Bueno, como ya lo tenía escrito, y el prefacio no es mucha información y es pequeño, quise publicar el primer capítulo. Díganme qué les parece :)
Disclaimer: Personajes no de mi propiedad. Absténgase de plagio.
Capítulo 1
Expectación
Parado entre el arco que estaba entre la cocina y la sala de estar, Edward miraba cómo Bella iba de un lugar a otro, tomando sus cosas para la escuela y con una barra de cereal en la boca. Se había hecho tarde, se había quedado dormida, por eso ahora iba de un lugar a otro buscando sus libros y cuadernos, donde ayer en la tarde había hecho sus tareas.
Cuando hubo encontrado todo lo que necesitaba, se metió lo que quedaba de la barra de cereal en la boca, atragantándose un poco pero recuperándose al instante después. Salió de su casa apresurada y llegando a su camioneta, se dio cuenta de que no llevaba sus llaves. Desesperada, aventó su mochila a la parte trasera de si pickup, y corrió de nuevo al interior de la casa.
Cinco minutos y ella seguía buscando las llaves. ¡¿Dónde estaban?! Las había buscado en la sala, en la cocina, en su habitación e incluso en el baño. Edward la miraba, mientras trataba de que ella parara un instante para que pensara dónde las había puesto por última vez. Y lo consiguió, Bella se paró frente a las escaleras con las manos en la cara en señal de desesperación.
Y pensó. Pensó en ayer, cuando llegó de la escuela, cerró su pickup, fue a el porche y abrió la puerta, al entrar, volvió a cerrarla con llave y las puso… en su pantalón, ¡en la bolsa trasera del pantalón!
Corrió escaleras abajo, tropezando en el último escalón y cayendo. Edward se reprimió a sí mismo, por no poder ayudarla más allá que al tomar una que otra decisión, cuando está presionada, frustrada o alguien le pueda hacer daño. Aunque no siempre podía.
Bella corrió a la lavadora y rebuscó entre la ropa sucia por el pantalón que había utilizado ayer. Cuando lo hubo encontrado, buscó las llaves en el bolsillo trasero y encontró lo que buscaba, las sacó, salió corriendo y no le importó dónde había caído su pantalón. Salió de su casa, cerrando la puerta tras de sí, y abrió su camioneta, arrancándola al instante en que metió las llaves en el contacto, el motor rugió ante ese hecho, pero no le importó.
Bella condujo hacia la preparatoria de Seattle reprimiéndose por haberse quedado dormida y pensando en qué le diría a su profesor de su retraso. Edward la miraba sentado en el asiento del copiloto, tratando de entrar en su cabeza y luchando por quitarle la desesperación y frustración que sentía, y poco a poco fue sintiendo cómo la humana se relajaba.
Se alegró de que, de algo le servía; se sintió aliviado al saber que algo bueno hacía por ella.
–Gracias –Susurró la humana que conducía.
Edward quedó inmóvil. ¿Qué acababa de suceder? ¿Acaso ella había dicho "gracias"?
–¿Acabas de hablarme? –Le preguntó Edward esperanzado. Tal vez algo había cambiado, tal vez de verdad ella sí sabía, de alguna manera, de su presencia.
Pero las esperanzas de Edward se desvanecieron cuando después de unos momentos, ella seguía sin contestarle. Había sido un tonto al haber creído eso. Por supuesto que no le había dirigido la palabra.
Aunque, pensándolo bien, no era la primera vez que sucedía algo parecido. Había pasado tiempo desde aquel incidente, tiempo desde aquella vez en la que pensó que le podía oír, ver, sentir, o algo parecido. Y mirando a Bella conducir, rememoró.
Recordaba con total claridad aquella vez que la quisieron asaltar y él no pudo hacer casi nada por ayudarla. Esa vez fue una de las muy pocas veces en que él creía que lo podía escuchar. Ella estaba aterrada, Edward podía escuchar sus latidos, sus hermosos ojos mostraban terror, terror de lo que le podían llegar a hacer. Uno de los tres asaltantes, la tenía sujeta por la cintura, tenía la cabeza en su cuello, aspirando su delicioso aroma, mientras los otros dos rebuscaban en sus bolsillos y en su bolsa de mano.
