Tormenta e Impulso en Hogwarts
Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen a mí, sino a JK Rowling. No me pagan por esto tampoco, obviamente.
La invitación.
Phineas Nigellus, se encontraba en distensión total. Uno de los pocos beneficios de ser director de Hogwarts era la enorme cantidad de servicios y subordinados a su disposición; y ya que había aceptado un empleo horrible, en el cual debía hacerse cargo de niños gritones —y para colmo atender a sangres impuras— se había empeñado en extraer el mayor beneficio como máxima autoridad.
Se hallaba en su despacho, desparramado en su cómoda silla detrás del escritorio con los pies apoyados en una butaca de terciopelo. En su escritorio había bandejas rebosantes de aperitivos y bocadillos para picar, aquello era el paraíso. Tres golpes a la puerta lo sacaron de su estado de relajación. Phineas gruñó.
—¿Diga? — preguntó tratando de parecer ocupado mientras con un movimiento de varita hacía desaparecer las bandejas de bocadillos y sustituirlas por pergaminos y libros.
— Soy Horace Slughhorn, profesor Phineas, señor. Le traigo la información que me pidió —le respondió una voz amortiguada.
—Adelante, pase, pase.
Un joven de unos trece años entró apresuradamente en el despacho y se sentó.
— Sírvete algo. — Hizo aparecer una de las bandejas anteriores.
— Muchas gracias. — Comenzó a comer sin inhibiciones. —Verá, hablé con él directamente y está bastante seguro de su decisión. No le interesa.
Phineas arrugó la frente.
— ¿Qué pretende ese mestizo? ¿Por qué de pronto se niega?
— No es eso. En realidad nunca le atrajo la idea.
— Hmmm…. — Comenzó a acariciar su negra barba, absorto en sus pensamientos. —Cualquiera hubiera pensado que… dada su enorme trayectoria…
— Yo pensaba lo mismo, señor. Le dije que era una gran oportunidad para él, pero me dijo que no lo hará. Y lo conozco bastante bien como para decir que así será.
— Vaya. Eso me pone en una gran disyuntiva. Si no es él, ¿quién? –
—Estuve sondeando, y hay varios buenos candidatos interesados, están por ejemplo, Whistledale, Clifftree, Silverspoon, Nightingale… —El director lo interrumpió agitando su mano con impaciencia.
— ¡Ningún sangre impura se presentará, eso sería una deshonra!
— Con todo respeto, señor, eso es algo que está más allá de su alcance.
— No, bueno, en todo caso es imposible que algún sangre impura lo consiga… — Volvió a acariciar su barba. —Vaya, yo tenía mis esperanzas depositadas en él… ¿Le preguntaste a alguno de…?
— Sí señor, hable con Doge, y luego de insistirle mucho dijo que lo haría, aunque en realidad recalcó en que no es asunto de él y su amigo es libre de elegir.
—Sí, claro, claro. Yo en realidad hablaría con él pero… en realidad nunca me tuvo mucha estima… Vaya, quizás debí haberme comportado mejor con su madre. En fin, gracias por tu información. Puedes marcharte.
— No hay de qué señor. —Pese a esto, arqueó las cejas.
— Ah, sí, apúntate unos 20 puntos para Slytherin. — Slughorn frunció el entrecejo y se fue. Al parecer, esperaba una recompensa mayor.
Una vez estuvo solo, la totalidad de las bandejas volvieron a aparecer. Suspiró profundamente mientras se servía una copa de hidromiel. Trataba de hacer oídos sordos a todos los comentarios negativos —que no eran pocos— en relación a su desempeño como director, pero no podía negar que su reputación no era buena y sabía que todos lo culpaban del desprestigio que estaba teniendo Hogwarts.
Había depositado toda su esperanza en él para volver a poner el nombre de su colegio en alto —y de paso borrarle la cara a los engreídos de Beauxbatons, que se habían llevado la copa ya tres veces consecutivas—, pero sabía que Albus Dumbledore, el alumno más brillante que jamás haya tenido Hogwarts, no era una persona fácil de manipular.
— ¡Grindelwald! — La potente voz de su profesora acentuada con un fustazo que dio contra su mesa hizo que el aludido se sobresaltara y la mirara algo distraído, con el corazón latiéndole furiosamente a causa del fuerte sonido. —¿Has oído algo de lo que dije? — Preguntó con sus feroces ojos clavados en éste.
