Editado en Julio del 2018
Capitulo 2: ¿Quién soy? ¿Qué soy?
"¿Quién soy? Estoy tratando de averiguarlo"
― Jorge Luis Borgues.
Sakura tomó el celular de Tomoyo y llamó una ambulancia, luego de tres minutos la ayuda llegó y estaban de camino al hospital, dónde se llevaron a Tomoyo en una camilla y ella llenó una planilla con sus datos y lo sucedido, luego corrió en busca de su hermano.
-¿Sakura? ¿Qué haces aquí?
-Tomoyo se desmayó y llamé una ambulancia. -le informó- No sé que le sucede, no sé qué pasó. ¿Qué más hago? Hermano, hermano estoy preocupada.
-¿Tomoyo?
-¡Sí! -gritó.
-Está bien, ve a la sala de espera y yo iré a ver qué sucede. -ordenó.
Toya buscó entre los pacientes ingresados recientemente y leyó el informe de Tomoyo y hacia dónde la habían llevado. El médico de guardia la estaba examinado en la 231, entonces allí se dirigió.
-Vamos a realizarle unos exámenes de sangre y una tomografía y una ecografía.
-Sí, doctor.
-Puede que sea el apéndice, esperemos que no sea nada más grave.
Esperó hasta que saliera el médico y la enfermera para entrar a la habitación, según el informe presentaba síntomas que podían significar varias cosas. Desde hipoglucemia hasta transformó de ansiedad, pero Toya sospechaba que los doctores no podían saber qué tenía Tomoyo. Y, desgraciadamente, él tampoco.
…
Dos horas más tarde Tomoyo despertó, las enfermeras le hicieron una serie de preguntas y luego se retiraron. Cinco minutos más tarde un doctor ingresó a su habitación y le recordó la importancia de un buen desayuno y de hidratarse bien en verano, le recomendó evitar situaciones de estrés y eso fue todo. Su madre entró, la revisó de arriba abajo y la apretujo entre sus brazos, muerta de preocupación.
Una firma aquí, otra allá y salió del hospital.
-Oh, amor, deberías llamar a Sakura. -le recomendó su madre.
-¿Sakura?
-Ella fue quién te encontró y acompañó al hospital. -le recordó- Unos minutos antes que despertarás tuvo que irse, pero ella estuvo esperando a que despertaras. Llámala, dile que estás bien. -le sonrió.
Sakura la había encontrado.
'-¿Tomoyo?'
Sakura lo había visto.
'-Por… Favor… agh.'
Sakura ahora lo sabía.
'-Estoy muriendo…'
-Sí, seguro… -sacó su teléfono del bolso de su madre y escribió un mensaje- 'Gracias. Ya estoy mejor.' -y presionó enviar.
Sabía que ella estaba en problemas.
…
-¿Viste a alguien más allí?
-No, a nadie.
-¿Entonces cómo estás segura? -se frotó el puente de la nariz.
-Ella me dijo: 'No me lastimes', Eriol. -remarcó lo obvio- No estaba hablando conmigo.
-En eso tiene razón. -apoyó Shaoran.
-Pudo haber estado alucinando, tal vez tenía fiebre, eso explica-
-Basta, Eriol. -lo interrumpió, cansada- Algo le está sucediendo a Tomoyo, algo grave.
-No sabemos si es grave. -la corrigió, firme.
-Si no hacemos algo, puede agravarse. -le dijo el Li- Tomoyo tiene miedo, pero no tiene por que esconderse de nosotros. Queremos ayudarla, pero necesitamos que nos ayude primero.
Eriol se levantó del sofá y fue hacia la cocina, Sakura lo siguió, casi pisándole los talones.
-¿Qué será lo próximo? ¿Desmayarse desde el borde de la escalera? ¿Quedarse congelada a mitad de la calle?
-Entiendo tu punto. -la frenó, abrió el refrigerador y se sirvió un vaso de agua-… yo quiero ayudarla.
-Bien. -sonrió la castaña.
-Entonces hablaremos con ella esta noche. -afirmó Shaoran.
-Esta noche. -confirmó Sakura, decidida.
-…Esta noche. -repitió Eriol.
Esa noche los tres fueron hacia la residencia Daidouji, previamente Sakura le había avisado a su tía que pasarían a ver a Tomoyo, pues estaban preocupados y querían asegurarse que su amiga estaba sana y salva. Claro que Sonomi aceptó gustosa, además de invitarlos a cenar ya que por su trabajo no veía s su sobrina hace tiempo. Sakura se disculpó, esa noche cenaría con su padre luego de tres meses sin verlo, pero antes quería ver a si prima.
Grande fue la sorpresa de la convaleciente cuando su madre le avisó que tenía visita.
-Hola, Tomoyo. -saludó Sakura, animada- Estábamos preocupados por ti.
-Hola… -saludó, sorprendida.
-Será una visita breve, lo prometo. -le aseguró Shaoran.
-Que alivio. -bromeó ella, tensa.
-…sólo queremos ayudar. -murmuró Eriol para que sólo ella escuchara. Frotó sus nudillos sobre el brazo desnudó de Tomoyo al pasar junto a ella- Necesitas ayuda. -ella no respondió ante eso.
-Cuando esté la cena te aviso, hija. -se despidió su madre, dándoles privacidad en la sala.
-Claro, gracias. -le sonrió, una sonrisa que duró hasta que su madre se perdió escaleras arriba- Gracias por preocuparse, pero estoy bien, como pueden ver. -les aseguró.
-No, no estás bien. -negó su prima- Algo te está pasando, por favor déjanos ayudarte… por favor. -rogó.
-Ayer estuve fuera y me dio un golpe de calor, el desmayo de esta mañana fue producto de eso y de un desayuno rápido, no hay de que preocuparse. -le sonrió- En serio, no es nada.
-¿Y esto no tiene que ver con lo que sucedió en el bosque hace unos días? -levantó una ceja, incrédulo- ¿No fue igual a lo que sucedió ese día?
-Ese día fue… -tragó saliva- ¿Puedes culparme por perder un poco el control ese día? No es un día que quiera recordar ahora, Shaoran. -frunció el ceño- Ni nunca.
-Ese día… -comenzó Eriol- Ese día tu sentiste algo, Tomoyo.
-Sentí miedo, sí. -afirmó- Acababa de presenciar un asesinato.
-Yo me refiero a antes, -agregó- cuando corriste hacia el bosque en busca de algo o alguien.
