Como siempre, cualquier cosa que reconozcáis es propiedad de Stephenie Meyer, yo sólo intento escribir esta loca historia.
Podéis estar al día de mis historias en mi grupo de Facebook: www. facebook groups/ FANFIC. NOE/
y ver el trailer de esta historia aquí: www. youtube watch?v=X5RwYWHjUg4&list=HL1375711976
Recordad quitar los espacios :)
Y si después de leer el capítulo me queréis dejar vuestra opinión, me haréis muy, muy feliz.
Capítulo beteado por Sarai GN Beta FFAD www facebook com / groups / betasffaddiction /
DESPEDIDA DE SOLTERA
Esta noche será un desmadre. ¡Noche de chicas! Llevamos semanas preparando la despedida de soltera de Ángela. Creo que nos hemos pasado. No sé cómo se lo va a tomar una chica como ella. A fin de cuentas es la hija de un predicador… Por una parte tengo miedo de que nos hayamos pasado. Primero cena en un restaurante erótico, eso significa comernos el sushi directamente de una bandeja de carne, bueno, en realidad de un tío de metro noventa, ancho como el puto armario de mi habitación y con la cara del mismísimo Apolo. De postre, una tarta con forma de pollón enorme de chocolate. ¡Uff! Después nos iremos a un boys, ¿qué mejor despedida para nuestra amiga que mostrarle la clase de hombre que no se va a llevar a la cama? Bien pensado, es una putada, porque reconozcámoslo, Ben es un amor, pero guapo… guapo… lo que se dice guapo… no es. Bueno, al menos le habremos dado una imagen mental que retener. Podrá cerrar los ojos e imaginar que…
¿A quién demonios pretendo engañar? Ángela no tiene que cerrar los ojos e imaginar nada. Puede que Ben no sea Brad Pitt, pero la adora y ella a él. Y desde luego esos dos han tenido más acción de la que yo he tenido jamás. Aunque si su padre el predicador se enterase le daría un ataque al corazón. Al final, la única para la que ver a un tío en bolas será una novedad, soy yo. Lo reconozco. Jamás he visto a un tío en pelotas en carne y hueso… sobre todo en carne. Puta mierda. Veinticuatro años y nada de nada… ¡qué asco! Pero estoy decidida a que eso cambie.
Me estoy vistiendo. Mi decisión de cambiar mi vida también ha afectado a mi vestuario. Sí, no quiero seguir siendo invisible, quiero que los hombres se giren y se me queden mirando cuando pase. Así que nada de vestirme esta noche con jeans y camisetas. Puede que mis pechos sean pequeños, pero por lo demás estoy bien proporcionada. No tengo sobrepeso, el trasero está en el sitio apropiado, aunque no sea demasiado respingón y en cuanto a mi cara… vale, no soy Adriana Lima, pero tampoco soy el puto jorobado de Notre Dame. Alice me ha prestado un vestido ajustado, es de color negro, bueno, la poca tela que tiene es de color negro. La falda me cubre hasta poco más de medio muslo, ajustándose perfectamente a mis piernas, pero de la cadera al pecho solo son unas cuantas tiras que cubren las zonas más "problemáticas". Me miro en el espejo. Este vestido no es, en absoluto, la clase de ropa que suelo usar. Me siento algo cohibida, pero cuadro los hombros y me recuerdo a mí misma que tengo que salir de mi caparazón.
—Bella—me digo a mi misma en un arranque de elevación de la autoestima—, vistiéndote como una monja de incógnito, jamás lograrás meter a un tío en tu cama.
Una parte de mi mente, esa que quiere que me olvide de Edward de una puñetera vez, me está chillando: ¡Bella, deja de remolonear, saca el poco pecho que tienes y termina de arreglarte!
