DISCLAIMER: Los personajes del manga y el anime Candy Candy son propiedad de Kyoko Mizuki y no me pertenecen, pero en este fic juego a que sí jejeje.

Antes que nada quiero dar las gracias especiales a Lucero, Luna Andry, Val, Carmen y RVM85 por sus dejar sus lindos reviews. Son una inspiración para mi =).

Ahora comparto con ustedes el segundo capi de este día de amor dividido en cinco partes. ¡Gracias por leer! =)

Capítulo II

Esa mañana Candy había tenido que elegir entre tres hermosos vestidos cual llevaría. Se decidió después de dar muchas vueltas, puesto que todos eran encantadores por uno azul porque le recordaba a los ojos de su amor.

Ese sería oficialmente su primer día normal en su recuperación. Se había propuesto realizar con normalidad todas las actividades que solía llevar antes del accidente.

Una vez lista, se observó en el espejo. Estaba cambiando no cabía la menor duda. El vestido le asentaba el talle definiéndole la cintura y mostrando su elegante cuerpo de señorita.

"Estoy bonita" pensó con alegría, ella que siempre se había considerado un patito feo, pero ahora no cabía de felicidad al saber que le gustaba a su Anthony.

Con ilusión se tocó su fina cintura y recordó como él la había sujetado con sus fuertes manos la noche anterior, como reclamándola de su propiedad y sintió una inmensa pasión inundando su pecho, provocándole cosquillas en su bajo vientre. No había duda, había cosas maravillosas que estaban ocurriendo dentro de ella.

Con cuidado miró la herida en el costado izquierdo de su frente, pero esta había cicatrizado rápido. Gracias a los cuidados del médico y las enfermeras no quedaba más que una fina cicatriz allí donde su flequillo cubría. Se cambió la venda por una más pequeña que casi no se veía y se preparó para bajar cuando la llamasen.

Dorothy le había dejado sola después de ayudarla a abrocharse el corsé, por pedido del ama de llaves para que le ayudase a servir la mesa. Tiempo en el que Candy se había puesto a meditar sobre su vida.

-¡Klint!-

El mapache blanco ingresó por la ventana, saltó sobre la cama y corriendo a refugiarse en su regazo. Candy lo abrazó, mientras el animalito se retorcía de felicidad entre sus brazos.

-Te he extrañado mi fiel amigo, yo también te quiero-

Estaban en esa pequeña sesión de mimos, cuando Candy escuchó un grito de Dorothy que la asustó, provenía de la escalera. Soltó a Klint y se puso de pie sobre alerta ante cualquier cosa, pero cuando la mucama apareció en la puerta tenía tremenda cara de felicidad.

-¡Candy!- exclamó llena de júbilo y corrió a abrazarla.

-Dorothy que sucede- preguntó Candy ya contagiándose de su alegría.

-¡Lo ha dicho! ¡Candy lo ha dicho delante de todos!...Y todo el mundo se ha quedado boquiabierto, puedes creer. La Sra. Elroy no sabía que responder …aunque todos ya los sabíamos claro pero no nos lo esperábamos tan pronto jajaja… si hubieras visto, a uno de los asistentes de cocina hasta se le cayó la charola y todo…-

-Dorothy espera un poco – Candy la detuvo con ansiedad a espera de que le explicara todo bien. –Que ha dicho quién, que cosa- Aunque ya sabía en el fondo de que se trataba.

-¡Anthony, Candy! ¡Ha dicho que te ama!- Dorothy con una sonrisota la sostuvo de los hombros para hacerla reaccionar -¡Y a pedido que lo dejen cortejarte como su novia!-

A Candy se le vinieron todos los colores al rostro, mientras escuchaba con ojos abiertos como platos todo lo que decía Dorothy. Se puso helada. Sabía que ella y Anthony iban a tener que decir la verdad tarde o temprano pero no esperaba que fuera tan rápido.

Tomándole una mano como apoyo a Dorothy, se sentó en la cama pensando en que haría cuando le tocara bajar.

-¿La Tía abuela que ha contestado?- preguntó mirando con preocupación al vacío.

Dorothy guardó un momento silencio, quería ponerle suspenso al asunto.

