Bueno, los personajes no me pertenecen, si no a su creador Masashi Kishimoto


Capítulo 2.- Punto de quiebre

Debía admitir, que a pesar de sus años viajando lejos de la aldea, de estar siempre en peligro constante y en alerta, nunca se sintió más solo que en ese momento. Porque el barrio Uchiha nunca se vio tan sombrío como hasta ahora, ni siquiera cuando Itachi los ataco.

Pero sabía que todo era percepción, era él el que se sentía miserable y vacío, aun cuando no lo admitiera.

Suspiro con pesadez, sujetándose la frente para darse un poco de calma y resistir esas inmensas ganas asesinas de ir a asesinar al rubio idiota que tenía por Hokage. Porque él era una persona pasiva, bueno no pasiva, sensata. Y sabía que no tenía una oportunidad de vencer al rubio sin echarse a toda la aldea, y las aldeas amigas, como enemigos que no descansarían hasta tener su cabeza.

Y suspiro de nuevo. Sentía toda esa rabia en su interior y no tenía forma de sacarla.

− Demonios – Musitó con molestia

Su puño se impactó contra el pilar de una casa cercana. El pilar no resistió el golpe y se hizo pedazos, llevándose consigo el resto de la casa.

El dolor en su mano calmó levemente su furia, pero no era suficiente. Siguió rompiendo pilares una y otra vez hasta que quedaron pocas casas de pie. ¿Qué importaba que existiera ese barrio si nunca iba a poder restaurar su clan? ¿Si no tenía a nadie que lo hiciera con él?

La mujer que amaba, aunque él jamás se lo hubiera dicho, ahora prefería estar al lado de quien la persiguió por años, aquel que supuestamente era su mejor amigo. Y su hija, prefería a su madre por encima de él. Aunque tal vez fuera su culpa. Por esa forma de ser que solo él podía poseer, en la que siempre daba todo por sentado, o esperaba que las personas adivinaran lo que él sentía, esperando que sus gestos poco claros lo fueran para las personas a su alrededor.

Cuando por fin se cansó, miro sus manos ensangrentadas. Al menos eso le había servido para entrenar y para disipar un poco su rabia. La rabia que lo carcomía por dentro y que le gritaba una y otra vez que fuera en busca de venganza. Que tomara a la que por derecho era su mujer y la recuperara a como diera lugar.

Pero no lo haría.

Él mismo sabía muy bien el tiempo que Sakura y Naruto llevaban juntos, nada les había importado cuando lo hicieron y él no le tomaría la importancia que no le dieron ellos. No era su deber. Después de todo, Sakura no era su esposa. Era la mujer con la que decidió compartir su vida, pero al parecer ella no valoraba eso. A ella no le importo que la eligiera, por fin después de tantos años cuando regreso a la aldea, no le importo el hecho de haberle dado una hija. No les importo que el propio Naruto tuviera una familia por la cual velar, aunque si era sincero, eso no haría ninguna diferencia, el rubio prácticamente tenía abandonados a su hijo y esposa.

Tal vez próximamente exesposa.

Sacudió la cabeza, eso no debía por que importarle, lo mejor era que se ocupara de sus propios asuntos; Miro el barrio desolado una vez más antes de caminar y perderse en la oscuridad, después de todo, necesitaba sanar sus manos.

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Su cabeza daba vueltas y sentía que en cualquier momento se iba a desmayar, pero en su lugar pasó sus manos hacia atrás y se apretó con fuerza la barra de la cocina a sus espaldas. Su mano herida punzó dolorosamente, pero ignoro el dolor mientras trataba intensamente de permanecer lucida. De comprender la magnitud de las palabras que el rubio le había dicho. Tratando de decir que ya estaba todo solucionado y ella no podía decidir nada.

− N-No comprendo – Dijo apretando aún más sus manos

Si lo hacía. Comprendía cada palabra que había dicho el chico, pero su corazón, e incluso su mente, se negaba a aceptar esa verdad.

− Nos vamos a separar – Repitió el rubio

Cuatro simples palabras acababan con los años que estuvieron juntos como si no fueran nada.

