Advertencias: No muchas. Las palabras en cursiva de las partes de Francis y Arthur son recuerdos, narrados en tercera persona. Nada más.
Entrada 2: Días otoñales.
Bienvenidos a mi segunda entrada. Hoy hablaré de cómo han sido los primeros días de curso.
Para empezar, en mi clase abundan los cotilleos, y se oye que está surgiendo algo entre Emma, famosa por ser una gran conquistadora en el terreno amoroso, y Vash Zwingli, un chico de un instituto cercano con quien trabajaba el año pasado en una chocolatería.(Emma fue despedida al enterarse su jefe de que algunos de los bizcochos que preparaba llevaban viagra) Aunque también está el tema de que tiene novia, Natasha, la fría hermana del intimidante ruso del instituto. Quién sabe cómo terminará esta historia...
Aunque no es el único cotilleo que se escucha últimamente. Las noticias en el instituto vuelan y cada vez las cosas se enredan más entre mis compañeros de curso. Desde simples (o no tan simples) historias de amor hasta temas que son mejor no mencionar.
Espero que disfrutéis de esta nueva entrada, queridos lectores.
Y os espero en la siguiente entrada de este modesto blog.
¡Cambio y corto!
Entrada publicada el 13-10-2014
FRANCIS
Hacía apenas una semana de aquel caluroso verano que esa familia tan rara se había mudado al barrio. Eran los tres de cabellos dorados como el oro, y hablaban con un extraño acento.
El único vástago de la joven pareja iba todos los días a jugar a un parque de considerables proporciones que se encontraba cerca de su casa, acompañado de su madre.
Todos los días solía quedarse a jugar en la zona infantil, donde estaban los toboganes y los columpios. Pero un día, decidió explorar el parque, aprovechando que su madre estaba hablando con otras mujeres. Intentó no alejarse mucho para poder más tarde volver sin perderse.
Parecía un bosque encantado por donde estaba andando. Todo parecía un cuento de hadas, hasta que apareció un perro, un rottweiler concretamente, corriendo hacia él. Sintió como le invadía el pánico y se puso a dar gritos pidiendo ayuda. Cerró los ojos con fuerza y se pegó a un árbol que había detrás suya.
-Tranquila, yo te salvaré-oyó que decía alguien delante suya. Abrió los ojos aún con miedo y se encontró con un chico, que tendría que tener más o menos su edad, que sostenía un palo en su mano izquierda. Le estaba dando la espalda mientras le daba golpes no muy fuertes a la bestia en el hocico, sin mostrar temor alguno.
-Maldito chucho, vete-gritaba el chico del palo, hasta que apareció un chico con el cabello anaranjado, casi rojizo, un poco más mayor que lo otros dos, con un gesto de asco y repulsión en la cara.
-Deja de pegarle a mi perro, enano asqueroso-dijo el pelirrojo echandole una mirada cargada de odio al chico del palo mientras ataba al perro a una correa y se alejaba del lugar.
-Pues que no ataque a mi princesa-le gritó el chico del palo al otro, quien le enseño el dedo del medio sin volverse. Mientras, el chico que estaba pegado junto al árbol suspiró. De nuevo le habían confudido con una niña.
-¿Estás bien?-preguntó el chico del palo girándose por primera vez. Tenía unas enormes cejas, y el pelo rubio como él. Desde ese momento, le pareció adorable.
-S-si-dijo separándose del árbol tímidamente el chico, sintiendo como sus mejillas se ponían coloradas.
-Ese era mi hermano y el tonto de su perro-explicó el de las cejas, mirando con ternura a 'su princesa'.
-Ah-dijo solamente el chico, todavía recuperándose del susto.
-¿Por qué hablas así?-preguntó Arthur, extrañado del acento del otro chico.
-¿Así cómo?
-Así... raro. Es como si no fueras de aquí.
-Es que soy francés-explicó el chico recogiéndose un mechón de pelo tras la oreja.
-Vale. Por cierto, me llamo Arthur.¿Quieres ser mi princesa? Yo soy un caballero, y hasta ahora nunca he tenido ninguna princesa a la que rescatar. Tu eres la primera.
-Va-vale-aceptó tímidamente el otro chico-Me llamo Francis.
-¿Francis?¿Ese no es nombre de hombre?-preguntó Arthur descolocado-Bueno, no importa. ¿Quieres venir a jugar conmigo? Así te podré proteger por si te pasa algo..
-Vale. Pero soy un chico-explicó Francis, siguiendo a Arthur, quien seguía con el palo en la mano, fingiendo que era su espada de caballero. Éste se giró y se rió a carcajadas de lo que acababa de decir Francis, que le miraba estoico.
-¿Cómo vas a ser un chico? Si hablas como una chica, y tienes pelo de chica-razonó Arthur señalando el pelo de Francis, que le llegaba hasta un poco más abajo de los hombros, dándole así un aire más femenino. Además, tampoco ayudaba que llevara ropa unisex.
-Créeme, soy un chico. Tengo nombre de chico, y en el cole iba al baño de los chicos cuando quería hacer pipí-explicó pacientemente Francis, mientras que Arthur ya estaba en el suelo, muerto de la risa.
Esa fue la primera vez que Arthur y Francis hablaron. Arthur siguió creyendo que Francis era una chica durante mucho tiempo, hasta que las profesoras del colegio y la madre del propio Francis le explicaron que el rubio era en realidad un chico.
Iban al colegio juntos y se hicieron muy amigos. Por las tardes iban a jugar al parque en el que se conocieron. Francis fingía ser, en la gran mayoría de las veces, ser una princesa, a petición de Arthur, y siempre era salvado por éste.
Arthur se consideraba feliz, pues por primera vez tenía un amigo con el que jugar y aceptara ser la princesa de sus historias. Y Francis disfrutaba de todos esos ratos con Arthur. Hasta algunas veces se creía lo de que era una princesa y actuaba como tal en el colegio y en su casa.
Uno de los hechos más curiosos que tuvo lugar entre los dos, fue durante un recreo en el colegio, en el que los dos amigos se habían ido a un banco a charlar.
-¿Sabes?-empezó Arthur-El otro día estuve jugando con mi hermano a un juego muy chulo que quería probar contigo.
-¿Cuál es?¿Lo conozco?-preguntó curioso el francés.
-Se llama 'Verdad o Reto'. Así sabré tus secretos y tu los míos.
-Está bien-aceptó Francis.
-Vale. Empiezo yo-dijo Arthur-¿Prefieres verdad o reto?
-Verdad.
-Está bien...Veamos-dijo el inglés pensativo-¿Estás enamorado de alguien?-preguntó sin pensar, pues era lo primero que se le había venido a la cabeza.
-Sí-respondió Francis con una gran sonrisa en el rostro, provocando que Arthur se sonrojase ligeramente sin saber por qué.
-¿Y quién es?
-Preguntalo luego, ya ha pasado tu turno-el inglés frunció ligeramente el ceño, pues esperaba que se lo dijese sin rodeos-¿Verdad o reto?
-Reto-dijo rápidamente Arthur, pensando que su reto sería algo heroico.
-Bésame.
Arthur se quedó sin habla, notando como toda la sangre de su cuerpo se agolpaba en sus mejillas de golpe.
-¿Q-qué?-preguntó de nuevo, creyendo haber oído mal.
-Que me beses. En los labios-añadió el francés con una gran sonrisa.
Arthur se acercó torpemente hacia su amigo, sin saber qué hacer. Solo los mayores hacían eso, y no sabía como se besaba. Sin embargo, cuando estaba a un palmo de Francis, con los ojos cerrados, notó como éste le cogía la cara con ambas manos y le depositaba un beso en sus labios.
-¿P-por qué has hecho eso?-preguntó Arthur cuando se separó. Había sido raro, pero había estado bien.
-Por que estabas nervioso y no sabías qué hacer-explicó Francis tranquilamente. A éste también se le habían coloreado las mejillas.
-¿Has hecho esto antes?-preguntó Arthur con timidez, pues acababa de recordar que los besos en la boca se daban a la persona que querías.
-No, ¿Y tú?-preguntó con naturalidad el francés.
-T-tampoco-respondió el inglés. Tras unos segundos callados, se acordó de una cosa-Por cierto ¿De quién estás enamorado?
-De ti-dijo Francis con timidez, evitando mirar a los ojos verdes de Arthur, con miedo al rechazo. Al ver que este no respondía nada, se atrevió a preguntarle-¿Y tú...tú me quieres a mi?
-No se...-dijo Arthur rascándose el pelo-nunca antes me ha dicho nadie que está enamorado de mi... pero supongo que sí-añadió rápidamente al ver como Francis se entristecía.
El sonido de mi móvil hace que el sueño termine en ese momento. Sin abrir los ojos aún alargo el brazo y tanteo en la mesita de noche hasta encontrar lo que busco. Acerco el móvil de nuevo a mi y lo desbloqueo guiñando un ojo ya que la luz me ciega. Con un pequeño gruñido me incorporo para poder ver qué ha sido la causa de despertar de uno de los mejores sueños que he tenido desde hace tiempo.
Hacía tiempo que no pensaba en la infancia con Arthur, y pensar que en su día llegué a considerar estar enamorado de él... como si a esa edad se supiera algo del amor.
Veo varios Whatsapp nuevos de una sola conversación , son de "ma petite". La sonrisa ya formada al recordar el sueño se ensancha al ver el mensaje.
"Bonjour mi bello durmiente"
"¿Sabes? Hoy he soñado contigo, íbamos a dar un paseo de noche por la playa"
"Era taaan romántico"
"Además primero habíamos ido a ese restaurante que me encanta"
"Ese en el que ponen el atún al horno tan perfecto"
"¿Crees que podríamos hacer eso algún día? Me haría tanta ilusión... (L)"
Se me escapa una pequeña risa al ver todos los mensajes y la petición final. Antonio y Gilbert me dicen que a veces la mimo demasiado... quizás tengan un poco de razón.
Decido contestarle rápidamente antes de levantarme para empezar a prepararme.
"Bonjour ma belle princesse"
"¿Quieres que vayamos el fin de semana que viene? Puedo reservar mesa si es lo que ma princesse quiere."
"¿Cena romántica a base de atún al horno y paseo a la luz de la luna, no? Queda apuntado"
" Je t'aime (L)"
Dejo el móvil en la mesita donde estaba en un principio, reúno fuerzas y me levanto dirigiéndome directamente a la ducha.
ARTHUR
Hacía más de un año que Arthur y Francis eran amigos, y su amistad parecía que iba a ser eterna.
El inglés invitaba todos los días a su nuevo mejor amigo a su casa, donde jugaban a todo tipo de cosas, desde juegos de mesa a carreras en el jardín. Arthur no cabía en sí de felicidad: Nunca había tenido un amigo como Francis(por no decir que no nunca había tenido ninguno), y por su parte, Francis jamás había conocido a alguien como Arthur. El inglés era una caja de sorpresas, y cada día le sorprendía con algo nuevo.
Todo iba de maravilla entre ellos dos hasta que comenzó el año siguiente. Francis había cumplido hacía poco los ocho años, haciendo una celebración a lo grande en su casa. Arthur se había quedado a dormir aquella noche, y prácticamente apenas durmieron de lo bien que se lo pasaban juntos.
Aquel curso, había un chico nuevo en su clase. Se llamaba Antonio, era español y no conocía a nadie en el colegio. Fue a sentarse al final de la clase, con la única compañía de su mochila en la mesa contigua.
-Pobrecito. ¿No te da pena?-susurró Francis a su amigo inglés, quien estaba sentado a su lado.
-¿Por qué dices eso?-preguntó Arthur echando una rápida ojeada al chico nuevo, que estaba escribiendo algo en una libreta.
-Pues por que no conoce a nadie y está solo, ¿No es evidente?-preguntó Francis con reproche a Arthur.
-¿Y qué? Seguro que hará amigos luego en el recreo.
-Bueno...-murmuró Francis no muy convencido, mirando al español con lástima.
Cuando el recreo llegó, los dos amigos inseparables cogieron sus bocadillos y fueron a toda prisa al patio. Aquel día Arthur jugaba a hacer peinados raros en el pelo de su amigo, que era bastante largo ya.