-Eso es lo mejor de todo…¡Ha dicho que sí!-

-¡Qué!-Candy dio un brinco tapándose la boca con las dos manos con los ojitos verdes brillándole de la emoción, no lo podía creer.

-Sí, al principio se quedó estática... – Dorothy se sentó a su lado contándole como habían ocurrido los acontecimientos -... solo miraba al joven Anthony sin decir nada. Él se mostró muy decidido al hablar con ella y entonces su expresión se fue suavizando poco a poco hasta que aceptó.Le dijo "Querido Anthony, tienes mi consentimiento"-

Dorothy imitó la voz de la Tía abuela cuando contó lo último. Candy lloró de la emoción y ambas se abrazaron, eran amigas en las buenas y en las malas.

-Me alegro tanto por ti Candy, este será solo el comienzo de tu felicidad- le dijo Dorothy.-

-Señorita Candice- Alguien llamó a la puerta, y al ver que estaba entreabierta se asomó. Era el ama de llaves –Srta. Candice la están esperando para desayunar-

Las dos jóvenes dejaron su emoción y Candy se preparó para dar la cara al mundo. Se secó las mejillas con las dos manos mientras sonreía. Se levantó y Dorothy le ayudó verificando que tuviera bien el vestido. Todo estaba en orden.

-¡Vamos!-

Primero bajaron el Ama de llaves y Dorothy.

Candy con cuidado asomó su pequeña cabecita rubia por la pared del pasillo y tal como lo imaginaba todos estaban esperando por su aparición.

Con modestia, apretó los labios y la falda de su vestido. Se decidió a salir.

Hubo algunos aplausos de júbilo que le hicieron sonreír. De verdad se sentía querida. Era como estar en un sueño, viendo todas las caras sonrientes de sus amigos que la valoraban tal como era, sobre todo por su candidez y sencillez. Encontró el rostro de Anthony que la miraba embelesado en medio de la multitud. Estaba arrimado al borde del pasamano esperándola.

Llevaba pantalones cafés, y una camisa blanca debajo de su suéter negro que le hacía parecer más alto y fornido, muy apuesto. En cuanto sus miradas se encontraron, el resto de los presentes pareció desaparecer y se hizo un silencio que duró hasta que ambos estuvieron frente a frente.

-Luces preciosa princesa Candy- la elogió él

-Usted también príncipe Anthony- susurró ella con cierta timidez

-¡Ehhh! – alguien comenzó a aplaudir y dar vítores interrumpiéndolos. Era Stear que había sacado su baúl secreto de serpentinas y cornetas. El resto le siguió formándose una algarabía colectiva.

Anthony sonrió y le ofreció el brazo a Candy. Ella lo tomó con gusto, un poco sonrojada y cohibida. En ese lapso de tiempo se miraron a los ojos, debían acostumbrarse que ahora se pertenecían el uno al otro y no había nadie que se interpusiera en ello.

La mirada de Anthony Brown era cristalina pero a la vez traviesa y la de Candy cálida, llena de amor y dulzura. Anthony no podía dejar de mirarle la boca, quería besarla y ella se daba cuenta, también quería que lo hiciera, pero tendrían que esperar ese día por ello hasta que llegara el momento adecuado.

Los dos jovencitos debieron cruzar entre una lluvia de aplausos como si se tratara de una pareja en el día de su boda. Fue un momento muy gracioso.

La Tía Elroy esperaba al frente del comedor y observó a la parejita con suspicacia.

Candy y Anthony fueron a su encuentro y bajaron la mirada ante la dama, tenían que esconder la culpabilidad de la primera noche que habían dormido juntos.

Anthony tuvo de la mano a Candy todo el tiempo, dispuesto a dar la cara en caso de que fuera necesario o hubiera cualquier objeción o pregunta. Pero no hubo ninguna de esas cosas. La Tía abuela suavizó su expresión, pero fue directa.

-Espero que ustedes dos sepan comportarse. En esta casa tenemos una reputación que proteger y no queremos que se den habladurías sobre el honorable nombre de la Familia Ardley, a menos que sea en pro de mejorar nuestro prestigio-

-Sí Señora- musitó Candy

-No me digas Señora, dime Tía abuela- expresó la matriarca, en sus ojos apareció un pequeño asomo de ternura.

