Disclamer: los personajes son de la fantástica Stephenie Meyer y la historia es completamente mía.
Capitulo 1
-Bella, en serio. Estoy mejor.
-Padre, me opongo a que viajes. Llevas dos años enfermo y no quiero que sufras una recaída- medio años antes de la fecha de su cumpleaños número quince su padre la había llevado a conocer Europa. Cayó enfermo cuando llegaron a Suecia. Comenzó con un fuerte resfriado que se convirtió en neumonitis. Estuvo terminal, cuando llegó a la casa de sus abuelos, ellos los acogieron. Su abuela insistía en que era demasiado joven y en edad de presentación social. Ella negó estar de acuerdo con aquella tontería.
Se mantuvo día y noche al lado de su padre. Velando por su seguridad. Solo había salido de la casa para hacer las compras de cosas necesarias. Como nuevos vestidos y trajes, su cuerpo parecía haber cambiado en dos años. A los hombres les gustaba lo que veían en ella, sobre todo porque no parecía percatarse de que fuera una belleza envidiable en Suecia. Destacaba de las cabelleras rubias y ojos azules. Solo que ella estaba demasiado ocupada con su padre como para notarlo. Su madre había fallecido cuando tenía trece años y la extrañaba horrores, pero recordaba lo mejor de ella y sonreía cada vez que la pensaba.
-Vamos, cariño. No frunzas el ceño de esa manera. A tus dieciocho años el rostro va crear arrugas tempranas- la reprendió su abuela Marie.
-De acuerdo. Solo quedémonos un mes, solo un mes más para asegurar tu estabilidad. Por favor y luego podremos regresar a Londres. No es un mejor clima que este, allí hay mucha humedad...
-Es suficiente- impuso su padre desde la cama- Voy a concederte ese mes pero fuera de esta cama.
-Dentro de la casa- lo retó.
-Trato hecho- ambos sonrieron. Congeniaban de las mil maravillas, como siempre. Charlie se había encargado de instruir a su pequeña niña en el mundo intelectual. Detestaba ser partícipe de criar a una niña hueca y vacía, cazadora de fortunas algún día. Quería que ella peleara por un lugar en el mundo sabiamente y tomara sus propias decisiones. Como siempre lo había hecho, bajo su tutela y escudriñadora lupa.
Siempre se había sentido más apegada a su padre que a su madre, pero mantenía el equilibrio. Hasta que perdió a su madre y se volcó de lleno a su padre. Charlie era un hombre joven y fuerte, había superado la muerte de René y ahora que lo veía sano y salvo, quería que empezara una nueva vida.
Isabella se retiró al jardín, el paraíso en ese invierno eterno. Abrió su diario, el que llevaba escribiendo ocho años. Había descrito día a día lo que le iba pasando. Pero pensó que nunca se convertiría en una gran escritora, su padre le había dicho que buscara algo más creativo que escribir, eso le había servido de práctica pero ya era hora de empezar con algo de enserio. Podía hablar de centenares de temas que le disgustaban o agradaban, de los cuales estaba de acuerdo o no tanto. Sin embargo, no daba en la tecla con lo que era su esencia literaria, como solía llamarlo su padre.
Aun así, su vida había continuado. Ella se había hecho la idea de que nunca encontraría marido. Había hecho una leve aparición en sociedad el año pasado junto a su abuela y fue fatal. Los muchachos la invitaban a bailar, conversar, a varios picnic y ella los declinaba amablemente. Resultó ser desagradable y no entendía por qué querían tanto de ella. Su mente le decía que no se dejara engañar, solo querían ser amables y ella no quería la pena de nadie. Las historias que Jane Austen escribía, no eran para ella. Solo se limitaba a vivirlas mediante ellas.
Pero con el solo pensamiento de volver a Londres el corazón le brincaba de alegría. Quería ver a sus mejores amigos. Por lo que se había enterado, ahora serían familia. Emmett estaba comprometido con su prima Rosalie Hale, pero tal vez no se llegara al matrimonio. Su prima había ido a visitarla y ella no estaba. Había hablado con Alice y le había contado que se hicieron amigas de inmediato, la invitó a un baile que daría esa noche y sin muchos detalles fue liándose con su hermano. Estaba feliz por ellos. Le agradaba la pareja, aunque casi no recordaba a Rosalie. Habían sido muy buenas compañeras una vez, pero eso era tan lejano como quedaba Suiza de Londres.
