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NOCHES DE INSOMNIO
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Capítulo II. La locura de los ojos ambarinos.
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Cuando los primero rayos del amanecer se colaron a través del resquicio de la puerta, Sanosuke comenzó a despertar lentamente, sin abrir los ojos. Tenía el principio de lo que se convertiría en un terrible dolor de cabeza, por lo que se arrimó más al cuerpo tibio que dormía a su lado, queriendo descansar otro poco.
Se siente tan bien, pensó con una sonrisa, pasando el brazo alrededor del pecho amplio y marcado de su compañero. Y huele aún mejor, se dijo al aspirar el aroma masculino y cálido que emanaba esa piel firme y curtida.
-Mmmm, sólo un ratito más... Saito...
Se quedó helado al recordar dónde y con quién estaba. Abrió los ojos y se incorporó como movido por un resorte, completamente despierto y con cara de fastidio. Sólo había dormido tres horas y por eso se sentía fatal, pero sabía que debía levantarse. En la mañana pensaba las cosas más fríamente, desde otra perspectiva (en la noche todos los problemas parecían más grandes ¿no?), sin embargo aún no olvidaba la promesa que se hiciera a sí mismo unas horas atrás, después de haber hecho el amor con Saito.
Hacer el amor... esa no era precisamente la expresión adecuada para describir la noche anterior, lo que se ajustaba más era "encuentro sexual". Uno espectacular, por cierto, no iba ahora a negar que le había encantado estar entre sus brazos; o que el lobo le había mostrado todo un mundo diferente de sensaciones que le habían impresionado por completo... pero al fin y al cabo, todos esos besos y caricias habían sido simple y llano sexo.
Resoplando resignado, se levantó de la cama y empezó a vestirse lentamente, sin poder apartar la mirada del cuerpo desnudo del policía. Lo repasó todo, detalle por detalle con el propósito de grabar en su memoria toda la fisonomía del mayor, ya que ésa sería la última que lo viera de esa manera. Recorriendo con la vista llegó a su entrepierna, y nervioso continuó subiendo ya que sintió un delicioso calorcito instalándose en sus mejillas (Oh, creo que me estoy excitando, pensó con una sonrisa). Todo ese cuerpo fuerte y delicioso le recordaba los múltiples abrazos húmedos y ardientes que habían compartido juntos, por lo que negó la cabeza ante las imágenes que se le presentaban, las cuales lo incitaban a arrojarse al hombre que tenía enfrente (Ahora sé por qué dicen que placer es cerebral...).
Terminó de vestirse y se sentó a un lado de la cama, posando su vista en el rostro relajado del ex shinsengumi. Su faz era de líneas largas y definidas, con ángulos perfectamente marcados y rasgos firmes. Observó con cuidado cada uno de sus componentes: frente despejada, cejas precisas, labios delgados... Obtener de ellos una sonrisa genuina (no las muecas irónicas que con tanta facilidad se dibujaban en esa boca) era tan difícil como satisfactorio, algo que quizá sólo él había logrado. (¡Por supuesto que no! No creo ser el primer hombre en la vida de Saito, él es mucho mayor que yo y tiene tanta experiencia...).
Una vez que se sintió satisfecho, después de apreciar los párpados que encerraban una hipnotizante mirada ambarina, o de morderse el labio inferior al delinear con el dedo el leve hundimiento en esas mejillas; se acercó con lentitud para depositar un ligero beso de despedida en esos apetecibles labios.
El contacto fue suave, casi un roce, el lobo ni siquiera se despertó. Esto sorprendió un poco a Sanosuke, ya que el policía SIEMPRE estaba alerta, sin embargo lo dejó pasar pensando que era lo mejor irse sin que el otro lo viera. Abrió la puerta de la habitación intentando no mirar atrás al salir, cuando escuchó la voz calmada de Saito:
-¿Te vas tan temprano? –inquirió sentándose en la cama y encendiendo un cigarrillo.
