Nota: Sé que había dicho que era one-shot pero creo que nos quedamos con ganas de algo más al final jaja besos y saludos :D espero les guste

Ranma ½ y todos los personajes son creación de Rumiko Takahashi

El viento se colaba suavemente por la ventana. El atardecer caía con paso lento, dejando sentir la calidez de los últimos rayos del Sol. Akane se encontraba descansando en una cama dentro de la clínica del doctor Tofu. El cuerpo de la joven mostraba vendajes hasta en la punta de los dedos de sus manos. La sonrisa apacible que revelaba su rostro indicaba que no había mucho de qué preocuparse sobre su estado. Su respiración era regular, se notaba por el subir y bajar acompasado de su pecho. Abrió los ojos lentamente. Había dormido durante varias horas, no estaba segura de la cantidad de tiempo transcurrido ni del momento del día, pero eso no era importante, ya que el doctor Tofu le había dado la indicación de dormir todo cuanto le fuera requerido por su cuerpo. Reposo y alimentación, en eso consistían los recientes días luego de la brutal pelea que había tenido.

Lo primero que vio fue el techo, esto debido a que la postura en la que se encontraba era totalmente boca arriba. Luego de unos segundos decidió girar su cabeza levemente a su lado izquierdo. Tan común como los otros días desde que estuviera en ese lugar, unos profundos ojos azul grisáceos, a la tenue luz del atardecer, la observaban atentamente.

La chica peliazul se preguntaba en qué momento del día él se recuperaba, pues desde que fueran llevados a la clínica para curar sus heridas, no transcurría un día en el que él no estuviera pendiente de su dormir o su despertar. Le pareció que aquella mirada, impregnada de calidez y ternura mezclado con preocupación, invadían cada fibra dentro de ella. Suspiró pesadamente y volvió la vista al techo, en parte para que no la tonara sonrojada al sentirse presa de esa mirada y en parte porque la ponía nerviosa a pesar de los años de conocerse.

-Deberías dormir, yo estoy bien Ranma… -le dijo en tono serio.

-Aka…ne… -él hablaba pausadamente. Tenía vendado el cuello, aunque antes había traído un collarín. Los daños de haber sido casi muerto por ahorcamiento, aún tenían secuelas en él. El doctor Tofu le había dicho que sería la parte más delicada de su recuperación pero que sin duda volvería a poder hablar como antes, solamente tenía que esforzarse lo menos posible y seguir las indicaciones.

-No hables, debes descansar la garganta por más tiempo. Por favor no arruines tu avance -ella lo miró casi en forma suplicante.

Se preocupaba por ella. No le interesaba del todo no poder dormir mucho siempre que pudiera estar al pendiente de su prometida. Los primeros días luego del enfrentamiento, le habían puesto los nervios de punta, pues la incertidumbre de si algún otro loco aparecería, le comía la cabeza. A veces escuchaba un ruido y se despertaba de golpe, mirando siempre la cama que tenía a un lado, con el cuerpo de Akane en ella. Si ella estaba a salvo entonces lo demás estaba de más. Tal era su miedo que había rogado al doctor Tofu permanecer en la misma habitación. Se preocupaba en recuperarse, es verdad, pero solamente con la intención de proteger a quien amaba. La preocupación que ella dejaba ver a través de su mirada lo ponía incómodo, parecía un corderito suplicando y eso lo ponía nervioso e incómodo.

De pronto, frente a los ojos de Akane se mostró un letrero como los que suele usar cierto panda de la familia Saotome. En él se encontraba escrito "Akane ¿te sientes mejor?" La chica no pudo evitar reír por lo bajo al notar la cara de pocos amigos de su prometido mientras le mostraba aquél cartel.

-Parece que ahora necesitas usar la técnica de tu padre jajaja es la mejor de todas las que le has aprendido -Akane continuó riendo.

Escucharla reír de aquel modo, le devolvía toda la alegría que había perdido días antes al verla luchar en su recuperación. Él también sonreía mientras ella no lo mirara, porque debía seguir fingiendo estar molesto ante la mofa de ella hacia sus recursos para comunicarse. Surgieron más letreros, así como risas de Akane.

"Deja de reírte" "Muy gracioso ¿no?" "Me las pagarás Akane…" "Eres una boba"

Akane no podía parar de reír, pues su prometido se veía tan gracioso al no poder quejarse de viva voz. Tuvo que levantarse para poder estar sentada y tocar su estómago, comenzaba a pasarle factura la risa, provocando incomodidad en sus heridas aunque a decir verdad el haber reído también le sentaba bien. Se tomó unos momentos para quitarse una lágrima que comenzaba a salir a causa de tanta risa. Ranma enarcó una ceja y la miraba con cara de disgusto.