Ella bajo la mirada, huyendo de la brutal honestidad de esos ojos azules que no mostraban ninguna calidez como lo habían hecho en el pasado. Esos ojos fríos que amenazaban con destruir lo que quedaba de su corazón. Apretó los ojos deteniendo las lágrimas en ellos sin atreverse a decir nada, no sabía qué hacer, pues lo que estuvo temiendo por varios meses se estaba haciendo realidad.

− Tu padre aceptó recibirte en la mansión secundaria, dijo que así Neji podría cuidar de ustedes.

Y la mujer volvió a apretar sus manos haciéndose daño. Hablaba como si él no hubiese roto el corazón de su hijo en innumerables ocasiones. ¿Era más importante acostarse con Sakura Haruno que llevar a su hijo a su primer día de escuela? ¿Qué entrenarlo? Apretó los ojos nuevamente y estrujo toda su alma para sacar un valor y una fortaleza que no tenía.

Antes que ser la esposa de Naruto, o exesposa, era madre. Bolt era su mundo y no permitiría que se viera involucrado en medio de esa situación. Sobre todo al comprender las palabras de Naruto, cuando le dijo que su padre los recibiría en la mansión secundaria. No permitiría que alguien del clan Hyuga le hiciera daño a su hijo. Ella ya no era la heredera de ese clan, no lo era desde pequeña, y no permitiría que las normas antiguas y tontas pusieran en peligro el futuro, o la vida, de su hijo pequeño, que no tenía la culpa de lo que pasaba. La sola idea de que los ancianos del clan quisieran sellarlo le daba el valor suficiente para plantarle cara a esa situación. Aun cuando su corazón se estrujara en su pecho dolorosamente.

− N-No soy una maleta que puedas devolver – Dijo con el poco valor que tenía.

El rubio le vio con el ceño fruncido. No sabía que pretendía Hinata, pero tenía que dejarle las cosas claras. Había esperado tantos años para estar con Sakura, y no permitirá que Hinata lo echara a perder. No podía permitirlo. Él también tenía derecho a ser feliz.

− Hinata – Le dijo con voz dura – La situación no va a cambiar… Ya no te amo

"Nunca lo has hecho"

Quiso gritarlo, desahogarse de esa mentira que vivió durante años, pero no pudo, de su boca no salieron esas palabras acusadoras dirigidas al rubio, en su lugar, se guardó esos sentimientos en lo más recóndito de su corazón roto. Solo eran sentimientos infantiles que no le servirían para proteger a su hijo.

− N-No habló de eso – Dijo sin verlo a la cara – N-No modificare la rutina de mi hijo para darte gusto

El rubio frunció aún más el ceño. Él también había pensado en su hijo en un principio, pero eso no lo iba a detener cuando había cruzado la línea ya hacía tiempo atrás. No cuando Sakura sacó a Sasuke de su vida para estar con él.

− Quiero a Bolt, es mi hijo… pero eso no hará que me quedé a tu lado.

"De verdad es un idiota"

Hinata se guardó sus pensamientos una vez más. No entendía como el rubio no comprendía lo que quería decir. No necesitaba que le estuviera repitiendo a cada momento que las cosas habían acabado. Necesitaba que comprendiera que trataba de proteger a su hijo. Sintió liquido caliente escurrir de su mano y se dio cuenta de que su herida se había vuelto a abrir, esa que le había gritado lo que pasaría el día anterior, y tal vez la razón por la que en ese momento no estaba haciendo una escena. Ignoro el dolor, pero este le dio la concentración suficiente para poder estructurar las palabras que necesitaba, salieran de su boca.

− No me refiero a eso – Dijo sin tartamudear por fin – No me iré a la mansión secundaria.

El rubio suspiro con cansancio, sabía que posiblemente era una de las preocupaciones de la mujer, pero no esperaba que realmente se lo fuera a decir, siendo ella tan tímida y complaciente. Podría pagarle una casa, pero no se sentía seguro con ellos dos viviendo solos. Bolt era su hijo después de todo, y tal vez alguien quisiese hacerle daño o secuestrarlo para obtener algo de la aldea. Con otro suspiro, negó con la cabeza.

− Puedo comprarte una casa, pero deberá estar cerca del barrio Hyuga.

La chica por fin levanto la mirada, en ella había una determinación, que ciertamente no sentía, pero que por el bien de su hijo era capaz de sacar a flote.