-Sí, ya debo irme... tengo cosas qué hacer –respondió el joven, renuente a salir pero prácticamente obligándose a hacerlo-. Adiós.
-¿Y no piensas llevarte las vendas? Ya usadas a mí tampoco me sirven.
Sano se giró y vió que Hajime se acercaba con las tiras de tela en una mano. Lo jaló del brazo con la otra hacia la cama y lo sentó a la fuerza, comenzando a vendar su brazo amoratado mientras sostenía el cigarro entre los labios. No pronunciaba palabra alguna, sencillamente enrollaba la tela con rapidez y precisión ante la contemplación atónita del chico. Éste no podía creer que el capitán se estuviera tomando esos detalles para con él, y su pulso se aceleró un poco al pensar que lo hacía porque le preocupaba, porque le importaba. Pero de pronto recordó que ni siquiera le había preguntado el motivo de esos golpes, con lo que se sintió incómodo y nuevamente enfadado.
Bueno, se consoló a sí mismo, bajando la cabeza, creo que tampoco le habría dicho la verdad...
-¿Qué te picó hoy, Saito? –preguntó Sagara cuando el shinsengumi terminó, comprobando la presión exacta en su brazo y desechando todas sus ideas de la mente-. ¿No será que te estás volviendo sentimental?
Por respuesta, el mayor le sopló el humo del cigarro en el rostro, levantando una ceja y adoptando su clásica expresión de "no molestes". (¡Estúpido lobo!)
Tosiendo y con cara de pocos amigos, el luchador se levantó decidido, con ganas de largarse de una buena vez. El policía también se puso de pie y lo encaró, pronunciando con voz ronca:
-Si vas a dar un beso de despedida, por lo menos debe ser uno que recuerdes.
Y a continuación presionó sus labios contra los del joven, abriendo su boca con la lengua y plantándole un beso tan largo y profundo que llegó mucho más allá de su paladar y encías, era más bien como el inicio de otra cosa...
Retirándose suavemente y soltando los labios de Hajime con cierta añoranza, Sanosuke se marchó sin decir una sola palabra.
oOoOoOo
En la oficina de la policía, a mediodía un grupo de oficiales charlaba animadamente, en tanto se imaginaban a su jefe muy lejos de la estación.
-¿Y entonces qué pasó Musumoto, nadie intervino a pesar de que eran tantos contra un solo hombre?
-No, qué va –respondió el aludido con un gesto tranquilizador de su mano-. Cuando Fujiwada y yo nos acercamos el tipo ese de pelos parados les estaba dando semejante paliza...
-Pero los otros eran guardias contratados por los yakuza ¿cómo podía ir ganando si eran tantos contra uno? –interrumpió otro oficial con escepticismo.
-Yo tampoco lo hubiese creído si no lo hubiese visto con mis propios ojos –intervino el policía llamado Fujiwada, asintiendo a la vez que hablaba-. Claro que recibió unos cuantos golpes, pero debieron haber visto a los yakuza. Ellos ni siquiera podían levantarse.
-Pero lo más sorprendente de todo fue el "motivo" por el que inició la pelea –agregó Musumoto levantando los ojos.
-Una chica, supongo.
-No. La pelea empezó porque los yakuza comenzaron a hablar pestes del –en este punto el policía bajó un poco la voz, confidencial- inspector Fujita, y el chico lo defendió.
-¡¿QUÉ?!
El resto de los presentes miraba con estupor a los compañeros que relataban la historia, quienes también tenían cara de desconcierto.
-Sí, es verdad –corroboró Fujiwada-. Nada más el tipo alto escuchó que insultaban al inspector, y de inmediato los calló de malos modos. Obviamente que los yakuza se enojaron, nadie se atreve a callarlos, y es ahí cuando empezó la pelea.
