sentía su corazón. Ya no sentía su cuerpo, el miedo la estaba dominando. Se fijó en su hermano, que ahora avanzaba como si no pudiera ver nada. Kurt se dirigía hacia la ventana. El ver que su hermano no se rendía le dio fuerza a Santana. Apretó con mucha fuerza la pala de jardín con su mano. Y se preparó para salir de ahí. «Ataca a la maldita.» Pensó con furia.

— ¿Una… "mujer"? Cariño, puedo ver tu nada depilada vagina desde aquí, pero no creo que tú, ni tus sucios dedos deformes puedan saber lo que son unos buenos tacones.— Escupió eso con la mejor sorna que hubiera salido de cualquier ser humano en la historia del mundo. «Mierda. Kurt está a unos pasos y no logró escuchar la mejor línea de mi vida.» Pensó con una mezcla de orgullo, nerviosismo y miedo.

La sonrisa de la bestia flaqueó por un momento al escuchar esas palabras. Sus labios rojos se curvearon hacia abajo por un segundo. «Mal-di-ta seas Mexhirj.» Pensó la criatura. Saboreando el odio en la primera palabra. La bestia vio que la Mexhirj no se rendiría. «Ella sí lleva sangre Mexhirj. Tengo que reconocerlo.» Se dijo la mujer reptil.

«Bingo.» Pensó Santana. «¿Así que esta reptil deforme odia su físico? Interesante. Tengo que jugar con ella.»

— ¿Terminaste de observarme Godzilla albino?— Preguntó Santana con sorna. Ella sabía que tenía que descontrolar a la reptil para poder escapar. «Será ella la que hace que Kurt no pueda verme? ¿O hay alguien más que me observa como yo observo a Kurt?» El miedo de nuevo la heló. Quizá podría salvarse por segunda vez de la asquerosa cosa que estaba a unos metros de ella con piel blanca, pero, ¿Y si sólo fuera el comienzo? ¿Y si hubiera alguien o algo más esperándola? «No debo de pensar en eso, estés o no en lo correcto Santana, esa cosa tratará de matarte. Concéntrate. Una cosa a la vez.» Se dijo para calmarse.

La criatura ya no podía soportar más a Santana La mueca no se iba de su cara. «Maldita perra. ¡No me teme! ¡Tengo que matarla ya! Sebastian va a castigarme… o matarme si no llevo a cabo sus órdenes.» Ella sabía que el joven Smythe se encontraba en el lugar. Podía sentir su presencia. «Escondido como un cobarde en otro plano. Observándome. Observándola.» Su visión se tiño de rojo por los bordes. Era obvio que Sebastian desearía acostarse con la Mexhirj antes que con ella. La ira y la envidia la estaban cegando. Sebastian jamás la querría. Sebastian jamás sería suyo. Se dio cuenta de que aunque el hermoso Smythe odiara a los Hummel, él preferiría acostarse con la Mexhirj antes que con ella. La ira la volvía loca. Se aventó hacia Santana.

Santana vio cómo la reptil saltó hacia ella. La criatura seguía toda deforme y aun así, se aventó con una temible elasticidad. Santana levantó la pala en el momento justo y le encajó toda la punta en un costado. La bestia chilló y rugió. Las voces de niños seguían en ella. Ambas estaban en el suelo. La reptil arriba de Santana y la primera con una pequeña pala encajada en sus costillas. La punta de la pala había entrado por su costado izquierdo, por debajo de las costillas, a la reptil se le hacía muy difícil respirar. La bestia sacó la pala de su costado con una rápido movimiento, aulló como cinco niños torturados y la levantó con su mano izquierda. Vio a los ojos a Santana y a pesar de no poder respirar, sonrió. Con toda la fuerza que tenía, encajó la pala en la pierna derecha de Santana.

Santana gritó como nunca. La bestia giró la pala y abrió más la herida. Santana no podía con ese dolor. Vio con el rabillo del ojo que su hermano estaba muy asustado. Su cara lo decía todo. «¿Será que puede ver lo que me hacen?» Se dijo a sí misma, aun sintiendo el dolor lacerante de la pierna. En un segundo vio como algo se acercaba por enfrente hacia él mientras Kurt movía la boca. Así que su hermano seguía sin verla. Kurt había sentido al reptil negro muy parecido a la zorra que tenía encima y éste le susurraba algo al oído. Kurt se quedó sin habla y el reptil lo agarró por los brazos y lo empujó hacia la pared a lado de la puerta borgoña. Y luego retrocedieron unos pasos juntos. Kurt gesticuló con un dolor inmenso. Santana nunca había visto algo tan espantoso. Todo lo que existía en la cara de Kurt era dolor y sufrimiento. Santana comenzó a llorar. Ni siquiera el dolor de la pierna la había hecho llorar. Tenía que salvar a su hermano. El dolor de su pierna era demasiado.

La bestia respiraba trabajosamente sobre Santana. Sin importarle las lágrimas que estaba derramando por el dolor lacerante que sentía, trató de deslizarse por un lado del reptil. Luchó contra esa cosa por unos segundos hasta que sintió que las uñas del reptil le estaban lastimando las manos y dedos. Santana le dio un cabezazo. Un crujido le dijo a Santana que había roto la nariz de la "mujer". La lagarto gritó y se echó para su lado derecho, dejando que Santana pudiera levantarse por su lado derecho. Apenas pudo levantarse por las punzadas de dolor que sentía que le subían de la pierna hasta su ingle.