-Oye Arthur-dijo Francis dando un mordisco a su bocata, mientras su amigo le cogía el pelo con las manos y comenzaba a darle algunos tirones.
-Dime-contestó el inglés, demasiado concentrado en el intento de trenza que estaba haciendo.
-Tenía razón.
-¿En qué?
-En lo que te dije antes.
-¿Y qué me dijiste antes?-preguntó el inglés deseando que su amigo fuese ya al grano.
-Que el chico nuevo ese, Antonio, está solo.
Arthur despegó la vista del rubio cabello de Francis y buscó al español con la mirada. Lo encontró sentado en un peldaño de las escaleras que habían para entrar al edificio de clases. Arthur frunció el ceño. No quería que su único amigo se interesase por alguien más.
-¿Y qué? Ya hará amigos-dijo el inglés retomando su tarea de peinar el pelo de su amigo.
-Eso dijiste antes-dijo Francis volviendose hacia Arthur, con un deje de reproche en la voz-¿No te da pena?
Arthur, al sentirse presionado, decidió darle la razón en todo. No quería que el francés se enfadase con él.
-S-sí-masculló nervioso. Francis sonrió al escuchar la respuesta de su amigo. Se puso en pie y fue hacia Antonio. Arthur le seguía por detrás con los brazos cruzados, mientras le dirigía miradas caragadas de odio al español, quien estaba buscando algo en sus bolsillos en ese momento.
-Hola-dijo Francis al llegar ante él. Éste levantó la vista y se encontró con el francés, quien sonreía ampliamente, inspirandole así simpatía a Antonio.
-Hola-le devolvió el saludo.
-Me llamo Francis-se presentó el rubio.
-Yo Antonio. Estás en mi clase, ¿Verdad?-preguntó Antonio poniendose en pie.
-Exacto. ¿Quieres ser mi amigo?
-Vale-respondió el español levantando los hombros.
Arthur carraspeó, llamando la atención de los otros dos. Francis sonrió al verlo, pues casi se había olvidado de él.
-Por cierto, el es Arthur.
-Soy el mejor amigo de Francis-dijo el inglés, advirtiendo así al chico nuevo.
-Yo soy Antonio-dijo Antonio, haciendo caso omiso al comentario del inglés.
-¿Jugamos al escondite-pilla pilla?-preguntó Francis al moreno, dando la espalda de nuevo al inglés.
-Está bien-aceptó Antonio.
-Guay-dijo el francés, volviendose de nuevo hacia Arthur-¿Cuentas tú?
-¿Yo?-repuso Arthur-¿Y por qué yo y no Antonio?
-No te pongas así. Luego ya contará él.
El inglés aceptó contar a regañadientes, solo para evitar una posible pelea con Francis. Cuando terminó y fue a buscarlos, no los encontró en ningún sitio. Volvió hacia donde había estado contando, y se encontró que allí tampoco había nadie.
Acabó el recreo y Arthur seguía esperando a que aparecieran los otros dos chicos. Cuando entró en su clase, Antonio hablaba animadamente con Francis. Cuando vio al inglés, calló de golpe.
-Hola-dijo Francis al recién llegado.
-Gracias por haberme dejado tirado.
-¿Qué dices?-preguntó Francis descolocado.
-Me refiero al escondite.
-Aaaaaah-dijo el francés cayendo en la cuenta-Nos hemos olvidado de ti. Lo siento. Es que Antonio se puso a jugar al fútbol y me ha enseñado a jugar.
Arthur no dijo nada. Se fue hacia su asiento bastante cabreado, en especial con el español. Francis nunca le había hecho eso... Hasta que de repente apareció ese indeseable.
Sin embargo, a lo largo que avanzaba el curso, Francis fue alejándose más y más de Arthur, y fue acercándose más a Antonio, hasta que el francés dejó de hablarse con el que una vez fue su mejor amigo y le 'salvó' de aquel perro.
Un día cuando quedaban pocas semanas para las vacaciones de verano, cuando Francis ya no intercambiaba con él más que los saludos, ocurrió.
Arthur llevaba unos días en los que no se encontraba bien, ese día la cabeza le daba vueltas, sentía un frío anormal para esas fechas y sobretodo se sentía débil. Desoyendo los consejos de su madre decidió ir al colegio ya que en casa se aburriría al quedarse solo.
Conforme iban pasando las horas y los minutos Arthur se arrepentía de su decisión cada vez más. A la hora del recreo lo único que le apetecía era poder dormir, descansar la vista, poder cerrar los ojos y que así todo dejara de darle vueltas, tanto la cabeza como el escaso desayuno que había tomado y que ahora amenazaba con salir.
-Arthur no tienes buen aspecto ¿estás bien?-El de ojos esmeralda levantó la cabeza lo justo para reconocer la cabellera rubia situada en frente suya.
-No, Francis, no estoy bien.
-¿Necesitas algo?
-Sí, que me dejes solo.-Volviendo a esconder la cabeza entre los brazos el inglés esperaba darle a entender al galo que no tenía ganas de continuar esa conversación.
-Deberías ir a echarte agua en la cara, estás blanco.
-Siempre he tenido este color, gracias por la observación, ahora fuera.-desde que Francis había comenzado a alejarse de él esta era la actitud que Arthur utilizaba para hablar con su antes mejor amigo.
-Bueno, pues haz lo que quieras.
-Eso iba a hacer.
El galo se giró y sin volver la vista salió del aula, dejando al Arthur solo y sumido en sus pensamientos.
Tras unos minutos y analizar todos los pros y contras decidió hacer caso del consejo del otro rubio y acercarse al baño a refrescarse la cara y la nuca, como su mamá le había enseñado a hacer. Con un gran esfuerzo se levantó del pupitre y salió por la puerta por la que hacía unos momentos salía su amigo.
Cuando ya había recorrido todo el camino hacia el baño y se encontraba a unos pasos de la puerta, justo en frente del baño de las chicas, un fuerte empujón le obligo a adelantarse varios pasos para no caer. Tras estos pequeños pasos y para su horror se encontró en mitad del baño de las chicas y con la puerta cerrada a cal y canto.
Arthur no se encontraba con ganas ni fuerza como para intentar forzar la puerta que se encontraba atascada como comprobó cuando intentó abrirla por primera vez. Por suerte el baño se encontraba vacío así que no tuvo que preocuparse mucho por eso. Recostado contra la pared y sentado en el suelo del baño distinguió algo al otro lado de la puerta, la cual seguía estando bloqueada.
-Jajajaja, eso ha estado bien.-aún sin fuerzas como para recordar su propio nombre reconocería esa risa y esa voz. Su ex mejor amigo, su antigua princesa. Francis y, a partir de ese momento, un enemigo más que añadir a la lista.
Tras lo que parecieron ser horas el profesor apareció, encontrándose a un Arthur sentado contra la pared, con la respiración agitada y no una muy buena cara.
-Arthur ¿Qué haces en el baño de las chicas? Sabes que está prohibido entrar, volvamos a clase.-Con un terrible esfuerzo y sin pronunciar palabra alguna se dirigió de vuelta al aula deseando poder volver a su casa y dormir hasta la semana siguiente.
-¡Mirad, si es el pervertido de Artie, que se encierra en el baño de las chicas para verlas!-la voz de Antonio interrumpió todas las conversaciones creadas ante la ausencia del profesor.
-Me habéis encerrado vosotros.
-¿¡Nosotros!? De eso no tienes pruebas, estás diciendo que soy yo porque no te caigo bien.
-No tengo ganas de pelear, me duele la cabeza.-sin decir más Arthur se sentó en su asiento y enterró la cabeza en los brazos cruzados, cerrando los ojos e intentando dejar de escuchar las burlas del castaño.
-Vamos, Antonio, deja a Arthur que no se encuentra bien.-el profesor intentó seguir con la clase pero esto fue imposible debido a otra interrupción, esta vez de un rubio sentado a uno de los lados del castaño.
-Profesor, nos acaba de decir que hemos sido nosotros y es mentira.
-Claro que no es mentira, sé que fuisteis los dos. Siempre sois los dos.-Arthur había levantado la cabeza y miraba a la mesa de los dos amigos.
-No tienes pruebas.
-Te escuché reírte en la puerta.
-No inventes, Fran y yo hemos estado todo el rato jugando al fútbol.
-¡No estoy inventando nada, habéis sido los dos porque queríais que pasara vergüenza!-al decir esto Arthur había levantado la voz, y sentado en una posición tensa.
-Lo que pasa es que no te gusta que ahora Fran sea mi mejor amigo y no el tuyo.-Antonio también alzó la voz mientras ignoraba al profesor que pedía calma.
-¡Yo no necesito amigos y menos como Francis!-al decir esto el inglés se levantó de la silla, molesto y con la intención de acercarse al español.
En el momento en el que Arthur se levantó dos cosas pasaron a la vez:
El profesor, ya harto de todo el escándalo y de ser ignorado por los alumnos dio un golpe en la mesa, haciendo que la gran mayoría de los alumnos fijaran su atención en él.
Arthur, que se había levantado de golpe y olvidado con la pelea su malestar se desplomó en el suelo. Sin más, en un momento estaba en pie y al siguiente se encontraba en el suelo con los ojos cerrados y las mejillas rojas, lo último de lo que fue consciente el inglés antes de caer en la inconsciencia debido a la fiebre que llevaba arrastrado por días fue una voz que siempre reconocería gritar su nombre, y curiosamente, con algo de preocupación.
El desagradable ruido proveniente del despertador me sacó de esa pesadilla, afortunadamente. Menos mal. No hay nada que odie más que recordar mi infancia con Antonio y Francis. A pesar de que pueda sonar a broma, Francis fue durante un año aproximadamente mi mejor amigo muy distinto a como es ahora. De hecho, podía pensar en cosas que no estuvieran relacionadas de ninguna manera con el sexo.
En fin. Me pongo en marcha y salgo hacia el instituto. Bueno, más bien hacia casa de Alfred. Siempre nos vamos juntos, desde que estábamos en el primer año en el instituto. Él se hizo amigo mío y como su casa me pillaba de camino pasaba a recogerle.
-Arthur-me saluda cuando abre la puerta de su casa, dándome un fugaz beso en la mejilla. Al menos esta vez no me ha tenido mucho tiempo esperando. Una vez me tuvo esperando unos cinco minutos en la puerta.
-Hola-le devuelvo el saludo, sonrojándome levemente cuando me besa, y comenzamos a ir hacia el instituto.
Yo asiento o le doy la razón sin tener ni la más remota idea sobre qué me está hablando. Estoy demasiado centrado en pensar sobre el recuerdo que he soñado esta noche. Hacía tiempo que no pensaba en mi infancia, y menos en esa etapa tan dolorosa, en la que dejé de tener mejor amigo y me quedé solo. Bueno, no estaba solo totalmente. Tenía un amigo que se llamaba Lukas que estaba en mi clase, pero su amistad jamás fue como la que tuve con Francis. Él fue mi primer amigo, mi mejor amigo aunque por un periodo de tiempo no muy largo. Siempre pensé que nuestra amistad sería eterna. Ahora me doy cuenta de lo ingenuo e inocente que era de pequeño.
-...y por eso esta tarde no puedo quedar, lo siento-oigo que me dice Alfred cuando estamos a pocos pasos de la entrada del instituto.
-Vale, no pasa nada-le respondo desinteresadamente sin saber por qué no puede quedar, cosa que no me importa en lo más mínimo. De hecho, así puedo aprovechar y estudiar para los exámenes que tengo próximamente.
-Hahahahaha menos mal. Pensé que te enfadarías-ríe Alfred mientras llegamos a la entrada del centro.
-¿Por qué tendría que enfadarme?-pregunto quitándome la bufanda del cuello.
-Por que te pasas media vida enfadado, Artie-rie de nuevo Alfred mientras frunzo el ceño, murmurando que eso no es cierto.
-Pero aún así, I love you-me dice dándome un rápido beso en los labios-Tengo que ir a clase, see you later!
