Cap 2: Fin de Semana

Viernes, Sábado y Domingo un fin de semana desde que comienza hasta que termina la palabra simplemente es: FIN!

Muchas veces se preguntó lo mismo, pero nunca llegó a la respuesta de por qué sus fines de semana eran los mismos de siempre. ¿Descansar? No imposible para alguien que es rico y que tiene sirvientes a sus órdenes, ¿Divertirse? Realmente cómo lo haría, ¿yendo de compras acaso? ¡Jah! ¿De qué otra forma? ¿Escribiendo cartas a sus amigos? es decir, a su más fiel y única amiga, La Soledad, no creo. ¿Pasar tiempo con la familia? ¿En Azkaban con su padre y tomando el té con su madre? ¡Si claro! la mejor opción. Pero qué tal lo siguiente… Un whisky de fuego añejado por siglos y para disfrutar de la tarde tan común enfrente de uno de los estanques de la mansión en donde él podía bañarse.

Eso era su fin de semana.

Su semana había sido sin lugar a dudas una semana de rutina a lo cual ya se había acostumbrado. Asuntos por aquí, asuntos por allá, bla, bla, bla. La palabra es "Fin".

-¡Hitch!- Llamó sin levantar demasiado la voz.

- A sus órdenes señor- Apareció y contestó humildemente el elfo y claro, con miedo.

- Quiero molestarte Hitch- soltó irónicamente.

- Como guste señor Malfoy- Un halago sin lugar a dudas para el elfo.

- Quiero que des vueltas una y otra vez por todo el estanque, hasta que en tus pies haya sangre, y quiero que mientras lo hagas menciones los nombres de los grandes magos de la historia de la magia. Si mencionas uno que no conozca o que no sea reconocido como un gran mago por mí, te meterás al estanque y te quedaras ahí medio minuto- explicó el joven rubio. El elfo domestico se preparó para cumplir la orden y entonces Draco dio la orden de inicio. Las carcajadas del chico eran sumamente penetrantes y sobre todo naturales.

Hitch iba bien, sin lugar a dudas un elfo si sabe de historia pensó Draco, hasta que un nombre no contrastó en la melodía del recital elfico de historia de la magia: Heraclio Fournier. Draco de prisa tomó su varita y lanzó al elfo al estanque. Veintisiete, veintiocho, veintinueve, treinta. Hitch salió del estanque tosiendo y jadeando. Sin embargo la curiosidad era inmensa.

–Hitch ¿Quién es tal mago?- preguntó serenamente.

-Señor… *cof, cof* - seguía tosiendo el diminuto elfo escurrido en agua. – Ese mago señor *Cof, cof* Lo leí en el libro del cuarto de los objetos prohibidos señor… *Cof, Cof*.

- Jajaja…- Rió estridentemente el rubio- Hitch eres un estúpido, lo sé, pero el abuelo alucinaba con respecto a ese cuarto.

-¡Nooo! Señor, temo informarle que Hitch ha encontrado el cuarto, lo ha encontrado. - Dijo dejando expectante al chico.

- Vaya Hitch, ese tono de voz nunca lo habías usado conmigo, y por lógica, que no creo que la tengas, recibirás tu castigo- Prometió Draco levantándose de su silla planeando qué haría para la siguiente tortura.

- Pero señor, Hitch lo puede conducir hacia al cuarto, Hitch puede señor, ¡él tiene la orden de mostrarle solo a usted la ubicación y la manera de entrar!- Por primera vez Hitch había usado un tono casi desafiante.

- ¿Eres capaz de llevarme ante ella Hitch y tener bajo amenaza que si no lo logras tu vida a mi servicio terminará y sobre todo tu vida como elfo llegará a su fin? - Amenazó al elfo arqueando una ceja.

- Acompáñeme señor- sugirió Hitch haciendo un reverencia.

-¡Jah! Ya me tienes harto, así que qué más da, si no logras te mato - Tomó el último sorbo del whisky de fuego y siguió a Hitch.

El cuarto de los objetos prohibidos era una leyenda en la mansión Malfoy, el abuelo de Draco siempre se empeñaba diciendo que todo hogar tenía una puerta prohibida, una puerta que siempre que querramos abrirla del otro lado encontraremos lo negativo, lo indebido, lo que no es y no debe ser. Varios fines de semana en su niñez Draco trató de resolver el mito del cuarto de los objetos prohibidos pero nunca lo logró, así que con el tiempo empezó a creer que solo eran locuras del abuelo para mantenerlo ocupado mientras sus padres y él mismo planeaban el regreso de Voldemort. La cosa era, que un elfo domestico se atreviera a romper el mito es como si eso fuera el fin del universo pensaba Draco. Y como le daba lo mismo matar a Hitch, simplemente le siguió el juego. Pero ¿Quién ordenó a quién? ¿Draco al elfo o el elfo a Draco?

Pasillo tras pasillo, puerta por puerta. "Un lugar desconocido" pensaba Draco mientras seguía a Hitch. La mansión era enorme, de eso no hay duda, pero del laberinto dentro de ella, vaya que sí la hay.

Llegaron a un cuarto vacío en donde solo había una ventana al fondo, el mismo Hitch corrió rápidamente y entonces saltó y gritó con gusto.

-¡Lo logré! ¡Lo hice! He traído al señor Malfoy al cuarto - Draco se quedó allí parado expectante.

