Los que apuestan por el fuego

2

No puedo quitarle los ojos de encima ni pretender que todo está bien cuando obviamente ese no es el caso.

Con un suspiro me doy cuenta de que ésta es exactamente nuestra relación. No hablar de las cosas, pretender que todo está bien mientras convencemos al mundo entero de que nuestras vidas son perfectas, deseables. Mientras pretendemos que somos inalcanzables.

El taxi se detiene y Santana se baja tirando la puerta detrás de ella con fuerza. Le regalo al conductor una sonrisa para aplacar su rabia y al final no me dice nada.

Cuando bajo Santana tiene su maleta y la mía en sus manos pero cuando sus ojos se encuentran con los míos mi maleta cae al suelo y ella se aleja caminando dentro del aeropuerto.

Decir que su comportamiento me hiere queda corto.

Recojo mi maleta y por un momento pienso en no seguirla, en ir en dirección contraria y buscar un lugar donde esperar que mi vuelo salga sola. Pero mis pies me están llevando tras ella sin mi permiso.

No puedo evitarlo, no puedo pensar, no puedo mentir.

No.

No quiero mentir. No a ella, no después de…

"Santana" se detiene y yo también lo hago. Que paso anoche? Qué pasó conmigo? Qué me hizo? Esta no soy yo.

Yo debería estar sola, yo no sufro en frente de otras personas, yo no lloro en los brazos de Santana López, esa no soy yo!

Pero algo paso y no me refiero al hecho de que nos vimos desnudas, no. Algo pasó conmigo, algo cambio, algo se abrió y ahora no puedo cerrarlo, no quiero cerrarlo.

"Santana, por favor" bajo la mirada, la maleta se resbala de mis manos y cae a mis pies. La gente a mí alrededor se convierte en sombras sin rostros, sus voces murmullos del silencio mientras que mis ojos encuentran el rostro de Santana cuando se da la vuelta.

"Qué?" me pregunta bruscamente. Un mecanismo de defensa propia, lo sé, lo conozco bien. Yo también lo utilizaba hasta ayer.

Hasta ayer?

"No hagamos esto" le ruego mientras camina hacia mí.

"No hagamos, que?" su voz ya no es ruda y ahora no puedo leerla. Tanto su tono de voz como la expresión en su rostro son neutrales. Encoje los hombres luego de asentar su maleta en el piso para cruzar los brazos.

"No nos vayamos así. No después de lo que paso" le propongo y por un momento creo ver algo en sus ojos pero vira su rostro a un lado y encoje nuevamente los hombros.

"Después de que, Quinn?" me pregunta tomando un paso más cerca hacia mí, su postura defensiva. La conozco bien. "Después de que nos acostamos juntas un par de veces? Después de que gritaste mi nombre con todas tus fuerzas cuando te di el primer orgasmo de tu vida? O después de que lloraste como una nenita en mi hombro por casi una hora?"

Clavo mis ojos en su mirada con la intención de hacerla parar, pero la fuerza y determinación que me definían hasta ayer no están conmigo. Lágrimas es lo único que tengo y sé que están a punto de caer.

"O mejor aún," su voz es casi burlona y si no la conociera tan bien como lo hago pensaría que quiere herirme "después de que te diste cuenta de todo lo que te estás perdiendo al esconderte en tu no tan secreto closet?" me está presionando y las dos lo sabemos bien.

"No, no es eso" mi voz es una burla para mis oídos. No logro entender este efecto tan fuerte y desconcertante que Santana está causando en mí y me frustra. Me frustra demasiado.

"No, claro que no lo es" ahora esta tan cerca que puedo oler su perfume y me emborracha. Me marea, me nubla la conciencia tenerla así de cerca.

El aliento me falta, el estómago me da vueltas y las piernas se me debilitan.

"Acaso fui la única que se quedó con Quinn Fabray después de una sesión de sexo en la cama de un sucio hotel? Fue eso lo que pasó? Fue eso lo que te hizo llorar? Fue eso lo que te hizo ver que tu vida al fin de cuentas es tan desgraciada como la siguiente?"