Unos "manolos" de tacones altísimos me esperan en su caja por cortesía de Rosalie. Es genial que calcemos el mismo número. Me llaman con canto de sirena. "Súbete a nosotros, Bella… tendrás piernas kilométricas" —¡Uy! Mira… unos zapatos que hablan…Los cojo en mi mano y mi subconsciente me grita "sí, sí, piernas kilométricas… y unos cuantos huesos rotos antes que termine la noche". Estúpida vocecita de mierda… No le hago caso y me calzo los zapatos.
Me miro por última vez al espejo. En realidad no parezco yo. Voy maquillada, mucho más que de costumbre. Apenas suelo llevar algo de máscara de pestañas y un poco de brillo de labios, pero hoy me he hecho un ahumado en tonos rojizos que enmarca mis ojos, haciendo que el verde que se entremezcla con mi tono marrón sea mucho más visible. Me he recogido la melena en una coleta alta, con tupé, que deja a la vista mi rostro. El reflejo que me devuelve el espejo se me hace extraño. No, en realidad no parezco yo, pero supongo que de eso se trata, ¿no? Mi antiguo yo no atraía ni a los ratones de biblioteca, mucho menos a un hombre como los que yo quiero…
Vuelvo a mirarme en el espejo, aún sin creerme que la imagen que me devuelve sea la mía. Madre del amor hermoso ¡estoy buenísima! Aunque estaría aún más buena si tuviese tetas. Me paso las manos por el pecho, las sujeto y las aprieto… "Nena, si pretendes que te crezcan a base de inflamarlas, vas lista…" ¡Que sí, jodida vocecita de mierda! Ya sé que no van a crecer por desearlo… llevo deseándolo más de diez años, si fuese así ya tendría más tetas que Pamela Anderson. Quizás tenga que sopesar la idea de pasar por quirófano y ponerme implantes… "¿Recuerdas lo que pensamos de las tetudas operadas? Y yo que pensaba que eras demasiado inteligente incluso para planteártelo… al final vas a ser otra insegura de esas que necesitan reafirmar su carácter con un buen par de tetas. ¿Qué diría tu jefe cuando te vea aparecer así en la corte? ¿Crees que el jurado atenderá a lo que les dices o no verán más allá de tus pechos?
Debí llegar tarde cuando se repartieron las conciencias o los subconscientes o la mierda que sea esa estúpida vocecilla, porque segura como el demonio que no hay otra más pesada que la mía.
Salgo de mi casa y me dirijo al ascensor. Agradezco que lo haya porque si tuviera que bajar los seis pisos que me separan de la calle en estos tacones, estoy segura de que llegaría rodando por las escaleras. Oigo una puerta que se cierra detrás de mí, y unos pasos que se acercan a mi espalda. Me doy cuenta que el vestido se está subiendo, así que me lo bajo un poco, ayudándome con un movimiento de cadera.
—Hola. —Reconocería esa voz en cualquier parte, es Edward, pero lo que me resulta extraño es el tono que tiene, se lo había escuchado cuando trataba de ligar con chicas en las discotecas a las que íbamos, pero jamás lo había utilizado conmigo—. ¿Nos conocemos?
¿En serio? ¿No me reconocía? Esto puede ser divertido. Me giro muy despacio y por un momento, noto su mirada estupefacta. Sí, lo he dejado sin palabras. Hago un gesto con mi mano, saludándolo.
—¿Bella? ¡Dios! Estás… impresionante —¿Está tartamudeando? ¿Edward? —. Nunca te había visto ese vestido…
No, claro que no. El hecho es que nunca me había visto con un vestido… bueno, eso si no cuento ayer por la noche, no era un vestido propiamente dicho, ya que era mi bata, pero creo que el hecho de haberle enseñado todo el tema… compensa todo lo demás.
—Gracias… —susurro sin darle mayor importancia, como si me lo dijesen a todas horas, aunque en el fondo estoy emocionada. ¿Le he impresionado? Parece que sí, porque me mira con los ojos fuera de sus órbitas.
—¿A dónde vas? —Hay algo extraño en su mirada ¿preocupación? No, no parece eso, pero me mira de una forma… nunca me ha mirado así.
