Cambios

Lo primero que hicieron las chicas fue ir a la peluquería, a someterse a una sesión embellecedora: manicura, pedicura, limpieza de cutis, mechas etc. La verdad es que Lara y Lily empezaban a temer en lo que se habían metido al ver a Lisa hablando tranquilamente con la peluquera que con hábiles movimientos de varita las cortaba y arreglaba el pelo. Después de examinarlas, había decidido su corte de pelo y todo, y ellas se dejaban hacer, pues parecía saber muy bien lo que quería, y confiaban en ella. Lara, también, había decidido que ya que estaban con el plan, iba a adelgazar un poco, así que se había sometido a un régimen estricto ante el asombro de la señora Evans, que no estaba al tanto de nada.

Cuando salieron, pensaban que irían a tomar algo o a hacer otra cosa, pero eso no había sido suficiente para aquel día, pero no, no era suficiente para Lisa, que se las llevó a rastras a comprar maquillaje "decente" como decía ella. Compraron base, lápices de ojos, sombras, polvos, brillos y dios sabe qué más, todo mágico que cambiaba de color según tu gusto o no se iba o duraba una semana o no manchaba y mil cosas más.

Al final, cargadas con todo eso y unas cajitas mágicas ampliadas para guardarlo, se volvieron a la casa de Lily; subieron al cuarto donde la pelirroja encontró una carta encima de la mesa. Cogiéndola, la leyó, y una gran sonrisa se plasmó en su rostro; luego sacó una carpeta llena de pergaminos y la metió dentro con otros muchos.

De quién era?

De James

Te escribe!

Sí, esta es su décima carta este año – confesó ella con mirada soñadora.

Y le contestas?

No

No! Porqué?

Pues no sé... se supone que le odio...

Pero... – comenzó Lara

Respóndele – dijo Lisa con una sonrisa maliciosa – es parte del plan

Bueno, vale.

Y mientras ella le escribía una larga carta al joven, y se la enviaba, Lisa aconsejaba a Lara sobre los colores que debía utilizar y cómo debía maquillarse. La chica era realmente muy hermosa, tenía la belleza embrujadora de una geisha: misteriosa y delicada, sus rasgos exóticos hacían que fuese imposible obviar su atractivo. Por lo que Lisa comenzó a hablarle sobre los colores que le favorecerían. Lily se unió a la conversación, sabiendo que les quedaba mucho por hacer, pero al menos, ya habían empezado.

Tras las continuas prácticas de cómo maquillarse, Lisa empezó con la ropa, y claro, la magia servía para todo, así que con unos cuantos hechizos, las chicas cambiaron todo su vestuario y también se fueron a comprar un par de túnicas y varias cosas más. Después pasaron a la segunda parte del plan que Elisabeth se empeñó en llamar "actitud", practicaron como hablar con los chicos, cómo hacer que se fijaran en ellas y cómo conquistarles.

Un día, se fueron a un centro muggle comercial y allí se separaron para ir a mirar diversas cosas. Lisa se fue con un elegante movimiento de su ondulante cabellera y paseó tranquilamente por todo el centro aparentemente sin percibir todas las miradas que le dirigían los chicos. Muchos de los cuales se giraban a mirarla cuando pasaba; pero a pesar de que pareciera que ella sabía mucho de esos temas, sus contactos con el sexo opuesto habían sido muy pocos.

SU padre era muy protector, y desde que ella era muy pequeña había decidido que ningún chico se acercase a su niñita; así pues, Lisa pasó toda su vida en internados para señoritas y colegios únicamente femeninos. Cuando ya empezaron a interesarle los chicos resultó estar en una isla, rodeada de agua sin un solo hombre a la vista; así que las únicas oportunidades que tenían ella y sus amigas de conocer gente era cuando hacían competiciones con el colegio vecino, que era masculino. A pesar de ello, las vacaciones daban para mucho, y la playa era un sitio ideal para conocer chicos, así que Lisa, vigilada muy de cerca por su padre, empezó a salir con unos cuantos.

Era divertido, pero ella nunca había encontrado a nadie especial con quién de verdad quisiera estar y a quién quisiese de verdad. Ahora, con nuevas amigas, a punto de empezar un nuevo curso apartada de su padre, que estaba en la otra punta del mundo, y en un internado mixto, estaba convencida de que iba a pasárselo en grande... "demasiado tiempo llevo sólo con chicas, éste año me lo voy a pasar bien" y así, con una sonrisa cruzándole la cara y haciéndola aún más hermosa, entró en una librería a ver si encontraba alguna novela de esas muggles que tanto le gustaban.