Santana se dio cuenta de que no podría hacer nada hasta que se quitara la pala de la pierna. Agarró la pala con su mano derecha, siseó de dolor, maldijo y jaló. Santana casi se desmaya del dolor. El dolor logró derribarla al suelo. Se levantó en el instante en que se cayó. El dolor era menor, pero apenas soportable. Ella sabía que no iba a aguantar más.

La reptil se paró con trabajo y quedó mirando a Santana con el más grande odio que alguien pudiera mirar y susurró unas palabras en una lengua extraña. Un zumbido en el aire modificó la atmósfera de la sala de música, sentía algo eléctrico en el aire que hacía que Santana tuviera miedo y frío. Y más aún al ver a su hermano aun gritando y peleando contra el reptil. Santana tuvo ganas de vomitar al ver como el lagarto estaba lamiendo los labios de su hermano. Tenía que hacer algo pronto. «¡Van a matar a Kurt, has algo Santana!» Se dijo a sí misma, completamente alterada.

El aire volvió a electrificarse. Una segunda bestia apareció junto a la blanca. Exactamente igual a la primera, la segunda bestia no estaba doblada por la cintura y se veía menos espantosa que la primera. Sólo que supo en cuanto lo vio que este era hombre. « "Hombre." Sí claro, el que puedas verle el pene no significa que sea un hombre. Piensa bien lo que dices cariño.» Pensó asqueada y asustada. Santana vio cómo se terminaba la bestia de materializar con un espantoso color verde.

— ¿Ahora una iguana?— Santana preguntó, tratando de parecer valiente. Apretó la pala que tenía en la mano derecha. Y les sonrió a ambas criaturas. —Voy a matarlos.— Les dijo con toda la desfachatez y odio que pudo generar, no muy convincente ya que su pierna estaba sangrando demasiado.

Sebastian observaba todos los planos al mismo tiempo. Mientras Kurt seguía gritando y Jhopaa lo torturaba, Sebastian observaba el encuentro entre Santana y Miikha. No podía creer que Santana siguiera de pie. «Toda una joya. Qué increíble. Tiene que morir. Qué desperdicio.» Pensó un poco molesto. Él sabía que ya no tenía nada de tiempo. La barrera que había puesto sobre la mansión estaba desapareciendo y perdiendo su fuerza. Había desaparecido en los muros exteriores y sólo quedaba en los ventanales y puertas. «Es cuestión de tiempo para que… » No pudo terminar la frase.

Un disparó se escuchó. La ventana se fragmentó en miles de partes. Siguieron disparando y Sebastian sabía que el ventanal no resistiría. Alguien había roto el bloqueo. Krutra mandó a alguien para salvar a los hermanos Hummel. No sabía en qué plano se rompería el ventanal. Los cristales se regaron por todo el salón. Sebastian se dio cuenta de que quien la rompió, se encontraba en el segundo plano. Por lo menos él estaba a salvo, no lograrían identificarlo. No podía creer que alguien hubiera entrado tan rápido. Y en entonces lo vio.

— Oh, no. Él no.— Susurró Sebastian. Asustado y con una enorme erección.

Blaine Anderson saltó desde la jardinera, desde donde él había apuntado el arma al enorme y caro ventanal. Entró con un salto cargado de energía y listo para pelear. Vestido completamente de negro, jeans negros a la cadera. Parecían pintados en sus piernas al igual que su camisa. Sebastian sabía que todo se había acabado para él. Blaine no podría verlo, pero sí podría sentir a un Mexhirj. Pronto el caballero sombra rompería los planos y los uniría en el plano uno, para rescatar a Kurt. «Tengo que ver qué es lo que hace. Si me descubre, y obvio que lo hará, tengo que escapar rápido.» Pensó. Sebastian se sentía muy emocionado al ver al caballero sombra en acción. Sólo pocos hombres y mujeres podían hacer que Sebastian se pusiera tan duro. Su erección se marcaba por sus jeans. Sebastian observó lo bien que le iba a Blaine usar una chaqueta de cuero negro desgastado. El deseo corrió por todo el cuerpo de Sebastian. La sacudida terminó en su pene.

Santana al escuchar que estaban disparando al ventanal retrocedió unos metros y se cubrió con las manos cuando los cristales tocaron el suelo de mármol blanco. Cuando los cristales dejaron de sonar levantó la vista. Ahí estaba él. Santana lo vio asustada. Lo observó mejor. « ¿Vendrá a ayudarme o estará con ellos? Hey sexy. » Ella pensó lo último algo sorprendida por la boca tan sensual y los ojos que la veían con una sonrisa totalmente franca y desenfadada. Con un pequeño toque de alivio en ambos. « Esos ojos. Hermosos y extraños. Muy pequeño, no es mi tipo.» Pensó Santana tratando de mostrar desenfado y nada de interés pero no podía ocultárselo a sí misma. Él era caliente, no podía negarlo.

Las bestias tenían una cara completamente de terror. No podían creer que 'El Caballero Sombra' estuviera frente a ellos. Si él no los mataba, lo haría Sebastian, por no haber cumplido la tarea de acabar con los Hummel. Transpiraban miedo.

Santana sintió como el tipo se acercaba hacia ella con una sonrisa amigable. «Confiaré en él.» Pensó, no muy segura de poder confiar en algo o alguien en ese infierno pero tenía que salvar a su hermano. Santana volteó a ver a su hermano y vio que estaba completamente detenido. Como si fuera una película en pausa. El reptil seguía tomando a Kurt de sus antebrazos y una mancha estaba bajo ellos. «¡Le está quemando la piel!» Gritó a sí misma. Tenía que aliarse con el tipo enano y sexy que estaba a unos metros de ella.

