Disclaimer: Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajime Isayama.

Advertencia: Yaoi (Boy's Love) | Uso descarado del OoC | EreRi | Universo Alterno (UA) | Lenguaje vulgar | Contenido sexual explícito | Fluff, mucho fluff.

N/A: No tardé mucho, ¿verdad? XD. Muchísimas gracias por sus comentarios, alertas y favoritos. ¡En verdad se los agradezco! ; A ;.

Bueno, les dejo que lean /o/.


LONELY HEARTS CLUB.

By: Maka Kagamine.


Love will never be forever,

feelings are just like the weather.

.

January to December,

do you want to be a member?

.

LONELY HEARTS CLUB

Marina and the Diamonds


Capítulo uno.

( • ̀ω•́ )✧


Estaba totalmente perdido en mi interminable musaraña mental, con el alcohol aún nublándome el juicio racional.

Por eso, supuse, era que no entendía del todo cómo es qué había llegado a esa situación. Pero no era como si estuviera quejándome, no podía hacerlo. No cuando disfrutaba de sobremanera tener a mi mejor amigo sentado sobre mi regazo, con sus labios estampados contra los míos, en un beso por demás apasionado, mientras su juguetona lengua se inmiscuía en mi boca sin permiso.

Cuando su lengua se encontró con la mía sentí un maravilloso escalofrío recorrerme la columna vertebral qué se extendió hasta mi entrepierna. Levi sabía exactamente cómo besar; se sentía de lo más exquisito. Su lengua se movía de manera experta contra la mía mientras sus dedos se perdían entre mi pelo para jalar mi cabeza hacia atrás, teniendo más dominio sobre mí.

Sí, a Levi le gustaba llevar el control en todo. Incluso en el sexo.

Y mentiría si dijese que eso me molestaba.

No me quise quedar atrás por lo que empecé a deslizar mis manos por la piel de su espalda, siguiendo un camino invisible hasta su pecho, recorriendo con tortuosa lentitud cada rastro de la carne que se me atravesaba. Levi se estremeció ante mi frío tacto y aproveché su descuido para apretar su tetilla izquierda entre mis dedos sin ser demasiado cuidadoso. No había razón para serlo, aquello era sólo sexo del rudo. Lo hacíamos por mera confusión —y ebriedad de mi parte—; por necesidad.

Porque ambos teníamos el corazón roto, y los sentimientos totalmente destrozados.

Rivaille soltó un gemido que se ahogó entre en beso, lo que me hizo sonreír contra sus labios. Pero, como pequeña venganza, separó nuestras bocas al jalar con más fuerza mi pelo. Gruñí un poco dolorido mientras observaba el pequeño puente de saliva que aún seguía uniendo su lengua con la mía. La sensual imagen avivó el inquieto cosquilleo que corría en mi vientre bajo. Estaba excitado, demasiado. Jamás llegué a pensar que tener sexo con Levi llegaría a emocionarme tanto.

En ese momento tan sólo podía pensar en qué quería clavarme en su interior de una buena vez.

Lo escuché reír en voz baja, por lo que no pude evitar mirar directamente a sus ojos; Levi tenía ese par de orbes verdes brillando de manera perversa, mientras sus labios se curvaban en una sonrisa traviesa. Un mohín de confusión surcó por mi rostro ante esa mirada que me dedicaba, pero entendí el por qué cuando él movió sensualmente su cadera. Su trasero se restregó contra mi dura erección casi al instante. Eso me llevó a soltar un jadeo que no pude reprimir a tiempo.

Rivaille sonrió de nueva cuenta por mi reacción.

Quizá era por el alcohol que aún seguía invadiendo todo mi cuerpo, o porque no había tenido sexo en casi tres semanas —ahora entendía el por qué Armin me dejó en abstinencia—, pero esos simples roces se sentían como el bendito paraíso. Así que, queriendo sentir un poco más de ese pedazo de cielo, lo tomé por la cintura, para mantenerlo en su lugar, y embestí con fuerza. Rivaille gimió ante la sensación para luego volver a restregar su cuerpo contra el mío.

Jadeé, aquello se sentía demasiado bien.