Se despide de mi con un frenético movimiento de mano y se va a toda prisa hacia su clase. Subo las escaleras en dirección a la mía y noto con incomodidad que solo Francis está en ella. Perfecto, Francis es a la última persona a la que desearía ver hoy. Voy silenciosamente hacia mi asiento y dejo mis cosas encima de la mesa. Francis, que estaba escribiendo algo en su móvil, sonríe al verme y viene hacia mi. Oh, no.
-Bonjour, mon amour-dice acercándose peligrosamente a mi, invadiendo mi espacio vital. Me cruzo de brazos fingiendo que me es indiferente su cercanía, aunque realmente me pone nervioso.
-Vete al infierno, maldito gabacho-digo con frialdad, mirando con odio al que una vez fue mi mejor amigo.
-No seas así, Artie-pide poniéndome las manos en los hombros, en un intento de abrazo, pero me aparto rápidamente-¿Sabes? Esta noche he soñado contigo.
-Yo también-le respondo con una sonrisa maligna que deja durante un momento descolocado al francés, quien se apoya en mi mesa y dice con lujuria-eso es que estamos destinados, cher.
-De hecho, soñé que ardías en el infierno y hacíamos una gran fiesta en tu funeral-sonrío mientras veo cómo la postura de galán de Francis se va al traste, como si no se esperase eso de mi.
-Pues yo he soñado con el día en el que nos conocimos-dice desinteresadamente, mirándose las uñas.
-Que bien que he olvidado ese día-miento, aunque lo recuerde perfectamente.
-Pues es una pena. Caí totalmente rendido a tus pies ese día-replica mirándome a los ojos de esa forma tan sexy... Dios mío, ¿¡Pero qué demonios acabo de decir!? Me ha mirado con perversión, solo eso.
-Ja, me asombra tu capacidad de ser tan falso.
-También he soñado con nuestro primer beso...-dice a la vez que yo, mirándome otra vez con perversión. Cuando me doy cuenta de lo que acaba de decir, y rememorando ese beso, noto como mis mejillas arden.
-N-no recuerdo eso...-respondo apartando la vista. Francis ríe con cinismo y se acerca más a mí. Yo retrocedo pero tropiezo con la papelera de plástico que hay junto a la mesa del profesor. Antes de caer, Francis me sujeta por la cintura y acerca su cara a la mía.
-Pues por el color de tus mejillas podría pensar que estás mintiendo-dice seductoramete con su acento más marcado, mientras yo deseo que la tierra me trague. Aunque deseo eso más cuando veo a alguien en la puerta con el rabillo del ojo. Francis y yo giramos la cabeza y vemos que se trata de Sakura Honda, una chica japonesa que llegó el año pasado y podría considerar mi amiga.
-Perdón-dice la japonesa con timidez y yéndose rápidamente al pasillo. Shit, ha debido de pensar que entre Francis y yo hay algo al estar en esta postura tan sugerente.
-Suéltame-le grito al francés mientras voy en busca de Sakura para aclararle que eso ha sido un malentendido. Ya solo me falta que Alfred se entere y piense que le estoy engañando.
LUDWIG
Camino a paso acelerado hacia el instituto, siendo seguido por mi hermano mayor, Gilbert. Esta mañana se ha empeñado en no ir a clase nunca más, y al final he tenido que cogerlo del brazo y traerlo casi a rastras desde casa.
-¿Por qué tenemos que ir a clase?-pregunta enfadado dando un resoplido. Yo simplemente ruedo los ojos y le desisto de contestarle. ¿Para qué? Gilbert es un como un niño pequeño cuando se pone en este plan...
-No voy a repetirte lo mismo, Gilbert... Y date prisa, que gracias a ti vamos a llegar tarde-le apremio andando a paso más rápido que antes.
Oigo como Gilbert corre un poco para alcanzarme.
-Espera, West. Tampoco vamos a llegar taaan tarde-replica mi hermano con la respiración entrecortada, caminando ahora a mi ritmo, aunque con ligera dificultad.
-No sé por qué demonios he accedido a venir contigo al insti-le reprocho mirándole con desdén. Sin embargo, el me mira con su sonrisa ególatra que siempre trae y me dice con cierta superioridad
-No te quejes, West. No todos los días tienes la suerte de venir acompañado a esta cárcel llamada instituto con el awesome yo.
Ruedo los ojos mientras musito que es un inmaduro y que no tiene remedio.
Finalmente, llegamos al instituto y cada uno tomamos caminos distintos. Yo voy hacia mi clase, que se encuentra en la primera planta, mientras que mi hermano, por su parte, va a reunirse con Antonio, su amigo español que habla animadamente con Chiara Vargas junto a la puerta de su clase, en la planta baja.
Llego rápidamente al pasillo, donde veo que Arthur va tras Sakura, quien se ha ido con la cara completamente colorada en la dirección contraria que el inglés. Ya le preguntaré luego qué le ha pasado.
Al entrar en mi aula, descubro sorprendido que Francis está ahí, y para mi desgracia, solo. Perfecto, estar a solas con el pervertido y pesado mejor amigo de mi hermano.
-Bonjour, mon ami-me saluda con marcado acento francés acercándose hacia mi con una sonrisa cargada de lujuria en la cara. Le lanzo una mirada preventiva de esas de 'acércate más y te mato' y consigo que no venga y se quede simplemente en su sitio. Se pone a preguntarme cosas relacionadas con el sexo y decido ignorarlo. No quiero tener nada que ver con ese depravado.
-¿No me vas a decir nada?-me pregunta con fingida decepción en la voz-Es de mala educación no responder cuando se te pregunta.
-No pienso responderte a esas guarradas que me estás preguntando-le digo mirándole a los ojos con odio. Jamás he soportado a este tipo.
-¿Guarradas?¿Qué te he preguntado que sea una guarrada?-me pregunta haciéndose el tonto.
-Ni te creas que te voy a contestar a eso de cuando fue la última vez que mojé, maldito pervertido-le respondo apartando la mirada avergonzado.
-¿No será que te avergüenza el hecho de que la última vez que lo hiciste se enteró todo el instituto y fue estando borracho? Bueno, tu última y primera vez.
Le echo una mirada cargada de odio por recordarme eso.
-¿O es que ya no te acuerdas, Lud? Viniste a una fiesta con ton frère, te emborrachaste y acabaste haciendo l'amour con Emma.
-Eso ha sido un golpe bajo Francis-el francés se limita a mirarme con suficiencia y permanecer callado-ya os he dicho mil millones de veces a ti, a Antonio y a mi hermano que no quiero que me recordéis eso.
-Yo solo he preguntado cuando ha sido tu ultima vez, Lud. No es como para que te pongas así-me responde cínicamente Francis. Derrotado, me siento en mi asiento y espero con cierta impaciencia a que comience la clase.
Mientras saco las cosas de mi mochila, veo como llegan a clase más personas, entre ellas Sakura y Arthur. Mi amiga se sienta en su sitio, justo detrás mía, y comienza a hacer lo mismo que yo: prepararse para la primera clase.
-Hola-la saludo al girarme.
-¿Sabes, Ludwig?-me responde Sakura, sin apenas levantar la vista de su cuaderno, donde ha comenzado a dibujar-Llevo unos días preguntándome ciertos asuntos con respecto a Feliciano.
Eso me pilla totalmente de sorpresa y me sobresalto. ¿Por qué demonios no habla eso con Feliciano y no conmigo?
-Sí-digo con voz más cortante de la que quisiera-¿Qué pasa con él? Hoy está enfermo y no ha podido venir, si es lo que te preocupa
Sakura me mira con una sonrisa maquiavélica, como si estuviese leyendo mi mente. Desvío la vista avergonzado.
-Pues... digamos que últimamente os habéis hecho más intimos...
-¡Es mi solo mi mejor amigo!-me aclaro elevando un poco la voz, atrayendo algunas miradas.
-...de lo normal-continúa Sakura-y me he dado cuenta de que le tratas de una manera especial.
-¿¡C-como que le trato de una manera especial!?-pregunto indignado-Deja de ver tantos comics románticos de esos que lees.
-Son mangas-replica ella, aunque sin perder su sonrisa-Como sea. Lo único que te puedo decir es que no dejes ir lo que más quieres.
-¡¿Acaso estás insinuando que me gusta Feliciano?!-esta vez no alzo la voz, sino que directamente grito, provocando que toda la clase se quede en silencio y me mire. Tras unos instantes en silencio, algunos estallan en risas estruendosas y otros me miran con diversión, como Francis.
Sakura me sigue observando con una mirada que me hace sentir un poco intimidado, pues parece que me está leyendo hasta el último recoveco de mi mente, y justo cuando me va a responder el profesor entra por la puerta y comienza la clase. Qué bien. Acabo de quedar en rídiculo públicamente y Sakura sospecha de que me gusta Feliciano.
...¿Tan obvio es mi enamoramiento?
Paso las tres siguientes monótonas horas pensando en Feliciano. Es cierto eso de que me preocupo por él bastante y que le doy un trato especial, ¡pero es que hay que verlo simplemente para darse cuenta de que no es como cualquier persona normal! Si no estoy yo pendiente de él, nadie lo está. El año pasado casi se mata, literalmente, por caerse por las escaleras del instituto al pesar su mochila más que él y caer. Menos mal que yo iba detrás de él y le pude sostener.
Otra vez le tuve que salvar de Sadiq que estaba a punto de pegar a mi amigo por haberse metido en su 'zona'(una cosa sumamente estúpida, pues Feli simplemente pasaba por allí)
-Lud-una voz tranquila me saca de mi hilo de pensamientos. Alzo la vista y me topo con Sakura, quien me sonríe amablemente esta vez y está parada delante de mi mesa.
-¿Qué pasa?-le pregunto sintiéndome desubicado. ¿Ya ha acabado la primera hora?
-Vamos al recreo.
-¿Qué? Pero si acaba de terminar la primera clase-al decir esto, Sakura me mira con una extraña sonrisa.
-No. Acabamos de terminar la tercera hora. Ahora toca recreo-me dice dulcemente. La miro con un poco de desconfianza, pero supongo que tiene razón, pues todos los alumnos están saliendo del aula con los bocadillos en la mano y, básicamente, por que Sakura nunca miente.
-Vale. Espera que guarde mis cosas-le pido metiendo rápida y ordenadamente mis libros y cuadernos en mi mochila.
Cuando estoy listo, salimos al patio. Sakura parece estar buscando a algo o alguien con la mirada.
-¿A quién buscas?-le pregunto casualmente, dando un bocado a mi bocadillo.
-A Heracles-me responde ella sin mirarme. Últimamente, ella y ese chico que se sienta con ella en clase se han hecho bastante cercanos. Ha habido algunos recreos en los que se ha ido con él en vez de venir con Feliciano y conmigo. Lo que me llama la atención de esas veces es que al irse le sonríe a mi amigo de manera enigmático. Es justo la misma sonrisa con la que me ha mirado antes en clase.
Al dar con el, mi amiga sonríe y dice de ir con él y Sadik durante el recreo. Acepto y la sigo sin mucho entusiasmo. Nunca me ha caído muy bien ese turco...
HERACLES
-¿Puedo preguntarte una cosa, Karpusi?
-Lo que quieras, Adnan.
-¿Quién es la muchachita a la que devoras con la mirada cada vez que pasa?
-¿Aquella?-levanto la mano, de forma no muy energética, señalando a una chica con el pelo azabache por los hombros.
-Sí, justo esa.
-Es mi futura pareja, Sakura-chan.
-Pues no tiene pinta de tener gran interés por ti, quizás yo le guste más. ¿Qué tal si me la presentas y que ella decida?
-Eso es un problema menor. No te hagas ilusiones, Sadik, ella jamás será tuya.
-Te daré la razón porque hoy no tengo ganas de discutir. ¿Y ella sabe de tu existencia o eres algo así como un acosador maniaco que se dedica a seguirla con una cámara a todas partes y sacarle fotos desde la distancia para después empapelar tus fotos con ella?
-Nos conocemos desde el año pasado y todo fue gracias a filosofía.
