Capítulo 2
-¡Ah!... De acuerdo – Suspiró cansado, llevándose el índice y el medio a la sien, apretando con fuerza para que la palpitante vena bajo sus dedos dejara de doler. En ese momento no sabía bien a quien culpar de su naciente migraña, si a las cinco cabezas multicolores que asentían efusivamente al haber logrado un aumento en sus respectivas mesadas y la promesa de que podrían manejar el auto del mayor cuando quisieran; o a su irreconocible padre, por haberle hecho prometer que convencería a los chantajistas jóvenes Belier de comportarse ante esta nueva situación familiar.
Aioros apretó los parpados una última vez y respiró profundo, tomando del aire inspirado la paciencia necesaria para continuar con su tarea; una vez recuperado el control, sus pupilas esmeraldas se asomaron de nuevo, fijándose en la línea que formaban frente a él sus cinco hermanos.
Suspiro derrotado.
-Ganaron, pero recuerden que es sólo si se comportan ahí dentro – pronunció con una mirada y voz segura, señalando con el dedo pulgar la casa a solo un par de metros como su destino. Los otros sabían que no era una simple advertencia. De nuevo las cinco cabezas asintieron vehementes, cada uno imaginando ya lo que haría con el dinero extra que habían obtenido por la simple promesa de aceptar ser tolerantes con la inesperada locura de su padre.
No había otra forma de calificarlo, pues el formal y siempre estricto patriarca Belier, respetuoso de las buenas costumbres y un consumado adicto al trabajo, nunca en su sano juicio habría olvidado sus "principios" por el primer cuerpo canela que cruzara por su camino. Pero el mayor de sus hijos, el de ojos verdes y sonrisa amable, sabía bien que la actitud de su padre era algo más que simple locura hormonal o la crisis de los cuarenta que sus hermanos pensaban; sólo había que observar la indeleble sonrisa que se pintaba en sus labios para comprenderlo. La que desapareció de su rostro hacía tantos años ya.
-Espera…- llamó un joven de mirada felina, haciéndole detener en su camino hacia la puerta – Repíteme otra vez ¿Cómo es el sujeto?
-Aioria te lo he dicho miles de veces ya –interrumpió el castaño– Si tanto deseas saberlo entremos para que lo conozcas.
-Es inverosímil que nuestro padre no sólo se haya casado, sino que desee que vivamos con la familia de su nuevo… ¿esposo? – Inquirió con un escalofrío Camus, un joven de largos cabellos y controlado carácter.
-Debes entender que estamos desconcertados. Hacer esto no es propio de él, quizá el tipo es un vividor que lo engatusó con artimañas bajas y lo sedu…
-¡Aioria no dramatices! – le cortó el mayor, ligeramente exasperado y sintiendo de nuevo la sien palpitar. Esas insinuaciones las venía escuchando desde que su padre les confesó la nueva realidad de su vida ¿Por qué su hermano era tan necio? Las suaves risillas de sus hermanos menores provocadas por su comentario le relajaron de nuevo, mientras que el regañado chico hacía un gesto de puchero, cruzando los brazos.
-No sé ustedes, pero yo ya me cansé de estar acá afuera y tengo hambre, ¡entremos ya!– proclamó Aldebarán, el más alto y fornido de los seis muchachos, con su relajado tono de siempre y una afable carcajada.
-Tienes razón Al… ¡Adelante!– secundó Aioros sonriente, haciendo un movimiento con su mano, el que indicaba que le cedía el paso para poner en acción sus palabras previas.
-¿Qué? ¿Quieres que yo llame a la puerta?– preguntó el otro confundido, elevando una ceja ante la sospechosa sonrisa de su hermano– ¿Por qué?
-Bueno, qué no es obvio… –interrumpió enseguida Aioria– Eres el más fuerte e imponente de nosotros, ¡vamos, destrózalos Al!
-Demuéstrales quienes somos– demandó con orgullo Camus, asintiendo conforme a la propuesta.
