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-Kagome-
Inuyasha se sienta a mi lado rápidamente y de inmediato me despierto. Lo observo bajo la luz azulada de la noche y me parece toda una visión de ensueño. Divino en todos sus rasgos, y ahora más fuerte, más alto, más ancho, mi corazón se acelera con sólo admirarlo y ver las sombras que le acarician cada músculo, la forma en la que sus ojos brillan como oro y sus cabellos como plata. Pero me obligo a salir de mi burbuja para prestar atención a lo que realmente es importante. Inuyasha está aleta, sus orejas se mueven ligeramente, sus ojos están clavados en la puerta de nuestra casa, y está muy quieto.
-¿Inuyasha? –susurro, por alguna razón sé que no debo hacer ruido porque él está intentando distinguir algo allá afuera. Lo conozco demasiado bien para saber porqué hace cada movimiento y cada gesto. Pero aún así suelta un casi inaudible "Shh" que alarga hasta apagarlo.
Luego aspira, casi en silencio, y todo su cuerpo se tensa como si acabara de recibir un golpe de agua helada, entonces sus ojos se abren de par en par, ahoga una exclamación y cierra los puños sobre la sábana que nos cubre. Mi corazón no tarda en dar un vuelco sabiendo que lo que sea que haya olfateado y sentido, es malo. Tal vez demasiado malo.
-Dime, dime que pasa –yo también me siento y lo tomo del brazo para que se tranquilice.
-Sesshomaru… -murmura, aún con ese gesto de completa angustia. ¿O es terror? Eso me asusta, me asusta más de lo que me atrevo a aceptar. Siento cómo la piel se me eriza, y entiendo. Entiendo que no está aterrorizado de esa manera tan inusual porque su hermano esté cerca, que debe de estarlo para haberlo olfateado, sino porque algo le pasa a Sesshomaru.
-¿Está herido? –parece que Inuyasha va a perder la calma en cualquier momento así que debo permanecer firme y no retroceder ante lo que sea que vaya a decir. Pero me anticipo y empiezo a sentir la bilis subiendo por mi garganta. ¡Por Díos! ¿Qué puede ser tan grave para ponerlo así?-. ¡Inuyasha! ¿Está herido? ¡Respóndeme!
Me mira, sus ojos sólo me transmiten el horror que está sintiendo, y se pone de pie lanzando la sábana. Esta desnudo pero en seguida se pone los usuales pantalones rojos y lanza hacia mí, completamente desesperado, la parte de arriba de su traje para que me cubra. Mientras lo hago, recuerdo que Shippo me contó una vez que cuando mis poderes fueron sellados por Magatsuhi, éste mismo estuvo a punto de matar a Sesshomaru encerrándolo en un gran capullo, e Inuyasha se olvidó completamente de todo lo demás con tal de ir a salvar a su hermano. Según Shippo, Inuyasha corrió en su ayuda como si de verdad no pudiera soportar la idea de perderlo. Ese amor por su hermano no lo volvió a demostrar, pero sé que está ahí. Ahora más que nunca. ¿Qué le ha pasado a Sesshomaru para enmudecer así a mi medio demonio?
Me pongo de pie y él se acerca a mi tomándome de los brazos visiblemente alterado.
-Escucha Kagome, necesito que seas realmente fuerte en este momento –mi corazón vuelve a dar otro brinco que esta vez me roba la respiración.
-¿Qué sucede? ¿Lastimaron a tu hermano?
-Si… No –sacude la cabeza como si no pudiera acomodar las ideas. ¿Si? ¿No?-. Es Rin… está herida, Kagome…
-Rin… -sueltan mis labios pero apenas me doy cuenta de eso pues comienzo a hilar sus acciones con sus palabras. Sí, lastimaron a Sesshomaru en su punto más vulnerable.
-… herida de muerte –termina de hablar y me veo obligada a mirarlo directo a los ojos para darme cuenta de que lo que acaba de decir es tan real como sus manos sobre mi piel en ese instante.
-Inuyasha –suelto y me llevo las manos a los labios comprendiendo la situación al grado de casi hacerme perder el equilibrio, que bueno que me sigue sujetando.
