Capítulo 2
Primer asunto a tratar: la cena.
Stiles no era un hombre de cocina, pero tenía unas cuantas recetas bajo la manga para cuando necesitaba impresionar a alguien.
La mayoría de sus conocimientos culinarios caían en una de dos categorías: Comida sana que papá debe comer y Comida que es tan deliciosa que garantiza acción en la habitación.
Y, para la ocasión, Stiles necesitaba artillería pesada, así que ¡#CQETDQGAELH sería!
Stiles salió del pasillo y colocó su cesta de compras en uno de los mostradores, tomando un carrito cercano abandonado en su lugar. Mientras hurgaba en su rolodex mental buscando comida deliciosa, rondó por los corredores, tomando cosas de aquí y allá.
No estaba seguro exactamente de qué hacer, pero sabía que si tenía algunos ingredientes básicos, podría hacer algo lo suficientemente impresionante que servir para cuando Derek llegara a casa después del trabajo.
¡Mierda, ni siquiera sé cuánto tiempo tengo antes de que Derek llegue a casa!
Okay, entonces algo que no necesitara mucho tiempo para hacerse, pero que siguiera siendo igual de rico e impresionante.
De acuerdo al reloj de Stiles, apenas eran las cuatro con diecisiete. Asumiendo que Derek trabajaba un turno de nueve a cinco, eso le daba más o menos una hora antes de que la cena debiera estar terminada. Además, supuso que no sería demasiado problema tener la cena en las etapas finales de cocción cuando Derek llegara. Le daría la oportunidad de ponerse al corriente con Laura y Talia, ya que no habían tenido oportunidad de verse en mucho tiempo.
Oh, Dios mío.
Estaba demasiado involucrado en todo esto.
Stiles decidió hacer pollo a la cacerola con una cremosa salsa de cilantro y lima. Ya lo había hecho antes y se ganó un montón de elogios de parte de su cita. Podía hacer pasta y una ensalada para acompañar también. Era lo suficientemente simple para hacerlo rápido, pero también tan hermoso que recibiría algunos halagos.
Stiles era un novio increíble.
Anduvo a toda velocidad por los pasillos, tomando hierbas, consomé, verduras, pasta y el pollo. Por medio segundo, se preguntó si debía correr a casa para conseguir una olla en dónde cocinar.
Seguro Derek tenía utensilios de cocina.
¿Cierto? Probablemente. Digo…
Tendría que arriesgarse.
Stiles agarró una botella de vino y algunas velas y fue hacia las cajas registradoras.
Divisó a Laura y Talia y las saludó con la mano mientras permanecía de pie en la fila. Señaló hacia el carrito y gesticuló ¡Casi listo!, sonriendo con emoción.
Laura miró las cosas en el carrito y le mostró los pulgares hacia arriba con entusiasmo mientras respondía ¡Se ve bien!
Stiles le dedicó una sonrisa complacida y les guiñó el ojo, señalándolas con un dedo como si disparara con un arma — ¿enserio, amigo? ¿Acabas de coquetearle a tu futura familia política?—.
Pagó las cosas y fue hacia el frente de la tienda. Talia guardó su teléfono en el bolso y se puso de pie.
—Bueno, ya tengo aquí todo lo que necesitamos —extrajo sus llaves del bolsillo de su uniforme—. ¿Vinieron en taxi hasta aquí o rentaron un auto? —miró a través de la ventana gigante, pero no vio algún taxi esperando.
—Rentamos uno —dijo Talia, extrayendo las llaves rentadas de su bolsillo para mostrárselas. Los tres salieron de la tienda hacia el estacionamiento—. Fue bueno encontrarnos contigo, de hecho —rió Talia—. Tendremos que seguirte a casa de Derek, porque no tenemos idea de cómo llegar.
Stiles sintió el estómago desplomándose a sus pies.
Carajo.
— ¡Oh! —Mierda—. ¡No hay problema! Déjenme poner esto en el auto y me moveré hacia donde estacionaron —forzó una sonrisa, suplicándole a todos los seres mágicos sonar sincero.
Talia y Laura emprendieron el camino hacia su auto, que se encontraba en el extremo opuesto del espacio donde Stiles había estacionado. Se agachó y echó a correr, el carrito haciendo mucho ruido hasta que llegó a su camioneta.
Mierda. Mierda. ¡Mierda! Okey, contrólate, Stilinski.