—Riv... Estás jugando sucio —siseé, mientras él seguía moviéndose, pero esta vez —y con el afán de torturarme más— se encargó de dejar un camino de húmedos besos por todo mi cuello, concentrándose en mi nuez de Adán. Acto seguido, y sin que yo lo esperara, él succionó mi piel con fuerza, para dejar una marca ahí. Gemí de manera incontrolable mientras apretaba mi agarre en su cuerpo y temblaba por el hormigueo que se acrecentó en mi vientre.

Lo sentí dibujar una sonrisa malévola contra mi piel. Rivaille sabía lo que provocaba en mí y le gustaba. Él disfrutaba de tenerme a su completa merced. En respuesta a eso, y para hacerle saber que no llevaría todo él control esa noche, levanté las caderas otra vez. Mi pene se restregó entre sus nalgas, haciendo que se detuviera para jadear sobre mis labios.

Mentiría si dijese que no disfrutaba de todos esos sensuales sonidos que escapaban de su boca.

Alentado por querer escucharlo gemir con más fuerza, llevé mi mano hasta el bulto que marcaba su ropa interior —ni siquiera sabía en qué momento había desaparecido el resto de la ropa—. Levi estaba tan excitado que incluso podía sentir lo mojada que se encontraba la tela por todo el líquido pre-seminal. Entonces, al mismo tiempo que presionaba su erección, aún sobre la ropa, embestí de nueva cuenta. Casi al instante Rivaille tiró la cabeza hacia atrás mientras soltaba un gemido más escandaloso y enterraba las uñas en mi piel.

Aproveché que la carne de su cuello quedaba a mi total alcance para pasar mi lengua por toda esa zona, dejándola empapada de saliva. Rivaille tembló ligeramente entre mis brazos. No me detuve, sin embargo. En cambio, seguí bajando, delineando cada parte de la deliciosa piel que se cruzaba por mi camino con la punta de mi lengua, hasta llegar a sus tetillas. Y, sin poder evitarlo, capturé uno de esos pequeños y duros botones entre mis dientes.

—¡Ngh! ¡E-Eren! —jadeó, enterrando con más fuerza sus uñas en mi piel. No me quejé, porque esa sensación de dolor tan sólo lograba excitarme más.

Sí, quizá era un poco demasiado masoquista.

Chupé con fuerza su tetilla para luego repasar la punta de mi lengua sobre ella. Levi convulsionó nuevamente por lo placentero que le pareció aquello. Sin perder detalle alguno de la manera en que su expresión se deformaba ante el millón de emociones que le corrían por la espalda, inmiscuí mi mano libremente bajo su ropa interior.

Él gimió con desesperación cuando, al mismo tiempo que volvía a morder su tetilla, mi mano capturó su palpitante pene. Estaba totalmente duro, demasiado húmedo. Comencé un movimiento brusco casi al instante; subiendo y bajando mi mano con rapidez por toda su dura extensión.

—Hah... ¡Ngh...! —gimió, casi de manera morbosa, al mismo tiempo que comenzaba a mover las caderas acoplándose al ritmo salvaje que llevaba en su pene.

Mi otra mano, mientras tanto, se arrastró hasta su espalda, bajando centímetro a centímetro para meterse bajo el bóxer. Sus gemidos se hicieron más pesados cuando yo recorrí con mi dedo índice la línea que separaba sus nalgas.

Sonreí con autosuficiencia cuando lo sentí moverse contra mi dedo; restregándose en busca de más. Entonces moví más rápido la mano contra su pene. Levi quiso gritar, pero ahogué su voz cuando choqué mis labios repentinamente contra los suyos. Mi lengua volvió a meterse en su boca mientras dos de mis dedos se introducían en su apretado culo. Lo escuché gemir en pleno beso al mismo tiempo que su rostro se contraía por el dolor que le atravesó por el cuerpo.

Había sido un poco bruto y salvaje por no usar lubricante o algo así. Pero en ese momento no podía pensar con claridad. No cuando mis instintos más bajos se habían apoderado de mí.

