Prometo publicar capítulos más seguido e_e Ahora... disfruten :D .


.-~* CAP 2 *~-.

—¡Tauriel! ¡Tauriel!
Pero la joven elfa con rojos cabellos al aire no hacía caso a los llamados de su paciente madre.
Aparentaba unos diez años en edad humana, aún tenía las mejillas sonrosadas como si fuera menor, aunque sus ojos eran tan profundos y atentos como los de un elfo adulto.
—Ven, regresa, no puedes estar ahí.
Tauriel seguía sin hacer caso. Había encontrado el punto perfecto para mirar eso que tanto la obsesionaba, no abandonaría ese lugar solo porque su madre la llamaba.
—Hablo en serio señorita —dijo su madre acercándose a la pequeña elfa. Era un punto débil de la cerca de arbustos que rodeaban la zona de entrenamiento donde sólo practicaban aquellos que formaban parte de la guardia especial del rey Thranduil.
—Ahora entiendo porque no querías alejarte —dijo la madre agachándose al lado de su hija y espiando a través del seto también—. Aquí está ese pequeño elfito que trae locas a todas.
—¡No lo estaba viendo! —chilló la pequeña, sonrojándose.
Los mejores elfos, tanto arqueros como guerreros, se encontraban allí con el objetivo de seleccionar jóvenes para ser entrenados en el arte de la guerra.
Una elfa como Tauriel tenía pocas probabilidades de formar parte de esa guardia pues su baja posición en el reino le era un gran impedimento, sumándole el que era mujer lo empeoraba aún más.
Su madre suspiró rendida. Casi hubiera preferido que su hija mirara a Légolas en lugar de que estuviera interesada por las armas.
—¿Viste ese tiro? —dijo Tauriel, interrumpiendo los pensamientos de su madre. Sus ojos estaban abiertos a más no poder y una gran sonrisa le adornaba el rostro.
—Si hija, pero debemos irnos. —Su madre se puso de pie y tomó a Tauriel de la mano. Sabía que si no se la llevaba así, ella jamás la seguiría.
Atravesaron la pequeña pradera que se interponía entre el centro de entrenamiento y el acantilado donde se encontraba la entrada al palacio del rey. Tauriel no pudo más que voltear a ver por última vez aquel lugar y seguir a su madre cuesta abajo para poder regresar a su hogar.
La caminata solía ser tranquila y lenta pues no había árboles en esa parte más que aquellos que rodeaban la pradera. El viento era suave y cálido, pues era verano, el cielo parecía estar representado por un gran manto azul uniforme con algunos detalles blancos algodonosos a modo de nubes, la hierba y árboles se movían a su propio ritmo, como si el aire no existiera y ellos tuvieran vida propia. La madre de Tauriel admiraba todo aquello ya que era curandera y según su propio creer, el poder de hacerlo no venía de ella misma, sino de esa bella naturaleza que ponía a su disposición todas las herramientas para salvar vidas.
Su hija sin embargo, parecía ser todo lo contrario a ella ya que en lugar de querer sanar heridas parecía estar dirigiendo su atención a causarlas.
—Mamá —dijo Tauriel con voz temerosa deteniéndose y aferrándose al vestido turquesa de su madre—. ¿Escuchaste eso?
—¿Sucede algo? —preguntó ella intentando centrar su atención en lo que su hija había oído.
Pero ya no fue necesario que Tauriel contestara puesto que ahora se escuchaban con claridad los cascos de un caballo acercándose.
—¿Es malo que un elfo nos encuentre aquí, mamá? —dijo Tauriel sintiendo como el temor se extendía por su cuerpo. No acostumbraba salir de las cuevas del rey y todo lo que sabía del mundo exterior lo había escuchado de su padre, un hábil guerrero muerto en batalla.
—No hija, es sólo que creo que te han visto espiando —respondió su madre con una sonrisa, intentando tranquilizarla. Tauriel logró controlar su miedo aunque no por mucho ya los sonidos de cascos estaban prácticamente sobre ellas.
—¡Alto! —gritó el elfo desmontando su caballo. Tauriel y su madre dieron un paso atrás aunque no era tan necesario ya que el elfo que las había detenido no era más que un muchacho. Vestía la típica armadura de entrenamiento por lo que no se diferenciaba mucho de los demás; su cabello rubio, aunque ondulado y corto, sus ojos azules, grandes y risueños y una sonrisa amable.
—¿Quién eres tu? —preguntó la madre confusa ver al joven elfo. Tenía un aspecto extraño y no sólo por tener el cabello corto.
—Eso mismo venía a preguntarles —contestó él sonriendo.
—Yo soy Tauriel —dijo la pequeña elfa sonriendo también. La hacía muy feliz ver a un elfo guerrero, pero le hacía más ilusión ver la gran espada y el fino arco que él cargaba en su caballo.
—Mucho gusto Tauriel —contestó el elfo—, yo soy Telindor.
—¿Sucede algo? —dijo la madre de Tauriel a Telindor.
—A Calaglim, capitán del ejército, no le gusta que espíen a sus soldados.
—Soy curandera del rey elfo y sólo estábamos buscando algunas hierbas.
—Tal vez tu, pero —Telindor señaló a Tauriel— ella no parece interesada en eso.
Tauriel se quedó muda. No podía creer que la hubieran descubierto.
—No tienes nada de que preocuparte, no eres la primera que ha deseado colarse.
Tauriel sonrió tímidamente. Tal vez Telindor la comprendiera y la invitara a unirse a ellos.
—Thranduil tiene la culpa por tener un hijo tan apuesto —suspiró el elfo con expresión cansada—. Es difícil mantenerlo a salvo de ustedes.
—¡Yo no lo estaba buscando! —gritó Tauriel molesta de que sólo fueran capaces de pensar eso de ella. —Quiero ser parte del ejército, deseo unirme a ustedes. ¿Es eso muy difícil de entender?
—¡Vaya! ¿Al fin habremos encontrado a una buena elfa guerrera?
—Espera ¿qué? —La madre de Tauriel estaba estupefacta—. Ella no hará tal cosa. Es peligroso, no lo permitiré.
—¿Es eso una invitación? —Tauriel también estaba bastante sorprendida.
—No —dijo el elfo—. Sólo bromeaba, será mejor que hagas caso a tu madre, ser un guerrero es demasiado riesgoso. Ahora, sigan su camino.
Dicho eso, la madre de Tauriel retomó la caminata, en espera de que su hija la siguiera.
Tauriel tomó la mano de su madre y la siguió, cabizbaja y sin ningún ánimo.
—Una pena que no creyeran en ti —dijo Kili tras haber escuchado el relato de Tauriel de cómo habían iniciado sus deseos de ser una guerrera—. Pero eso no explica como comenzaste.
—El elfo, Telindor, fue quien me entrenó en secreto para que pudiera ser lo que soy ahora —terminó por explicar Tauriel—. Sólo dijo eso para que mi madre no sospechara.
—Muy astuto de su parte —masculló Kili.
Tauriel sonrió por última vez antes de irse de la prisión de los enanos y dejar a Kili pensando en lo que acababa de oír.

Dejen un review, esto se ve muy desolado sin uno .W.