Nadie lo expresaba en voz alta, pero por cada una de las mentes pasó la misma pregunta¿quién demonios se enfrentaría a yakuzas por defender al inspector Fujita?
Pasada la primera impresión, todas las bocas se abrieron al mismo tiempo para continuar con el interrogatorio, el cual no pudo seguir porque de pie en el umbral de la comisaría apareció Fujita Gorou, con cigarro en mano y rostro severo.
-¿Terminaron de hablar, señoritas?
Los oficiales se pusieron blancos como el papel y en el acto corrieron cada quien a sus puestos, alejándose nerviosos lo más que les era posible del inspector, quien los observaba impasible y con un brillo sádico en los inquietantes ojos dorados.
-Sí, lo imaginaba... –replicó Fujita con voz fría y calmada, cruzando la oficina hasta las escaleras-. Si vuelvo a sorprenderlos holgazaneando, se les descontará medio día de paga.
Sentados en sus respectivos escritorios, ninguno de los empleados subió la vista (parecía que ni siquiera se atrevían a respirar) hasta que escucharon a su jefe cerrar la puerta de su privado, en el segundo piso. Si volvía a sorprenderlos, temían mucho más que medio día de sueldo descontado.
oOoOoOo
-Vino golpeado por andar "defendiendo mi nombre"... –murmuró Saito apagando la colilla en el cenicero, con una sonrisa jugando en sus labios-. Idiota.
Pero por alguna extraña razón, todo ese asunto lo puso de excelente humor, y con un amago de sonrisa se dispuso a revisar las toneladas de papeles que le habían llevado en la mañana.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Tenía mucho que había oscurecido cuando se armó un revuelo en la planta baja, por lo que Saito decidió bajar a ver qué ocurría. Probablemente era algún detenido escandaloso que alborotaba para que no lo encerraran… era increíble que algunos de sus subordinados fueran tan lentos para controlar esos asuntos.
Al llegar al pie de la escalera, se encontró con que cinco oficiales a duras penas y sujetaban a Sagara, quien se retorcía como loco pero se notaba sonriente, como si todos los esfuerzos de los otros lo divirtieran en vez de someterlo.
-¡Ya suéltenme! Les digo que no pasó nada, yo no sabía que ese tipo era…
Se interrumpió cuando observó a Hajime acercarse, que lo miraba con rostro duro y soltando un resoplido de exasperación.
-Inspector Fujita, hemos traído a este hombre porque…
-Déjelo a mi cargo, subteniente Kojima –cortó Saito con calma, asintiendo a donde se encontraba su interlocutor-. Sé muy bien cómo lidiar con este tipo de detenidos.
-Ni creas que me asustas, Saito –contestó Sanosuke indiferente, soltándose de los oficiales que habían bajado la guardia ante las palabras de su jefe.
El lobo lo ignoró y se dirigió a sus hombres, los cuales lo miraban esperando instrucciones (Casi con reverencia, pensó Sano poniendo los ojos en blanco):
-Pueden retirarse por hoy, yo me encargo de todo.
Como los policías no se creían tan buena noticia, se quedaron como pasmados, dirigiéndose miradas confusas y desconcertadas.
-¡Vamos, no hagan que me arrepienta! –exclamó el inspector perdiendo la paciencia, con una palmada para apurarlos.
-¡Sí, señor! –respondieron a coro.
Ni tardos ni perezosos, todos los empleados de la comisaría tomaron sus cosas y se marcharon rápidamente, sin saber por qué Saito los dejaba ir antes pero muy satisfechos por ello.
Solos en la estación de policía, el más joven cruzó los brazos altanero, parándose frente al ex shinsengumi.
-¿Y ahora? No me digas que los corriste porque me vas a dejar ir así como así...
Hajime se le quedó viendo largamente, con mirada apreciativa. Esa era la oportunidad que había estado esperando… no era que necesitara de una excusa o pretexto para hacerlo, simplemente le gustaba que las cosas se dieran como él quería. Acortando la distancia entre el muchacho y él, se detuvo al tenerlo acorralado entre su cuerpo y un escritorio.