—Hoy es la despedida de soltera de Ángela —digo—, he quedado con las chicas.
—¿Dónde vais a cenar? Y ¿qué vais a hacer después? —Está demasiado interesado… le había contado en una de nuestras cenas lo que había organizado para la despedida, y no había mostrado tanto interés. En realidad le había dicho dónde había reservado, pero por lo que se ve, debía estar más interesado en el puto partido de baseball que estaba viendo que en lo que yo le contaba. Pues ahora, que se joda.
—Hum… verás Edward… es un secreto. Queremos que Ángela se lo pase bien, y probablemente todos los chicos hayáis quedado… no queremos encontrarnos con vosotros esta noche. Solo chicas… tú sabes ¿no?
—Ya… —La puerta del ascensor se abrió y los dos entramos. Está mirando mis piernas, sus ojos me recorren lentamente, desde mis pies a mi rostro. Extrañamente se detiene en mi pecho. Venga Eddie… a ti no te gustan las tetas pequeñas… —. ¿Te acerco? Hasta donde hayáis quedado… no creo que puedas caminar mucho en esos zapatos… —Mira mis pies. Creo que aún no puede creerse que me haya subido a estos zancos… lo más parecido a unos zapatos que me ha visto puesto jamás fueron unas bailarinas negras en mi graduación. Normalmente mis inseparables jeans iban acompañados por mis converse.
—Gracias, pero no. Alice está abajo esperándome. Hemos alquilado una limusina para ésta noche… ya sabes… por lo de "si bebes, no conduzcas". Yo pienso beber… mucho.
—Hay muchos más peligros para una mujer alcoholizada que conducir… ¿lo sabes, verdad?
—Bueno… no te preocupes, ya soy mayorcita. Creo que podré manejar esos "peligros".
¿En serio estaba preocupado? ¿Por qué? Jamás se había preocupado por mí, no de la forma que parecía hacerlo ésta noche al menos. Siempre creí que daba por sentado que ningún hombre me tocaría ni con un palo, pero ésta noche… estaba… distinto. Edward estaba raro conmigo… en realidad había empezado a estarlo ayer después de mi "broma". Nunca pensé que aparecería en la puerta de mi casa…
Salgo del ascensor. Puedo notar como mis caderas se mueven sinuosamente, sin duda es un efecto secundario de los taconazos que me he puesto. Me gusta, es un movimiento insinuante, sexy. Edward no camina a mi lado, se ha quedado atrás, pero puedo sentir sus ojos clavados en mí. Hay una limusina blanca parada justo ante nuestro portal, y un chico guapísimo esperando de pie al lado de la puerta. Nada más verme, me dedica una sonrisa, ¡y qué sonrisa! Antes de abrirme la puerta, oigo un gruñido a mi espalda. Me giro y le sonrío.
—Buenas noches, Edward… —me despido.
—Buenas noches, Bells… —responde, y suena abatido.
Entro en la limusina y allí están mis amigas. Soy la última porque mi casa es la que más cerca queda del restaurante.
—Joder, Bella. —Esa es Rose, una de mis mejores amigas. Si yo soy malhablada, Rose es un puto camionero. De cada tres palabras que dice, cuatro son palabrotas—. Si no follas hoy, mueres virgen. —¿Qué os he dicho? Una puta camionera.
—Te dije que ese vestido te quedaría genial, Bella. —Alice, hacedora del milagro de mi transformación en putón verbenero, porque no nos engañemos, eso es exactamente lo que aparento ésta noche, se regocija en el acabado final de su obra—. Sabía que te quedaría genial esa sombra de ojos… ¿a qué no fue tan complicado?
—No, la verdad es que no, pensé que me resultaría más difícil, pero ha sido sorprendentemente sencillo. Gracias por pasarme el video de Youtube… esa tía es un genio con los putos pinceles…
—Te lo dije…
Ángela me mira sorprendida. Está preciosa, pero su vestido es mucho más sencillo que los nuestros, y además, mucho más recatado.
