2. Humanizar al malvado
Emma tomo el libro de Henry en sus manos, una vez más. En las últimas semanas casi se lo había aprendido de memoria. A través de él había podido ver de dónde venía, quienes eran sus amigos y familia, lo que podría haber sido su vida, si no hubiera sido por Regina… Regina, otra vez, siempre Regina y, sin embargo, no recordaba leer nada del pasado de la Reina Malvada, algo que le diera una pista sobre aquella chica mal aconsejada de la que le habló la morena. ¿Qué la llevaría a odiar tanto el mundo en el que se encontraba?
Emma, otra vez con el libro de Henry. No lo necesitas, sabes que puedes preguntarnos a nosotros directamente. – Snow se había acercado a ella mientras había estado absorta en la lectura.
Uhmmm?
¿Qué si necesitas saber algo sobre nosotros?
No…Si… Bueno – Comienza torpemente. Como iba a preguntarle a su madre como era su mayor enemiga. – Mary Margaret, me dijiste que Regina tenía una razón de peso para odiarte…
Si, así es.
Te culpa de que su madre matara a su prometido.
Creía que era más una ayuda, pero me equivocaba. Ya te dije que por mala que pareciera Regina, Cora era mil veces peor.
¿Cómo era ella antes de lo ocurrido?
¿Regina? ¿Por qué quieres saber esto ahora?
Porque es la madre de Henry. Es muy difícil de seguir. Un día jura destruir un mundo entero por acabar contigo y al día siguiente arriesga su vida por ayudarnos a salir del portal. Realmente está intentando cambiar, reconducir su vida, olvidar toda esa maldad que parece que la corroe y que no logra desprenderse de ella. Lucha por llegar a ser una buena persona, lo que parecería una novedad…
Ella es mucho más que pura maldad. Incluso con todo ese poder que alberga dentro y que destruye sus buenas intenciones, ella nunca ha dejado de tener corazón, al contrario de lo que hizo su madre. Algún modo de recordarse que aún era humana.
Me estás diciendo que no siempre fue malvada.
Te estoy tratando de decir que la línea entre el bien y el mal es muy estrecha. Era una persona maravillosa. Hubiera sido una madrastra increíble, entregada. – recordó dulcemente Snow.
Pero, ¡trató de matarte! En varias ocasiones, debo añadir.
Después de haberme salvado la vida. ¿Te sorprende? – se río ante la cara de asombro de Emma – Tenía un corazón bondadoso, llegando a tratar de salvarme sin medir las consecuencias que ello conllevaba. Era sensible. Sabía lo que era amar, y es posible que aún hoy lo sepa. Cuidó de mí y me enseñó que a los miedos hay que plantarle cara. Llegué a compartir muy bonitos momentos con ella antes de que todo se truncara. Reímos juntas. Sin embargo, cuando el mal no deja de tocar en tu puerta y arrebatarte todo, buscas un atajo para salir de todo esto y como ya sabes: La magia supone un precio.
Pero, ¿por qué no sale todo esto en el libro, Mary Margaret? – Emma se encontraba aturdida por todo lo que su recién descubierta madre le estaba relatando.
Si humanizas al malvado…, deja de ser un cuento.
…
Recordaba cómo era todo. Cómo dolía tratar de huir siempre de las garras de su madre, pero cómo soñaba y anhelaba su cariño, su aceptación. Ella no era reina y no quería llegar a serlo. Era una chica que disfrutaba montando a caballo, corriendo con él, viviendo con su padre. ¿Por qué la obligaba de aquella manera? ¿Por qué la atormentaba con sus palabras? ¿En qué momento su madre había perdido su corazón? ¿En qué momento había olvidado ella como ser Regina y se había convertido en la Reina Malvada? La Magia conlleva un gran precio: su alma, y ella se la había entregado al peor demonio que hubiera existido, Rumplestinskin. Tantos años hacía ya que apenas creía que hubiera existido esa Regina que soñaba montada en su corcel. Que anhelaba, simplemente, vivir. Cuando la oscuridad se apoderó de ella ya no hubo marcha atrás y lo que al principio comenzó siendo un gris perlado se sumió en el negro más oscuro que pudiera imaginarse y se instaló allí donde residía su auténtica magia: su corazón.
…
Emma llevaba días dándole vueltas a todo lo que Mary Margaret le había contado días atrás. Regina no siempre fue un ser perverso. Es terriblemente cierto que hasta los mejores corazones pueden corromperse cuando pierden todo lo que aman y el mundo en cuál creían se derrumba a su alrededor. Ni siquiera ella, sheriff del pueblo, estaba exenta de tener un turbio pasado.
Pero alguien había creído en ella. Henry había creído en ella. En que sería capaz de salvar a un pueblo entero de una maldición. En que sería capaz de ser una madre… Y estaba ocurriendo. Quizás eso sea lo que Regina necesita. Alguien que crea en ella, incondicionalmente, alguien que le recuerde cada día que ella también puede ser un héroe. Alguien que la aliente a retornar, en su corazón y en su alma, hasta ese momento exacto en que dejó que esa maldad se apoderase de ella. Alguien que luche por Regina y no contra la Reina Malvada. Todos deben tener una segunda oportunidad.
¿Acaso no había aniquilado Ruby a varias personas antes de saber que era un lobo? ¿No había matado Charming a varios soldados en su intento por encontrar a Snow? ¿No había sido la misma Snow la culpable de la muerte de Cora? ¿No había sido ella una ladrona durante un largo tiempo? Agresiva como era en ocasiones, con su mal humor, su soledad… Todo había desaparecido al llegar a Storybooke, al encontrar a alguien que creía en ella.
Comenzaba a perder el límite entre el bien y el mal, pero cada vez estaba más claro que la línea no estaba perfectamente trazada y con fuerza, más bien parecía difuminarse y apenas lograba distinguirse en cada una de las acciones.
Ella sería el Alguien de Regina.