—¡Ah! ¡Mal-maldito bastar...do! Ngh... Hijo de... puta —gruñó, adolorido, jalando con fuerza mi pelo, mientras yo movía en tijera los dedos que tenía en su interior, y seguía con el vaivén en su erección.

—Pero acepta que te gusta lo rudo, Riv —susurré, contra sus labios, metiendo un tercer dedo en su ano.

No podía esperar. Quería hundirme en su interior de una vez.

Estaba seguro de que él iba a soltar algún comentario agrio, aunque no pude confirmarlo, porque justo cuando Levi abrió la boca para hablar, encontré su punto; ese que le hacía gemir con desesperación. Sonreí de medio lado mientras jugueteaba con su próstata a consciencia. Quería sentirlo retorciéndose entre mis brazos, rogando por más.

—Ah, es aquí, ¿verdad? —inquirí, pasando mi lengua sobre sus labios.

—Sí, sí, carajo —jadeó, perdiendo la compostura—. ¡Oh! ¡Hah...! Mierda, si-sigue ahí.

¿Quién era yo para negarle su petición? Así que continué así, torturando su próstata y masturbándolo, por unos momentos más, hasta que Rivaille no lo soportó más. Soltó un gemido largo y su espalda se arqueó otra vez, mientras manchaba mi mano con su esperma caliente y su interior apresaba mis dedos de manera magistral.

La sola sensación de aquello me hizo estremecer. Imaginar que era mi pene lo que apretaba de esa manera me llevó casi al borde de la locura.

—Joder —gruñó, contra mis labios, con la respiración agitada. Sin embargo, lo sentí temblar cuando saqué mis dedos de su culo—. Quiero tenerte dentro de una puta vez.

Me reí ante la desesperación que enmarcaba su voz. Aunque no pude hacerlo durante mucho tiempo más porque él había vuelto a besarme. Nuestras lenguas se encontraron de nuevo; la saliva se mezcló y escurrió casi de manera indebida por la comisura de sus labios.

—¿Pues qué esperas? —susurré, al terminar el contacto, llevando mis labios hasta su oído, para luego lamer su lóbulo izquierdo. Él se estremeció ante mi cálido aliento—. Quiero ver como te deslizas sobre mi polla, Levi.

Supe, en ese preciso momento, que le gustaba el lenguaje sucio durante el sexo. Fue sólo cuestión de ver la manera pícara y excitada en que sus ojos brillaban mientras una sonrisa de lo más coqueta se extendía por todo su rostro.

Levi, sin poder esperar más, llevó sus manos hasta mi pantalón y, sin titubear siquiera, abrió el botón. Mi erección dura, palpitante y totalmente húmeda, se mostró ante él cuando me hizo deshacerme de la estorbosa ropa. Levi se mordió el labio inferior. Estaba disfrutando de la vista.

No era un presumido, pero estaba realmente orgulloso del tamaño de mi hombría.

—Oh, nada mal, Eren —dijo, en tono juguetón, para luego chupar la piel de mi barbilla—. De verdad eres todo un Titán, ¿eh?

Encogí los hombros mientras asomaba una sonrisa en mi rostro.

—Y déjame decirte que mi Titán puede hacerte sentir muy bien, Riv.

Entonces, tras mis palabras, Levi soltó un bufido juguetón mientras levantaba un poco su cuerpo, lo suficiente como para poder deslizar fuera la ropa que aún nos separaba. Cuando lo hizo, su piel desnuda chocó con la mía mandando un placentero escalofrío por toda mi espina dorsal.

Y, por supuesto, él lo notó.

Muy despacio, con toda la intención de torturarme, Levi restregó la punta mojada de mi polla entre sus nalgas, rozando su agujero, embarrando mi líquido preseminal ahí, pero sin ir más allá. Siseé completamente perdido en la sensación al mismo tiempo que empujaba la cadera hacia arriba, queriendo entrar de una vez en él. Sin embargo, Rivaille no me lo permitió. En cambio, jaló mi pelo con fuerza haciendo que echara la cabeza hacia atrás de un tirón. Gruñí entre adolorido y molesto, pero eso no le importó. Dejó un beso sobre mi mentón para luego pasar su lengua por toda esa zona.