—Estás impresionante… —me dice—, con ese vestido no pareces una aburrida abogada, ¡eres un auténtico bombón!
—¿Dónde lo has comprado? —me pregunta Vicky—. Me encanta, ¿lo tenían en rojo?
—Pregúntale a Alice, ha sido cosa suya… —le contesto—. Hola, Jessica.
Jessica me mira de arriba abajo con la boca abierta —Estás… increíble… —Me ruborizo como una novicia y doy gracias por tener buen aspecto. Con un poco de suerte, ésta noche conoceré a un chico agradable y simpático.
El restaurante es impresionante, son pequeños apartados privados. El nuestro ya estaba listo a nuestra llegada. Entramos y nos encontramos un chico guapísimo en paños menores tendido encima de nuestra mesa, cubierto de sushi y con apenas un bóxer dorado, enano, enanísimo, mal cubriendo sus partes, claro que por lo que podía ver debajo del sushi, no eran fáciles de esconder.
Odio el sushi, pero debo reconocer que éste me ha encantado. Quizás es porque cada vez que intento coger una porción con mis palillos, termina cayéndoseme. La mayor parte de los trozos me los como con los dedos. Eso significa que puedo tocar chicha ¡sí!
La cena ha sido fantástica. Nuestra bandeja particular ha sido muy agradable. Lo único que tengo que lamentar es que esa parte de su anatomía que más me atraía estaba cubierta por el puñetero bóxer de color dorado que, si bien dejaba poco a la imaginación, lo cubría demasiado. Pero tenía grandes perspectivas… quiero decir… GRANDES perspectivas. Se llama Jason. Es rubio, su pelo tiene el color del trigo en verano, unos ojos de color violeta que impresionan y una boca… ¡Oh, señor! ¡Qué boca! Estoy segura de que sería capaz de grandes cosas con esos labios. Me gustan, son grandes y gruesos. Te invitan a rozarlos, a morderlos… y te tientan… a mostrarle todo aquello que te gustaría que esos labios te chuparan… esas partes de tu anatomía que se mueren de ganas por sentirlos cerca…
Terminan los postres. Nunca pensé que una tarta-polla pudiese estar tan buena, la verdad. Sólo esperaba poder gastar calorías ésta noche, porque me había puesto hasta el culo de comida.
Salimos del restaurante y nos entregan las entradas para el espectáculo de striptease. Son propiedad del mismo dueño, y nos invitan a una copa por haber cenado antes en su local. Nos subimos a la limusina.
Descorcho una botella de champán. Esta es la ¿quinta? ¿sexta? Joder, ya he perdido la puta cuenta, pero todas estamos medio achispadas.
—¡Por Ángela! —chillo—, ¡afortunada, tú, amiga! Has debido encontrar al único hombre sin problemas de compromiso en toda la puta ciudad de Nueva York.
Miro a mi alrededor. Rosalie, Alice, Victoria, Jessica y Ángela me miran extrañadas. Mierda. Es verdad… la única que está colgada por un tío con problemas de compromiso soy yo. Jodidas suertudas. Todas tienen novios cariñosos, amables, detallistas, y encima están buenísimos los cabrones… bueno, todos menos Ben, que feo, feo, no es, pero tampoco es ningún bombonazo.
—Regalos, regalos… —canturrea Alice animada, quizás tratando de cambiar de tema después de mi metedura de pata—. ¡Es la hora de abrir los regalos!
Alice le entrega el primer regalo a Ángela. Es un disfraz de enfermera guarrilla. Tiene su gracia porque Ángela es enfermera, aunque puedo asegurar que su uniforme no se parece en nada a esa bata minúscula que le hemos entregado. Si las enfermeras vistiesen así en la vida real, habría muchísimos más hombres ingresados en los hospitales, aunque tuviesen que fingir sus enfermedades. Creo que el problema mayor se daría en la unidad de enfermos coronarios… tendrían ataques de miocardio cada dos por tres. Ahora que lo pienso… todos los putos disfraces para mujeres en el fondo son de guarrilla, hasta los de monja son de monja guarrilla… ¿para qué los hacen distintos entonces? Todas de putones verbeneros y listo.