-Vi una liebre, eso era. -dijo con brusquedad, no gustándole el camino de aquella charla.
-Dijiste que se habían llevado el alma de Kenji, ¿recuerdas? -insistió.
-N-no recuerdo. -tartamudeó.
-Ves cosas y sientes cosas que no entiendes, pero que en tu interior comprendes. -explicó- ¿No es así?
-Yo…
-¿Qué te sucedió hoy, Tomy? -preguntó Sakura, preocupada- Tenías miedo, estabas… tan aterrada.
-Sabemos que no es fácil, pero necesitamos saber qué es para poder ayudarte. -dijo Shaoran.
-No es nada… -les aseguró, para nada segura de sus palabras- Estoy… bien.
-Tomy…
Eriol se acercó a ella y tomó una de sus manos entre las suyas.
-Escucha, estamos aquí. -le aseguró- No hay nada malo en ti, ¿entiendes? -los ojos de ella se nublaron- Queremos ayudarte a descubrir qué te sucede, no queremos que vuelvas al hospital.
-…me duele. -le confesó entre dientes, avergonzada y asustada.
-¿Qué te duele? ¿La cabeza? -inquirió el castaño- El pecho, los ojos. -enumeró.
-El estómago. -recordó Sakura- ¿Es eso?
-En el bosque no le dolía nada. -recordó Eriol- ¿Qué más? Dinos.
-Ellos… ellos me siguen, me buscan. Aparecen de la nada.
-¿Los sujetos del bosque? -inquirió Shaoran.
-¿A ellos les hablabas hoy? ¿Los asesinos de Kenji? -se preocupó la bruja.
-No, ellos no. -les aseguró- Cada vez es una persona distinta, no sé sus nombres. -se limpió los lagrimales- Pero ellos no son iguales a las personas que me persiguen.
-¿Por qué? ¿Cómo estas segura? -preguntó Eriol.
-Fácil. -sonrió, una sonrisa triste- Ustedes también los vieron, allí, en el bosque.
-¿Qué quieres decir con ustedes también? -habló Sakura.
-Sólo yo puedo verlos cuando aparecen, sólo yo… puedo sentir su dolor. -llevó una mano hacia su estómago- Cómo se sintió cuando la herida se abrió y la sensación de la sangre. Siento… cómo la vida se escapa de sus cuerpos, el dolor que sintieron y su… su sufrimiento. -explicó.
Sakura se llevó una mano a la boca, sorprendida; los ojos de Shaoran estaban abiertos de par en par y el habla se la había ido.
-Puedes ver a los muertos. -dijo Eriol en voz alta.
-…puedo hacer más que eso, por desgracia. -cerró sus manos con fuerza sobre su vestido.
-¡La cena está servida!
…
¡Ojos de Shinigami! –gritó Sakura, saliendo de una pila de libros- ¡Creo que es esto!
Los tres restantes dispersos se acercaron a la mesa más cercana junto a la castaña. Colocó el libro en la mesa y prosiguió a leer en voz alta.
-Ojos de Shinigami u Ojos de la muerte: estos ojos tienen la facultad de ver a los espíritus de los muertos. Otorgan, además, la posibilidad de percibir los sentimientos y emociones, incluso el dolor que sufrieron tras su descenso. –miró a Eriol y Shaoran- Creo que son estos... –los miró una vez mas, luego los tres miraron hacia Tomoyo.
-Sí… -llevó una mano hacia uno de sus ojos amatistas- Creo que es eso.
¿Qué significaba eso, entonces? ¿En qué la convertía? Ahora que su problema tenía nombre, ¿Qué seguía?
-Voy a llamar a mi madre, tal vez tengan más información sobre esos ojos y por qué de repente los tienes. -informó Shaoran, salió de la sala con el teléfono en su mano.
-Descuida, Tomy. -Sakura tomó una de sus manos y le dio un ligero apretón- Vamos a solucionar esto.
Tomoyo asintió, insegura. ¿Solucionar? Sakura no había solucionado ser bruja, había asumido su rol. Eriol tampoco solucionó ser la reencarnación del mago Clow, sólo vivió con ello. Ella no solucionaría su problema, debería aprender a vivir aterrada, a esperar las pesadillas y aguantar el dolor.
El celular de Sakura sonó.
-Es mi padre, ahora vuelvo. -se disculpó.
-Encontraremos una forma, sólo necesitamos algo de tiempo. -dijo Eriol, sentándose a su lado.
-¿Escuchaste lo que leyó Sakura? No sólo veo gente muerta, que de por sí ya es aterrador, siento lo peor que alguien puede sentir: la muerte… -negó lentamente- Un cuchillo en el vientre, un disparo al corazón… ¿Qué sigue? -cerró los ojos y se arrojó contra el sofá- ¿Qué clase de castigo es este? -las lágrimas picaban en sus ojos- Soy… soy un monstruo.
-No eres un monstruo. -la imitó y se arrojó contra el sofá- No sabemos qué eres todavía, pero no eres un monstruo.
-Debí haber hecho algo muy malo en otra vida… -de rio de sí misma- Una muy mala persona.
-En otra vida yo también hice cosas malas, ¿sabes? -le confesó- Fui egoísta, dañé a personas que se preocupaban por mi. -ella lo escuchó atentamente- Y tuve otra oportunidad, entonces intenté ya no dañarlos.
-¿Cuál es la moraleja de la historia? -preguntó, dándose la vuelta para quedar cara a cara.
-Tú decides qué hacer con esta oportunidad, con tu don.
-No es un don, es una maldición. -lo corrigió.
-Es lo que tu decidas. -la corrigió él- No sabemos cómo funciona o qué es lo que hace con exactitud.
-Dañarme, eso hace.
-Cuando era pequeño y mis poderes despertaron, yo no podía controlarlos. -le mostró sus palmas abiertas y las cerró con brusquedad- Tenía este poder, esta energía fluyendo dentro mío que quería liberarse. Incendiaba mi cuarto, electrocutaba a las personas, todos me temían… yo tenía miedo de mí mismo. -hizo una pausa- Podría decirse que era un monstruo y que esta era mi maldición. -Tomoyo escuchaba atentamente- Aprendí a la larga que yo tenía el control y que yo decidía que hacer con él. Pude haberme quedado pensando en el monstruo que era y en lo maldito que estaba, pero decidí tomarlo como un don. -volvió a abrir sus palmas y chispas azules salían de ella, danzaban sobre sus manos- Creé a Spinel, así como transforme a Nakuru en Ruby Moon; creé y no destruí más.