El nudo en mi garganta está apretándome y las lágrimas caen sobre mis mejillas rápidamente. Como pude haber olvidado que si alguien me conoce bien, ese alguien es Santana?

El pecho me duele, mi estómago grita en agonía y mis piernas finalmente seden contra la presión y caigo sobre mis rodillas al piso en frente de ella.

Me tapo la cara con las manos y lloro con fuerza. No me gusta ser la vulnerable en ninguna situación, no me gusta llorar, no me gusta perder el control ni cederlo así de fácil. No me gusta, esa no soy yo pero no me puedo detener, así como tampoco me puedo detener cuando Santana se arrodilla en frente de mí y me toma entre sus brazos.

No la empujo, no la alejo de mí. Al contrario, la abrazo como si fuera mi salvavidas personal.

"Ya, ya. Perdóname, si? No quise decir… bueno si quise pero tú me conoces Quinn. Quinn?" la abrazo con más fuerza cuando intenta separarse para ver mi rostro.

Me acaricia la espalda y me aprieta a su cuerpo mientras que yo escondo mi rostro en su cuello, no quiero que me vea, ya es suficiente con que sepa que estoy llorando y porque.

"Perdóname, si? Anda por favor, deja de llorar. Todos estos perdedores nos están viendo."

Aunque no quiero sepárame del calor de su cuerpo, lo hago y me quedo inmóvil mientras sus dedos limpian las lágrimas que siguen cayendo por mis mejillas. Cuando levanto la mirada puedo ver en sus ojos el arrepentimiento que siente y el cuidado con el que me está tocando.

Luego saca un pequeño pañuelo de color azul de su bolso y me limpia nuevamente el rostro. Se lo permito aunque no sé porque razón. Lo único que se me pasa por la cabeza es que ésta no soy yo y la mujer en frente de mí limpiándome las lágrimas definitivamente no es Santana López.

"Qué nos pasó?" le pregunto con la voz entrecortada justo cuando su dedo índice acaricia el filo de mis labios.

"No lo sé" me responde en un suspiro. "Ven, levantémonos" me ayuda a ponerme en pie y recoge nuestras maletas antes de que yo lo intente primero.

No hay mucha gente en el aeropuerto y me doy cuenta de que apenas son las cuatro de la mañana.

Donde está la vergüenza que siempre me invadía después de llorar? Donde está la rabia de saber que alguien me vio haciéndolo? Donde está la ira de saber que en algún lugar mi papá se está burlando de mí por haber mostrado un lado vulnerable? Un lado débil. Un lado inaceptable para un Fabray.

"Estoy cansada," murmuro y Santana suspira antes de virarse en su asiento para observarme.

"Tiendo a tener ese efecto" cuando levanto la mirada la veo sonreír pícaramente y le sonrío de vuelta mientras siento mis mejillas arder en llamas y un calor esparcirse por mi cuerpo como electricidad.

Y los recuerdos atacan mi mente por todas las direcciones posibles, derrumbando todas mis defensas y despertando en mí algo que no conocía o que creía no poseer.

Me río como una niñita enamorada que se ríe de todo y nada. Es una risita tonta, tan tonta que es tan libre, tan pequeña pero tan significante.

Santana sonríe mientras yo escondo la mirada de sus ojos tentadores.

"Deberías reír más a menudo, Fabray" niego con la cabeza y con miedo alzo la mirada una vez más.

"No se me da muy bien hacerlo" con sus dedos mueve un mechón de cabello detrás de mí oreja y sonríe. Es un acto tan simple, tan pequeño pero aun así es demasiado dulce y cuidadoso que me encanta.

"No es tan terrible sonreír de vez en cuando" sus dedos juegan con mi cabello justo encima de mi hombro y estoy segura que no se da cuenta de todas las sensaciones que me causa con hacerlo. Mi cuerpo entero tiembla, no quiero decir nada por miedo a que retire su mano y el estómago me da vueltas en anticipación.

