Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Seguimos con los viejitos, denle una oportunidad, espero se estén divirtiendo, besos! Hay unas palabritas complejas mascadas con un asterisco, encontrarán su significado en el glosario más abajo.


Disclaimer: Los nombres de los personajes no me pertenecen son de Isayama Hajime, la historia es completamente propia.

Advertencias: Ninguna, chistes pasados de moda (badun tsss!), enjoy!


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"El humor sirve para hacer habitable la realidad".

Antonio Ortuño

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Cuando por la tarde se fue al patio a leer, aprovechando las últimas horas de sol, porque ya a las siete se ponía frío y para entonces no veía un carajo (incluso con sus lentes de muy buena marca), al poco rato sintió cansados pasos en su dirección.

Se giró para observar quien molestaba su lectura y se encontró con la figura de Eren, esta vez ya sin el suero y apoyándose en un costoso bastón de madera de haya negra lustrada, con un cabeza de estaño, la asa sólida y brillante asemejaba una cabeza de perro, o algo como eso porque recién pudo darse cuenta cuando el otro se sentó a su lado. Con la otra mano arrastraba su mochila de oxígeno.

Ni se molestó en saludar o dirigirle la palabra, porque metió la cabeza entre las hojas de su imponente libro y lo ignoró de plano. Eren carraspeó, se sonó los mocos y comenzó a correr las piedritas de la grada del suelo con la punta de su bastón hasta que escuchó un sentido suspiro del otro. Eren sonrió suavemente.

—Señor —le habló Levi—, le agradecería si usted fuera tan amable de guardar silencio, y si no puede váyase por donde vino.

—Oh, vamos ratoncito, puedes conversar conmigo y hacer algo con tu aburrida existencia, ¿realmente prefieres perder el tiempo leyendo cuando me tienes al lado?

—Totalmente. Además me corta el clímax, estoy en una parte en verdad importante —dijo tomando ceremoniosamente el libro entre sus pulcros y arrugados dedos.

—Puedo darte clímaxs más interesantes, lo juro —al fin tuvo la mirada enfadada del otro encima suyo—. Tengo algo importante que decirte —continuó al tener su atención—, Bill escapa y la agente Starling salva a… Catherine, y luego en la escena final se encuentra el asesino con el doctor Chilton en otro país, fin —Levi lo miró indignado, mientras las aletillas de su nariz se inflaban intermitentemente—. Listo, ya sabes el final, ahora podemos dedicarnos a lo nuestro.

—¡Usted es un… un *crápula! —le soltó molesto, Eren se hizo el desentendido.

—Vamos, Levi, hablemos sobre nosotros mej-

—¡No hay ningún "nosotros", viejo *casquivano! Que eso le quede claro, lo que haya sucedido en circunstancias poco esclarecidas hace un millón de años no me apetece desenterrarlo, olvídese de aquello y ya supérelo.

—Oh, entiendo. Bueno, no hablemos del pasado, hablemos del futuro entonces. Me fue difícil encontrarte, ¿sabes? No sé qué haces en un asilo en primer lugar, a mi mucho tampoco me entusiasma, pero bueno, por ti me quedo.

—¿Acaso usted me estuvo buscando?

—Bueno, no yo exactamente, mi nieta Isabel en realidad, ah ella es tan linda. Espera, espera —dijo palpando sobre su camisa y luego sus pantalones, entonces primero sacó un par de anteojos que se puso y luego tomó un celular con manos temblorosas.

Levi iba a replicarle, pero más fue su curiosidad al verlo manejar ese aparato. Eren miraba abajo y arriba del aparato y murmuraba cosas ininteligibles, mientras sus dedos apretaban cosas en esa pantalla plana, hasta que al fin dio con la galería de imágenes.

—¡JAH! Es un *pillo, un pillo, pero ya lo tengo. Mira, mira, es ella —dijo mostrándole el aparato. Levi se puso sus anteojos y observó una hermosa jovencita, no tendría más de veinte años, con una sonrisa esplendorosa, ojos verdes como su abuelo y cabellera pelirroja—. Pasa el dedo, así, así —le explicaba—, y vas a ver las otras fotos, ¿no es linda?