-...
-Creo que tengo una pista. -aviso Shaoran volviendo a la sala- ¿Y Sakura?
-Está hablando con su padre. -respondió Eriol y se levantó del sofá- No debe tardar.
…
-No puedo.
-¿No puedes? -gruñeron del otro lado de la línea- ¿Qué significa eso?
-Estoy ocupada ahora, no puedo. -repitió Sakura, firme- En unos días podré-
-No tenemos unos días, ¿recuerdas?
-Todavía hay tiempo. -le recordó ella, luego colgó.
No tenía mucho tempo, era verdad, pero aún contaba con algunos días más. El tiempo se agotaba y debía tomar una decisión, pero… era una decisión muy difícil de tomar. ¿A quién escogería? ¿A quien salvaría? Había sacrificado mucho para llegar hasta allí, y aún debía seguir sacrificando más cosas. Pero todavía tenia tiempo, podía ayudar a Tomoyo y averiguar qué era ahora.
Guardó el teléfono y volvió a entrar a la residencia de Eriol, Shaoran había regresado y parecía que tenía noticias.
-¿Tienen alguna pista?
-Mi madre recordó un archivo en donde se mencionan esos ojos.
-¿Qué clase de archivo? -inquirió Tomoyo, curiosa.
Irean Li era la actual cabeza de los Li, por lo cual era la representante de su clan en el aquelarre de China, lo cual le daba acceso a los archivos del aquelarre. En los archivos se relataban crímenes cometidos por los brujos y brujas, eventos memorables de diversa índole e información sobre todos los integrantes que pertenecieron y pertenecen al aquelarre.
-Hace diez años varios niños pertenecientes a diversos clanes del aquelarre murieron de forma extraña.
-Define extraña. -pidió Eriol.
-Enfermaron durante seis días, al sexto día desaparecieron; estuvieron desaparecidos durante seis días, al sexto eran hallados cerca de sus casas. -hizo una pausa-… Luego de seis días más, su corazón dejaba de funcionar.
-¿Esto que tiene que ver con Tomoyo? -lo apresuró la bruja.
-Cuando su corazón dejaba de latir, en sus pechos aparecía un símbolo en tinta negra. -sacó un bolígrafo de su bolsillo y tomo una servilleta- Un ojo con una cruz en la pupila.
Tomoyo tomó el dibujo y se lo devolvió.
-Sigo sin entender. -apoyó Tomoyo a su prima.
-En la antigüedad ese símbolo hacia referencia a aquellos que podían ver a los seres del otro mundo. -explicó Eriol- Aquellas personas que pueden acceder a ese plano son muy pocas, por eso se les respeta.
-No cualquiera tiene acceso. -siguió hablando Shaoran- Los brujos no podemos, por ejemplo.
-Es por eso que Sakura no pudo ver con quien hablabas, o nosotros.
-¿Qué más dicen esos archivos? -quiso saber la Daidouji.
-Los archivos fueron… destruidos. -se lamentó- Una bruja fuera del aquelarre atacó al guardián de los archivos y lo quemó poco después que los niños dejaran de morir.
-¿Qué bruja? -inquirió Eriol, serio.
-Suzan Pratt.
-Entonces hay que encontrarla. -resolvió Sakura.
-La encontraron. -le dijo Shaoran- Y, luego, ella ardió en llamas.
-Hace bastante tiempo que ya no se arrojan brujas a la hoguera. -lo corrigió Eriol.
-¿En serio lo hacían? -se sorprendió Tomoyo, Eriol asintió.
-Tienes razón, fue ella misma la que inició el fuego y se quitó la vida.
-… pero, debe haber algo más. -ofreció Sakura- Más información, otro archivo. Un archivo sobre aquella bruja.
-Mi madre seguirá buscando, pero no cree que haya nada más que eso.
-¿Cómo es que recordaba a esa bruja?-quiso saber Tomoyo.
-Todos conocen la historia. -respondió con simpleza- Yo la desconocía porque era muy pequeño cuando sucedió.
-Es por el patrón. -le respondió Eriol, a lo cual ella hizo una cara de no entender- El 6-6-6, el patrón de días que los niños enfermaron, desaparecieron y tardaron en morir.
-El número del diablo. -dijo Sakura- 666.
-Los brujos y brujas blancos, o llamados buenos, repudian todo aquello concierne a la magia negra. -siguió explicando- Por eso la madre de Shaoran y todo aquel que haya escuchado la historia y fuera brujo la recordaría.
-Entonces esa bruja, Suzan, ¿ofreció a esos niños como sacrificio? -preguntó, estupefacta- Que horror.
-Algo debe haber. -volvió a decir Sakura, esta vez un poco más insistente- Alguien debe saber algo.
-Estoy segura que la señora Li encontrará algo. -se acercó a la castaña y pasó un brazo sobre sus hombros- Démosle algo de tiempo…
Sakura abrazó a Tomoyo con fuerza, escondió su rostro en su pecho para que nadie viera el descontento en su rostro; el tiempo era algo escaso para ella y no podía desperdiciarlo quedándose sentada sin hacer nada.
…
Una tormenta de nieve había comenzado hacia unas horas, el sol estaba oculto y el blanco reinaba el panorama. A penas y podía distinguir los edificios del otro lado de la calle, las luces de los hogares eran pequeñas luciérnagas a miles de kilómetros.
-Te oyes cansada, ¿dormiste bien? -se oyó la voz preocupada de una mujer- Debes cuidarte.
Una joven muchacha de cabellera rubia platinada y ojos turquesas se encontraba sentada en el alfeizar de su ventana, el teléfono en sus manos se encontraba en alta voz para su comodidad.
-Estoy preocupada, no pude dormir en toda la noche. -le explicó.
-Te entiendo, pero tu condición de por si ya es-
-No puedo evitarlo, ¿podrías tu? -la interrumpió- Quiero ayudar.
-Ya hablamos de esto, Ángel. -la reprendió- Es peligroso.
-…lo sé. -se acercó más a la ventana, pegando su nariz al vidrio helado- Avísame si cambia algo. -le pidió- Hasta luego.
-…adiós.