− No me iré de la casa – Dijo con decisión.

Naruto respiro para darse calma. Necesitaba a su hijo a salvo.

− No pueden quedarse solos aquí – Dijo con algo de molestia

"No es como si hubiera una diferencia"

Pero de nuevo, las palabras se quedaban atascadas en su boca. Sin poder salir para reclamar los años de abandono que habían sufrido. Simplemente le sostenía la mirada lo mejor que podía. A pesar de querer llorar y alejarse corriendo a algún lugar lejano.

− Eso haremos – Dijo viéndolo a los ojos

− Hinata

− ¡Yo también soy ninja!

Y por fin había gritado. No las palabras dolorosas que necesitaba sacar, pero lo había hecho, defendía su vida y la de su hijo.

Naruto se pasó una mano por el cabello con frustración. No quería herir de más a la mujer con la que compartió una parte de su vida, la que le había dado una familia y la que lo apoyo para cumplir su sueño de ser Hokage.

− Has estado inactiva mucho tiempo y…

Se quedó callado y desvió la mirada para poder encontrar las palabras adecuadas, no quería recordarle la debilidad que la persiguió por años, sus pensamientos se cortaron al escuchar el suave goteo que caía de la barra al suelo, su vista se dirigió hacia ese sonido, que no parecía el de una gota de agua, y abrió los ojos al notar la sangre escurrir de la mano de Hinata hasta el suelo.

− ¡¿Qué demo…?! ¡Estas herida!

Se acercó a ella y jalo su mano, estaba pálida y fría por la fuerza con la que había apretado la barra. La mujer se soltó de su, extrañamente, delicado agarre con fuerza y apretó su mano contra su pecho.

− No es algo que te importe – Dijo sin verlo al rostro

− ¡¿Así quieres que los deje solos?! ¡¿Aun cuando no atiendes tus propias necesidades?!

Ella cerró y apretó los ojos mientras bajaba la mirada, haciendo que el flequillo le cubriera los ojos, mientras su cuerpo temblaba ligeramente en un intento por controlar el llanto.

− Vete – Le dijo con voz baja

El rubio abrió los ojos sorprendido. La Hinata que conocía estaría pidiéndole ayuda, llorando y suplicando que buscaran una solución. La Hinata que él conocía no le habría ocultado la cortada.

− Hinata – Le llamó preocupado tratando de acercarse a ella, que simplemente huía de su cercanía.

− Vete – Repitió con voz más fuerte

El rubio solo se le quedó viendo sin saber que decir, temiendo haber llevado al límite a la mujer.

− Yo solo quiero…

− ¡Que te largues! – Le grito Hinata perdiendo la paciencia – ¡Vete de mi casa!

De nuevo sus ojos azules se abrieron con asombro, ella nunca le había gritado, y está era la segunda vez que lo hacía en menos de 10 minutos. Sin poder hacer otra cosa, se dio la vuelta y salió por la puerta con calma. Recargando su espalda contra está cuando estuvo afuera.

Una vez que salió de su vista, Hinata se permitió caer de rodillas y luego sentarse por completo, el llanto que estuvo reprimiendo todo el tiempo salió con sollozos y pequeños gritos que sus manos ensangrentadas amortiguaban. El sabor metálico inundo su boca, pero lo ignoro una vez más mientras sentía todo su cuerpo temblar, el dolor le llenaba el alma y esa fortaleza que mostro frente al rubio poco a poco se desmoronaba hasta que se perdió por completo. Solo era una muñeca rota en esa pequeña cocina.

A las afueras de la casa, el rubio escucho a la mujer llorar. Suspiro con frustración dejando caer su cabeza hacia atrás chocando levemente con la puerta, no podía entrar y consolarla cuando él era la causa de su llanto. Y se sintió el peor patán de la tierra, por hacer llorar a una mujer tan delicada como lo era Hinata. Apretó los puños y se alejó de la puerta, no podía dar marcha atrás en sus decisiones solo por un llanto que sabía que escucharía. Él ya tenía un futuro planeado con Sakura y no era de los que dan marcha atrás. Así que dejando atrás el llanto de la que una vez fue su mujer, se encamino hacia la torre Hokage.

