Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es kyla713, yo sólo traduzco.
Gracias a Isa por corregir este capítulo.
Capítulo 2
Durante los siguientes días el calor que había entre Edward y Bella ardió de manera rápida con una gran cantidad de ánimos por parte de Mikey y, por supuesto, con la partida de Edward colgando sobre sus cabezas.
En Noche Vieja Bella estaba en su habitación poniéndose los zapatos cuando escuchó a Mikey hablando con Edward en la sala.
—Pero quiero ir con ustedes —se quejó, y ella casi pudo escuchar el puchero que acompañaba esa queja.
—Lo lamento, campeón. No esta vez. La fiesta de esta noche es sólo para adultos. Haremos algo especial esta semana nosotros tres, ¿de acuerdo? —respondió la suave voz de Edward, ella pudo distinguir que hizo un poco de esfuerzo para subir al niño en su regazo.
—¿Pero y si se te olvida? —murmuró Mikey y Bella caminó por el pasillo deteniéndose junto a la puerta para poder escuchar.
—¿Si se me olvida qué? —preguntó Edward, obviamente intentando esconder su diversión.
Mikey suspiró pesadamente y pasó el brazo por los hombros de Edward con una expresión de sabelotodo.
—Tienes que besar a mami a medianoche. Es muy importante.
Los ojos de Edward se encontraron con los de Bella al otro lado de la habitación y sus labios temblaron ligeramente a causa de una sonrisa.
—No lo olvidaré, Mikey. Te lo prometo. Incluso le daré un beso extra por ti.
El pequeño asintió y su rostro se contorsionó al sumirse en sus pensamientos.
—Aunque el mío en la mejilla, porque sólo las citas se besan aquí.
Bella se tapó la boca con la mano para acallar su risa cuando vio que los deditos de su hijo se señalaban la boca.
Estaba un poco desconcertada por lo mucho que habían cambiado las cosas desde hace una semana, cuando tuvieron esa conversación con Mikey. Nunca pensó que sería posible que Edward tuviera una parte más importante en su vida y en la de su hijo de la que ya ocupaba en los últimos tres años. No sentía la culpa que se había imaginado cuando lo besaba o en el proceso de convertirse de amigo a amante. Más bien parecía que Michael les sonreía ante la felicidad que habían encontrado el uno en el otro, y que estaba feliz de que su hijo tuviera a un hombre que valía la pena para ser su papá. Y viendo el nivel de comodidad que compartían Edward y Mikey sentados en el sofá, con la cabeza del pequeño descansando en su hombro, ella se preguntó por qué había tardado tanto tiempo en darse cuenta.
Se escuchó un golpe en la puerta y Mikey levantó la vista de repente, bajándose del regazo de Edward y corriendo hacia allí.
—¡Es la abuela, mami! ¡Corre!
Bella compartió una breve mirada con Edward, quien se rió al levantarse de su asiento y se acercó a ella.
—Supongo que ya se le olvidó lo de la fiesta.
—La abuela siempre lo consigue —respondió ella, respirando profundamente al caminar hacia la puerta con él. No había visto a la mamá de Michael desde que ella y Edward comenzaron a salir, y aún se sentía insegura de cuál sería su reacción al ver que Bella había dejado atrás a su amado hijo. Y con su mejor amigo, ni más ni menos. Edward apretó su mano de manera gentil a modo de aliento mientras que los saltos impacientes de Mikey aumentaban junto a la puerta y le besó la sien.
—Todo estará bien.
Bella asintió ante sus palabras susurradas y soltó su mano para abrir la puerta.
—Ah, allí está mi hermoso niño. Creí que te había escuchado cerca —bromeó la señora Newton, una sonrisa apareció al instante en su rostro cuando vio a Mikey y lo cargó en brazos—. Oh, la abuela te ha extrañado muchísimo.
—¡Yo también te extrañé, abuela! —respondió, apretándole el cuello con los brazos—. ¿Me compraste regalos?
—Mikey —le advirtió Bella alzando una ceja y sacudiendo la cabeza.
—Por supuesto, la abuela tiene regalos para ti. El abuelo y yo dejamos el árbol puesto esperando tu visita —sonrió y luego miró a Bella—. Está bien. ¿Cómo estás, cariño?
Bella soltó el aliento y sonrió cuando la señora Newton se acercó a ella para acunar su mejilla con una mano y darle un gentil beso.
—Muy bien. Feliz año nuevo.
—Sí que se ve, ¿no? —respondió con una sonrisa mirando a Edward. Bella se sonrojó ligeramente cuando la señora Newton envolvió un brazo en la cintra de Edward para abrazarlo, susurrando algo con suavidad en su oído.
Edward asintió en respuesta y ella se apartó moviendo a Mikey hacia su cintura.