— Sí profesora Hellwing— Mintió Gellert con toda naturalidad. Una risa desagradable sonó tras él sin disimulo y giró para encarar a quien lo había emitido. Volvió a sentir la fusta azotarse furiosamente contra su pupitre.
— Mírame, que no he terminado de hablarte. — Le exigió la profesora, tocando levemente la mejilla de Gellert. Retrocedió y se puso delante del pizarrón con una expresión maliciosa en los ojos. – Supongo, entonces, que ya que escuchaste las instrucciones de la ejecución del maleficio de la ceguera, y debido a esas… grandes habilidades que te encanta decir que tienes, serías capaz de hacernos una demostración delante de toda la clase ¿No crees? — Ahora, unos tres alumnos reían en las filas de atrás, seguramente encantados con la humillación a su compañero.
Gellert se calmó un poco y sonrió. Maldición de la ceguera… ¡Por supuesto que lo sabía! Él había dominado esa maldición hacía un par de años. Un tanto frustrado, se levantó pesadamente de su pupitre y se dirigió hacia donde su profesora. Las risas se hicieron menos disimuladas.
— ¿Puedo elegir a mi víctima? — preguntó con diversión.
— Como quieras, no creo que seas capaz siquiera de provocarle una catarata.
— Blatter— pronunció Gellert inmediatamente con un brillo en sus ojos.
Las risas cesaron y se levantó el primero que había reído. Seth Blatter se puso de pie con una expresión altanera y se dirigió hacia Gellert con una mueca de desprecio. Era todo lo contrario a Gellert: alto, bastante fornido, de aspecto peligroso y con bastante éxito entre las chicas (el típico jugador de Quidditch), pero Gellert no se dejó intimidar. Apuntó inmediatamente a los ojos y pronunció claramente.
— ¡Necrois!
El alarido de sorpresa y dolor de su compañero hizo sonreír a Gellert con aún más malicia. Seth se llevó las manos a los ojos. Algunas alumnas chillaron preocupadas.
—Bebe esto. — Dijo la profesora con calma mientras destapaba una botellita de cristal.
— ¡Duele como mil demonios!— exclamó Blatter con la voz quebrada de dolor — ¡MALDITO GRINDELWALD YA VERÁS CUANDO…!— Dejó de quejarse para beber la poción que le estampó la profesora en su boca. Los gritos de dolor cesaron y el atacado entornó los ojos a sus manos.
— Aún no puedo ver del todo — se quejó.
— Ya pasará, ahora ve a sentarte— le ordenó la profesora un tanto frustrada. Como alumno de Durmstrang, Blatter debería estar acostumbrado a ese tipo de maleficios.— Tú también, Grindelwald. —A éste, en cambio, le dedicó un ligero asentimiento de aprobación. No quería admitirlo, pero pese a todo, Gellert Grindelwald siempre les tapaba la boca a quienes dudaban de su capacidad o se burlaban de él. — Bien, como acaban de notar, el maleficio de ceguera forma parte de la regla excepcional de maldiciones sin contramaldiciones…
Gellert, sentado en su pupitre, volvió a mirar hacia los terrenos del castillo, ahora pensando en la liga interescolar de Quidditch que se avecinaba. Su equipo aún estaba desprovisto de un bateador y dos cazadores, y como siempre, Blatter ganaría por paliza. Resopló con frustración. Ese chico era un estúpido, pero siempre tenía todo. La vida en Durmstrang apestaba, y cada vez estaba más consciente de eso. Quizás podría escaparse el día en que los candidatos a campeón dejen en Instituto, aprovechando todo el barullo.
—… Por lo que deberán complementar su tarea con la materia vista en pócimas. La próxima clase llevaremos en práctica el maleficio. Pueden retirarse.
Los alumnos se pusieron de pie, emocionados, comentando lo que habían visto y abandonaron animadamente el aula de Goecia. Los amigos de Blatter lo rodearon dándole su apoyo y lo ayudaron a levantarse.
— Me las pagarás maldito— le susurró Blatter al pasar por el lado de él. Volvía a recuperar su arrogancia ahora que estaba rodeado de sus amigotes (entre ellos, su propio hermano), quienes también le lanzaban miradas de desprecio.
Gellert salió de su ensimismamiento y miró a Blatter salir del aula con una sonrisa triunfante. Se lo tenía merecido.
— Grindelwald, ven aquí un momento— le ordenó Hellwing, quien tenía una mirada de determinación en los ojos.