— Detuve el plano uno. Tu hermano y el Mjokor, que es la bestia que lo está atacando, no sienten que el tiempo ya no pasa sobre ellos. Tenemos tiempo para acabar con estas lagartijas, que también son Mjokor, y con el Mexhirj que ha hecho todo esto.— Blaine se acercó a Santana mientras se lo decía. Y quedaron cerca uno del otro. Santana decidió confiar en él, aunque ella no había entendido nada desde "Detuve el plano uno", ella sólo entendió que su hermano tenía más tiempo. Ella necesitaba ese tiempo para poder salvarlo.

— Necesito salvar a mi hermano Hobbit. Confiaré en ti. Pero si me traicionas buscaré tu seguramente, ya que no lo he visto, muy grande y lindo trasero y encajaré mis Louboutin en tu sucio agujero.— Santana lo dijo no muy convencida de su decisión. No podía hacer más, ya no tenía opciones.

Blaine vio que Santana era valiente, protectora y decidida. Inmediatamente le agradó. A demás muy hermosa. Él sólo sonrió.

— Entiendo. Yo también quiero salvarlo.— Le dijo con una sonrisa calmada, pero cargada con seriedad. Ambos al mismo tiempo voltearon a ver a los reptiles. Estaban congelados de miedo.

El Mjokor macho se aventó con un gritó espantoso hacia Blaine y este lo recibió con una patada con la pierna izquierda girada hacia la derecha en la cara. El reptil se tambaleó hasta el suelo y cayó a un lado de Blaine de rodillas. Blaine también en el suelo, colocó la mano derecha en el piso helado y levantó su cuerpo con ella, dándole otra patada por debajo de la quijada del reptil. El reptil cayó de espaldas y trató de levantarse. Miró con terror al caballero sombra, y supo que no tenía ni una sola oportunidad. El reptil apuntó sus dedos al caballero que venía corriendo hacia él. Apuntó sus dedos anular y medio hacia Blaine como un arma y susurró unas palabras en otra lengua y disparo una tela por los dedos. La tela salió de su dedo medio. Era completamente rojo y de metal y chorreaba algo viscoso. Sangre. La tela metálica cubierta de sangre en forma de cadena con una punta muy afilada se dirigió hacia la cara de Blaine y éste la esquivó. La agarró con su mano derecha, le dio tres vueltas rápidas y tiró hacia él. El reptil sintió como lo jalaban por los dedos. Y se levantó del suelo hacia Blaine.

Mientras la pelea de Blaine y el Mjokor verde ocurría, a unos metros Santana corrió hacia la reptil y le dio un golpe de lleno en la mandíbula con puño cerrado. La Mjokor estaba aturdida viendo cómo Blaine desenfundaba una espada que llevaba en la espalda y degollaba a su camarada Mjokor, recordaba que su nombre era Jhopho. No podía creer que una espada tan delgada pudiera cortar tan fácil una garganta. No prestó atención a nada más y sintió el impacto de lleno en su cara. El dolor la estrelló al suelo.

Miikha se levantó en un segundo y le encajó a Santana sus uñas en la parte trasera de su cuello.

Santana gritó de dolor. «No puedo perder.» Se dijo a sí misma y con toda la fuerza y valor que le quedaba le dio un cabezazo a la reptil. La nariz de Miikha quedó completamente destrozada y hundida en su cara. Santana sintió un punzón de dolor en su frente. La reptil retrocedió y quitó las uñas del cuello de Santana. Miikha no podía respirar. Santana aprovechó la distancia y con un giro completo a la izquierda para tomar impulso le encajó la pequeña pala en la garganta con su mano derecha. La reptil gorgojó y supo que no saldría con vida de ese salón. Santana volvió a girar hacia la izquierda apoyándose en su pierna izquierda y levantó la pierna derecha al mismo tiempo y le dirigió una patada a la pala. En cuanto su pie llegó a la pala, se encajó profundo en la tráquea de la reptil. Miikha cayó sobre sus rodillas y miró por última vez a Santana. Se desplomó de cara al piso y Santana se alejó de ella.

Blaine miró el encuentro entre las dos. «Interesante. Tiene talento y valor.» Pensó divertido, se dio cuenta de que seguía teniendo la cabeza del Mjokor en su mano y la aventó al aire. Partió la cabeza en dos, con su katana, los pedazos resonaron cuando tocaron el mármol, ya rojo por la sangre derramada. Cortó la cabeza para que no resucitara. Caminó hacia Santana y le dijo que levantara la cabeza de la Mjokor.

— No tocaré esa cosa.— Dijo Santana, mirando a Blaine como si hubiera perdido la razón.

— Tiene que haber daño cerebral para que no resuciten. Cada vez que lo hacen se vuelven más fuertes.— Dijo Blaine con paciencia.

— Entonces sólo métele tu enorme cuchillo por atrás de la cabeza. No es necesario que seas tan asqueroso. Tendré que limpiar eso después.—Dijo Santana con mucho asco y enojo.

Blaine sonrió y así lo hizo. Perforó el cráneo por la parte de atrás. «Supongo que es suficiente.» Se dijo.

Santana se limpió la sangre que tenía en la frente. « Ugh. No es mía.» Pensó con asco y con orgullo al recordar lo que había hecho. Se acomodó la falda y su cabello.

