Aquí os dejo otro trocito de lo que ella ha escrito... ¡Espero que lo disfrutéis mucho!


Katie levantó la vista, paralizada. Era obvio, por su rostro incoloro y atónito, que de ninguna manera esperaba aquello.

-Eso no puede ser verdad –Murmuró ella.- Cass… Él no puede estar muerto. No puede ser.

Dean bajó los ojos, sintiendo un gran cansancio.

-Bueno, pues lo está. Yo mismo le vi ahogarse. -Katie se quedó callada.- De todas formas, ¿de qué lo conocías? –Preguntó Dean, después de darle un segundo para asimilarlo.

Ella no respondió, solo de puso de pie y comenzó a vestirse. Dean se cubrió los ojos, sorprendido, cuando ella se quitó sin ceremonias la bata del hospital, quedándose únicamente en ropa interior.

-¿Qué…?

-No puedo seguir aquí. –Se justificó, abrochándose los pantalones y embutiéndose su camiseta.- No tengo DNI, ¿recuerdas? – Qué excusa tan patética, pensó Dean.

Ella se quitó con brusquedad el vendaje de su cabeza, y lanzó el tejido sangriento a la cama. Dean abrió la boca para protestar, obligarla a echarse y descansar, cuando notó que la herida ya no estaba. Ni rastro de ella; ni puntos, ni cicatriz; sólo una línea seca de sangre donde la bala una vez estuvo.

-La herida… -Comenzó.- ¿Dónde está?

Katie terminó de ajustarse el cinturón a la cintura y ya estaba lista para marcharse. No parecía estar deseando responder ninguna de sus preguntas. Dean bloqueó su salida, harto de ser tratado como un crío.

-Te he hecho una pregunta –Le recordó. Ella levantó la mirada, furiosa.

-Tenía la sangre de Cass. Imagino que aún no lo habéis averiguado, pero la sangre de ángel cura cualquier herida. Si eres humano, claro.

Dean superó rápidamente la impresión y almacenó el impagable retazo de información.

-Bebiste la sangre de Cass. ¿Cómo la conseguiste?

Katie intentó llegar a la puerta, y, nuevamente, la encontró bloqueada por Dean.

-Por favor, deja que me vaya. Tengo que encontrar a Cass. Él es el único que puede ayudarme a volver.

-¿Volver dónde? – Interrogó él. Ella suspiró, pareciendo agotada, como si fuera un adulto forzado a detenerse para explicarle la situación a un niño testarudo.

-Al futuro –Confesó finalmente. – Soy del 2034, y volví al 2012 para llevar a cabo una misión que los ángeles me encomendaron. – Explicó.

Dean se la quedó mirando, no muy seguro de cuál tendría que ser su reacción. Ni siquiera estaba seguro de si le creía.

-Ningún ángel me conoce en este tiempo. –Continuó la muchacha.- Pero Cass me reconocerá, incluso ahora, cuando ni siquiera he nacido.

Dean parpadeó.

-Katie, te he dicho que está muerto. No puede ayudarte porque ha dejado de existir. ¿Pillas esa parte?

Ella puso los ojos en blanco, volviendo a sentarse en la cama. Parecía haber asumido que no dejaría la habitación antes de que Dean la dejara.

-¿No lo entiendes, Dean? No puede estar muerto en el 2012, porque si lo estuviera, yo nunca le habría conocido. Nunca me habría enviado aquí. Es físicamente imposible.

Dean parpadeó nuevamente, demasiado confundido para reaccionar. Había manejado las cosas más raras habidas y por haber, pero, ¿esto? Esto, simplemente, era demasiado. Sabía por experiencia propia que jugar con el tiempo no era la más inteligente de las ideas.

-Vale –dijo. - Así que, ¿cuál era la misión que tenías? A lo mejor… No sé… podríamos ayudarte.

Katie alzó una ceja, divertida.