Rosalie le entrega otro. Ésta caja es más pequeña y rectangular. Rose se ríe como una posesa mientras se la entrega. Ángela la desenvuelve rápidamente y comienza a carcajearse.
Levanta lo que había en el interior en la mano y lee la tarjeta.
—"Tus amigas esperamos de corazón que no lo necesites, pero por si acaso…"
Era un consolador de color rosa, enorme, esa es la verdad… y además vibraba... Ángela ríe a carcajadas, y las chicas se le unen, incluso yo me rio a pesar de que en mi interior me estoy preguntando si un aparato así será lo más parecido que yo tendré jamás a una pareja. Tomo nota del modelo —que me ha llamado poderosamente la atención—, por si me decido a comprarme uno para mí. Tiene sus ventajas… te da gusto, solo cuando tú quieres, y no salpica al mear… quizás termine por ser mi compañero ideal.
Es el turno de Jessica. Le entrega su regalo y su mirada es turbia… ¿qué le habrá regalado? Ángela desenvuelve el paquete y saca una fusta, un antifaz y unas esposas. Miro a Jessica escandalizada. ¿A Mike y a ella les va eso? ¿El rollo sumisa/dom? Ahora que lo pienso, creo que el sumiso tiene que ser Mike porque es un puto calzonazos. ¡Oh, no! Mierda de imagen mental… puaj… asco. Ahora no podré de dejar de imaginarme a Mike, atado a la cama con las esposas, con los ojos cubiertos por el antifaz, mientras Jess le cabalga cual amazona y le zurra con la fusta… ¡Mis ojos, mis ojos! Por favor, un poquito de lejía para quitarnos esa visión de la mente… por una vez estoy de acuerdo con mi vocecilla puñetera y sacudo mi cabeza tratando de apartar semejante imagen de mi cerebro.
Vicky le tiende otro paquete, es pequeño, bastante pequeño y Ang lo desenvuelve curiosa. Dos bolas metálicas de color dorado, unidas entre sí. ¡Unas bolas Ben Wa! Nunca había visto unas en directo. Sí, lo sé, soy una virgen de veinticuatro años que ahora mismo está flipando en colores luego de tener un vibrador tamaño "actor porno, no te puedes creer que sea real", unas bolas chinas y un set de artículos de dominante delante. Me descubro a mí misma pensando lo bien que me lo podría pasar con todo eso y con… Ed… suspiro. No lo puedo evitar, sé que me he prometido a mí misma que me olvidaré de Edward, pero no puedo evitarlo.
Llega mi turno para entregarle su regalo. Yo que pensé que estaba siendo atrevida… ¿atrevida? No tenía ni idea de lo que era eso. Ángela desenvuelve su regalo, tan ilusionada como por los anteriores y descubre el conjunto de tanga, sujetador y ligueros que le he regalado.
—Es precioso, gracias, Bella. —Sonríe, y yo le devuelvo la sonrisa. Sí. Quizás no sea tan atrevido, pero conozco a Ángela y creo que está bastante más dispuesta a utilizar mi regalo. Estoy seguro de que Ben reaccionará encantado al ligero negro y rojo que le he regalado, no estoy tan segura del vibrador… Nena… la imagen mental de Mike y Jessica ya era suficiente… ¿en serio te vas a imaginar a Ángela, Ben y Mr. Polla Grande? Lalalalalalalalalalala
Llegamos al club y nuestro chofer nos abre la puerta de la limusina. Nuestra mesa está pegada al escenario, al menos tendría una buena vista ésta noche. Saben que somos una despedida de soltera. ¿No lo he dicho? Ángela lleva una gran banda que pone "NOVIA" y las demás llevamos diademas en el pelo… pero no diademas normales, no… diademas con pollas saltarinas que se mueven de un lado a otro cada vez que lo hacemos nosotras. Casi prefería ser la novia… porque estas jodidas cabronas me han puesto una polla enorme en mi cabeza. Dicen que debe ser como lo de "dinero llama a dinero", así que la más grande para mí, para que me estrene con una que merezca la pena.