"Además, tu y yo sabemos que nuestras sonrisas son aún más efectivas para conseguir lo que queremos que nuestra frialdad, verdad?"

Sus dedos han parado de jugar con mi cabello cuando termina de hablar y nos miramos fijamente a los ojos. Y la veo.

Son raros los momentos en que he visto a ésta Santana, pero existentes. Yo, al contrario toda mi vida he sido cuidadosa de no mostrar nada a nadie. El embarazo fue un abrir de ojos pero aun cuando estaba en el fondo pude controlarme, cerrar mis emociones y llorar en silencio cuando nadie me miraba. No le di esa satisfacción al mundo entero.

La Santana en frente de mí, la conozco, la he visto anteriormente, ella ha conversado conmigo, fue mi amiga una vez y mi enemiga en incontables ocasiones, pero la conozco.

Su rostro es apacible, sus ojos reflejan la tranquilidad que la baña en este momento, su cuerpo esta relajado y su sonrisa es sincera. Triste pero sincera.

"Qué nos pasó?" le pregunto de nuevo y suspira profundamente antes de morderse el labio inferior. Se despierta en mí la gana de besar ese labio, de probar su sabor, de respirar su mismo aire y me asusta. Me asusta más de lo que podría imaginar.

"Se acabaron los secretos, eso fue lo que paso" niego con la cabeza. Estoy segura de que aún tengo un baúl que guarda mil cajitas que contienen decenas de secretos dentro de cada una.

"No" su mano descansa en mi hombro ahora y el calor de su palma me tranquiliza lo suficiente para no levantarme y gritar exigiendo respuestas porque todo es tan confuso que estoy perdida en el remolino que es mi mente ahora.

"Quinn" su tono se torna suplicante, me está advirtiendo o amenazando, no puedo decidir. Reconozco el miedo en sus ojos oscuros y apenas logro verla negando con la cabeza.

"No sé cómo pero algo cambio" me sonríe simpáticamente y quizá algo arrepentida "Algo en mí cambio."

"Estas cosas siempre cambian a las personas" me interrumpe y frunzo el ceño en confusión.

"Qué cosas?"

"Experimentos, Quinn. No es eso lo fui para ti? Un experimento?"

"No" la negación sale de mis labios más rápido de lo que las dos lo esperábamos "Tú me conoces" hecha un bufido al aire y aleja su mano de mí. El frío que envuelve el cuerpo entero es instantáneo.

"Me gustaría pensar que si, que te conozco bien pero la verdad es que ni tú misma tienes idea que quien eres en realidad."

Ha dado en el clavo, como siempre lo hace.

Mis hombros caen derrotados, el pecho se me cierra y la mente me estalla con un millón de preguntas a la vez.

Santana no era más que Santana hasta el día de ayer. La odiosa y generalmente graciosa chica que no tiene miedo de insultar a las personas, mi segunda en mando y la única que siempre me retó a ser más, a defender lo mío.

Hoy quién es?

La chica con la que tuve sexo en un hotel? La chica que me hace querer besar sus labios con tan solo hablar?

No, hoy Santana es la única persona que me ha sostenido entre sus brazos mientras lloré por casi una hora. Hoy, Santana es la única persona que me ha dado un orgasmo, que me ha hecho sentir amada y digna de placer. Hoy, ella es la única persona que me hace querer llorar y reír al mismo tiempo, que me hace querer hablar, escuchar, sentir y volar.

Hoy, Santana es la primera persona que hace que mi estómago de vueltas, que mis piernas se debiliten y que el corazón de brincos dentro de mi pecho. Hoy, si ella me lo pidiera iría al fin del mundo con tal de estar a su lado.

Pero esto fue divertido, lo hicimos por diversión, por darle un buen fin a la noche. Esto no tenía ningún otro propósito y me niego a arruinarlo.

Al menos yo nunca creí poder sentir algo por ella o que mis paredes anti sentimientos se derrumben cuando sus labios prueben los míos. Yo no lo planee y podría jurar que ella tampoco lo hizo.