Trabajó rápido guardando los víveres en la parte trasera del auto antes de deshacerse del carrito y saltar en el asiento del conductor.
Stiles sacó su teléfono y picó remarcar. Puso la llave en la ignición, pero no encendió el motor.
—Departamento de Policía del Condado de Beacon Hills. Habla el oficial Danny Mahealani.
—Soy yo. De nuevo. Te necesito. Otra vez —se abrochó el cinturón con un poco más de la fuerza necesaria, pellizcándose la cintura con el pestillo—. Necesito que busques información por mí.
Danny suspiró.
—De acuerdo, dame un segundo —Stiles escuchó el ruido del teclado mientras Danny se registraba en su computadora—. Okey. ¿Qué información?
Stiles puso el altavoz del teléfono y lo colocó en el soporte montado en el tablero del carro. ¡La seguridad es primero!
—Es un nombre: Hale, Derek. Masculino. Vive en algún lugar de Beacon Hills.
Encendió el vehículo y salió del espacio de estacionamiento. Manejó hasta el otro lado del sitio, cruzando el corredor con lentitud.
Danny permaneció en silencio unos segundos, mientras escribía.
—Creo que lo encontré —Stiles pudo oírlo tomar aire—. Wow.
— ¿Encontraste el expediente?
Divisó el auto de Talia y Laura y marchó tras él, haciéndoles un gesto con la mano que Talia respondió desde el asiento del conductor. Hizo avanzar su camioneta para que ellas pudieran moverse tras él y seguirlo.
—Sí —respondió Danny. Stiles pudo oír en su voz algo que sonó como impresión.
—Oh, Dios. Es un asesino, ¿no es así? — ¡lo sabía! Todo esto iba a acabar mal. Iba a encontrar un cadáver en la casa de este tipo, ¿no es así?
—Sí, Stiles —gruñó Danny—. Es un asesino convicto, pero, por la superpoblación de las prisiones, tu papá y el fiscal de distrito acordaron sólo ponerle un monitor y revisarlo de vez en cuando.
Tachado: Danny ya no era su favorito.
— ¡Bueno, no tienes que ser un imbécil al respecto! —replicó Stiles.
Salió del estacionamiento y giró hacia la calle principal, mirando el retrovisor de vez en cuando para asegurarse de que el auto rentado siguiera tras él.
— ¿Qué información querías? —Danny volvió a sonar sólo aburrido.
—Primero: su dirección. Necesito saber a dónde demonios voy —murmuró.
— ¿Uh?
—No importa, sólo… —Stiles estaba dando su mejor esfuerzo para no permitir que el estrés sacara lo mejor de él—. ¿Cuál es la dirección de Derek Hale?
—Meadowlark, cuatro mil ochocientos trece. ¿Necesitas el código postal?
¡Gracias a Dios!
—No, así está bien.
La casa de Derek estaba cerca. Stiles sabía dónde se encontraba. Hablando de manera general.
La primavera pasada, persiguió a un sospechoso que corrió hacia la calle tras abandonar su auto después de una persecución a velocidad medianamente alta. Stiles lo cazó a pie, saltando por las vallas de los patios traseros de las casas del tranquilo vecindario; brincó por encima de al menos ocho vallas, corrió a través de dos cajas de arena y una piscina para niños y terminó tacleando al asaltante en el patio de alguien.
Todos en la estación hablaron de él por días… hasta que alguien más de los alrededores lo destronó. Pero, por unos días, fue prácticamente John McClaine. Fue un pequeño momento de gloria, pero ese sospechoso había sido la última pieza que Stiles necesitó para cerrar el caso que puso su cara en el diario.
— ¿Qué más necesitas?
Cierto.
Danny.
Viendo que estaba por cenar con la familia de un hombre que no conocía, sería buena idea tener más información sobre él para contar mentiras más creíbles si la conversación lo ameritaba. ¿Cierto?
—Edad, ocupación, cualquier información que creas vital.
Danny no respondió de inmediato. Stiles podía sentirlo juzgándolo desde el otro lado del teléfono.
— ¿Y estás seguro de que no necesitas refuerzos? Recuerda lo que tu padre dijo sobre lanzarte al peligro sin un plan de respaldo.
— ¡Danny! —Stiles no tenía tiempo para esto ahora.
— ¡Está bien! Sólo me aseguraba —Danny guardó silencio mientras, seguramente, leía su pantalla—. Okey, no veo nada criminal en su expediente como adulto. Fue arrestado una vez, siendo menor, por vandalismo, pero eso es todo en su registro oficial.