—Mmm, si, parece simpática. Tiene tus mismos ojos de lunático.

—Totalmente. Es la más parecida a mí. Su padre siempre reniega porque le apaño sus tonterías.

—No sé por qué no me sorprende.

—Ahí estamos juntos, en su fiesta de graduación. Bueno, resulta que un día nos fuimos a pescar, porque ya sabes, es lindo, pacífico, y ella siempre me acompaña. Me cuenta de sus novias, de sus pasatiempos, y a veces fumamos, ya sabes —largó mientras le guiñaba un ojo, a lo que Levi enarcó una ceja.

—Estás usando bigote y barba aquí.

—Sí, pero me rasuré porque sé que a ti no te gusta —respondió el de ojos verdes acercando un poco más su cuerpo.

Levi no dijo nada, siguió mirando las fotos, pero algo se removió en su empolvado corazón.

—Y entre charla va, charla viene, le conté, que nunca supe más de ti, que siempre me acordaba de esos días en París, ya sabes —Eren comenzó a toser al ahogarse un poco y el otro le golpeó suave la espalda y le preguntó si llamaba a la enfermera a lo que Eren negó, luego se secó la boca con un pañuelo y continuó—. Ella se largó a llorar.

—¿Qué?

—Sí, sí, lloraba y lloraba, no sé, parece que estaba sensible, yo no sé de esas cosas. Pero bueno, me agarró las manos y me dijo con voz firme: Abuelo, voy a reunirte con el amor de tu vida. Y yo me reí, porque te había buscado mucho y nunca tuve ni una puta pista, pero no vas a creer que ella en menos de una semana me trajo un papelito y me dijo: Abuelo, ya lo encontré.

—Ajá, ¿y yo debo creer que dejaste tu pacífica vida familiar para venir a este *cuchitril solo por mí?

—Más o menos. Si tengo que decir la verdad, me tenían los huevos al plato en casa. Tengo dos hijos, son adoptados guapo, no te hagas ideas que no son. Estuve casado hace un tiempo, aunque bueno la vida se lo llevó.

—Oh, lo siento.

—¿Por qué?

—Acabas de decir que está muerto.

—No, dije que se lo llevó la vida, no la muerte. Como sea, nuestro hijo menor Falco se fue a vivir a Canadá, y Jean, mi ex esposo, se fue tras sus pasos. A mí no me gusta el frío, así que eventualmente la separación se hizo inevitable. Mi hijo mayor Farlan se quedó aquí y tuvo a esta maravillosa e inteligente nieta que tengo.

—Oh.

—¿Y tú?

—¿Yo qué? —respondió más relajado, la verdad era interesante un poco de parloteo de tanto en tanto. Además Eren era amable, un poco irreverente, pero no era del todo insoportable.

—Tu familia.

—Mmm, no tengo mucho para decir —sus ojos se pusieron tristes al hablar—. Tengo una sobrina de una prima lejana, Mikasa se llama. Con ella convivimos un par de años cuando ella estudiaba, nada memorable. Yo trabajaba todo el día, viajaba mucho y ocasionalmente compartíamos una cena o un desayuno, eso era todo.

—¿No tienes más parientes? ¿Qué pasó con el hombre con el que te ibas a casar? ¿Eres viudo?

Levi sintió un escalofrío en la espalda, tomó el libro y repasó algunas hojas sin leerlas realmente, solo para desviar la mirada.

—No nos casamos, ahora todo es un *despiplume, pero hace cuarenta años eso era un tema tabú, ya sabes. Pero llegamos a vivir más de una década juntos y luego… bueno, siempre fue difícil el tema con su familia, además él ya tenía una hija, así que en un momento le pesó más eso y se fue. Luego de ese incidente ya decidí no ponerme serio con nadie.

—Bueno, eso va a cambiar, guapo —le aseguró tirándole un besito al aire. Levi solo lo miró aburridamente.

El más bajo se preguntaba si es que era cierto lo que este hombre decía, o si estaba fabulando e inventándose cosas, porque para ser honestos, no le creía nada. Pero era algo inesperado, y no era tan desagradable.

