El Potterverso pertenece a J. K. Rowling.

Este fic ha sido creado para los Desafíos del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.


Cuestión de lealtad

Percy espera que nadie lo descubra.

Tiene suerte de que los encantamientos desilusionadores siempre se le hayan dado bien y de que en San Mungo no tengan hechizos para detectarlos, como pasa en otros lugares mágicos como Gringotts. No obstante, el sigilo nunca ha sido lo suyo, y sus pasos no son en absoluto silenciosos.

Se pega todo lo que puede a la pared cuando, en las escaleras, se cruza con un sanador que baja, cansado. Percy contiene la respiración hasta que el hombre ha desaparecido de su campo de visión. Suelta un suspiro aliviado y sube el tramo de escaleras que le queda.

En realidad, piensa, no está haciendo nada malo. Al menos, no en teoría. Es muy normal que un joven vaya a visitar a su padre. Sobre todo si su padre ha sido mordido por una serpiente enorme y asquerosa que nadie sabe muy bien de dónde ha salido.

Pero lo último que quiere Percy es que alguien lo reconozca. Porque, aunque ahora maldiga lo que dijo con todas sus fuerzas, el hecho de que dijera que no quería pertenecer a su familia no va a borrarse por mucho que lo desee. Y seguramente sus hermanos le pegarían si lo vieran intentando ver a su padre. Algo que no puede reprocharles.

Y Percy puede ser muchas cosas y tener una lista mucho más amplia de defectos que de virtudes, pero a él le importa su familia. Quiere a absolutamente todos y cada uno de los pelirrojos con los que se ha criado, aunque ahora está convencido de que nadie quiere saber nada de él. Por Merlín, son su familia. No quererlos sería una contradicción aún mayor que la que supone querer ver a su padre y evitar que él lo vea.

Por suerte, no hay nadie en el pasillo, así que Percy puede permitirse caminar con algo más de normalidad. Busca con la mirada la sala Dai Llewellyn, que resulta estar en mitad del pasillo. Tras unos segundos, se decide a abrir la puerta con todo el cuidado de que es capaz y entrar dentro.

Hay cuatro camas, pero, y pese a que las luces están apagadas, a Percy no le cuesta nada determinar dónde está su padre. Básicamente, porque es fácil distinguir las siluetas de Molly y Bill, que están sentados en dos sillas junto a la cama.

Percy sonríe un poco al acercarse más. Aunque su padre está pálido y apenas se nota que respira, su madre tiene una mano entrelazada con la de él y se ha quedado dormida con la cabeza apoyada en la almohada. Percy decidió hace años que, si alguna vez se casa, quiere que su relación sea tan fuerte y sólida como la de sus padres. Siempre juntos, sin importar lo mal que estén las cosas, apoyándose el uno al otro.

Bill no está dormido, pero le falta poco. Ha apoyado el respaldo de su silla en la pared y los ojos se le cierran de cansancio para abrirse cuando da cabezada. Ni siquiera se ha dado cuenta de que Percy se ha dejado la puerta abierta al entrar en la habitación. Se frota los ojos, intentando despejarse, pero le es imposible, porque a los pocos minutos vuelve a cabecear.

Percy suspira. Por un lado, se alegra de que su padre vaya a recuperarse, pero por el otro tiene la impresión de que él debería dejarse ver, no estar ahí con un hechizo desilusionador, respirando con cuidado para que su hermano no sospeche que hay alguien más en la habitación.

No obstante se mantiene en sus trece. Dumbledore está como una cabra y Arthur Weasley debería pensárselo antes de hacerle caso en todo; la prueba más obvia la tiene ahí. Percy no tiene ni idea de qué ha pasado exactamente para que él haya estado a punto de quedarse huérfano de padre, pero sí tiene bien claro que es culpa de la lealtad a ese vejestorio que desvaría. Se pregunta cuánto más va a tardar su familia en darse cuenta de que están equivocados y admitir que tienen razón; Percy también se muere de ganas para que todo vuelva a ser como antes, pero no piensa decir algo que no cree.

Una media hora más tarde, cuando el joven empieza a plantearse la opción de sentarse, Arthur recupera la consciencia. Percy se queda quieto, y cuando su padre pasea la mirada por la habitación tiene la impresión de que se queda un segundo de más mirándolo a él.

Por suerte, Bill decide hacer el enésimo intento de la noche por espabilarse entonces y se da cuenta de que su padre ha despertado. Se acerca a él, sonriendo.

—Bill—lo llama el hombre con la voz ronca.

—¿Estás mejor, papá?

—No sé—responde Arthur en voz baja. Mira a su esposa, que sigue durmiendo—. No despiertes a tu madre—Bill asiente—. ¿Y tus hermanos?

Percy observa a su hermano mayor dudar durante un instante.

—Fred, George, Ron y Ginny están en Grimmauld Place con Sirius. Ah, y Harry también está allí. Y he mandado un mensaje a Rumania, pero no creo que Charlie se haya enterado aún. Y…

—¿Y Percy?

Bill tarda un poco más en responder en esta ocasión.

—Le he mandado una lechuza… pero él también debe de estar durmiendo.

—O no le apetece venir—apunta su padre.

Percy siente más deseos que nunca de quitarse el hechizo desilusionador para demostrarle a su padre cuánto se equivoca. Lleva días sin dormir por el remordimiento y en cuanto ha recibido la nota de Bill ha preparado un plan para colarse en San Mungo sin que nadie lo viera. No es justo que su familia piense eso de él. Percy puede ser fiel a Fudge, pero donde realmente reside su lealtad es en la Madriguera.

Pero no se descubre. No, porque es un cobarde y en este momento no tiene la menor idea del motivo de que el Sombrero Seleccionador lo mandase a Gryffindor, cuando Percy no es capaz siquiera de mostrar que está ahí y gritar que su familia le importa más que nada.

Sale de la habitación sin preocuparse por no hacer ruido, y no le importa la mirada extrañada que Bill le dirige a una puerta que se abre y se cierra sola.


Notas de la autora: No sé por qué, tengo la impresión de que esto pudo haber pasado realmente. De hecho, recuerdo que me imaginé algo así cuando leí que Percy había devuelto sus regalos de Navidad…