-La primera impresión es la que cuenta Aldebarán –completó el menor de todos, Shaka, un chico rubio de largos cabellos, mientras el penúltimo Mü, sólo reía cubriendo su boca ante la cara de espanto del mayor, que tras escuchar a todos sus hermanos animarle a llamar a la puerta y ser el primero en enfrentar a su padre, volvía sus grandes y grisáceos ojos al castaño, suplicante.
Aioros meció la cabeza divertido, a veces embromar a Aldebarán era tan sencillo; a pesar de su desarrollado físico, el grandote solía ser el más tímido de todos. El castaño palmeó su hombro en señal de confort y se encaminó de nuevo a la puerta, llamó un par de veces y entonces esperó, se giró para asegurarse que los otros estuvieran ya listos, más para su sorpresa se topó con los cinco menores casi sobre él, ansiosos.
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Dohko estaba comenzando a preocuparse. Sus muchachos permanecían con la mirada perdidamente fija sobre él y parecían no hacer uso del par de pulmones que sabía tenían bien puestos dentro de sus torsos; de seguir así seguro terminarían azules.
El timbre de la puerta resonó de nuevo, y Shion cuidadosamente se desenlazó de la cálida mano del moreno, inclinándose al mismo tiempo para susurrarle que iría a atender el llamado mientras terminaba de hablar con sus hijos. Dohko asintió con una suave sonrisa en los labios, dejando que su mirada fuera hipnotizada por la estilizada figura del peliverde que se alejaba de la habitación, la cual solo volvió a la realidad cuando la voz de sus hijos llamaban incrédulos a su primogénito, como si dependiera de él la veracidad de lo recién escuchado.
A diferencia de sus hermanos, el mayor preguntó directamente a la fuente.
-¿Cuándo se…? ¿Cómo lo…? ¿Dónde…?– Saga resopló frustrado por las incoherentes palabras que procesaba su boca, espero un segundo para poner en orden sus ideas antes de volver a intentar poner en práctica su habilidades lingüísticas.
-¿Hay algo más que debamos saber? – preguntó finalmente
-No, no hay más- respondió Dohko contento, sabía que si Saga aceptaba la noticia tranquilamente los otros lo harían de igual forma. Hubo un momento más de silencio e intercambio de miradas entre los chicos, que parecían estar haciendo una comprensión de lo que estaba sucediendo y como siempre, lo hacían siguiendo el ejemplo del mayor.
-No espera… se me olvidaba, compartirán habitación.
-¡¿Qué?!
Un grito en unísono que probaba la facilidad con la que su padre lograba sorprenderlos siempre.
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-Parece que están tan felices como nosotros, ha.
-Aioria por favor, no quiero despliegues de sarcasmo- Solicitó Shion a su hijo cuando aquel inconforme grito se escuchó desde el fondo del pasillo y un par de segundos después, del mismo lugar se distinguía una figura avanzar con curiosa rapidez hacia ellos.
Una deslumbrante y gran sonrisa les recibía junto a un hombre de castaños cabellos y mirada dulce que sin atisbo de timidez rodeaba la cintura de su padre con un brazo y le acercaba contra sí, en un cariñoso gesto que, para su mayor estupefacción lograba sobre las siempre pálidas mejillas del peliverde un tenue sonrojo.
-¡Hola chicos soy Dohko, bienvenidos a bordo!– Les saludó con total desenfado y con una calidez completamente extraña para los hijos de Shion, pues su padre no era precisamente el más expresivo hombre de la Tierra. Aioros se adelantó, y estrechó la mano que le tendía Dohko, a quien ya había tenido el gusto de conocer en previas pláticas telefónicas, y mientras intercambiaban algunas trivialidades: como el camino hasta la casa o dónde estaba el equipaje, los otros expectantes muchachos se dedicaban a analizar al nuevo compañero de su padre.