Bueno, eso no iba a ayudar mucho a Stiles.
— ¿Y en el reporte no oficial? —insistió.
Stiles miró por el espejo retrovisor de nuevo: Laura y Talia cantaban juntas algo en su propio auto.
Danny suspiró con pesadez.
—Stiles…
— ¡Por favor! Danny, por favor. Te lo recompensaré de alguna forma, lo juro. Te compraré café todas las mañanas por dos semanas. Del bueno. ¡De ese sitio al otro lado de la ciudad que te gusta! —era una situación seria. Era DEFCON 5 y Stiles no podía darse el lujo de no suplicar. Estaba acercándose a la casa de Derek y giró en el camino principal, entrando a las pequeñas calles residenciales. No escuchó ruido del lado de Danny—. ¡De acuerdo! —dijo, irritado—. ¡Tres semanas! Sólo, ¿podrías…? —hio un gesto vago con la mano.
Danny suspiró —y Stiles no apreció el tono de su suspiro— y, entonces, lo escuchó tecleando furiosamente en su ordenador y mascullar sin aliento.
Danny habló por lo bajo, tratando de no atraer atención hacia su persona y sus poco legales actividades.
—Derek Alexander Hale. Edad actual: treinta y cuatro. Nacido el ocho de agosto. Fue a la preparatoria de Beacon Hills, estudio en la universidad de Nueva York, titulándose en historia. Se mudó de vuelta a California. Hizo una maestría y un doctorado en Berkeley… da clases en la facultad de Beacon Hills.
Stiles rió por lo bajo.
—Ambicioso.
Derek Hale tenía un doctorado. Stiles era novio de un doctor.
¡Babcia se va a enorgullecer!
—Parece que fue bombero voluntario hasta mayo —continuó Danny—. Resultó herido tratando de salvar a alguien atrapado en el incendio en un orfanato.
— ¡¿Enserio?!
—El piso colapsó mientras estaba dentro.
Wow.
Pasar mucho tiempo cerca de Derek Hale podía hacer que un vago se sintiera mal con su vida. Qué bueno que Stiles no se consideraba un vago.
Pero, enserio.
¡¿Quién carajo es Derek Hale?!
—…participó en maratones de caridad, es voluntario en el refugio de los Buenos Samaritanos cada Día de Gracias y Navidad —mientras Danny seguía hablando, sonaba más y más como si estuviera en las nubes. Lo que no era agradable. Derek ya tenía dueño. O algo así—. Y, en los veranos, es voluntario en el santuario animal de Beacon Valley.
Oh, Dios mío. Mi novio es un santo. ¿Cómo demonios tuve tanta suerte para ligarme a alguien así?
— ¿Qué? —pregunto Danny súbitamente.
Stiles se dio cuenta de que dijo esa última parte en voz alta.
—Nada —dijo rápido. Movió el auto por la calle de Derek y revisó el espejo; como esperaba, las Hale estaban justo detrás—. Hey, Danny, tengo que irme. Gracias por todo.
—Stiles… —Danny hizo una pausa—. No sé qué estás haciendo, pero… ¿ten cuidado?
Dudaba que, si algo pasaba, fuera porque Derek decidió hacerle algo. El tipo sonaba más como quien llega a salvar el día cuando todo se va a la mierda.
—Así será. Oh, y Danny…
Danny suspiró, armándose de paciencia.
—No le diré a tu padre, ya sé.
—Eres el mejor —sonrió Stiles.
—Tres semanas, Stiles. ¡Empezando mañana! —Danny colgó y Stiles condujo hacia la casa, estacionándose enfrente.
Derek Hale vivía en una casa de estilo artesano de tamaño moderado, en un picaresco vecindario. Su jardín estaba bien cuidado, podado a la perfección, y tenía hermosas camas de flores frente a la casa. La casa lucía amigable y atractiva y era, básicamente, lo que Stiles había esperado ver después de escuchar todo lo que Danny le dijo.
Incluso había una verdadera cerca blanca.
Stiles abrió la puerta de la camioneta y salió de ella.
—Y la tarde comienza —dijo, dándose ánimos.
La operación: Stiles Stilinski, novio extraordinario, entraba en efecto a partir de ahora.