Ahora, volviendo al motivo por el cual el corazón parecía salirse de su pecho era él. Suspiró cuando lo recordó. Le dolía el corazón al recordar lo desagradable que había sido la última vez que lo vio. En su boda. Los ojos le brillaban de alegría y su esposa era un encanto a la vista, había hablado con ella una vez pero la trató de niñita y la mandó a jugar con los demás niños. En cierta parte llevaba razón, tenía doce años, pero no era ninguna niña como para jugar. Aun así la ignoró y se fue. Había sido desdichada. Aun así nunca lo había visto demasiadas veces, él cada vez que la veía parecía darle lo mismo y pareció olvidar que le había prometido que jamás la llamaría por su nombre completo. Ella jamás olvidaba que debía llamarlo Edward, pero nunca le había dado la oportunidad de cruzar palabra con él.
-¿Añorando mi presencia?- ella sonrió y se giró. Casi corrió a los brazos de su amigo. Era el único amigo que tenía y ambos se confiaban cada detalle de sus vidas con locura. Había sido él quién la había salvado de la locura del primer baile, jamás lo olvidaría.
-Jasper- se soltó y se alejó, era inapropiado, ya no era una niña y él era un hombre. Jasper Withlock tan solo le llevaba dos años de diferencia, lo que lo hacía una situación incómoda. Pero a él parecía no importarle. Por un tiempo su padre temió que le pidiera su mano, no quería separarse de su pequeña pero el temor se le fue cuando supo que él estaba comprometido e Isabella era solo una amiga para él.
-¿Cómo has estado?- tomaron asiento en la banca del patio trasero y miraron el despejado cielo. El sol brillaba con intensidad pero apenas calentaba sus pieles abrigadas.
-Estupendamente, mi padre está mejorando- notó que había algo extraño en la mirada de su amigo- ¿Que te sucede, Jazz?- susurró.
-¿Te irás, Bella?- él era otra de las personas que tenía permitido llamarla así. Había recordado con tristeza que había una posibilidad de que si el padre de Isabella se recuperaba, regresarían a Londres. La consideraba su mejor amiga, casi su hermana y no quería alejarla. No cuando más la necesitaba a su lado. Su apoyo era incondicional y quería sentir esa aura de paz que lo rodeaba cuando ella estaba cerca. Su risa lo envolvía de manera agradable, todavía le parecía extraño no haberse podido fijar en ella. Aseguró, que lo había intentado. Pero entonces, María estaba en su camino.
-En un mes- dijo con tristeza, no quería decirle adiós a su único amigo, quién prácticamente era como un hermano para ella, le tomó la mano y sonrió, los ojos comenzaban a llenarse de lágrimas- Podrás ir a visitarme, por favor, no tiene porqué terminar aquí nuestra amistad- él asintió.
-No dejaré que nuestra amistad termine aquí- sonrió y miró a lo lejos. Su instinto femenino y de amiga le decía que allí había más.
-Jasper- él la miró y ella soltó su mano- ¿Todo está bien con María?- sus ojos hicieron conexión. Hacía tres semanas que estaban prometidos y aún no había fecha de casamiento. Jasper negó con la cabeza y ella ahogó un delicado grito de sorpresa. Parecían tan enamorados. Hacía dos años que él la seguía, estaba demasiado enamorado de ella y María parecía apenas saber quién era por más atractivo que fuera. Cuando heredó el dinero y las propiedades de su abuelo quedó enriquecido y eso lo hizo tan vistoso como un rubí a los ojos de María. Quien de pronto parecía locamente enamorada de él- Jazzy por favor, dime qué pasa.
-Está rara. Al principio no quise verlo, estaba encantado de que me dedicara su tiempo. Pero su insistente temperamento de que nos casemos es algo que no me trae buena espina. Creo estar enamorado pero...- le entregó un sobre y apartó la vista. Bella abrió apresuradamente y leyó con cautela. Levantó el rostro, no le sorprendía. María jamás le había caído bien- No se si es cierto, pero encaja con lo último que hemos estado viviendo...