-¿Ya? -logró preguntarle el azabache.

Ella se aclaró la garganta y compuso la expresión de su rostro en una más seria, aunque tenía una mano tapando su boca pues estaba comenzando a reír de nuevo.

-Sí… ya… lo siento -se disculpó y miro hacia otro lado, aún con una amplia sonrisa en su rostro.

-Como te estaba diciendo, creo que deberías descansar… -retomó el tema la peliazul- anda toma una siesta en lo que yo como algo, no pasa nada si tú… -ella volteó a verlo y paró en seco lo que estaba diciendo.

Ranma la miraba como nunca ella hubiera recordado. Aquella mirada era una combinación de seguridad y algo más, algo tan profundo que no podía explicar. Un escalofrío de nervios, y muchas emociones más, invadió su cuerpo. Los ojos de la muchacha se abrieron llenos de sorpresa. Tuvo que parpadear varias veces para leer con cuidado las palabras que estaban escritas en el cartel que Ranma le mostraba.

"Akane… cásate conmigo"

Los ojos de ella comenzaban a humedecerse. La observó agachar su cabeza y tapar con sus manos ese hermoso rostro que a él tanto le gustaba. Era evidente la emoción que la embargaba. Lo que él le había escrito no era una pregunta, era una propuesta mucho más enérgica y segura. Ranma sentía que probablemente habría sido mejor decirlo de sus propios labios, pero lo cierto es que esa fue la forma en la que él encontró un poco de valor, aunque cobarde para sus adentros, de decirle lo que había estado deseando de tiempo atrás. La dura pelea le había abierto los ojos de su corazón, mostrándole sus verdaderos sentimientos y estaba dispuesto a no desperdiciar el tiempo pues cada segundo al lado de ella era valioso.

Akane no supo qué hacer o decir. Su corazón latía tan intensamente que sentía que se saldría en cualquier instante de su lugar. En algún momento de su vida había imaginado cómo sería aquel momento en el que su prometido por fin le dijera algo acerca de estar juntos en matrimonio luego de aquella primera fallida ocasión. Se encontraba tan absorta en su sentir que no había reparado en que unos brazos fuertes y vendados le rodeaban. Pegada a su pecho, pudo sentir el otro corazón palpitante. Tan fuerte, tan emocionado como el suyo. Él estaba sentado en la cama a un lado de ella. Lo miró a los ojos como pudo. Sus ojos azules estaban llenos de ternura y seguridad. Se sentía protegida… se sentía amada…

Ranma recorrió uno de los mechones del cabello de su prometida para pasarlo detrás de su oreja y con esa misma mano le limpió las lágrimas. Después, delicadamente acarició esa suave piel de su mejilla. Finalmente, sin pensarlo tanto, fue acercando la mano hasta la fina barbilla de la joven para acercar su rostro al de ella. Akane no podía creer lo que su siempre torpe prometido estaba haciendo. Al verlo tan cerca, ella automáticamente cerró los ojos. Después de verla brevemente, él hizo lo mismo.

En ese momento, ese instante y a la vez eterno lapso, se dejaron llevar por sus corazones. Sus labios al fin se habían juntado en un tierno y profundo beso. Las lágrimas volvieron a salir de los ojos de ella, resbalando por sus mejillas, lágrimas que él volvió a limpiar con sus manos temblorosas al inicio, seguras al final, pero sin dejar de demostrarle con aquel acto, todo lo que sentía por ella. Él sabía bien que las palabras nunca eran su fuerte, pero tal vez con sus actos podría dejarle todo en claro. Entonces esto es un sí… Pensó el joven de la trenza mientras la besaba.

Con la puerta entreabierta, los observaban toda la familia. Nabiki no dejó pasar la oportunidad de tomar una fotografía para guardar aquel momento tan esperado por todos. Cada uno de ellos, incluyendo a la mediana de los Tendo, podían sentir sus corazones emocionados ante dicho evento. Todos mostraban lágrimas contenidas en los ojos. Eran testigos de ese suceso y por supuesto no iban a arruinarlo, así que luego de haber espiado, como siempre, volvieron a emparejar la puerta y se fueron a hurtadillas para pasar inadvertidos.

Y el tiempo pasó.

-Gracias por todo doctor… -se escuchaba la voz fuerte y clara de Ranma.

-Cuídense y si necesitan algo no duden en llamarme -se despedía amablemente el hombre de los lentes.

