TITULO: EL DEMONIO EN FALDA ESCOCESA
TITULO ORIGINAL: DEVIL IN A KILT
AUTORA ORIGINAL HISTRORIA: SUE ELLEN WELLLFONDER
AUTOR ORIGINAL PERSONAJES: KISHIMOTO-SENSEI
CONTEXTO : Escocia, 1325
PROTAGONISTAS: Itachi Uchiha y Sakura Haruno
SIN FINES DE LUCRO
CAPITULO DOS
Durante toda la noche, inquietantes fragmentos de visiones de su niñez plagaron su sueño, molestándola, privándola de su sueño y alarmándola más que si hubiera tenido miles de pesadillas.
Las imágenes largo tiempo suprimidas de un ciervo mortalmente herido, negro rodeado con su propia sangre, su corazón rasgado fuera de su cuerpo, aparecieron en su mente, y volvió a vivir la espantosa escena que había soportado durante el día de la boda de su última hermana soltera.
Ella había huido de los juerguistas borrachos del ceilidh que estaban celebrando las nupcias de Catherine, escapando por el muro exterior del castillo de Dundon Nell, cuando la visión le alcanzó en el patio. ¡Nunca hubiera sospechado, que estaba viendo a su propio prometido!
Vívidamente como entonces, Sakura se vio acercándose al ciervo, esperando aliviar su dolor. Pero antes de que pudiese ayudar, el animal se había transformado en un hombre. Un guerrero feroz pero hermoso, y como el ciervo, estaba cubierto
de sangre, sin corazón. El hombre había clavado los ojos en ella llenos de dolor, implorándole que le ayudara. Él había extendido la mano hacia ella, pero el terror la había consumido, y ella se había escapado.
Como debía correr ahora, pues la criatura espantosa estaba cerca de ella. Ella casi podía sentir sus ensangrentadas manos sobre su carne. Con un grito, Sakura se encontró completamente despierta. La imagen que la saludó fue casi más aterradora que la visión.
Itachi MacUchiha estaba montado a horcajadas sobre ella, sus muslos de hierro apretados contra sus caderas. Sus anchos hombros surgiendo encima de ella, y la luz de la luna destellando en su pelo negro. ¡Y él no estaba vestido... estaba completamente desnudo!
El pulso de Sakura se aceleró, y una inesperada sensación de excitación se disparó sobre ella cuando percibió el tibio y musculoso cuerpo pegado íntimamente al suyo.
—Santa Maria, y José, muchacha, juró el entonces, su aliento fuerte y rápido, sus ásperas palabras rompiendo el hechizo, recordándole lo que el era. —Pensé que nunca dejarías de luchar contra mí, — jadeó. Estaba tratando de calmarte no de hacerte daño.
¿Calmarla? Sakura tragó con fuerza. ¿Cómo podía estar tranquila con esa parte de él a escasos centímetros de su vientre?
Despacio, aclaró su mente y sintió que los retazos de su visión se alejaban. Pero estas nuevas y extrañas sensaciones aumentaron, un agradable dolor se inició profundamente dentro de ella centrándose en la parte baja de su abdomen cerca de donde MacUchiha tenía sus partes masculinas. Entonces esa parte suya empezó a pulsar y ella lo supo.
Lo que ella sentía era deseo.
¡Su primer sentimiento de deseo verdadero y… se encendía por un MacUchiha!
La indignación creció dentro de ella, seguido por un pensamiento alarmante: ¿Sentía él las mismas sensaciones que había despertado en ella? Su mirada fija voló a su cara, y ella lo vio. Todavía la veía con el ceño fruncido, pero la mirada en sus ojos revelaba lujuria.
Como el rígido eje de su virilidad, que ya no estaba relajado. Sino vigorosamente presionando contra la oscuridad de su ingle.
Sakura se retorció para liberarse de él —Suélteme, no necesito esa clase de tranquilidad
— Ho, Itachi! ¿Está todo bien? — Vino una voz profunda del lado opuesto del campamento.
—Si, todo está bien, respondió MacUchiha. — La muchacha tuvo una pesadilla. Eso es todo.
El calor que ella había vislumbrado en sus ojos hacía un momento había desaparecido, pero su ceño fruncido permanecía. —Sssshh, — le advirtió, colocando sus dedos encima de sus labios. —No despertaras a mis hombres con tus gritos.