Dejó el teléfono olvidado en el alfeizar y se apresuró a salir del cuarto, atravesó el salón comedor con rapidez, su objetivo era la puerta. Escuchó el tintinear de las llaves, pero ella la abrió antes de que siquiera pudieran insertarla en la cerradura.
-Hola… -saludó, una sonrisa adorable en su rostro.
Por la puerta ingresó un hombre vistiendo a penas un ligero abrigo y unas botas de nieve, su cabello negro azulado empapado por la nieve. El sujeto se inclinó para besar a la rubia -Ángel-, la abrazó con fuerza hacia su cuerpo y ella pasó sus brazos por detrás de su cabeza.
-Tenemos que irnos. -le informó luego del beso- Empaca tus cosas.
Ella fruncido el ceño, extrañada.
-Pensé que…
-Nos vamos en una hora. -volvió a hablar, interrumpiéndola.
-Matt, ¿qué sucede? -inquirió.
-Nos encontraron.
La rubia inmediatamente corrió hacia su habitación y comenzó a empacar sus pocas pertenencias, deberían dejar el departamento antes de lo planeado.
…
Era un excelente día, hacían veintiséis grados esplendorosos. El sol a penas picaba, las nubes -que habían aparecido la noche anterior- cubrían lo suficiente para que los rayos UV no fueran dañinos; era uno de esos días de verano bendecidos. Observó el reloj de su muñeca, marcaban las doce menos cuarto; no faltaba mucho para que llegaran por ella.
Tomoyo estaba en el patio de su casa, sentada en su columpio. Sí, tenía un columpio. Y no, no lo sentía para nada infantil, aunque no podía decir lo mismo de su pequeña casita de juegos, su casa de madera era su juguete favorito de todos los tiempos y aún la mantenía cuidada, aunque no la usaba como solía hacerlo con su columpio. Faltaban quince minutos para que Eriol llegara por ella, irían a una muestra de arte y luego se reunirían en el departamento de Shaoran para almorzar, esa tarde debía llegar un paquete desde China con los informes que pudo rescatar Irean Li.
Hace dos días había sido la reunión 'cumbre' sobre ella, Tomoyo no había vuelto a abrir un libro o responder preguntas sobre sus extraños ataques, no quería. Sentía pánico y horror hacia este cambio en su vida, tenía miedo de las respuestas que podían llegar a obtener. Eriol le había dicho que ella podía y debía escoger el cómo sobre llevarlo, qué hacer con ello, pero simplemente no tenía idea.
¿Qué era?
¿Quién era?
Ya no se sentía como ella, ya no era Tomoyo. Se observaba en el espejo y una chica ojerosa y con ojos temerosos le devolvía el reflejo. Intentaba sonreír y una mueca desastrosa era el resultado. Debía encender un velador por las noches, pues había desarrollado un temor reciente a la oscuridad.
Una cálida brisa sopló, era la suficientemente fuerte para mecerla unos centímetros.
Su madre estaba preocupada, sus amigos lo estaban. Podía verlo en los ojos atentos de Sakura, en el tono de voz de Shaoran y en la cercanía de Eriol, no se alejaba más de lo estrictamente necesario y la acompañaba a todas partes.
La cálida brisa de repente se tornó en una ventisca.
¿Dónde había quedado la muchacha fuerte? ¿La amiga que estaba allí para los demás?
-Pu… Pu…
Saltó del columpio y su ritmo cardiaco se aceleró.
-Puen… Puen…
-No… por favor no… -chilló con horror.
No quería darse la vuelta, sabía que se encontraba detrás suyo. Podía sentir sus ojos sobre su espalda, los escalofríos y la piel de gallina en su cuello.
-Justicia… Yo, y-yo…
Sus rodillas temblaron, podía sentir la bilis subiendo por su esófago.
-¡AYUDANOS!
-¡Ahhhhhh! -cayó al suelo de rodillas y se cubrió la cabeza con ambos brazos.
-¡AYUDANOS! ¡AYUDANOS!
Sentía como su vestido se empapaba de sangre en su costado izquierdo, como escapaba por su nariz y su boca, se mezclaba con la bilis y no pudo retenerlo más. Devolvió todo su desayuno sobre el césped bien cuidado, las arcadas eran tan fuertes que hacia llorar sus ojos.
Sintió unos brazos sobre sus hombros y volvió a saltar, se sentó sobre su trasero y comenzó a retroceder sobre el suelo. Un pitido sordo sonaba en su cabeza, no podía oír nada más.
Pasaron años, siglos antes de que pudiera oír algo más.
-… Puen-Tum, ayúdanos... Ayúdanos, Puen-Tum.
-¡TOMOYO! ¡TOMOYO!
Y se desmayó en los brazos de Eriol.
…
Le dio vuelta la página y un bostezo se le escapó.
-¿Te levantaste muy temprano hoy? -se oyó desde la cocina.
-No, no mucho. -mintió, la verdad es que se durmió cerca de las cinco de la mañana anoche y esta mañana estaba bañada y cambiada a las ocho.
-¿Has encontrado algo? -Shaoran salió de la cocina con un repasador en sus manos, se las estaba secando- No has soltado ese libro desde ayer.
-¿Dices que no te estoy prestando atención? -preguntó, una sonrisa tirando de sus labios. Todavía no quitaba la vista de la hojas.
-Sólo pienso que te estás esforzando demasiado, Sakura. -se sentó a su lado y ella bajó el libro para observarlo- Sé que quieres ayudarla-
-Tengo que. -lo interrumpió- Tengo que ayudarla, me preocupo por ella. ¡No me puedo quedar sin hacer nada, Shaoran!
-No dije que lo hicieras, sólo creo que deberías hacerlo de otra manera. -opinó con delicadeza- Habla con ella, tranquilízala. O distráela, llévala de compras, vean una película. Ella te necesita a ti, Saku.
-Ella necesita respuestas. -lo contrarió, volviendo a su lectura- Yo necesitó respuestas.
El castaño suspiró y volvió a levantarse del sofá, estaba yendo de vuelta hacia la cocina cuando su teléfono sonó. Caminó hacia la barra desayunadora que separa la pequeña sala de la cocina y atendió.
-¿Sí?
-Estoy abajo, ¿puedes venir a ayudarme?
-Pensé que tu y Tomoyo llegarían en un par de horas. -dirigió su mirada hacia su novia, quien levantó la vista de su libro y lo observó.
-Baja. Ahora. -y colgó.
Agarró las llaves y se apresuró a bajar las escaleras de prisa. Su departamento estaba en el tercer piso, así que no tardó demasiado.