-No, no voy a dejarte ir así como así… a menos que estés dispuesto a negociar –propuso casi en su boca, con los labios pegados a los de él (Pobre chico... está tan desconcertado que no acierta ni a moverse...) y respirando profundamente su aliento dulce.
Sanosuke se imaginó lo peor, al ver sus ojos ambarinos posarse sin disimulo en sus labios entreabiertos… un revoloteo inquietante se instaló en su estómago, pero no supo distinguir si era por el miedo o la emoción. El policía se estaba comportando muy extraño, pero eso no era lo que más le preocupaba… lo que rondaba en su cabeza era que sentirlo tan cerca de él no le molestaba, más bien lo excitaba. Su pecho comenzó a subir y bajar con rapidez.
-¿Pero qué demonios te pasa, Saito? –preguntó intentando sonar enojado-. ¿Por qué te acercas de ese modo, pervertido?
El mayor no le hizo caso, se limitó a rodear la nuca del joven con su mano enguantada y a besarlo lentamente, saboreando con delicia los labios tiernos y frescos. Sanosuke lo empujaba con las palmas, furioso (y sintiendo el miedo creciendo en su estómago), sin embargo no lograba nada ante ese cuerpo poderoso y decidido.
Sagara se separó un poco para respirar, pero el lobo volvió a tomar sus boca con vehemencia, ahora abriendo sus labios y dientes con la lengua, para introducirla en su cavidad bucal. Lo había aprisionado por las muñecas y se pegaba peligrosamente al menor, presionando con los labios y la entrepierna.
No pasó mucho tiempo antes de que Sano dejara de resistirse y correspondiera al apasionado contacto, ladeando la cabeza y liberando uno de sus puños, que en lugar de impactarse en el pecho del policía, se abrazaba a su cintura ceñida con el riguroso traje azul marino.
La situación subía de tono a cada minuto, caldeando la oficina y los ánimos. Pero en algún recóndito lugar de la mente del luchador se escuchó la súplica que pedía que lo detuviera, que no permitiera una intromisión de esa manera en su intimidad (porque eso sólo era el inicio, a juzgar por las caricias y la premura de Saito, esos besos terminarían en todo). Respirando hondamente, se separó del lobo y se acomodó como pudo detrás del escritorio donde había estado acorralado, poniéndose a la defensiva.
-¡Déjame en paz!. ¡Idiota!
-Lo que dices no se corresponde con lo que haces, ahou... –contraatacó el mayor con los labios rojos e hinchados y el cabello desordenado, señalando con la vista la entrepierna acrecentada del muchacho.
Sano se miró y maldijo en voz baja, recriminándose su estupidez. De acuerdo, además de sentir temor le estaba gustando, pero no iba a permitir que el estúpido de Saito lo poseyera de esa forma ¿o sí? Se estremeció al ver que el lobo se acercaba a él, rodeando el escritorio con mirada centelleante de lujuria. Sus ojos dorados lo hipnotizaban, y no pudo articular palabra ante la frase que escuchó a continuación, pronunciada con voz ronca y seductora:
-Esta noche, quiero tu sangre…
Saito pasó la lengua por su labio superior, en un gesto completamente sensual, perdiendo momentáneamente la razón. Había esperado tanto tiempo por ese cuerpo, que ahora no podía ni quería controlarse.
Hoy te haré mío, ahou.
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Ya está el segundo capítulo. La última parte, no ocurre en el mismo tiempo que el primer capítulo... corresponde a un mes y medio antes del comienzo, por eso está en cursiva (o sea, es el principio de la primera vez).
Saludos y besos a la linda Okashira Janet y a Ayann-sama, que me dejaron review por el primer capítulo. :') gracias por su apoyo niñas.
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