—¿Qué te parece si nos vamos para que mami y Edward puedan irse a la fiesta? —dijo la señora Newton cuando le dio la mochila de Mikey.
Mikey asintió y luego miró a Edward, y agitó un dedo en su dirección.
—No lo olvides.
Edward se rió y sacudió la cabeza.
—No lo olvidaré. Te lo prometí, ¿recuerdas?
—¡Cierto! —respondió Mikey con un firme asentimiento, y luego tiró el cuello del abrigo de su abuela—. Quiero ir con mi abuelo y mis regalos.
—De acuerdo, vámonos —la señora Newton se rió entre dientes y luego les sonrió a Edward y a Bella—. Diviértanse.
—Gracias. Pórtate bien, Mikey —le dijo Bella cuando se iba, su hijo gimió y rodó los ojos. Cerró la puerta y se giró hacia Edward, finalmente aprovechando la oportunidad de poder verlo bien. Aunque no iba en su uniforme aún así se veía igualmente increíble con una camisa de botones blanca y pantalones negros, y una corbata negra cayendo por su pecho. Sentía que podía quedarse allí parada viéndolo para siempre, pero sabía que si seguía nunca llegarían a la fiesta.
—Iré por mi bolso y entonces podremos irnos.
—Espera un segundo —dijo él de manera suave, tomando su mano y jalándola de frente a él—. Te ves hermosa.
Las mejillas de Bella volvieron a tintarse de rosa cuando miró el vestido de profundo color borgoña. Tenía años sin usarlo, y aunque llegaba a las rodillas, de repente se sintió desnuda bajo su mirada. Él le levantó la barbilla con la punta de sus dedos y dejó un gentil beso en sus labios. Ella cerró los ojos ante la sensación y se derritió contra él, pasando lentamente los brazos por su cintura. Él la hacía sentir hermosa con el más ligero de sus toques, junto con el suave murmullo que escapó de él cuando su beso se profundizó. Nunca pensó que volvería a añorar el sentir este deseo y necesidad por alguien, o de parte de alguien, y aún así, lo sentía sin esfuerzo alguno con Edward.
Él se apartó de manera lenta de ese beso, su frente se frunció cuando la apoyó en la de ella mientras recuperaban el aliento con los ojos cerrados.
—Deberíamos irnos.
Bella tragó fuerte y asintió, suspirando suavemente de camino a la mesa de la cocina para agarrar su bolso. Cuando regresó a la puerta lo encontró sosteniendo su chaqueta para ayudar a ponérsela y no pudo evitar sonreír al meter los brazos.
Inesperadamente los brazos de Edward la abrazaron por detrás al cerrarle el abrigo y besó ligeramente su mandíbula.
—Ya están chismeando lo suficiente sin que nosotros agreguemos a la lista el hecho de llegar tarde, ¿no crees?
Bella se rió entre dientes recargándose en su pecho y girando la cabeza para verlo.
—Creí que no te importaba lo que ellos piensen.
—No me importa... cuando se trata de mí —respondió, dándole un gentil besito en los labios antes de soltarla de su abrazo y tomar su mano—. Pero no tengo intención de alimentar a las masas cuando se trata de ti y de la envidia infinita que te tiene Jessica por haberte quedado con Mike.
—Sin mencionar el hecho de que ella babea por ti. Puede que jamás me vuelva a perdonar —respondió ella de manera sarcástica, rodando los ojos para darle más efecto cuando salió al punzante aire helado de invierno. Pero por dentro su corazón se aceleraba.
Era la primera noche que salían en público como pareja entre sus amigos, y ambos estaban igual de nerviosos. Al vivir en un pueblo pequeño conocían todas miradas desaprobadoras que habían recibido en los últimos tres años desde que Michael murió. Ahora los rumores se amplificarían viendo que Bella había seguido su vida de manera oficial con el mejor amigo de su esposo.
¿En realidad desde cuándo habrán estado juntos pero manteniéndolo en secreto?
¿El matrimonio Newton de verdad habrá sido tan feliz como parecía desde afuera?
¿Bella se habrá sentido sola la última vez que se fue Mike y ha vivido con culpa todos estos años desde su muerte?
Toda esa especulación había sido generada por Jessica y Lauren; ellas también se habían casado con militares hace mucho. ¿Qué mejor lugar para crear un montón de chismes que en una base militar llena de las esposas solitarias de los soldados que estaban en la guerra?
Aunque la fiesta de esa noche era informal y no en la base, el sonido de la risa nasal y chillona de Jessica llegó a ellos incluso antes de que entraran al pasillo. Esa risa artificial estaba reservada para un sólo propósito: alagar a su esposo, que era mucho más viejo que ella, el General Banner, al igual que para mantener expuesto en toda posible ocasión la roca de varios quilates que adornaba su mano izquierda.