—¿Usted está decidido con esto? ¿Venir y cortejar a un viejo matambre como yo?

—No mientas ratoncito, tú eres maravilloso, así te veo.

—¿Hace cuánto no cambias los anteojos?

—Un par de años.

—Eso explica mucho.

—¡Ya sé! Te propongo algo, ven a mi cuarto —Levi lo miró de reojo pero no replicó—, tengo este maravilloso tablero de ajedrez, me dijiste que te gustaba jugar a eso, que eras una eminencia, ¿te acuerdas? —el otro no respondió—. Entonces jugamos una partida, por cada partida que yo te gane tenemos una cita, ¿eh? ¿Qué dices, guapo?

—¿Y si yo gano qué?

—Te dejo un día en paz. El ajedrez es bueno para las neuronas, eso dice la Organización Mundial de la Salud, y a nuestra edad tenemos que cuidarlas tanto como podamos.

—Gracias por cuidar las mías, supongo.

Eren le sonrió feliz, mostrándole todos los pulidos dientes de su dentadura de porcelana.

Lo primero de lo que se percató Levi cuando entró a la habitación de Eren es que era mucho más grande que la suya, y se preguntó internamente porqué ese *saltimbanqui tenía una habitación mejor que la suya. Luego recordó que las habitaciones grandes demoraban en aclimatarse con los calefactores de medio pelo que tenía el asilo. Así que su habitación estaba bien, además estaba cerca de la enfermería.

Ayudó a Eren a buscar el tablero dentro del ropero, pero no estaba, luego el anciano recordó que lo había dejado en el baño. Efectivamente ahí estaba, debajo del lavabo, junto a un par de toallas limpias y los rollos de papel higiénico.

—¿Qué hace esto aquí? —preguntó de brazos cruzados el de ojos grises, mientras Eren se rascaba el mentón.

—Ah, es que a veces me demoro un poco y entonces uso esa silla de allí y juego.

—¿Juegas mientras estás cagando? —Eren se encogió de hombros y Levi bufó—. No usaré un juego que usas cuando cagas.

—Pero siempre me lavo muy bien las manos para usarlo, mira, tengo alcohol en gel —dijo tomando un pote que estaba encima del lavamanos.

—Como sea, dame esa botella, me encargaré de limpiar todo esto de nuevo, ¡será de Dios!

Estuvieron un buen rato en esas faenas, mientras Eren iba y sacaba una bolsa de papas fritas de adentro de una de sus almohadas. Levi lo miró ceñudo.

—Oi, no puedes comer con sal.

—Si puedo, mírame.

—Allá tú si te quieres morir, yo solo te advierto. Escucha, aquí faltan piezas, faltan dos peones negros y una torre blanca, ¿cómo haces para jugar con esto?

—No te preocupes, aquí están los reemplazos —Eren abrió un cajón de la mesa de luz mientras se metía una papa frita a la boca. Tomó un dedal y dos tapas de aguas saborizadas—. Listo.

—Joder, esto es un *cambalache —se quejó el de ojos grises.

—Te has vuelto renegón —apreció mientras masticaba otra papa y con la mano libre ayudaba a acomodar las piezas—. Antes eras más dócil.

—*Pamplinas, siempre fui así, tú me encontraste en un momento de mi vida donde yo estaba un poco… blando, eso es todo.

—¿Y por qué lo estabas?

—Eres un preguntón.

—Bueno, me gusta saber, quiero conocerte más, hay una brecha como de cuarenta años para llenar.

Levi suspiró luego de dejar la última pieza sobre el tablero.

—Yo venía de una gran desilusión amorosa, con este hombre con el que supuestamente íbamos a casarnos. Ni siquiera era un casamiento en serio, había una ciudad en Europa donde un pastor iba a hacernos una representación, un capricho mío, bah —Eren ofreció su bolsa de papitas para que se sirviera—. Eso es colesterol puro, colesterol y sodio que nos harán estallar las arterias. Y a ti te hicieron una cirugía por eso, ¿no?

Eren se encogió de hombros y lo miró divertido.

—Me importa un pepino —le soltó con seguridad, el más bajo bufó y al fin tomó una papita.