-¿A filosofía? Tú siempre le encuentras alguna relación a todo con la filosofía, o con Teddy. Sigo pensando que ponerle una bolsa de papel en la cabeza a ese gato sería lo mejor. Y dime ¿Cómo os conocisteis?
Ignorando el comentario sobre Teddy y la bolsa comienzo con mi relato:
-Te toca exponer, Sakura.
Un ruido que viene de mi derecha me hace levantar la cabeza. Desde hace tiempo me agradezco el no dormir nunca en clase de filosofía, si lo hubiera hecho en esa clase nunca me habría fijado en esa chica, más bien de baja estatura con el pelo un poco por encima de los hombros y negro como el carbón. Hasta que no se puso justo en el frente de la clase no me fijé en sus ojos, eran de un color ámbar que me dejaron hechizado desde el momento en el que los miré.
-Muy bien, señorita Sakura, le ha tocado exponer el tema del Mito de la Caverna de Platón ¿no es así?
-S-sí.-la asiática parece bastante nerviosa. Quizás le dé vergüenza exponer delante de toda la clase ya que nadie la conoce todavía.
-Muy bien, proceda por favor.
-E-el Mito de la caverna de Platón dice que, que...-el rojo de su cara, que ha comenzado como un simple sonrojo ha ido aumentando gradualmente y ahora mismo parece posible freír toda la comida que se sirve en el comedor en su cara.
-Quizás debería ayudarla...-susurro para mi. De verdad que la chica parece a punto de colapsar de un momento a otro.
-Por favor, señorita Honda, no tenemos todo el día para escuchar su presentación, tengo que evaluar a la mitad de la clase hoy.- La intervención del profesor me hace estar a punto de saltar ¿Cómo puede decirle una cosa así? ¿Acaso no ha notado que está a unos segundos de que le dé un ataque?
Decido intervenir, aunque no es el tema que me había preparado para la presentación "El Mito de la Caverna" lo conozco como la mayoría de la gente conoce "Caperucita Roja" ya que a mi madre siempre le gustó que desde pequeño me interesara por la filosofía que ella enseña en la universidad. Me levanto de la silla y clavo mi mirada en la del profesor que imparte mi clase preferida.
-Profesor, el trabajo está hecho entre los dos así que he decidido exponerlo yo.
-Señor Karpusi estos son trabajos individuales así que siéntese y no interrumpa.-Sigo levantado, desafiando al profesor con la mirada y sin dirigirla en ningún momento a los ojos de Sakura.
-Profesor, uno de los muchos matices que usted valora es el compañerismo ya que es necesario en nuestra vida fuera de la escuela. Me ofrecí a hacer el trabajo con Sakura ya que ella es nueva en clase y no entiende cómo tienen que ser los trabajos y eso, desde mi punto de vista, es el compañerismo que usted predica como necesario.
-Muy bien señor Karpusi, presente usted el trabajo. Pero le advierto, como se le ocurra fallar en el más mínimo matiz el suspenso irá para su amiguita.
-Tranquilo profesor, le he dicho que hemos preparado el trabajo entre los dos, me lo sé de memoria.-Comienzo a andar hasta llegar a la zona en la que tenemos que exponer y ahí me permito mirar por primera vez esos ojos chocolate que me miran con una mezcla de temor y agradecimiento. Le hablo de forma natural, como si de verdad supiera de lo que hablo.
-¿Trajiste las diapositivas?
-S-sí-asiente con la cabeza y cuando nuestras miradas vuelven a chocar aparta la suya rápidamente. Es adorable.
-Entonces todo perfecto, gracias por ofrecerte a presentar tú pero ya estoy mucho mejor de la garganta.-miento de forma completamente descarada aunque con un aplomo tal que poco me falta para creérmelo.
-¿Puedo sentarme?-Me pregunta en apenas un susurro y no puedo evitar pensar en lo tierna que se ve.
-Claro, ya he dicho que estaba mejor. Muchas gracias Sakura-chan.-al decir el prefijo japonés levanta la mirada y puedo ver en sus ojos una ola de nostalgia.
-Muchas gracias, Karpusi-san.-sin decir nada más se sienta, esperando, como el resto de la clase que comience mi recién adquirida presentación.
Durante la presentación no logro concentrarme aunque tampoco es como si lo necesitara pero me siento extraño, es la primera vez que algo consigue que me distraiga al hablar de filosofía (bueno, está mi gatito, Teddy, pero es que si le tengo cerca no soy capaz de prestar atención a nada) y lo que provoca este despiste no es otra cosa que una mirada chocolate que, agradecida y fascinada, se dedica a seguirme por el aula mientras presento sus diapositivas y hablo con toda la seguridad que ha ella le ha faltado.
Cuando la clase termina y una vez estamos todos en el pasillo la veo venir y parase justamente en frente de mi.
-Muchas gracias por lo de antes, de verdad.-hace un leve inclinación al más puro estilo japonés.
-Te vi un poco nerviosa.
-Sí, tengo miedo escénico, bueno, no es miedo, es solo que no me gusta que la gente me mire. Es...
-¿Incómodo?-intento adivinar.
-Sí, eso es, es muy incómodo sentir tantas miradas que te siguen buscando el más mínimo fallo para después restregártelo por la cara.
-No todo el mundo es así, Sakura-chan.
-¿Sabes? Hace mucho que no escucho algo tan relacionado con mi cultura. Me trae recuerdos de mi infancia.
-¿Hace mucho que te viniste aquí a vivir?
-Sí, era muy pequeña y apenas recuerdo nada de allí, aunque me encantaría volver.
-Yo podría acompañarte si gustas.-un pequeño sonrojo aparece en sus mejillas.
-E-eso ya se verá, Karpusi-san.
-¿Por qué llamarme por mi apellido? ¿Debería llamarte Honda-chan?-una ligera risa sale de sus labios que ella oculta un poco con el dorso de la mano
- Le llamo por su apellido porque ha decido utilizar un prefijo japonés conmigo, y por cortesía debo llamarle por su apellido y de usted. Y decir Honda-chan es bastante raro ya que el -chan se le dice solamente a las niñas pequeñas y a los niños no se les llama por su apellido generalmente.
-¿Sakura-san entonces?
-La verdad es que hace demasiado que nadie utiliza esos prefijos conmigo como para que me importe mucho el matiz.
-Bien, pero si yo me salto el protocolo tú también, nada de hablarme de usted ni de usar apellidos con prefijos que no expresan confianza.
-¿Entonces quieres que te llame Heracles-kun?
-Sí, me gusta más así. ¿Y con tu familia no hablas japones?
-No, ni a mis padres ni a mi hermano le ha gustado nunca así que desde que vine aquí no lo he hablado aunque todavía soy capaz de hablarlo con fluidez.
-Te cambio lecciones de japonés por lecciones de filosofía ¿qué te parece, Sakura-chan?-el sonrojo que había ido desapareciendo de las mejillas de la nipona vuelven a aparecer.
-Y ese fue el primer día que hablé con ella. ¿Qué opinas?
-Que has leído demasiados libros románticos. Esa actuación de mezcla entre héroe y príncipe azul griego dudo que funcionara con ella, parece una chica bastante tímida según me has contado. ¿Estás seguro de que no me la presentas?
-Si mi actuación de "mezcla entre héroe y príncipe azul griego" no funciona con ella dudo que ni si quiera tengas oportunidad de acercarte a ella con tu fachada de duro y despreocupado. Es más siempre he pensado que lo único que te falta para creerte ya un jeque es llevar un antifaz.
-¿Un antifaz? Pues no es mala idea... ¿No hay ni una posibilidad?
-Ninguna.-me tumbo en el cesped, cerrando los ojos y esperando a que la alarma que indica el final del recreo suene. No puedo evitar pensar en Sakura y se que una sonrisa se dibuja en mi rostro.
-Parece que mi suerte va a cambiar-dice malévolamente. Abro un ojo y veo que sonríe con cierta maldad.
-¿Por qué sonríes así?
-Es obvio. Sakura viene buscándome.
-¿Buscándote? No me hagas reír, está claro que viene a buscarme a mi-me incorporo para no estar tumbado cuando llegue.
-Hola chicos. Hoy traigo a Ludwig porque su mejor amigo, no ha venido hoy a clase y está un poco tristón.-el rubio le lanza una mirada de advertencia a Sakura-chan que le devuelve una sonrisa un tanto... malvada.
-¡Mi querida Sakura! Por fin tengo el placer de conocerte. Karpusi me ha hablado bastante bien de ti-veo como Sadiq le planta dos besos a la asiática que solo acierta a sonrojarse hasta la raíz misma del pelo.-Soy Sadiq Adnan, es un verdadero placer poder conocer a una señorita tan bien perecida como tú.
-Adnan, ya te pasas, dale un poco de espacio personal.
-¿Espacio personal? Eso está sobrevalodaro lo que pasa es que quieres poder estar tan cerca de ella como yo. ¿Eso que huelo son celos?-mientras dice esto abraza a Sakura-chan por la espalda. Hace rato que los tres nos hemos olvidado del amigo que venía acompañando a Sakura pero parece bastante ausente así que ¿para qué molestarle?
-¿Celos? Podrían ser. De todas formas la estás incomodando y no va a querer volver con nosotros en los recreos así que suéltala.
-¿Y si no quiero soltarla?-me mira con el desafío brillando en los ojos. La verdad es que hace tiempo que no tenemos una buena pelea, empezar una por Sakura no es mala idea.-¿Has oído eso Sakura? Heracles parece que te cela ¿lo sabías?-deshace el abrazo y se acerca a mi.
-N-no creo que se refiera a ese tipo de celos.
-Claro que se refiere a este tipo de celos, cariño.
-Vamos, déjala ya, Sadiq.
-Ya sale el príncipe griego a salvar a la pobre damisela. Toma, te la presto por un rato-empuja a Sakura, que tropieza y cae sobre mis rodillas. Antes de que se pueda levantar la rodeo con mis brazos y me dedico a observar como su rostro pasa a un color rojo preocupante.-pero que sepas que solo te la estoy prestando, ella va a ser mía.
-C-creo que debería ir a hablar un poco con Ludwig...-Sakura se revuelve en mis brazos pero no dejo que se escape tan fácil.
-No te preocupes por él que ya me lo llevo yo a dar una vuelta ¿estáis seguros de que no viene un poco drogado? Nunca está de más compartir si se tiene algo... y de paso a ver si encuentro al idiota de Gupta, que tiene pinta de haberse perdido otra vez ¿Cómo puede haber alguien tan tonto en un instituto?-sin decir más coge al rubio por el brazo que reacciona como si le hubieran despertado y tras unas cortas palabras los dos se alejan hablando de forma animada para la estupefacción tanto de la japonesa como mía.
-¿Quieres que te suelte?-el sonrojo de mi amiga se ha ido bajando y lo que antes era del color del tomate ahora se ha convertido en una leve rojez en las mejillas.
-No. Estoy cómoda así, si no te importa, claro.-la respuesta me sorprende, generalmente es tan tímida.
-Bien.
Un silencio agradable se instala entre los dos. Suelto una de las manos del agarre y la paso suavemente por el brazo de mi amiga. No dice nada así que repito la acción hasta convertirla en una caricia continua. Sakura no dice nada, solo cierra los ojos.
-¿Te pasa algo, Sakura-chan?
-No ¿por qué?
-Otras veces no me dejas si quiera rozarte la mejilla y ahora estás tan tranquila mientras te acaricio el brazo ¿acaso te gusto?
-¿¡Q-que!? ¡Claro que no!-se aparta de mi y se sienta a mi lado, intentando poner distancia.- Es solo que estoy un poco preocupada y no me doy cuenta, solo eso, nada más. No hay nada raro, de verdad.
-Vale, te creo-vuelvo a acariciarle el brazo, pero esta vez desde la distancia que ella ha puesto entre los dos- ¿Y por qué estás preocupada?
-Por Maddy.
-¿Maddy? ¿esa es tu amiga la rubia?
-Sí. Nunca ha sido una chica muy alegre pero últimamente está peor y no sé qué hacer para animarla.-baja la cabeza, derrotada. Le paso el brazo por la cintura y la acerco a mi, haciendo que apoye la frente en mi hombro.