Blaine sólo sonreía al ver a Santana acicalándose. Guardó su katana en la funda que tenía en su espalda.

— La vanidad no es mala. Pero no creo que sea buena en un momento así.— Le dijo divertido y con un tono de reproche.

— Lo dice el tío al que se le está derritiendo el cabello. Qué asco.— Dijo señalando el sudor y gel que se escurrían por el cuello y frente de Blaine. Santana lo dijo de manera juguetona. A ella ya le caía bien ese estúpido y sensual hobbit.

Blaine sonrió, el gel se le estaba cayendo por el cuello. «Eso sí es repugnante.» Se dijo a sí mismo.

— Me asearía pero no hay tiempo. El Mexhirj que les hizo esto a tu hermano y a ti está en esta sala, pero no puedo verlo ni oírlo. Supongo que está en otro plano unido a este. No sé en qué plano podría estar. Ahora tenemos que ir por tu hermano, y pronto. No podré detener por mucho el tiempo del plano uno, que es donde está tu hermano. Sé que es el plano uno por la energía que corre alrededor de ellos. Es más fuerte que la energía que corre a nuestro alrededor.—Ambos giraron y vieron a Kurt aún en la misma posición. Santana aún tenía ganas de llorar al ver el sufrimiento de su cara.


Sebastian había observado las dos peleas con enojo, diversión y una enorme y palpable erección. En cuanto vio que Blaine peleaba con Jhopho, comenzó a masturbarse lentamente sobre la tela de sus jeans, no pudo más y abrió el cierre y sacó su orgullosa y enorme erección. Blaine era uno de los más hombres más deliciosos que él había visto. Podía imaginar la polla de Blaine. Sin poder detenerse por más tiempo tomo su polla extendiendo el presemen por la enorme cabeza rosada. Los movimientos tan fluidos y fuertes de Blaine siempre lo sorprendían. Siempre lo calentaban. Su mano derecha jugó con sus testículos mientras la izquierda bombeaba su enorme falo. Comenzó a mover sus dedos en la punta de su pene. La tortura era demasiado buena. Siguió jugando con sus dedos y acunando sus testículos. Masajeó la cabeza de su pene, haciendo que gotas de presemen se deslizaran desde la ranura hasta el final del glande. Dejó de jugar sus testículos y los acunó con su mano. Los dedos que rosaban su glande estaban cubiertos de presemen. Vio como Blaine degollaba al Mjokor y se llevó los dedos a su boca y comenzó a lamerlos lenta y deliciosamente. En cada movimiento los músculos de Blaine se notaban. El cuello de Blaine se volvía fibroso y duro cada vez que volteaba. Cada vez que se movía, su pantalón dejaba entre ver una enorme y deliciosa protuberancia en el frente. Cada vez que pateaba, su trasero se volvía más apretado y sus piernas más atirantadas por el esfuerzo mostraban sus líneas musculares muy desarrolladas. Creyó que nada era tan caliente como Blaine el Caballero Sombra luchando, pero hubo algo que lo distrajo de sus cavilaciones. Santana. Santana corría hacía Miikha. El aire levantaba un poco la falta de Santana al correr, lo que hacía que se viera su trasero. «Su muy enorme y follable trasero.» Pensó divertido. Dejó limpios sus dedos y continuó bombeando su polla. Después de ver a un semi Mexhirj y a una Mexhirj peleando de esa manera y viendo la forma en que sus cuerpos se movían, lo estaban llevando a la locura. Sebastian ya no se fijó más en Santana. Para él, Blaine era más allá de todo, uno de los especímenes más increíbles en el plano cero. Olvidó por completo a Santana e imaginó la lengua de Blaine pasando por toda la longitud de su pene. Imaginó las pequeñas lamidas que Blaine le daría en la cabeza, lamiendo el presemen y cómo Blaine jugaría sus testículos con su boca y pocos dientes. Imaginó llegar hasta el fondo de la garganta de Blaine e imagino a Blaine rogando por más. El caballero sombra lloraría para ser follado por la boca. Follarlo duro, sin piedad. Él rogaría por su polla. Y Sebastian le daría todo lo que Blaine quisiese, y más. El imaginar cómo Blaine podría mamarlo lo dejó al borde del orgasmo. Imaginó una pequeña y ligera mordida que Blaine le haría en la punta de su pene y Sebastian se vino. Manchó el piano. Líneas lechosas salían por la polla de Sebastian y estas ráfagas de semen volaban por el aire y caían sobre el hermoso piano negro. Sebastian sentía aún como su orgasmo se extendía en su pene, sus testículos y sus piernas. Sebastian gemía y gemía. Su orgasmo no se detenía. Su cabeza chocó en el piano y las réplicas de su orgasmo aún las sentía en su espalda y testículos. Sebastian limpió su mano lamiéndola y se levantó del piano con un movimiento sensual y masculino.

Vio cómo Santana encajaba la pala en la tráquea de Miikha y cómo Blaine degollaba a los dos Mjokor. Acarició su enorme polla ahora flácida y la metió a sus pantalones. Vio como Santana y él bromeaban sobre el gel en el cabello del caballero sombra y escuchó algo que le infundió un poco de miedo. Blaine lo había sentido desde que estaba en la habitación. Sebastian creyó oportuno irse. No podía dejar que Blaine lo viera, Blaine podía sentir a un Mexhirj, pero no concretamente a alguien, lo que significaba que su identidad, por el momento, estaba a salvo. Y eso era todo un alivio, ya que mañana ellos dos se verían en clases por primera vez. Caminó a la entrada y viendo por última vez el delicioso trasero de su compañero de deportes, se lamió los labios y salió hacia el pasillo. Aún no podía descubrirse. No aún. Ahora tenía que regresar al plano cero y borrar todo lo que pudiera incriminarlo con los Mjokor muertos del suelo. Después podría regresar al mundo cero y disfrutar de una buena cena. Sebastian sabía que el día siguiente, al ir a la universidad, sería un día muy, muy interesante. Pero primero tenía que acomodarse en su nueva habitación. Sebastian sonrió como nunca en su vida.