La miró entre sus dedos por un buen rato y al fin se la metió a la boca.

—Ugh, es un terrón de sal.

—Te encantó.

—No exageres… pero sabe bien. Como te decía, este tipo me dijo tantas cosas. Era mi jefe, yo lo admiraba, para mí lo era todo, lo hubiera seguido al fin del mundo si hubiera podido. Pero a veces amar tanto hace mal. Él decía que "tenía que aparentar" para evitar los estigmas de la sociedad, y para protegerme también. Así que se supone que él tenía una familia de mentira, tarde me di cuenta de que en realidad yo era el que pertenecía a su "lado oscuro".

Levi puso la última pieza en el tablero que habían acomodado en una mesita pequeña que estaba frente a la ventana. Giró el mismo.

—Yo juego con las negras —le avisó a Eren quien hizo el primer movimiento.

—¿Jefe de qué? —continuó preguntando Eren mientras seguía comiendo las papas.

—Toma, limpia esas garras tuyas, están todas grasientas, vas a ensuciar las piezas otra vez —le indicó alcanzándole una de las toallas de mano con las que había estado limpiando—. Yo era pianista, y él era director de orquesta.

—Oh, eso explica esos bonitos dedos tuyos —dijo el anciano tomando la mano de su acompañante entre las suyas.

—Tienes manos gigantes, apropiadas para una Bestia. Y mis manos siempre fueron un problema. Cuando era pequeño y mi madre me enviaba al conservatorio para estudiar, mi primer profesor de piano fue despiadado conmigo —Levi miró sus dedos, olvidándose por un momento de la partida—. Él me dijo: "tus dedos son demasiados cortos y tus manos muy pequeñas para ser pianista, nunca podrás lograrlo".

—Menudo bastardo —Levi sonrió suavemente.

—Sí, lo bueno fue que su frase no me hizo desistir, sino que tuvo el efecto contrario. Yo estaba tan indignado que redoblé mis esfuerzos, me pasé horas y horas puliendo mis habilidades para demostrarle que estaba equivocado. El tamaño de la mano no es relevante, unos dedos largos seguramente te facilitan un poco las cosas, sin embargo puedes ser exitoso simplemente si te lo propones y eres constante. Así que lo logré. Amaba tocar el piano, era mi ruta de escape, siempre lo fue.

—Y yo, yo también fui tu ruta de escape, no lo olvides.

Levi suspiró y le comió la primera pieza a Eren, un alfil que había quedado descuidado al haber subido la reina.

—Tú fuiste un arrebato que tuve, eso es todo.

—El mejor arrebato de tu vida, ¿mmm? Recuerdo todo lo que hicimos, comimos en Le Procope, cenamos en Lapérouse, pero más pedimos servicios al cuarto 108 del hotel Mayfair. Me dejaste que te alimentara en la boca cada vez, hermosa y talentosa boca, debo decir.

—Era la suite 104, no la 108, no sé con quién habrás estado en la 108.

—Bueno, bueno, uno que otro detalle se me puede escapar. Estoy seguro que recuerdo perfectamente los importantes. Jaque —anunció al mover su caballo, dejando comprometido al rey negro.

—¿Ah, sí? ¿Detalles como cuáles?

Eren se quedó callado unos minutos como sopesando la situación en el tablero, aunque también sopesaba la de su corazón. Finalmente luego de comerle un peón a Levi, habló.

—La rosa negra que tienes en el trasero, uufff, no me cansaba de morderla.

Levi lo miró indignado y aventó su puño cerrado contra la mesa haciendo saltar las piezas. Esto era demasiado. El de ojos verdes lo miró risueño.

—Tú… tú… vejete *verriondo, ¡lo sabía! Eres un fraude, yo no tengo ninguna rosa negra en ninguna parte.

—Sí, la tienes —continuó jugando Eren con tranquilidad.

—Te estoy diciendo que no, súbele el volumen a tus audífonos, fabulador.

El más alto disfrutaba de cómo se ofuscaba el otro.

—Te toca mover, y sí, yo jamás olvidaría tan buen trasero, tenías una rosa negra te digo.

