Hola, queridos lectores!
Pongo los comentarios arriba por única ocasión para aclarar un par de cosillas.
Primero, decidí que en vez de ser un One-shot, se volviera algo con un poco más de forma. No prometo muchos capítulos aun así. Tal vez otro fic más adelante.
Segundo, cambié la clasificación a M por éste capítulo, así que si no buscáis nada de esta clasificación, mi recomendación es que no sigan adelante :)
Tercero, es la primera vez que escribo contenido de este tipo, así que cualquier retroalimentación es bienvenida :) el chiste de esto es mejorar la redacción y aprender a escribir de todo, o no? jeje
Cuarto (y no por eso menos importante) gracias por las reviews en el cap pasado y los favs y alerts. Espero que este nuevo capítulo sea de su agrado :)
~Aloine
Seis meses habían pasado desde su caída, seis meses llevaba viviendo con Molly Hooper y seis meses después se encontraba cayendo una vez más. Para su suerte, vivir con Molly lo había hecho cambiar en su forma de ser. Proceso que se había dado poco a poco, de manera casi imperceptible para Sherlock, pero cuando se ponía a analizar su situación se daba cuenta de sus no tan sutiles cambios. Aunque en un principio había tratado de alejarse de ella y convivir con ella lo menos posible, desde que la había besado en la cocina las cosas habían cambiado entre ellos dos.
Esa tarde ella había vuelto temprano del hospital, cosa que no sucedía muy a menudo, y lo había encontrado en la sala acostado en el sillón dándole la espalda como si estuviera haciendo alguna rabieta, pero no tardó en darse cuenta que estaba dormido. Se había acercado a él y lo había besado tiernamente en la mejilla, haciendo que despertara con un sobresalto. Él aun no estaba acostumbrado a ese tipo de actitudes para con él, pero no dijo nada. Últimamente el simple hecho de ver a Molly hacía que se ruborizara y esperaba que ella no se diera cuenta. Al menos no la mayoría de las veces.
Ella lo dejó en la sala y se dirigió a su habitación. Él se levantó casi inmediatamente después y se dirigió al comedor, donde lo esperaba una caja con panquecitos. Sacó uno y lo mordió distraídamente. Molly había adoptado esa costumbre de comprar panquecitos cuando salía temprano y él no podía más que deducir que eran para él.
Escuchó que algo cayó en la habitación de Molly e inmediatamente se dirigió para allá.
—¿Todo bien, Molly Hooper?
Ella lo había volteado a ver tratando de permanecer seria. Pero una ligera sonrisa escapó por un instante.
—¿En serio, Sherlock? Podrías llamarme Molly solamente, ¿sabes? Todo está bien, solo tiré sin querer mi botella de perfume—dijo mientras se agachaba a recoger la botella. Sherlock la miró recargado en el marco de la puerta y reconoció la botella. Era de su perfume de violetas, el mismo que lo hacía perder la razón brevemente cada que la olía. La observó dejarlo delicadamente sobre el tocador y voltearlo a ver con una sonrisa en el rostro.
Aunque había sido algo sencillo y él había demorado más de lo común en atinar qué estaba pasando, Sherlock sabía que Molly se preocupaba por él. Y ahora que había dejado atrás su encierro en la habitación continua, ella había vuelto a su animosidad de siempre.
Molly caminó hacia la puerta donde estaba Sherlock recargado con destino a la sala y sin prestarle atención. Mientras se soltaba el cabello, pasó cerca de él y éste la detuvo sujetándola suavemente por el brazo.
—¿Qué sucede, Sherl-
Pero Sherlock presionó sus labios contra los suyos evitando que terminara de pronunciar su nombre. Con una mano la atrajo hacia sí y después la abrazó fuertemente sin romper el beso. Sintió como ella se amoldaba a su cuerpo a pesar del largo abrigo que lo cubría. Ella ya no traía la bata encima, solo su blusa color durazno y una falda negra hasta las rodillas.
Molly ya había desabrochado la mitad de los botones de su abrigo cuando él se dio cuenta. Se separó de ella un instante y ella lo miró nerviosa.
—Yo, eh...
Para su sorpresa, Sherlock terminó quitándose por completo el abrigo. Traía su camisa purpura y ella no pudo evitar pensar que se veía increíblemente guapo. Se ruborizó por completo. Sherlock sonrió de lado. La atrajo nuevamente hacia él y volvió a besarla.
Besarla, aunque en un principio había sido algo incómodo, había comenzado a volverse una especie de adicción para Sherlock. La besaba cada que podía aunque muchas veces solo presionaba sus labios contra los de ella por unos instantes. Esta vez, mientras deslizaba sus manos por entre su cabello, deslizó su lengua sobre sus labios, analizando la reacción de Molly. Todo era nuevo para él, podía compararlo con sus experimentos y la sensación que le causaba resolver algún misterio. Pero todo eso se quedaba muy atrás si lo contrastaba con lo que estaba sintiendo en esos momentos.
Ella lo atrajo hacia su cama y él obedeció casi automáticamente. La vio sentarse y se quedó parado frente a ella. Molly alzó la mirada y sintió cómo Sherlock ponía sus manos sobre sus hombros, sintiendo su piel suave. Ella desvió la mirada, visiblemente apenada.