***

¿Cómo imaginar un fin de semana para Hermione Granger? ¿Andaría de rumba? O ¿Saldría a los mejores sitios turísticos? ¿Estaría comprando ropa y prendas como loca? O ¿Estaría de lleno adelantando trabajos para el Ministerio? ¡Pues no! Desde su salida de Hogwarts Hermione se había tomado muy enserio eso a lo que llamamos "tiempo libre" y se había prometido no perder su tiempo libre en cosas del trabajo, aunque la frase perder el tiempo tal vez sería inapropiada, porque Hermione Granger nunca en su vida perdía el tiempo, siempre tenía algo qué hacer, y la mayoría de las veces ese "algo qué hacer" era sinónimo de "devorar libros". Y ese acto de comer libros en un fin de semana generalmente ocurría en casa de sus padres. Al terminar su jornada de trabajo de los viernes pasaba por su casa a buscar a su adorado, peludo y gordo gato para luego irse a casa de sus padres.

Eso era algo que repetía cada viernes y nunca había cambiado un poco desde que había comenzado a trabajar en el Ministerio. Al llegar a casa de sus padres acomodaba a Crooshanks en una cesta que tenía en la sala y luego iba a conversar un rato con sus padres. Subía a su habitación que estaba tal y como ella la tenía la vez que recibió una misteriosa carta que decía algo muy peculiar…

Querida Srita Hermione Granger

Tenemos el placer de informarle que dispone de una plaza en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios.

Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.

Muy cordialmente, Minerva McGonagall.

Una carta que sin duda alguna había cambiado el rumbo de su vida definitiva y radicalmente. Su habitación tan ordenada como siempre estaba compuesta básicamente por una cama individual, una peinadora, un par de mesas de noche, y un closet todos de madera solida y tallada con figuras de ramas sin hojas y brotando por aquí y por allá en cada rama habían rosas tan desoladas y tan hermosas que no necesitaba otro detalle para impactar. Era una habitación sencilla, sin los afiches que cualquier niña o adolescente tendría sin falta. Solo había una mesa de madera tallada contra una de las paredes, las largas y curvadas patas de la mesa tenían un toque felino, es decir, delicado e imponente. Sobre la mesa había un jarrón de cristal el cual estaba adornado por un ramo constituido por rosas blancas, margaritas, una enorme cala en el centro y largas ramitas verdes. Las paredes todas blancas estaban adornadas por cuadros enormes, uno de una mujer con alas de mariposa, otro con pequeñas hadas en un bosque lleno de lechuzas y por ultimo un cuadro de un hermoso jardín de rosas con un atardecer naranja de fondo. El lugar era hermoso, pulcro y cálido a la vez. Un sitio definitivamente diferente al de cualquier chica normal. Pero Hermione Granger no era normal, incluso antes de saber que era una bruja siempre se había diferenciado del resto de las chicas. Con su cabello alborotado, su obsesión por los estudios y su empedernida necesidad de leer al menos un libro por día.

Hermione entró y se tiró en la cama boca arriba y como solía hacer se quedó observando la imagen del cielo nocturno, era el mismo hechizo del techo del Gran Comedor de su antiguo colegio, solo que lo había modificado un poco, este reflejaba el cielo solo cuando estaba de noche o cuando llovía, de resto, allí se veían los planetas, algunas veces reflejaba solo alguna de las lunas de Júpiter, o la luna de la Tierra, en ocasiones mostraba al rojo intenso de Marte o al azul glacial de Neptuno, todo dependía del azar de la magia.

En esta ocasión pudo observar al ardiente Mercurio, hermoso, pensó. Lo observó por unos minutos, se levantó y fue al baño, iría de compras. Claro, no son las compras comunes y casuales que cualquier chica haría en un fin de semana, no compraría ropas, ni accesorios y mucho menos maquillaje o bolsos, no, compraría libros. Esos amigos de papel y tinta, unas veces pequeños, otras enormes, más ni su tamaño, ni la vejez de sus páginas importaban, lo único que realmente importaba era lo que llevaban dentro y lo que le brindaban a ella, sabiduría, información, compañía, un nuevo mundo, pero sobre todo le brindaban un refugio seguro.

Más aún cuando eran novelas, esa gente de papel le brindaba siempre una nueva visión del mundo, meterse en los pensamientos de alguien más y observar cómo a medida que pasan las páginas ese ente de papel actúa a su antojo, hace y deshace, se mete en problemas y sale de ellos de maneras inesperadas… era genial, poder salir de tu cuerpo y olvidar tus problemas por un instante para meterte en otro de tinta y papel, era sencillamente perfecto.

Salió de la casa y decidió ir caminando ya que el día estaba un poco nublado y hacía una brisa embriagante. El centro comercial no quedaba muy lejos, pasados quince minutos ya estaba frente a la entrada de la enorme librería donde muchas veces pasaba horas viendo libros y decidiendo cuál llevar. Entró y los trabajadores la recibieron con cariño, ya estaban acostumbrados a sus visitas todos los fines de semana.

-¡Hola Hermione! – La saludó un chico de ojos verdes y cabello castaño con una amplia sonrisa.

- ¡Qué tal John! – y como de costumbre siguió hasta el mostrador.

- A ver, ¿qué tenemos nuevo para esta semana? – le preguntó al chico cariñosamente, con el cual tenía una pequeña amistad, aunque nunca se veían más que en la librería o en el club cuando la chica iba a practicar tenis.

-Pues, justo hoy, llegó algo que creo te va a encantar – y señaló con los ojos el estante que estaba detrás de Hermione quien voltio al instante. Había un libro con la sombra de una niña con alas que salían desde su espalda, en la parte superior rezaba con letras grandes y floreadas la palabra "Ángel". Hermione fue directamente y agarró uno de los libros de la hilera que había detrás del que estaba de muestra. Leyó el resumen en la parte de atrás y quedó encantada.

- ¡Gracias John! Me lo llevo.

