El Principito Arrogante y su Príncipe Humilde
Kaoru… ¿has notado que desde ayer Kisa Shouta camina como pato una vez más? ¡Jajaja! – su amigo-amante le lanzó una mirada de reojo cargada de fastidio.
Sí. Y me recuerda a ti luego de nuestra primera vez – el pobre se atoró con el café que acababa de beber.
Cá… cállate, idiota…
El idiota eres tú. ¿Te has puesto a analizar su situación? Independientemente de nuestra relación, y al margen de que te avergüences incluso al hablarlo conmigo, al día siguiente estabas adolorido, pero feliz, ¿me equivoco? – sonrojado, y sin mirarlo, asintió – En cambio, ¿no has notado la profunda tristeza de ese joven? – justo pasaba frente a la oficina. En efecto, parecía arrastrar los pies, y por poco estuvo a punto de chocar contra el nuevo editor de Esmeralda, un joven de ojos verdes que parecía estar siempre malhumorado. Ambos se inclinaron con respeto y caminaron juntos hacia los ascensores – No sé tú, pero yo estoy preocupado por él…
¿Por qué?
Porque no es la primera vez, Ryuuichirou-sama. Ya lo he visto antes así de adolorido… Pienso que
De modo que lo acosas… y me lo dices de esa manera tan campante… ¡¿CÓMO PUEDES SER TAN CARADURA? – afortunadamente ya era tan tarde que nadie se encontraba en el corredor ni en el piso. Asahina lo miró fijamente, bajó la mirada, suspiró, y se puso de pie – Oi, ¡responde, imbécil!
Cuando te encuentres en tu fase madura me avisas… Iré a mi departamento, por favor, no vengas – tomó su saco y su maletín.
¡Oi, Asahina! – logró agarrarlo por ambos brazos – ¿Cómo… cómo puedes irte de esa manera…? ¿De veras quieres que nos separemos peleados, no fuiste tú el que dijo que jamás debíamos irnos a la cama estando molestos…? – una vez más dejaba fluir su ternura interna. El mayor volteó, dejó su maletín sobre el escritorio y lo tomó de las manos. Ryuuichirou-sama… ¿por qué es tan endemoniadamente irresistible…?
Ryuuichirou-sama… pese a amarte de la manera en que te amo… odio cuando te comportas de una manera tan arrogante y egoísta – Isaka se sonrojó. En momentos como ese era evidente que Asahina era un hombre con todas sus letras, mientras que él era un adolescente encerrado en el cuerpo de un adulto – Sé que Kisa-san es un joven que vive solo, que no tiene tampoco mayores amistades que sus compañeros de Esmeralda. El sueldo de un editor no es algo fuera de lo común, pese a que exige muchos sacrificios… Yo temo que puedan estarlo usando… Y, como te dije, si lo viera así de maltrecho, pero feliz, no me importaría, porque sería una evidencia de que es amado de la manera en que lo eres tú – Isaka bajó la mirada, avergonzado – Cuando me besaste a la fuerza, yo te rechacé al pensar que te estabas burlando de mí, que querías dañarme al haberte dado cuenta de mis sentimientos…
¡Eso no era verdad!
Lo sé… Pero el pensarlo me hizo mucho daño… Por eso me identifico con él – besó sus manos – Te amo, pero hoy de veras necesito estar solo…
Yo sólo estaba bromeando – sus ojos se nublaron. Odiaba estar lejos de Asahina.
Hay cosas que no ameritan un comportamiento tan infantil… Lo sabes. Te prometo que será sólo hoy… No te quedes hasta tan tarde, llamaré un taxi en cuanto esté en la recepción de Marukawa – agarró nuevamente su maletín y caminó hacia la puerta.
¿Ni siquiera un beso…? – al mayor se le estrujó el corazón.
Te lo debo… Y ya sabes que yo pago buenos intereses…
X.X
Isaka rechazó el taxi. No le importó que el otro ya lo hubiera pagado por adelantado. Necesitaba pensar, analizar, las palabras de Kaoru:
"…pese a amarte de la manera en que te amo…
odio cuando te comportas de una manera tan arrogante y egoísta…"
Decidió sentarse en un pequeño parquecito, lo más alejado que pudo del resto de personas, y empezó a hablar consigo mismo.