-A lo mejor no necesita que la animes, sino que con que estés ahí cuando te necesite es suficiente. Hay muchas personas que lo único que necesitan para salir adelante es una persona que les sirva como pilar para sostenerles y no caer al abismo que ellos mismo piensan que es su vida.
Nos quedamos en silencio, ella procesando lo que acabo de decir y yo disfrutando de su compañía. En ningún momento paro de acariciarle el brazo y ella no despega la frente de mi hombro hasta que el timbre que anuncia el final del recreo la saca de sus pensamientos.
Se levanta y con una rápida despedida y un gracias que me sabe a gloria sale corriendo hacia la siguiente clase. Yo me quedo unos minutos más sentado, sintiendo aún el tacto de su brazo en mis dedos. Cuando no queda nadie más en el patio me levanto y me dirijo hacia el aula sin prisas.
IVÁN
-¿Vas a venir esta tarde a la biblioteca?-pregunto a Eduard mientras salimos del instituto.
-No sé si pueda, tengo que actualizar mi blog.
-¿Y eso no puede esperar? Tenemos que hacer el trabajo de biología, y a mi me gusta acabar las cosas con tiempo.
-Mmm...-duda Eduard- Pues bueno, a mi tampoco me gusta dejar las cosas para el ultimo momento. Pero ese trabajo es para el mes que viene.
-Pero yo lo voy a hacer esta tarde.
-¿Sin mi?-pregunta un poco escandalizado.
-Supongo, ya que en lugar de venir vas a actualizar tu blog...
-¡No puedes hacer eso, Iván! Además, también está Madeleine en nuestro grupo.
-¿Quién?-pregunto sin saber quien es esa tal Madeleine
-Madeleine, se sienta a mi lado en clase. La hermana de Alfred-añade al ver que no la reconozco, pero al mencionar a mi acérrimo enemigo ya me acuerdo de ella. Es buena chica, todo lo contrario que su indeseado hermano.
-Ah, la hermana del gordo capitalista-recuerdo con una sonrisa falsa-Ya ha hecho su parte por su cuenta y me la ha entregado.
-Pues entonces...¿Y no podemos quedar mañana?
-Yo mañana voy a estudiar literatura.
-¿Y qué tal si estudias hoy literatura y mañana quedamos para hacer el trabajo?
-Net, entonces no me cuadra con el horario que me hizo mi sestra Kat-Al mencionar a mi sestra, a Eduard se le pone la cara roja. Si no hace calor... qué raro.
-Ah y...¿No puedes cambiarlos por solo un día? Además, ¿Por qué no te haces tú los horarios?-Al ver que le miro de manera amenazante, parece entrar en pánico.
-E-está bien, quedamos esta tarde en la biblioteca. ¿A las seis está bien?
-Da, a las seis es buena hora-sonrío contento por haber conseguido convencer a Eduard de quedar hoy.
-Bueno, yo me tengo que ir ya... adiós-se despide rápidamente y se va.
Cuando me quedo solo, observo a mi alrededor a los chicos de mi clase y a los de la clase de al lado. Por una parte, Roderich y Elizabetha hablan tranquilamente mientras salen por la puerta. Detrás de ellos dos van el gordo capitalista con su amiga japonesa, quien tiene la cara casi igual que Eduard cuando he mencionado a mi sestra. Quizás ambos estén enfermos y nos contagien su enfermedad...
Cerca de las puertas junto al hall están Antonio, Gilbert y Francis, este último haciendo alguna broma rara a Arthur, el novio del gordo, que le insulta y parece enfadado. Qué raro que no se vuelva con su novio. Ojalá se haya hartado de Alfred y hayan roto.
Comienzo a andar sin compañía hacia mi casa, donde espero no esté la 'amiguita' de mi sestra Natasha. No sé qué demonios ha podido ver en alguien como Emma. Es un pendón que solo se aprovecha de las personas, y ahora está jugando con Natasha. Si la deja y le parte el corazón, juro que me vengaré.
Mientras voy pensando en lo mucho que odio a la novia de mi sestra, veo a un chico riendo a la vez que corre en mi dirección.
-¡Ay!
Agacho la vista y veo que ese niño, que deberá de tener unos cinco años y es asiático, acaba de chocar conmigo y ha caído al suelo.
-¿Estás bien?-le pregunto al pequeño, a quien le ha cambiado el semblante y ahora está a punto de echarse a llorar.
El chico sigue sin contestarme, y parece estar entrando en pánico. Me agacho hasta quedar a su altura y le repito de nuevo la pregunta.
-¡YAO!-grita el pequeño, con su chillona e infantil voz, dejándome casi sordo.
No se quien será ese tal Yao, pero el niño parece desesperado buscándole con la mirada.
-Tranquilo, no te voy a hacer nada-le aseguro al ver que empieza a llorar cada vez más. Cuando pienso que el niño no dejará de llorar nunca, veo cómo alguien viene corriendo hacia nosotros, hacia el crío concretamente. Es un poco más bajo que yo. Lleva el pelo recogido en una coleta y su cara aniñada le da aspecto andrógino.
-¡Im Yong Soo!¡Por fin te encuentro!-grita con preocupación al llegar junto a nosotros. Se agacha y recoge al pequeño del suelo con delicadeza y le consuela. Me pongo en pie, sin saber si irme o explicarlo que el niño ha comenzado a llorar solo.
-Gracias por atrapar a mi hermanito-dice el chico que ha venido en busca del tal Im Yong Soo. Tiene unos bonitos ojos marrones que cuando me miran me transmiten calma y tranquilidad.
-En realidad él se ha chocado conmigo y ha caido al suelo. Luego ha empezado a llorar.
-Este tipo me asusta, Yao-dice el pequeño en manos de su hermano, mirandome con temor, aunque menos que antes. Yo siento como mi sonrisa de falsa inocencia aparece en mi rostro y el pequeño parece asustarse más y entierra su cara en el hombro del mayor.
-No seas descortés, Im Yong Soo. Si no fuera por él ya estarías perdido-regaña al niño, para luego dirigir su relajada mirada en mis ojos-Perdónale, por favor. Es muy pequeño. Por cierto, me llamo Yao.
-Soy Iván-sonrío a Yao, aunque no de manera escalofriante como suelo hacer, sino con amabilidad(o eso creo)-Es un placer.
-Igualmente-me responde Yao con una gran sonrisa. Su hermano pequeño me saca la lengua, cosa que Yao no pasa por alto y le regaña otra vez-Nosotros nos tenemos que ir ya. Tengo que ver si encuentro a Sakura antes de que se vaya del instituto...
A pesar de que eso último lo murmura para si mismo, al oir nombrar a Sakura creo que empiezo a relacionar las cosas. ¡Sakura es china, seguro que Yao e Im Yong Soo son sus hermanos!
-¿Eres familia de Sakura? Hay una chica en mi instituto que se llama así. Sakura Honda. Vino nueva el año pasado y es china. Es amiga del gordo capitalista...
-¿Conoces a Sakura?-pregunta sorprendido Yao alzando una ceja.
-Da, te repito que hay una chica que se llama así en mi instituto.
-¿En serio?¡Es mi hermanita!-dice con felicidad Yao. Im Yong Soo por su parte frunce el ceño y murmura algo así como que Sakura es tonta y no le gusta como hermana-Aunque ella no es china, sino japonesa.
-Ah-digo simplemente, aunque estoy convencido de que Sakura es china.
-Bueno, pues me tengo que ir, a ver si la alcanzo, tengo que darle una cosa que ha olvidado. Adiós.-se despide Yao con un leve pero enérgico movimiento de mano
FELIKS
-Como que super fuerte ¿Cómo es que sabías eso, Toris?
-Son rumores que se escuchan por mi clase.
-Pero este está ya confirmado ¿verdad?
-Sí, eso es lo que parece.
-Osea me dejas muerto ¿Antonio y Roderich? Por favor si no pegan para nada ¿y seis meses? eso es como que completamente imposible, osea Roddy es demasiado estirado y Antonio... bueno, es muy especialito para sus cosas. No me lo puedo creer, tiene que ser coña, vamos.
-Ya, mi reacción fue bastante parecida cuando me enteré, también opino que no pegan para nada. Bueno, yo tiro ya por esta calle, hasta mañana.-veo como Toris se aleja de forma rápida en la dirección contraria a la que tomo yo, no sin antes buscar mi Ipod y poner a reproducir la lista en aleatorio.
This kicked in got your tongue tied in knots, I see Spit it out 'cause I'm dying for company I notice that you got it You notice that I want it You know that I can take it to the next level baby If you want this good s–t Sicker than the remix Baby let me blow your mind tonight
Pienso unos momentos si dejar la canción o cambiarla, pero es Britney, no puedo cambiar una canción suya tan a la ligera. Andando al ritmo de la canción y de vez en cuando dando vueltas sobre mí mismo como si me encontrara dentro del videoclip llego hasta mi casa. Busco las llaves mientras mi lista sigue reproduciéndose, cuando me dispongo a abrir una mano que no veo venir se apoya en mi hombro de forma amigable. Al no esperar el contacto doy un pequeño respingo justo antes de levantar la vista hasta el dueño de la mano.
-No. Tú no-dejo caer las llaves que hacen un ruido metálico al chocar contra el suelo y de un tirón me quito los cascos aunque no tengo ningunas ganas de escuchar lo que el hombre quiera decirme.
-¿Y esa mirada? Cualquiera diría que no te alegras de ver a tu padre después de tanto tiempo.
-Yo no tengo padre.-intento quitar la mano de mi hombro pero él aprieta con más fuerza.
-Oh, vamos Feliks, hijo mío, no seas tan dramático, claro que tienes padre. Mis genes son la mitad de los tuyos, por más que quieras que eso sea una realidad es imposible, soy tu padre lo quieras o no.-dice esto con un tono que intenta ser paterna, propósito que falla estrepitosamente.
-No, no eres mi padre. No eres más que un desconocido con quien, para mi desgracia, comparto parte de mis genes.-el agarre de su mano ya comienza a dolerme y entumecerme el brazo por lo que vuelvo a intentar quitar su brazo, esta vez de una formas bastante menos sutil.
-No me vengas con gilipolleces ¿Acaso te crees alguien importante como para tratarme así? ¡Soy tu padre y me debes respeto!
-Dejaste de ser mi padre el día en el que preferiste emborracharte y tirarte a una puta barata en vez de apoyarme.-me agacho recogiendo las llaves y deshaciéndome por fin del agarre. Abro la puerta y entro al portal, dándole la espalda al hombre con quien, como él dice, comparto mis genes.
-¿De verdad quieres sacar a la luz ese día, Feliks?-entra detrás de mi al portal, sin darme tiempo a cerrar la puerta antes.
-¿Por qué no? Además, no fue solo un día fueron muchos, demasiados ¿Sabes papá?-escupo la palabra, como si el simple roce de ese término con mis labios me diera repulsión- fueron noches enteras y días seguidos en los que yo solamente esperaba que regresaras para que mamá dejara de llorar. Después, cuando aparecías nada mejoraba, lo único que hacías era esclavizarla con tus gilipolleces y resacas.-le miro con odio que ni si quiera intento ocultar porque no se lo merece.
-Te recordaba más simpático, es más, hace tiempo eras un hijo amable, me querías y hasta lo demostrabas.-da un paso hacia mi y yo retrocedo otro para mantener la distancia.
-¿Todavía recuerdas esa faceta mía? Fascinante, y yo que pensé que se te habría olvidado con eso de andar todo el día borracho. Es una pena que hicieras desaparecer esa parte de mi a base de insultos y golpes.
-Vamos, hijo, no seas tan duro conmigo.-extiende su mano para intentar volver a colocarla en mi hombro pero yo vuelvo a apartarme.
-¿Duro? ¿Te crees que estoy siendo duro contigo? Pobre iluso.-suelto una carcajada falsa e irónica.
-¿Ni si quiera vas a invitarme a subir a mi propia casa?
-No, no pienso dejarte ver a mi madre, ella está mejor sin ti. Ya puedes irte. No ha sido ningún placer encontrarme contigo, es más, espero que no se repita nunca. Bye.-le despido con la mano y me giro para comenzar a subir la escalera.