—Sherlock, yo...
Él colocó un dedo sobre su boca, haciendo una vez más que guardara silencio. La recostó sobre la cama y se recostó a un lado de ella respirando profundamente. Molly alzó una ceja. Giró la cabeza para verlo y él miraba fijamente al techo, como si por primera vez no estuviera muy seguro sobre qué hacer. Estaba notablemente nervioso, Molly nunca lo había visto así. A su mente vino la plática que había escuchado por error en algún momento, sobre los apodos que tenia Moriarty para él y su hermano. Una sonrisa cruzó brevemente por su rostro y se incorporó. Sherlock seguía mirando un punto fijo en el techo. Completamente mudo, cosa que era totalmente extraña en él. Lo tomó por la barbilla e hizo que girara la cabeza y esta vez ella fue quien lo besó.
Sus músculos se tensaron. La respuesta fisiológica ante los estímulos estaba bien estudiada, pero jamás había sido experimentada en carne propia. Respiró profundamente, más bien, jaló aire con fuerza, como si temiese que fuera la última bocanada que pudiera dar. Ella mordisqueó suavemente su cuello y dejó escapar una risita haciendo que se le erizara la piel. Se enderezó y la miró aturdido. Ella estaba debajo de él, prácticamente inmóvil y sonriéndole tímidamente, como si para ella también fuese una nueva experiencia. Cerró los ojos mientras se deslizaba suavemente dentro de ella. No pudo evitar soltar un gemido casi imperceptible. Se inclinó aun más hacia ella y ella lo rodeó con los brazos. Disfrutó del contacto con su piel blanca y suave mientras permanecía quieto por unos segundos. Sus ojos verde-azulados se encontraron con los de ella y ella unió sus labios con los suyos delicadamente. Pero él respondió de una manera más agresiva, besándola con más intensidad haciendo que se sorprendiera. Sus instintos, mucho tiempo encerrados y olvidados gracias a su mente racional, parecían querer escapar de su aprisionamiento dispuestos a tomar las riendas de la situación.
Sus movimientos fueron aumentando de velocidad a la par que su confianza. Ambos se habían sumergido en un ritmo casi perfecto. Cada uno se movía como si supiera exactamente lo que el otro necesitaba. Un beso, una caricia, un delicado roce de piel, todo parecía previamente ensayado. Sherlock sintió que Molly ahogó un gemido mientras arqueaba su espalda levemente, tensionando sus músculos y cerrando los ojos. Sherlock sentía que no podía detenerse, simplemente quería que no terminara nunca.
Una sensación similar a una corriente eléctrica recorrió su cuerpo, dejando su mente en blanco durante unos instantes. Gimió entregándose por completo a esa sacudida que lo envolvía. Respiró profundamente, sintiendo su pulso acelerado, la respiración entrecortada de Molly y sus manos acariciando su espalda. Se desplomó sobre ella hundiendo su cabeza en su cabello castaño y respirando el aroma a violetas que lo volvía loco. Sonrió y cerró los ojos escuchando la respiración de Molly, cada vez más tranquila. Ella continuaba acariciando su espalda, ahora dibujando pequeños círculos y después con una mano acarició su cabeza y revolvió su cabello negro. Su sonrisa aumentó aun más y levantó la cabeza. La mirada que le devolvió Molly era tierna y tenía las mejillas rojas. Empezaba a respirar con dificultad y dedujo que era él mismo quien le impedía hacerlo de manera adecuada. Se quitó de encima de ella y se recostó a un lado. Inmediatamente ella se giró poniéndose encima de él y volvió a besarlo suavemente.
—Molly…
Molly pronunció un suave "shh" y Sherlock no dijo nada más. Ella se recargó en su pecho y el la abrazó fuertemente. Cerró los ojos disfrutando el momento y, principalmente, disfrutando a Molly. Su primera experiencia le había resultado estimulante para todos sus sentidos y se encontraba extasiado. Se preguntó si para Molly había sido igual de sublime. Se relajó por completo y no tardó en sumirse en un profundo sueño.
Cuando abrió los ojos ya había oscurecido y notó que aun seguía en la habitación de Molly, pero se encontraba solo. Escuchó ruidos de trastes a lo lejos y fue suficiente para saber que ella estaba preparando algo en la cocina. Té, no; café, no; leche. Estaba calentando un vaso de leche que probablemente era para acompañar un panquecito de los que había comprado previamente. Giró la cabeza y vio el reloj, era media noche y a pesar de que había dormido poco más de 5 horas, sentía que había dormido mil. Se sentía completamente relajado, listo para empezar a resolver casos incluso más rápido de lo habitual. Sentía como si su mente hubiera sido depurada de cosas que no le fuesen útiles. Se sentía fresco, se sentía diferente. No recordaba la última vez que había tenido un sueño tan reconfortante.
Molly entró en el cuarto con su vaso en una mano y la caja de panquecitos en la otra. Aunque comer casi nunca formaba parte de sus preocupaciones principales, en ese momento sintió mucha hambre. Molly se acercó a la cama y le extendió un panquecito.
