Aquí les dejo el 2 cap.
¡GRACIAS POR SUS REVIEWS! ¡De verdad quede asombrada por la cantidad de Reviews en un solo cap!
Disclaimer: J.K. Rowling/ Escenarios y personajes.
Trama: Desde lo más alejado del subconsciente de ValerieMalfoyCullenHale.
Chapter 2.
Así pasó mucho tiempo, tal vez unas cuatro semanas desde el incidente, y aun Malfoy no se aparecía por ninguna parte. Las clases que compartían las había dejado, y comía en su dormitorio. O eso pensaba ella.
Se encontraba con Harry y Ron aun por los anchos pasillos del castillo. Aun lo encontraba con una de tantas amantes que tenía, pues el pelirrojo se había vuelto un Puto, a decir verdad.
Todo había transcurrido normal, hasta que una mañana, unas terribles nauseas la sacaron de la cama. Como quería haber vomitado el estómago y todo el tracto digestivo. Sintió ese extraño ardor, acompañado del sabor amargo del vómito. Se lavó la cara, y luego de un minuto un Porqué se escabulló por su mente. No quería aceptarlo. NO.
No, no, no, no, no- se repetía a sí misma. Pero la realidad se había salido de golpe. Sabía lo que ocurría en ese caso.
La verdad es que pasaban cinco semanas desde ha ella había tenido su encuentro profano con Malfoy, y no recordaba haberse cuidado.
Lo sabía, como quería que fuese una pesadilla.
Todo el futuro que había planeado, todo lo que tenía provisto hacer para volverse Licenciada en leyes del mundo mágico. Ahora todo se iba al drenaje. Todo, pues con un bebe no puedes estudiar en la universidad. Al menos hasta después de un tiempo, cuando pudiese entrar al kindergarden. Pero todo se había arruinado.
Nunca se le había pasado por la cabeza eso, pues ella no frecuentaba la vida sexual y no tenía necesidad de tomar pastillas anticonceptivas todo el tiempo. Ni recordaba si Malfoy se había protegida. Ahora estaba segura de que no. Estaba segura de que él no se preocupaba por contraer enfermedades, o algunas otras cosas.
No quiso pensar en soluciones. Pues aunque fuera un embarazo no deseado, no daría su bebé en adopción y sobre todo, no abortaría. Rompió a llorar mientras se daba una ducha. Primero, por lo mal que se sentía con respecto a Ron y sus amigos, y segundo, por tener a un bebé en camino; de Malfoy.
Tal vez lo había hecho a propósito; tal vez quería de una vez por todas arruinarle la vida. Quería que no fuera exitosa, que de una vez por todas se sumiera en la depresión. Lo estaba logrando, si eso era lo que quería. Secó su cuerpo y se envolvió con la toalla mientras buscaba su uniforme escolar. No bastaron ni dos minutos para que rompiera en lágrimas de nuevo.
Bajó las escaleras del dormitorio de chicas, y cruzó la Sala Común con el mentón en alto, asumiendo su dignidad. Sin mirar a nadie de esa casa, no quería estar con nadie. No estaba para nadie.
No le diría a Malfoy. Él lo negaría al instante, y no quedaría en ridículo de nuevo.
Tenía suerte, ya estaban a una semana del comienzo de las vacaciones de invierno, las pascuas se acercaban. Tenía que tomar una decisión rápido, pues debía decidir si regresar o no a su adorada Hogwarts. Una semana en la que sabía no podría dormir. Una semana realmente interesante.
Fue a clase, comió. Hizo lo posible por ese aspecto, pues la verdad no tenía apetito a ninguna hora; no quería salir del dormitorio ni para ir al baño cuando las nauseas atacaban cada mañana.
Realmente la semana pasó como una estrella fugaz, tan rápido que le costó darse cuenta de que ya solo le quedaba ese día. Así que tomó la decisión más difícil de toda su vida, la que realmente decepcionaría a sus padres, amigos y conocidos.
Cuando estaba en el Gran Comedor, devorando un tazón de cereales, observó que Harry entraba de la mano con Katie Bell, y secundándolos estaba Leanne.
Alzó el brazo e hizo señas hasta que Harry la vio, acto seguido se dio media vuelta y le dijo cosas inteligibles para la castaña a Katie. Que un segundo después fulminó con la mirada a la castaña. Se acercó a trote, y se sentó junto a la castaña.