— Eh, profesora, debo llegar a tiempo para la clase de Rituales y Pactos…— Gellert quería evitar a toda costa una reprimenda de la profesora por no estar poniendo atención en clases. En Durmstrang, las reprimendas solían estar acompañadas por castigos terribles, que incluían violencia y dolor.
— No te preocupes, no tardará mucho— dijo Hellwing sacando un sobre y un papel de un cajón en su escritorio. Gellert se acercó con cautela. —Quería invitarte. — Tomó aire, como si le costara emitir aquella invitación. —Más bien sugerirte...— Su tono ahora había cambiado, ahora era seguro, como si no admitiese un no como respuesta. —... A que participes en el Torneo de los Tres Magos. La verdad es que ya es tercera vez consecutiva que obtenemos el último lugar en este, y es hora de emprender acciones drásticas. Tendrás mi completo respaldo.
— Elphias, te lo repito– Dijo una voz profunda cargada de paciencia. — Con la carga que conlleva ser delegado y la presión de los EXTASIS, no me parece prudente participar en el torneo.
— Vamos, Albus, no me digas que crees que no podrás con tanta carga ¡Eres capaz de todo y mucho más, lo sabes!— lo animó su amigo con una sonrisa. Tenía el cabello rubio oscuro y cicatrices en su rostro.
— ¿Quién hace tanto ruido?— Resonó una voz detrás de las estanterías.
Albus dejó de leer y miró a su alrededor. La biblioteca se hallaba casi vacía. Unos cuantos alumnos de sexto y séptimo, sin embargo, estaban sentados cerca de ellos escuchando disimuladamente su conversación. Y es que la inminente participación de Albus Dumbledore en el Torneo de los Tres Magos era tema de preocupación a nivel escolar.
Pero Albus no lo hacía por las razones dadas a su amigo. Claro que él era capaz de lidiar con todo eso y mucho más. No. Sus razones jamás las habría dicho en público. Ya sabía que muchos lo consideraban un niño prodigio (y, modestia aparte, lo era) y tenía más que claro que de postularse, quedaría seleccionado, e incluso, ganaría. Pero los elogios y condecoraciones no le servirían de nada. Recordó la indiferencia que sintió cuando en las vacaciones se le informó que recibiría el Premio Anual. ¿Ayudaría eso a sacar a su padre de Azkaban? ¿Curaría eso a Ariana? No, claro que no, y por eso creía que el hecho de salir campeón le produjera sentimiento alguno. Era como si ya nada valiese la pena; como si el camino que había tomado no era el indicado; como si hacer siempre lo correcto no diera resultados. Hiciera lo que hiciera, su familia seguía siendo una triste miseria, y eso nada lo podría cambiar.
— Mira Albus, No quiero presionarte ni nada parecido. Es simplemente que me sorprende que…
— No participaré, Elphias, y estoy bastante seguro de mi decisión— sentenció Albus. Unas voces, al lado de éste, emitieron un débil quejido—. Ahora ruego me disculpes, debo hacer una ronda por los pasillos antes del almuerzo. – Cerró el pesado volumen, lo devolvió a las estanterías y se dirigió a la salida de la biblioteca, dejando a su amigo decepcionado.
Mientras realizaba su solitaria e innecesaria ronda, iba encontrándose con profesores o alumnos, quienes lo saludaban con gran entusiasmo, a los cuales Albus respondía cortésmente mientras sus pensamientos divagaban de una extraña manera, llegando a conformar una extraña asociación de ideas. El Torneo, su padre, su hermana, los muggles, el premio anual, las ofertas laborales que le llegaban todas las semanas ¿Su ambición habría desaparecido, o sólo era que no estaba tomando el rumbo adecuado?
Se detuvo, como si eso apartara de su cabeza toda su confusa red de pensamientos. Había llegado a la Sala Común de Gryffindor, la cual se encontraba vacía. Albus cogió un ejemplar de la Caravana Diaria que se hallaba en una de las mesitas de centro y el epígrafe y el título de la noticia principal
"Grupo rebelde capturado en Escocia. Arriesgan cadena perpetua en Azkaban por transgredir gravemente el Estatuto Internacional del Secreto."
Se le encogió el estómago al pensar que aquello pudo haberle pasado a Ariana: enclaustrada en San Mungo, o incluso en Azkaban por ser un peligro para la comunidad mágica, o mejor dicho, un peligro para el Estatuto Internacional del Secreto. Lo peor de todo, es que no era culpa de ella.