-¿A que te refieres?- sus neuronas hicieron sinopsis y contuvo el aire ruidosamente. Él la miró- Jasper... ¿Has estado con ella?- él soltó el aire, totalmente abatido.
-Claro que no, Bella. ¿Cómo podría? Creo en la moral de la respetabilidad pero es tan insistente y cuando estuve a punto de sucumbir corrió al toalet a devolver todo lo que tenía en el estómago. No se que hacer...- se cubrió la cara con las manos y ella se acercó para tomarle las manos. Él la miró, estaba fatigado y adolorido. Sabía lo profundo que era su dolor, él en realidad sí amaba a María y en la carta claramente decía que estaba esperando el hijo de alguien más, que no se dejara engañar por las trampas de la fémina, era una arpía. El anónimo era una incógnita. Isabella pensó que tal vez era alguien que ya había caído en las trampas de María, pero no quiso decirlo para no empeorar el estado de su amigo.
-Preguntarle sería ofenderla, ella podría ponerse en contra de ti. Pero si sigue con sus insistencias... tendrás que considerar la carta del anónimo.
-¿Y qué hay del anónimo?
-Intentar averiguarlo te llevará semanas, que sería perder tiempo que necesitas para saber la verdad. Si ella sigue adelante con la boda, tendrás que ponerte a pensar en serio- él bufó molesto y se obligó a aceptar su realidad.
-Solo quiere casarse conmigo por mi dinero y atarme a un hijo que no es mío- Bella asintió, estaba de acuerdo. No quería preguntarle, pero ahora debería tomar una decisión- No puedo romper el compromiso. La amo, Bella- dijo sin mirarla- No puedo abandonarla por más desgraciada que sea...- era muy honorable de su parte.
-Eres un gran hombre, Jazz- ella sonrió- Cuentas conmigo...- él le sonrió y la miró a los ojos. Suspiró.
-¿Por qué no estoy enamorado de ti?- ella rió, se habían hecho esa broma muchas veces.
-Porque nacimos para ser amigos, el destino lo demostrará- se encogió de hombros.
-Si no fueras de otro hombre tal vez podría haberme fijado en ti- la sonrisa de Bella cayó en picada. El había bromeado, aunque sabía que su amiga era una belleza que las damas envidiaban y agradecían no tener que verla en cada festival, era un rival difícil de superar.
-Él ni siquiera se ha fijado en mí. Además está casado- ella se encogió de hombros, Jasper conocía cada detalle de ella y ella de él. Pero no entendía como era que aquel cegato no había reparado en alguien tan bella como Bella. Tanto interna como externamente.
-Es una pena, pero encontrarás a alguien más-
-Eso creo- sonrió- Ahora, ocupémonos de disfrutar de éste último mes juntos. Tenemos cosas por hacer- él rió, ella era una aventurera sin reparos, eso le agradaba de ella. La había rescatado de ese endemoniado baile que parecía haberla abrumado, pero en ese entonces era casi una niña inocente. Lo que escondía y que había descubierto a lo largo de dos años era que ella era un alma libre y tenía una belleza física que quedaba opacada cuando abría la boca. Su inteligencia era sorprendente y verbalmente era muy capaz de ganarle a cualquier hombre. Lo había hecho con él miles de veces, lo hacía con su padre y no le cabía duda de que la timidez no se apoderaría de ella cuando retara a alguien que la contradijera cuando tenía razón. Podía tener una lengua letal y era de espíritu provocador.
Caminaron por el parque a la luz de la siesta. Extrañaría a Bella, su mejor amiga. Como lo sería siempre. Le deseaba un buen futuro y que no fuera tan desdichada. Ella solía esconder su soledad tras una despampanante sonrisa, pero a él ya no lo engañaba, la conocía demasiado bien. Deseaba que regresara a Londres y le demostrara a ese imbécil cuánto se había equivocado, pero tampoco deseaba que saliera herida, era demasiado débil por más fuerte que se mostrara.