Blaine sintió que la presencia del Mexhirj desaparecía. Por ahora estaban a salvo. El problema ahora era que cuando él uniera los planos, el tiempo correría para todos de la misma forma, lo que significaba que el Mjokor seguiría torturando a Kurt. Era algo en lo que se tenía que arriesgar. Necesitaban salir de ese plano y salvar a Kurt.

Santana caminó hacia la jaula, cojeando un poco por la herida en su pierna, pero haciendo que sus tacones resonaran por toda la habitación. En cuanto estuvo a un lado de la jaula vio algo asqueroso. Un canario se estaba comiendo a los demás. El canario parecía una pequeña bestia cubierta de sangre. Santana gritó al ver que el sangriento canario estaba comiendo la cabeza de otro. Blaine escuchó que Santana gritó y se acercó a ella rápidamente. Vio al canario y supo que tenía que matarlo. Era una de las torturas que el Mexhirj que acababa de irse había implantó en ese plano. Blaine supo que estos ataques a los hermanos Hummel seguirían. La tortura mental en los planos estaba reservada para alguien importante. Para acabar con algún enemigo. El creador de los planos podía decidir entre torturar a sus invitados u otorgarles placer. Obviamente este plano en el que se encontraban ellos y el plano en el que se encontraba Kurt estaba diseñado para torturar. Todo era irreal mientras ese algo se quedara en cualquier plano secundario, pero si ese algo pasaba al plano cero y de ahí se llevaba al mundo real, la ilusión se volvería realidad. Ahora él no podía llevar a los hermanos Hummel al plano cero para revisarlos y así poder llevarlos al mundo cero, tendría que arriesgarse a llevarlos directamente al mundo real ya que alguien quería hacerles daño. Tenía que enviarlos a la realidad, al mundo cero. Algunas fugas de ilusión eran inofensivas y otras una catástrofe, tendría que arriesgarse por el bien de Kurt y Santana. No podía dejarlos en peligro en el plano cero. Lo castigarían severamente, pero tenía que hacerlo, como su protector, él no podía ponerlos en peligro.

Santana no sabía que los canarios desaparecerían al unir los mundos. Blaine por ahora no podía explicárselo. Les faltaba tiempo.

Blaine tomó su catana y antes de que el canario caníbal atacara a los últimos dos canarios, lo atravesó. Santana que estaba a lado de Blaine seguía viendo en su mente con horror como el canario partía la cabeza de otro por la mitad. Blaine se acercó a ella.

—Salva a los que quedan. Están vivos, pero muy asustados.

— Sí.— Santana respondió con la voz rota ya que tenía un enorme nudo en la garganta. No sabía si de miedo o de asco, ya que acababa de ver la primera escena de canibalismo de su vida. «Y ruego a los dioses de que sea la última.» Se dijo a sí misma tratando de calmarse. Recogió los dos pequeños canarios en su palma derecha y sintió como estaban temblando.

— Kurt.— Le susurró con aprensión Blaine a Santana.

Santana se aquietó y vio a los ojos de Blaine.

— Ok. Más tarde las presentaciones Hobbit. Tenemos que salvar a mi hermano.— Dijo con su voz bastante más recuperada.

Blaine sonrió y salió de la habitación. Santana lo seguía a unos cuantos pasos de distancia con los canarios aun temblando en su mano derecha. Blaine se detuvo y miró a Santana a los ojos.

—Tenemos que juntar los planos. No tengo ni idea de cuantos planos se encuentren unidos en tu mansión. Fue una suerte que cuando entré, lo hiciera en el tuyo, pude haber entrado a cualquier otro. Necesitamos ir a un lugar con mucha agua y sumergirnos. Cuando junte los planos en uno solo, la atmósfera estará demasiado caliente para nosotros y podríamos morir. Necesitamos agua a nuestro alrededor.— Lo dijo con una voz completamente seria y cargada de fuerza.

—Tenemos una piscina en la parte sur de la mansión. Tenemos que salir por la puerta de la cocina.— Santana lo dijo mecánicamente. «Pero si tenemos que cubrirnos del calor, ¿Qué pasará con Kurt?» Se preguntó con preocupación.— ¿Kurt también podría quemarse?— Preguntó con miedo a Blaine.

— A él no le pasará nada, ya que queremos mover los demás planos hacia dónde él está. Él no se moverá, nosotros lo haremos, así que a nosotros la atmósfera podría matarnos, él no sentirá nada. Cuando estemos con él en el plano uno, tenemos que sumergirnos de nuevo en la piscina para poder ir al mundo cero. En el mundo cero estarán a salvo.

— Confío en ti. Pero si me traicionas terminarás como la maldita del piso del salón de música.— Le dijo Santana a Blaine con unos ojos como cuchillos.

— Si las miradas mataran. Hermosa, no haré eso.— Dijo Blaine con calma. Y agregó con burla y una sonrisa.— Además, tú no podrías ni rosarme.