Ella se resistía, tenía sus ojos anegados en lagrimas, y lo único en lo que podía pensar era en que tenía que hacer algo para librarse de esos asquerosos hombres. Edward trataba con todas sus fuerzas de entrar en su cabeza, para tratar de ayudarla, saber qué era lo que pensaba y así ayudarla a librarse de esos ruines.
"Corre, golpea, ¡haz algo! ¡Bella, por favor, haz algo!"
Pero nada sucedió.
Edward vio con impotencia como las lagrimas corrían por las mejillas de Bella y cómo se estremeció con temor cuando el sujeto que la tenía agarrada por la cintura metió una mano por debajo de su camisa.
Y eso fue todo para él.
Atravesando a quienes la tenían sujeta, se acercó a ella, viendo, viviendo de cerca el temor que ella emanaba. Se acercó a su rostro, sus manos a milímetros de sus mejillas. Y con todo el amor que él profesaba hacia ella, le susurró quedamente.
–Bella…
Y ella abrió sus ojos.
Fue la primera vez que de verdad creyó que ella le podía oír. No supo bien cómo fue que logró escapar, se quedó estático en el momento en el que ella abrió sus ojos, y cuando la volvió a mirar, ella ya estaba corriendo para escapar.
Él todavía no podía procesar bien lo que había ocurrido, pero sabía lo que sucedió, lo recordaba perfectamente. Y aunque lo volvió a intentar, nunca pudo lograr que ella mostrara algún signo de que lo escuchara.
–A–
Cálculo. La peor signatura de todas, según pensaba Bella, y por lo tanto, también Edward.
Bella estaba sentada en su pupitre, al fondo del salón, en una esquina, refunfuñando, dándose golpes en la rodilla con su lápiz, tratando de entender lo que el profesor escribía en la pizarra. En vano. Lo único que veía eran números, letras y más números.
Pasó el tiempo, aunque Bella no lo sentía así, y dio gracias al cielo cuando el timbre sonó. Recogió sus cosas y las guardó en su mochila, saliendo lo más rápido que sus torpes pies se lo permitían, pero al parecer la suerte no estaba de su lado, ya que en su carrera por salir del salón de clase y aunque Edward trató de hacer que mirara al frente y no lo logró, tropezó con alguien, tirándole las cosas al suelo.
–¡Lo siento! No… No miré por dónde iba, lo siento… –Le dijo a la persona contra la que chocó, agachándose a ayudarle a recoger sus cosas.
–No te preocupes Bella, no es nada.
Bella levantó la cabeza a ver al dueño de esa vez, y se lamentó de no ver por dónde caminaba.
Mike Newton.
A Bella no le agradaba. Siempre, desde que la había conocido, había tratado de invitarla a salir, invitarla a comer, a hacer algo, y Bella siempre se negaba, siempre le dejaba claro que no quería nada con él, aunque parecía no entenderlo.
A Edward no solo no le agradaba, lo odiaba. Con todo su ser. ¡Bella no quería nada con él! ¿Por qué no lo entendía y se largaba? Él solo quería que se mantuviera alejado de su Bella, que dejara de hablarle, y si podía, desaparecer de la faz de la Tierra.
Bella le ayudó a recoger sus cosas lo más rápido que pudo y se levantó, dispuesta a irse a aprovechar su hora libre, y librarse de Mike.
–Oye, Bella, me preguntaba si quisieras… –Comenzó Mike.
–¿Qué te sucede? ¿No puedes simplemente meterte en la cabeza que a mi Bella no le interesas? ¡Por Dios! ¡Lárgate! –Dijo Edward enojado, sabiendo que nadie lo escucharía.