No soy egoísta… al menos no en lo que respecta a la editorial… Siempre intento ser justo… y tú sabes perfectamente bien que hasta muchas veces apoyo a los autores en sus temas personales… como a Bakahiko… ¿Cómo pudiste decirme eso…? – sus ojos se nublaron – Sólo soy egoísta cuando se trata de ti… Claro que sé que te sientes identificado con Kisa, y claro que sé que me amas como yo te amo a ti… Pero sólo deberías preocuparte por mis problemas… Y si soy arrogante… es porque tengo lo que más quise tener… mi mayor ambición… ¿es malo verte de esa manera, Kaoru…? – ocultó su rostro tras sus manos y empezó a sollozar.
¿Isaka-san? – la voz que acababa de hablarle, medio asustada, la conocía muy bien. Aterrado, elevó el rostro lentamente y volteó a la derecha. Quiso morirse – Eh… ¿se siente bien? – un ruborizado Kisa estaba mirándolo estupefacto, con un sándwich a medio terminar, lo que indicaba que llevaba mucho tiempo sentado en esa banca.
Pu… pu… – competían por el rojo más intenso, aunque sin saberlo. Derrotado, suspiró – Siempre he sido muy distraído pero esto me superó, creo…
Pues sí… Si me lo permite, lo saludé, pero como estaba tan concentrado, preferí hacerme el ausente, hasta que… empezó a hablar y… me nombró – deseaba que la tierra se lo tragase. Pero decidió hacer lo correcto.
Ufff… Supongo que ser tu Jefe Máximo me convierte en un secreto sepulcral…
Por supuesto…
En ese caso… confía en mí – Kisa dio un respingo – Como ya te enteraste… Kaoru está preocupado por ti… Por muchas cosas que pasamos antes de… estar juntos… cree que estás en su misma situación… Kisa – lo miró fijamente, intimidándolo – dime la verdad… ¿eres violado cada fin de semana o es que tienes aficiones pervertidas? – el pobre se atoró.
¡I… I… ISAKA-SAN! – en lo que lograba tranquilizarse ante semejante pregunta, ambos guardaron silencio – Isaka-san… Si yo le confieso algo… por más terrible que sea… ¿puedo contar aún con mi puesto…? – habló con tanta resignación, mirando su regazo, que ese lado que sólo le demostraba a Asahina afloró, en forma de una hermosa sonrisa y una voz cálida de seda.
En estos momentos somos dos hombres de treinta y tantos años que se conocen del trabajo únicamente. Olvida que soy tu Jefe… Si me dejara llevar por la forma de ser de las personas, por ejemplo, no habría contratado a Takano Masamune al enterarme de su fama de mujeriego… ¿Qué está pasando, Kisa? – escuchó un leve sollozo.
Soy… gay… – quiso darle la bienvenida al club, pero pensó con justa razón que se ofendería – Y… lo cierto es que… tengo pareja – medianamente sincero – Sólo que… aparentemente no me ama lo suficiente como para elegirme por completo… A veces soy solamente un juego…
Isaka-san entendió en ese momento que no se merecía a Asahina. Con sólo verlo desde diez metros de distancia, incluso a veces desde cien, ese hombre había entendido el infierno del joven que tenía al frente a la perfección. Mientras que él simplemente había bromeado de manera estúpida y cien por ciento arrogante y egoísta.
¿Y por qué no lo dejas…?
Quizás porque ya me acostumbré a ser un objeto…
Esa es la tontería más grande del mundo, Kisa – alzó su carita ruborizada y húmeda – Algún día, quizás pronto… encontrarás a alguien quien en verdad llegará a amarte.
Jum… eso es imposible…
¿Por qué?
Me he ilusionado con un imposible tantas veces… Incluso ahora… La persona que me gusta es tan perfecta… Desde sus cabellos casi rubios – Isaka abrió los ojos por completo – hasta esa gentileza con la que trata a todos… Usted tiene suerte… Asahina-san es una maravillosa persona – en otras circunstancias, lo habría golpeado. Pero…
Lo sé… ¿Quieres un consejo…? No renuncies a tu ilusión… Si en verdad deseas estar con esa persona… sé perseverante… Y confía en ti – Kisa abrió los ojos por completo al ver que los ojos del hombre, tan hermosos, estaban llenos de lágrimas – Bueno… vete ya a casa, te invitaría una copa, pero mañana debemos ir a trabajar. Pue… puedes contar conmigo siempre, Kisa – sin darle tiempo a agradecerle, se alejó corriendo. Dejando al editor con la sensación de haber cometido un error involuntario.
