Tras la disputa de hace dos días, Mikasa había vuelto a comer. Casi nada y había que insistir un poco, pero en su rutina había vuelto la hora de ir al comedor a hacer más cosas que escuchar la cháchara de sus compañeros.

—Mikasa. —La chica escuchó la voz de la comandante tras unos cuantos golpes a su puerta—. ¿Puedo pasar?

—Sí —murmuró, pero Hanji la escuchó.

Cuando la mujer se acercó a Ackerman y se sentó a su lado en la cama, recordó a Eren y cómo todo cambió con su muerte.

—Estaba pensando en tu entrenamiento. —Mikasa la miró un poco sorprendida—. Me alegro de que hayas vuelto a comer. Sé que el enano fue un poco brusco, pero lo hizo con buenas intenciones. —"Sí, seguro", pensó Mikasa con rencor—. Si sigues así, en una semana te dejaré volver al entrenamiento.

Hanji advirtió el brillo de ilusión opaca en sus ojos. Y se alegró, porque habían vuelto a brillar.

—Te dejo. Hasta luego, Mikasa.

—Hasta luego, comandante.

Se volvió a tumbar en la cama, pensativa. Desde que Eren murió, dejó de comer. Se volvió débil, pero no importaba, porque ya no tenía nadie a quien proteger. Porque ella ya era débil.

Se arropó mientras observaba la nieve caer desde la ventana. El invierno había llegado, y con él, el frío. Apenas quedaba una semana para Año Nuevo, pero ella nunca le había dado demasiada importancia. Un año más en este apestoso mundo. Qué honor.

Estaba tan absorta en sus pensamientos que no notó que sus compañeros habían entrado en la habitación.

—Esto... Mikasa —la llamó Jean—. Vamos a organizar la fiesta sorpresa del sargento.

La chica alzó la cabeza. ¿Fiesta? ¿Qué celebraban? Levi no entraba en la lista de personas que le caían bien. Tras el rescate de Eren e Historia, sí que dejó de odiarle, pero en ese momento Mikasa odiaba a todo el mundo. Porque habían sido tan insensibles de seguir con su vida tras la muerte de Eren.

—Mañana es el cumpleaños del sargento —dijo Sasha.

—¿Y?

—Nos gustaría tener tu ayuda...

El silencio de Mikasa lo dijo todo. No iba a hacer nada. Tampoco creía que al sargento le gustaran las fiestas sorpresa. Sus compañeros entendieron que no estaba el ánimo para ello, pero necesitaban desprenderse de toda la tensión, el miedo y las pérdidas, aunque fuera con alcohol y fiestas.

—Mikasa... Sólo un día. Te prometemos que te lo pasarás bien —insistió Conny.

Mikasa frunció el ceño. ¿Que se lo pasaría bien? ¡Eren había muerto! ¡Su único familiar, lo poco que le quedaba en el mundo, había muerto! ¡Y ellos pensaban en fiestas!

—Si no quieres no te podemos obligar —murmuró Historia.

Mikasa siguió impasible, y ellos salieron de la sala. Se quitó la bufanda y la observó. Estaba sucia y vieja. Recordó el día que se la dio. El día que perdió un hogar y recibió una segunda oportunidad.

¿Qué haría Eren en su lugar? Si ella muriera, ¿Eren iría a la fiesta? Su hermano había tenido al sargento en un pedestal, pero Eren... Él no sería capaz, ¿o sí? ¿Habría olvidado su muerte y la superaría?

Sus manos agarraron la tela de la bufanda. Sentimientos encontrados, chocando entre sí. Eren diría: "no puedo estar mortificándome con la muerte de Mikasa. ¡Debo divertirme y olvidar!". Y una lágrima recorrió su mejilla.

—Quizás debería ir... a la fiesta del sargento.

Entonces la puerta se abrió con brusquedad.

—¡Gracias, Mikasa! —Sasha se abalanzó sobre ella en un gran abrazo. La chica forcejeó un poco, logrando que la chica-patata la soltara—. ¡Vamos, empecemos cuanto antes!

Y la arrastraron a una de las habitaciones vacías del sótano. Olía a humedad y a cerrado, pero tras varias horas consiguieron acondicionarlo. Era por la mañana cuando terminaron, entre la decoración y los turnos para dormir.

—Jean, no te olvides de avisar a la comandante para que traiga la comida antes de la cena, por favor —dijo Historia.

Estaban cansados, pero aún quedaba la parte más importante: conseguir que Levi fuera al sótano. Y lamentablemente, la única persona de la que no sospecharía en su cumpleaños era Mikasa.

El sargento Levi estaba en su despacho, tomando un té tranquilamente. Por fin podía descansar de la molesta de Hanji. El papeleo ocupaba su tiempo en ese momento, ajeno a que hoy era su cumpleaños, porque no le veía sentido a celebrar un año más ese apestoso mundo. Qué honor.

Entonces llamaron a la puerta.

—Adelante.

Mikasa entró con tranquilidad. Levi se extrañó al verla allí

—Sargento, he encontrado algo... extraño en uno de los sótanos.

—¿Qué has encontrado? —preguntó, desconfiado. Pero era Mikasa, ¿por qué iba ella a tener algo relacionado a su cumpleaños? Aunque —esto nunca lo admitiría— la idea no le molestaba del todo.

—No lo sé con certeza, señor —respondió ella.

Levi recorrió los pasillos bajo el tétrico escrutinio de Mikasa. Él no era un hombre al que se le pudiera incomodar fácilmente, pero, por todas las diosas, la mirada oscura de esa muchacha sí que conseguía ponerle los vellos de punta.

Abrió la puerta ante la chica, expectante ante la duda de qué se encontraría allí dentro.

Confeti voló al techo al grito de "¡Feliz cumpleaños!" y todos aplaudieron ante la cara de sorpresa de Levi.

Su mano se crispó alrededor del frío pomo. ¿Acaso hablaba en otro idioma cuando decía que no le gustaban las fiestas de cumpleaños? Miró con el ceño fruncido en dirección a Mikasa, pero ella miraba hacia otro lado, ocultando su rostro bajo la tela roja de la bufanda.

Levi abrió la boca, a punto de soltar una serie de improperios, pero, al ver la cara de ilusión de aquellos muchachos en un intento de borrar todo el miedo que desde jóvenes habían sufrido en sus carnes, se vio incapaz de romper esa atmósfera de felicidad que sabía tanto les había costado construir.

Suspiró con cansancio, forzándose a ocultar una pequeña, minúscula sonrisa que intentaba instalarse en sus labios. Miró a Mikasa con un rencor inocente, y ella esbozó una suave mueca de paz bajo la bufanda.