–Lo siento Mike, pero… –Bella pensó en algo qué decirle. Se asomó al pasillo y fingió saludar a alguien para no verse tan grosera con Mike al irse nada más porque sí –Me esperan, lo siento, tengo que irme.
Y salió.
Edward reía. No pudo contenerse al ver la cara de ese Newton al darse cuenta que a Bella nadie la esperaba. Amaba a Bella. Lo hacía y a cada segundo cada vez más. Así se hacía, Bella no pudo haberlo hecho mejor al haber dejado a Mike ahí parado. Edward reía, contento de que Bella hiciera aquello, feliz de tenerla a su lado, extasiado con esa humana. ¡Por Dios que la amaba!
–A–
Bella yacía tendida en el pequeño jardín que había encontrado hacía tiempo detrás de su escuela. Había comenzado a releer Romeo y Julieta por enésima vez, pero el sueño la había vencido.
Edward la miraba, tendido a su lado, su cara a centímetros de la de ella. La contemplaba embelesado, sus mejillas ligeramente sonrojadas, su piel se veía tersa y suave al tacto, su cabello castaño lo llamaba a sumergir su mano en esa cascada. Era maravillosa. A veces Edward se preguntaba si no era Bella el ángel, ya que su belleza no se comparaba con la de ningún humano. ¿Cuántas veces no la había contemplado, dormida y despierta? Y cada vez la veía aún más bella si eso era posible.
Bella se removió, y Edward se congeló al sentir algo coger su mano. Despacio, movió su vista, y sin creerlo, cerró los ojos, creyendo que era su imaginación jugando con él. Al abrirlos se le fue la respiración al darse cuenta que era real lo que veía. Bella había entrelazado su mano con la de él. Edward no pudo reprimir la sonrisa que se extendió por su rostro.
¿Cómo podía ser eso posible? ¿Cómo era que su mano no había atravesado la de ella como siempre había sido? ¿Cómo? ¡No lo entendía!
–Bella –Dijo asombrado de lo que estaba sucediendo. Y se asombró aún más al ver a Bella sonreír aún estando dormida.
Esto era como un sueño para él. Enésimas veces había tratado de tocar su piel, saborear su tacto. Y todos intentos fallidos, todos y cada uno de ellos. Entonces, ¿cómo era posible que ahora podía sentir la mano de Bella envolviendo la suya con total claridad? Era un enigma para él, ¿qué tenía de diferente ésta vez de las otras? ¡Claro! Bueno, era una suposición, pero, tal vez la diferencia radicaba en que ésta vez ella había sido quien había tomado su mano, no él quien lo había intentado. Pero, ¿cómo sabía ella que él estaba ahí? ¿Cómo sabía que había alguien yaciendo a su lado? No tenía idea, pero disfrutaría éste momento al máximo, lo más que pudiera.
–A–
En su último periodo, Bella aún pensaba en su sueño, ese magnífico sueño que había tenido mientras se encontraba dormida en el jardín detrás de su escuela. Tenía la mirada perdida mientras recordaba a ese chico que se encontraba contemplándola, con una mirada de amor infinito. Ese chico era hermoso, lo más maravilloso que había tenido oportunidad de ver. Recordaba perfectamente su cabello cobrizo, su piel casi translúcida, sus labios rellenos, sus pómulos, su poderosa mandíbula. Y sus ojos. Sus bellísimos ojos color esmeralda que hacían que quisiera sumergirse y quedarse en ellos por siempre. También recordaba cómo ella, tímidamente, había estirado su brazo para coger su mano y poder sentirlo aunque sea un poco.
Era maravillosa la textura de su piel. Algo que a duras penas se podía definir. Bella buscó las palabras para definir la perfección de aquel ser que había soñado.
Bellísimo. Encantador. Magnífico. Hermoso. De otro mundo. Su piel, como nubes, más suave que el aire al rozar ligeramente la mejilla. Pero de algún modo Bella sabía que ninguna de esas palabras alcanzaba realmente para describirlo. Solo podía pensar en una que tal vez alcanzara para definirlo.