Estuvo un largo rato mirando tranquilamente libros y más libros, perdiéndose entre el olor a tinta y a papel que tanto le gustaba; entonces, fue a coger uno que le quedaba muy arriba, y no llegaba. En ese momento, apareció una mano por detrás y lo cogió, ella se dio la vuelta con una amplia sonrisa y contestó

Gracias "Ostras que guapo"

No hay de qué "Vaya, que guapa"

Lisa se quedó un minuto mirando al chico que tan amablemente le había cogido el libro, al tiempo que él la miraba a ella. Era alto y delgado, con la piel pálida con un suave color tostado que debía de haber cogido en verano; el pelo, rubio oscuro, le caía largo hasta el cuello sedoso y brillante, dándole ganas a la joven de tocárselo. Pero lo que más le impresionó, además de la sonrisa dulce y serena, fueron los ojos del joven, dos discos dorados que relucían como el oro al sol que entraba por la ventana. Reaccionó y observó que el joven, a diferencia de muchos otros, la miraba directamente a los ojos, y no al escote, como solían hacer. Eso la agradó, pero se dio cuenta de que se le había quedado mirando como una boba, así que, con una sonrisa, y una sensación de tristeza en el corazón le dijo.

- Bueno, adiós.

- Adiós.

Él la vio marcharse, con pena, y ella pagó y salió de allí lamentándose por no haberle preguntado ni siquiera el nombre. Pero ya no había nada que hacer, miraba fijamente al suelo, y chocó con un chico moreno, muy guapo y musitando un perdón siguió su camino. Se tomó un batido pensando aún en el joven de la librería, pero, decidida a quitárselo de la cabeza, se dio otra vuelta, volviendo a encontrarse a sus amigas.

No les contó nada... qué había que contar? Pero se fueron hablando hacia la casa de Lily, mientras cada una enseñaba lo que había comprado. Ante el asombro de la pelirroja y la rubia, Lara había comprado un montón de artículos de broma, y cuando preguntaron para qué, ella repuso:

Pues para gastarles bromas a los chicos – explicó – Ellos nos las gastan siempre a nosotras, porqué no devolverles la pelota?

- Qué buena idea! – exclamó Lily – Y firmaríamos con nuestros motes

- Tenéis un mote? – preguntó Lisa

- Sí, - contestó Lara – yo soy Lila, porque según Lily mis ojos son como la flor, y ella es Labrynth, por que nunca terminas de conocerla y cuando te crees que ya te sabes su carácter, te sorprende.

- Te parece ridículo – dijo Lily sonrojada.

- No, al contrario, me parece que va muy bien con tú personalidad. – Lisa sonrió a su amiga para asegurarla – Es cierto que cuando alguien quiere conocerte se pierde muy a menudo.

- Y tú? – preguntó Lara tras un largo silencio – Tienes un mote?

- Sí, me llamaban Luna – sonrió ella – porque me encanta y, además, mi primer novio decía que a veces era tan fría y tan bella como ella.

- Es muy bonito – comentó Lily.

- Sí, precioso – añadió Lara.

Y así, hablando animadamente y planeando toda serie de gamberradas para los chicos del colegio, llegaron a casa de Lily y ayudaron a la madre de ésta con la cena. Los días fueron pasando en una tranquila y alegre rutina, Lily escribió otra carta a James y Lisa estaba convencida de que iban a desbancar a todas las tontitas sin cerebro que iban detrás de los merodeadores; Lily y Lara le habían contado lo de los clubs de fans y ella, que en un principio no se lo creía, estaba emocionada pensando en cómo hacer sufrir a todas esas chicas (NdA: Qué cruel, XD) Lo cierto es que no tenía ningún motivo para odiarlas, hasta que sus dos amigas le contaron como las molestaban cuando Potter iba siempre detrás suyo y cuando, por ende, estaban con los merodeadores. Ellas no lo tenían tan claro, pero también estaban algo emocionadas con la idea de dejarlas a todas con tres palmos de narices. Fueron a comprar el material para su último año de escuela, y ante su asombro, no encontraron a nadie, pero tampoco se preocuparon mucho, en su carta decía que tendrían dos bailes aquel año además del de graduación, así que debían comprase túnicas, pues querían estar muy guapas.