.
.
.
Me reitero.
Preferiría ser la novia. Ángela está sentada en el escenario, ante un gran panel translúcido. Detrás está el tío más buenorro que he visto en mi puta vida. Debe medir al menos dos metros y tiene un pecho que parece estar esculpido en piedra. Moreno, con una boca sensual y carnosa, unas manos grandes y unos pies enormes. ¿Cómo era el refrán… pies grandes…? La soba y acaricia sobre la ropa, acerca su cuerpo a ella, tentador, y toma sus manos para ponérselas en su culo y hacer que le aprieten esas nalgas… ¡Dios, que nalgas! Podrían detener un autobús en esas nalgas… podrían jugar al frontón en esas nalgas… podrían aparcar una bicicleta entre esas nalgas y no se caería… ¿Qué digo? Podrías lanzarte desde un cuarto piso y aterrizar en esas nalgas sin peligro… eso era un culo y no lo que tiene mi vecino… bueno, Ed tiene un buen culo… ¡pero no tan bueno!
Se mete tras el panel y las prendas de ropa parecen volar. La última… su bóxer negro, que termina sobre las piernas de Ángela. Lo coge con la mano y lo ondea al viento, como si fuese una bandera. Miro hacia el panel y ¡madre de Dios! ¿es de verdad o un efecto óptico? Puedo ver su sombra y juro, por lo más sagrado, que le llega por mitad del muslo… dan ganas de sujetarte a ella con las dos manos y saltar de muslo en muslo cual Tarzán, bueno, en mi caso, Jane… eso no es una polla, es una puta liana. Se podría hacer puenting en esa polla… ahora entiendo que saliera disfrazado de bombero. ¡Joder, lleva la manguera incorporada!
Ángela vuelve a la mesa, ruborizada y aún sin creérselo…
—Oye Ang… —susurro en su oído— ¿de verdad era tan grande como parecía?
Ángela me mira sonrojada, con cara de incredulidad, y me hace un gesto con sus manos mostrándome el tamaño de semejante miembro… creo que debería escribirlo con mayúsculas… porque se lo merece: MIEMBRO. Tiene pinta de haber quedado traumatizada por el tamaño del pene en cuestión, y por su gesto, creo que está haciendo odiosas comparaciones mentales en las que su prometido no está quedando demasiado bien.
Otro chico sale al escenario. Me suena, mucho, durante unos segundos pienso de qué lo conozco, hasta que me doy cuenta y descubro que es nuestra bandeja. Jason. Se acerca a nuestra mesa, tira de mi mano y me invita a recorrer su pecho. ¡Dios! ¡Qué pecho! ¡Qué músculos! ¡Que rostro! ¡Qué boca! Me fijo un poco más abajo y me descubro cantando alabanzas. ¡Oh, sí, señor! ¡Qué polla! Me sube al escenario, mientras todas las chicas me jalean.
—¡Ánimo, Bells! —Alice está ayudándome a subir al escenario empujándome por el trasero.
Una vez arriba, Jason se agarra a mi cintura y puedo notar como sus caderas se rozan con las mías… ¿es cosa mía o se alegra de verme? Miro hacia abajo, brevemente. No. No son imaginaciones mías, se alegra de verme… mucho… la punta de su polla asoma curiosa por el borde de su tanga… ¡Ooohhh! Me he quedado con los ojos como platos. Nena, toca, toca… asegúrate que es de verdad y no un sueño. Me pellizco y ¡joder! Me ha dolido, así que no, no es un sueño. Cuando quiero darme cuenta, estoy tirada encima del escenario, con las piernas abiertas y Jason en medio de ellas, subiendo y bajando, rozando su miembro en mis bragas, una y otra vez, creo que podría correrme de gusto ahora mismo, aunque haya cientos de mujeres mirándonos y jaleándole. Noto como desliza un papel en la banda que me cubre los pechos.