-¿Me perdonaste?- preguntó casi sin aliento. Y ella hizo una seña con la mano para que esperara a que terminara de masticar.
-Tengo algo importante que decirte… Pero no aquí. Espera, vayamos al lago… Pero come algo antes de irnos- ordenó ella y él rápidamente obedeció, llenando su tazón del mismo tipo de cereales que el de Hermione y luego, vaciando una jarra de leche sobre ellos.
Comió sumamente rápido sin atragantarse, y cuando terminó, ella y Harry se encaminaron al Lago Negro; que estaba desolado.
Se sentaron sobre un húmedo tronco. Ella lo primero que hizo cuando nadie los veía, fue abrazarlo. Abrazarlo como no había hecho en tres meses. Abrazarlo para recompensar su dolor. Preocupada por la reacción que pudiese tener cuando soltara el buche. Triste, pero feliz al mismo tiempo.
-Harry, quiero que dejes de un lado la conciencia, la razón. Y me escuches. No te involucraras porque no puedes, no tomaras decisiones por mí, nada. Sólo escucharás- dijo y él asintió de inmediato.
-Está bien- dijo él, con sus orbes esmeralda clavadas en las cafés de ella.
Tomó una bocanada de aire y comenzó.
-El día en que tú y yo discutimos, cuando me pediste disculpas… Yo… Malfoy; en fin. Me he acostado con Malfoy- la expresión de Harry no era normal.
-¿Qué tu y Malfoy qué?- exclamó, ella exasperada le tapó la boca con una mano.
-¡No grites!- susurró ella- y sí, lo sé Harry. ¿En qué estaba pensando?- tomó otra bocanada de aire.-Eso no es todo… la peor parte es que…-
-No me digas que… no, no me lo digas…- dijo desviando la mirada hacia el lago.
-Sí, Harry. Estoy embarazada- susurró ella y Harry se puso colorado de la ira.
Ella lo abrazó, y el paso su brazo por encima de su hombro.
Lloró, claro que lloró. La castaña estaba totalmente destrozada, y empapó el suéter del moreno con lágrimas saladas. Harry pensó en partirle la cara, pero el séquito de Malfoy era monstruoso. Solo con Crabbe y Goyle los Trolls, luego Zabini y por ultimo Nott el Nerd.
-Voy a partirle la cara y las costillas- dijo conteniendo lágrimas de impotencia. Ella negó nerviosa con la cabeza -¿Porqué?; te juro que le partiría costilla por costilla y luego lo castraría, para que no engendre otro imbécil, cabrón como él- dijo aun enrojecido. Cerró las manos en forma de puños a medida que hablaba y Hermione comenzó a asustarse.
-No, Harry. Ya he tomado una decisión. Yo me voy de la escuela, a una muggle. Donde nadie me conozca, donde sea algo muy nuevo. Y es como la universidad, no te echan por estar embarazada. St. Lois no es tan mala, es más, es la mejor de Inglaterra. Allí se suponía que fuera si no hubiese recibido la carta de Hogwarts. Tengo una Beca y pagaré el alquiler de un pequeño departamento en el campus. Iré con mis padres y les explicaré todo. Conseguiré trabajo, y podre mantenerme- dijo y el moreno la observaba atónito.
-No, Hermione. ¡Tú no te vas de Hogwarts!- exclamó.
-Ssshhhh- dijo ella, no quería que toda la escuela se enterara.
-Yo me ofrezco a tomar la responsabilidad- dijo y Hermione de inmediato negó con la cabeza.
-No arruinaré tu futuro, está decidido. No digas una palabra más- dijo ella, se levantó del tronco y observó a lo lejos como Katie buscaba por doquier a Harry. Él le tomó una mano y ella la soltó bruscamente.
-Será mejor que te vayas- susurró ella mientras caminada hacia el lado contrario de donde venía Katie. Se veía dolida, pues estaba sola y no había señales de Leanne.
-¡No!-exclamó él, pero Hermione señaló hacia donde estaba Katie con un el dedo índice y él supo a que se refería.
-Ohh- susurró al ver a Katie, ella se acercó a él, con lágrimas en los ojos.
-Harry, hablaremos mañana, antes de que parta el tren. No existe la privacidad en cuanto a ti respecta, tengo examen… Adiós- dijo y Katie la miró, cínica.
Hermione quiso partirle la cara. Pero se abstuvo, como debía haber hecho antes de encontrarse con Malfoy.