Bella respiró profundamente y enlazó su mano con la de Edward cuando entraron juntos al salón, miraron a Jessica fruncir los labios entre más se acercaban. Cuando él saludó a su comandante, Bella sintió las ganas de que la tierra se abriera y se la tragara viva a causa del escrutinio que había en la mirada de las otras mujeres.
—Bueno, Bella. Es agradable verte aquí de nuevo. Estoy segura de que lo extrañaste —la falsa sonrisa de Jessica regresó cuando se acercó a Bella y le dio un beso en cada mejilla—. Cuando vuelvas a la base, debemos juntarnos para tomar café en alguna ocasión.
—Yo... um. No estaba... —tartamudeó Bella de manera nerviosa, mordiéndose el labio y sacudiendo la cabeza.
—Oh, vamos. Todas sabemos que nadie se mantiene lejos de la banda por mucho tiempo —respondió Jessica, alzando una ceja y golpeteando el brazo de su esposo con el dedo que tenía su anillo—. Y no es como si fuéramos desconocidos.
—Creo que nos vendrían bien unas bebidas —habló Edward, poniendo la mano en la espalda baja de Bella y asintiendo hacia la pareja—. General Banner, señora Banner.
Bella respiró de manera lenta y profunda cuando caminaban hacia el otro lado del banquete, aceptó agradecida la copa de champaña que le dieron.
—Dios, en serio que le queda bien el rol de esposa del General, ¿no? Apuesto a que ese vestido costó tanto como sus pechos.
Edward ahogó una carcajada y se pellizcó el puente de la nariz mientras ella lo veía sobre la orilla de su copa al darle un sorbo. Él bajó la mano y la miró sacudiendo la cabeza en un intento de mantener el rostro serio.
—Nunca hubiera pensado que te gusta chismear, Bella.
Bella suspiró y sacudió la cabeza.
—No me gusta. Es que ella juzga más de lo que tiene derecho al ser alguien que va en su segundo matrimonio para tener sólo veinticinco años.
Edward pasó un brazo por su cintura para jalarla gentilmente contra su costado y besar su cabello.
—No dejes que te afecte.
Los ojos de ella se encontraron con los de él, ella levantó los dedos para trazar gentilmente su mandíbula.
—No la dejaré.
Los labios de Edward bajaron lentamente hacia los de ella y se rozaron ligeramente antes de ser interrumpidos por la llegada de Angela y Eric. Bella sonrió cuando Angela le enseñó emocionada su anillo de compromiso que Eric le había dado como regalo de Navidad. Ya habían anunciado que se casarían dentro de las siguientes semanas antes de la siguiente partida de él, lo cual le causaba un nudo en el estómago a Bella. Aún así intentó alejar todos los pensamientos negativos para compartir las alegres noticias con ellos.
Bella intentó mantener la compostura hasta que ella y Edward estuvieron juntos en la pista de baile. Cuando llegaron allí los pensamientos que ella había intentado evitar la bombardearon a la vez. En pocas semanas él se iría, y ella no tendría forma de saber cuándo regresaría o si es que regresaría. La idea de perderlo le aterrorizaba más que con Mike. A partir de ahora sabía qué tan real era esa posibilidad; ya lo había vivido.
Como si estuviera leyendo su mente, él apretó su agarre en ella y bajó los labios hasta su oído.
—No lo pienses. No es mañana.
—Lo sé. —Recargó la frente en el hombro de él mientras amoldaba la mano en la parte trasera de su cuello, su cabello le hacía cosquillas en los dedos. Ella sintió sus labios moverse ligeramente cuando le dio vueltas al cabello de él con la punta de sus dedos y lo miró—. Alguien necesita un corte de cabello.
Edward rodó los ojos juguetonamente, agradecido porque una vez más se había aligerado el humor entre ellos. La única cosa en la que él quería pensar era en la hermosa mujer que tenía en brazos, y en el hecho de que esta noche por primera vez se dormiría junto a ella en su cama.
Ya que Mikey pasaría lo que quedaba del fin de semana en casa de sus abuelos, él y Bella planearon pasarlo en su casa, aprovechando para pasar juntos todo el tiempo que les fuera posible. La trepidación entre ellos era palpable, viendo que en la última semana no habían podido estar solos de verdad. Cada beso que compartían, incluso a mitad de la noche, era recibido por suaves risas en el pasillo, era como si su hijo tuviera un radar para sentir cuando las cosas pudieran subir de nivel físico entre ellos.
Pero esta noche no habría ojos o risas para detenerlos; nadie más que ellos dos. No eran tan inocentes como para asumir que nada pasaría; era demasiado irreal el pensarlo. El deseo que pasó entre ellos esa misma tarde a causa de un simple beso fue suficiente para indicar que habría más que toques y abrazos inocentes esa noche.
Bella notó el cambio en la mirada de él, un cambio que estaba segura también se reflejaba en la suya. Estarían verdaderamente solos esa noche, y ese pensamiento la ponía un poco nerviosa.