—¿Lo quieres ya, Eren? —preguntó, con la voz ronca debido a la excitación, mientras volvía a deslizar mi pene sobre su agujero—. Dime, ¿quieres enterrar tu polla dura en mi estrecho ano?

Sentí un maravilloso cosquilleo en todo mi pene al escucharlo. Y es que tenía razón; deseaba estar enterrado en él, hacerlo gritar y retorcerse del placer.

—Sí, demonios, sí —siseé, levantando la cadera otra vez. Nuevamente, Levi huyó de mí. Gruñí ante su lejanía. Era un verdadero hijo de puta por torturarme así—. Quiero follarte de una vez, Levi. Déjame hacerlo. Déjame llenarte hasta el fondo con mi verga.

Eso fue lo único que necesitó. Sin decir nada más, se dejó caer sobre mi hinchada polla; penetrándose. Apreté la piel de su cintura con fuerza y gemí de manera incontrolable al sentir como las paredes de su ardiente ano me recibían sin poner mayor resistencia. Inclusive tuve que hacer mi mayor esfuerzo para no correrme en ese preciso momento. Levi, en cambio, tembló sin control al mismo tiempo que jadeaba.

—Mi-mierda... ¡Ngh! —lo escuché murmurar, perdido en el placer—. E-estás tan... Grande. ¡Mmm!

Sé que debí quedarme quieto; esperar a que Levi se acostumbrara a la intromisión, pero no pude hacerlo. No cuando escuchaba sus seductores gemidos en mi oído. Así que, sin pensarlo demasiado, embestí con fuerza.

Levi mordió su labio inferior y jadeó.

—Riv... estás demasiado estrecho... ¡Ah! —gemí, antes de volver a empujar mis caderas contra él.

Fue entonces cuando él abrió la boca y dejó escapar y gemido profundo, que resonó en las paredes de mi habitación. Y, joder, como me gustó ese sonido, tanto así que moví de nueva cuenta mi cuerpo, tan sólo para escucharlo gemir otra vez. Sus uñas se volvieron a enterrar en la piel de mi espalda, donde seguramente quedaría una marca. Aunque no me importó demasiado.

No pasó demasiado tiempo para que él comenzara a moverse también en busca de más placer. Colocó sus temblorosas manos en mis hombros y levantó su cadera con una lentitud tremenda. Mi miembro se deslizó fuera de su ano despacio, hasta el punto en que sólo la punta quedó dentro.

Entonces, mientras una sonrisa se formaba en su rostro al notar como mi gesto se torcía debido al placer, se dejó caer de nuevo.

Un estremecimiento involuntario me recorrió el cuerpo cuando me encontré en su cálido interior de nuevo. Levi ronroneó y volvió a repetir el movimiento en busca de más placer. Ahogué un jadeo para luego sujetarlo con fuerza por la cadera, importándome poco si lo lastimaba, para ayudarlo con el vaivén. Entonces, cuando él dejaba caer su cuerpo, yo levantaba la cadera; hundiéndome aún más profundo.

El sonido de su carne chocando contra la mía se me antojó de lo más morboso. Alentado por eso, y perdido totalmente en el placer, lo hice moverse más rápido. El vaivén se volvió acelerado, así como también nuestras respiraciones se agitaron. Los gemidos y jadeos que ambos dejábamos escapar pronto llevaron toda la habitación.

El calor aumentó. Los besos comenzaron de nuevo. Las lenguas juntándose; enredándose, teniendo una guerra sin cuartel. Mis juguetonas manos viajaron hasta su trasero para separar sus nalgas, permitiéndome entrar y salir más fácilmente.

Rivaille jadeó mientras mordisqueaba mi labio inferior.

—¡Oh...! ¡Ah...! ¡Sí, sí! Jus-justo ahí. ¡Demonios, sí! —chilló, de pronto, cuando la punta de mi pene pegó de lleno contra su próstata. Sus brazos se enredaron tras mi cuello al mismo tiempo que yo soltaba un gemido ronco de puro placer.