Caminó unos cuantos pasillos y llegó al despacho de McGonagall. Subió y arregló el papeleo. Claro, tuvo que contarle todo, cada detalle. Se extrañó al no haber derramado ni una lágrima frente a la profesora. Claro que se extrañó cuando ella le dijo que el bebé era de Malfoy. Le dijo lo decepcionada que estaba, pero que estaba orgullosa de que no tomara otros medios, como el abandono. Que debía ser fuerte, pues sus padres también se decepcionaría, y había un alto índice de que no la quisieran más en su casa.
Ella ya lo sabía, ya había tenido pesadillas con eso. Las peores.
Con la profesora Minerva McGonagall, arregló lo que a notas se refería, cambiando los nombres de las materias y haciendo una carta de referencia, por lo brillante que era, y lo buena que podía llegar a ser.
Cuando salió de allí, decidió vagar como alma en pena por los pasillos. Caminó sin rumbo fijo por todo el castillo. Con ganas de despedazar lo huesos de alguien.
Hasta que al doblar en un pasillo, se encontró con la habitación culpable, el aula abandonada, culpable de todo, el sitio propicio para fecundar a un bebé. Y como por arte de magia, irónicamente, se apareció el rubio por allí. Como si lo hubiese llamado.
-Ohh, Granger- dijo cuando la vio, con voz nerviosa pero cínica.
-Aléjate de mí, ¡Maldigo el día en que naciste!- exclamó ella y su voz retumbó por todo el pasillo, vacio.
-¿Y eso porqué?; ¿Por qué no disfrutaste la otra noche, debilucha?- preguntó, hiriendo sus sentimientos.
-No, Malfoy; ¡Eres repugnante!, ¡Ojalá que Voldemort te mate y que tu tía te torture hasta morir!, ¡Que te castren para que no puedas hacerle lo mismo que a mí a alguna otra chica!- exclamó la castaña, haciendo explosión.
-¿Qué' ¿De qué hablas?, para que no pueda divertirme con alguna otra?- dijo y soltó una pequeña risita malévola.
-¡Lo que digas!, ¡Por tu culpa mi vida está arruinada!, ¡Tendré que irme de Hogwarts por tu culpa!- exclamó exasperada.
-¿Qué?, ¿De qué hablas, Granger?- preguntó asustado.
-Sí, Malfoy, sí. Estoy embarazada… y adivina de quién- dijo sarcástica.
-¿Insinúas que soy el padre de tu bastardo?, ha'- bufó el rubio, luego ella lo miró ceñuda.
-Pues sí, no me he acostado con nadie más en mi vida, solo contigo y a que no sabes, olvidaste usar protección- dijo cínica, con una sonrisa sumamente forzada.
-A mi no me vengas con eso, yo no soy el padre de ese adefesio- dijo él, exasperado, exaltado y enojado.
-No me creas entonces- dijo ella y siguió caminando hacia su destino, ninguna parte.
-Necesito pruebas- dijo él.
-Pues dame algo de cabello, un pedazo de uñas. Para hacer una prueba de ADN- dijo y cuando iba a caminar hacia él, todo se volvió negro y se desmayó, cayendo de golpe al suelo.
-
Despertó en una cama muy cómoda, con dosel de color verde esmeralda. Cubierta por sábanas negras. Se sentía pegajosa, tal vez cubierta por una fina capa de sudor. Abrió los ojos y se incorporó a la cama, observó a Malfoy hurgando en un armario. No era su dormitorio, por supuesto que no., sacó un píe de las sábanas para levantarse y escuchó:
-Vuelve a la cama, estas deshidratada- dijo el rubio con voz dura. Ella obedeció de inmediato.
-¿Porqué me has traído a este lugar?- preguntó intrigada, estudiando la habitación con la mirada. Era un Dormitorio individual, lo sabía. Por ser tan ricachón le había obsequiado un dormitorio individual, o había pagado por él; seguramente.
-Primero, este lugar es más seguro para tomar decisiones, y estabas desmayada. Segundo, tienes que escoger que llevaré a Londres para tenerlo ya en una valija que no vaya a abrir en pascuas; viviremos ahí, no pienso vestirme como un psicópata…- dijo, y Hermione se dio cuenta de que si trataba de refutar no lograría nada, pues de seguro Malfoy había cerrado la puerta con cerrojo.