— Lo que digas Hobbit. Sígueme.— Dijo Santana y caminó hacia la cocina.

Santana dio la vuelta y salió del salón de música, se dirigía hacia la cocina y Blaine la seguía de cerca. Blaine ya sólo sentía la presencia del Mjokor que torturaba a Kurt. «Por lo menos sólo queda uno más.» Pensó cansado.

Caminaron por el exquisitamente decorado pasillo de los paisajes. Santana siempre se sentía segura cada vez que pasaba por ese lugar. Una parte de su madre se encontraba aquí y eso siempre la hacía sentir mejor. «Salvaré a mi hermano mamá. Lo prometo.» Juró a su madre. Sus tacones resonaban por todo el pasillo de mármol. Las ventanas ya no tenían esa fría piedra que la recubría, podían ver lo que los rodeaba gracias a la luz de la noche que entraba por los ventanales que se encontraban entre los cuadros y pinturas del pasillo.

Después de unos pocos minutos de caminar y pasar los salones de la mansión de la planta baja, llegaron a la increíble cocina de la mansión, completamente moderna y limpia. A Blaine, a quién le gustaba cocinar se sintió como en casa. Pasó sus dedos por la mesa del centro mientas caminaban hacia la puerta. «Una hermosa cocina blanca.» Pensó, las cocinas siempre lo relajaban. No había nada que la comida no pudiese curar.

Santana abrió la puerta de la cocina. Y salió al jardín sur de la mansión donde se encontraba la piscina. Blaine la seguía de cerca. Blaine al salir de la cocina dejó escapar un silbido al ver la enorme piscina que tenían los Hummel. Tamaño olímpico, con trampolín y todo.

— Wow. Un día tendrás que invitarme.— Dijo Blaine con una sonrisa en su rostro. La verdad era que sí estaba emocionado por nadar en esa piscina.

— Seguro Hobbit.— Dijo con una pequeña sonrisa y con una voz burlona.

Ambos se pararon en la orilla de la piscina. Santana miró con desdén e incredulidad a su nuevo "amigo" sin nombre por lo lento que era y él entendió la mirada. Blaine debía de dar las indicaciones a Santana para ir al plano de Kurt y salvarlo.

— Oh. Um… lo siento. Ahora diré unas palabras en Kiihj y los planos se cerraran en uno. Todo los cambios y daños que se produjeron en los planos superiores al plano donde está Kurt no podrán verse. Desaparecerán. Si nos sumergiéramos tocando el piano del salón, él también pasaría la barrera. Porque lo tocamos. Si yo cerrara el plano y tú siguieras en el salón de música, tu mente moriría y entrarías en coma en el mundo real.— Dijo con seriedad a Santana.— Tenemos que sumergirnos tomados de las manos en cuanto yo haya roto la barrera que separa los planos. En cuanto apriete tu mano saltarás conmigo al agua. ¿Los canarios también vendrán, cierto? En ese caso no los vayas a tirar, tómalos bien. Como tú los estás tocando y los sumergirás con nosotros ellos también vendrán sanos y salvos al plano uno. ¿Ok?

— Funciona para mí. ¿No les pasará nada a las aves verdad? Por cierto es lo más loco y enfermo que he escuchado en toda mi vida.

— No les pasará nada. Yo dije lo mismo una vez, esto es demasiado extraño.— Dijo Blaine con una sonrisa amable en su rostro.— Prepárate.

— ¿Cómo sabes que Kurt está en un plano inferior y no en uno superior?— Dijo Santana viendo a los ojos a Blaine.

—Por la cantidad de energía que rodea a tu hermano. Es muy alta comparada con la que nos rodea, por eso sé que crearon su plano primero, lo que me hace suponer que nosotros estamos en el plano dos, y él en el uno. Dos personas por atacar, uno en cada plano, para separarlos. Dos planos. Ahora prepárate, ya no tenemos tiempo.

Santana vio que el hobbit cerraba sus ojos y pronunciaba en voz baja unas palabras ininteligibles. Sintió el apretón en su mano y saltaron. Antes de tocar el agua sintió como si su piel ardiera. Por un momento creyó que moriría quemada, pero no. Sintió la frescura del agua en toda su piel y abrió los ojos bajo el agua. Veía que Blaine estaba concentrado con los ojos cerrados y ella sintió cómo el agua se enfrío y cómo su corazón se aceleraba. Blaine abrió los ojos y con un movimiento de cabeza le dijo que subieran. Ambos salieron rápido de la piscina. Santana se dio cuenta de que en cuanto salió, el agua se estaba evaporando de su cuerpo. «Sorprendente.» Miró a los canarios y los sintió aun temblando en su palma.

Santana y Blaine escucharon un grito que los dejó con un nudo en la garganta.

—El tiempo sigue para todos nosotros. ¡Recuérdalo! ¡Están torturando a Kurt! ¡Vamos!— Gritaba Blaine.

Santana y Blaine corrieron y entraron por la puerta de la cocina. Santana se olvidó por completo de la herida que tenía en la pierna. Corrieron a través de la enorme cocina blanca hacia el pasillo de paisajes. Kurt volvió a gritar. Santana esperaba que Kurt gritara de nuevo, pero nunca llegó. Corrieron más deprisa por el pasillo, pasando a los salones que conectaba.

Santana y Blaine se quedaron mirando asustados por un segundo mientras corrían y Blaine corrió más y se situó frente a Santana.