—Me gustaría verte —susurra en mi oído—, fuera de aquí, preciosa. Llámame.
Como todo un caballero me ayuda a levantarme y a bajar del escenario. Estoy roja como un tomate, puedo notarlo por el calor de mis mejillas. Me llevo la mano al pecho y saco el papel que ha metido allí.
Jason
555-085634
Xoxo
—Jodida suertuda. —Oigo a Rosalie, que mira la nota por encima de mi hombro—. ¿Por qué no le invitas mañana a ver películas con nosotros? Es un sitio seguro para una primera cita, no intentará pasarse con Emmett, Jasper y Edward allí ¿No te parece?
¿Por qué no? Quiero decir, Edward ha traído a sus ligues muchas veces. Si él puede traer a sus rubias, ¿por qué no puedo yo llevar al mío? Saco mi móvil y le envío un mensaje.
Mañana, peli y palomitas con mis amigos.
¿Te apuntas?
Bella.
Puedo verlo entre bambalinas, lleva un albornoz blanco para cubrirse y tiene el teléfono en la mano. Sonríe, y puedo decir que tiene una sonrisa preciosa.
Bonito nombre.
Peli y palomitas? Hum, me parece bien.
Mándame tu dirección.
Jason
Xoxo
¡Sí! Mi subconsciente hace piruetas y empieza a desprenderse de las enaguas de vieja que suele llevar. No tan deprisa, vaquera, que aún no sabemos si nos lo llevamos al catre —le digo, para que se calme antes de que haga alguna tontería. Le mando otro mensaje con mi dirección y la hora. A fin de cuentas, solo tenemos que ir a la puerta de al lado, porque ésta semana nos reunimos en casa de Edward.
Bueno, llega la hora de los agradecimientos. Tengo que dar las gracias a mi beta, Sarai que ha hecho un esfuerzo para que este capítulo se pudiese subir hoy.
A Salem y a Mayra, mis testadoras o sea, aquellas en quienes confío para leer esto, que me reafirman cuando mi confianza en mí misma decae. Gracias hermosas... Y también a tod s los que me dejasteis vuestros preciosos reviews en el capítulo pasado. Me gustaría responderlos uno por uno, pero por desgracia estos días me resulta imposible por falta de tiempo. Gracias a Angie M. Cullen, Mellutz, Moni Camacho, Eli Val, Claudhia, Carolina. Cullen. Swan, Elenamar-16, Pola Cullen Masen, Bydanny, Karolay 28, Twilight-love1694, Palitatjcullen, yolita, Carolina, MONIELITA CULLEN, Gis Cullen, Ale Marie Cullen, madison. roxeldelacur, camela, Gatita Cullen, Tanya96, caritoiturriaga, Any mary cullen, Fran, TheYos16, mireca22, Reti, eliZ cKs, Manue Peralta, Just BelieveP, pili, Eve Runner, Gretchen CullenMasen, Melissa, Melii Sowk, NBellaCullen, kerbel, Pau, Nadiia 16, Sr. G. Cullen-Black, Clarisselight, gaby, Iratxe, ela fordyce, COKI CULLEN, Loonydraconian, loreblue31, lore, marieisahale, JCullen Swan, Ise2289, chikita. memo, Blapagu, nesines, ana Salmern, mpgutier, Sheyla18, kikaly, karina. roman. 332, bitha. granger, mirylion, Shibubi, Lunagotik Masen Cullen89, Iku cSwan, CherryValh, Angie Masen, licetSalvatore, andrea. marbe, powercat, EriM, IsAbElA M CuLlEn y Grace.
Bicos
