Para ustedes dos, con cariño ;)


¿¡ESKIUSMI!?

Quizás por su formación en el ryokan, quizás por haber tenido que atender a un Shotaro sobrado de copas, Kyoko solo bebía en muy contadas ocasiones.

Se le subía enseguida a la cabeza.

Pero el caso es que el alcohol es una forma de vida en Japón. Es un hábito social, que se rige por sus propias reglas, y resulta de (muy) mala educación negarse a ir con los compañeros a tomar una copa después del trabajo.

Una de esas veces, Kyoko tuvo que transigir (porque ella es muy educada, y antes una urticaria que malos modales) y tomarse una copita. O dos… O cuatro. ¿Cuántas es que fueron?

Y andaba ella perdida en esa neblina de estrellitas de colores, con el mundo ya desdibujándose por los bordes, cuando oyó que alguien a su lado decía:

—Tsuruga Ren es gay.

Y claro. Ella explotó.

—¿¡ESKIUSMI!? —gritó. La mesa quedó en silencio. Los rostros se voltearon hacia ella. El bar entero la miraba. Pero ella ni cuenta se daba, porque la indignación se abría paso entre el sake, el vino de arroz y los licores de flores.

—Kyouko-san, yo… —intentó decir ese alguien. 'Intentar' es la palabra clave aquí.

—¡NOESGEI! —bramó con todas sus fuerzas—. ¡DOIFE! —gritó llevándose la mano al pecho y poniéndose de pie (acción esta que casi termina con ella de narices en la mesa)—. Sta mañanamis -hic- mismo loicimos. Y anoshe, dosvesses —agregó, levantando dos dedos que meneó delante de la cara del desgraciado que se había atrevido a poner en entredicho la virilidad de su esposo, a puntito de sacarle un ojo—. Y ninguna -hic- enla cama. Toy mu'feliss con -hic- miombre… Asssí queee —se balanceó peligrosamente sobre sus tacones— ¡CUIDAITO! —amenazó, blandiendo de nuevo la mano sin control—. ¡NOESGEI! —finalmente cayó hacia atrás, en su propia silla (gracias, dioses, por los pequeños milagros)—. ¡ENBIDIA! —volvió a gritar—. Lanvidia esuna cosa mu'mala -hic-. Y lajente haría mejor si noablaran de lo que no lesimpor -hic- ta.

La mesa seguía en silencio, sus compañeros, incapaces de apartar la mirada de ella, con una mezcla de horror y de fascinación.

Ese alguien (el del principio, y la sufrida víctima de su alegato) suspiró y se atrevió a romper el silencio.

—Decía, Kyouko-san, que Tsuruga Ren es el rey —y luego repitió, vocalizando para que sus palabras pudieran llegar a su cerebro embotado—, REY, Kyouko-san, REY…

—Upss —respondió ella, justo antes de quedarse dormida sobre el plato de mochis.

El rubor y la vergüenza explotarían en su cara a la mañana siguiente cuando se enterara de lo que estuvo diciendo.