La última vez que había estado con un hombre fue antes de que Mike se fuera en su última misión, él había sido su primero y su último. Ella encontraba difícil imaginar que Edward había sido célibe en los últimos meses, a pesar de que se diera cuenta de que se sentía atraído por ella y a pesar de su rodilla lastimada. Él era un hombre atractivo con necesidades que debía satisfacer después de una larga misión, aunque quizá estuvo restringido por su rodilla, y ella estaba lejos de ser el tipo de mujer experimentada como a las que él estaba acostumbrado.
—Oye —susurró Edward interrumpiendo sus pensamientos y haciéndola verlo directo a los ojos—. ¿Qué pasa?
Bella se mordió el labio y sacudió la cabeza.
—Nada, ¿por qué?
—Parecía que estabas a miles de millas de distancia —respondió él pasándole una mano por la espalda.
Ella se presionó con más firmeza contra él y apretó sus brazos alrededor de sus hombros, parándose de puntillas hasta que sus frentes se tocaron.
—Estoy aquí contigo, lo juro.
Su mirada verde penetró la de ella y ella pudo sentir contra su pecho cada respiración que él tomaba. El intercambio fue roto por el chillante sonido de una risa al otro lado de la habitación; ambos miraron en la dirección de donde había venido ese ruido. Una vez más se trataba de Jessica, esta vez acompañada por Lauren, que tenía la mano en su abdomen y estaba asintiendo.
—¿Todavía no es medianoche? —murmuró Bella de manera sarcástica regresando la vista al pecho de Edward.
—No —respondió él, girándola para que quedara de espaldas al pequeño grupo—. Pero nadie dice que tenemos que quedarnos si prefieres irte ya.
Bella rió jugando con el cuello de su camisa.
—¿Haremos de esto un habito? ¿El irnos temprano de los eventos?
—Creo que nos pueden conocer por cosas peores —respondió Edward con una mueca, guiñándole un ojo antes de romper en una sonrisa que formó arrugas en las orillas de sus ojos.
Bella cerró los ojos y en un intento de contener su risa lo acercó a ella hasta que sus labios volvieron a encontrarse. La boca de él se movió sin esfuerzos sobre la de ella, aunque mantuvieron el beso inocente ya que seguían en público y estaban enfrente de su Comandante. Ella se alejó lentamente y lo miró a los ojos, notando el color casi esmeralda que tenían antes de que los cerrara para juntar sus frentes y acompasar su respiración.
—¿Estás listo para irnos?
Edward asintió y retrocedió un paso, tomando su mano para llevarla al guardarropa. Luego de despedirse, y cuando ya estaban en el carro, Bella comenzó a sentir que las mariposas volvían a aparecer en su estómago, envalentonadas también por el silencio de él.
Bella miró sus manos; sus dedos seguían entrelazados allí en su pierna donde estaban descansando. Pasó la lengua de manera nerviosa por sus labios cuando su dedo meñique se movió por la parte interna del muslo de él. Él se tensó tomando una abrupta respiración y tragó de manera audible, apretando el agarre que tenía en ella mientras luchaba por mantener la vista en la carretera.
—Lo siento.
Edward sacudió la cabeza y la agarró con firmeza cuando ella intentó alejar la mano.
—No, no pasa nada, Bella. Sólo me sorprendiste.
Su voz se escuchaba ronca y profunda, haciendo que la piel de ella cosquilleara con anticipación y que su corazón se acelerara al llegar a la casa de Edward. Su respuesta a ella había sido prometedora, ella nunca había tenido oportunidad de probar las aguas con él, viendo que Mikey siempre estaba asomándose o en una corta distancia para escucharlos. Cuando apagó el motor se quedaron inmóviles, ambos mirando sus manos unidas.
—Puedes cambiar de parecer —dijo Edward de manera suave, tenía el ceño fruncido mientras trazaba el dorso de su mano con su pulgar—. Sé que no estamos en una situación ideal, si no estás lista para pasar la noche conmigo...
Bella presionó los dedos sobre sus labios y sacudió la cabeza sin apartar la vista de su boca.
—No, sí quiero. Lo juro.
Edward frunció los labios contra sus dedos para besarlos y suspiró aliviado, haciéndola reír. Ella salió del carro rápidamente y se reunió con él enfrente, aceptó la mano que le ofrecía y lo siguió a la puerta. Intentó maniobrar las llaves entre sus dedos, pero tuvo que soltarle la mano para separar la llave de la casa y batalló un poco al intentar meterla en el cerrojo.
—¿Estás nervioso? —preguntó Bella de manera juguetona, rodeándole la cintura con los brazos y presionando los labios en su omóplato.
Edward la miró sobre su hombro cuando finalmente pudo meter la llave en la cerradura y sacudió la cabeza.