Sí Señora… digo Tía Abuela- se corrigió la niña sonriendo, aún algo nerviosa pero aliviada.

Su sonrisa iluminó la mañana. Había sabido ganarse limpiamente a la rigurosa Señora Elroy descubriendo que en el fondo poseía un alma buena y amorosa, muy aparte de la déspota que a todos solía mostrar.

El joven galán a su lado se sentía cada vez más orgulloso de ella y de todas sus acciones.

-Sé que no me defraudarán niños- recalcó la anciana mujer volteándose hacia la gran mesa, ese era el indicio de que podía empezar el desayuno.

Anthony y Candy avanzaron tomados de la mano hasta el comedor tratando aún de convencerse que todo era real. Era el día más feliz de sus vidas.

El joven retiró una silla para ayudar a sentar a la niña y luego tomó su lugar en la mesa frente a ella.

Aunque los dos tórtolos trataran de pasar desapercibidos no podían evitar ser el centro de atención. Todos consciente o inconscientemente parecían estar pendientes de sus actos.

Archie y Stear tomaron asiento cada uno al lado de ellos. Anthony trataba de no mirar a Candy para evitar sonreír. Mientras ella intentaba concentrarse en la comida aunque el apetito le había abandonado por completo, de cuando en cuando le enviaba miraditas disimuladas a su joven galán.

Stear frente a ella, la observaba con ternura. En el fondo le gustaba, no podía negarlo, pero siempre había sabido que ella amaba a Anthony y ahora al verla tan felíz, le traía felicidad a él también.

Archie por su parte, sentado al lado de Candy, no quitaba la vista de Anthony, escrutándolo de una forma inquisidora. Se preguntaba en que momento le había propuesto ser su novia, si habían permanecido juntos los cuatro hasta el anochecer el día anterior cuando Candy había despertado.

Anthony que sospechaba acerca de sus pensamientos, se le escapó una risita. Aunque era un chico modesto le enorgullecía saberse el ganador absoluto del corazón de humano. Pero en cuanto la miraba, todo sentimiento vano, egocéntrico o egoísta desaparecía.

Su dulce amor estaba justo frente a él. Haciéndolo sentirse el hombre más afortunado, al saberse correspondido en sus sentimientos y de que tendría toda una vida para amarla y protegerla.

Candy se dio cuenta de que la estaba observando y lo miró con amor. Stear tosió como señal de que no se olvidaran de comer, acción que los hizo reaccionar a ambos para comenzar a disimular nuevamente.

Los cuatro chicos empezaron a comer en silencio, mientras Anthony y Candy seguían con las miraditas de complicidad.

Anthony despacio deslizó su pie por debajo de la mesa con intención de encontrar el de Candy, pero por desgracia falló topando en su lugar el de Archie, quien con amargura producto de los celos se había resignado a aceptar la situación y trataba de perderse entre su desayuno. Cuando sintió el equivocado roce, levantó su vista del plato de avena y le lanzó a Anthony una mirada asesina y sin medir las consecuencias asestó una patada por debajo de la mesa que terminó golpeando al pobre de Stear frente a él que no comprendía nada.

-¡Auch!- gritó el pobre adolorido dando un brinco y sobándose la pantorrilla, el cuchillo de la mermelada se le cayó sobre el pantalón - ¡Ay no!-

-¡Stear compórtate en el comedor!- para colmo le regañó la Tía abuela que se encontraba sentada a la cabeza de la mesa dialogando con el Sr. Hernández, uno de los tutores con quien media hora después tendrían que recibir clases.

-Pero yo…- trató de excusarse Stear pero no tenía caso. la Tía abuela continuó conversando con el Profesor sin prestarle más atención

-Disculpará a estos jóvenes Profesor son tan traviesos, ¿Qué me decía?-

Stear se volteó hacia sus primos y los miró con resentimiento a los tres.

-Ya verán van a ser víctimas de mi venganza- susurró

Los tres prorrumpieron en carcajadas ante su inocente amenaza.

-¡Por Dios niños! – les llamó la atención la Tía abuela, pero no podían parar de reír, tuvieron que pedir disculpas.