—¡Yo jamás he tatuado mi cuerpo! Anciano *fantoche.

—Te apuesto una cita a que tienes una rosa negra y solo estás haciendo aspaviento de la nada.

—¡No la tengo!

—A ver, muéstrame. Si no me muestras me declaro ganador.

Levi se puso de pie y luego llevó sus manos al cinto de su pantalón para desabrocharlo con premura. Eren se acomodó contra el respaldo de la silla mientras disfrutaba el espectáculo.

—¿Necesitas ayuda? Te tiemblan mucho las manos —ofreció el de ojos verdes.

—¡No!

Finalmente se giró para bajar sus pantalones. Eren se acercó, se puso los anteojos y le bajó los interiores de un solo tirón.

—¡Hey! —se quejó el hombre sosteniendo el frente y girando un poco su cuerpo para mirarlo molesto.

—¿Lo ves? Está aquí, tal como la recordaba —dijo el más alto tocando sobre su nalga derecha, Levi dio un respingo ante el toque y le apartó la mano rápidamente.

—¡¿Estás ciego o qué?! ¡No tengo ninguna rosa negra!

—Sí, guapote, aquí, está aquí —decía mientras asentaba la palma en el músculo redondo—. Para tu edad admito que tienes unas buenas pompas, están bastante *planchaditas.

—¿Señor Jaeger? —Mónica, la enfermera nueva golpeó suave la puerta, pero ni siquiera esperó que le confirmaran que ya se estaba metiendo adentro. Se quedó congelada ante la imagen—. ¿Pero qué se supone que están haciendo, abuelos? —preguntó un poco escandalizada mientras se le coloreaban los pómulos.

Levi estaba freezado, Eren no sacaba la mano de la nalga añeja y miraba todo con cara de no entender nada.

—N-No es lo que parece —comenzó el más bajo acomodándose los pantalones completamente abochornado, tenía una reputación impecable en ese lugar y había sido borrada de un plumazo—. Solo, era para demostrar que yo no tengo tatuajes vergonzosos.

La enfermera carraspeó esperando que el señor Ackerman acomodara sus ropas y luego los miró con el ceño fruncido.

—Me parece que lo mejor sería que usted volviera a su habitación —le habló a Levi con autoridad, quien sin despedirse se fue lo más silenciosamente posible.

—Usted arruinó toda la diversión —se quejó Eren, mientras balbuceaba alguna cosa e iba a sentarse a su cama.

—¡Habrase visto! —continuó la enfermera mientras le servía un vaso con agua y sacaba las pastillas correspondientes—. Ni que fueran dos adolescentes.

Eren tomó las pastillas sin decir ni una palabra, pero Mónica vio la bolsas de papas sobre la mesa donde estaba el tablero y tomándola entre el pulgar y el índice de su mano derecha, encaró a Eren. El viejo la miró aburrido.

—¿Qué significa esto?

—Ni idea.

—Usted tiene hipertensión, debería saber qué cosas como estas pueden matarlo.

Eren no dijo nada, una vez que la mujer salió de su habitación, caminó lento hacia la de Levi, apoyándose en su bastón lujoso. Golpeó varias veces, pero no le abrió, ni escuchó replica alguna.

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By Luna de Acero


Glosario:

*Crápula: Hombre que lleva una vida licenciosa y tiene unas costumbres consideradas poco morales.

*Casquivano: Que coquetea y establece relaciones de forma pasajera, sin ningún compromiso serio.

*Pillo: Que hace travesuras de poca importancia.

*Cuchitril: Habitáculo muy pequeño, especialmente si está sucio o descuidado.

*Despiplume: Estar en un lio, algo descontrolado.

*Cambalache: Trueque o intercambio de cosas, generalmente de poco valor.

*Pamplinas: Es una expresión antigua que se utilizaba para decir que algo es una tontería o no tiene sentido.

*Verriondo: Que está en celo, especialmente el cerdo.

*Fantoche: Persona de aspecto grotesco o que viste o se comporta de forma ridícula.

*Planchaditas: Se refiere a que tiene las nalgas bien estiradas, sin muchas arrugas.