—No, he estado esperando poder pasar tiempo solos los dos. No creo que hayamos hecho eso jamás sin nadie cerca.
Bella pasó las manos por su pecho mientras recargaba la cabeza en su espalda, sumida en sus pensamientos.
—Sabes, tienes razón. No creo que un viaje en auto cuente.
—No, no creo —respondió él con una sonrisa cuando abrió la puerta y tomó con gentileza una de las manos que descansaban en su pecho. Al entrar la ayudó a quitarse la chaqueta y besó su mejilla.
—¿Quieres vino?
Bella asintió al sentir las cosquillas de sus nervios aumentar en intensidad. Ansiaba ese calor que la calmaría, algo que la champaña de la fiesta no había logrado hacer.
Edward regresó de la cocina justo cuando ella se estaba sentando en el sofá, le dio un vaso de vino y se sentó a su lado. Bella le dio un largo trago a su bebida y luego se recargó en su pecho con el brazo de él sobre sus hombros. La respiración de él pasó sobre su cabello mientras sus dedos jugaban con éste; ella cerró los ojos y disfrutó de la sensación.
—Puedo sentir el golpeteo de tu corazón. ¿Estás bien?
—Sí, estoy bien —respondió ella, pero sintió que su corazón se aceleraba aún más. Fijó la mirada en su copa mientras su dedo pasaba por la orilla, acercándose más al toque de él.
Los labios de él se posaron en su cabello mientras le acariciaba la mejilla con los dedos.
—No tiene que pasar nada, Bella. Lo sabes, ¿verdad? Estaría igual de contento si nos quedáramos sentados aquí, de esta manera, toda la noche.
Bella sacudió la cabeza y lo miró poniendo una mano en su rodilla.
—No es eso, Edward. Quiero esto. Estoy... no sé... ¿nerviosa?
—¿Por qué? —susurró él y ella bajó los ojos mientras se encogía de hombros, trazó ligeras figuras en la pierna de su pantalón—. Habla conmigo.
Bella suspiró con pesadez y se enderezó, le dio otro trago a su vino antes de dejar su copa en la mesa. Tragó duro y no levantó la vista, no incluso cuando él se acomodó junto a ella y le acarició la espalda con la mano de manera gentil.
—Es que ha pasado mucho tiempo desde que yo... ya sabes. Hice esto. E incluso entonces fue sólo con Mike.
—Bella, te dije...
—No, no me refiero a eso —lo interrumpió Bella finalmente mirándolo a los ojos—. Quiero decir... ¿y si te decepciono?
—¿Decepcionarme? —replicó él con los ojos ligeramente agrandados.
Bella se tapó la cara con las manos y se dejó caer contra el respaldo del sofá. Sintió que sus mejillas ardían a causa de la vergüenza y sacudió la cabeza rápidamente.
—¡Olvídalo!
Escuchó que Edward dejaba su copa en la mesa y sintió que su muslo rozaba el de ella cuando se movió para arrodillarse en el piso frente a ella. Tomó suavemente sus muñecas y las alejó de su rostro; la veía con curiosidad.
—Dime.
Bella se mordió el labio inferior con nerviosismo, sus dedos se retorcieron en las manos de él antes de hablar de nuevo en voz baja.
—Sólo he estado con un hombre, Edward. En toda mi vida. Y tú... bueno, estoy segura de que has tenido tu cuota justa de mujeres. Es que... supongo que tengo miedo de no llenar tus expectaciones.
—Oh Bella —murmuró él y ella lo miró a los ojos cuando Edward tomó su rostro entre sus manos. Una suave sonrisa adornó sus labios de antes de que dejara un tierno beso en los de ella—. Nunca podrías decepcionarme. Y creo que podrías estar sobrestimando mi proeza sexual sólo un poco.
Bella rodó los ojos y sacudió la cabeza.
—Dudo mucho eso. En preparatoria tenías a todas las chicas cayendo a tus pies, agrégale un uniforme a eso y...
Edward se rió entre dientes, y acarició su mejilla con el pulgar cuando se sonrojó ligeramente bajo su toque.
—No significa que me fui a la cama con cada una de ellas. Sí hubo unas cuantas, pero se me hace difícil creer que cinco califiquen como "cuota justa", según tú dices.
Los labios de Bella se congelaron en los de él, sus ojos se abrieron de golpe ante su admisión.
—¿Cinco?
Edward se soltó riendo y se apoyó en sus chamorros, con las manos en la cintura de ella.
—¿Cuántas veces he estado en un mismo lugar el tiempo suficiente para intentar algo desde que tengo dieciocho?
Bella asintió lentamente ante su lógica, exhalando hondo.
—Y en los últimos tres años, nada ha sido más importante que tú y Mikey, Bella. —Ella lo miró; de sus ojos había desaparecido todo rastro de humor. Levantó una mano para trazar de manera suave la mejilla de él con sus dedos.