Para dejar entrar a Laura y Talia, Stiles necesitaba encontrar una forma de acceder a la casa. Y, ya que no tenía una llave, eso sólo dejaba una opción: allanar.
—Okey, Stilinski. Fase uno: allanar la casa de Derek Hale.
Lo que no podría hacer si Laura y Talia estaban paradas ahí, observándolo.
¿Puerta trasera, quizá?
Escaneó el perímetro, asegurándose de que no hubiera vecinos en los alrededores que pudieran ofrecer el testimonio de que vieron a un miembro del cuerpo de policías saltando la barda del patio de uno de sus vecinos. La calle estaba completamente vacía. No había moros en la costa.
Talia y Laura salieron de su auto y avanzaron por el camino delineado con flores que conducía al pórtico de Derek. Stiles hizo un vago gesto, señalando encima de su hombro, hacia la puerta que conducía al patio trasero.
—Voy a entrar por detrás y vendré a abrirles —dijo Stiles.
Laura miró a Stiles, luego a la casa y, de nuevo, a Stiles.
— ¿Por qué por atrás?
—Yo, uh… acabo de salir del trabajo, así que sólo tengo mis llaves. Las de Derek están en mi departamento.
Ella asintió, aceptando su respuesta.
—Okey. Entonces, ¡vuelvo en un segundo! —dijo, avergonzado.
Dio media vuelta antes de que pudieran decirle algo más y avanzó a toda velocidad por el espacio para estacionar hasta alcanzar la cerca. Mirando para asegurarse de que las dos mujeres siguieran donde las dejó, saltó por la barda hacia el patio trasero. Su pie quedó atorado mientras giraba y cayó sin elegancia en el pasto que cubría el patio de Derek.
—Por favor, no tengas un perro —murmuró sin aliento.
Desde su postura pecho tierra hizo ruidos de besos, tratando de atraer la atención de cualquier canino que pudiera estar en el patio trasero. No escuchó gruñidos animales, así que asumió que no habría problemas. Miró los alrededores y, entonces, pudo apreciarlos mejor.
Si Stiles creyó que el frente de la casa de Derek lucía lindo, la parte de atrás era aún más hermosa. ¡Era como algo sacado de la revista Casa y Jardín!
Había vegetación exuberante en todos lados, ofreciendo una atmósfera serena. Delicadas flores en tonos lavandas, rosas y azules se distribuían en camas y maceteros por todo el terreno y había un arco envuelto en hiedra que seccionaba una pequeña y cercada huerta. Un camino de ladrillos conducía a través del jardín a un porche de pérgola, que tenía sillas de jardín de madera —que, Stiles estaba muy seguro, fueron hechas a mano y era muy probable que por Derek— e, incluso, tenía una fuente para pájaros.
¡Una fuente para pájaros!
¡¿Quién demonios es Derek Hale?!
Se deslizó a lo largo del elegante camino de ladrillos que serpenteaba a través del patio de Derek hacia el pórtico de pérgola.
La puerta trasera lucía linda y no muy difícil de forzar. Usando el aparato para abrir cerraduras que guardaba en su cinturón de herramientas, deslizó las varillas de metal en la cerradura y las movió de arriba abajo. Sólo pasó un minuto de forcejeo —y maldecir por lo bajo— antes de que consiguiera abrir la puerta.
Fase dos: entra a la casa de Derek Hale y pretende que has estado aquí antes.
—No es para tanto, sólo irrumpir en la casa de un extraño —murmuró para sí mismo, girando la perilla. Empujó la puerta y se deslizó al interior, cerrándola silenciosamente tras él.
La habitación se habría en lo que parecía ser una habitación familiar. Había una televisión montada en la pared y un largo sillón con forma de L que lucía tan cómodo como para perderse en él y, a lo largo de la pared, había montones de fotos enmarcadas, colgadas artísticamente. Stiles las escaneó rápidamente, reconociendo a Laura y Talia en lo que debió ser una reunión familiar. Las fotografías en la pared que no eran de parientes, mostraban hermosos paisajes de sitios que Stiles reconocía de los alrededores de la ciudad.
Había imágenes del verde exuberante que rodeaba caminos para senderear, desierto polvoriento al atardecer, amaneceres sobre el océano pacífico y densa maleza rodeando un paraje montañoso. No parecían fotografías profesionales, pero estaban muy cerca.
Genial, entonces mi novio es, aparentemente, un talentoso fotógrafo de la naturaleza también. Su currículo sólo sigue haciéndome parecer un idiota inculto.