-Maldición….
Abrió la cerradura de prosa y salió para ayudar a Eriol a cargar Tomoyo, caminaron hacia el ascensor y subieron con cuidado.
-¿Qué sucedió?
-Me la llevé antes de que su madre la encontrara, el taxista pensó que ella estaba borracha.
El ascensor se abrió y Sakura los estaba esperando en la puerta del departamento 317.
-¡Por Dios! ¿Qué tiene?
-Llegué a su casa y la oí gritar desde el patio, estaba en el suelo, vomitando y no reaccionaba. -soltó una palabras tras otra mientras la acomodaban en la cama de Shaoran- Se desmayó y me la llevé de allí, no sabía que decirle a Sonomi.
-Le hubiera dado un ataque, dalo por seguro. -asintió. Colocó unas almohadas bajo los pies de Tomoyo para que estuvieran a una altura mayor a la de su cabeza, luego corrió hacia el baño.
-¿Dijo algo? ¿Viste algo? -le preguntó el dueño de casa.
-No… -acomodó un mechón de cabello fuera del rostro de ella- Solo gritó, un grito cualquiera. Ella simplemente no reaccionaba, estaba llorando y… y…
-Es por esto que no podemos quedarnos de brazos cruzados. -dijo Sakura. En sus manos traía una toalla húmeda y el botiquín de primeros auxilios- Tenemos que encontrar una solución pronto. -limpió el rostro de su prima y luego sacó un trozo de algodón y una botella de alcohol del botiquín- Esto puede seguir así, podría empeorar.
-…tiene razón.
-Estamos haciendo todo lo que podemos, lo que está en nuestras manos. -les recordó el Li- Con suerte hayamos ese viejo libro sobre los Ojos de la muerte, no es como si no lo estuviéramos intentando.
-Pues hay que hacerlo mejor. -gruñó. Con el trozo de algodón empapado froto las mulecas y la nuca de Tomoyo.
-Creo que hay llevarla al medico. -sugirió Eriol, Sakura le mandó una mirada que claramente decía 'no'- No es un simple desmayo, Sakura.
-Tiene razón. -se rascó la nuca- Además, Eriol la movió, puede haberse lastimado o algo peor. No creo que despierte en unos minutos.
-¿Pueden calmarse? Ella estará bien. -guardó todo en el botiquín y abrió el placar de Shaoran- Sus signos están estables, sólo necesita descansar. -sacó una manta y tapó a Tomoyo- Si no despierta en dos horas llamamos una ambulancia, lo prometo. -acarició su rostro antes de alejarse- Dejémosla descansar.
…
Luego de llamar a la residencia Daidouji e informar que Tomoyo se encontraba con ellos y que habían tenido prisa de marchar, Eriol y Shaoran terminaron de preparar el almuerzo mientras esperaban que la inconsciente despertara, Sakura iba a revisarla cada diez minutos y se aseguraba que sus signos estuvieran estables.
-Creo que encontré algo. -les informó Sakura luego de unos minutos- Miren esto.
Ella les enseñó el libro que había estado leyendo todo el día y la noche, ambos se acercaron para observar más de cerca.
-Es un árbol genealógico. -señaló Eriol con obviedad.
-¿En qué nos ayuda esto?
-Aquí dice que las brujas guardan sus grimorios, talismanes y otras pertenencias en un escondite familiar, donde sus descendientes pueden encontrarlos. -les informó- Suzan podría tener uno.
-Y crees poder encontrar un descendiente que te lleve a el. -Adivinó Eriol.
-Solo hay que encontrar un pariente. -suspiró y tomo un vaso de agua que se había servido antes de que Eriol llegara- Ese es mi plan.
-Supongamos que encontramos a alguien, -Shaoran le siguió el juego- y hay una bóveda mágica a la cual convencemos que nos lleve. -Sakura asintió y Eriol lo observó, expectante- ¿Qué buscamos? ¿Qué buscamos allí que ayude a Tomoyo?
-Sí. -estuvo de acuerdo Eriol- ¿En la bóveda habría… -le hizo una seña con las manos para que completara la oración.
-Información. -respondió con obviedad- Debe haber algún libro, algún pergamino, un trozo de papel cualquiera en donde ella tenga información sobre el ojo. Ella estaba sacrificando a los niños, ¿cierto? ¿Por qué? ¿Qué buscaba? -apoyó sus manos sobre el libro- ¿Qué sabía ella sobre los ojos?
Ambos magos quedaron en silencio, cavilando y examinando lo que Sakura acabada de exponer. Ella estaba en lo cierto, Suzan estaba en busca de algo, ella sabía algo que ellos desconocían y necesitaban urgentemente averiguar.
-Entonces dónde encontramos a sus familiares. -habló Clow.
Sakura dirigió su mirada hacia Shaoran y Eriol la imitó.
-Voy a hacer unas llamadas. -informó, tomando su teléfono y caminando hacia la cocina para un poco de privacidad.
-Sabes que no nos darán esa información fácilmente, ¿verdad? -preguntó Eriol- Probablemente sea una bruja renegada como Suzan.
-Tu y yo sabemos que vamos a conseguirla a como de lugar, Eriol. -le hizo ver, cerrando su libro y frotándose los cansados ojos- Está en juego la vida de Tomoyo, no podemos fallar.
-…lo sé, solo quería asegurarme que sabes en lo que te estás metiendo.
-Lo sé. -respondió tranquila- No tengo miedo.
Si Eriol supiera… si tan solo supiera que no sería la primera -ni la última- vez que debía ensuciarse las manos y ponerse los zapatos de niña grande, que probablemente esto sería sencillo en comparación a otras ocasiones. Solo que esta vez era distinto, porque esta vez era ella la que decidía marchar hacia la misión, era ella la que quería hacerlo y no porque tuviera la obligación o siguiera ordenes de nadie más.
Si ellos supieran… pero ello no sabían, y eso estaba bien.
…
Abrió los ojos y frunció el ceño inmediatamente, su cabeza parecía haber sido taladrada por horas pues dolía horrores. Llevó una mano a su frente y se encontró con un paño húmedo, lo retiró confundida. Observó la habitación en la que se encontraba, no era la suya pero le era familiar. Se incorporó con cuidado y se acercó a la ventana, reconoció la calle del frente como la del edificio de Shaoran. Se suponía que saldría con Eriol y volverían a almorzar con Shaoran y Sakura, pero no recordaba ninguna de las dos salidas. Se calzó sus sandalias y fue hacia la puerta, debía encontrar algunas respuestas.