- ¡Jah! Lo sabía- dijo el chico aun sonriendo.

Hermione llevó el libro hasta el mostrador y siguió buscando otros cuantos. Al final llevó un libro de astronomía, uno de arte y una novela. Luego pasó por la heladería y se compró una tina de torta suiza, chocolate y fresas. Regresó a su casa y se dispuso a leer la novela, se sumergió tanto en la historia que solo el "toc toc" que sonó en su puerta la hizo salir del letargo.

Era su madre que le había subido la comida y claro el gordo Crookshanks que llevaba un largo rato junto a la puerta de la habitación esperando a que Hermione saliera aprovechó la oportunidad para pasar y acomodarse en la cama de la castaña. A las tres de la madrugada terminó de leer la novela, la cual le dejó una sensación increíblemente agradable. Apagó la lámpara y se quedó observando el techo por un instante, ahora se veía en él la enorme, solitaria y perfecta Luna enmarcada por las olas del mar, "ella si sabe lo que es ser tan hermosa que es renegada a la soledad más inhóspita" pensó y en un instante se quedó dormida.

***

-¡Jah! ¿Una ventana Hitch? ¡Qué interesante! ¿No me digas que tiene un encantamiento que hace que se vea como una ventana? - bufó como si le estuvieran contando la misma historia.

-Así es señor, si usted se fija por la ventana verá un jardín prohibido, usted lo recordará- dijo ansioso el elfo.

Draco sin más qué hacer se acercó a la ventana y miró tras ella. Y si, un jardín que jamás podría estar en su mansión. Estaba lleno de flores, en especial de ciertas flores… aquellas que su madre había llamado rosas mucho tiempo pero que su padre jamás le permitió tener. Y recordó aquella vez en que Lucius le había prohibido a Narcissa tener un jardín adornado de tan siquiera una rosa.

-¿Señor… está usted bien? - preguntó Hicth al ver la serenidad y la mirada de Draco que se perdía por la ventana.

- Siiii…son… hermo...-Y cortó la frase al darse cuenta de lo que estaba a punto de decir- ¡Bah! Qué estoy diciendo, abre la puerta inútil- ordenó al elfo.

- Señor… me temo que eso será aun poco complicado, señor - hubo un silencio en el cual Hitch empezó a apretarse las manos nervioso.- Draco sorprendentemente esperó a que el elfo prosiguiera sin emitir insulto alguno.

-El amo Draco tiene que resolver el acertijo señor, el acertijo prohibido…- y como si Hitch le estuviera entregando la varita más poderosa extendió su diminuto y delgado brazo y abrió su sucia mano de dedos largos lentamente, tenía allí un pequeño pergamino con una nota. Draco la tomó y leyó.

"Querido nieto, me das pena por haber tenido que recurrir a un elfo para que te trajera a este lugar, pero no se podía esperar más de ti. Sin lugar a dudas tienes que hallar la manera de abrir la ventana. El secreto está en tu confianza misma, sobre todo, en lo que más respetamos en esta familia: la sangre. Es ahí en donde se encuentra lo Prohibido. ¡Buena suerte!

Me olvidaba, no puedes ordenarle a Hitch que la abra sin que resuelvas el acertijo, de lo contrario la ventana cambiara de lugar y tomará años o tal vez siglos encontrarla de nuevo. No creo que tengas algo mejor qué hacer más que ver ese cuarto y lo que hay dentro ¿o sí?"

Qué cosa más divertida pensaba Draco. Sus fines de semana eran los mismos desde hace años y hoy estaba ahí, leyendo una nota de su abuelo frente a un estúpido elfo y decidiendo si resolver o dejar a un lado por completo el tan misterioso cuarto.

El silencio dice más que mil palabras y un elfo domestico tenía muy en cuenta eso. Draco empezó a caminar por toda la habitación, Hitch veía lentamente los engranes del cerebro de su amo trabajando para resolver aquél enigma. Varias veces vio cómo Draco movía sus labios pronunciando algo para sí mismo y que Hicth no podía descifrar, pues no lo alcanzaba a escuchar.

-Señor si me permitiera ayudarle… su abuelo me advirtió que usted no podría solo y que necesitaría de pistas. Ahora lo compruebo señor ¡es increíble! como sin mí no puede abrir una simple ventana. El señor Malfoy necesita de mí para todo. - pronunció con un tono jamás y nunca utilizable para los elfos: el de seguridad y burla. Draco se detuvo y volteó hacia Hitch.

-¿Que yo necesito de ti para todo rata inmunda? ¡¿Cómo te atreves a afirmar eso en frente de mi?! - la mano de Draco ya sostenía la varita - ¡Acabas de abrir la ventana hacía el fin de tu patética existencia!- y a punto de lanzar un hechizo.

- ¡Aaaaaaaaaah! ¡Soy un idiota! ¡Soy un imbécil!- exclamó Hitch dándose fuertes golpes contra la fría pared.

-No, no, no ¡Estúpido! ¡Inepto! No, no, no – Decía el pobre elfo mientras se castigaba. Draco estaba en desconcertado al ver la reacción de su sirviente.

- Pero ¿Qué diablos haces? ¿Qué te pasa? - preguntó confundido. De pronto en la mano del elfo apareció un cuchillo.

-Es una pista señor ¡es una pista!- Estaba desesperado- ¡Aaaaah! ¡Duele! ¡Duele! - el elfo se había hecho una incisión en una parte de su pecho. La sangre brotaba por cada cortada como una cascada de agua carmesí. Draco estaba en una especie de éxtasis y de confusión al ver los actos de aquel pequeño infeliz, no entendía ni un poco aquella reacción por parte del elfo.