Perfecto.
Mientras Edward aún recordaba con claridad en el momento en el que el corazón de Bella latía al ritmo más desenfrenado que le hubiera escuchado nunca, y como si una descarga eléctrica pasara por su cuerpo, se enderezó, abriendo los ojos como platos y soltando el agarre en la mano de Edward. Ambos sintieron cómo una frialdad instantánea se comenzaba a apoderar de sus manos.
Bella miraba su mano, sintiendo cómo la calidez que sentía durante su sueño al sostener la mano de ese chico, iba desapareciendo poco a poco. Edward añoraba su toque, en el momento en que ella separó sus manos, un gran vacío se apoderó del pecho de Edward. Y aunque intentó tomarla de nuevo, su mano traspasó la de ella. Su cara se perló de un sufrimiento al darse cuenta de que era muy probable que eso no se volviera a repetir.
Bella miraba su mano. Extrañando tener consigo la de aquel chico que la miraba con amor. Pensando en quién podía ser o si alguna vez lo había visto. Pero nada. No recordaba haberlo visto en ningún lugar. Suspiró frustrada al no saber nada de él.
Y como un rayo llegando a la tierra en una tormenta, una palabra iluminó la mente de Bella.
–Edward…
Si el Ángel había quedado estático cuando la humana había tomado su mano, en el momento en el que había pronunciado su nombre, quedó de piedra.
¿Cómo…? ¿Cómo era eso posible?
Pero su mente no procesaba nada. Solo repetía una y otra vez la imagen de Bella pronunciando su nombre casi con devoción.
La campana sonó anunciando el fin de las clases, y Bella no pudo estar más agradecida por ello. Caminó rápido hasta llegar a su pickup, alejándose de aquella masa de multitud que pasaba a su lado. Estando sana y salva en su camioneta, Bella cerró los ojos y suspiró, evocando a su mente aquel bello rostro que ella tanto anhelaba tocar. Cuando el nombre había llegado a su mente, ella no supo de qué manera ella sabía que pertenecía al chico que soñó, el nombre perfecto para el chico perfecto. Y no pudo evitarlo cuando éste salió de sus labios, y sintió la palabra acariciar sus labios cálidamente. Pero solo había sido un sueño, un raro y hermoso sueño que nunca olvidaría.
Arrancó su pickup, mirando a su alrededor mientras trabajaba para salir del aparcamiento de su escuela. Por el retrovisor ella pudo divisar a una pequeña chica que la miraba con extrañez mientras hablaba con otro chico rubio. Y, de alguna manera, ella comparó a ese chico con su Edward. Aquella palidez que el chico rubio tenía, era parecida a la de Edward, su semblante, y algo en él que Bella aún no lograba distinguir.
Apartó la mirada de aquellos chicos que la miraban fijamente y salió de la escuela. Condujo despacio como siempre lo hacía, y no era porque su camioneta no lograra pasar de 80 M/hr; sino porque a ella le gustaba la lentitud, aparte no lograba entender por qué la mayoría de las personas conducían a gran velocidad si no era necesario. Aunque claro, Bella sabía en su interior que el haber sido criada por un padre jefe de policía tenía algo, solo un poco, que ver con la velocidad a la que conducía.
Bella se dirigió al lugar al que siempre se dirigía después de la escuela, su lugar sagrado, su cielo, su santuario. La Seattle Central Library. Condujo por Spring Street, para poder accesar al aparcamiento. Dejó su pickup en una esquina cerca de la salida, y se encaminó a la Fifth Ave. Aunque había acceso a la biblioteca por el aparcamiento, a Bella le gustaba caminar por frente a la biblioteca para poder apreciar el jardín que tenían en la entrada del edificio, no es como si fuera el gran jardín, pero tenía varias plantas y flores que según Bella, le daban vitalidad al edificio y llamaba aún más la atención de las personas. Bella miró hacia arriba, admirando el enorme edificio, un muy peculiar edificio debido a la estructura y forma que tenía. Aunque, a decir verdad, una forma específica no tenía, aunque los cristales hacían que resplandeciera con la luz del sol. Para ella, era como si los libros de dentro le llamaran, por unos momento ella se permitió cerrar los ojos y escuchar los susurros, "Bella, Bella, aquí estamos…". Y Bella sonrió. Los libros eran una maravilla para ella, un mundo en el que ella quería explorar a cada página. Era su manera de escapar de la realidad. Abrió sus ojos y con una sonrisa en su rostro se adentró a la Biblioteca.