Puen Tum
Antes de dar un paso hacia la sala volvió la cabeza hacia la habitación, pero no había nadie allí. La inspeccionó unos segundos más, pero desistió y siguió con su plan. Oyó voces en la cocina y fue hacia allí.
-…creo que debemos ir y encontrarla. -terminaba de decir Sakura, en sus manos tenía una pila de platos y algunos cubiertos.
-Ese es el mejor lugar para ocultarse, tardaremos varios días para encontrar siquiera una pista solida. -habló Eriol, que jugaba con unos vasos sobre la mesada- No será una misión fácil.
-Nunca lo creí. -volvió a hablar la bruja- Pero es la-
-Chicos. -los interrumpió Shaoran, observó a la bruja, luego al mago y por último a Tomoyo que estaba en el umbral- Veo que te recuperaste, Tomoyo. Es un alivio, pensamos en llamar a un médico.
-¡Tomy! -chilló de alegría- Estaba a punto de ir a echarte un ojo, ¿Cómo estas? ¿Te duele algo?
-Debes tener hambre. -habló Eriol- Despertaste justo a tiempo, vamos a la mesa.
Dejó de jugar con los vasos y los apiló y cargó en una de sus manos, con la otra rodeó la cintura de Tomoyo y la condujo hacia la sala-comedor.
-¿Te encuentras bien? -le preguntó con suavidad luego de alejarse de los otro dos.
-Me duele un poco la cabeza, pero estoy bien. -le aseguró, él la instó a tomar asiento y ella le hizo caso- ¿Qué sucedió? -frunció levemente en ceño- Yo estaba esperándote en el jardín, me senté en el columpio y… luego desperté aquí.
-Mmm… Ya veo. -se sentó junto a ella- Fui a buscarte, pero antes de poder llamar a la puerta escuché que gritabas… -hizo una pausa, dejándole espacio para que digiriera sus palabras- Salté la verja y corrí hacia el patio, tu estabas en el suelo, de rodillas, vomitando y… y gritando.
-…
-Te desmayaste y te subí a un taxi y te traje aquí, no quise preocupes a tu madre.
-Gracias por eso. -se apresuró a decir- No sé que hubiera hecho si mi madre me… encontraba en ese estado. -forzó una pequeña sonrisa- Con la última vez fue más que suficiente para preocuparla…
-Le dije que estarías bien. -comentó Sakura, en sus manos cargaba la bajilla- Te di primeros auxilios y revisé tus signos cada diez minutos.
-Pensé que Toya era el que estudiaba medicina. -se burló su novio, quien traía la bandeja con la comida.
-Me da clases de primeros auxilios en cada desayuno, almuerzo y cena que puede. -rodó los ojos mientras tomaba asiento- Aprendí a la fuerza. -mintió y lo disfrazó con una sonrisa.
-De todos modos podríamos pasar por el hospital luego de comer. -sugirió Eriol- Sólo para cerciorarnos.
-Sólo necesito comer algo, estoy bien. -les ofreció una sonrisa genuina a todos.
-Esto está delicioso.
El cuerpo de Tomoyo estaba allí en la cocina pero su mente estaba en otro lugar, en el patio de su casa.
Puem Tum
…
Eriol y ella estaban yendo hacia su casa, el inglés siempre la acompañaba hasta su hogar y esta vez no sería la excepción. Todos habían insistido en reunirse mañana con la excusa de que había tenido un día duro y que debía descansar. Tomoyo pensó que era algo tonto, ya estaban allí y todos habían insistido en no perder más tiempo pero fue cuando se observó en el espejo del baño que entendió el por qué de la insistencia: estaba pálida, tan pálida que casi podía ver a través de su piel. Había una sonrisa forzada en sus labios que no lograba convencer a nadie y sus ojos se veían tan cristalinos que pensó que se larvaria a llorar en cualquier momento. Nadie había pasado por alto su estado, no los había podido engañar.
-¿Han tenido noticias de la señora Li? -preguntó, no habían hablado mucho luego del almuerzo.
-Todavía no, seguramente para mañana ya tendremos algo. -intentó tranquilizarla.
-Seguro…
-Pasaré por ti temprano por la mañana, dicen que la temperatura subirá muy rápido y no quiero que andemos en la peor hora.
-Eriol.
Detuvo su andar, Eriol siguió unos pasos más hasta darse cuenta y volverse hacia ella.
-¿Sucede algo? -frunció el ceño, extrañado.
Puem Tum
-Creo… -dudó en hablar- Creo que tengo una pista.
-¿Una pista? -dio un paso hacia ella, olvidándose completamente del clima por el momento- ¿Qué?
-Vamos a tu casa. -pidió sin titubear ahora- Necesito saber qué significa.
-¿Qué hay en mi casa? -se acomodó sus lentes.
-Vamos a buscar entre los libros otra vez.
Eriol se mostró desalentado cuando escuchó aquello, Tomoyo pudo verlo en su rostro claramente.
-Buscamos en cada libro dos veces, no hay nada más sobre tus ojos o sobre algo que se asemeje. -le recordó.
-Creo que sé por qué no encontramos nada, no buscamos correctamente. -tomó su mano con rapidez y comenzó a guiarlo hacia su casa- Tal vez esta vez lo encontramos.
Tomoyo corrió refugiándose entre las sombras que le otorgaban los árboles y los edificios, aún no oscurecía y el verano podía sentirse con fuerza en Tomoeda, por suerte no estaban tan lejos de la casa de Eriol.
-¡Espera, Tomoyo!
Pero la única hija de Sonomi no se detuvo ni aminoró su paso, siguió halándolo por el resto del camino.
-¡No corras, aún sigues débil! -le recordó él.
-¡Estoy bien! -mintió. Quería llegar de inmediato así que no podía darse el lujo de caminar o descansar, además ya estaban allí.
-Deja de mentir. -le pidió, sacó la llave de su bolsillo y ambos entraron- Te acabas de recuperar de un desmayo, tendríamos que estar en el hospital.
-Sólo me descompensé, Eriol. -volvió a mentir- Estoy bien, en serio.
-¿Qué estamos buscando? -preguntó, sabía que perdía su tiempo recomendándole ir al hospital.