—¡Ngh! Joder, Riv. Te si-sientes tan... fantástico —dije, atontado, mientras mi dedo índice recorría su pene, que se había puesto duro otra vez.

Nuevamente lo sentí temblar. Él estaba cerca, no le faltaba mucho. A mí tampoco. A ese paso ambos terminaríamos pronto.

Sus paredes internas se estrechaban cada vez más a mi alrededor cuando yo embestía sin control, dando certeramente contra su próstata. Mi polla quedaba deliciosamente apretada en su culo, llevándome más allá de la locura.

Y entonces, no lo soporté más.

Temblé ante el cúmulo de sensaciones que se formaron en mi vientre y, con un gemido más fuerte que los anteriores, llegué al orgasmo mientras mordía la piel de su hombro. Empujé sus caderas hacia abajo para poder liberar todo chorro de mi espesa y abundante semilla en su interior. Levi convulsionó ante la sensación que le disparó su éxtasis al momento. Soltó un grito de placer al mismo tiempo que eyaculaba entre nuestros cuerpos.

Sin poder seguir manteniéndome en esa posición, y aún temblando por haber alcanzado el Nirvana de esa manera, dejé caer mi cuerpo en el colchón. Mi respiración estaba acelerada, mi corazón golpeaba con fuerza contra mi pecho, ese había sido el mejor orgasmo de toda mi vida.

Rivaille se quedó sobre mí durante unos minutos más, disfrutando de todas las sensaciones que le corrían en ese momento. Luego de unos momentos, cuando logró tranquilizar su respiración, se levantó despacio. Mi flácido pene se arrastró fuera de su interior con lentitud. Entonces, luego de eso, el semen que había dejado dentro de él empezó a escurrir desde su ano hasta sus muslos de manera descarada. Aguanté la respiración sin darme cuenta. Esa imagen nunca me pareció tan sensual como en ese momento.

Nos miramos a los ojos, y hubo silencio después de eso. Porque caímos en cuenta de lo qué había pasado. Ninguno de los dos habló. No sabíamos que decir, o como actuar. Lentamente, y aún con su cuerpo temblando, Levi se sentó a mi lado todavía sin decir nada. Lo único qué podía escuchar era su agitada respiración. Tampoco volvió a dirigir sus orbes hacia mí; sus ojos se perdieron en algún lugar vacío de la pared, era como si tuviera miedo de mirarme.

Las hormigas en mi estómago aparecieron de nueva cuenta. Se movieron de un lado a otro sin cesar cuando supe que aquello había sido un error; algo que habíamos hecho porque estábamos confundidos.

Algo que sucedió por mera soledad. Por que ambos estábamos tan rotos por dentro que esa había sido como una manera de consolarnos el uno al otro.

Y, sin embargo, lo había disfrutado como nunca.

El silencio permaneció en mi habitación durante varios minutos más. El ambiente se volvió pesado, la incomodidad se podía tocar con la punta de los dedos, incluso.

Me llevé una mano al rostro para cubrir mis ojos. No quería que Levi viera mi sentir a través de ellos. Él me conocía tan bien que podía hacer eso. Tragué saliva con dificultad porque me sentía patético, acababa de tener una buena ronda de sexo y, en ese momento, tan sólo sentía unas horrendas ganas de llorar.

Estaba confundido; herido.

La persona que amaba me había dejado de una manera cruel. Todavía podía escuchar sus palabras perforarme los oídos.

«Lo siento, Eren. Pe-pero creo que... nuestra relación ya no va bien»

Y empecé a reír. Reí por que estaba ebrio aún. Por que no sabía qué más hacer; por que no quería llorar. Por que Armin mentía. Porque ni siquiera teníamos problemas. Porque nuestra relación iba perfecta.

«Por eso... Lo siento, pero... creo qué... Lo me-mejor es que terminemos ya»

—Eren... —escuché la voz de Levi. Sus palabras temblaban. Se oía mal, como si él también estuviera sintiendo lo mismo que yo. Sin embargo, no lo miré porque terminaría por quebrarme frente a él—. Eren, mírame.

Negué con la cabeza. Mi amigo suspiró con pesadez.