X.X
Abrió la puerta de su departamento, entró, cerró la puerta, se calzó las pantuflas, y ya iba camino a la sala cuando lo percibió. El olor característico de la sazón de Asahina. Kaoru… te amo… Cuánto te amo… Pero…
Sorpresa – Asahina salió a darle el encuentro, usando su usual y florido delantal, que lo hacía ver aún más guapo e intimidante, más aún cuando le sonreía de esa manera tan sugerente. Isaka le dio la espalda, y caminó hacia la parte de la sala donde no había mucha iluminación.
¿Qué haces aquí…?
Vine a pagar mi deuda…
Ya es tarde…
¿Has comido…?
No…
Entonces no te matará el probar lo que te he preparado – apoyó sus manos sobre sus hombros, haciéndolo temblar – Perdóname… No debí tratarte de esa manera…
Quien se disculpa soy yo… Tenías razón en todo lo que pensabas de Kisa – Asahina se separó, confundido. Pero Isaka no volteó – Hablé con él… Espero haberle hecho entender que no todo está perdido… Se halla inmerso en una mala relación, pese a amar a alguien quien… es el hombre perfecto – se le escapó un sollozo. El joven palideció. Ryuuichirou… ¿qué tratas de decirme…? – Pero… ahora todo estará bien… Estoy seguro que así será…
Me alegro – su voz sonó gélida – Pero ya no quiero seguir hablando de él… Quiero cenar contigo… Pero antes – lo obligó a voltear a la fuerza, y no emitió comentario alguno acerca de sus ojos llorosos – quiero pagar mi deuda…
No – lo apartó con firmeza, pese a estar temblando. Los miedos de Kaoru se confirmaron – Yo… creo que lo mejor es que te vayas a casa…
Ya estoy en casa…
Hablo de… Yo… no te merezco – empezó a llorar. Asahina sintió su corazón romperse – Por eso… por eso es mejor que terminemos… Soy un inmaduro, egoísta, orgulloso, insensible… En cambio tú eres perfecto… La persona que más amo… Asahina… Yo… te amo… Te amo… – quedaron en silencio.
Toda la sala se llenó de los sollozos de Ryuuichirou. Estuvo llorando en solitario por un minuto completo, hasta que sintió cómo unos brazos sumamente fuertes, cálidos y perfumados lo abrazaban con ternura. Y cómo unos labios de terciopelo se apretaban contra su hermosa cabellera.
¿Sabes por qué vine…? Porque en cuanto salí, recordé que todas las noches, desde que empezamos nuestra relación, e independientemente de si vayamos cada uno a nuestro departamento o ambos a uno solo… soy el que siempre te abre la puerta del taxi o del coche – Isaka se acurrucó aun más contra su pecho – Puede ser un gesto simple, la labor obligatoria de un Secretario… Pero para mí es como si eliminara las barreras que te impiden llegar a tu destino… como una forma de protegerte. Te vi irte, a lo lejos, luego de negarte a subir al taxi que contraté… Y te seguí, preocupado… Te vi con Kisa… Ya le había dicho yo que podía confiarte a ti sus tristezas – ahora sí alzó la vista, asombrado – Me lo había encontrado durante mi camino de regreso… Y me contó a medias su problema. Amor, yo soy castaño… Y lo único que tengo de perfecto es mi amor por ti… Está interesado en un dependiente de Marimo Books… ¿Cómo pudiste siquiera pensar en terminar conmigo para que él fuera feliz… creyendo que yo era esa persona…?
¿Eh? No, yo no
Sabes que no puedes ocultarme nada… Eso me gusta de ti – acercó sus labios a los suyos – Tienes una abrumadora manera de provocarme… De modo que, Ryuuichirou-sama… no te vas a librar de mí ni cuando mueras… – Isaka no podía creer lo que oía. Pero sólo atinó a sonrojarse cuando lo besó dulce y apasionadamente.
Asahina…
¿Hum…? – empezó a besar su cuello.
La… la comida…
Ya me estoy sirviendo…
El siguiente lunes, Kisa llegó a Marukawa tan triste y meditabundo como de costumbre…
Pero ya caminaba con normalidad. Kaoru y yo nos miramos y sonreímos en silencio.
Y yo deseé, con todo mi ser… que Kisa lograra conseguir aquello que él más quería...
Así como yo lo había logrado… con mi Asahina…