Hitch soltó el cuchillo y empezó a tocarse el pecho como si se estuviera sobando sus heridas. Entonces extendió sus manos bañadas en sangre hacia Draco como si estuviera esperando un abrazo, como si le estuviera ofreciendo algo.

-Ahora me doy cuenta de que eres un psicópata, y sobre todo, que eres un iluso, ¿Tratas de pedirme ayuda con esa posición?- preguntó ya más sereno.

-La llave señor, se la estoy dando, es de usted- dijo el pobre elfo lastimado.

Entonces entendió el acertijo. Él mismo había confiado en el elfo para que lo llevara hasta esa habitación donde permanecía la ventana, así pues la clave era el elfo, pero ¿Qué había respeto de la sangre? Si bien su familia hablaba de una sangre pura, de una sangre limpia... entonces las manos de Hicth escurrían sangre... ¿Limpia o sucia?. Buena pregunta. ¿Cómo es la sangre de un elfo?. Por lógica es sucia pensó Draco rápidamente, pues muchas veces escuchó a su abuelo decir que lo que más se parecía a un sangre sucia era un elfo domestico. Por lo tanto la sangre sucia está prohibida y es un error en la vida misma.

La mano de Draco tocó la de Hicth con el rostro impregnado de asco, acto seguido la mano del slytherin se posó sobre la ventana del jardín de la rosas manchándola de sangre. Poco a poco el paisaje fue cambiando, las rosas se marchitaban, el cielo que antes se notaba despejado y con un encandecente sol se tornó nublado y con relámpagos. Todo lo cálido y feliz se volvió triste y oscuro. Draco quitó la mano de la ventana y esta se abrió. De ipso facto una ráfaga de viento revolvió el sitio como si hubiera un tornado a las afueras de la mansión.

***

Un rayo de sol le daba de lleno en el rostro pues no había cerrado las cortinas en la noche, abrió los ojos con el ceño fruncido ya que la luminosa mañana sabatina la deslumbraba. Observó el reloj que marcaba las nueve de la mañana.

-¡Rayos! – se había quedado dormida. Esa mañana se suponía que iría a practicar tenis al club con John. Cuando ésta comenzó a asistir al sitio practicaba sola o con los entrenadores dispuestos por el club, sin embargo, luego de asistir de vez en vez John, quien si iba sin falta los fines de semana, se percató de su presencia y comenzaron a practicar juntos desde entonces, esto hace un par de meses.

Media hora después de aquel retrasado despertar estaba camino al club con toda su indumentaria. Generalmente se iba caminando ya que eran unas pocas cuadras pero iba retrasada y eso para ella era un pecado capital por lo que se llevó el auto de su madre. Cuando llegó a la cancha de tenis John ya estaba practicando solo, en un vaivén de la pelota contra la pared.

-¡Ooooh! Llega tarde señorita Granger…- dijo el chico en un falso reproche mientras seguía golpeando la pelota.

-¡Rayos! Si, lo siento – se disculpó Hermione un poco avergonzada. John agarró la pelota y se volteó dedicándole una sonrisa divertida.

-¡No te preocupes Herms! Supongo que ese angelito no te dejó dormir ¿eh?

-¡Jah! Pues sí, tienes razón, no me dejó dormir- admitió la chica recordando lo tarde que se había acostado leyendo aquel libro.

-Entonces… ¿Comenzarás a hacerme porras de una vez o más tarde? – bromeó el chico.

-Ni lo sueñes…- Sacó su raqueta y se pusieron a jugar. Estuvieron practicando un par de horas. Hasta que una Hermione casi derretida declaró su derrota.

-¡Ya! ¡No puedo más!

-Ja, ja, ja – rió el moreno que a pesar del sudor parecía no estar demasiado afectado. – No aguantas nada Hermione – le soltó bromeando para verla protestar.

-¿QUÉ? ¿No ves que estoy a punto de morir deshidratada?

-Ja,ja,ja ¡Vale, vale! En realidad lo has hecho muy bien, ya pareces Anna Kournikova…

-Muy gracioso John – dijo poniendo los ojos en blanco por la comparación- Por cierto, como llegué tarde y ahora estoy a punto de morir deshidratada iré por un helado ¿Me acompañas?- le soltó la invitación al chico que la miraba sorprendido, Hermione nunca había aceptado ni una sola de sus invitaciones a pesar de llevar tanto tiempo yendo a practicar. En realidad era lo único que hacían juntos, luego ella se iba y no la veía hasta el siguiente fin de semana en el que como siempre iba a la librería a comprar cualquier libro para devorar y tenía suerte si quedaba en ir al club. Y ahora ella lo invitaba a comer helado como si fuese algo que hacen muy seguido. Menuda chica pensó John sonriendo.

- Pues… Cómo no- Cada uno fue hasta sus respectivos baños a ducharse y cambiarse de ropa. Unos momentos más tarde estaban en el auto camino a la heladería favorita de Hermione al son de I'm Like a Bird de Nelly Furtado.

Una torta suiza con chocolate, un mantecado con fresa y un mar de palabras hicieron que esa mañana fuese una experiencia muy agradable. Hermione le agradeció a John el hecho de que le gustara practicar con ella, ya que había mejorado muchísimo su ejecución; cuando la chica le dijo que era un gran tenista él se sonrojó un poco, sus ojos verdosos destellaron un brillo de satisfacción que Hermione no había visto antes o tal vez no se había percatado de ello, en cualquier caso decidió ignorarlo y dejarlo pasar, seguro eran cosas de ella, igual no tenía importancia.

