Disclaimer: los personajes y el mundo de Harry Potter pertenecen a J. K. Rowling. Únicamente me pertenece la trama de esta historia. Gracia a mi amiga Elena por ayudarme.

Chapter 1

Faltaba apenas un cuarto de hora para las nueve de la noche y en el gran comedor de Hogwarts se producía un echo que rompía la rutina que se había impuesto por la fuerza desde el primer día de aquel fatídico curso. A la muerte del profesor albus Dumbledore el curso anterior, el ministerio se había apoderado de todo control sobre la escuela. Y no sólo eso, sino que ahora que el colegio estaba bajo su control, lo habían nombrado como el lugar más seguro de toda Inglaterra, y habían decretado que todo niño mayor de tres años debía ser enviado a Hogwarts por su seguridad, a modo de campo de concentración.

Se había nombrado como directora a Dolores Umbrigde, reconocida como la mano derecha del ministro Schrimegour. Las normas y la vida que se había seguido en howgarts a lo largo de los siglos habían caído. Muchos profesores habían huido y los pocos que quedaban permanecían encerrados en sus aulas. Vivían y trabajaban allí, sin ver la luz del sol sino a través del frío cristal de las ventanas, cosa, que sólo podían hacer aquellos cuyas aulas se habían trasladado al primer piso. Los que habían sido trasladados a las mazmorras agonizaban de soledad. La forma de dar las clases y los temarios eran impuestos por el ministerio, de forma que sólo se impartía la teoría y la gran mayoría no había utilizado su varita en más de cuatro meses.

A los alumnos se les prohibió la entrada a sus salas comunes, habilitando grandes y largas habitaciones, también en las mazmorras, en las que concentraban a los alumnos diferenciándolos por casa. Los niños menores de once años habían sido sorteados, como si de una tómbola se tratase, entre las cuatro grandes habitaciones comunes, denominadas S, G, H, y R. Por lo tanto, a los elfos se les había prohibido limpiar mas allá de las zonas habitadas, con el propósito de que los alumnos no se adentraran en el interior del castillo, donde la única que tenía su habitación era la directora, la cual además ordenó cocinar exclusivamente un menú aprobado por sí misma, a saber, una serie de purés y papillas de extraños colores y sospechosos grados de viscosidad con mucho té.

La falta de luz, de calor y de comida decente había creado un ambiente vacío, de desánimo, los niños se movían como autómatas sin vida o lloraban de desesperación, y la mayoría de los alumnos mayores que les consolaban lloraban a su vez de impotencia. Casi todos pensaban que no había salida, ninguna mano amiga a la que acogerse. Albus Dumbledore había muerto, el ministerio estaba en su contra y el salvador del mundo Harry Potter llevaba casi tres meses desaparecido, y cada vez mas cundía entre los alumnos el fatídico pensamiento de que había huido, que los había abandonado a las consecuencias de la guerra. Por que sí, estaban en guerra, y por los pocos periódicos que entraban en el colegio de contrabando, se sabía que el ministerio se había movilizado hacia dentro, los aurores hacían lo que podían pero eran pocos y no había una persona que los dirigiera. Las antiguas glorias de la primera guerra o habían muerto o estaban coaccionadas. Los mortífagos, por otro lado, atacaban sin piedad, mataban familias enteras y torturaban a muggles, mujeres y niños. El pánico y la desesperación cundían en la sociedad mágica. Sobre todo por que la opinión generalizada con respecto a la desaparición de Harry Potter, en la sociedad calaba hasta los huesos, destruyendo así la moral de los pocos que quedaban de pie y querían luchar.

Sin embargo había todavía unos pocos en Hogwarts que no habían perdido la esperanza, ya no sólo de que Harry volvería, sino también de que ellos, simples estudiantes de magia, no podían hacer nada.

Sin ir mas lejos aquella noche, al filo de las nueve una estudiante se revelaba, tal y como lo había echo ya en ocasiones anteriores. Allí, de pie frente a la directora, discutía con ella lo suficientemente alto como para que todos los que estaban en el gran comedor la oyeran, pero con la tranquilidad innata que sólo poseen aquellos que tienen la seguridad absoluta de estar haciendo y diciendo lo correcto. Y ésta tranquilidad precisamente era la que le daba pánico a su interlocutora, ésta y no la horda de niños que tras ella deseaban tener sus varitas en ese momento en la mano.

Pero ella era una mujer orgullosa y nunca admitiría haber cometido un error frente a una vulgar estudiante de diecisiete años. ¡era ridículo! Y estaba a punto de llamar al conserje para que se divirtiera un rato colgando a esa estúpida niña de los tobillos, como muchas veces otras veces, cuando las puertas del comedor se abrieron intempestivamente y un hombre las flanqueaba. Era un hombre joven, en el que se adivinaba una gran espalda debajo de la gran túnica roja ribeteada por hilos dorados que llevaba. El pelo de color chocolate negro lo tenía algo largo y, suelto como lo llevaba en ese momento, le caía sobre los hombros. Éste desprendía un aura que atraía las miradas de todos. Poseía el poder de con una mirada dejar a una persona con la boca abierta o encogida, muerta de miedo, pero en cualquier caso fascinada.