La noticia, en vez de emocionarlo, le hizo fruncir el entrecejo, con recelo.
— ¿Está segura de esto, profesora? ¿De verdad piensa respaldarme o quiere deshacerse de mí? ¿Acaso ahora me consideran tan peligroso que quieren exiliarme al castillito ese de Hogwarts?
La estricta profesora no pudo reprimir una sonrisa.
— Mira Gellert, me cuesta admitirlo, porque no tienes control de ti mismo y a veces demuestras que no tienes ambición; lo cual me decepciona mucho de un mago talentoso como tú.— Gellert se sorprendió, muy pocos profesores lo habían elogiado—. Pero tienes todo lo necesario para convertirte en un potencial Campeón de Durmstrang y estoy dispuesta a respaldarte.— Volvió a tomar aire—. ...así me cueste mi reputación. Ya sabes que no eres bien visto por el consejo estudiantil, pero qué más da. Estoy vieja, y mi única ambición antes de morirme es que Durmstrang recupere su antigua gloria.
Gellert miró a su profesora como si reparara en ella por primera vez en los dos años que le había estado enseñando. De rostro ligeramente arrugado y pelo descolorido que apenas se dejaba ver debido a que tenía su cabeza cubierta con un hábito. Sus ojos grises emanaban decisión. Gellert no se había planteado la decisión de postular a candidato a Campeón de Durmstrang, sabía que necesitaría una carta de recomendación, cosa que ningún profesor haría, puesto que lo consideraban un peligro. El único profesor que le tenía estima era llevaba muy poco tiempo en Durmstrang como para poder recomendar. Pero ahí estaba, la profesora más estricta de todo Durmstrang ofreciéndole su respaldo.
Por supuesto que le atraía la idea de ser campeón. No solo por ganar fama y reputación en el extranjero, sino porque el Torneo y Hogwarts le ofrecían la posibilidad de encontrar nuevos límites que transgredir. Hacía tiempo que quería visitar Gran Bretaña…
La profesora Hellwing vio un brillo de ambición en los ojos de su alumno.
—Te veo tentado, Grindelwald— aseguró mientras llenaba rápidamente el pergamino para registrar a su alumno—. Bien, debes entregarle este formulario al director, a estas horas debe estar comenzando su reunión con el consejo estudiantil, si te apresuras, podrás entregársela en la sala de profesores, ya que luego debe realizar un viaje a Oslo.
El tono de su profesora fue tan imperativo que a Gellert no le quedó otra que obedecer, salió del aula y vio a algunos alumnos de tercer año haciendo fila para dirigirse, por sus expresiones de emoción y temor, a la primera clase de sus vidas con la profesora Hellwing.
Debía apresurarse si quería entregarle la carta al director. No quería encontrarse con el consejo estudiantil, puesto una buena parte de ellos había protagonizado una campaña para expulsarlo, y encontrarse con ellos nuevamente no resultaría una experiencia agradable. Aunque, ahora que comenzaba a vislumbrar nuevos horizontes como campeón, ese estúpido "centro de madres" —como lo llamaba él— era solo una piedra en el zapato.
Subió con paso ligero la escalera que le llevaba al cuarto y último piso y de inmediato vislumbró al director al centro de un grupo de magos que Gellert reconoció inmediatamente —el estómago se le encogió levemente—como los miembros del consejo estudiantil. Tomó aire y caminó con paso decidido.
— ¡Profesor Hellwing, señor…!— Gellert apartó a los magos que lo rodeaban bruscamente para ir al encuentro del director y entregarle el formulario—. Su hermana le manda esto. — dijo, haciendo lo imposible porque no se le notara el temblor en la voz.
— La profesora Hellwing querrás decir— le espetó el director con hastío. Era alto y de ojos grises y displicentes, como su hermana; y pese a su avanzada edad, tenía el aspecto de ser un hombre muy fuerte y temible. El consejo se había apartado considerablemente del director ahora que Gellert estaba al lado de él, como si tuviese alguna enfermedad contagiosa, y murmuraban por lo bajo—. Bueno, ahora puedes irte, Gellert, estamos a punto de comenzar una reunión y luego…
— Disculpe profesor, pero creo que sería conveniente que lo leyera en seguida.— Gellert ya estaba saboreando la reacción del Consejo.