-No hace falta –Replicó.-Ya la he hecho. –La chica se puso de pie y se le acercó.- Mi misión era salvar a Bobby. No estaba destinado a morir, ni aquí, ni de esta forma.

-Ah.- fue todo lo que Dean pudo decir.

-¿Me dejarás marcharme ahora? –dijo Katie.

Dean no se movió, y ella se lo tomó como un sí. Cuando estaba en el pasillo, ya dirigiéndose a la salida, Dean se apresuró fuera de la habitación y la siguió.

-Espera. –La sujetó del brazo, y ella se lo sacudió de encima, aunque se paró para escucharlo.- No tienes ningún sitio al que ir, ni ninguna pista para empezar a buscar a Cass. ¿Por qué no te quedas con nosotros? -La cazadora pelirroja frunció el ceño. Parecía estárselo pensando.- Sam y yo podríamos ayudarte a encontrar una forma de volver a tu tiempo.

-Creía que el 2012 había sido un año particularmente difícil para los hermanos Winchester, con Leviatanes y todo. –Dijo Katie.- ¿Tendréis tiempo de ocuparos de una viajera del tiempo?

Dean no había reparado en ello. Ayudar a Katie podría llevar algo de tiempo, eso era verdad. Con Cass muerto, Katie no tenía manera de volver, y conseguir la ayuda de los ángeles era una tarea casi imposible, después de lo que había pasado con el Apocalipsis.

El cielo les odiaba, y también lo hacían todas las criaturas sobrenaturales que pudieran tener alguna idea sobre viajes temporales.

Pero la chica pelirroja había salvado la vida de Bobby, arriesgando la suya. Se lo debían.

Y Dean sentía la urgencia de protegerla, de sacarla de este mundo reinado por Leviatanes en el que vivían.

-Lo tendremos. –Replicó finalmente.- Incluso podrías echarnos una mano si quieres.

Katie le dedicó una media sonrisa.

-Una viajera del tiempo, ¿eh? –dijo Bobby. Sacudía su vaso de whiskey, provocando que las piedras de hielo tintinearan.

Los cuatro cazadores estaban de vuelta en la casa de Bobby. El mayor estaba totalmente sano después de la intervención de Katie, y también lo estaba la muchacha. No había razón, a pesar de lo que el impresionado doctor Jackson pudiera haber dicho, para quedarse en el hospital.

Katie había explicado la situación a Sam y Bobby, que estaban tan sorprendidos como lo había estado Dean.

-En fin, te lo agradezco de nuevo, Katie –Declaró Bobby, que se sentía exultante por haber recibido esta segunda oportunidad.- Habría muerto si no hubieras estado allí.

-Lo habrías hecho. –Confirmó ella.- Lo hiciste, en mi realidad. No era tu destino, así que los ángeles decidieron arreglarlo enviándome a mí.

-Lo que no entiendo… -Interrumpió Sam; no había abierto la boca desde que Katie y Dean habían comenzado la explicación.-… es… En fin, Katie, vienes del futuro, ¿sólo para salvar a un hombre? ¿No podían hacerlo los ángeles por sí mismos? ¿Y por qué tú? ¿Por qué no otro cazador?

Ella no parecía disgustada por la pregunta. Tomó un sorbo de su vaso de whiskey antes de responder.

-El hombre no tenía que morir. Hace falta. Su muerte… bueno, digamos que causa un futuro que no querríais ver. Aun así, los ángeles no se molestan en hacer estas cosas ellos mismos. Nos mandan a los cazadores en su lugar. –Katie se encogió de hombros.

-Así que, en el futuro, ¿los cazadores somos las putitas de los ángeles? –Preguntó Dean, horrorizado.

Katie puso los ojos en blanco.

-No, Dean. Esto se llama 'favor', ¿de acuerdo? Es lo que los aliados hacen unos por otros.

-Vale –Dijo Sam.- Pero, otra vez, ¿por qué tú? ¿Por qué no otro cazador?