Necesitan un descanso. Liberándola por fin, se levantó sobre sus pies. Aunque él la miraba con paciencia, un músculo se sacudía con fuerza en su mandíbula y revelaba el esfuerzo que le costaba mantener aquella expresión.
— ¿Puedes dormirte de nuevo? quiso saber, aparentemente inconsciente o insensible de la virilidad que aún daba prueba de lo que había pasado entre ellos.
Sí. —Asintió Sakura, esperando que los santos la perdonaran por aquella mentira. El alivió la inundó cuando el asintió en respuesta, luego la abandonó para regresar a su propio lugar para dormir, al otro lado del fuego.
Aguardando el amanecer, ella lanzó miradas una y otra vez a su prometido mientras dormía…. Medio esperando que se trasformara en un ciervo negro mortalmente herido. O que se volteara para su lado y ella viera un hueco donde debiera estar su corazón.
O peor aún, dormirse y despertar luego para encontrarlo en cuclillas sobre ella… desnudo.
Pero el no se había movido durmiendo en toda la noche, mientras ella había pasado la noche implorando a los santos que le concedieran la valentía que necesitaba para casarse con el hombre cuya inquietante imagen había poblado sus pesadillas en su juventud.
Y ahora, cabalgaban a través de la lluvia hacia la fortaleza MacUchiha. Sakura se acurrucó más profundo en su capa, buscando cualquier calor que la raída ropa le diera.
Pero realmente no era la comodidad física la que buscaba, ya que su padre siempre se había gastado los magros fondos que tenía, en los establecimientos de Dundonnel en cerveza y alimentos para el y sus amigos. Ella siempre había llevado puestos trajes de lana delgada y áspera y había aprendido hacía mucho tiempo a ignorar las ampollas causadas por sus zapatos.
No, la incomodidad corporal no la molestaba demasiado. Y, a pesar del viento azotador y de la humedad glacial que llegaba a los huesos, su prometido la sostuvo bien frente a él, protegiéndola de los elementos.
Girando hacia un lado su cabeza, Sakura se quedó mirando ensimismada la tempestad, pero el paisaje del mar, el lago y las islas era como pequeños borrones de plata gris mientras el gran corcel de MacUchiha los llevaba a paso lento bordeando el lago.
Desde la orilla distante un ave marina llamaba a su compañera, el solitario sonido la condujo de vuelta a su propio estado de ánimo desolado. Mientras la solitaria ave procuraba encontrar a su compañera, su propia pareja no podría estar mas cerca, sin embargo nunca se había sentido más sola.
Tal vez, bajo otras circunstancias ella habría borrado sus rencores contra los MacUchihas. Si fuera honesta consigo misma, sabría que las represalias que había sufrido su clan eran por lo general, después de que los Mac Donell hubieran asaltado, no antes.
Y sin ninguna causa.
Su futuro marido era severo y escaso de palabras, pero parecía tan despiadado como había esperado.
Sí, con el tiempo, ella podría dejar de lado su enemistad y también sabia que el podría enseñarle sobre la pasión.
Pero no sabía si podía vivir con su cara, si podría tocarlo alguna vez. Si podría mirarlo y no ver su pecho abierto y sin corazón.
Tampoco sabía si podría ignorar el peculiar impacto físico que tenía sobre ella.
Incómoda ante sentimientos tan extraños y contrarios dentro de ella, especialmente con aquellos que el había despertado la noche anterior, se retorció, e inmediatamente sintió como el la sujetaba con fuerza. La sensación de su armadura de anillos cerca de su espalda y de sus musculosos muslos que presionaba contra los suyos, hicieron que su abdomen se volviera suave y gelatinoso nuevamente. Mientras montaban, Sakura, se hizo de pronto perfectamente consciente de cada lugar en que sus cuerpos se tocaban.
Con una cansada mano, aparto los riachuelos de agua que corrían por su cara, secretamente dando la bienvenida a la humedad refrescante, ya que sus mejillas se habían vuelto demasiado ardientes. Entrecerrando los ojos, trato de ver a través de la niebla y al momento la niebla se apartó, revelando una pequeña isla en medio del lago todavía a unas leguas de distancia.