El segundo piso era donde se encontraba la sala de estar, la cafetería y el préstamo de libros. Como Bella ya traía su libro, solo se encaminó a los sillones destinados para las personas que querían silencio y un cómodo lugar para poder leer en paz. Bella localizó su lugar preferido, entre todos los sillones con forma de cruz, a ella le gustaba uno negro en la esquina, y se sentó en él en dirección a los cristales del frente de la biblioteca. Bella miró a través de los cristales la gran ciudad que era Seattle, aunque solo se mirara bien los edificios que tenía frente a ella, pero sabía que detrás de ellos, más y más y más edificios se extendían por toda la ciudad. Ella soñaba con algún día tomar un tour por toda la ciudad y poder realmente conocerla, ya que desde que ella había llegado, no había tenido la oportunidad de conocerla en su totalidad. Pero eso no entraba en sus planes inmediatos, no ahora, pero algún día.
Edward se encontraba parado frente a ella, justo frente a ella, tratando de descifrar los sucesos del día de hoy, y probando un poco su suerte al tratar de que ella lo mirara. Y aunque se había colocado frente a ella sabiendo que lo primero que hacía al llegar era mirar por los ventanales, él tuvo la ligera esperanza de que tal vez por todo lo que había sucedido hoy, ella podría ser capaz de verlo. Peo su pecho se oprimió al verla mirar la ciudad a través de él, sin siquiera notar ligeramente su presencia y volteándose a sacar su libro de su mochila. Pero a pesar del ligero dolor que sintió al haber sido ignorado, él seguía feliz de haber sentido su toque por unos momentos, de haber escuchado esa hermosa melodía que era su voz al pronunciar su nombre. Y Edward se dijo que mientras él estuviera con ella, a su lado, no le importaba tanto el hecho de que Bella no supiera de su existencia.
–A–
Cerró el libro que sostenía entre sus manos y lo miró fijamente. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces lo había leído, pero es que ¡eran Romeo y Julieta! Y ella los amaba… Era de sus obras literarias preferidas. Bueno, en realidad era que ella es fan de William Shakespeare. Bueno, ella es fan de los clásicos. Y no se cansaba de leerlos y releerlos. ¿Cuántas veces Bella no había soñado con tener un romance como el de aquellos dos? ¡Ah! Ella se reprimía a sí misma, ella sabía que eso no era posible, hombres como Romeo no existían, ya no. Por eso ella leía, era una manera de pensar que esos hombres alguna vez existieron, que alguna mujer tuvo la grandiosa oportunidad de disfrutar de ellos, y, por alguna razón, Bella creía que esas mujeres eran mejores que ella, porque de alguna manera se los habían merecido.
Y aquel nombre apareció de nuevo en su mente.
"Edward."
Y se permitió por unos momentos soñar que ese chico que había soñado era su hombre, su príncipe, su Romeo. Deseando que alguien estuviera tan perdidamente enamorado de ella como Romeo lo estaba de Julieta.
Sin saber, que alguien, parado frente a ella, la amaba incluso más allá de los límites de lo establecido.
¿Qué tal? Acepto tomatazos y demás cosas que quieran arrojar.
¡Oh, oh! Olvidaba decir que si encuentran alguna falta de ortografía, avísenme, por favor. No me agrada ver horrores ortográficos en mis escritos. Gracias…!
¿Review?