Antes de alejarse de la pared, otra foto atrapó la atención de Stiles. No eran los hermosos parajes salvajes de California. Eran dos brazos velludos —Stiles asumió que pertenecían a Derek—, sujetando a los más bonitos y tiernos gatitos que Stiles había visto. La playera que Brazos estaba usando decía Refugio Animal de Beacon Valley y los dos gatos estaban usando un lazo alrededor del cuello que decía ¡Recién adoptados!
Eran gatitos rescatados.
Porque obviamente tenían que serlo.
Se alejó del muro llamado Haz sentir a Stiles un fracasado y caminó a la fuerza por el resto de la casa, intentando familiarizarse con ella.
Encontró la recámara principal —tomándose su tiempo para percatarse de lo cómoda y lujosa que lucía la cama—, una sencilla habitación para huéspedes, una oficina y los baños. Lo último que quería hacer era haberse metido en todos estos problemas para terminar mandando accidentalmente a Laura a un armario en caso de que le preguntara por el baño.
Sólo habían pasado aproximadamente dos minutos desde que entró, pero pensó que si las mantenía esperando sería sospechoso.
Se apresuró al frente de la casa, pero casi se tropezó con un gato que salía de la habitación de Derek. Stiles lo reconoció de la foto en la sala de estar de Derek. En vez de quitarse del camino, el gato miró a Stiles como si fuera él quien estaba estorbando y, entonces, se sentó cautelosamente, con la cola enroscándose alrededor de su cuerpo. Miró a Stiles, evaluándolo con intención, y luego maulló con ganas.
—Hola, amigo. ¿Cómo va todo? —lo saludó. Stiles se inclinó y le ofreció dos dedos para que los oliera. Cuando pasó la inspección olfativa, alcanzó con la mano el cuello del gato para ver la placa colgando del collar. Erica—. Hola, Erica. Soy Stiles. Soy el novio de tu papi —Erica le maulló, poco impresionada—. Comida. ¿Tal vez? ¿Es eso lo que quieres? —Preguntó Stiles, rascándole detrás de las orejas—. Lo siento, soy nuevo en esto. Me gustan más los perros —Erica maulló de nuevo—. No es que no me gusten los gatos. Sólo tengo un historial de mejores relaciones con perros —Erica maulló de nuevo, luciendo aburrida. ¿Los gatos podían verse aburridos?
»—No es que tenga prejuicios contra los gatos. Estoy seguro de que, si convivimos más, comenzarás a caerme bien —balbuceó. Stiles intentó levantarla, pero ella le bufó. Le golpeó la mano (sin garras, afortunadamente) y Stiles levantó las palmas en señal de rendimiento—. De acuerdo, entonces no eres fan de los Stilinski. No te preocupes.
Stiles caminó hacia atrás, moviéndose de esa manera para no lucir amenazador, y accidentalmente golpeó el librero a sus espaldas. Sintió algo deslizándose por su cabello y giró, mirando hacia arriba. Sentado en la parte superior del librero, había un gato color arena con una pequeña campana en su collar y el nombre Isaac gravado en la placa, moviendo la pata hacia abajo, las pequeñas garras moviéndose como si deseara volver a atacar el cabello de Stiles.
Tch. Público difícil.
Stiles se alejó del librero y fue a la cocina a buscar comida para gato. La encontró en el cuarto estante que abrió y vació un poco en un bowl de cerámica que tenía pequeños huesos de pescado pintados en el interior.
— ¿Supongo que esto es tuyo? —le acercó el plato.
Ni siquiera lo había colocado del todo en el piso antes de que Erica estuviera maullando y deslizándose entre sus tobillos para acercarse al bowl. Stiles se las arregló para alejarse sin tropezarse y lastimarse —o pisar a Erica— y corrió hacia la puerta delantera para dejar entrar a Talia y Laura.
Llegó a la puerta principal, ligeramente despeinado y sin aliento, y la abrió. Laura y Talia estaban hablando en el porche. Sonrieron cuando vieron a Stiles en la entrada.
— ¡Hey! ¡Apuesto que pensaron que las olvidé! ¿Uh? —Rió, apenado.
—Para nada —rió Laura a su vez.
Stiles se hizo a un lado y dejó entrar a las dos mujeres a la casa. Esperó que no se percataran de lo cansado que estaba por corretear en los alrededores.