Sherlock la observó, había notado que en cuanto había entrado en la habitación y lo había visto se había sonrojado levemente, desviando la mirada por un instante.
—No sabía si querías leche—se disculpó y él siguió mirándola sin decir nada. Mordió el panquecito y continuó en silencio. Estaba sentado en la cama, su espalda recargada en la cabecera y las sábanas cubriéndolo hasta la cintura. Quería decirle algo a Molly, pero las palabras le fallaron. Molly también se quedó en silencio y, después de dudarlo un par de segundos, se sentó en la cama enfrente de él.
Permanecieron en silencio un par de minutos. Por primera vez, el detective consultor no podía expresar nada. Sobre su cabeza giraba un único pensamiento: ¿Y ahora qué pasará entre nosotros?
Odiaba los sentimientos y todo lo relacionado a ellos. Eran una pérdida de tiempo…o al menos así lo había pensado hasta ahora. Molly hacía que se distrajera. Antes, cuando solo convivía con ella en la morgue, su efecto sobre él era casi imperceptible. Pero ahora que se encontraba viviendo con ella, cada vez le era más complicado mantenerse alejado de ella.
Había dejado de usar esa barrera con ella. Había dejado de ser frío y cortante con ella y ahora se encontraba sentado en su cama, solo cubierto por una sábana y comiendo con ella. Los sentimientos eran una cosa extraña cuando se observaban desde una perspectiva diferente. Siempre se mantuvo alejado de Molly por miedo a esos sentimientos. Sí, era miedo y la única manera de no demostrarlo era manteniendo distancia con Molly. John al principio le había insistido en que se diera una oportunidad y que no la tratara así, pero John no sabía que él no quería tratarla así por miedo a esos sentimientos.
Le costaba trabajo aceptar (y probablemente nunca lo haría del todo) que él, un sociópata completamente funcional, estaba a merced de sus propios sentimientos. Sin mencionar que le agradaba la situación en verdad. Más bien no sabía cómo reaccionar.
Estaba en una posición difícil. Prácticamente estaba muerto, viviendo a escondidas en casa de Molly. Claro que iba a regresar, hablaría con John, con la Señora Hudson y todo volvería a ser como antes, pero ¿cómo podría explicar su nueva relación con Molly? Sí es que había algún tipo de relación entre ellos.
Su mente era un huracán desatado por una simple pregunta que llevaba tiempo atormentándolo. Frustrado, llegó una vez más a la conclusión de que los sentimientos eran una pérdida de tiempo y solo complicaban las cosas. No valía la pena correr ese riesgo.
Sin embargo lo estaba corriendo.
Se llevó las manos a la cabeza y cerró los ojos. Necesitaba despejar su mente, tenía que entretenerse en algo más. Su mente racional le jugaba malas pasadas y en ese momento no se sentía lo suficientemente bien para lidiar con ellas. A veces su mismo don se terminaba convirtiendo en su maldición.
Los instantes en los que se había librado de su maldición tenían un patrón en común: Molly. Siempre lo había hecho desde que la había conocido. Cada vez que hablaba con ella tenía esa extraña sensación de tranquilidad y vacío en su mente. Un vacío que encontraba relajante y a la vez le atemorizaba aunque no supiera exactamente por qué. Es por esto que desde que la había conocido se había jurado mantener distancia. Y la mejor manera de hacerlo era involucrarse lo menos posible con ella. Una distancia cordial, porque tampoco quería alejarse del todo.
Pero era difícil. Todas sus actitudes, sus comentarios horribles hacia ella tenían un motivo que nadie más alcanzaba a notar. Y aunque se negara a aceptarlo, le dolía su expresión cada que él decía alguna tontería.
—¿Sherlock? ¿Te sientes bien?
Alzó la vista y notó que Molly lo miraba preocupada. Aun tenía su cabeza entre sus manos. Ella se acercó y colocó una mano sobre la suya haciendo que la bajara lentamente. Estaba demasiado cerca de él, podía sentir su respiración tranquila. El remolino en su cabeza fue disminuyendo su fuerza. Súbitamente, una idea (que más adelante se daría cuenta que no era la más apropiada) surgió en su cabeza.
—Necesito irme de aquí, Molly Hooper. Será mejor que me ausente un tiempo.
La expresión de Molly cambió inmediatamente. Sus ojos se llenaron de lágrimas pero hizo todo el esfuerzo posible por no comenzar a llorar. Al menos no enfrente de él. ¿Irse? ¿Después de…? No pudo evitar sentirse utilizada. ¿Hasta cuándo iba a dejar de ser un juguete que no cuenta para el Gran Sherlock Holmes? Quitó bruscamente su mano y Sherlock se sobresaltó, como si la acción le hubiese causado un profundo daño. No dijo nada. Observó a Molly levantarse con la mirada perdida (obviamente tratando de suprimir todos sus sentimientos) y dejar la habitación dejándolo solo una vez más.
No lo entiendes Molly, es lo mejor. Pensó mientras presionaba su tabique y cerraba los ojos.
Poco sabía en ese momento que quien no entendía las cosas era él mismo.