—¿Por qué crees que nos haya pasado esta mierda, Riv? —pregunté, todavía sin mirarlo.

Pero Levi no respondió sólo sentí movimiento a mi lado. Lo que me hizo suponer qué él se había revuelto incómodo en su lugar.

—¿Sabes lo roto qué me siento por dentro?

—Lo sé.

—Lo amo, Riv —susurré, con una sonrisa temblorosa que demostraba todo el dolor que sentía—. Y me duele tanto... siento que mi corazón está totalmente quebrado, capitán.

—Lo sé, Titán. Sé cómo te sientes.

No era justo, y lo sabía. No era para nada justo que estuviera desahogándome con Levi, cuando él estaba pasando por la misma situación. Cuando él estaba, quizá más, herido que yo. Pero no podía evitarlo, mi boca seguía soltando palabras sin que pudiera pararla. No obstante, Rivaille tampoco hizo nada para callarme. Sólo se quedó ahí, en silencio, escuchándome, mientras perdia sus dedos en mi pelo castaño, acariciando con lentitud mi cabeza. Era cómo si, con esa simple acción, él estuviese diciéndome «estoy contigo, no te dejaré solo».

Y no aguanté más.

Me puse a llorar ahí mismo, las cálidas lágrimas bajaban desde mis ojos hasta mis mejillas sin darme tregua alguna, mientras escuchaba la voz de Levi repetir en mi oído: «está bien, Eren. Estaremos bien. Todo estará bien, lo prometo»

(...)

—Lo siento. Por todo lo de anoche, perdón.

Fue lo primero que mencioné a la mañana siguiente cuando encontré a Levi en la cocina. Él, que había estado meneándose de un lado a otro; mirando la sartén, donde un par de tocinos se freían, mientras cortaba un par de naranjas a la mitad para preparar un poco de jugo, dejó de hacerlo para dirigir sus ojos directamente a mí.

Su mirada no me mandó más que una sensación de tranquilidad que se regó por todo mi interior. Por que en sus orbes no había miedo, rencor, nerviosismo; ni ningún otro sentimiento qué demostrara que nuestra amistad había terminado por habernos acostado la noche anterior. Y realmente me alegré por eso. No quería perder a Rivaille; mi mejor amigo. Él era la única persona que realmente me comprendía.

Le escuché soltar un suspiro al mismo tiempo que bajaba la flama de la estufa y ponía el cuchillo sobre la mesa.

—¿Te arrepientes de lo qué sucedió? —preguntó, sin más, al mismo tiempo que limpiaba sus manos con una servilleta.

Torcí un poco el gesto mientras jugueteaba con mis dedos. Quizá el habernos acostado había sido un error, pero no me arrepentía.

—No, no me arrepiento de haber tenido sexo contigo, Riv.

Levi hizo un ademán para restarle importancia al asunto.

—Entonces no te disculpes, idiota —respondió—. Porque yo tampoco me arrepiento, Eren. Tal vez hacerlo en ese momento no estuvo bien, pero qué mierda importa —encogió los hombros antes de darse vuelta para mirar que el tocino no se quemara—; lo necesitábamos.

Sonreí un poquito ante su respuesta. Él tenía razón. Levi siempre la tenía.

—Sí, tienes razón —murmuré, mientras me acercaba a él, tan sólo para robar una tostada recién hecha. Levi me miro indignado, aunque luego golpeó mi hombro de manera juguetona—. Aunque sí quiero que me disculpes por tenerte toda la noche escuchando mis lamentos. Creo qué ni te dejé dormir, perdón.

Rivaille suspiró cansado una vez más mientras sacaba el tocino de la sartén y ponía los trozos sobre un plato. El olor me hizo babear, estaba realmente hambriento.

—Ya déjalo, Eren. No tienes que disculparte por todo. Somos amigos, ¿no?

Asentí, llevándome la mano a la nuca para rascar esa zona, levemente nervioso.

—Sí, pero a veces siento que me aprovecho de ti, Riv. ¡Incluso limpiaste toda la sala!