Ambos jóvenes iban caminando, bueno al menos uno de ellos caminaba seguro sobre el asfalto mientras la peliazul era cargada por los brazos del chico de la trenza. Caminaba despacio, sin ningún tipo de prisa y con mucho cuidado.

-Ranma… ya te dije que me bajes, puedo caminar sin problemas -reclamaba molesta.

-Ya te dije que no, no insistas… -le respondió muy seguro de sus palabras.

-¿Acaso piensas que no puedo andar por mí misma? -le cuestionó en tono irritado.

-Akane, ya sé que puedes cuidarte y caminar por ti misma, pero a veces eres muy torpe y te tropiezas y en esta situación lo mejor es que yo lleve el control… -resolvió el azabache con una cierta pisca de presunción.

-¿Te burlas de mi Ranma Saotome? ¿Acaso piensas que nos voy a tirar? -el tono de Akane era cada vez más molesto por lo que el chico de la trenza le estaba declarando -Además, ¿por qué rayos me traes con esta manta? Ni siquiera puedo ver bien porque me tapa parte de la cara ¡bobo!

-Tranquilízate ¿quieres? Ya estamos cerca. Tenía que taparte porque el doctor dijo que estabas un poco fría y debías conservar una buena temperatura. Además así estamos más cómodos, mejor estar calientitos. Ya te lo dije… me encargaré de nosotros… -sus palabras sonaron tan seguras y ante los oídos de Akane también se escucharon amorosas, a su modo claro. La joven peliazul ya no dijo nada y se limitó a quedarse en esos brazos fuertes y bajo aquella manta que los cubría. El silencio se hizo presente, solamente interrumpido por el sonido de los pasos de Ranma.

Luego de unos momentos, él volvió a hablar.

-Akane…

-¿Qué?

-Espero estés lista… -Ranma comenzaba a sentir nervios. Ya se encontraban frente a la entrada de la casa Tendo.

Akane asintió y suspiró.

-Tarde o temprano llegaría este momento… estamos listos…

Ante aquellas palabras, el azabache avanzó. Y anunció su llegada a la familia.

-¡Ya llegamos! -se escuchó su voz.

La joven pareja pudo escuchar claramente el sonido de pies corriendo, unos por el pasillo, otros bajando las escaleras a toda prisa

-¡Bienvenidos a casa! -dijo Kasumi mostrando su siempre amable sonrisa.

-Vaya, ya era hora… -dijo Nabiki al tiempo que tomaba una fotografía.

-¡Bienvenidos! -gritaron los patriarcas con una enorme sonrisa cada uno en sus rostros.

-Estoy tan feliz de que volvieran… -comenzó a decir Nodoka mientras se acercaba a su hijo y su nuera -¿por qué vienes tapada querida?

-Porque su hijo es un exagerado… -le respondió en modo resignado.

-Basta de intrigas Ranma, Akane… quiero verlo -dijo Nabiki con su sonrisa pícara de siempre.

-Sí, yo también -decía Kasumi acercándose.

-¡Yo también quiero veeeeeer! -gritó Happosai que se acercaba a toda prisa. Saltó hasta donde se encontraba el brazo de Ranma que sostenía a Akane por el torso y corrió la manta que la cubría.

Todos se asomaron.

Akane llevaba entre sus brazos un pequeño bebé, uno de días de nacido. Dormía profundamente en los brazos de su madre que era sostenida por los brazos de su padre. Tenía los cabellos azulados aunque en un tono más obscuro que los de su madre. La primera en cargarlo fue Nodoka, quien lo tomó con sumo cuidado entre sus brazos. Nabiki no paraba de tomar fotos, los patriarcas lloraban rebosando de alegría, Kasumi acompañaba a la señora Saotome al interior con su ahora sobrino y Happosai había ido a buscar sake para celebrar con sus alumnos.

Ranma y Akane se habían quedado abandonados en la entrada. Era evidente que ahora no eran el centro de atención. Ambos miraban incrédulos la escena.

-Bueno… se comportaron mucho más decente de lo que pensé… -le dijo Ranma.

-Sí… -atinó a decir Akane -Ranma ya bájame, ya puedes estar tranquilo, si me caigo nuestro hijo no sufrirá daños… -lo miraba con los ojos entrecerrados a modo de reclamo, recordando que le dijo torpe.

-¿Bromeas? -no la miró, solamente desvió la vista hacia arriba para que no notara su sonrojo y acto seguido caminó hasta el interior de la casa para llevarla en brazos hasta su habitación.

Ahora sí... Fin (:

Muchas gracias a todos y todas por sus comentarios. Abrazos!