Persecución.

—Hinata sama, hora de despertarse —se anunció una de las criadas de la casa Hyuuga— Hinata sama, hora de despertar —insistió nuevamente la criada sin obtener respuesta alguna.

—Hinata-sama, hora de despertar, ya es tarde… —llamó una última vez, nuevamente sin conseguir respuesta alguna. Extrañada ante el silencio de Hinata, la criada, lentamente desliza la puerta de su habitación asomándose dentro de esta. Pudo ver a Hinata en su cama, durmiendo apacible, no provocaba tocarla. Sin embargo tenia ordenes de despertarla. Se acercó sin hacer mucho ruido, posando su mano en el hombro de esta, sacudiéndola un poco y llamándola una última vez.

— Hinata-… ¿¡Huh!? —su sutil toque es suficiente para que el clon dejado por Hinata estallase, creando una cortina de humo y dejando un pergamino. Confundida, preocupada y aterrada, la criada tomó el pergamino abriéndolo en el acto, encontrando en este una sola palabra "Adios".

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Era pasado del medio día cuando Kiba finalmente regresó a Konoha, escurriéndose dentro de la aldea sin ser visto. Exhausto físicamente por el viaje, y mentalmente por la partida de Hinata; se adentra en su habitación encontrando el clon que había dejado intacto. Cancelando su técnica se dejó caer sobre su cama y Akamaru a su lado cuando escuchó la voz de su madre indicando la visita de su cómplice, Shino.

—Que entre… —refunfuño Kiba soñoliento sentándose. Shino entró, cerrando y asegurando la puerta detrás de él.

—¿Cómo salió todo? —cuestionó secante el Aburame. Kiba sacó de entre su bolso el protector que le había entregado Hinata, lanzándoselo a Shino como respuesta.

Shino guardó un momento de silencio al ver el protector de su querida compañera de equipo antes de devolvérselo a Kiba, quien ni siquiera se molestó en atraparlo, rebotando contra su pecho.— Entiendes que…

—¡Claro que lo entiendo! —interrumpió Kiba, eufórico y frustrado; aterrando a su compañero Akamaru— ¡No tienes que recordármelo, sé que la apoye y todo pero…!

—No lo demuestro como tu… Pero entiendo perfectamente tu frustración ―interrumpió Shino a su amigo con tono apagado, recostándose a la pared, añadiendo con el mismo tono—. Me guste admitirlo o no, siento que esta es lo mejor para Hinata…

Kiba saltó de su cama, arremetiendo contra Shino, sujetándolo por el cuello de su chaqueta— ¡¿Tienes la más mínima idea de lo que dices, sabes cómo van a catalogar a Hinata después de esto!?

—Desertora, traidora, se me ocurren varios nombres —respondió Shino inmutado ante las acciones de su compañero, aunque los insectos saliendo de su rostro y sus manos podrían indicar lo contrario—. Pero para el tipo de vida que llevaba Hinata, es preferible cargar con el peso de uno de esos títulos que el de "muñeca de vitrina" —las palabras de Shino hirieron en lo más profundo a Kiba, quien apretaba cada vez más sus puños y dientes, produciendo un horrible crujido. A la final se ve obligado a soltarlo, no podía refutarlo.

—Hinata no se dejara atrapar tan fácilmente, ten un poco de fe en ella —añadió Shino mientras se acomodaba su chaqueta y sus insectos regresan al interior de su cuerpo. Kiba, por otro lado; se sentó al lado de su compañero cabizbajo y deprimido— Además… —aquello llamó la atención del Inuzukua, quien por primera vez, vislumbra una media sonrisa dibujarse en el rostro de su compañero— Si la capturasen… La podemos ayudar a escapar de nuevo, ¿no es así? —

Una media sonrisa se en Kiba, quien no tarda en regresar a su habitual yo, escandalozo y desafiante— ¡Con un demonio, en eso tienes razón, mientras Hinata sea infeliz, no nos vamos a quedarnos de brazos cruzados!

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Aun que era de día, Hinata no perdió tiempo para moverse y buscar un refugió para descansar. Sabía muy bien que el orgullo de su clan y el conflicto que mantenía con Naruto no le permitiría actuar de inmediato, no sin recibir una horrible reprimenda y lastimar su dichoso orgullo que tanto ella detestaba. Espera como toda buen ninja la llegada de la noche para aprovechar la obscuridad y movilizarse sin ser vista.

La sensación de persecución resultaba extrañamente vigorizante. El no estar limitada a cuatro paredes, el sentir la adrenalina de recorriendo su cuerpo, la constante pregunta de si tendrá que luchar o no. Todas aquellas sensaciones que jamás había disfrutado, ahora se sentían asombrosas; casi como si se trátese de una droga. Con una inactividad forzada debido a la situación actual de su clan, el haberse escapado era igual a estar realizando una misión de rango S por sí sola, y extrañamente disfrutaba de ello.