Por la forma de expresarse, parecía tener un buen sentido del humor y exudaba un natural estado de tranquilidad. Algo que definitivamente era opuesto a su padre. El hombre era bastante atractivo, y dejando de lado el hecho de que era un hombre, físicamente reunía las características del arquetipo que gustaba a su padre. Era ligeramente más bajo que el peliverde, su figura era menuda pero bien formada, si el contorno de sus brazos indicaba algo; el tono acanelado de su piel contrastaba con sus pupilas jade. Pero sobre todo, era el inteligente brillo que desprendían sus ojos lo que seguramente había enganchado al selectivo Belier.
La voz del patriarca los sacó de sus contemplaciones.
-Dohko, quiero presentarte a…
-Espera Shion…– le interrumpió juguetón- Veamos si soy capaz de reconocerlos.
El moreno les dedicó un evaluativo segundo antes de soltar al ojirosaceo y caminar hasta donde esperaban sus nuevos hijos.
-Tú debes ser Aldebarán ¿cierto? –saludó al imponente jovencito que sonrió divertido y rascó su cabeza asintiendo- Y estoy seguro que tú eres Mü, Shion me habló mucho de ti, en verdad que te pareces a tu padre chico – continuó dedicando un guiño a quien parecía querer esconderse detrás de su alto hermano, pero mostrando una agradecida sonrisa.
Detuvo su vista frente a un jovencito rubio de mirada serena y tranquilo semblante, que le saludó con un ligero movimiento de cabeza y que de pronto se encontró rodeado por el protector brazo de su hermano mayor rodeándole los hombros, aquel con un gran parecido a Aioros. Dohko rió ligeramente, Shion también le había mencionado lo posesivo que era ese joven con el menor de sus hijos.
-Shaka y… Aioria, si no me equivoco – dijo divertido, antes de virar sus ojos hacia el último, cuya elegante figura y recio semblante le eran distintivos.
-Y tú debes ser…
-Soy Camus –cortó firme el de largos cabellos índigo, estrechando la mano de aquel sujeto, haciéndolo más por compromiso que verdadera cortesía o interés, todo aquello le parecía ridículo, impositivo e injusto. Shion le reprendió con una dura mirada, aunque estaba acostumbrado a ese comportamiento en su hijo, en verdad esperaba que fuera un poco más sociable con su nueva pareja. Era lo menos que podía esperar de él.
-¿Saga? – El mayor de los hermanos Belier interrumpió el incómodo silencio que de pronto había entre ellos, y llamó la atención de todos al reconocer –incrédulo- al joven que se acercaba a ellos desde la espalda de su padre, justo desde aquel pasillo por el que el mismo Dohko había emergido minutos antes.
-¿Aioros? –Respondió extrañado el primogénito de Dohko, deteniéndose a un lado de su padre mientras retaba a sus ojos para que le aseguraran que el hombre frente a él no era una alusinación.
-¿Se conocen? – Cuestionó curioso el padre del peliazul, elevando una ceja al notar como ambos chicos se miraban tan intensamente que parecían haberse olvidado de todo alrededor.
-Ah… s-sí… nosotros…– balbuceó Aioros, aún algo incrédulo de lo que veía frente a sí.
-Nos conocemos – concluyó Saga tras aclararse la garganta, mostrando una sonrisa cómplice al de piel acanelada– Papá, venía a avisarte que ya está todo arreglado con los chicos.
-¡Genial, eres mi héroe! Bien, creo que es hora de que se conozcan. – dijo Dohko, tomando la mano de Shion y arrastrándolo junto a él de vuelta al salón donde aguardaban sus hijos. Con una mirada, el peliverde llamó a los propios que se encaminaron curiosos hacia donde su padre se dirigía.
Detrás de ellos los dos herederos volvieron a intercambiar insinuantes miradas y caminaron con un paso más lento, susurrándose pequeños saludos y preguntas sobre el otro, a quien tenían más de cinco años de no ver.
Al entrar en la habitación, sin embargo, ambos compartieron un momento de incertidumbre y supieron que lograr una convivencia pacífica entre los diez jóvenes que se miraban con resentimiento tras apenas conocerse, no sería nada sencillo.
Ambos tragaron con dificultad.
Continuará…