**

La noche similar a un jardín de terciopelo negro con flores plateadas y titilantes cubría el techo de la habitación de Hermione que junto al silencio perpetuo fracturado únicamente por el ronroneo de Crookshanks que se regodeaba en las piernas de la chica mientras esta le acariciaba detrás de las orejas creaban una atmósfera relajante, pacífica y casi mágica que hacía que la lectura sobre "Leonardo DaVinci" fuera más placentera. De pronto la puerta de su habitación se abrió de golpe y el estruendo hizo que Crookshanks saltara a esconderse debajo de la cama.

-¡Hay por Dios Herms! Tengo algo que contarte, no, no, no. Me va a dar algo- Era Alexandra una de las pocas amigas que conservaba en el mundo muggle y siempre la visitaba aunque fuese por unos minutos.

-¡Qué susto me has dado Alex! Pero a ver, ¿qué sucede? –preguntó a la chica.

- ¡Santo Cielo Hermione! ¡Tengo entradas para el desfile de verano de Channel! ¡Rayos voy a morir! – gritaba eufórica la chica, quien era todo lo contrario a lo que Hermione Granger podría ser, era una rubia alta de ojos azules con curvas generosas y siempre iba al último grito de la moda, adicta a las compras y a los "encuentros casuales" con chicos. Todo lo que a una chica como Hermione le parecía una "pérdida de tiempo" o un "arresto a la moral", pero a pesar de eso Alexandra era una de sus mejores amigas y ella la quería tal como era.

-¡Hay Alex! Creí que era algo grave, tú siempre con tus locuras de la moda- exclamó la castaña poniendo los ojos en blanco y recostándose de nuevo en el sofá.

-¡Pues claro Herms! Toda chica debería estar loca por la moda, es normal, lo que sucede es que tú mi querida amiga eres una excepción a la naturaleza femenina- Hermione le hizo un puchero y rieron juntas. Crookshanks que ya había reconocido a la recién llegada andaba retorciéndose entre las pantorrillas de la rubia que ahora estaba sentada en la cama de Hermione.

-Por cierto… qué extraño que estés por aquí a esta hora- eran casi las nueve y generalmente a esa hora Alexandra estaba esperando a que algún chico la fuese a buscar para ir a alguna disco - ¿No saldrás hoy? – preguntó extrañada.

-¿Cómo crees? Es sábado Herms, solo que hoy saldré un poco más tarde.

-¡Claro! Es obvio, cómo se me ocurre preguntar algo semejante – dijo haciendo un gesto teatral con la mano en su frente.

-Hay, no seas tonta, pero la verdad es que voy a salir con un chico súper lindo, se llama Víktor- confesó con una sonrisa.

-¡Aja! ¿Si quiera han pasado veinticuatro horas desde que lo conociste? – le interrogó Hermione a la que ese nombre le traía buenos recuerdos, mas hizo caso omiso a su memoria ya que la forma tan despreocupada en que actuaba su amiga le preocupaba más.

-Este… ejem… lo conocí esta mañana en el Spa Center – dijo la rubia quien ahora era la que hacía pucheros y ponía cara de niña inocente.

-¡Hay Alex! Espero que sepas lo que haces, tu sabes cómo son los chicos de irresponsables, a parte imagínate que un día te enamoras de alguno que no quiere más que una noche contigo y nada más, no quiero que sufras – Hablaba con sinceridad, la verdad sabía la clase de vida que llevaba Alexandra y eso le preocupaba aunque a su amiga no.

-¡Gracias Hermy! Pero eso es que aun te quiero – habló tirándole un beso al aire- Pero te aseguro que si los chicos son irresponsables yo no – sacó una cajita negra de su cartera, le guiño un ojo a Hermione y volvió a guardar la cajita – Y con respecto al amor, pues, no lo creo la verdad, todos los hombres son unos buenos para nada; aparte de eso todos siempre quieren estar conmigo las veces que yo quiera hasta que me aburro de ellos. Pero es que ¡Mírame! ¿Qué chico no querría estar conmigo? – Decía incluso más para sí misma que para Hermione.

-¡Vale, Vale! No discutamos más el tema – admitió Hermione entre risas. Siempre había creído que Alexandra estaba loca, era impredecible y actuaba según lo que le provocaba. Si un día lanzarse en paracaídas pues iba y lo hacía sin detenerse a pensarlo dos veces.

***

- ¿Y ahora qué?- interrogó Draco a Hicth quien parecía estar bailando salsa por el viento que provenía desde la ventana.

-Entre señor, sea bienvenido.- pronunció con esfuerzo el elfo aun con el pecho lleno de sangre.

-No sin ti. - Draco le dio una patada al elfo haciendo que callera al piso finalmente y dejando que el viento lo chupara hacia la ventana, luego se aferró de los bordes de la ventana y completamente decidido entró en ella.

La noche es oscura, la sombra del fantasma nunca se puede ver y los ojos grises de Draco presenciaban algo similar. De pronto se encontró parado en un lugar totalmente oscuro, no es que le tuviera miedo a la oscuridad, pero su estomago empezó a revolverse.

-Lumus…- Susurró. La varita se encendió iluminando la estancia. Lo primero que las pupilas de Draco detectaron fue un elfo herido tirado frente a él, sin embargo no le importó, dio unos pasos moviendo la varita de lado a lado. Había baúles cerrados por todas partes. Detrás de donde estaba tirado Hitch se notaba un estante con varios objetos. Draco levantó la varita hacia arriba y se dio cuenta que había un candelabro en forma de araña, era de bronce y de su centro pendían largas tiras de cristal negro.

