Claim: Byakuran/Shōichi — 10051

Número de palabras: 874

Universo: Los Juegos del Hambre (The Hunger Games)

Advertencias: Está dividido en dos (actualización: tres) partes, porque aunque al principio sólo iba a publicarlo como una, tenía esta ya lista, mientras que la continuación me estaba dando algunos problemas. Aun así, no creo que le falte mucho, por lo que (espero) no tardaréis mucho en leerla.

Notas: estoy revisando viejas historias y editándolas: el contenido es el mismo.


Parte I

Día -11

—Irie Shōichi —anuncia Lussuria.

Shoichi siente como todos le miran (algunos menos disimuladamente que otros) mientras se dirige al escenario. El único sonido que le acompaña son los sollozos su madre y su hermana pequeña.

El estrado no parece acercarse a la velocidad a la que debiera, y una vocecita en su oído no para de susurrar que, cada paso que da, es un paso que le acerca a la muerte. No termina de decidir si la voz es pesimista o realista.

Una vez arriba, dicen el nombre de la chica tributo, pero Shōichi está tan absorto mirando a su hermana y su madre, tan lejos allá abajo, que no lo escucha.

Están en el tren. La habitación que tiene asignada es enorme, casi del mismo tamaño que su casa. En el viaje al comedor, la ventana del pasillo le ofrece un borrón marrón y azul que no cree que vuelva a ver.

Es el último en entrar, y la comida ya está servida. Dentro están Sasagawa —que resultó ser la chica tributo—, Lussuria y Spanner, su patrocinador a partir de ahora.

Sasagawa se abalanza sobre su plato en cuanto Shōichi se sienta. Él juguetea con la comida en el plato, pero apenas la prueba.

Lussuria le reprende.

—Deberías comer para almacenar energía.

La contestación se atraganta junto con el estofado de carne y ciruelas.

¿Para qué almacenar energía si voy a morir dentro de poco?

Día -9

—Juntos —responden él y Sasagawa cuando Spanner les pregunta cómo quieren entrenar.

Y así lo hacen.

El tiempo pasa rápido. Shōichi va a todos los puestos que puede, intentando aprender lo máximo posible en cada uno de ellos. Aprende a fabricar trampas, a camuflarse, a hacer hogueras y cuerdas.

Ocupa todo su tiempo en aprender cosas nuevas, y mientras, observa a los demás tributos. No les habla, nunca lo hace, pero les estudia.

Deduce que los tributos del distrito 5, Belphegor y Mammon, formarán equipo con Yamamoto, del distrito 4.

Los tributos de los distritos más bajos no le parecen demasiado fuertes, pero se promete a sí mismo mantenerse lo más alejado posible del tributo del distrito 2, Xanxus.

Día -8

Sasagawa se acerca a él mientras está en el puesto de plantas.

Disimuladamente, le señala a una chica del distrito 8.

—Se llama Chrome. Parece buena chica.

Shōichi no quiere formar ninguna alianza. Le parece estúpido, sabiendo que puede ser que sea uno de ellos quien lo mate. Pero no dice nada, y Sasagawa sonríe.

Está decidido.

Día -7

En su exhibición, Shōichi crea una trampa. Usa sus conocimientos de electrónica para soltar una descarga paralizante, y después un mecanismo suelta unas esporas venenosas. Está contento con el resultado, pero cuando levanta la mirada, ve que los miembros del jurado no le han prestado mucha atención. Están demasiado ocupados abriendo una botella de vino.

Sale con pasos rápidos, enfadados.

Día -6

Cuando salen las puntuaciones, Shōichi no está del todo conforme con su cuatro. Pero el descontento deja un poco el paso a la sorpresa cuando ve la puntuación más alta; Byakuran Gesso, el chico de pelo blanco del distrito 1. No parece ser el único tributo que se sorprende. Y no es de extrañar, teniendo en cuenta lo único que hizo Byakuran durante los días de entrenamiento fue estar tirado en un banco, comiendo gominolas.

Es en las entrevistas cuando el presentador le pregunta, medio en broma (pero también medio en serio).

—Cuentan que Gesso-san no tiene debilidades ¿Es cierto?

Y Byakuran ríe, pero nunca contesta.

Día -5

El mundo es verde. Verde y Azul.

La cornucopia está en medio de un lago. Alrededor de éste, sólo hay árboles. Varias mochilas están esparcidas por el agua y la tierra que la rodea. Cuando el disparo suena, Shōichi se abalanza sobre las dos primeras mochilas que ve y se pierde en la espesura del bosque.

No para de correr hasta que las piernas le fallan, y es entonces cuando se permite echar un vistazo a las mochilas. Una botella, comida, un saco de dormir y un tenedor. No está mal.

Esa noche, cuando salen las fotos de los tributos muertos y las caras de Sasawaga y la chica del distrito 8 se proyectan en el cielo, el primer pensamiento que se le pasa por la cabeza es que así la comida le durará más.

Día -2

Pasa sus primeros días en la inmensidad del bosque, escondido. Los vigilantes deben aburrirse de eso, puesto que al tercer día, justo cuando está a punto de acostarse, un ruido extraño lo alerta.
Cuando se gira, varios pares de ojos amarillos le miran.
Mutos.
No se detiene a analizarlos, simplemente coge la mochila más a mano y echa a correr, intentando alejarse lo más posible de ellos.
Empieza a oír la catarata demasiado tarde (¿habrá sido la adrenalina? ¿habrán sido los vigilantes?), y en apenas un suspiro ya está en el borde, con los mutos pisándole los talones.
No se lo piensa demasiado antes de saltar.
Está inconsciente antes de tocar el agua.

Día 0

Ve hielo cuando despierta.
—Shō-chan, ¿verdad?—tararea el chico de pelo blanco, el tributo que obtuvo la puntuación más alta.
Así empieza.


Y he aquí la primera parte. Espero que os guste.

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