-Octavo mandamiento: No dirás falso testimonio ni mentirás. ¿Cuántas veces voy a tener que repetírtelo para que lo recuerdes?-Otra vez noto su mano en mi hombro y esta vez, de un tirón, hace que me gire para quedar frente a frente.- ¿Crees de verdad que me puedes engañar? Ya he hablado con tu madre sobre que iba a venir a veros y la verdad es que pareció bastante ilusionada por mi visita.
-Hijo de puta.-quito su mano de un tirón y comienzo a subir la escalera hasta llegar al 4º piso. Antes de abrir la puerta bloqueo el paso con mi cuerpo a mi padre.
-Atrévete a ponerle una mano encima y te juro por tu amado Dios que te tiras en la cárcel el resto de tu jodida existencia.
-Sigo preguntándome dónde se quedó mi hijo.
-Dentro del armario.-Tras decir esto se aparta un poco de mi con mirada de asco.
Abro la puerta tras encajar la llave y lo primero que veo es a mi madre en el salón al cual se entra directamente. Lleva puesto uno de los vestidos que le regaló mi padre después de uno de sus muchos "viajes de negocios"
-Jocelyn, un gusto volver a verte. Sigues tan guapa como siempre.-bufo ante el comentario pero no me prestan atención.
-Mike-puedo ver perfectamente como la mirada de mi madre se ilumina confirmando así mis peores sospechas- tú tampoco has cambiado mucho aunque tienes un aire diferente, como más...
-¿De borracho con síndrome de abstinencia? ¿De drogadicto que se chuta heroína por garrafas, tal vez?
-¡Feliks, no interrumpas a tu madre y menos para decir esas chorradas!
-Y yo que voy a hacerte caso, claro que sí.
-Feliks, cariño, haz caso de tu padre.-me entran ganas de irme pero no me atrevo a dejar a mi madre sola con él por lo que pueda hacerle.
-¿Mamá?
-Dime cariño.
-¿Te has dado cuenta de lo que estás haciendo? Estás hablando tan felizmente con el hombre que te ha estado pegando desde hace años.
-¿Pero qué dices, cariño? Tu padre nunca me ha puesto la mano encima, siempre me ha tratado como a toda una señorita.-se ríe y su risa podría competir con la de cualquier quinceañera enamorada.
-¿No puede ser que cambiaras tu perspectiva sobre mi tras el... incidente?
-¿Incidente? ¿Desde cuándo se usa ese eufemismo para paliza?
-Feliks, pequeño ¿Se puede saber de qué hablas?
-Hablo, mamá de eso que parece que has borrado de la memoria a base de ansiolíticos. Hablo de los golpes que nos daba cada día al llegar a casa prácticamente sin poder tenerse en pie por culpa del alcohol.
-Hijo, de verdad que todo eso no ha ocurrido jamás, en mi vida os he puesto la mano encima. ¿Joce, cariño, has pensado en llevar al pequeño a que le vea un buen doctor? El hijo de un compañero tiene un hijo que es psicólogo, quizás pueda pedirle el número.
-¡¿Me estás llamando loco!?-me acerco a él, acortando la distancia que llevaba imponiendo desde el mismo momento en el que le vi.
-Claro que no te está diciendo eso, solo se preocupa por tu bienestar.-miro a mi madre atónita, sin reconocerla. El día en el que su psicólogo me dijo que tenía una fuerte dependencia hacia mi padre no creí que esta fuera a ser tan exagerada como para hacer caso omiso a todo lo que pasó.
-Es verdad, seguramente no es que quiera que me vea un psicólogo ¿Cómo no me habré dado cuenta antes?
-¿Ves? nosotros solo queremos lo mejor para ti, me alegro de que lo entiendas por fin.
-Lo que pasa es que tú-le señalo de manera acusadora- no soportas que tu hijo sea homosexual ¿Me equivoco?-veo como sus facciones que hasta entonces había estado completamente relajadas se crispan en una mueca de asco. Sus ojos desprenden tanto odio que me retiro todo lo que puedo de él.
-TE HE DICHO QUE NO DIGAS ESA PALABRA BAJO MI TECHO.
-Sigues sin poder soportar que tu hijo quiera estar con otros hombres en vez de con mujeres. Eso da mucho que pensar.-aunque intento que mi voz suene segura no estoy seguro de conseguirlo del todo.
-Feliks, a tu padre le da igual que seas homosexual, él te acepta tal y como eres ¿Verdad cariño?-cuando me giro a ver a Mike lo que veo me asusta. Sonríe, sonríe solo con los músculos de la boca. El resto de su cara muestra que la tiene contraída en una mueca de odio. Los ojos que parece que desprenden llamaradas miran fijamente primero hacia mi madre y luego hacia mi.
Sé lo que viene ahora. Cierro los ojos, aprieto la mandíbula y la mandíbula y espero el golpe. El golpe que no llega.
Aunque sí que lo escucho, escucho el golpe, un quejido y el ruido de un cristal roto. Entreabro los ojos y la visión que tengo ante mi no se me hace desconocida. Mi madre inconsciente en el suelo, con múltiples rasguños provocados por los cristales de la mesa que se han roto bajo su peso al caer.
-¿QUÉ LE HAS HECHO?
-No nada que no se mereciera. Llevo demasiado tiempo alejado de esta casa y ella ya empezaba a decir cosas sin sentido, ha sido una pequeña lección.-dice esto de forma calmada como un padre que le explica a su hijo por qué se lleva a los perros con correa por la calle aunque parezca cruel. Como algo obvio.
-¿Desde cuando apoyar a tu propio hijo es algo sin sentido?-modulo mi voz para no dejar salir todo el odio y la impotencia que siento.
-Desde que lo que hace es algo antinatural. No se puede defender algo por lo que vas al infierno y ella lo ha hecho, tiene que aprender a ser una buena esposa y a no llevarle la contraria a su marido.-veo como vuelve a levantar el puño así que corro y me interpongo en el camino del puño y el cuerpo inerte de mi madre.
-Que conmovedor. ¿Quieres recibir tú el castigo por ella o acaso crees que me voy a frenar por el simple hecho de que tú estés delante? Me das asco.-su mirada es tan fría y su voz tan calmada que hacen que me estremezca otra vez. No soy capaz de moverme, solo trago saliva, cierro los ojos y vuelvo a esperar el golpe que esta vez sí llega.
Me da en la parte izquierda del mentón y el impacto es tan fuerte que hace que me tambalee hasta el respaldo del sillón al que me agarro para no caer al suelo.
-Te mereces eso y mucho más. Por maricón.-A las ganas de llorar que ya sentía debido a la impotencia se les suman las del daño tanto físico como psicológico pero no pienso mostrar ningún signo de debilidad antes Mike. Me trago las lágrimas, por orgullo. No va a volver a verme llorar jamás.
Otro golpe en la boca del estómago me hace soltar todo el aire en un quejido y abrir los ojos de golpe.
-¿Pretendes que pida perdón, acaso? A lo mejor no soy el hijo que esperabas, de esos que solo vuelven a casa a dormir la mona después de haberse hartado de follar con la puta que tienen por amante ¿Tanto querías que me pareciera a ti? Créeme, no siento para nada ser una decepción como hijo, es más me alegro de ello. Si hubiera salido como tú querías ya me habría colgado en mi cuarto.
Me preparo para el tercer golpe que tiene pinta de ser más fuerte que los anteriores por la mirada encolerizada de los ojos de mi padre, que brillan como los del demente que es.
En el mismo momento en el que el puño vuelve a chocar contra la zona que ya tengo lastimada mi madre recupera la consciencia. Caigo al suelo en el momento en el que ella empieza a hablar.
-Uf, que tropezón más tonto acabo de tener. Que pena, he roto la mesita que tanto te gusta, Mike.- la miro completamente atónito desde el suelo.
-Cariño-mi padre se aleja de mi y se acerca en actitud cariñosa a ella-te has hecho daño con los cristales, lo que menos me importa ahora es la mesa. ¿Podrías dejarnos unas horas solos, Feliks? Tengo que hablar de unas cosas importantes con mamá.
-Ni hablar.-me levanto del suelo- ¿Crees que te voy a dejar a solas con ella? ¡Acabas de darle tal puñetazo que se ha quedado inconsciente!
-Cariño haz el favor, vete con tus amigos hoy, si quieres duerme en casa de alguno de ellos, tu padre y yo tenemos mucho de lo que hablar ahora que ha vuelto.-la mirada tierna que le dedica me hace sentir nauseas.
-Mamá ¿Acaso estás loca? Él acaba de pegarte.
-No digas tonterías cariño y ahora, si no quieres que te castigue vete de la casa y déjame hablar con tu padre.
-No sabes lo que estás haciendo mamá.
-Feliks, fuera. Ahora.-el tono de mi madre es frío y me da a entender que va a quedarse a solas con mi padre aunque le cueste la misma vida.
-Paso, me largo de esta casa de locos.-recojo la mochila del suelo y con las mismas salgo de mi casa dando un fuerte portazo.
Una vez en el portal me dedico a relajarme, es fácil, solo tengo que coger aire y soltarlo de manera profunda y evitar pensar en el cabrón que tengo por padre.
Un poco más relajado busco el móvil dentro de la mochila y le abro conversación a Chiara.
"Osea como que necesito maquillaje urgente"
"¿Cuento con tu fantástico estuche de pintura que ni si quiera has estrenado?"
A los pocos segundos una llamada entrante de Chiara me sobresalta. Decido colgar e ir directamente a su casa, está a unos 15 minutos andando así que el paseo me servirá para tranquilizarme. En el momento en el que voy a salir por la puerta se escucha un golpe de algo romperse unas plantas más arriba, reconozco perfectamente el grito de mi madre que sigue al ruido y por unos segundos me planteo el volver a subir.
Antes de darme cuenta estoy corriendo fuera del bloque, lejos de mi barrio. No pienso, solo corro lo más rápido que puedo esperando olvidar que en unas horas la ambulancia tendrá que llevarse a mi madre al hospital.
A los 7 minutos estoy tocando en el timbre de la casa Vargas, quien abre la puerta es mi amiga así que me tomo la libertad de pasar a la entrada.
-¿Hay alguien?
-Solo mi fratello pero está en su cuarto con la música. Lleva sin salir de la cama desde la mañana.-pasa a la cocina y la sigo.- ¿Necesitas algo?
-No...-y al decir este simple monosílabo la voz se me quiebra. Llevo aguantando las ganas de llorar desde hace bastante tiempo y aunque no me gusta mostrarme débil ante los demás sé que hay dos personas con las que puedo hacer una excepción y una de ellas es Chiara.
Noto los brazos de Chiara rodearme, al principio un poco dudosos aunque después parecen coger algo más de confianza.
-¿Me estás abrazando? Creo que voy a escribirlo en mi diario.-aunque intento que mi voz no suene rota no lo consigo.
-Cállate antes de que me de cuenta de lo que estoy haciendo.-Sin más palabras me dejo llevar por el llanto. Al principio solo noto una lágrima recorriendo mi mejilla pero rápidamente el camino trazado por esta se convierte en el cauce de un río de lágrimas. Entierro la cara en su hombro y lloro como hace tiempo que no lo hacía, mojando la camiseta de la castaña que no dice una palabra. Lloro hasta que me duelen los ojos y aún así no paro.
-No es mi culpa.
-Claro que no lo es. No seas tonto, Feliks.
-No es mi culpa haberla dejado sola.
-No. No es tu culpa, tu madre es dependiente de él, no puedes hacer nada.
-No es mi culpa si la ingresan.
-No, no es tu culpa, eso solo será culpa de Mike por ser un bastardo hijo de puta.
Estas palabras me hacen tranquilizarme un poco por lo que seco mis ojos y me separo del hombro empapado de la castaña. Cuando levanto la vista veo húmedos los ojos de Chiara.
-No me digas que te has puesto sentimental.
-¡Claro que no!