-Incendio…- en cuestión de segundos las velas allí flamearon iluminando todo el cuarto. El cuarto de los objetos prohibido era pequeño, demasiado pequeño pensó Draco. Había baúles acomodados por hileras uno tras otro y todos cerrados. Al final del cuarto estaba un estante de siete niveles, se acercó a éste pasando por un lado del elfo que seguía tirado sin hacer movimiento alguno. La altura del rubio le permitió toparse de frente con el cuarto nivel del estante, en el cual había papeles, una pequeña caja y unos frascos que estaban llenos de algo viscoso.

Draco tomó la cajita, la abrió y de pronto salió una pequeña figura de una mujercita con un vestido muy ridículo de color rosa, ésta empezó a girar sobre sí misma al ritmo de una canción muy ridícula para los oídos del slytherin, la volvió a cerrar y la dejó en su lugar. Tomó un papel lleno de polvo y amarillento que llevaba impresas palabras de su padre para su madre, ¡Jah! qué irónico, pensó el chico, la observó por un instante y dejó la carta en su lugar. Draco se dio vuelta para seguir curioseando el resto de la habitación.

Se topó en el otro extremo de donde se encontraba la ventana que hace unos segundo había traspasado, ahora se llegaba a notar el paisaje de un invierno común en los jardines de la mansión, lo que antes habían sido rosas, era ahora nieve y más nieve y el gris del cielo que cada vez estaba más oscuro hacía palidecer los ojos de Draco. Era la misma ventana aunque con un paisaje diferente y una perspectiva distinta, lo cual hizo que el chico notara lo que había escrito arriba de ella:

- Si nos hacemos polvo, nos harán lodo – susurró al leer. De pronto todos los baúles se abrieron al mismo tiempo soltando una enorme cantidad de polvo y haciendo con él una nube gigante que hizo toser a Draco de una manera descontrolada. Hicth que se encontraba como si estuviera muerto resucitó sorprendentemente y al igual que su amo tuvo un acceso de tos, incluso peor que él.

Todo estaba bien, a pesar del ataque de tos que el elfo y el chico padecían en ese momento. Hubo un sonido que a Draco no le gusto nada, y lo peor fue que el sonido empezó a empeorar, la visibilidad era mínima y no se alcanzaba a notar de dónde provenía aquel estruendo.

-Se-se-ñor r r… - trataba de pronunciar Hitch entre la tos y el espanto.

Draco quien estaba tosiendo como pollo al amanecer y cubriéndose la cara con los brazos sintió como algo lo tomaba por un tobillo y salió lanzado hacia el extremo opuesto de donde estaba chocando en seco contra la pared y perdiendo el equilibrio por completo para toparse con el frio mármol del suelo. *Zazzz* Algo golpeó fuerte contra el piso haciendo levantar más espesa aun la nube polvo.

El aparatoso ruido de aquello que había azotado contra el piso fue tan fuerte que el miedo se apoderó del rubio por la misma desesperación de tratar de controlar la locura vivida en aquel "prohibido" cuarto, "Ahora lo entiendo" pensó Draco quien se dio cuenta que estaba tirado justamente debajo de la ventana por donde entró a la habitación.

Sin tener opción alguna, estiró el brazo con algo de esfuerzo pues la tos aun no cesaba y trató de abrir la ventana.

- ¡Vamos! - pronunció con esfuerzo el rubio, pero la ventana parecía estar trabada- ¡Demonios! ¡Ábrete! – bufó el chico desesperado.

La ventana se abrió permitiendo entrar una ráfaga de viento invernal que en cuestión de segundos disipó la nube de polvo haciendo así que la habitación quedara limpia y permitiendo al chico respirar bien nuevamente. Una vez más las sombras se adueñaron de la habitación pues el abrir la ventana provocó que las velas del candelabro se apagaran al instante condensando en la habitación un aire frío que ya empezaba a quemar la nariz de Draco que se alcanzó a agarrar del borde inferior de la ventana para ponerse de pie y cerrarla.

-Incendio…- Susurró apenas recargado en la ventana, estaba muy agitado y a la vez cansado y se hizo la luz de nuevo.

***

Hermione y Alexandra se habían conocido en el Jardín de niños, donde inusualmente eran muy parecidas, tenían los mismos gustos y se llevaban a las mil maravillas, siempre iban de arriba para abajo jugando lo que se les ocurría, a veces Alexandra quería trepar al tobogán más alto, invitaba a Hermione mas esta siempre se resistía, de igual manera eso no detenía a Alexandra que en una ocasión se fracturó un brazo por haberse caído desde la mitad del tobogán porque había intentado lanzarse de panza. Hermione le había prometido que nunca más la dejaría hacer nada parecido, de hecho había cumplido con su promesa hasta que contaron con ocho años, que fue cuando las dos comenzaron a cambiar tan rápidamente de gustos que eran pocas las cosas que hacían juntas, pero aun así su amistad nunca se derrumbó, siempre sacaban tiempo cuando una necesitaba a la otra, y a pesar de ser tan diferentes como la luna y el sol siempre encontraban la manera de crear un cielo para las dos.

Incluso después de que Hermione se fue a Hogwarts se comunicaban mediante cartas, aunque a Alexandra siempre le pareció extraño, nunca le dio demasiada importancia, lo único que importaba era que Hermione supiera todas las locuras que hacía, su primer novio, su primer auto, lo difícil que era la universidad. Más que amigas, eran hermanas.

Alexandra también era una persona muy incrédula, de hecho, cuando ella le preguntó a Hermione por las cosas extrañas que habían en su casa y por los libros tan raros que le mandaban a leer en Hogwarts, esta le había dicho que era una bruja y por supuesto ella se lo tomó a broma.

Flashback

Estaban en su habitación, Hermione cursaba el quinto año en Hogwarts y estaba haciendo los deberes que le habían dejado al salir de vacaciones de navidad.