"Perdona" me disculpo y bajo la mirada. Ni ella, ni yo merecemos estancarnos en esto.

"Mira" su voz es más suave, algo tímida y su mano un choque de electricidad cuando toma la mía. "Podemos conversar de esto, podríamos alargar tu estadía y tomarnos un café. Dios sabe que sé por lo que estás pasando. Darte cuenta de tu orientación sexual no es nada fácil cuando no sigues las estúpidas reglas de esta sociedad arcaica."

Mi orientación sexual? Como no se me había ocurrido antes?

El pánico me absorbe de un momento a otro y quiero pararme y alejarme de ella, solo que no me muevo. Apenas respiro.

Acepté hace mucho tiempo que no soy completamente heterosexual pero nunca he jugado con la idea de ser algo más que eso y Santana se ha ido por una dirección totalmente diferente a la de mis pensamientos pero no por eso menos importante.

"Crees que ahora soy…?"

"No hay razón para etiquetarse, Quinn" asiento lentamente y aprieto su mano entre las mías "Tomate tu tiempo, medita, piensa, recuerda. Grita si tienes que gritar, llora si tienes que hacerlo pero a tu paso. Hazlo a tu paso, a tu tiempo, si?" asiento nuevamente, entiendo lo que me está diciendo pero a la vez me causa una confusión más grande, mucho más grande.

No me siento mal, admito que me asusta y es territorio completamente nuevo pero no me hace sentir mal el hecho de que tal vez sea gay. Ese no es el punto que me causa confusión.

Lo que me confunde es todo lo que estoy sintiendo, todas estas nuevas sensaciones, esta necesidad de hablar, de escuchar, de conocer, de explorar. Eso es lo que me cause confusión y no el hecho de que lo estoy sintiendo por otra mujer.

"Sé que es duro y vas a necesitar alguien con quien hablar, pero lo más importante es que comprendas que eres especial, que eres importante. Olvídate de los prejuicios o por lo menos trata de ignorarlos, no valen la pena. Enfócate en tu propia felicidad, tu vienes primero y luego los demás. No olvides eso."

Asiento una vez más pero esta vez no respondo nada y me quedo observándola.

La noto preocupada, ansiosa y con un poco de miedo. Acaso está preocupada por mí?

Su mano aprieta la mía y de repente se acerca a mí y me besa la frente con suavidad. No puedo recordar a la última persona que besó mi frente sin la intención de llevarme a la cama.

Quien fue la última persona en tomar mi mano solamente para brindarme apoyo? No lo sé. No lo recuerdo. Acaso alguien lo hizo alguna vez? Creo que no.

Pero como es normal, Santana ha dicho la verdad. Necesito tiempo para encontrar las respuestas que requiero. Mi sexualidad tiene un gran signo de interrogación encima y mi personalidad simplemente se ha roto en mil pedazos, mientras que las paredes que pase toda la vida construyendo para protegerme se han derrumbado y me han dejado vulnerable más de una vez en frente de Santana en menos de doce horas.

"Tienes razón, gracias" suelta mi mano por un momento para abrazarme y estrecharme contra su pecho. Sus labios presionados firmemente contra el lado de mi cabeza.

"Me agradas así" murmura en mi cabellos y puedo escuchar la sonrisa en su voz así que levanto mi cabeza para ver su cara.

"Así?" levanto una ceja y su sonrisa crece.

"Así sin paredes, ni límites" sus ojos brillan y por un momento pienso que podría besarme pero solo acaricia mi rostro con sus dedos suaves para luego besar mi frente por segunda vez. "Esta es la Quinn que prefiero, que me gusta, con la que podría pasar horas conversando de lo que en verdad importa."

Algo en Santana es diferente y ahora lo veo con claridad. Esta no es la misma chica con la que subí a un cuarto de hotel hace ocho horas. Es una versión diferente, más tranquila, relajada.

Mientras me recuesto en su pecho lo único en lo que puedo pensar es que a mí también me gusta ésta Quinn, pero más me gusta ésta Santana.

….