-Va a crecerte la nariz y con la nariz larga no vas a poder conquistar nunca a tu amor Antonio.-arriesgando mi vida le doy un pequeño beso en la mejilla, solo un roce que hace que se quede estática por 3 segundos que suele ser lo que tarda en analizar una situación fuera de lo común.
-¡Feliks, TE MATO!
-Sé que hubieras preferido un beso del español pero por algo se empieza.-le guiño un ojo mientras noto perfectamente el aura asesina formarse a su alrededor.
-Corre. Corre porque voy a matarte.
-Chiara.
-¿¡Qué!?-la mirada que me echa intimidaría al mismísimo Jack "el destripador".
-Gracias.-veo que se relaja de golpe- por cierto ¿dónde dijiste que estaba el estuchito mágico y sin estrenar de maquillaje?
-No te lo he dicho, está en el cuarto de baño de arriba.
-Pues como que me vas a dejar usarlo un ratito, sino esta mancha tan fea de aquí.-señalo el moratón que ya se ve claramente en mi mentón-no me va a dejar ligar a gusto. Por cierto, ve llamando a Toris, dile que me da igual lo que esté haciendo. En una hora como muy tarde estamos buscando una buena fiesta.
-Espera, espera. Yo no pensaba salir hoy.-me giro mientras subo la escalera hasta el piso de arriba.
-Tú lo has dicho, no ibas a salir. Tiempo pasado, ahora sí vas a salir. Además me vas a dejar elegirte la ropa que tienes que ir guapa, no pienso dejarte ir con sudadera y vaqueros.
-Feliks, no voy a salir hoy.
-¡Oh! claro que vas a salir hoy. Y sabes, en una hora. Y como Toris se retrase le corto su tan preciado pene. Díselo de mi parte.-son dejarle decir nada más subo corriendo las escaleras y me encierro en el baño. Tras encontrar el bendito maquillaje y aplicarme un poco en la zona del mentón salgo directo a la habitación de mi amiga.
Tras 45 minutos y varias peleas y reproches por parte de la castaña ya estamos en la puerta esperando a Toris, ella con un vestido rojo oscuro que dice odiar y y yo con una camisa cortesía de Feliciano.
Vemos llegar a Toris corriendo calle abajo. Parece que la pequeña advertencia sobre el futuro de su pene ha surtido efecto. Compongo mi mejor sonrisa la cual no engaña a mi amigo.
-¡Hola! Siento el retraso...
-Nada, por hoy te perdonamos, mañana ya veremos qué es lo que pasa.
-Feliks... se te ve un poco el moratón bajo el maquillaje.-mierda, siempre ha sido demasiado perspicaz para lo que le interesa.
-Es que el pobre ha tenido un mal día.
-¿Y cómo es que no sabía nada?-no es una acusación, suena más como simple curiosidad.
-Porque te preocupas demasiado por estas cosas, Toris, y no necesito compasión por lo que pase o deje de pasar en mi vida. De todas formas te lo cuento ahora. Simplemente que mi padre ha venido y...
-Vale, Feliks, no pasa nada, de verdad. Ya me lo contarás cuando sea el momento, además con saber que ese... ese tío ha ido a tu casa ya me puedo imaginar bastante bien lo que ha pasado.
-Bueno, dejemos los dramas a un lado, ya que tantas ganas tenías de salir tú decides, bastardo ¿a dónde vamos?
-Por favor, que no sea al sitio ese de la última vez, no podría soportar otra vez un antro así.-considero la petición de mi amigo y tras unos segundos pensando se me ocurre el sitio perfecto.
-¡Ya sé a dónde podemos ir! Aunque queda un poco lejos. Pero creo que nos gustará a los tres.
-Yo por mi bien, no me importa andar un rato.
-Claro, eso es porque a ti Feliks no se ha empeñado en ponerte tacones.-noto una de las miradas de odio de la castaña a las que ya me tiene más que acostumbrado.
-No te quejes y vamos ya.-me pongo entre mis dos amigos y entre piques y bromas llegamos hasta una de las calles más concurridas.
-¡EH! Vosotros tres, esperad al awesome yo.
La voz ronca de nuestro compañero de clase nos hace pararnos a los tres. Vemos correr al albino entre la gente hasta que llega hasta donde estamos.
-¿Qué pasa, Gilbert? Di rápido que como que no tengo ganas de tener que soportarte hoy.
-Baja esos humos, Lukasiewicz solo venía a honraros con mi presencia.
-Ya empezamos... stronzo...-la última palabra de Chiara es solo un susurro que Gilbert no llega a oír, pero Toris y yo sí. Mientras me río descaradamente mi amigo solo dibuja una sonrisa.
-Bueno, Gilbert ¿querías algo? es que tenemos un poco de prisa.
-Por fin alguien que sabe como hablarle al awesome yo. Solo me preguntaba si sabíais por dónde queda el "Tomato gang", es que he quedado ahí con Francis y Antonio pero no tengo ni idea de como llegar.
-Pues no, no sabemos nada, ahora fuera.-de verdad, no soporto al albino.
-No le hagas caso a Feliks, está aquí cerca, solo tienes que coger la siguiente calle a la izquierda y seguir recto, está al final de esa calle.
-Gracias Toris, te debo una.-con las mismas prisas con las que ha llegado desaparece entre la gente.
-¡Aarg! no le soporto. Es tan... no puedo con él.
-¿Sabes que dicen que del odio al amor hay un paso?
-En realidad es al revés, Chiara...
-Bueno, pero el orden de los factores no altera el producto... no se si sabes, cosas de ciencias.
-Ja, ja, muy graciosa. Que soy de letras pero no soy tonto.
-¿Estás seguro de eso, Toris? Osea, a veces como que eres un poco simple...
Mi amigo acelera el paso por lo que la castaña y yo le seguimos, y entre burlar y risas de nuevo llegamos al bar donde vamos a pasar las siguientes cuatro horas gracias a las cuales dejo de lado mis problemas y disfruto de la compañía que, aunque me cueste admitir, es la única que puede animarme.
ANTONIO
-¡POR EL FIN DE SEMANA!-Francis levanta su copa para chocarla con la mía. Chocamos las copas y bebemos los dos un largo trago.
-Tío, el instituto es un asco, no sé por qué seguimos en él.
-Eso es, querido Toño, porque el año pasado preferimos salir toda la semana de exámenes en vez de estudiar.
-Era necesario, esa semana estaba todo a mitad de precio, solo mirábamos por la economía-nos reímos los dos.
-Bueno, bueno ¿Mon ami Gilbo dónde se mete? Si no estamos los tres esto nunca es tan divertido.
-Sabes que no suele ser puntual aunque yo no tampoco puedo hablar...
-Por eso mismo, Toño, lo que me preocupa no es que llegue tarde, sino que llegue más tarde que tú.
-¿Ya estáis hablando de mi? ¿Tan rápido echáis de menos mi awesome presencia?-tanto Francis como yo nos damos la vuelta para encarar a Gilbert que nos pasa un brazo por los hombros a cada uno.
-Ahí tienes la cerveza, para que luego te quejes de amigos...
-¿Quejarme de vosotros? Solo de vez en cuando kesesese.
-Mirad de forma no descarada a mesa de la derecha, parece que ya hemos encandilado a tres bellas damas.-obviando el "de forma no descarada" de nuestro amigo Gil y yo giramos el cuello como si de la niña del exorcista nos tratáramos para encarar a las tres chicas que echan miradas a nuestra mesa mientras hablan muy juntas.
Mientras que Gilbert las saluda con toda la naturalidad yo les guiño un ojo mientras amplío la sonrisa que siempre me acompaña.
De las 3 chicas una de ellas devuelve una sonrisa coqueta mientras que las otras dos solamente se ríen mirándose la una a la otra.
-Fran, tío no me acostumbro a eso de que tengas novia, ahí faltabas tú mandando un beso.
-Ya sabes, mon ami Antonio, que yo le soy fiel a Vic.
-Pues los rumores no dicen lo mismo, kesesese. Se dice por el instituto que esta mañana has tenido un bonito encuentro con el cejas.
-Todavía no entiendo cómo de todos en los que te podías fijar lo elegiste a él. Sabes que le odio.
-Lo de mi encuentro con Arthur hoy solo ha sido un... malentendido. Pero no me podréis negar que tiene pinta de ser un buen amante...
-Un amante al que nunca vas a poder conseguir, no sé si te habrás dado cuenta, pero te odia casi lo mismo que odia a Toño.
-Gilbert, Gilbert, Gilbert ¿Acaso nunca te he hablado de los métodos de seducción franceses? Primero tienes que conseguir que quiera más de ti, ocupar cada uno de sus pensamientos hasta que se vuelva completamente loco.-como cada vez que explica algo se acerca peligrosamente a mi.
-Después, cuando solo sea capaz de pensar en ti, tienes que acercarte a su círculo de amistades, de forma que tu nombre esté en boca de sus amigos, compañeros e incluso familia. Una vez le tienes completamente en tus redes solo queda dar el paso final. Besarle en un momento en el que no se lo espere pero solo puedes hacerlo en un ambiente idóneo, para que no sea capaz de olvidar el beso.-justo después de decir esto se acerca a mi. Siento el roce de sus labios contra los míos, es solo un roce rápido antes de que se aparte, sonriendo con suficiencia.
Me río, apartándome de él, no es la primera vez que me "roba" un beso. Es más entre los dos no es algo fuera de lo normal. No es que nos gustemos ni nada de eso, es solo que nuestra confianza es tanta que nos permite hacer estas cosas como si fueran naturales.
-La cosa es que con Artie eso no parece que funcione muy bien, como dice Gilbo parece que te odia bastante.
-Joder tío, todavía no me acostumbro a eso de que os beséis por la cara.
-Es solo para liberar tensiones, Gil, cuando quieras me lo dices y pruebas el amour francés.-tras un guiño burlón y una pequeña caricia por el brazo de Gilbert se levanta.
-Voy a pedir otra ronda ¿Lo mismo?
-Sí, no cambio la cerveza ni aunque me pagues.
-Yo quiero otra.
-D'accord, vuelvo en un momento.-vemos a Francis acercarse a la barra sorteando todas las mesas.
-¿Crees de verdad que Francis podría conquistar a Arthur?-me giro a ver a mi amigo, que mira al rubio pensativo.
-La verdad es que si se lo propone es capaz hasta de hacer que corte con Alfred, aunque ahora que está tan bien con Victoria dudo si quiera que lo intente.
-¿Que corte con Alfred? No seas exagerado.
-¿No me crees? ¿Qué apostamos?-Francis llega con tres botellines de cerveza y se sienta.
-¿Apostar? Me gustan las apuestas ¿a qué apostamos?
-Toño dice que serías capaz de hacer cortar al cejas con el novio para irse contigo.
-Claro que podría hacer eso, mon ami.
-Luego vais por ahí diciendo que tengo el ego subido. Pues yo apuesto a que no eres capaz.
-¿Pero qué nos vamos a apostar?
-¿20 euros?
-20 euros y una cena.-extiendo la mano hacia la de Gil, que me mira dudoso antes de aceptarla. Con un apretón de manos cerramos la puesta.
-¿Y qué piensas hacer con Victoria? No me digas que le vas a poner los cuernos... sabes que siempre puedes dejármela a mi, kesesese.
-Claro que no le voy a poner los cuernos. Ya veré qué hago con ella. Por cierto Gil, si lo consigo yo quiero mis 20 euros y mi cena.
-Siempre y cuando si no lo consigues sea al contrario. Tienes de plazo hasta final de curso.
-Va a sobrarme el tiempo.
Nos quedamos unos minutos en silencio, cada uno sumido en nuestros pensamientos y saboreando la cerveza.
-¿Sabéis a quién me he encontrado de camino?-la voz de Gilbert nos hace volver a la realidad.
-No ¿quién ha tenido la suerte de cruzarse en el camino con alguien como tú?-pregunta Francis en un tono sarcástico que me arranca una risa. Gil parece no notarla porque sigue hablando.
-A Chiara y sus amigos.-noto de repente que dos pares de ojos, unos azules y otros rojos, me miran fijamente. Quizás esperan alguna reacción especial por mi parte.
-Ah ¿qué se cuenta?-pregunto de manera indiferente.