-Oye Herms, ¿Qué es esto de Transformaciones? – quiso saber la chica que había visto muchas veces a Hermione haciendo deberes mas nunca se fijaba realmente de qué iban.

-Uhmm, este, Transformaciones es una asignatura en donde tienes que…uhmmm… transformar cosas- Le trató de aclarar a la chica sin esforzarse mucho, de igual manera sabía que Alexandra no le prestaba demasiada atención a todo eso.

-Ja, ja, ¡Claro!, algo así como hacen los cirujanos para que las actrices tengan pechos perfectos – alegó entre risas.

- Uhmm bueno, no exactamente, pero… digamos que es algo parecido – le confirmó riendo también, qué cosas decía esta chica.

En otra ocasión ya estando en sexto año le preguntó por el inusual techo de su habitación y cómo pudo lograr el efecto, Hermione le había dicho que era magia.

-¿Magia? ¿Así al estilo David Copperfield?

-Este…no Alex, esos son solo trucos ilusionistas, yo soy una bruja y hago magia de verdad.

-¡Jah! Si claro Herms, tu eres bruja y yo soy Madonna.

Después de esa vez no le volvió a preguntar sobre las cosas extrañas que encontraba en casa de Hermione, simplemente las observaba un rato y luego ya no les prestaba atención, como si fuesen objetos comunes.

Esa fidelidad hacía ella era una de las cosas que más apreciaba Hermione de Alexandra, que a pesar de todo lo extraña que una bruja podía ser para una muggle ella siempre la había querido igual y su amistad era incluso cada día más fuerte, por ellos Hermione la aceptaba y quería tal como era, porque a pesar de que cuando eran niñas fueron muy similares ahora eran totalmente distintas, pero su amistad seguía siendo la misma que cuando tenían cinco años.

End Flashback

-Oye Herms, me prestas tu laptop, necesito conectarme un segundo, quiero husmear en una web que está de lo mejor y que siempre tiene chicos interesantes.

-¡Claro! Está allí en la mesa – le concedió a la rubia señalando una mesa que tenía varios libros, un teléfono y una laptop. Alexandra tomó la laptop y la puso encima de la cama donde ella se tiró boca abajo apoyándose en los codos.

-¡Mierda Hermione Granger! ¡Esto parece un cementerio! ¿Desde cuándo no actualizas el Messenger? ¡Ésta versión la usé cuando estaba en primer año de secundaria! No lo puedo creer, ¿Es que no te conectas nunca o qué? – Preguntó Alexandra casi aterrorizada, Hermione que había retomado la lectura de DaVinci se rió y le contesto con un gesto con los hombros.

-Estas bien desactualizada amiga, eso sí que es preocupante.

-La verdad no me conecto muy seguido, no le veo demasiado a menos que sea para cuestiones de trabajo. Pero los chats y todo eso me parece medio absurdo.

-Claro, claro, eres Hermione Granger y no hay nada que pueda remediarlo –comentó la chica con tono de reprimenda

Hermione no le prestó demasiada atención y siguió leyendo mientras Alexandra navegaba en el infinito mundo del Internet.

-Herms, dime un nombre para el nick, rápido, rápido- Le exigió ansiosa.

-Uhmmm…¿Qué tal Alexandra? –Era lo más lógico que si iba a conversar con alguien diera su nombre verdadero pensó Hermione.

-¡No tonta! En los chats no debes poner tu nombre, un pseudónimo es lo mejor.

-¿A si?

-¡Sí!- recalcó Alexandra algo impaciente.

-En ese caso…uhmmm… déjame ver…- mientras pensaba en algo bajó la mirada al libro que tenía abierto en las manos y vio que había un nombre en negrita y le pereció perfecto- ¿Qué te parece Monalisa?

-¡Waaaw! ¡Es perfecto! Ya lo pongo – cinco minutos después vio la hora y se levantó de un brinco de la cama asustando a Crookshanks otra vez - ¡Dios! ¡Es tardísimo! Me tengo que ir Herms, ahí tu apagas la laptop, ¡chau! – le dio un abrazo de despedida y se fue corriendo como quien anda en tennis y no en tacones de veinte centímetros.

- ¡Uff! Qué raro ella andando a las carreras todo el tiempo…- pero cuando se disponía a apagar la laptop vio que tenía un mensaje nuevo en el Chat y tan solo por curiosidad lo abrió, ya lo cerraría después de leerlo.

Deja Vú : ¡Hola Monalisa! ¿Has escuchado eso de que la belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte? A mi parecer es cierto ¿Tu qué crees?

Monalisa: ¡Jah! Leonardo DaVinci, de hecho estaba leyendo algo de él hace unos minutos, es un genio y como tal todo lo que dijo fue, es y será cierto, siempre.

Estaba moviendo el cursor para cerrar la web cuando en la misma ventana apareció otro mensaje que la hizo sonreír.

Deja Vú: Claro Monalisa, tienes razón, por eso quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz…¿Verdad?

Y sonriendo le respondió a esa pregunta, a la siguiente, la que vino luego y la de después. Ahí estaba Hermione Granger quien minutos antes sostenía que cosas como los chats eran banalidades y tonterías creadas para perder el tiempo y ahora ella estaba allí pegada a la pantalla de una portátil que la llevaba más allá de las fronteras de la comunicación, en donde las banalidades, la incoherencia y la pérdida de tiempo eran ya conceptos que no recordaba en ese instante, solo sabía que le agradaba conversar con aquél personaje.

Y así entre preguntas y respuestas el reloj marcó la una, las dos, las tres de la madrugada y ella aun seguía allí conversando con un cibernauta simplemente porque tenían algo en común… Leonardo DaVinci.

