Capítulo 2: Un plan para el futuro
Mi cometido no estaba en acompañar a mis ahora compañeros, el resto de los estalfos que molestaban hasta la muerte a quien se atreviese a entrar al bosque y por tanto a patrullarlo de cabo a rabo por el resto de la historia… ¿quién iba a decir que existía la posibilidad de hacer lo que quisieras? Yo mismo había enfrentado a guerreros esqueleto en mi aventura por Hyrule, y por tanto quería decir que, si encontraba la salida del bosque, sería ''libre'' A pesar de ello la idea no me emocionaba por varias razones, habían pasado unos cincuenta años desde que fuese transformado en lo que era y en ese tiempo me había limitado a encontrar la paz de espíritu dentro de mi, me había perdonado a mí mismo todo lo que había echo mal y también me había limitado a seguir entrenando duro aunque pareciese carecer de sentido… pero algo dentro de mí me decía que eso no era tan cierto.
De muy cuando en cuando me preguntaba qué había sido del resto del mundo, porque entre canción y canción tocada en mi ocarina los días y sus noches iban de carrera al horizonte, y yo, atrapado allí hasta que decidiese armarme del valor necesario para salir, no notaba su paso, porque simplemente no envejecía.
Sin embargo un día sentí algo familiar que no me esperaba, una dulce y triste mirada que me vigilaba desde algún punto que busqué tras nada más percibirla, algo diferente de todo lo que se encontraba vagando en aquel bosque, y cual no fue mi sorpresa al escuchar su voz diciendo mi nombre, un nombre que apenas recordaba como sonaba, una voz que a pesar del tiempo no había olvidado en lo absoluto.
-Link…
Fue la única palabra que emitieron sus labios, dándome tiempo para voltearme lentamente, ladeé la cabeza al verla, allí sobre una rama, sonriéndome con una mezcla de ternura y pena.
-Soy la sabia de los bosques, a pesar de ello me ha tomado mucho esfuerzo encontrarte por fin entre esta maraña de hojas reacia a escuchar y a entender.
No dije nada, no porque no pudiera, solo porque no estaba en condiciones de responder ni una palabra a una de las que había sido de mis mejores y más cercanas amigas de toda la vida y que yo mismo había abandonado, que no había cambiado ni un pelo en todos esos ciclos solares.
-No pongas esa cara ¿creíste que eras el único que no iba a dejar ir a un amigo fácilmente?
Bajé la cabeza y solté una suave risa, la primera que hubiese escuchado salir de mis labios desde hacía mucho, a pesar de que mi cara desposeída de carne fuese incapaz de forjar una sonrisa.
-Saria. No, jamás se me habría ocurrido pensar en algo así. ¿Por qué me has buscado? Yo los abandoné, a todos ustedes.
-Porque ha sido suficiente. No puedo, ni yo ni tú, deshacer el camino que has hecho, pero quizás no te haría daño ir a darte una vuelta por ahí, creo que encontrarás la motivación que has perdido.
-¿A qué te refieres?
-Las cosas han cambiado en tu ausencia ¿acaso no deseas echar un vistazo? Aunque en realidad hay mucha gente que piensa que has…
Dudé, era tentador pero no estaba seguro de querer mirar más allá de las hojas. Y menos si todos creían que estaba muerto, aunque sí lo estaba ¿o no?
-Nadie podrá verte, pero se que volverá a encender la llama dentro de ti.
-¿Nadie… podrá verme, dices?
-Al menos no como yo te veo ahora, señor huesitos, si no quieres; no eres un stalfo corriente… como dije, todos te han estado esperando, todos lo que creen en tí.
Me erguí y ella lo tomó como un asentimiento, comenzando a caminar entre saltitos alegres para guiarme.
Saria no me acompañó hasta más allá de la entrada del bosque y no se lo reproché, lo curioso fue que apenas puse un pie fuera de este, mi cuerpo se vio envuelto en una extraña sensación, y cuando volví a mirar con pasmo desde la nueva altura a la que se encontraba mi cabeza no pude evitar mi asombro al ver no mi armadura, ni mis manos esqueléticas, sino patas, grandes patas blancas y peludas de… ¿lobo? Saria solo se rió.
-Hasta de lobo te ves guapo… ahora ve, se que Zelda querrá despedirse de ti.
-¿Despedirse, a dónde iré?
-Tú no, ella.
La noticia me alarmó y levanté las orejas abriendo mucho mi único ojo.
-Para ti ha de haber sido como un pestañeo largo, pero para nosotros ha pasado mucho tiempo… Zelda me envió a buscarte, al parecer tiene algo importante que decirte antes de emprender un nuevo viaje… envíale mis más grandes saludos. Corre.
Arrastré las patas rápidamente, mirando dos veces atrás, y luego galopé como nunca, porque aunque mi corazón no latía lo sentía estremecerse.
Todo estaba muy diferente de cómo lo recordase, desde el camino, ahora empedrado, el rancho Lon-Lon que ahora parecía gigantesco, y hasta la ciudadela, que solo con verla de lejos se veía más grande y majestuosa, pero definitivamente la cubría un aura gris que no tardé en percibir con claridad nada más entrar, los ciudadanos parecían tristes, y los que me vieron pasar salieron de ese estado para gritar, pero no me hizo detener nada de eso.