-Lo sé. Ahora, escucha con atención, vamos a hacer esto ¿de acuerdo? Viene para acá, ya está cerca. Yo nunca… -niega suavemente con la cabeza, sé que está buscando palabras-, nunca he visto a mi hermano como estoy a punto de verlo ahora. Lo que puedo sentir y oler… –se lleva una mano al pecho, justo a la altura del corazón-. Siento que algo en mi se desgarra.
-Tranquilo –estiro las manos hacia él y le tomo el rostro con suma delicadeza-. Tranquilo, aquí estoy, justo a tu lado. Vamos a solucionarlo. Respira profundo, hazlo.
Me mira sin entender pero me hace caso, se relaja y lo vuelve a intentar, hasta que la tensión en sus hombros baja un poco.
No quiero ni imaginar qué me voy a encontrar en Sesshomaru para que haya logrado poner así al hombre más fuerte que conozco.
Y entonces salimos a la noche cálida, y bajo el manto de estrellas lo veo acercarse como una esfera de luz que atraviesa el camino con tanta velocidad que hace vibrar el viento. Se detiene a unos metros, la luz desaparece y ahí está. Exactamente lo que me advirtió Inuyasha pero mucho, mucho peor a lo que mi comprensión pude procesar. Escucho a mi hombre mitad demonio soltar de golpe todo el aire contenido en sus pulmones, antes de echarse a correr hacia su hermano, pero yo me quedo petrificada unos instantes, intentando comprender la imagen que tengo enfrente.
Es Sesshomaru, pero no lo es. Está bañado en sangre, pero no es su sangre. Y su expresión… Eso es, ahí está lo que Inuyasha temía, lo que le daba todo un nuevo aire a su hermano. Pánico. El gran Sesshomaru, en pánico. Tiene una expresión que me hace pensar que va a gritar en cualquier momento, y si eso pasa no quiero ni pensar lo que vamos a sentir, o en lo que Inuyasha vaya a sentir. No puedo permitirlo. ¡Muévanse piernas!
Hormigueantes y todo, pero al fin mis piernas reaccionan y ando lo más rápido que puedo hacia ellos. Entonces empiezo a ver con más claridad el escenario. Jaken está llorando a lágrima suelta a un lado del sendero pero esta vez su llanto me parece más real y profundo que nunca. Y Sesshomaru, con la mirada perdida al frente, los labios ligeramente separados, y mucho más pálido de lo normal, sujeta a Rin entre sus brazos como si fuera el más preciado de todos los tesoros, apretándola suavemente contra su pecho, incapaz de dejarla ir. Ella está inerte, sangrante, probablemente… ¡No!
Inuyasha intenta quitarle a la niña pero su hermano de inmediato lo aleja y lo mira con tanta rabia que está a punto de convertirse en demonio, lo cual no detiene a mi amado, que en seguida se vuelve a acercar.
-Sesshomaru, por favor –le habla con voz suave, como si estuviera tratando con un niño muy querido-. Dámela.
-No… -lo escucho musitar, ¿o me lo imaginé?
-Escúchame, ¿quieres salvarla? ¿Eh? Tienes que soltarla para que Kagome la vea. Y tu Jaken –el demonio sapo lo mira con los ojos enrojecidos-. Ve ahora mismo por la anciana Kaede, ¡pero ya! –Jaken sale de ahí corriendo lo más rápido que puede y desaparece en la noche.
Ya cerca de ellos, apreciando en carne propia la angustia terriblemente dolorosa del elegante demonio, y la preocupación de Inuyasha, alzó una mano y la coloco sobre una de las de Sesshomaru, atrayendo su atención de inmediato. Apenas sus ojos de ámbar se clavan en los míos, se desploma. No lo puedo creer, esto va más allá de cualquier cosa que me hubiera imaginado. Sesshomaru abatido, arrodillado sobre la tierra como si no pudiera dar un paso más, esconde el rostro entre los cabellos de Rin. No hace un sólo ruido, ni el más ligero, simplemente permanece así.
Miro a Inuyasha pero él tiene la vista clavada en su hermano, y puedo ver cómo le tiemblan las manos. Debo calmarme. Debo hacerlo. Me arrodillo frente a Sesshomaru y me atrevo a tocar a Rin para quitársela, él endurece sus brazos y alza el rostro para verme, luego… la suelta.
-Por favor… -dice, y su voz de hielo está a punto de quebrarse-, te lo suplico. Te lo suplico.