Ella recordó a lo que venían y subió las escaleras seguida por el mago, la biblioteca estaba arriba. La habitación era casi del mismo tamaño que la sala, los estantes ocupaban cada pared y estaban repletos de libros. Eriol le había contado que eran todos libros del viejo Clow, él los había recuperado poco después de dejar Tomoeda. Una gran parte fue recuperada de China, otros quedaron en las residencias de Europa central y Japón. La colección era extensa y antigua, el mago estaba interesado en los distintos tipos de magia del mundo.
-El libro de los Ojos de Shinigami está por aquí. -comentó él, acercándose a uno de los estantes.
-No, ese libro no. -lo detuvo.
-¿Entonces…?
-Creo que no estamos buscando algo… -se acercó a otro de los estantes y comenzó a leer los lomos de los libros rápidamente- Estamos buscando a alguien.
-¿Alguien? -se acercó hacia el estante donde ella inspeccionaban- ¿Quién?
-Es… -el recuerdo de aquella mañana volvió a ella.
Puen Tum
-Puen Tum. -dijo, se volteó hacia Eriol- Ellos lo llaman Puen Tum.
-Puen Tum… -repitió el mago, sintiendo las palabras en su boca.
-Debemos saber quién es, tal vez haya algo por aquí. -volvió su atención a los libros.
Mientras Tomoyo seguía revisando título por titulo en los estantes el cerebro de Eriol estaba trabajando a toda su capacidad. Las palabras Puen Tum rebotando entre las paredes de su mente, excavando entre los recuerdos de su vida pasada para ver si esa palabra la había escuchado antes. ¿Quién o qué era un Puen Tum? ¿Por qué no había escuchado sobre eso antes? No le sonaba para nada.
-Eriol, ¿me das una mano? -pidió.
-Nunca escuche aquél nombre. -confesó mientras se posicionaba en otro estante y abriría el primer libro en su índice- Así que estamos a ciegas. -le advirtió.
-Entonces esto tardará un poco. -lo imitó y comenzó a leer los índices además de los títulos- Me suena a latín.
-'Tum' tal vez. -estuvo de acuerdo- Pero no creo que estemos buscando el lugar de procedencia de ninguna planta, ¿verdad?
-Tienes razón… -concordó. Guardó el libro de sus manos en el estante y siguió con el próximo.
-Pero tal vez estés en lo cierto, debe ser otro idioma, pero no latín.
-No es inglés o español… -pensó en voz alta- ¿Francés?
-Tampoco. -cerró con fuerza el libro entre sus manos- Esto tomará demasiado tiempo. -gruñó.
-Necesitamos ayuda. -suspiró.
-No, necesitamos algo de magia. -se alejó del estante donde estaba y fue por Tomoyo- Ven, necesitamos alejarnos para esto.
-¿Qué vas a hacer?
-Es un viejo truco de un amigo. -levantó ambas manos hacia el primer estante a la derecha y el pentagrama de Reed Clow apareció bajo sus pies y sobre sus cabezas- Parmi des centaines de possibilités, parmi des centaines de mots, vous trouverez Puen Tum.
Los libros comenzaron a flotar fuera del estante y frente a Tomoyo y Eriol, estos se abrían y sus hojas se pasaban con gran velocidad hasta cerrarse y volvían a su lugar en el estante, luego otro libro se abría y repetía el mismo procedimiento, luego el próximo y así hasta acabar con el estante y pasar al siguiente estante. La joven observó a Eriol maravillada, no le habló por temor a desconcentrarlo y que el hechizo se desvanezca. Se sentía como la Bella en el castillo de la Bestia, con los muebles y objetos moviéndose solos por todas partes. Estaban siendo examinados los libros de último estante cuando uno de los libros no se cerró ni volvió a su lugar, si no que levitó hacia los brazos de Eriol y los demás libros siguieron siendo abiertos, leídos y guardados. El hechizo finalizó y el pentagrama de Clow desapareció, sólo uno de los cientos de libros contenía información sobre 'Puen Tum'.
-Es este. -le ofreció el libro a Tomoyo.
La Daidouji acarició el encuadernado desgastado de color azul noche y repasó el contorno del titulo con sus dedos.
-'Cuentos para soñar despierto' -leyó el título- No tiene autor, ni editorial. -frunció el ceño al no encontrar el nombre de aquel autor.
-En la antigüedad brujas y magos publicaban investigaciones y las dejaban en manos de los humanos. -le explicó el mago- Había quienes lo veían como bromas, otros sólo querían observar a los humanos volverse locos. Con los años se decidió recuperar los ejemplares para que los seres no mágicos no se entrometieran en los asuntos mágicos. -señaló el libro en las manos de su amiga- Este ejemplar fue uno de los recuperados, se lo obsequiaron a Clow como broma de mal gusto.
-¿Una broma? ¿Cómo? Clow era un mago y este era un libro sobre magia, no entiendo.
-No todos eran auténticos, muchos sólo inventaban historias descabelladas y las pasaban por verídicas. -frunció el ceño- Este libro son sólo eso, ideas descabelladas y para nada ciertas escritas por seres mágicos con un pésimo sentido del humor.
Tomoyo se apresuró a abrir el libro en el índice y buscó entre los títulos.
-Los hijos del gusano, La telaraña de Madre Selva, La tierra de las bestias. -Eriol leía cada título con más odio que el anterior- Son sólo historias, no encontraremos nada que nos sirva.
El mago se aparto de su amiga y fue por el libro que había leído una decena de veces en esta semana, el de los Ojos de Shinigami. Pero Tomoyo no se rindió y siguió leyendo los títulos restantes hasta dar con el indicado, el que estaba buscando.
-'Un Puen Tum viene a verme' -pasó las páginas hasta llegar a la que indicaba el índice, pero la página no estaba- ¡Eriol! -lo llamó, alarmada.
-¿Qué sucede? -se acercó al trote con un libro propio entre manos.
-Mira esto. -le mostró el libro abierto.
-¿'El mar arco iris'? -leyó el título- ¿Y eso en qué nos ayuda? -preguntó sin comprender aquél título.
-¡El capítulo de Puen Tum no está! -le hizo ver los fragmentos que quedaban de las paginas arrancadas y él observó con atención esta vez.
-¿Falta la página? -se extrañó- Eso es imposible, el libro estaba en perfectas condiciones.
-No arrancaron la página, arrancaron el capítulo entero. -gruñó.