Llegó el final de las vacaciones, y el último día, cuando se despertaron Lily y Lara vieron que Lisa no estaba, su cama estaba perfectamente hecha, y había dejado una notita avisando de que tenía que recoger una cosa, así que ellas esperaron impacientes hasta que volvió la joven, hablando mientras hacían sus baúles y, agrandándolos mediante magia, metían dentro todo lo que quisieron sin ningún problema. Cuando llegó la rubia, sus amigas, que estaban en el jardín, disfrutando del sol, preguntaron de inmediato que era lo que había ido a buscar, y ella con una sonrisa deslumbrante, sacó una caja grande de terciopelo, y la abrió, mostrando unos hermosos colgantes de plata en forma de L con un 3 entrelazado. Las dos jóvenes los miraban con los ojos muy abiertos.

- Son preciosos – dijo Lily

- Increíbles – añadió Lara.

- Y esto?

- Somos nosotras – sonrió la joven acariciando uno con la yema de los dedos – Lisa, Lara y Lily; Luna, Lila y Labrynth; L cubo.

- Son la caña – dijo encantada Lily.

- Y el nombre es genial – exclamó Lara.

- Gracias. Pensé que podría ser nuestro distintivo, como los merodeadores, así cuando hagamos una broma, sabrán que hemos sido nosotras. – sonrió – Además, podríamos encantar los colgantes para que sean mágicos...

- Esa es una idea genial, hay un hechizo en uno de mis libros que nos serviría – dijo Lara entusiasmada.

- Y con unas pociones podríamos hacer que nos volvieran invisibles con una contraseña

- Estupendo!

Las jóvenes se miraron un momento y riendo, subieron corriendo atropelladamente las escaleras rumbo a su cuarto. Allí, cada una sacó los libros de hechizos, que no eran del colegio, que creyeron que les servirían; después de leerlos todos y hacer una lista, decidieron el sistema que iban a ponerles: debían pensar claramente su mote y la función que querían activar apretándolos en su mano izquierda. Luego, se pusieron manos a la obra, primero los encantaron para que aguantaran todo los hechizos que iban a lanzarles, haciendo que fuesen más resistentes que el diamante, y después, empezaron. Los sumergieron en una poción que serviría para hacerlas invisibles, y otra que las convertiría en animales, eligiendo uno, pues si tenían que ponerlos todos sería mucho más complicado, así que Lily eligió un hermoso unicornio perlado; Lara un lince de un tamaño mucho más grande de lo normal, con unos dulces y misteriosos ojos violeta; y Lisa, por último, una loba plateada, con los ojos oscuros como la noche.

- Porqué has elegido un lobo? – preguntó Lily mientras preparaban otro encantamiento.

- Es mi animal favorito, y además está en el escudo de armas de mi familia – explicó la rubia – Porqué habéis elegido vosotras a los vuestros?

- Me gustan los linces, son como gatos pero muchísimo más bonitos – dijo Lara entusiasmada, y añadió con un brillo en sus ojos – y más fieros.

- Y yo porque desde pequeña me han encantado los unicornios. – Lisa asintió, eso lo recordaba – Y cuando vi uno nada más llegar a Hogwarts me quedé prendada de esos animales.

- EY! Cuidado con eso! – exclamó Lara a Lily, que casi estropea el encantamiento.

Aquel fue un encantamiento que las permitiese flotar, y luego añadieron uno que las mantuviese comunicadas a las tres. Entonces, cuando pararon, y los colgantes se quedaron brillando con una débil luz blanca, se dieron cuenta de que era la una de la mañana y que no habían ni comido ni cenado, de tan absortas que habían estado con los hechizos y pociones. Así que las tres, rendidas, cayeron en su cama, y los colgantes quedaron en la mesa de la habitación, brillando levemente, absorbiendo toda la magia y los hechizos que les habían echado las jóvenes.

Uno de septiembre, en casa de los Evans, significaba revuelo ya de por sí, pero con dos chicas más que debían prepararse para ir a Hogwarts, era un maremagnum. Los baúles ya hechos, sólo faltaba lo más complicado: vestirse; cada una de las jóvenes se tiró media hora en el baño, duchándose, vistiéndose. Y luego, al salir, se arreglaban y se maquillaron levemente.

Weno, segundo capi arriba! Gracias a todos los q se lo leen y specialmente a los q m djan critiks! Intentaré hacerlos más largos a partir de ahora, que es cuando ya empieza a haber cosas para contar.

Chaus