-Espera. Toño ¿Gil acaba de decir que se ha encontrado con Chiara y lo único que dices es "Ah"? ¿Debo deducir que ya no te gusta?-antes de que pueda contestar la voz ronca de mi amigo se adelanta.
-Ahora le gusta Emma la bollera, tío no aciertas con las chicas.
-¿¡Te gusta Emma y yo no lo sabía!?
-No me gusta Emma, solo es atractiva, nada más.
-¿Atractiva? ¿Te has fijado en algo más a parte de en su cuerpo?-perfecto, Francis ya se ha puesto en modo consejero matrimonial.
-Claro. Me gustan sus ojos. Yo no soy tan bestia como vosotros dos que sois la personificación del dicho: "Dos tetas tiran más que dos carretas". Todo el mundo se fija en los ojos de la gente ¿O me vais a decir que no sois capaces de decirme una persona con los ojos bonitos?
-La hermana de Alfred, Madeleine.-la respuesta de Gilbert es rápida, demasiado rápida quizás.
-Honhonhon ¿Has cronometrado cuánto ha tardado en decirlo, Toño? Porque no creo que hayan sido más de 30 segundos.
-Creo que han sido menos de 15. ¿Puede ser que nuestro pequeño Gilbert se nos haya enamorado?
-¿Enamorarme? Por favor, no seas ridículo Antonio. Solo he dicho que tiene los ojos bonitos pero jamás podrá gustarme una chica tan poco awesome como ella.
-Ya, ya, eso dices ahora pero seguro que ya estás soñando con veladas románticas a la luz de la luna con la petite Maddy.-Francis y yo comenzamos a reír.
-Definitivamente se os estás subiendo el alcohol a la cabeza. Si me vais a buscar novia por lo menos que sea lo suficientemente awesome.
-No te enfades, hombre. Esta vez voy yo a por la siguiente. ¿Algo que cambiar?-me ofrezco, levantándome de la silla.
-Nada.-Francis y Gilbert contestan a la vez, lo que hace que les entre la risa floja, la cual acaban pegándome también. Al final va a ser verdad lo que dice Gilbo y se nos va a estar subiendo ya el alcohol. Me acerco a la barra y pido dos cervezas y un mojito. Espero no tener mucha resaca mañana. Vuelvo con la tercera ronda de tantas otras que vamos a tomar esta noche a la mesa donde Fran y Gil hablan de lo bonitos que sería los hijos de Gilbirt y Pierre... quizás debería explicarles que dos pájaros macho no pueden tener hijos... en vez de eso me uno defendiendo que los bebé tortuga son más monos. No quiero ni pensar cómo vamos a levantarnos mañana aunque ahora mismo tampoco me preocupa demasiado.
ALFRED
Salgo a toda prisa de clase, buscando a una persona importante con la mirada.
-Sakura. ¡SAKURA!
Mi amiga japonesa se gira al oir su nombre, con una sonrisa. Está esperándome en el hall del instituto, hablando con el loco de los gatos. No se por que diablos se junta con gente tan rara.
-Hola, Alfred-me saluda tímidamente, con un leve rubor en sus mejillas. Yo, en vez de saludarle con palabras, la abrazo diractamente.
-A-Alfred, ¿Te podrias quitar de encima mía, por favor?
Como no me aparto, el friki amigo suyo interviene con voz seria.
-Suéltala, la agobias.
Le dirijo una mirada de odio y superioridad al griego y suelto lentamente a mi amiga.
-¿Estás celoso acaso?
-Solo te hago ver que incomodas a tu amiga. La verdad, no se como alguien como Sakura puede ser amiga de alguien como tú.
-¿Estás insinuando algo, maldito psicópata zoofílico?-le pregunto con agresividad, adeantándome hacia el. Sin embargo, el apenas se mueve.
-No insinuo nada, solo hago una curiosa observación-me responde calmadamente. Siento como me hierve la sangre y un impulso de pegarle.
-Métete tu observación por el culo, jodido mamón.
-¡Alfred!-exclama Sakura, agarrandome del brazo, para evitar una posible pelea.
El griego simplemente me echa una mirada de desprecio y en lugar de responderme la provocación, se vuelve a mi amiga y con una pequeña reverencia se despide de ella y se va del centro. Mis ganas de salir tras él y dejarle la cara desfigurada van en aumento.
-Alfred...
Al oir la voz de Sakura vuelvo a la realidad y me acuerdo de que habíamos quedado para ir a mi casa a jugar a los videojuegos.
-Dime-le respondo ya con buen humor.
-¿No ibamos a ir a tu casa a jugar?
-Hahahahaha claro. Vamos, tengo muchas cosas que enseñarte.
Del camino desde el instituto a mi casa me la paso contandole a mi amiga cosas de todo tipo: de Arthur, del comunista marginado, de mi invisible hermana(quien últimamente está más en su mundo de lo normal), de videojuegos...
Aunque a medida que voy hablando, me doy cuenta de que Sakura parece no estar escuchandome.
-¿Me estás escuchando?-pregunto al final, con la impresión de que estoy hablando solo. Sakura me mira y asiente con la cabeza-¿Qué estaba diciendote?
-Que el comunista es un gran hijo de puta que hoy te ha llenado la agenda de pintura roja, es decir, el color del comunismo-responde la japonesa como una autómata, casi sin cambios de tono en la voz, como si fuera un robot.
-Parecía que no me estabas escuchando...¿Te pasa algo?
Sakura me mira a los ojos con algo de tristeza, aunque al momento me sonríe.
-No, estoy bien... Solo estoy cansada.
La creo y sigo con mi parloteo, cuando de repente oigo como alguien llama a Sakura a gritos detrás de nosotros. Mi amiga se gira y al ver de quien se trata esboza una pequeña sonrisa.
-¿Qué ocurre, Yao?-pregunta con cansancio Sakura. Yao, su hermano, viene con Im Yong Soo en brazos. Ese chaval me cae muy bien.
-Te dejaste esto en casa-le dice su hermano mayor entregándole una bolsa de plástico. Sakura la abre y al ver su contenido la guarda rápidamente en la mochila.
-¿Qué es eso?-pregunto con curiosidad, sin embargo, Sakura niega rápidamente con la cabeza, afirmando que no es nada importante.
-Bueno, solo venía para eso. Ya me voy. Por cierto, Sakura. ¿Conoces a un chico de tu instituto llamado Iván?
-I-Iván...jejejeje-ríe nerviosa mi amiga, dirigiéndome una mirada, sabiendo que ese es el nombre de mi mortal enemigo-Hay varios. ¿Cómo es el que tu dices?
-Pues...-piensa Yao mirando hacia el suelo-Tiene el pelo muy claro, ojos violetas y es bastante alto.
-¡Es el capullo comunista!-exclamo nada más reconocer al odioso ruso-¿De qué conoces a ese indeseado?
-Es buena gente. Gracias a él Im Yong Soo no se ha perdido.
-Me daba miedo-dice el pequeño coreano, contradiciendo a su hermano.
-Normal, es un hijo de puta que asusta a todo el mundo y no tiene amigos en el insti-río estruendosamente, aunque Sakura y Yao me echan una mirada de reproche-¿Qué?
-No hables así delante de mi hermano de cinco años, Alfred.
-Está bien... bueno, nos vamos, ¿No, Sakura?
-Si, venga. Adiós-se despide mi amiga de su familia.
Tras unos segundos andando no aguanto más la curiosidad.
-Sakuuuuuuraaaa ¿qué hay en esa bolsa?-pregunto con voz de niño bueno.
-Nada que te interese, Alfred. Son cosas mías.
-¿Y no se lo vas a decir a tu super mejor amigo? andaaa por favor.
-Que no, Alfred, no es nada. Deja de hacer el idiota.
-Pues seguro que a tu amigo el zoofilico se lo dices.-hincho los mofletes en señal de enfado y cruzo los brazos.
-No, el no sabe nada, y no seas niño chico.
-Voy a tener que cambiar de táctica entonces.-sonrío a mi amiga con una sonrisa maliciosa y veo como un ligero rubor se instala en sus mejillas como sabiendo lo que voy a hacer.
De un salto me cuelgo de ella, abrazándola por la espalda y susurrándole al oído le vuelvo a pedir que me lo diga.
-¡A-alfred!-la cara de Sakura está completamente roja.
-Hahahahaha ¿tan nerviosa te pongo? vaaamos, dímelo. ¿Son cosas de chica? yo entiendo de eso, Maddy es chica así que me lo puedes decir.-noto como la asiática se revuelve intentando quitarse de mi abrazo así que aflojo un poco los brazos pero no la suelto.-sabes que hasta que no me lo digas no voy a soltarte.
-V-vale, sí son cosas "de chicas", ahora suéltame o el lunes me aparezco en clase con la katana.-aunque el tono en el que me lo dice no es para nada convincente decido soltar los brazos y volver a colocarme a su lado para seguir camino a mi casa.
Al poco rato estamos frente a mi casa, por la ventana se ve a Maddy en la cocina mirando pensativa algo que no puedo ver por el ángulo de la ventana. No me preocupo más y entro en la casa.
-¡EL HERO HA LLEGADO Y ESTA VEZ CON SU SIEMPRE FIEL COMPAÑERA SAKURA!
-Hola cariño, tenéis la comida en la cocina. Ya sabes, no hagas mucho ruido que estoy trabajando.-la voz de mi madre se escucha desde su estudio.
-¡Ok mummy!-entro en la cocina donde me encuentro a Maddy que sigue en la misma posición que cuando la vi por la ventana.
-¡Maddy! ¿Cómo es que no te has venido hoy con nosotros a la vuelta?-mi melliza da un salto al escuchar mi voz y cierra de golpe el cajón al que estaba mirando.
-A-ah, hola Al. Es que tenía que volver hoy rápido porque tengo que hacer una cosa...-su voz se va perdiendo a medida que pasa, es algo muy normal cada vez que habla.
-Hola Maddy ¿vas a venir a jugar a los videojuegos?
-No, Sakura, nunca me han gustado esas cosas, además tengo que estudiar y eso. Pero gracias.
-Vaaaaaamos, Maddy ya estudiarás después. Va a ser solo una tarde y siempre puedes estudiar por la noche.
-No. Alfred, ya he dicho que no me apetece. No insistas más.-se dirige hacia la puerta de la cocina cuando la voz de Sakura la detiene.
-¿Has comido ya? Porque puedes comer con nosotros aunque sea.
-No tengo hambre.-ahora sí, mi hermana se va de la cocina y escucho como la puerta de su cuarto se cierra de un golpe.
-La verdad es que no sé qué le pasa. Hay días que no sale de su cuarto para nada... ¿tendrá la regla?-pongo tres hamburguesas en la mesa, una para Sakura y dos para mi.
-Sí, puede ser que sea la regla.-la voz de mi amiga es dudosa. Supongo que es porque ella tampoco lo sabe.
Pasamos el rato de la comida discutiendo sobre los juegos que vamos a probar y como no nos ponemos de acuerdo decidimos probarlos todos. Total, vamos a estar toda la tarde aquí, hay tiempo de sobra.
Mientras instalo la play 4 (mi más moderna y preciada adquisición) Sakura se acerca al cuarto de Maddy. Tras un rato que se me hace bastante largo llega de nuevo y ponemos el primer juego.
Está claro que voy a ganar yo. La japonesa es tan estática jugando... mientras ella solo está sentada en el suelo de mi habitación con el mando en las manos y los ojos fijos en la pantalla yo me dedico a hacer todos los movimiento que hace mi personaje.
Tras varias tandas de zombies nazis hambrientos en busca de nuestros cerebros y no-se-cuántas Segundas Guerras Mundiales me toca admitir mi humillante derrota.
Juego tras juego y derrota tras derrota va pasando la tarde. Mi hermana no aparece en ningún momento por mi cuarto y la verdad es que tampoco me acuerdo de ella en toda la tarde, estoy demasiado ocupado intentado derrotar aunque sea en una partida a Sakura como para pensar en la asocial de mi hermana, la que prefiere encerrarse en su cuarto antes de jugar videojuegos con nosotros.