El imponente castillo sólo podría ser Eilean Creag, su nuevo hogar.
Amenazantes paredes de piedra gris se elevaban directamente de las oscuras aguas de Loch Duich y ella alcanzó una breve vislumbre de un puente elevado de piedra, que conducía a la fortaleza pesadamente fortificada, antes de que la niebla sumergiera el puente una vez más. Haciendo que el castillo pareciese como si flotara encima del lago.
Apropiadamente nombrado como la isla de roca en la que se construyó, Eilean Creag se presentó como una masa de piedra solemne y gris aislada del resto del mundo.
Un lugar muerto, desprovisto de vida y amor.
Aun a distancia, El don de Sakura la hizo ver, como si un manto helado colgara sobre el austero castillo que Itachi MacUchiha llamaba casa. Su frialdad la envolvió como un sudario.
Una frialdad vacía que nada tenía que ver con el tiempo asqueroso, una impresión tan intensa que levantó los cabellos finos detrás de su cuello. Ciertamente, ella temía que ninguna, excepto las más estériles de las almas podrían sobrevivir en tal lugar.
Abruptamente y sin previo aviso, Itachi frenó a su caballo cuando un jinete solitario se acerco a ellos. Sakura resistió el deseo de santiguarse cuando el jinete se acercó y lo reconoció.
— Era el que llamaban Kisame—
A pesar de la ansiedad que sentía hacia el MacUchiha, se presionó contra de su pecho. Aunque ella sabía que su miedo al desfigurado caballero era infundado, su temible rostro la llenó de agitación.
Un vistazo de soslayo a Anko no hizo nada para tranquilizar su mente. Era obvio que ella no podría esperar ayuda de esa parte. Aparentemente insensible por sus prendas de vestir remojadas, ponía atención al joven escudero, Naruto, y a varios otros guardias MacUchiha, escuchando con impaciencia sus cuentos de las aventuras heroicas de Sir Itachi con el buen Rey Robert Bruce.
Sakura escuchó las jactancias de cómo el ciervo negro había reunido un contingente de Highlanders antes de la gran victoria del rey en Bannockburn. Según sus hombres, su prometido había persuadido a los jefes de abandonar sus
enemistades ante su enemigo común, luego había ayudado a Bruce a entrenar a los hombres que formarían la propia división de batalla del rey.
¡Era muy dudoso que el rey hubiera requerido la ayuda de su prometido para tratar con los Highlanders, pero no tanto como las rebuscadas historias de cómo había superado a veinte ingleses sólo para exigir la devolución de las reliquias sagradas de Escocia que habían sustraído del Abad de Inchaffray! Y, claro está, el Ciervo negro había regresado al lado de Bruce, devolviendo la preciosa caja del relicario del rey, ¡ilesa!
Sakura frunció el ceño. Su amada nana de infancia parecía completamente ignorante de su angustia. Anko se había dejado hechizar por las caras bonitas y las lenguas labiosas de los MacUchiha.
—¿Tuviste éxito? — La voz profunda de su prometido sonó detrás de ella, desviando su atención de Anko. El caballero tuerto se había acercado a ellos. — Te esperaba más pronto—El cofre estaba cerrado con llave y Fergus se tomo su tiempo en buscarla Kisame echó una mirada aguda con su ojo a Sakura., luego palmeó una cartera de cuero prendida detrás de su silla de montar.
—Lamento el retraso, milord. Tuve la intención de darme prisa por la lluvia, pero te he traído todo lo deseado —
—Muy amable de tu parte, y esta bien, nos has alcanzado antes de llegar a las puertas. Las manos de Itachi sujetaron repentinamente su cintura.
— ¿Podrías ayudar a desmontar a la señora?
—Será un honor —El caballero con cicatriz desmontó y se dirigió a grandes pasos hacia ellos.
Antes de que pudiera pronunciar una palabra de protesta, se encontró levantada del regazo de Itachi y fue pasada de sus manos a las manos de Kisame. El temible guerrero no la lanzó sobre su hombro y la secuestró como ella medio había temido, sino que la puso gentilmente sobre sus pies, incluso le hizo una reverencia.