Bella sintió que sus brazos se deslizaban por su cintura cuando se movió hacia adelante en el sofá y encontró los labios de él con los suyos de manera suave. El beso se mantuvo suave y reverente, nunca se apresuró o se aplicó fuerza, y ella supo que estaba lista.
Se pararon lentamente y ella envolvió los brazos en su cuello, separaron los labios para verse a los ojos. Los dedos de ella trazaron el cuello de él cuando él le dio otro suave beso y luego la cargó en brazos, llevándola por el pasillo hacia su habitación. Se quedaron en silencio cuando él la bajó y pasó las manos por sus costados antes de respirar profundamente.
—Vayamos a la cama.
Bella asintió con nerviosismo y deslizó las manos por su pecho cuando retrocedió. Se metió al baño a prepararse para irse a la cama luego de agarrar la pequeña maleta que había dejado en casa de Edward la noche anterior.
x-x-x
Bella se miró al espejo cuando se quitó el broche del cabello y vio como éste caía sobre sus hombros. Fue entonces cuando bajó la vista a su mano izquierda donde todavía descansaban sus anillos, el de matrimonio y el de compromiso, y una sola lágrima cayó por su mejilla. Con todo lo que había pasado en la última semana no había tenido tiempo para darse cuenta de que todavía los llevaba. Se habían convertido en parte de ella desde el momento en que Michael se los puso cuando tenían sólo diecinueve años, y nunca antes había pensado en quitárselos.
Aunque ahora las cosas habían cambiado de muchas maneras y con ellas también su vida, el tiempo de quitárselos ya había llegado.
Era hora de que siguiera adelante y comenzara a vivir el siguiente capítulo de su vida... con Edward.
Se quitó los anillos, los llevó a sus labios y les dio un gentil beso; respiró profundamente antes de meterlos a su bolso y cerrar éste mismo. Se miró una última vez al espejo antes de abrir la puerta y cruzar el pasillo hacia la habitación de Edward.
Él estaba acostado sin camisa y con las cobijas tapándole de la cintura para abajo. Se le congeló la respiración cuando vio su pecho y hombros musculosos y tonificados. Él dejó el teléfono en su buró cuando la vio. Una sonrisa apareció en sus labios al recorrerla con la mirada de arriba abajo.
—Lo sé, sexy, ¿eh? —dijo Bella, se sonrojó al mirar su atuendo; una simple blusa de tirantes y unos shorts para dormir—. Fue lo mejor que pude encontrar sin ir de compras. Lo cual me niego a hacer en la semana después de Navidad.
La expresión de Edward se suavizó y estiró una mano hacia ella, haciéndole una seña para indicarle que se acercara a él. Ella cruzó el piso alfombrado con pasos lentos y tentativos, y tomó su mano, deslizándose junto a él en la cama y acurrucándose en su costado. Él rozó los labios en la frente de ella mientras la envolvía con un brazo. Sus dedos recorrieron el brazo de ella.
—Eres hermosa sin importar qué vistas.
Bella sonrió recargando la cabeza en su hombro y viendo como sus dedos trazaban con ligereza el pecho de él. Pasó una pierna sobre la de él sintiendo la suave franela con que estaba hecho el pantalón de su pijama en su piel desnuda y disfrutó del confort de tener sus brazos alrededor de ella. Incluso con lo que había progresado su relación, hasta ahora no se había dado cuenta de lo mucho que extrañaba esto. Cada noche de los últimos tres años ella se ha acostado en una cama vacía mientras abrazaba una fría almohada contra su pecho al quedarse dormida, con la excepción de las pocas noches en que Mikey se había dormido con ella después de una pesadilla.
Se sentía raro tener un cálido cuerpo masculino junto a ella, pero no rechazaba la sensación. Los dedos callosos de él le hacían cosquillas al pasar por su piel desnuda, causándole casi dolor a causa del deseo. La mano de ella subió por su pecho y se enredó en su cuello, jalándolo con gentileza hacia ella para un beso. Él respondió apretando más los brazos alrededor de ella y se giró, poniéndola sobre su espalda y descansando las manos en sus caderas. Sus labios se abrieron y ella gimió al sentir la lengua de él deslizarse sobre la suya, la erección de él rozó ligeramente su muslo. El profundo gemido que retumbó en el pecho de Edward encendió un nuevo fervor dentro de Bella.
Nunca había sido excesivamente desinhibida en la habitación con Michael, siempre sintió demasiada timidez para tener incentivo de verdad. Aunque ahora la tensión sexual que ella y Edward habían estado acumulando con cada beso y cada toque durante la última semana en que habían estado construyendo su relación creció junto con su deseo de sentir de nuevo esa íntima conexión entre ellos.