Con un resoplido de resignación, el director abrió el pergamino. Cualquier cosa con tal de que el muchacho se fuera lo antes posible. Su expresión dura e insondable de inmediato cambió a indignación.
— ¿Es esto una broma, ahora te dedicas a falsifi…? No… está firmado por Fricka y tiene su timbre… ¿Qué pretende?
— ¿Algún problema, señor director?— El presidente del consejo se acercó a él. Era el más anciano del grupo, encorvado y con mirada inquisidora.
— No, Gossow, ustedes entren al salón, yo debo arreglar unos asuntos…
— ¿Seguro que está todo bien, Hellwing?— Se adelantó un mago que Gellert distinguió como el padre de Seth Blatter—. Porque si Grindelwald ha vuelto a traspasar los límites, encima en su primera semana de clases…
— No, no, Blatter, entren— insistió el director. El grupo de magos se limitó a seguir al presidente y a su mano derecha al salón de reuniones, no sin antes lanzarle miradas de desprecio a Gellert.
— Ay, sí, que miedo…— la burla de Gellert fue interrumpida por el director, quien lo agarró del brazo y lo obligó a entrar a un aula contigua al salón de reuniones.
— ¡Compórtate, Grindelwald!— Cuando los dos estuvieron dentro, lanzó un par de hechizos a la puerta—. Ahora dime ¿Qué broma es esta?
— ¿Broma, señor?— Gellert estaba conteniendo la risa. Le divertía sacar de sus casillas al director con algo que en realidad no era ninguna broma. En seguida, el director agitó la varita y la punta emitió un destello como si se estuviera quemando al rojo vivo. Gellert se puso serio ante la amenaza de ser castigado. Como siempre, había sobrepasado el límite de paciencia del director.
— Dime ¿Qué es esto de que mi hermana te propone como candidato a campeón? Una cosa es que a Baldr le caigas bien, pero… ¿Fricka?
— No es ninguna broma señor, y usted sabe que el profesor Baldr se abstuvo a recomendar a cualquier alumno. Además, creo que debería preguntarle a ella ¿No?
— Por supuesto que lo haré. Ahora déjame decirte que no cantes victoria aún. En la reunión de hoy debemos dejar a por lo menos quince candidatos afuera.
Gellert suspiró. Sabía que era demasiado bueno para ser verdad. Su sueño de llegar a campeón se había terminado. Nada le salía bien. Quizás si lo hubieran expulsado el año pasado.
— Bueno. — Se encogió de hombros, fingiendo que nada de eso le importaba—. ¿Puedo irme? Mi clase comenzó hace quince minutos. –
El director desencantó la puerta.
— Ve a clases, pero antes, ve a buscar a la profesora Hellwing. Dile que la espero en la reunión.
— Sí, sí. — Suspiró Gellert ya se disponía a salir, pero el director lo llamó.
— Escucha Grindelwald. Sé que eres un insolente, y aún más importante, peligroso. Pero obviando todo eso, me hubiese gustado que quedaras seleccionado. Eres un representante perfecto para recuperar el prestigio perdido de esta escuela. Hace tiempo ya que Beauxbatons, e incluso, Hogwarts vienen riéndose de nosotros.
La mano de Gellert quedó suspendida a pocos centímetros del picaporte. Jamás hubiese imaginado que un día, espontáneamente, dos profesores —los mejores— de su colegio lo respaldaran y elogiaran.
N/A:
En realidad no sé si llamarlo AU o no, puesto que el universo es el mismo. Decidí cambiar las circunstancias en las que se conocían, desfasándome unos cuantos años -considerando que cuando se celebró el torneo en el que participó Harry, Dumbledore tenía 114 años y hace más de 100 años que no se celebraba el torneo-. En realidad acá serían 97 años antes aproximadamente considerando que Albus está en último año… o algo así _ . Decidí cambiar las circunstancias, para ampliar el abanico de posibilidades con esta dupla en cuestión. Tengo demasiados proyectos con ellos como para sólo limitarme a dos meses y el tan ansiado duelo (Y todo el Angst, angst, angst que conlleva). Ahora quise escribir algo más… aventurero.
De nuevo, gracias a mi beta, Sorita Wolfgirl, por señalarme los aspectos flojos de mi fic. Se que resulta mucha divagacion y blablá, pero iré amenizando la etapa preliminar para que pronto los protagonistas se encuentren en Hogwarts. Saludos!