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Una vez más, esta vez lo lograría, se repetía una y otra vez. Pero la verdad era que después de 10 pasos tratando de subir por el árbol perdía la concentración y terminaba cayendo al suelo una y otra vez; Con un suspiro frustrado, se levantó una vez más y se sacudió la tierra, su objetivo era llegar a esa copa del árbol a como diera lugar.

− Nunca habías batallado con eso

Se sobresaltó al escuchar la voz a sus espaldas y se sonrojo mientras se daba la vuelta y sonreír quedamente.

− Eto – Dijo jugando con sus dedos índices – Es solo que Shikadai hará una pijamada y pensaba si mamá me dejara ir

El moreno se limitó a verlo sin emoción.

− Hmp

"No sabe mentir", pensó el moreno al verlo fijamente

Bolt se puso completamente rojo y desvió la mirada. Si no estaba concentrado no era buena idea hacer que Sasuke-Sensei perdiera el tiempo.

− Solo… Algo está pasando y no sé qué es

Sasuke frunció el ceño ligeramente. Había ido a entrenar con ese niño para mantener su mente en calma y olvidarse por el momento de que había dejado a Sakura. Pero al parecer las cosas en esa familia también estaban por llegar al punto de quiebre.

− Hmp

El pequeño apretó sus puños con impotencia y bajo aun su mirada, huyendo a la de su maestro, no sabía cómo debía reaccionar a los monosílabos que le decía el hombre, pero al mismo tiempo necesitaba hablarlo con alguien que tal vez si entendiera la situación.

− Es que… ayer escuche que algo se rompió – Dijo sin levantar la vista – Era tarde y mamá me había acostado… pero cuando baje la vi llorando

El moreno ignoro esa punzada de culpabilidad que le llegó.

− Tal vez solo se cortó – Le mintió en un intento por tranquilizarlo

El niño asintió.

− Ella se cortó en la mano – Le confirmó – Pero no hacía nada por parar la sangre… estaba en la cocina llorando y no pude acercarme para ver que le pasaba

No le comentó el hecho de como su madre estaba arrodillada en la cocina abrazándose a sí misma, o que parecía querer mantener el silencio para no despertarlo, sin percatarse de que él ya estaba despierto, no creía que Sasuke necesitara esos detalles para comprenderlo.

− ¿No quisiste o no pudiste?

Esa frase le pareció más bien un reclamo que una pregunta y se sintió peor de lo que ya se sentía, preguntándose porque su maestro le había hecho esa pregunta, si acaso sabía algo y no se lo quería decir. Aunque ni el mismo moreno sabía por qué lo había dicho.

− No pude – Dijo el niño – No es algo que pueda explicar

"Miedo" Esa sensación que una vez lo había hecho correr a él cuando encontró a sus padres muertos. Suspiro y desvió la mirada, eso no era algo que le pudiera decir a un niño de 9 años, no quería que el niño se sintiera peor de lo que ya se sentía.

− Será mejor regresar – Dijo empezando a caminar

− Es-Espere – Dijo el niño sonrojado – Lo siento, me concentrare

Sasuke lo vio una vez más sin emoción antes de lanzar un pequeño suspiro, al notar esa pequeña presencia que los observaba a unos pasos de distancia. Era consiente que no se acercaría a hablar con ellos, y en esos momentos no quería tener que hablar con ella.

− Es tarde – Dijo el moreno – Continuaremos otro día

El moreno empezó a caminar cuando lo detuvo un débil agarre. Lo había visto venir, pero no es explico por qué no lo detuvo. Miro hacia atrás y confirmo sus sospechas cuando vio a su pequeño alumno con la cabeza gacha agarrarlo sin mucha fuerza de la capa que solía vestir.

− Ne… ¿Sasuke-Sensei?

El moreno le vio sin emociones.

− Hmp

El niño apretó sus ojos para darse algo de valor y apretó su puño sobre la capa del hombre.

− ¿Puede acompañarme a casa? − Sasuke abrió los ojos ligeramente al sorprenderse por esa pregunta, ciertamente era lo último que esperaba el chico le dijera – Por favor

El moreno se soltó de su agarre con suavidad y empezó a caminar otra vez, mientras el niño se quedaba estático en su lugar, pensando que había sido una estupidez haberle preguntado eso. Sin notar que el moreno se había detenido unos pasos más adelante y había girado para verlo.