El capítulo que Tomoyo necesitaba iniciaba en la página 232, pero de la página 231 saltaba directamente a la 284, donde iniciaba un nuevo capítulo en el libro de 'Cuentos para soñar despierto'.
-¿Revisaste los libros cuando los encontraste? -inquirió ella.
-No, pero mis bibliotecas tienen sellos mágicos, si alguien hubiera entrado yo me hubiera enterado. -frunció el ceño- Ninguna tenía su sello roto.
-… ¿Y esta biblioteca? -volvió a preguntar- ¿Está asegurada esta biblioteca?
Y Eriol no tardó en negar con la cabeza.
-La biblioteca no, pero la casa sí. -entre cerró los ojos- Nadie entra sin mi permiso si no me enteraría.
Y aquella declaración fue todavía mas alarmante.
-¡Era la única pista que teníamos! -gritó, furiosa- ¡Y no está! ¡La robaron!
Llevada por la furia y descripción arrojó el libro contra uno de los estantes y esta cayó al suelo, las mejillas de Tomoyo se tiñeron de un rojo furioso y sus ojos brillaban por las lágrimas de rabia acumuladas en ellos. Sus hombros se tensaron y sus manos se transformaron en un manojo de puños.
-Oye… -la tomó por los hombros y le sonrió- Tranquila, vamos a encontrar las respuestas que necesitas.
-¿Cuándo?... ¿Antes de mi próximo ataque? ¿Antes de que esto empeore? -la rabia que cargaba se filtraba en cada palabra.
-Voy a intentarlo, lo prometo. -bajó de sus hombros hacia sus manos y las tomó entre las suyas- Se supone que te lo diríamos mañana, pero…
-¿Qué? -preguntó esperanzada.
-Encontramos una bruja, una descendiente de Suzan, que podría tener respuestas.
-¿Una bruja Pratt? ¿Dónde? -preguntó está vez preocupada- ¿China?
-No exactamente… -hizo una pausa- Las Pratt son oriundas de Francia.
-¿Francia? -repitió, alarmada.
-Pero esta bruja se mudó de Francia a Estados Unidos… en Nueva Orleans. -terminó de decir aquello en medio de un suspiro.
Tomoyo no era una persona curiosa de nacimiento, pero desde que había descubierto que la magia existía y que sus amigos eran parte de ese maravilloso mundo las preguntas a veces escapan de su boca en una carrera y no podía detenerlas. Su amigo siempre había saciado su curiosidad y respondido cada pregunta y repregunta, incluso él le contaba sobre seres, lugares o descubrimiento por su propia cuenta. Era un tema muy común en sus charlas.
Nueva Orleans había sido un tema que bella recordaba muy bien.
-Deben existir bastantes brujas y magos en el mundo, ¿verdad?
Aquella tarde estaban en el patio de su casa, Eriol la había acompañado a su casa y ella le había pedido que se quedara a charlar, siempre estaban charlando.
-No tantos, pero supongo que un diez por ciento de la población mundial, tal vez un once. -respondió algo dudoso- No creo que haya un censo que indique la cantidad exacta.
-Es un número notable aunque sea solo un diez por ciento… -se sorprendió- ¿Estuviste en alguna ciudad con más brujas que humanos?
-Veamos…
Estaban acostados sobre el césped, los arboles bloqueando parcialmente los rayos solares, una junto al otro observando el cielo azul.
-Suelen haber puntos más copados por brujas y brujos, pero estos varían con los años y épocas.
-¿Cómo China cuando tu eras Clow? -recordó ella.
-Sí, fue una época de apogeo en China. En oriente siempre Japón y China son puntos clave para brujas y brujos.
-¿Y un lugar que sea siempre de apogeo? -insistió- Debe haber un lugar, algo como la cuna de la magia.
-Recuerda que hay distintas ramas de magia. -le advirtió- Cada una con sus orígenes sobre la tierra.
-Mmm… -estaba a punto de rendirse.
-Oh, acabo de recordarlo. -dijo de repente- Hay un lugar, una ciudad justamente.
-¿Cuál? -volvió a animarse.
-Es una ciudad turística donde se vive de la magia, magia de todo tipo, incluso cosas que no te imaginas. -le sonrió, sabiendo que le estaba gustando aquello que le contaba.
-¿Cómo cuales? -sus ojos brillaban de pura emoción.
-Mujeres con serpientes colocando de sus cuellos, ancianas con sus muñecos vudú, cánticos y bailes, rituales de sacrificio… todas la variantes de la magia negra.
-¿Y magia blanca?
-Talismanes, remedios naturales y pócimas de amor… -se rio- Hay muchas brujas falsas, personas que se dedican al timo de turistas y los estafan con cualquier baratija o agua con colorante.
-¡Eriol! -se quejó- ¡Yo me refería a brujas de verdad!
-No dije que todas lo fueran. -se incorporó del suelo y se sentó, ella lo imitó- Si buscas con cuidado… -juntó sus manos y formó un hueco en su interior- Encontrarás la verdadera magia en Nueva Orleans… -volvió a abrir sus manos y una rosa blanca descansaba sobre sus palmas- La ciudad que está siempre de fiesta. -le ofreció la flor y ella la aceptó con un pequeño sonrojo.
-Nueva Orleans está llena de brujas. -le recordó ella.
-Es el perfecto escondite para una bruja, escondida a plena vista.
…
-¿Ya llegaron al nuevo escondite?
La rubia torció la boca y reajustó el agarre de su bolso.
-Sí, ya llegamos… -respondió lánguidamente.
-… estás mintiendo. -debatió- ¿Dónde están?
-Estamos en… -dudó nuevamente- Un lugar muy seguro, lo juro.
-¿Dónde? -insistió.
-¡Llegó mi taxi, debo colgar! ¡Adiós! -alargó la 's' y colgó rápidamente, Skull había pillado su mentira demasiado rápido.
No había llegado ningún taxi y tampoco estaba en Nueva Zelanda como habían acordado, había hecho unas llamadas y obtuvo información muy interesante, así que envió a Matt a despistar a sus enemigos y ella escapó a la boca del lobo.
Las trompetas prorrumpían al son y marcaban un ritmo carnavalesco, unos saxofones interpretaban perfectamente un jazz festivo y los turistas aplaudían y reían en las calles y veredas. Los bares y restaurantes abarrotados, la gente comía y bebía disfrutando de la buena música de Nueva Orleans.
…