-¿Es que no estás contento con mi presencia? Hieres mis sentimientos, Sam –Dijo Katie. Sam movió las manos en un gesto que pretendía restarle importancia a sus palabras.- Cuando tienes que arreglar algo relativo al pasado –Explicó ella-, intentan hacerlo a través de gente cercana al afectado. De esa manera, el daño es minimizado.

Ella se detuvo, incómoda con el camino que estaba tomando la conversación.

-Entonces –La animó Dean. – ¿De qué forma eres cercana a Bobby?

Katie respiró hondo y se encontró con su mirada.

-Mi padre. También era cazador. Bobby era un buen amigo suyo, antes de que se marchara. Yo era la última cazadora que quedaba que tenía algún tipo de relación con Bobby. –Ella bajó la mirada, recordando, a lo mejor, y se volvió para mirar a Bobby, sonriendo con cierto afecto.- Él me mostró fotos de ti. Dijo que eras un cazador excelente, el mejor de todos. E incluso mejor persona.

Los ojos de Bobby estaban abiertos como platos. Obviamente no estaba acostumbrado a recibir tantos cumplidos.

-En ese caso, creo que tu padre no me conocía tanto. ¿Quién es, por cierto?

Katie sonrió y tiró el resto de hielo en su vaso a la chimenea, provocando una lluvia de chispas brillantes.

-Un hijo de puta del que no quiero hablar –Respondió.

-Eso no es una respuesta –Dijo Sam, levantando una ceja. Tenía el presentimiento de que algo allí no encajaba.

A Katie le hizo gracia el gesto.

-Dije que no quería hablar de ello. ¿Qué, vas a obligarme a hacerlo?

-No es eso –Dean intentó hacer que el ambiente volviera a calmarse.-. Es que necesitamos saberlo, Katie. Cualquier detalle podría resultar útil…

-Mira –Dijo ella, poniéndose de pie y dirigiéndose a la cocina.- No os debo nada. De hecho, os he salvado vuestros jodidos culos, joder.- Sacudió la cabeza, como si se diera cuenta de cuán estúpida estaba siendo.- Ni siquiera debería estar en la misma habitación con vosotros dos, los hermanos Winchester.-Escupió casi el nombre.- Si mi madre me viera…

Caminó hacia la puerta, como si pretendiera marcharse. Sam y Bobby se la quedaron mirando, no muy seguros de cómo reaccionar.

-¡Eh! –La frenó Dean, sujetándola por el brazo.- Espera un segundo. ¿A dónde vas? ¡Son las dos de la mañana!

Ella le miró a los ojos, y la mirada venenosa que le dedicó por sí sola hizo que Dean la soltara.

-¿Quieres que me quede? –Susurró entre los dientes, sin apartar la vista de los ojos verdes de Dean.

Él se sintió incómodo por el tono. Parecía querer decir más que lo obvio, casi como si lo estuviera probando.

Tonterías, se dijo. Ella le había planteado una pregunta, él la respondería.

-Claro. Aquí eres bienvenida. Ni Sam ni yo pretendíamos ofenderte.

Katie apartó los ojos del hermano mayor y los fijó en Sam.

-No voy a hablar del futuro. –Se dirigía también a Bobby y a Dean.- Ni una palabra. Sabéis cómo lo cambiaría todo. El efecto mariposa y toda esa mierda. Si intentáis hacerme hablar, me marcho. ¿Entendido?

Los cuatro se quedaron callados.

-Vale –Aceptó finalmente Sam.- Entonces no tengo ni puñetera idea de cómo ayudarte.- Se puso de pie y salió de la habitación, deteniéndose en el quicio de la puerta para añadir.- Me voy a la cama. Hablaremos mañana.

-Tengo noticias acerca de Dick y sus planes. –Dijo Bobby, que se puso también en movimiento, preparándolo todo para irse a dormir también.- Pero pueden esperar hasta mañana, una vez que hayamos tenido una charla con la almohada.