-¿Viviremos en Londres?- preguntó extrañada.
-Sí, supongo que ese engendro fruto de un maldito descuido tendré que criarlo yo, contigo- dijo y Hermione estuvo a punto de estallar y gritarle mil blasfemias, pues no era un engendro. Un bebé.
-Pero… ¿Cómo harás?, ya yo arregle todo con McGonagall, y tu… tu- dijo ella, pero esperó a que él hablara.
-Cuando te desmayaste, mi padrino y yo te trajimos a acá, él te hizo la prueba. Por cierto, tienes un mes y medio. Y además, arreglamos el papeleo. Voy a St. Lois también- dijo con altanería. Ella lo observaba cautelosa. –Ahora ven y escoge lo que tengo que llevar-
Ella se levantó y comenzó a separar la ropa muggle de la ropa del mundo mágico. Le dijo todo lo que debía comprar si compraba más ropa. Se extrañó al haber podido compartir más de unos insultos con el rubio.
-¿Qué harás con lo demás?- preguntó ella.
-Lo dejaré en mi Mansión, mi madre aun vive allí; o la venderé; cada pieza vale como mínimo mil libras esterlinas- explicó el rubio.
-No sabía que manejaras la moneda muggle- dijo ella con asombro.
-Mantengo las cuentas de las empresas de mi padre, es un estúpido en ese aspecto. Y es muy fácil de llevar…- explicó con el ego por los cielos.
-Bueno, como sea. Tengo que irme… Mis padres me esperaran en la mañana y…- dijo ella, pero de inmediato él la interrumpió.
-Espera. Escríbeles una carta; mañana iremos a hablar con mi madre, ella sabrá manejar las cosas y yo sé manejarla a ella. Además, sabe que si me estoy haciendo cargo es para hacer enojar a mi padre, no hay otro motivo- dijo con voz seca. Demasiado áspera. Hermione tuvo ganas de gritarle que la dejara sola, que no importaba, que sería un infierno así estuviese él o no. Que no lo necesitaba, pero era mentira. Claro que necesitaba ingresos, pues mantener a un bebé no es fácil. Es tarea de dos.
Se levantó y salió sin previo aviso con el mentón en alto, caminó a paso firme por la Sala Común de Slytherin, ya nada le importaba, ni los abucheos, ni el mismísimo bebé.
Corrió lejos de allí. No escribió ninguna carta, al fin y al cabo, sus padres hacía tres años que no la recogían a la estación de trenes. Pues ya estaba grandecita, diecisiete años era ya la mayoría de edad mágica. Quería simular que despertaba y que era una horrible pesadilla.
Corrió, y luego, cuando encontró un lugar adecuado en el mismo tronco húmedo en dónde Harry le había ofrecido tomar la responsabilidad, se sentó. Un mar de lágrimas salía por sus ojos. Una inmensa amargura la estaba llenando, tristeza, vacio, dolor. Y sabía que le hacía mal. Aunque tratara de recomponerse, todo era igual, todo seguía igual que hacía mes y medio, hasta estaba lloviendo.
Como por arte de magia, desde el catillo, salió un alto muchacho, con un paraguas negro sobre la cabeza, se acercó lo suficiente y le dio refugio bajo el paraguas. Su pelirroja cabellera caía sobre su frente, y casi le tapaba los ojos, lisa, pero esponjada. Sus ojos azul claro, tan claros que se confundían con la parte blanca del ojo. Sus pestañas, rubias, casi blancas. Un mar de pecas cubría sus mejillas, y un semblante tan triste como el de Hermione se reflejaba en todo su desgravado cuerpo.
Ella no se apartó, se quedó allí, cerca. Lamentándose, torturándose. Llorando. Lo miró con sus hinchados ojos cafés. Y sus miradas se fundieron en una. Melancólica.
-Oye…- dijo Ronald Weasley, susurrando.
-No, Ronald- dijo ella con seriedad, desviando totalmente la mirada.
-Hermione… escúchame, por favor; te lo ruego- dijo con voz verdaderamente suplicante.
Ella negó rotundamente con la cabeza, llevándose una mano al rostro, para sollozar.
-Ve con otra… Anda, solo déjame sola- exigió ella, cuando él colocó una mano sobre la de ella que se posaba en el tronco, ella la retiró bruscamente.
-Discúlpame, he sido un completo patán…- dijo él, completamente arrepentido.