La furia que llegó a Blaine al escuchar los gritos de su protegido le hizo sentir que su visión se volvía roja y su piel se volvió fría, sintió como un velo negro comenzaba a aparecer a su alrededor. Como llamas negras que lo envolvían. Los poros de su piel lo creaban. Era el velo de la sombra. El Caballero Sombra era un excelente nombre para lo que él era.

Santana vio desde atrás como flamas negras cubrían sutil y lentamente a Blaine. Su manó toco por accidente una flama y sitió como si se la hubieran congelado. «Él tiene mucho que contarme.» Se dijo a sí misma, aun sintiendo que su corazón estaba aplastado por el miedo que tenía de encontrar a su hermano muerto. Vio a Kurt a unos cuantos metros de ella.

— ¡KURT!— Gritó Santana con furia y miedo que enfrió a Blaine.—¡Ayúdalo ya! ¡Ayúdalo!— Le gritó a Blaine. Santana vio a los cuatro ojos de la bestia y vio como Kurt no tenía boca. Santana sintió las lágrimas en sus mejillas. Sintió como la sangre la abandonaba.

Blaine sacó su arma por el costado derecho de su chaqueta. El Mjokor tenía a Kurt de lado, lo que hacía que la bestia estuviera en un buen ángulo para disparar. La bestia volteó a ver a Santana y a Blaine al mismo tiempo que Kurt. Kurt tenía una mirada de sorpresa, alivio y miedo. Blaine disparó dos tiros y Kurt cerró los ojos al instante.

Un segundo pasó. La bestia gruñó de dolor y Kurt abrió los ojos. El reptil soltó a Kurt y volteó completamente hacia Blaine. Retrocedió y dejó caer a Kurt al mármol. Kurt no pudo sostenerse en pie más de dos segundos y comenzó a desplomarse. Santana corrió hacia él y lo abrazó.

Blaine vio que los primeros dos disparos habían apagado por completo las ilusiones de tortura a las que Kurt estuvo sometido. Sin los ojos rojos el Mjokor no podía engañar a nadie. Ahora Kurt podría ver, la oscuridad se había extinguido para él. Este tipo de Mjokor era más poderoso que los anteriores, pero Blaine podía con él. Los anteriores creaban con su mente la tortura, este reptil para crear tortura e ilusiones tenía que hacer que sus presas vieran directamente a sus ojos. Blaine apuntó a la bestia que estaba a punto de escapar y dijo en Kiihj a la bestia que ella moriría. Blaine sabía que este tipo de reptil con cuatro ojos, para morir debía recibir un disparo en cada ojo. Blaine disparó el arma, la cual sostenía con su mano izquierda. El Mjokor gimió por lo bajo y recibió ambos tiros de Blaine. Cada uno en cada ojo azul. La bestia cayó de rodillas haciendo un ruido seco y pesado al tocar el frío mármol.

Blaine se acercó a la luz que entraba por la ventana, la cual iluminaba a los hermanos Hummel. Blaine observó a Kurt y vio que su boca estaba de nuevo en su rostro. Al matar al reptil la ilusión había acabado. Y pudo ver una hermosa boca curvándose en una sonrisa. Kurt le sonreía a él, una sonrisa hermosa. Blaine vio los ojos de Kurt, increíblemente brillantes. De pronto vio como Kurt puso cara de asco al ver el sudor y gel que empapaban a Blaine. Blaine le sonrió divertido. Santana y Kurt eran muy peculiares. Kurt era hermoso. Kurt cerró los ojos y se desmayó. Santana preocupada comenzó a moverlo. Blaine regresó a la normalidad y el velo que lo cubría desapareció en el aire.

— Déjalo dormir. Lo merece. ¿Me ayudarías a llevarlo a la piscina? Tienen que salir lo más pronto posible de este plano. En cuanto lo cierre todo desaparecerá. Desaparecerán las quemaduras que Kurt tiene en sus antebrazos y desaparecerá cualquier daño físico con el que hayan sido torturados, pero recordarán el dolor que sintieron, lo sentirán en su mente y despertarán muy cansados. Lo único que no desaparece cuando unes y destruyes los planos son miedo y la tortura que sufrió su mente.— Blaine miró a Santana, le sonrió y continuó hablando.— Sé que tienes demasiadas preguntas para mí. Pero si no nos vamos, podrían llegar más reptiles. Por ahora no siento otra presencia, pero podrían llegar y con Kurt desmayado sería muy peligroso volver a protegernos. Sé que en cuanto despiertes, creerás que todo fue un sueño. Sólo por eso dejaré que te los lleves.

Santana no sabía a qué se refería el hobbit. No sabía qué era lo que estaba pasando, pero decidió confiar en él. No tenía más ojos que para Kurt en ese momento. «¿Llevarme qué?» Pensó en un rincón en su mente.

— Necesito saber qué es lo que está pasando. ¿Nos volveremos a ver?— Preguntó Santana al mismo tiempo que ayudaba a Blaine a levantar a Kurt para llevarlo a la piscina. Tenían que salir de ahí. Miró al hobbit y vio una sonrisa divertida en su rostro.

—Nos veremos pronto. Demasiado pronto diría yo.— Le contestó solemnemente.— ¿No será hermosa, que me extrañas tanto que ya quieres que sea la próxima vez?— Dijo con una sonrisa completa y mostrando todos sus dientes.

— Púdrete Hobbit.— Susurró Santana tratando de levantar su dedo medio en la cara de Blaine, pero no pudo, si lo hacía Kurt caería. Blaine sólo comenzó a reír.