− ¿Qué esperas? – La voz de Sasuke lo saco de su ensoñación haciéndolo alzar la cabeza y mirarlo con emoción – No tengo todo el día

− S-Si – Dijo el niño con una sonrisa empezando a correr para alcanzarlo.

Bolt, en un acto inconsciente, al llegar al lado de Sasuke, tomo su capa como si esta fuera su mano y camino con una sonrisa. El moreno nuevamente se sorprendió por ese gesto pero no lo apartó. Simplemente no le pareció correcto.

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Dejo caer su cabeza sobre su escritorio con pesadez.

No solo se sentía miserable, lo peor es que no tenía tiempo de sentirse miserable con todo el trabajo amontonándose en su escritorio.

− ¿Qué paso?

Alzo su mirada al ver que la pelirosa había entrado a la oficina. Le sonrió como pudo, olvidándose por un momento de todos los problemas que tenían.

− No te preocupes – Dijo el rubio con una sonrisa perezosa

La mujer se acercó a él, que seguía al otro lado del escritorio y le dio un beso suave. El rubio se separó después de unos segundos. Recordando el llanto de Hinata y sintiéndose mal de nuevo.

− ¿Cómo te fue? – Le pregunto la chica algo preocupada

Naruto suspiro de nuevo y se sentó con lentitud en la silla, que nunca le había pesado tanto como en ese momento.

− Hiashi aceptó recibir a Hinata y a Bolt – Dijo con voz cansada sin ver a la pelirosa a la cara – Pero Hinata no quiere irse de la casa

Sakura suspiro con pesadez.

− ¿Crees que no te dará el divorcio?

Naruto suspiro de nuevo.

− La verdad es que no lo sé, tuvimos una pequeña pelea

Si podía llamarle pelea a eso que tuvieron.

− ¿Hinata peleo contigo? – Dijo la pelirosa con algo de incredulidad

Naruto suspiro

− Si se pudiera llamar así… no se… fue extraño

Sakura rodeo el escritorio y se sentó sobre las piernas del rubio, abrazándolo y recargando su cabeza contra el pecho del rubio, escuchando el suave golpeteo de su corazón atormentando.

− Lamento ponerte en esta situación – Dijo la chica

Naruto respondió su abrazó y pego su barbilla a su cabeza.

− No te preocupes, tenerte hará que todo valga la pena.

Y de nuevo la volvió a besar, perdiéndose entre esos labios que anhelo durante años y que por fin eran suyos.

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El niño no soltó su capa en todo el camino, y aunque no lo admitiera, eso le incomodaba un poco.

Cuando llegaron a la casa se pudo sentir un poco más tranquilo, pero para ser sincero, le daba una sensación extraña ir a la casa del hombre que le había robado a su mujer.

El niño toco con mucho entusiasmo y segundos después la mujer de ojos perlas abrió la puerta. Tenía una ligera expresión de duda que rápidamente cambio por una sonrisa, aunque se notaba levemente que era forzada, y le revolvió el cabello a su hijo, para luego fijar su vista en el Uchiha. Pudo descifrar su mirada de duda dirigida a él, ya que nunca había acompañado al niño hasta la puerta.

− Buenas tardes Sasuke-San – Dijo con una leve inclinación – ¿Paso algo? Vienen temprano

El niño soltó su mano de la capa del hombre, que ninguno notó que seguía agarrando, y abrazó a su mamá

− Solo es que Shikadai hará una píjamada… − Dijo dejando la palabra al aire

La mujer amplio su sonrisa al ver el entusiasmo de su hijo, y el moreno aprovecho para darse la vuelta y empezar a caminar.

− Gracias por traerlo Sasuke-San – Dijo Hinata al ver al hombre marcharse

El moreno se asombró levemente por la despedida, ya que eran pocas las veces que interactuaba con la mujer, exmujer, de Naruto.

− ¡Ah! – Dijo el niño girando y viendo que el moreno se empezaba a alejar − ¡Gracias Sasuke-Sensei!

El moreno, aun de espaldas a ellos, hizo un suave movimiento con la mano y se alejó con lentitud.

