Este es un segundo OneShot, algo así como la "otra cara" y continuación de "Si algún día nos volvieramos a ver".

Espero que lo disfuten ^^


Memorias que no quedan en el olvido

-La vida de un humano puede extinguirse en tan solo un suspiro, un segundo, sin aviso, en ocasiones sin razón, simplemente sus vidas acaban, todo lo que nace muere, esa es la ley de la vida… y, en ocasiones cuando esto sucede deben de ser esas almas juzgadas… para eso estamos nosotros, los árbitros, aquí, esa es nuestra función… -una chica de cabellera verde agua hablaba para sí misma, observando un viejo libro de cuentos, una idea surcaba su mente, una que, sabía podía hacer enojar aún más a Oculus, pero, tenía curiosidad. A su lado, sentada estaba Quinn, ambas bebían con calma.

-Nona… no crees que es muy arriesgado todo esto? –pregunta esta con cierto tono de reproche en su voz mientras en su mano sostenía una botella de sake.

-Quinn… si bien es arriesgado, quiero demostrarle a Oculus que se equivoca al pensar que no somos más que maniquíes… que un árbitro no es capaz de tener sentimientos así como de manejarlos… -responde la aludida con calma mientras una pequeña sonrisa de autoconfianza se forma en su rostro.

-Le tienes mucha confianza, ¿no? –habla la castaña mirando hacia el frente, sabía que para ese punto no había prácticamente nada que hiciera cambiar de idea a Nona, quien, solamente sonrió mirando de reojo a la castaña en respuesta a su pregunta antes de ponerse en pie y marcharse del lugar.

Ambas mujeres bajaron a aquella zona donde se recopilaban todos los recuerdos de cada humano que moría, tanto los recientes como los antiguos, aunque estos últimos se encontraban prácticamente en una especie de "biblioteca", en la cual casi nadie era capaz de ingresar.

Recorrieron con calma cada pasillo hasta detenerse, Quinn subió una larga escalera, rebuscando nombre por nombre mientras Nona aguardaba teniendo sus brazos tras su espalda, siguiendo cada movimiento que la contraria realizaba.

-¡Lo encontré! –dijo la castaña, bajando rápidamente, entregándole algo similar a un "libro" a la contraria.

-¿Tiene incluso sus recuerdos aquí, no? –pregunta nona obteniendo un asentimiento en respuesta- Bien… gracias por la ayuda Quinn –sonrió y se marchó llevando el libro en sus manos.

Al llegar al ascensor, sin dar explicaciones o siquiera mostrar aquel libro, le indicó a Klavis que deseaba ir al piso más bajo. El contrario si bien se extrañó ante aquello, no se negó. El ascensor bajó con lentitud hasta llegar al depósito donde los maniquíes estaban.

Nona comenzó a andar, adentrándose cada vez más entre los maniquíes, tomando uno al azar, uno con forma femenina, luego volvió al ascensor y pidió ir a su recinto sin molestarse en explicarle nada a Klavis.

Una vez ahí, tomó el libro entre sus manos tras dejar al maniquí recostado boca arriba en el suelo y, colocó estos frente a ella. Si bien sabía que iba contra las reglas, creó un nuevo árbitro, uno que contendría en su memoria esos recuerdos así como los de su reencarnación, un árbitro que fue un humano dos veces y que había fallecido aquel día. Poco a poco el libro fue desapareciendo, los recuerdos fueron absorbidos por el maniquí y el aspecto de aquella chica se plasmó en el mismo.

Lentamente sus ojos se abrieron dejando ver un par de pupilas púrpuras, parpadeó un par de veces antes de mirar a Nona.

-¿Nona…? –confundida se sentó colocando una de sus manos en su propia frente, todos sus recuerdos, los de ambas vidas, pasaban por su memoria, la forma en la que murió y luego sus recuerdos de cuando estuvo por primera vez en aquel mundo.

Satisfecha, la de cabellera atado en trenza sonrió.

-Bienvenida de vuelta, Chiyuki –saluda de forma educada sin borrar su sonrisa- han pasado casi sesenta años desde tu reencarnación.

Escuchar aquello alarmó a la de cabellera oscura, quien posó su mirada en la contraria con sorpresa.

-He muerto de nuevo pero… ¿Por qué puedo recordar cuando estuve aquí e incluso mi vida anterior?...

-No estás aquí para ser juzgada… sino… para ser un árbitro como nosotros –nona le tiende su mano para ayudarla a ponerse en pie- será la primer árbitro que ha sido humano, yo me he encargado de que nada de tus recuerdos se hayan perdido…

-Pero… ¿por qué yo? –preguntó perpleja tras escuchar la breve explicación de Nona.

-Con el tiempo lo sabrás.. –respondió y se encaminó a buscar algo de ropa, tendiéndole esta a la chica tras regresar- Vístete, yo debo informar a quien será tu "tutor", al volver te enviaré con él –sonrió y sin más se marchó.

Una Chiyuki confundida se quedó en aquel lugar. Solo se vistió y se sentó, encontrando el libro de Chavvot que Nona había guardado, sonrió con nostalgia perdiéndose en sus recuerdos de vida anterior a la última, sin embargo fue interrumpida por pasos a la distancia. Nona estaba de regreso, y se detuvo frente a ella.

