Decir que estaba sorprendido era absolutamente poco, no daba justicia suficiente a lo que en verdad sentía pero creía que era la expresión más acertada para su actual situación. Tal era su impresión ante la imagen generalizada que se le presentaba, con un dejo de familiaridad ante el hecho de ser el lugar en el cual se había criado, y por crianza daba a entender los primeros años de su nueva vida mientras intentaba retener y controlar las sensaciones dolorosas y la hambruna; pero sí, allí se encontraba luego de una década de esconderse y de navegar entre el mar de gente.

La fachada externa no había cambiado en absoluto, seguía dando la impresión de tratarse de una atormentada mansión oculta entre un bosque tenebroso más una vez que las amplias puertas se abren dando paso a su creador y un selecto grupo de seres que habían estado bajo el encanto de la noche por más tiempo que él siquiera puede creer, sus ojos espejos de sus emociones momentáneas le hacen dudar si de verdad se encontraba en el mismo sitio del que alguna vez quiso huir sin marcha atrás.

Los altos ventanales impecables daban el reflejo de las flamas que danzaban con suavidad posadas en los candelabros de forma estratégica, no estaban destinadas a brindar calor para ellos mismos sino a sus pequeños acompañantes que rondaban sin guía alguna, arrastrando los pies casi inadvertidos.

Techos arqueados altos, blancos, paredes desnudas incluso más blancas que ofrecían un aspecto fantasmal ante el contraste de aspectos y auras. Sonrisas calculadoras y políticas le reciben y su nerviosismo regresa sin contemplaciones, siendo capaz de dudar de sí por momentos, le es incluso posible creer que está asustado. Teme por su vida como si se tratase de alguno de esos cuerpos deambulantes, una risa juguetona y distraída le rodea y sabe que esta no será una cálida bienvenida.

Bien lo entendía, había sido repudiado una vez que logró independizarse a pocas penas de todos ellos y en el fondo tenía conocimiento de que nunca le habían abandonado en realidad, los podía sentir; siempre detrás de su rastro como una constante sombra lista para aterrar sus sueños sin otorgarle escapatoria. Esta era su nueva iniciación. Les debía respeto y lealtad, sin ellos no hubiese sobrevivido y lo más probable es que muera en manos de su propio creador si no antes decidiese dejarse ver ante los rayos del sol una calurosa mañana de verano.

—Bienvenido a casa —suspira callado y baja la mirada en aire de derrota, una caricia casi inexistente e igual de sublime le nubla los sentidos, estaba listo para dejar que su furia se desatase sobre su cuerpo.

Iniciando con una clara, fuerte y decisiva mordida entre cuello y hombro el dolor pulsante se hace presente y casi puede sentir sus rodillas flaquear pero no se preocupa demasiado, unos brazos acogedores le esperaban en su cintura. Presenta sus muñecas ante aquellas almas deseosas de mero morbo dispuestas a robar incluso sus recuerdos y su ceño se frunce solo un poco; ninguno sería tinte de gentil para con su persona.

Una respiración entrecortada llega a sus oídos con dificultad, realmente le cuesta concentrarse entre la cantidad de sensaciones que le penetraban el cuerpo sin compasión. Desde el mínimo recorrido de su sangre casi coagulada por entre sus venas abriéndose paso entre cada una de las heridas que le infligían en medio de placer y castigo; su mente se inundaba de imágenes atropelladas que carecían de sentido.

Podía verse a sí mismo en algún olvidado parque de Londres en un día nublado mientras tomaba fotografías de alguna ardilla que aparecía de forma inesperada ante su persona. Podía verse a sí mismo en algún café de Paris con un café y croissant a medio comer, y la lujuria candente ante los corazones acompasados que entonaban una canción de cuna especial, destinada solo para su disfrute.

Podía verse incluso momentos antes donde toda fuerza de voluntad desapareció y la necesidad fue más grande en su instinto de sobrevivir, pero debajo de todo todavía fue capaz de escucharle; abriendo los ojos con pesadez se percata de la figura que había dejado de deambular sin rumbo para quedar paralizado de horror ante lo burlesco de la imagen, ¿acaso estaba verdaderamente sorprendido de encontrarle en aquella comprometedora situación?

Una sonrisa ladina se forma en sus labios una vez que observa curiosas lágrimas asustadas correr por mejillas sonrosadas llenas de vida.

—Esto es lo que te espera.

Alguien libera una de sus muñecas con languidez y a duras penas logra empuñar el cabello cerca de su cuello, su creador ríe suave sin alejar su boca disfrutando de cada uno de los recuerdos que destellaban con fuerza; cuanto había extrañado a aquel pequeño cordero perdido del rebaño como un rebelde.

Otro que desconoce le marca de forma patética por encima del muslo y si le quedasen fuerzas reiría a carcajadas de verle ya sin vida segundos más tarde. A estas alturas debería haber aprendido la lección; él siempre escaparía, él siempre lo intentaría y a cambio le estarían esperando, le anhelaba en silencio puesto que le conocía a la perfección, su obstinación y terquedad no duraría demasiado, nunca lo hacía. Y él estaría allí esperando con brazos abiertos para arrullarle entre violencia y satisfacción. Su progenitor.

Suspira su nombre como mínima advertencia antes de caer en la inconsciencia.

—Taemin —llama al pobre mortal que seguía en la misma posición desde que su pequeño hubiese llegado y del que pudo percatarse en solo un instante. —Cuidarás de él. —Y con eso se daba a entender a la perfección; no había tal cosa como cuidados en aquel lugar, no había siquiera la posibilidad a creencia de algún trato que no terminase en la laceración de su cuerpo; desde el momento en que abría los ojos y el cambio de ritmo en su corazón le alertase, él estaba destinado a complacerle sin demora, prisionero de guerra como decía la leyenda.

Y ahora no sería la excepción, se encontraba allí para satisfacer caprichos por más mínimos y estaba destinado a ser saco de alimento de aquel extraño con el que jamás se había cruzado y gracias al cual por primera vez se había percatado de la dulzura de su captor; porque para el tiempo que llevaba encerrado, encarcelado a una habitación de todas comodidades que él no estaba permitido disfrutar, jamás había presenciado tal acto.

Una cosa era trabajo experimental entre mazmorras y primerizos, otra era la total devoción que había presenciado, tal que ha dejado lágrimas en sus ojos.

En una súplica silenciosa le sigue y el miedo le llena de cuenta nueva al escuchar la puerta cerrar tras llave y las velas se apagaban a causa del viento dejándole a la expectativa y en la obscuridad absoluta de su mente.