− ¿Y si puedo ir con Shikadai mamá? ¿Por favor?

Una ligera sonrisa se posó en sus brazos al alcanzar todavía a escuchar esas palabras, provenientes de su alumno atolondrado, en un intento de convencer a su madre de que lo dejara ir a quedarse a la casa del Nara.

− No se… − Dijo la mujer con duda − Tal vez…

− ¡No me digas que le preguntaras a papá! – Exclamó el niño interrumpiéndola con enojo entrando a la casa

La mujer corrió tras él, mientras Sasuke se daba levemente la vuelta, alcanzando a ver como Hinata se llevaba una de sus manos al pecho, en un gesto claro de dolor, mientras entraba en la casa con rapidez. Suspiro con frustración, no se había equivocado después de todo, aunque no debía tomarle importancia, ya otro día se enteraría si habían dejado ir a Bolt con Shikadai.

Hinata entró tras Bolt y cerró la puerta tras ella, el niño empezaba a correr escaleras arriba cuando la mano de su madre tomo su muñeca. Pudo hacer un gesto brusco y zafarse, pero no lo hizo, era su madre la que lo estaba deteniendo.

− Iba a decir que tal vez era una buena idea – Dijo la mujer sin soltar su muñeca – Que si es en la residencia Nara es obvio que estarás protegido.

El niño se dio la vuelta lentamente para ver a su madre, que tenía una mirada de tristeza en el rostro.

"¿No quisiste o no pudiste?"

Las palabras que anteriormente le había dicho Sasuke resonaron en su cabeza, y aun si no se atrevía a preguntarle qué era lo que estaba pasando, podía no darle más problemas de los que ya tenía. Acortó la distancia que los separaba con rapidez y se abrazó a ella con fuerza.

− Lo siento – Dijo aguantando el llanto – No quise gritarte

La mujer acaricio su cabeza con lentitud.

− No te preocupes

Costará lo que costara. Ella se iba a encargar de proteger a su hijo. Se lo juro a sí misma.

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Sarada observaba con poco interés su plato.

Su madre no había llegado a cenar, aunque ella ya sabía dónde estaba, y su padre se había ido el día anterior. Aun cuando su madre dijera que lo había echado, ella sabía que su padre estaba planeando eso desde hacía tiempo. Y lo había notado observándola.

Pero su deber era con su madre, era la más frágil y a la que la aldea posiblemente se le echara encima cuando toda esa situación estallara. Y además era la que siempre se quedaba a su lado cuando su padre salía por meses de misión. No la iba a quitar su apoyo en un momento como ese.

Pero su padre era otra historia. Cuando había ido a hablar con él después de la academia, descubrió el antiguo barrio del clan completamente destruido, casi ninguna casa estaba de pie y varios de los escombros de los pilares tenían sangre en ellos. Lo había buscado como loca y por la tarde estuvo a punto de hablar con él al verlo entrenar con Bolt, pero el ver que su amigo de la academia también se veía afectado por esa situación le hizo detenerse.

No estaba tomando en cuenta que Bolt y su delicada madre serían los que se llevarían la peor parte de esa situación.

Esperaba que su padre pudiera apoyar a Bolt en esa situación.

Y ella se sentía mal y como la peor amiga e hija del mundo.

Había creído que su padre, tan fuerte como siempre lo había visualizado, no se vería afectado por esa situación. Pero ver esa sangre entre las ruinas le había hecho entrar en razón, su padre, por más fuerte que fuera, seguía siendo humano, y esa situación le había afectado más que a nadie.

Pero ella ya había hecho su elección y debía respetarla a como diera lugar.

Su deber era apoyar a Sakura.

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Se miró en el espejo una vez más. Su rostro lucia pálido y ojeroso. Se veía horrible a decir verdad. Por eso Naruto prefería a Sakura. Cerró los ojos apretando los puños y sacando esos pensamientos de su mente, tenía que dejar de culparse, pero aun así, pensando, o tratando de hacerlo, le dolía el pecho y la cabeza. No podía concentrarse en nada simplemente.

Para su buena suerte, Bolt estaba en casa de la familia Nara y ella podía desahogarse por esa noche. En esa casa, en la que una vez compartió su vida con la del rubio, tantos años de mentiras y acciones poco claras. Golpeo sus puños contra el lavabo con toda la fuerza que tenía, en un intento de sacar su frustración. Su cabello largo le cayó a la cara por los movimientos bruscos que hizo.