-Bien, él te espera, así que ve –le dedica una sonrisa calmada.

-¿Quién será mi "tutor"? –pregunta Chiyuki mientras se pone en pie.

-Klavis te dejará con él –no le dice quien la espera, solamente la envía al ascensor.

Chiyuki no hace más preguntas y se dirige al ascensor. Entra siendo saludada por un levemente sorprendido Klavis, quien baja alta el quinceavo nivel, estando en silencio todo el tiempo.

El ascensor llega a QuinDecim, sus puertas se abren dejando ver aquel pasillo, Chiyuki conoce bien el lugar y algo en su interior se alegra. Sus pasos son tranquilos mientras camina hacia la barra, lugar donde se encontraba el árbitro albino, este parecía ajeno a su llegada, al punto en el que hizo una reverencia para saludar pero sus palabras murieron en su boca. La de cabellera oscura sonrió ladeando levemente su cabeza.

-Decim… -dice ella sin borrar aquella sonrisa, contemplando la expresión de sorpresa que el contrario tenía en su rostro.

-Chiyuki-san… -responde al fin tras unos breves momentos de silencio.

El árbitro asombrado dio un rodeo a la barra, saliendo tras de esta para caminar hasta quedar frente a aquella chica casi sin poder creerlo.

-Veo que no se te ha olvidado mi nombre –dice sin dejar de sonreír, no podía hacerlo, de alguna manera estaba contenta de volver a ver a aquel árbitro.

Las palabras de ella causaron que se formara una leve sonrisa en el rostro del albino.

-No, en todo este tiempo no me he olvidado de usted, Chiyuki-san… después de todo.. ¿Cómo olvidar a quien me enseñó tanto?...

El rostro de Chiyuki pareció mostrar una leve decepción sin ser consciente, sin embargo volvió a sonreírle de forma amable.

-Ya veo.. creo que debo agradecerte eso… -mira al maniquí que tenía su aspecto y camina hacia este, tomando los muñecos de Chavvot en sus manos mientras sonreía un poco, recordando el "hobby" que el árbitro tenía.

Observó luego alrededor, notando que había maniquíes nuevos, evidenciando que muchas más personas llegaron al QuinDecim luego de que ella se marchó, sin embargo, por lo demás nada había cambiado pese a haber pasado casi más de 60 años. Decim caminó hacia ella captando su atención e hizo una seña.

-¿Le parece si nos sentamos?.. tengo muchas cosas que contarle –sin esperar respuesta comienza a caminar siendo seguido al poco tiempo por la de cabellera oscura.

Ambos se sientan en el sofá, uno al lado del otro, Decim siente cierto nerviosismo pero a la vez, felicidad, era ella sin duda alguna.

-Después de su partida… mis juicios no son tan fríos como antes... tomo mejor las decisiones sobre quién debe de ir al vacío y quien merece la reencarnación –comienza a relatar mirando brevemente los maniquíes, todos los que se encontraban en el lugar, hasta que finalmente observa a Chiyuki- todo se lo debo a usted…

-Yo no… y-yo no hice gran cosa.. –las mejillas de la contraria toman un suave sonrojo debido a la pena, ella realmente no sentía haber hecho algo.

-Hizo más de lo que usted cree… -el rostro del árbitro era serio- pero… eso no es todo… -una de sus manos se acerca y toma una de las manos contrarias, eleva esta y la coloca en la zona donde generalmente está el corazón. Chiyuki lo observa con los ojos levemente abiertos por la sorpresa sin entender- Chiyuki-san… usted ha… ha hecho que conozca personalmente un sentimiento que pensaba era extraño… uno que muchas veces vi aquí en aquellos invitados que morían y resultaban ser pareja… ese llamado "amor"… -su mirada bajó levemente mientras las mejillas del árbitro parecían teñirse con levedad de color carmín.

-Decim… -no fue capaz de pronunciar nada más debido a la impresión, analizaba cuidadosamente cada palabra sin acabar de comprender.

-Chiyuki-san… usted despertó en mi ese sentimiento… ese "amor" va dirigido únicamente a… usted… -sus ojos se clavaron en los purpura.

Lentamente el árbitro se inclinó hacia ella, Chiyuki no se movió, sus ojos se fueron cerrando conforme la cercanía entre ambos iba disminuyendo. Finalmente los labios del albino se posaron sobre los de la chica, disfrutando de aquella sensación sumamente inusual pero cálida y gratificante.

Con lentitud se separaron y se miraron a los ojos, el árbitro tenía un brillo singular reflejado en los de la contraria, ambos se dedicaron una sonrisa tanto dulce como cómplice.

Ambos hicieron ademán de hablar sin embargo el sonido de un par de ascensores los alertó. Las memorias de ambos fallecidos fueron brindados a los dos árbitros, así que sin más se pusieron en pie rápidamente.

Ambos se colocaron tras la barra al tiempo en el que los ascensores abrieron sus puertas. Un par de mujeres confundidas entraban al lugar y se detenían frente a la barra.

-Bienvenidas… a QuinDecim –saludaron ambos árbitros al mismo tiempo mientras daban una pequeña reverencia.


Hice este One Shot porque vi que habíal algunas personas que deseaban que lo continuara, así que espero en verdad que les haya gustado ^^

Nos leeremos luego ^^