—No fue mi intención tardarme tanto. Tuve que alimentar a Erica.
—Está bien —Talia se quitó la chaqueta—. ¡Estábamos admirando las camas de flores frente a la casa!
—Sí —Stiles rió por lo bajo, tomando la chaqueta para colgarla… en algún lugar. Ya encontraría un armario para visitas después—. Así es Derek. Tiene buena mano para las plantas. Si esas les gustaron, deberían ver lo que hizo con el patio trasero. Stiles puso el abrigo de Talia en el respaldo de una silla cercana a la puerta y se movió por el corredor principal para invitarlas al interior de la casa—. Bueno, déjenme mostrarles la casa, darles un tour rápido.
Stiles las guió por la casa, ofreciéndoles un corto y, probablemente, insuficiente tour por el hogar al que acababa de aclimatarse hace apenas unos minutos. Terminó el recorrido frente a la pequeña habitación de huéspedes al costado del pasillo principal.
—Y aquí está su habitación —abrió la puerta, sonriendo con nerviosismo.
Pronto iban a dar las cinco y necesitaba empezar la cena antes de que Derek llegara a casa. Y, ya sabes, figurarse cómo iba a fingir una relación toda la tarde.
Talia ladeó la cabeza, confundida, y miró a Stiles.
—Oh. Íbamos a quedarnos en un cuarto de hotel.
— ¿Qué? ¡Claro que no! —Ladró Stiles, levantando las manos—. Nunca están en la ciudad, ¡a Derek le va a encantar que se queden aquí!
Laura y Talia intercambiaron una mirada con incredulidad, el escepticismo frunciéndoles el ceño. Tras un momento, Laura se encogió de hombros y miró a Stiles.
—Si estás seguro… —murmuró Talia con incomodidad, pero sus ojos brillaron de emoción ante la idea—. No nos gustaría importunar.
—Si conozco bien a Derek, entonces estoy seguro de que le gustará que se queden —dijo Stiles con énfasis.
Oh, Dios.
¿Y qué pasa si no se lleva bien con su familia?
¡Claro que se lleva bien con ellos! Es el tipo de sujeto que sacrifica su bienestar para salvar huérfanos de un edificio en llamas y atiende animales lastimados hasta que se recuperan en el refugio. ¡Claro que ama a su familia y quiere que se queden con él!
Talia sonrió de nuevo.
—De acuerdo. Entonces supongo que debemos traer nuestras cosas del auto rentado.
Stiles se pasó las manos por el cabello.
—Genial y, uh, iré por los víveres a mi carro y empezaré a preparar la cena.
Mientras Laura y Talia tomaban sus maletas del compartimiento del auto y volvían a la casa, Stiles se desplomó al costado de su vehículo y meditó todas las decisiones estúpidas que tomó en la última hora.
—Amigo, ¿qué diablos estás haciendo? —siseó para sí mismo, pasándose las manos por la cara, torciéndose las gafas. Stiles se las quitó y las limpió con el borde de su camisa. Se las puso de nuevo y se movió para abrir la cajuela del auto.
Tomó las bolsas y levantó la mirada sólo para encontrarse con que el vecino de Derek acababa de estacionarse frente a su entrada y lo estaba observando con curiosidad. Los ojos del chico se entornaron con curiosidad antes de mirar la casa de Derek y de nuevo a Stiles.
—Uh… ¡hola! —Sonrió Stiles—. ¡Soy el novio de Derek! —informó. El chico sólo siguió mirándolo, sin responder—. La familia está de visita. Ya sabes cómo es —rió con nerviosismo. El hombre frunció el ceño, lanzando una mirada sospechosa en su dirección, pero siguió caminando hacia su casa. Stiles dio media vuelta y volvió al interior de la casa—. ¿Qué mosca le picó?
Dejó las bolsas en la encimera de la cocina de Derek y respiró hondo, dejando salir el aire lentamente.
Fase tres: encantar a la hipotética y potencial familia política con exquisitas habilidades culinarias y aptitudes mágicas para conversar.
—Ya llegaste muy lejos, Stilinski. Ahora debes concentrarte y hacerlo bien.
Nunca tengo tiempo para betear, así que si distinguen algo demasiado insoportable para el ojo humano —o incorrecto en cuanto al buen uso del español—, sean buenos niños y díganmelo. But be kind, please.
Por cierto: no se les van a caer los dedos si se animan a comentar, ¡por Thor!
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