***

Aquel desastroso evento había dejado como resultado todos los baúles abiertos y desacomodados, el estante de siete niveles estaba a tan solo centímetros del rubio pero ya no de manera vertical sino horizontal, libros y papeles por doquier, un DESASTRE total.

- ¿Hitch? - Llamó el chico que aun tenía la respiración un poco agitada pero ya comenzaba a normalizarse. Y de entre dos de los niveles del estante salió el elfo de un brinco haciendo que volaran varios papeles y libros que estaban encima de él, fue una imagen muy graciosa.

- Vaya… estas vivo elfo y por mera casualidad, quedaste entre dos niveles del estante - Que suertudo pensó Draco - asqueroso... aun así recibirás tu castigo por haberme lanza…- "Crack" había pisado algo y no pudo evitar bajar la mirada para ver qué era.

En el piso reposaba una foto en un marco de plata rustica, el vidrio de ésta no estaría roto si Draco no lo hubiera pisado. Se agachó a recogerla. Un niño de unos cuatro o cinco años corría hacía una mujer que estaba contemplando una manzana que colgaba de la rama de un árbol. Cuando de pronto el niño llegó y la abrazó por las rodillas, la mujer se hincaba y le daba un abrazo lleno de alegría y gusto. El pequeño de ojos grises e inocentes le ofrecía una rosa a la mujer que sonriendo la tomaba y algo extrañada acercaba la rosa a su nariz para olerla. Le sonríe abiertamente y el pequeño rubio se le lanza encima para abrazarla.

Desastre es cuando estás en una habitación toda desecha, cuando la naturaleza decide hacer ciclones, huracanes, terremotos pero un verdadero desastre es cuando ves un recuerdo de tu feliz y oprimida infancia, al fin y al cabo ¿A cuántos no les ha pasado eso? ¿Cuántas veces vemos a nuestros padres como los ídolos dueños del universo, como aquellas personas a las cuales amamos incondicionalmente y estos de un momento a otro se convierten en personas que a veces no entienden que la infancia es tan solo una etapa y tiene que pasar? ¿Cuántas veces nuestros padres se han esmerado tanto en el término "criar" que no saben cuanto pueden llegar a corromper y dañar?

Era un momento único, terrible y perfectamente maravilloso para Draco que veía la foto tratando de que la nieve que vio detrás de la ventana de entrada al cuarto no solo congelara el jardín que no existía, sino, que congelara la felicidad, la nostalgia, el gusto, la alegría que estaba sintiendo. ¿Desde hace cuánto ese tipo de sensación no lo embriagaba? ¿Desde aquella foto tal vez? Ya no lo recordaba en cambio sabía perfectamente que esos sentimientos estaban prohibidos para él, pues así se lo habían grabado en la memoria, un sangre pura como tu Draco no ama, ni extraña y mucho menos se compadece de absolutamente nadie, eso es para los débiles le había repetido su padre desde que había nacido, así lo criaron, cruel y sin sentimientos ¿qué culpa tenia él?

Ninguna.

A veces el destino es predecible, aburrimiento más prohibición eran igual al polvo. El polvo por el desastre eran igual al recuerdo. El recuerdo, la ecuación perfecta para determinar ese momento y cuando esa misma ecuación estaba elevada al potencial como lo es una foto, el resultado era igual a la felicidad.

- ¿Señor está usted llorando? - preguntó Hitch sin temor alguno, pues jamás había visto a su amo de esa manera.

Draco alzó la mirada para dirigirse al elfo pero alguien más estaba ahí, de nuevo ella, con el mismo rostro, la misma mirada, la misma sonrisa. Era la segunda vez que el chico era hipnotizado por esa mujer, la primera vez en el Ministerio de Magia y ahora en esa Habitación de los Objetos Prohibidos.

¿Quién era?

¿Por qué estaba ahí?

¿Cómo logra hipnotizar con su sonrisa?

Eran cuestiones que no le interesaba responder por el momento, pero era ella. Tan enigmática mujer estaba colgada justo en la pared que tenía en frente, la cual estaba escondida detrás del estante que ahora yacía en el suelo.

***

Es imposible predecir lo que sucederá mañana, aun sabiéndonos dueños de nuestros destinos, aun creyéndonos lo suficientemente poderosos para controlar nuestro futuro y hacer lo que tenemos planeado, el destino nos demuestra una y otra vez que no es así, pero la esencia humana viene en un frasquito recubierto por algo llamado "ilusión" lo que nos permite seguir adelante a pesar de saber que solo somos un pequeñito árbol en aquél inmenso bosque y que el destino viene a podar nuestras ramitas cada vez que se le antoja, entonces, nuestro futuro está determinado por el filo de las tijeras de un destino incierto que está en la paciente espera para darnos la forma que le provoque.

¡Adelante ilusos! El destino los espera.

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¡Hola chicas! Aquí le traemos el segundo capítulo de esta historia, esperamos que les guste =) lo escribimos con mucho cariño para ustedes. Por favor, amamos los Reviews sobre todo Ramses, se vuelve loco cada vez que recibe uno, háganlo feliz eh!! =) Bueno, aquí vamos avanzando poco a poco… y pues muy pronto les traeremos la continuación. Digan si qué les parece, tanto si les gusta como si no, el saber que nos leen nos da animos para seguir escribiendo, ustedes saben! =) así pues, hasta el próximo capítulo!! Besos!

Dedicatoria: para Alexa en el país de las Maravillas de color rosa y por su terrible obsesión con vestir de Prada como el diablo, te amo desde que te conozco jajaja mi doble.

Att: Ramses.