Pasaron juntos el pasillo de paisajes, demasiado lento para gusto de Blaine, pero no podían hacer nada más, ya que tenían a Kurt desmayado apoyado en su hombro. Santana tenía una mano agarrando el brazo derecho de Kurt y con la otra tenía a los canarios. Blaine tenía la mano derecha alrededor de la cintura de Kurt y el arma en la izquierda. Llegaron a la cocina. Abrieron la puerta y salieron al jardín sur.

Blaine se dio cuenta de lo hermoso que era Kurt Hummel. Una piel hermosa, unos labios color rosa delgados muy apetitosos. La cintura de Kurt era fuerte y esbelta. Sus brazos muy bien delineados. Miró el abdomen de Kurt que se asomaba por la camisa rota, su abdomen estaba marcado completamente, de un color cremoso. Las piernas se le veían fuertes y largas. El pantalón color ocre se amoldaba muy bien su trasero. «Un muy follable espécimen.» Dijo Blaine, notando que su pene comenzaba a despertarse con el simple hecho de tocar la cintura del niño color crema. Se tranquilizó a sí mismo y detuvo a Santana y a Kurt en la orilla de la piscina.

—Prometo que nos veremos pronto. Cuídalo. Despertará muy cansado. Y adolorido. Él creerá que fue un sueño, pero tú no ya que te llevas una prueba. Pruebas.— Dijo Blaine con una sonrisa sincera.

— Lo prometo. ¿A dónde vamos?— Dijo Santana con una voz cargada de dudas «¿Qué prueba?» Se preguntó, lo único que quería era salir de ahí. Santana se encontraba agotada por lo que había pasado y con dolor por la herida de su pierna.

— Al mundo cero.— Dijo con la misma sonrisa. Guardó su arma en su chaqueta de cuero negro y tomó de la muñeca a Santana ya que tenía todavía lo canarios en la palma de la mano y sintió al hermoso joven dormido que tenía apretujado contra él y lo sujetó un poco más fuerte de la cintura.— Vamos al mundo cero. No podemos ir al plano cero, también lo conocemos como Krutra. Sería muy peligroso, al saltar a la piscina saltaremos dos veces, iremos de este plano uno a la piscina de tu sueño, el sueño en el que estabas antes de pasar por todo esto se encuentra en Krutra. Tus defensas y las de tu hermano estaban muy bajas y el que los torturó aprovechó lo débiles que estaban, y creó los planos a partir del sueño que tenías de tu mansión. No puedo llevarlos al mismo lugar donde los atrapó. En lugar de eso vamos a la realidad.— Dijo con una sonrisa y un guiño.— Sé que es muy confuso, pero te lo explicaré la próxima vez que nos veamos.

— ¿Cómo te llamas? Soy Santana.— Dijo en tono de reproche.

—Blaine.— Le contestó con una sonrisa completa, mostrando todos sus perfectos dientes.

Santana sintió como Blaine los empujó al agua. Por un momento su piel comenzó a hervir. Santana sintió su piel muy caliente y sintió frío y calma al entrar a la piscina. Su corazón se enfrió y se aceleró. Sintió como si una uña muy afilada le rasgara la ropa y corriera por toda su columna, sintió como si la uña entrara a su espina. Vio como el Hobbit le guiñaba un ojo bajo el agua y sintió como el calor se dispersó por su cuerpo y sintió una compresión. Sintió de nuevo como la uña que estaba corriendo por su espina entrase a su piel y cerró los ojos.


Nada. Santana no sentía nada y no quería abrir los ojos. Pero un ruido familiar de rock llamó su atención. Su padre estaba cantando y manejando. Abrió los ojos y vio que ella se encontraba en los asientos de la parte de atrás de una camioneta. La Lincoln de su padre. Santana volteó asustada, sintiendo punzones de dolor en la parte trasera de su cuello y sintió la mano derecha de Kurt firmemente tomada de su mano izquierda. Le dio un pequeño apretón a su hermano.

Se había quedado dormida después de subir a la Lincoln. Habían ido al cementerio para visitar a su madre. Hoy era el sexto aniversario de la muerte de Elizabeth. Todavía no llegaban a casa. «Maldito sueño.» Se dijo a sí misma, casi sonriendo.

Santana volteó a ver a su hermano y vio sus mejillas húmedas, Kurt había llorado. Santana tocó sus propias mejillas y las sintió de la misma manera. Algo no estaba bien. Santana se sentía muy, muy cansada. La pierna le dolía como si se la hubieran desgarrado, pero aun podía moverla. Los músculos le dolían como si hubiera entrenado varios días sin descanso. Y su cabeza le dolía como una semana de resaca seguida después de haber tomado un manantial entero de puro alcohol. Su cuello se sentía inflamado y punzante. Tocó su pierna y vio que no tenía ni un solo rasguño, al igual que su cuello. El dolor aún lo sentía. Volteó a ver por la ventana y abrió sus ojos completamente cuando los sintió. Su prueba. Sus pruebas. Su boca se volvió amarga y se secó. Su corazón tartamudeó y aceleró como nunca en su vida. El miedo y sorpresa la embargó desde la cabeza hasta la punta de los pies. Todo era real.

Santana bajó la mirada y los vio. Dos canarios acurrucados en su mano derecha. Aún temblando. Y completamente húmedos.


¿Les gustó? Espero que lo de los planos no los confunda, espero que se entienda.

Un review no cuesta nada e inspira a seguir escribiendo. Y de paso me deja una sonrisa de idiota por todo el día. ¡Un beso!

Abe Valenti.