La mano de Edward estaba sobre su muslo mientras que una de sus piernas se deslizaba entre las suyas, él iba trazando su suave piel con los dedos. La forma delicada en que la tocaba causó que cada nervio de su cuerpo se pusiera alerta y ella ansiara sentirlo más cerca. Ella subió su pie por la parte trasera de la pierna de él mientras apretaba los brazos a su alrededor, arqueándose contra su cuerpo.
Bella sintió que apretaba el agarre que él tenía en su muslo y separó los labios de los de ella, sus ojos se mantuvieron cerrados mientras luchaba por controlar su respiración.
—Tenemos toda la noche, Bella. No hay prisa.
Se aclaró la garganta porque su voz sonaba tensa y ella sintió que tensó la frente cuando la recargó sobre la suya. Ella llevó una mano a su rostro y besó sus labios con suavidad.
—Te deseo.
Edward abrió los ojos para verla, paseó sus dedos con gentileza por el brazo de ella y agarró su mano. Su respiración se detuvo cuando notó ciegamente la ausencia de sus anillos, su corazón se alegró y se entristeció al mismo tiempo. Dejó un beso en su muñeca y entrelazó sus dedos con una profunda respiración.
Bella lo rodó gentilmente sobre su espalda y se sentó a horcajadas sobre sus caderas, viendo su rostro lleno de preguntas.
—Sólo puede haber dos personas en esta relación, Edward —dijo ella de manera suave trazando su abdomen con la punta de los dedos—. Necesito seguir adelante y abrirme completamente al futuro para poder amar a otro hombre.
Él la vio cruzar los brazos sobre su abdomen para quitarse la blusa y lanzarla al piso. Ella no le dio tiempo para apreciarla antes de que bajara sus labios a los de él de nuevo, presionando al mismo tiempo su pecho contra él. Los brazos de Edward la rodearon, pasando sobre la piel desnuda de su espalda y gimiendo cuando Bella movió las caderas sobre las de él.
Él apretó los brazos alrededor de ella cuando escuchó el suave gemido que soltó Bella al sentir el largo de su erección moverse contra ella a través de la delgada tela, y ambos profundizaron el beso. Sus cuerpos se mecieron juntos y la piel de ella comenzó a cosquillear desde sus labios hasta sus piernas. El deseo que sentía por él crecía con cada movimiento. Los labios de ella se separaron con un jadeo cuando él puso las manos en sus caderas para moverla contra él. Ella vio como cerraba los ojos y echaba atrás la cabeza, sintiendo la subida y bajada de su pecho contra el suyo con cada respiración.
—Santa mierda.
Edward abrió los ojos para verla al escuchar su exclamación, y él desapareció de la visión de ella cuando cerró los ojos. Su cuerpo súper sensitivo por años de negligencia autoimpuesta comenzó a calentarse, la tensión se construyó en su estómago y bajó por sus muslos. Los músculos de ella se apretaron, su respiración se alteró. Nunca antes había sentido algo como esto, y definitivamente no por una acción tan simple.
Las manos de Bella agarraron sus hombros cuando se pasó la lengua sobre los labios para humectarlos, la vibración del gemido de él resonó por los cuerpos de ambos. Ella comenzó a rotar sus caderas al ritmo de los movimientos de él y ambos inhalaron de golpe por la sensación que esto causó.
—Oh Dios, sí.
Edward la dio vuelta de nuevo, se colocó entre sus piernas y reasumió sus movimientos contra ella mientras encontró sus labios con los de ella. Los brazos de ella se deslizaron alrededor de él y ella sintió el cabello de su nuca entre sus dedos, mientras que él levantaba más la pierna de ella sobre su cadera. Cientos de sensaciones la golpearon al mismo tiempo con el placer celestial que esto causaba. Él pasó una mano de manera lenta sobre su muslo, haciendo que un profundo gemido emanara de ella mientras sus piernas comenzaban a temblar. El agarre de ella se apretó mientras su cara y garganta se sonrojaba, las ondas exponenciales de su orgasmo temblaron a través de sí misma.
No fue explosivo, ni cegador... fue tranquilo, gentil y malditamente bueno. Su cuerpo se quedó inmóvil debajo de él y una sonrisa de felicidad se extendió en sus labios.
Bella sintió los nudillos de Edward rozar gentilmente su mejilla y finalmente abrió los ojos para verlo. Sus dedos trazaron su nuca mientras que los labios de él flotaban sobre los suyos dejando suaves besos.
Luego de que ambos recuperaron la respiración y los toques de los labios de él comenzaron a ser más largos, ella susurró:
—Hazme el amor.