El hombre que en ese momento poseía un amplia sonrisa, se detuvo un momento para estudiar la situación que se estaba viviendo hacía unos segundos. Su sonrisa se ensanchó cuando localizó a Umbrigde frente a una alumna, y se dirigió hacia allí. La ancha túnica volaba tras él. Al llegar donde estaban, ignoró literalmente a la alumna, que no obstante no se retiró completamente, expectante ante quién era ese hombre, y que había ido a hacer allí.

- ¿es usted la famosa directora de Hogwarts, la "señorita" Dolores Umbrigde? - ante el asentimiento mudo de la nombrada, el extraño que no parecía percibir la tensión del ambiente en todo el gran comedor, continuó. - lamento la irrupción a éstas horas. Me he propuesto contribuir activamente en la Gran Obra. He acudido a hablar con nuestro ministro de magia y le he explicado detenidamente la situación de forma que me ha entendido todo a la primera, por lo que me ha propuesto venir aquí, con lo que además, podré trabajar con usted.-

Umbrigde, que para esas alturas ya había asomado a sus labios una sonrisa bobalicona, la ensanchó notablemente al oír las últimas palabras de aquel hombre, lanzando una de sus tan características risitas y le dijo divertida.

- querrá decir trabajar para mí. - el hombre, que había perdido la sonrisa de la cara, pareció desconcertado cuando una sombra de comprensión cruzó su cara, abrió los ojos al máximo y echó la cabeza hacia atrás con una gran risotada. Recomponiéndose como pudo logró balbucear algo.

- No. No, lo siento. Esto ha sido una gran confusión. Lo siento, yo no le he contado cuál es ahora mi función aquí y usted ha supuesto algo equivocado. He venido para hacerme cargo de la dirección del colegio. - dijo mientras se producía una reacción en cadena. Los alumnos que habían oído todo intercambiaron susurros entusiasmados. La chica, que permanecía de pie junto a la pareja no había decidido si esa era una buena noticia todavía. Umbrigde había sido tonta, había cometido errores, aunque eso ella nunca lo admitiría, y ya podían levantarse contra ella. Este cambio en la dirección suponía tirar a la basura dos semanas de planes si la situación seguía igual que hasta ahora, cosa de la que estaba casi segura. Ese desconocido era un hombre del ministerio, él mismo lo había dicho, y por tanto de acuerdo con él. Sin embargo umbrigde, que negaba silenciosamente con la cabeza muda de la impresión, se negaba a las palabras de aquel hombre.

- ¡ el señor ministro está de mi parte ! ¡ nunca lo permitirá ! - le gritó.

- mi señora, como antes le he dicho, vengo de hablar personalmente con él. El ministerio me ha dado su aprobación - umbrigde que seguía sin encontrar qué hacer o qué decir, se volvió hacia él desesperada y le dijo en casi un susurro -"mentiroso"-, era la única respuesta que su mente lograba admitir. Tan sólo lograron oírla los que estaban más cerca, que este caso eran la alumna y el hombre, y éste último hizo algo que ninguno se esperaba, se largó a reír hasta que las lágrimas acudieron a sus ojos.

- No, Dolores, no soy un mentiroso. Es más, yo nunca digo mentiras. Cuando estaba en la escuela tuve una profesora que me enseñó ésta valiosa lección.- este cogió una de las manos de la directora entre las suyas. La chica miraba el intercambio de palabras con atención. - de echo - continuó el hombre - me lo grabó a sangre.

Algo tuvo que ver la profesora en sus ojos, que bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas y acto seguido lanzó un grito que se oyó en todo el castillo y que no cesó mientras corría a lo largo de todo el gran comedor huyendo de fantasmas que ésta vez, sólo ella veía. El hombre sacudió la cabeza un par de veces y se encaró a los alumnos.

- bien, creo que la profesora no va a querer explicarme como estaban las cosas aquí. - en ese momento se giró hacia la muchacha que no se había movido de su posición pero que ahora mostraba una pequeña sonrisa. Éste a su vez le sonrió.

- ¿ tienes tu varita? - la sonrisa de la chica desapareció y muy seria le contestó en un tono acusador, en el que el hombre distinguía trazos de diversión.

- no, Umbrigde me la confiscó. Creía que era una persona potencialmente peligrosa, ya sabe, problemática.

El desconocido se empezó a reír mientras se acercaba a ella. - es la primera vez que estoy de acuerdo con esa persona, Hermione.- ésta, a la que le había vuelto la sonrisa a la cara, se dejó abrazar mientras se relajaba por primera vez desde hacía tres meses.

a a a a a

Quería agradecer su review a cote. La verdad es que quería que el prólogo fuera algo misterioso, así que después de todo lo conseguí jejejeje. La verdad es que no vas muy desencaminada con tus suposiciones. Lo que sí que te puedo decir es que el matrimonio está en Escocia, lo pongo al principio y no están esperando a su asesino, sino al asesino de su hijo, no lo pongo textualmente pero … bueno espero que sigas leyendo y que te vaya gustando. Nos leemos byebye.