Habían pasado un par de días desde que Hinata había abandonado Konoha, viajando sin rumbo fijo. Tenía tiempo sin consultar un mapa, sin siquiera preguntar dónde se encontraba, y no es que realmente le importase saber dónde se encontraba, cualquier otro sitio era mejor al encierro y cautiverio de su clan; pero este descuido la coloco en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

Era de noche en un camino montañoso, la luna apenas y brillaba por la cantidad de nubes en el cielo, con un fuerte ventaron. Hinata descansaba en un árbol cerca del camino principal cuando presencio un asesinato. Para un ninja, era bastante normal ver una escena así; sin embargo, se percató tarde que su tiempo de reacción fue muy lento (en cuanto ocultarse se refiere) y no fue hasta que sintió la mirada de uno de los asesinos a la distancia que se decidió moverse de su lugar.

Rápidamente activó su Byakugan para revisar de sus alrededores, solo para darse cuenta que detrás de ella se encontraban dos asesinos más que se acercaban a gran velocidad junto a los dos que se encontraban en el camino principal.

Sin escatimar palabras los ninjas detrás ella intentaron un ataque sorpresa, pero contra un Hyuuga esto no existe. Hinata se dejó caer esquivando los ataques a sus espaldas, mientras los otros dos justo defrente de ella lanzaron varios Kunais contra la Kunoichi. En medio del aire Hinata giró su cuerpo esquivando el ataque, y tan pronto tocó suelo se lanzó a correr atreves del bosque en la montaña.

—¡Tonta, cómo pudiste ser tan descuidada! —se reprochó dándose cuenta de cuan oxidada se encontraba. La oscuridad y la poca luz de luna se encontraban de su lado, el Byakugan le permitía ver con gran facilidad en la obscuridad y con suma claridad a sus atacantes, mientras que ellos probablemente tuviesen problemas para visualizarla. Aunque tenía cierta ventaja, enfrentarlos no era una opción.

Por la eficacia y rapidez en detectarla de esos ninjas fue asombrosa, era notable que eran de alto rango. Sin ningún tipo de información y sobre numerada, la única salida lógica para Hinata era perderlos.

Saliendo del bosque, Hinata pudo ver a la distancia lo que bien seria su salvación o caída, una gran tormenta de arena y un desierto. Sin darse cuenta había llegado a los límites del país de las arenas.

Hinata cae en terreno pedregoso, girándose rápidamente encontrando nada, no estaba siendo perseguida… Lo cual le resultó extraño, ¿Porque un grupo de asesinos dejarían de perseguir a un testigo? No tenía idea de cuan equivocada estaba.

El familiar zumbido del viento siendo cortado la alertó, moviéndose rápidamente de su posición esquivando varios Kunais y reanudando su carrera. Con su Byakugan es capaz de detectar los Kunais que se acercaban hacia ella. El problema era que estos nuevos tenían etiquetas explosivas. Y donde caían, detonaban.

Los escombros volando por los aires, junto a los Kunais y un grupo de ninjas tras ella, Hinata no tenía tiempo para intentar recuperar su aliento. Por más que intenta esquivarlos todos, uno de ellos se le escapa y cae justo detrás de ella, siendo alcanzada por la exposición de este.

Lanzada por los aires tras el impacto, caer al suelo no detiene su impulso, rodando varios metros terreno abajo antes de lograr sujetarse para recuperar su compostura. Su espalda y brazos les dolían, pero el daño en si no era tan grande como esperaba.

—¡Doton…! —escuchó a la distancia, de inmediato pudo sentir bajo sus pies cómo la montaña se estremecía, saliendo disparadas enormes y filosas del suelo para girarse en el aire apuntadas contra ella.

Siempre avanzando, Hinata sigue haciendo uso de su Byakugan esquivando roca tras roca. No tenia de otra, era adentrarse en la tormenta de arena, o morir a manos de esos ninjas. Hinata sacó un trozo de tela y lentes para clima pesado, sin detener su avance y esquivando los ataques distante de sus perseguidores.

—Por favor… que no me persigan dentro de la tormenta… —mustió Hinata mientras se coloca los lentes y se tapa su rostro. Lo peor de todo es que aunque su Byakugan debería permitirle navegar tranquilamente dentro de la tormenta, le era imposible ver atreves de las grandes nueves de polvo que se levantaban frente a ella, poniendo en evidencia una vez más la debilidad de su ser. No podría detectar a sus perseguidores dentro de esa terrible tormenta, y en caso de regresar, significaría caminar a sus verdugos.

Le gustase o no, su única opción real de supervivencia era encontrar refugio lo más pronto posible en ese desierto… Por más difícil que eso sonara. Armándose de fuerzas Hinata se adentró donde ni siquiera los habitantes de las arenas se atreven, una rabiosa tormenta en una noche gélida del desierto…

Editado 23/11/2015

Debido a que mi calidad a subido mucho gracias a los miembros del Foro de la Aldea oculta entre las Hojas, he acomodado este fic para hacerlo, MUCHO más legible y acomodar la mayoría de sus errores, disculpen si se escapó alguno, y espero lo disfruten :D