Los ojos de Edward se encontraron con los suyos por un breve momento y ella envolvió el cuello de él en sus brazos una vez más, jalando sus labios de regreso a los suyos para un beso lento y apasionado. La mano de él bajó por su costado hasta llegar a sus shorts, comenzó a quitárselos y ella levantó las caderas para ayudarlo. Él besó su cuello y su pecho, desapareciendo debajo de las cobijas hasta que ella lo sintió establecerse en su ombligo para dejar un beso en la pieza de joyería que había allí.
—Nunca... jamás... te quites esto.
Bella se rió suavemente al sentir la voz de él vibrar en su piel mientras sus dedos quitaban de manera gentil la tela que quedaba en su cuerpo. Ella se perdió tanto en la sensación de sus labios en su abdomen que jadeó cuando volvió a aparecer sobre ella, acomodando su cuerpo, ahora desnudo, sobre el suyo. Ella regresó las manos a sus hombros, acercándolo más para sentir sus pieles juntas. Lo besó cuando él se estiró hacia el buró buscando el condón que había dejado allí.
Se le detuvo la respiración con anticipación mientras él se ponía el condón y luego sentía que volvía a posicionarse contra ella. Él empujó sus caderas, ella se permitió cerrar los ojos mientras se ajustaba a una sensación que no había experimentado en más de tres años. El peso de un cuerpo cálido sobre ella, la sensación de ese cuerpo uniéndose al suyo mientras ambos labios se unían en un beso apasionado.
Bella suspiró cuando él la llenó por completo. Se quedó inmóvil con él apoyado sobre sus codos y trazando con sus dedos los mechones de su cabello que se extendían sobre la almohada. Ella presionó las palmas en su espalda cuando él comenzó a mecerse lentamente dentro de ella; sus respiraciones se mezclaban.
De nuevo se perdieron en los ojos del otro, deleitándose en el momento que compartían.
El cuerpo de Bella se arqueó con un jadeo cuando él entró profundo en ella, bajando los labios para besar su cuello y escote. Ella podía sentir el temblor distintivo de sus músculos bajo la punta de sus dedos y el brillo de la transpiración que cubría su piel. Rozó su sien con los labios.
—Bella... yo —jadeó de manera pesada con sus movimientos, incrementando con fervor al acercarse más a su liberación.
—Bésame —susurró ella en su oído, y él alzó la cabeza, frunciendo con fuerza la frente al juntar sus labios.
Edward gimió profundamente contra ella, sus caderas se detuvieron cuando llegó a su clímax y sus puños se aferraron a las sábanas debajo de ellos. Él le besó la mejilla a la vez que sus dedos soltaban el agarre que tenían. Dejó caer la frente en la almohada mientras ella pasaba las manos por su espalda.
Bella sintió que la sonrisa regresaba a sus labios al abrazarlo, permitiéndose vivir en el momento un rato más. Todo se sentía bien, incluso cuando él se levantó de su cuerpo y se paró de la cama para ir al baño. Ella no se arrepentía por lo que había pasado entre ellos y no sentía nada más que felicidad pura.
Se acostó de costado y se tapó el pecho con las cobijas, recostó la cabeza en la almohada que olía fuertemente a él. Ella se maravilló ante los detalles que la rodeaban, cada uno demostrando la vida de soltero que llevaba.
Sus llaves, su cartera y su celular estaban amontonados en el buró, su camisa que había usado antes colgaba desacomodada en la orilla del cesto de la ropa mientras que sus pantalones ya habían caído al piso. Y, finalmente, la textura picosa de sus sábanas; estaban limpias, pero no había utilizado suavizante.
Edward se metió en la cama detrás de ella y le apartó el cabello del cuello para besarle el hombro.
—Estás lejos de nuevo.
Bella sacudió la cabeza y se giró para verlo. Estiró la mano para trazar su mandíbula.
—No. Sigo aquí contigo.
Él la miró a los ojos desde arriba, pasaron los minutos de manera lenta mientras pasaba la mano por su costado. El pitido de su celular la asustó y él se rió entre dientes, estirándose sobre la cama para apagar la alarma.
—¿Pusiste una alarma? —preguntó Bella con una ceja alzada.
—No podía arriesgarme a que se me pasaran las doce, ¿verdad? Hice una promesa y sabía que no nos quedaríamos allá toda la noche con Jessica presente. —Alzó la mano para acunar la cara de ella con gentileza, bajando sus labios para besar su mejilla derecha—. Uno por tu hijo.
Bella sonrió y cerró los ojos, sintiéndolo moverse hacia su mejilla izquierda.
—Uno por tu amigo.
Ella abrió los ojos de nuevo y lo vio moverse de nuevo sobre ella.
—Y uno por tu cita. Feliz año nuevo.
Bella pasó la mano por su cuello cuando sus labios se encontraron para sostenerlo contra ella antes de murmurar "Feliz año nuevo" a modo de respuesta.
Espero que les haya gustado. Las actualizaciones serán en domingo.
Ya me dirán ustedes qué les pareció ;)