El cabello largo que Naruto siempre decía que le gustaba.

Sacudió la cabeza, haciendo que está le doliera aún más y tomando las tijeras que estaban en el botiquín de primeros auxilios, empezó a cortar su cabello, desahogando en este toda su frustración y coraje que sentía. Empezó a llorar sin poder evitarlo y segundos después corrió escaleras abajo, necesitaba aire, necesitaba despejarse, dejar salir todo ese dolor que la consumía por dentro.

Corrió por las oscuras calles de la aldea, por suerte no había nadie en estas. Corrió sin detenerse hasta que llegó al cementerio, donde por fin se permitió jadear en busca de aire y entró con paso lento. El camino lo conocía de memoria, a pesar de no ir tan seguido como quisiera. Se detuvo cuando llegó frente a la tumba y se permitió caer de rodillas, empezando a llorar de nuevo y recargando su cabeza contra la tumba.

− ¿Qué debo hacer mamá?

De nuevo era esa niña débil del clan Hyuga, sin nadie en quien apoyarse, y además, sin un sueño que alcanzar. Su sueño hecho realidad ahora eran trozos destrozados en medio de su corazón.

Lloró hasta quedarse dormida sobre esa tumba. Sin ánimo de levantarse. Completamente rota.

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Con un suspiro, empezó a caminar de nuevo hacia su casa, era tarde y debía regresar para intentar dormir aunque fuera un poco. Esa situación le estaba poniendo los nervios de punta y claramente no era bueno. Debía mantener la calma.

Se detuvo al sentir una presencia, era débil y pequeña, pero se le hacía levemente familiar. Debería haber seguido su camino, irse a su casa e ignorar ese asunto, pero en su lugar camino hasta donde se sentía esa persona. No se asombró mucho cuando la vio. Dormida sobre una de las tumbas.

Se veía patética.

Tenía el cabello mal cortado, pues había unos mechones más largos que otros, sus mejillas estaban resecas con las marcas del llanto sobre ellas.

Se dio la vuelta dispuesto a marcharse del lugar, pero estaba haciendo frio y la chica no iba muy abrigada que digamos. Así que una vez más sus pasos se cortaron y se giró a ver a la mujer, analizando la situación de cada manera posible.

Dio un suspiro frustrado antes de acercarse a ella y cargarla, no creía que se fuera a despertar.

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No le costó mucho entrar a la casa, esta no tenía mucha seguridad a pesar de ser la casa de Naruto, del Hokage.

Dejo sus pensamientos atrás y recostó a la mujer en el sofá, ella no se había despertado en el trayecto del cementerio a la casa, solo se había acurrucado levemente al pecho del moreno, aunque este no hizo ningún intentó por apartarla o despertarla. No era que se sintiera incomodo después de todo.

La miro una vez más antes de marcharse, de verdad lucia patética y Bolt se llevaría una mala sorpresa cuando llegara en la mañana y la viera de esa forma.

Suspiro frustrado una vez más, había notado, esa tarde, que la mujer solo estaba tratando de ser fuerte en esa situación por el bien de su hijo, a pesar de estar derrumbándose poco a poco. Y el reconocía esa sensación. Lo noto al momento de verla en el cementerio. Ambos ya habían pasado el punto de quiebre y ahora trataban de reunir los pedazos esparcidos de su alma.

Con un bufido se dirigió a la cocina y regresó poco después, le daría solo una mínima ayuda a la madre de su alumno.

Cuando terminó se alisto para irse, notando que ella temblaba levemente. Suspiro y miro la escalera. No. Definitivamente no iría al cuarto de Naruto a buscar una manta, no quería nada que se lo recordara visualmente o terminaría yendo a matarlo.

Pero Hinata seguía temblando.

Con otro suspiro, pero ahora de derrota, se quitó su capa y se la puso encima. Ella se dio la vuelta en el sofá y la abrazó. El moreno entonces por fin se permitió irse. Había hecho más de lo que haría por cualquier persona por esa mujer. Ya era suficiente de caridades por ese día.


Y fin, por ahora