-Aléjate de mí, Ronald… Ya bastante daño me ha costado intentar olvidarte de una vez por todas, vete para que pueda hacerlo…-dijo ella, dolida. Ardida, molesta, triste.
-Hermione… Yo no quiero alejarme de ti… Yo te quiero, Hermione… En serio- dijo el pelirrojo, mirándola directamente a los ojos, cuando sus miradas volvieron a fundirse.
-¡Mentiras!- exclamó -¡Deja de decirme mentiras!, ese discursito ya me lo sé y de memoria. Por ahí deben estar Luna y Lavender buscándote- dijo ella. Pero él negó con la cabeza.
-Ya acepté que jamás volverás a quererme en ese sentido, yo no quiero perderte como amiga…- dijo resignado.
-No, Ronald. Tú me perdiste en todo sentido el primero de Septiembre, en el expreso de Hogwarts- dijo ella, se levantó y caminó a paso lento, dejándose empapar por la lluvia. Caminó más pasillos. Al parecer eso era lo único que había hecho en todo el año escolar.
Volvió a tropezar con sus propios pies al doblar en una esquina; esta vez, dos brazos fuertes y paliduchos la ciñeron contra un pecho trabajado, cubierto por el suéter de la escuela.
-¿Cuántas veces más nos encontraremos en esta misma situación, Granger?- preguntó el rubio arrastrando las palabras.
Ella rápidamente soltó el 'abrazo' por llamar lo alguna forma, y siguió su rumbo. Empapada hasta su dormitorio.
Se dio una corta ducha caliente, para contrarrestar el frio que sentía y luego se vistió con el uniforme, se cubrió con la bufanda a rayas doradas y carmesí.
Salió de allí a ver sus últimas dos clases.
Las últimas dos clases mágica de toda su vida. Para su mala suerte, eran Encantamientos e Historia de la Magia. Las que se sabía de memoria, las que llevaba mejor en los EXTASÍS cada año.
Garabateó un millón de cosas en su libreta de anotaciones. Entre corazones, nombres, nubes. Lo que más resaltaba era una pequeña carita triste en una esquina. En realidad era la carita de un bebé, triste. Se sintió culpable y cerró la libreta, para después finalmente irse a la cama. Exhausta, sin ánimos de cenar, ni hablar, ni sonreír.
Subió a su dormitorio, y se encontró con una lechuza, una grande y elegante.
Sacó en trozo de pergamino de su patita y lo abrió rápidamente, para luego de leer lo que éste decía, abrir el paquete grande que había sobre su cama.
Supuse que no vendrías a cenar después de nuestra discusión. No puedes dejar de comer por tristeza; es absolutamente algo que yo no haría. Y menos si estuviese en un estado como el tuyo, uno en el que jamás estaré; a propósito, hay unas frutas en el paquete y algo que había comprado para ti antes de que comenzara la escuela.
Simplemente, quisiera que me disculpases, pues yo sí te quiero, Hermione.
Aunque tú ya no.
Lamento que estés así; estoy seguro de que si no hubiese hecho lo que hice en el tren, no tendrías que abandonar la escuela, estarías conmigo.
Lo lamento de veras,
Ronald Bilius Weasley.
Comió lo que traía el paquete, un racimo de uvas y unos duraznos maduros. Buscó lo que el paquete decía, y de allí saco un hermoso brazalete hecho con lo que parecía hilo de tejer. Color marrón, naranja y blanco. Se la colocó sobre la muñeca derecha y luego siguió comiendo, aunque dejó un poco en la caja.
Se colocó el pijama y luego, cuando estaba a punto de caer a los brazos de Morfeo, otra lechuza picoteó la ventana.
Abrió ésta y desató el pergamino de la patita de la lechuza, a cambio le dio una uva. Cerró la ventana cuando la lechuza voló lejos y se dio vuelta para leer el pergamino.
Mañana,
Último vagón, último compartimiento.
Te esperaré ahí.
DM
Esa noche, sabía que no dormiría. Hasta que muy entrada la noche, la oscuridad le ganó a sus ojos y la sumió en un mar de pesadillas que hicieron su dormir agitado, arriesgado y cansón.
De nuevo GRACIAS por todos sus reviews!
*Aclaratoria 1: Estan en 7mo.
*Aclaratoria 2: Sabrán si él de verdad se preocupo, claro que lo sabrán, pero más adelante.
Byeee!
Pronto el siguiente Cap!