Levi encogió los hombros de nuevo para luego poner los platos con el desayuno sobre la mesa. Pero, una vez que volteó para encararme, pude percibir esa sonrisa malévola en su rostro. Temblé sin darme cuenta, Levi estaba planeando algo malo.

—No me importa mientras te aproveches de mí en la cama también.

Y no pude responder, sólo me quedé ahí parado con la boca abierta, cual vil pendejo. A mi adolorido cerebro —porque tenía una puta resaca— le costó trabajo comprender sus palabras a la primera. Pero cuando lo hice, no pude más que mirarlo sorprendido.

—¿E-eso... Quiere decir qué seguiremos siendo amigos con derechos? —pregunté, o más bien, tartamudeé.

—Sí —respondió, como si fuera muy obvia su respuesta—. No sé tú, pero yo disfruté lo de anoche.

Y no pude evitar sonreír por su respuesta. Levi también lo hizo cuando notó el brillo coqueto que se apoderó de mis ojos verdes.

(...)

—Oye, ¿ya has pensado en decirle a Mikasa? —preguntó Levi, una vez que nos habíamos sentado para desayunar.

Su pregunta me tomó tan desprevenido qué detuve la taza de café que se dirigía a mi boca. Parpadeé un par de veces antes de abrir los ojos, totalmente espantado, y me congelaba en mi lugar. No había ni tenido la mínima oportunidad para pensar en eso. Mikasa —mi amiga de infancia, y hermana mayor de Levi— no iba a reaccionar muy bien, eso era seguro.

Mikasa tenía una afición —no muy sana, por cierto— conmigo. Por alguna razón, ella siempre se había mostrado bastante protectora conmigo; casi nunca me dejaba solo, todo el tiempo se la pasaba pegada a mí. Y cuando me pasaba alguna cosa mala, ella era la primera —la segunda, en realidad. Levi estaba primero. Pero nunca se lo había comentado a Mikasa para no herir sus sentimientos— en enterarse, corría preocupada para ver que todo estuviera bien.

—Diablos —susurré, con miedo. Hacerme la sola idea de cual sería la reacción de Mikasa me hacía temblar—. La bomba explotará y correrá sangre, Riv.

—Ajá, pero no la nuestra —respondió, mientras me señalaba con el tenedor y leía el periódico que descansaba sobre la mesa—. Si no la de Armin.

—Y la de Erwin, también.

Levi resopló en tono juguetón al mismo tiempo que regresaba sus ojos verdes a mí. Tenía esa clase de mirada que decía: ''estamos hablando de Mikasa, pequeña mierda. Ella me detesta''.

—Vamos, tú y yo sabemos que ella no te detesta; te quiere, a su manera, pero lo hace.

Rivaille abrió la boca para soltar algún comentario irónico, sin embargo se vio interrumpido cuando la puerta de mi departamento se abrió de golpe. Mi amigo y yo saltamos del susto sin poder evitarlo mientras mirábamos hacia la entrada.

Mikasa Ackerman había entrado cual remolino tirando todo a su paso —internamente agradecí no tener nada de demasiado valor cerca—, su ceño estaba todo fruncido y sus ojos destilaban una furia mal contenida a punto de derramarse sobre nosotros. Tras ella había entrado Isabel, quién se notaba muy confundida, la interrogante estaba escrita en su rostro; como si no supiera lo qué sucedía. Temblé en mi lugar cuando los orbes azules de Mikasa apuntaron directo a mí.

Aguanté las ganas de respirar cuando quise salir corriendo porque lo supe en ese pequeño segundo.

La noticia había llegado ya hasta sus oídos.

Y la bomba Ackerman estaba a punto de explotar.


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Continuará...

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N/A: ¡Hola de nuevo! XD tengo una pregunta, ¿les gustaría qué hubiera un Levi POV para conocer su lado de la historia? OwO. Ah, y sobre si Erwin y Armin terminarán juntos... Es un secreto (?) XD. Jajajaja e_é

En fin, ¡Muchas gracias por leer!, ahora recen para que el siguiente capítulo esté terminado igual de rápido que éste XD.

¡Nos vemos en el próximo capítulo! \OwO/

Pasen buen día.

Lyne Diamond*


¿Review? *-*