La lluvia caía a cantaros en las noches de Manhattan, las vocinas de los autos y las luces que iluminaban las calles parecían estar muy lejos. Un destello dorado cruzó la Séptima Avenida-Broadway yendo hacia la estación de la calle 125. Estando dentro, echó su cabello mojado hacia atrás y vio a su alrededor sin prestar mucha atención a las miradas curiosas que se posaban en él, su mirada vagó hasta caer en unos ojos verdes que le miraban fijamente. Y fue como si por un momento todo ocurriera en cámara lenta y solo se encontraran ellos dos en el metro.

Enarcó las cejas sorprendido y la chica apartó la mirada de golpe al ser descubierta viéndole.

"¿Quién es ella?" Se preguntó.

Caminó hacia la chica con paso decidido, hasta que vio que una figura alta con lentes que se acercó a ella, se detuvo en seco, la pelirroja sonrió al verle y este le devolvió la sonrisa. El muchacho le dijo algo y luego caminaron hasta perderse de vista.

Sacudió la cabeza.


- ¿Dónde andabas Jace?

Jace alzó el rostro para ver la expresión molesta en la chica alta de largo cabello negro que se cernía frente a él. Los ojos oscuros de ella le miraban con una furia maternal.

- Por ahí, ya sabes – se limitó a responder Jace.

- Esa no es una respuesta – rebatió la chica.

Jace bufó.

- Lo que importa es que estoy aquí ¿no? Calmate un poco Isabelle – dijo Jace, haciendo un gesto con su mano restándole importancia.

- ¡Tuve que volver a mentir por ti! Si mamá se llega a enterar que sales del Instituto como te venga en gana te va a llevar a otro lugar lejos de nosotros – exclamó Isabelle, una pizca de preocupación se posó en su rostro y por un instante Jace se sentía culpable. - Le dije a Hodge y a Alec que estabas estudiando en tu habitación y no querías ser molestado.

- Esta bien, gracias Izzy – se quitó chaqueta, pesada por la lluvia, y se la colgó al hombro, caminó hacia Isabelle, paraba en las escaleras, posó su mano en la cabellera de ella y la revolvió con cariño, ella le sonrió y luego él siguió su camino escaleras arriba.

Isabelle le observó mientras subía las escaleras, su semblante mostró una preocuación que antes intentaba contener. Nunca sabía a dónde iba Jace por las noches, pero cada vez que lo veía volver sentía un gran alivio inexplicable.

Jace entró en su habitación, colgó su chaqueta en el perchero y se sentó en su cama, se quitó las botas y las dejó a un lado. Miró la hora en su reloj de pared, marcaban las dos. No se sentía para nada cansado y menos con sueño, en cambio, estaba extrañamente inquieto, cayó de espaldas a su cama y cerró los ojos. Una miraba verde circulaba por sus pensamientos, solo eso. ¿Qué le pasaba? Se trataba de otra niña tonta más, otra que se le quedaba mirando con la esperanza que él se fijara en ella. Y eso es lo que había hecho, a pesar de todo, puede que haya sido otra más que lo observará esa noche en la estación, pero en ese corto momento pudo ver más allá, como si ella no lo mirara con embobamiento, como suele pasar, sino con detalle como si lo estuviese estudiando.

Y desde ese momento sabía que algo andaba mal en él.


- Llegaste tarde anoche.

Clary giró para ver el rostro sereno de su madre tras ella en la cocina. Estaba con los brazos cruzados y pudo notar su barbilla tensa, como si estuviera aguantando gritarle.

- Lo sé, pero estaba con Simon, te lo dije – dijo Clary, intentando calmar a su madre con eso.

- Simon no es una gran protección que digamos – refutó Jocelyn.

Clary giró los ojos.

- No entiendo cuál es tu problema, antes te enojabas porque salía sola y ahora porque salgo con Simon.

- El problema no es que salgas sola o con compañía, es que andes tan tarde en las calles, te pudo haber ocurrido algo, pudieron haberte robado.

- ¿Qué cosa? ¿Los veinte dolares de mi bolsillo? ¿El virgo? - gruñó Clary.

- ¡Clarissa Fray! - exclamó Jocelyn, más sorprendida que molesta por lo que había dicho su hija. - ¿Por qué estás tan molesta?

- Me tratas como si fuera una niña, tengo dieciséis y aún no me dejas tener mi licencia de conducir – bramó Clary, tomó su bolso y se lo colgó al hombro.

- ¿Es eso, quieres tu licencia? - preguntó Jocelyn.

- No, bueno sí, pero no es el punto, quiero que me dejes de sobreproteger tanto, me puedo cuidar muy bien yo sola.

Jocelyn mordió su labio inferior, podía ver la osadía en los ojos de su hija, la misma que ella había tenido de joven, o eso le habían dicho, no podía negarle el derecho a Clary, puesto que ella misma a su edad lo tuvo.

Jocelyn suspiró con resignación.

- Solo podrías enviarme un mensaje si piensas estar hasta tarde en un lugar y en donde, ¿ te costaría mucho? - pidió Jocelyn, vio como Clary se tranquilizaba un poco y asentía – Y puede que luego vayamos a hacer tu examen de conducir.

Clary sonrió satisfecha de haber ganado, otra vez, una discusión con su madre.

- Bueno luego nos vemos – dijo Clary, yendo hacia la puerta.

- Espera ¿no piensas siquiera desayunar?

- Hoy es turno de Simon de pagar la comida – respondió Clary, Jocelyn la miro unos minutos preguntándose si algún día su hija se daría cuenta lo que ese chico sentía por su hija. - Puede que luego de la escuela vayamos a la cafetería, Eric tiene nueva de su mala poesía y Simon no quiere sufrir solo.

Jocelyn sonrió e hizo un gesto con su mano para que su hija se fuera.


- La odio, en serio – gruñó Clary, mientras salía de la preparatoria seguida por Simon. - ¿Cómo puede reprobarme el examen?

- Bueno tomando en cuenta que desde que empezó el año te has quedado dormida en sus clases y te has burlado de su cabello en su cara, es muy razonable que lo haya hecho – declaró Simon.

Clary le fulminó con la mirada.

- Pero acepta que se parece a Bon Jovi con esa mata de pelo loco. - Simon ahogo su risa y Clary le sonrió. - Bueno, igual no había estudiado.

- Entonces no tienes porqué molestarte.

Clary se encogió de hombros.

Iban de camino a Java Jones charlando, Clary vio de reojo que alguien los venía siguiendo desde hace unos minutos, se detuvieron en la acera al ver el semáforo en rojo, mientras esperaban, Clary giró lentamente para poder ver a su espia, pero solo habían personas normales, sin nada sospechoso, una mujer hablando por teléfono, varios niños que aún tenían el uniforme del colegio, hombres trajeados, cualquiera pudiera ser la persona que los seguía, pero ninguno parecía prestarles la mínima atención, vislumbró un destello dorado pasando entre la multitud, pero fue tan rápido que no pudo detallarlo bien. Solo una vez había visto un destello como ese. La noche anterior mientras estaba en el metro, estaba ensimismada detallando el lugar para luego dibujarlo para su tarea de dibujo técnico, y bajando las escaleras como un rayo apareció, se quedó sin aire cuando lo vio, tan alto y esbelto que pudo haber sido un Dios griego, con su cabello rubio y sus ojos dorados, nunca había visto a alguien así, aparte de hermoso era interesante y cuando se fijó en ella...

- Clary ven muevete – dijo Simon sacudiéndola del brazo y sacandola de sus pensamientos.

Cruzaron la calle hacia la cafetería. Clary dio un último vistazo hacia atrás y entró.