Los guardias pasmados no pudieron impedir mi avance, esquivé todas las lanzas con suma facilidad y me colé por entre las rejas sin problemas, y a pesar de que me encontraba desorientado al entrar al gran castillo que hubiese conocido como la palma de la mano solo tuve que seguir su olor, su dulce aroma que no se había ido de mi memoia… que llevándome hasta uno de los últimos pisos me hizo detenerme en seco frente a la majestuosa puerta tallada a mano; me hice a un lado cuando se abrió y salió una muchacha ya adulta que me dio un vuelto al corazón ¡era idéntica! Pero definitivamente no era ella, porque si hacía unos pocos cálculos Zelda ya debía de tener a lo menos ochenta años; junto a ella pasó también un hombre alto y fornido de cabello rubio que portaba una espada.
Corrí la puerta entreabierta con la nariz y me escabullí dentro del cuarto. Tragué saliva al acercarme con temor a la cama.
-Ah… sabía que… vendrías… viejo… amigo…
Bajé las orejas y la miré con tristeza, no se veía bien en lo absoluto.
-Acércate…
Respiraba con dificultad y en sus ojos se veía que iba perdiendo la batalla, reacio a desobedecer su petición me puse a un lado de la cama, ella me sonrió débilmente y movió su mano hasta tocar mi frente con cariño, tras lo cual ya no estaba sobre mis cuatro patas.
-Zelda, lo lamento… nunca debí haber dejado tu lado. Fue un error ir en una búsqueda sin sentido.
-Oh Link, cada uno de nosotros debe seguir su camino aunque a veces no nos guste.
Me arrodillé y le sostuve la mano entre las mías, no podía calentársela pero algo de apoyo le significaba.
-¿Aun crees que tengo un destino que cumplir? Fallé en mi última misión y ahora no soy digno ni de llamarme hombre... Tienes una hermosa hija, por cierto.
Ella sonrió.
-Tiene el carácter de su padre, sin más. Mi marido la adora.
-¿Por qué ha salido él, no debería acompañarte?
-Oh-se rió-Mi hija tiene el carácter de su padre, que nos dejo hace ya algunos años aunque eso no importa, ahora iré con él… él no es mi esposo, sino mi guardia personal y gran amigo. Como tú.
Dejé pasar unos segundos en silencio, sin saber qué más decir.
-Escúchame, mi fragmento me ha revelado un secreto de gran importancia que ya no puedo seguir ocultando. No me queda más tiempo… y aunque me gustaría charlar contigo… me siento incapaz de hacerlo…
Me recompuse para escuchar su voz, cada vez un susurró más lento.
-Ganondorf volverá de nuevo-sentenció- en una época no lejana de esta, y tu reencarnación será el elegido nuevamente para derrotarlo, sin embargo esta vez carecerás de la ayuda necesaria para aprender el arte de la espada más de lo que te da el instinto y tu misma sangre… es tú deber entrenarlo cuando llegue el momento porque solo tú puedes hacerlo, guiarlo en su misión y en el arte de la espada para que pueda derrotar al mal una vez más. Cuando hayas transmitido tu conocimiento podrás al fin descansar en paz.
-Yo… lo haré, mi reina. Cumpliré con mi deber por última vez.
Ella estiró su mano y tuve que sostenerla en mi mejilla para que no se le cayera.
-Es una tragedia que hayas perdido uno de tus ojos… tu mirada siempre ha sido la de una noble bestia, te quiero Link…Y ya debo irme.
-Descansa, amiga, nos encontraremos de nuevo en otra vida, en una época más feliz cuando yo ya haya cumplido mi deber y el mal no amenace nuestra querida tierra.
Ella asintió solemnemente y sus ojos azules se cerraron para no volver a abrirse, recosté su mano en su regazo tras besarla y me puse de pie, retorné a mi forma lobuna y aullé en su honor. Me dolía el vacío pecho como nunca antes, e incapaz de llorar mi pena solo aullé una vez más, por Zelda, y por todas las personas que conocía, y también por Navi, y de ese modo los dejé marchar a todos.
La puerta se abrió de golpe y el guardia me vio, desenvainando de inmediato y cargando en mi contra, lo esquivé un par de veces y quedé del lado de la puerta.
-Protege a la princesa, soldado, y apóyala y hazla reír, ella no apreciaría nada más como algo tan valioso… Zelda siempre quiso ser alguien normal, y sin embargo siempre quiso hacer lo mejor para su pueblo.
Él se me quedó mirando con asombro, yo solo me volteé para salir, la joven me miraba sin miedo, sino con cierta sospecha en los ojos.
-Tú… eres… mamá me contó mucho sobre ti siempre…
Le dediqué una inclinación de cabeza.
-Se amable y altruista con tu pueblo y tu pueblo te recompensará… solía decirme tu madre. Te deseo una larga y feliz vida, Zelda.
Ella me miró mientras me iba.
Fin del segundo capi falta uno, espero que siga gustándoles la historia jajajja quizás sea mucho pedir. ¡gracias por leer!
