Siempre Puro.
Capítulo 2.
Estaba a punto de anochecer y Remus J. Lupin era el único de los merodeadores que se encontraba en la biblioteca preparando una tarea para su clase de Transformaciones. En realidad, solo su cuerpo permanecía ahí pues sus pensamientos estaban perdidos en otro lugar. Tan perdido estaba que no vio llegar a uno de sus mejores amigos.
-¡Hey Moony! , ¡Moony!, psss, psss… ¡Remus! -llamaba James en voz baja- ¿No piensas salir de aquí?... Anda, vamos a cenar que me muero de hambre.
-Eh, sí, en un momento, Prongs. Déjame terminar esta línea y nos vamos.
James se dio cuenta de que Remus apenas había escrito algunas frases pues la tinta en su pluma estaba más seca que la garganta de un hombre sediento en pleno desierto y no se esforzó en disimular una sonrisa, pero dejó que Remus fingiera seguir escribiendo y lo esperó pacientemente hasta que ordenó sus pergaminos y entregó algunos libros a Madame Pince. Después se dirigieron juntos al Gran Comedor.
-Y, ¿qué tal ha ido el entrenamiento?
-Pues ha estado bastante bien, pero necesitamos entrenar todos juntos. Es difícil practicar las tácticas si falta algún miembro del equipo.
Remus soltó un suspiro ligero.
-Espero que Padfoot vuelva pronto. Ya lleva cinco días fuera. No me explico por qué tuvo que partir tan de repente... Es extraño, ¿no lo crees, Prongs?
-Sí, pero tú sabes lo especial que es su familia. Si lo hicieron ir a casa debe ser por un asunto muy importante,... ya nos contará cuando vuelva. Lo único que lamento es que se haya ausentado tanto tiempo. Se ha perdido de unas cuantas buenas bromas.
-Tienes razón, ya nos contará cuando vuelva -respondió Moony algo desalentado.
Remus pasó la cena dando vueltas al asunto de la partida de Sirius y casi no probó bocado. James lo observaba remover las setas en su plato pero no hizo ningún comentario, y cuando subieron a la sala común todos se dispusieron a dormir sin cruzar palabras. Al poco tiempo Peter roncaba sonoramente, James soñaba con Lily Evans, y Remus simplemente no lograba conciliar el sueño.
¡Maldita sea, Remus John Lupin, intenta dormir! pensaba Moony desesperado Cuenta hipogrifos o lo que sea, pero deja de dar vueltas en la cama de una vez por todas. No puedes seguir así.
Estaba enredado en las sábanas cuando le pareció escuchar que alguien entraba a la habitación y se apresuró a correr los doseles de su cama.
-¿Sirius?... ¿eres tú? -preguntó esperanzado
-¿Moony?..., ¡¿qué haces despierto a estas horas?! -contestó sorprendido Sirius, quien venía envuelto en una larga capa de viaje.
-Yo…, eh…, no podía dormir. Tú sabes que Peter ronca mucho y James... hum…
Remus trataba de encontrar las palabras para explicar la razón de su desvelo pero nada acudía a su mente, salvo la visión de ese chico que estaba de pie junto a la puerta. Así que solo se limitó a decir:
-Dime, ¿qué ha pasado, Sirius?... ¿Estás bien?
-Sí, claro que estoy bien..., solo un poco cansado. No te preocupes, Moony. Trata de dormir, que yo haré lo mismo, y mañana hablamos ¿vale?
-De acuerdo, Padfoot -respondió Remus y se acostó sintiéndose mucho más tranquilo.
Antes de meterse a la cama, Sirius tomó una ducha rápida. Después de ponerse el pijama y calzarse sus zapatillas de dormir, preparó su cama mientras una sonrisa se extendía por su rostro pues, a pesar de que Peter seguía roncando con fuerza, Remus se había quedado profundamente dormido. Sirius se acercó a él despacio para arroparlo bien pero, al ver la expresión tranquila de aquel rostro angelical, no pudo evitar rozar su mejilla con la punta de los dedos.
De inmediato, una sensación extraña se apoderó de su cuerpo y un escalofrío le recorrió la espalda al escuchar un ligero gemido de Moony. Se apartó de él temiendo haberlo despertado pero, al darse cuenta de que el chico seguía durmiendo, se sentó a su lado y se quedó mirándolo un largo rato perdido en las sensaciones que aquel leve contacto le había provocado.
Cuando sintió que el cansancio del largo viaje hacía efecto en él, volvió a su cama y, mirando de nuevo a Moony, cayó rendido con un único pensamiento en la mente: En cuanto a mis padres…, hice lo que debía hacer y no me arrepiento. No, no me arrepiento de mi elección.
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Al día siguiente todos despertaron; todos a excepción de Sirius, que estaba fundido por el viaje.
-¡Vaya! -dijo Peter mirando a Sirius - ¿Pero a qué hora llegaría que no me di cuenta?
-No tengo ni idea, Wormtail. Yo tampoco lo escuché llegar -contestó James mientras observaba que Remus estaba listo para bajar a desayunar y les sonreía divertido
-Pues cómo pensaban enterarse si tú, Peter, roncabas como un bendito y tú, James, no parabas de llamar a Lily entre sueños. Y, claro, con tanto ruido yo no podía dormir. Así que lo vi llegar. Pasaba de la media noche, pero parece estar bien. Quedamos en que hoy nos contaría qué fue lo que pasó.
-¡Oye! -protestó indignado James- Tú debiste haberte intoxicado con las setas de la cena. Yo no llamaba a Lily en mis sueños.
- Oh, claro que la llamabas -contestó picaramente Remus- De hecho la llamas todas las noches.
James se sonrojó visiblemente ante la respuesta de su amigo.
- Bueno, hoy tenemos la tarde libre y al menos podremos salir de dudas en cuanto a lo que pasa con Sirius -dijo Peter mientras se levantaba y se apresuraba a ganarle la ducha a James.
Cuando James y Peter estuvieron listos, los tres bajaron a desayunar dejando a Sirius perdido entre sueños dominados completamente por cierto joven licántropo.
Continuará...