—Señor Kisame Hoshigaki, milady,— dijo con voz demasiado cortes, que no concordaba con su espantoso aspecto —es un placer servirle.
Sakura abrió la boca al oír su voz claramente por primera vez.
¡El Señor Kisame era un Sassenach!
La sorpresa la imposibilitó para hacer más que inclinar la cabeza en respuesta. ¡Un Inglés! Nunca había visto a uno, y no podía imaginarse por qué MacUchiha tendría uno en su guardia.
Titiritando de repente, ella vio a Sir Kisame elevar a Anko de la yegua gris. Él sujetó a la mujer corpulenta como si no pesara más que un costal de plumas de ganso y la llevó hacia donde Sakura estaba de pie, colocándola sobre el suelo con gran gentileza. Después de inclinarse ante Anko, también, él volvió a su corcel y tomó la cartera grande de cuero.
MacUchiha también se apeó y se unió a él. Mientras Sir Kisame mantuvo la bolsa abierta, su prometido le echó un vistazo y asintió en señal de aprobación. Sakura observó la capa de lana azul y las botas que sacó de la cartera. La extendió para que ella la pudiera ver.
—Esta capa perteneció a mi hermana, — le dijo. —Quítate la mojada que llevas y ponte esta —Te sentirás mejor y te conservarás caliente por el resto del viaje.—
Más allá de donde estaban, ella vio al Sassunach echar una mano a Anko y ayudarle a ponerse una capa tan fina como la que su prometido le puso.
La vergüenza y la culpabilidad inundaron a Sakura. El caballero tuerto se había ido tan rápidamente para conseguir abrigos apropiados para ella y Anko
Y por órdenes de MacUchiha.
A pesar de la lluvia fría y su ropa empapada el calor se propagó hasta su cuello. Ella nunca hubiera pensado que su marido fuera capaz de pensamientos tan gentiles. Ella sólo había pensado en su rostro sin expresión y en el terror que sintió al reconocerlo.
Y también había sido injusta con el guerrero tuerto.
A pesar de la fría lluvia y de su empapada capa que había insistido en dejar bajo la nueva, sintió un calor hasta su cuello, no había imaginado que su futuro marido fuera capaz de tanta amabilidad, solo había notado el vacío que llevaba dentro y se había encogido de terror al reconocer su cara.
Ella había sido injusta con Sassenach cara cortada también.
Por lo que respectaba a MacUchiha, ella le agradecía, también, pero se reservaría su juicio hasta que entendiera su motivo real. ¿Tal vez sería que el no quería que su gente la viera con sus pobres ropas cuando entrara en el salón del castillo?
—Estos son recién elaborados, — le dijo, dándole a ella el calzado. —Si no te quedan bien, entonces ordenaré otra par hechos para ti
Sakura echó un vistazo a sus botas raspadas, avergonzada le subía cuando vio su dedo gordo a través del cuero usado y agrietado. —Gracias, —dijo rígidamente intercambiando las botas suaves como la mantequilla por las suyas viejas.
—No es necesario agradecerme —Su voz sonó lacónica, nula de emoción. Él inclinó la cabeza hacia Anko. —Si estas preparada para seguir, entonces montaremos. Estamos cerca de Eilean Creag—
Aunque la fina capa la cubría de la lluvia y el viento, mientras montaban por la orilla, no hizo nada por protegerla de su creciente sentido de ansiedad.
A lo lejos el imponente castillo de piedra surgió amenazadoramente más grande con cada milla que cubrían, Itachi MacUchiha pareció volverse más distante cuando más cercana estaba su casa. La barrera de hielo que Sakura sentía que el había construido a su alrededor se intensificó, haciéndose mas fría, más impenetrable, ahora que ellos casi habían alcanzado su formidable dominio.
A pesar de la pesada capa de lana, Sakura tembló tanto como si estuviera en pleno invierno y no en la mitad del verano.
Ella rezó en silencio cuando los caballos pesadamente cargados, golpeteaban con sus cascos, bajo la fortificada casa de guardia, y siguieron a través de un largo puente de piedra hasta la fortaleza en la isla.
La atmósfera era lóbrega y deprimente y sentía una presión dentro de ella proveniente de todos lados. Nuevamente, suprimió el deseo de escapar. ¿Incluso si ella pudiera saltar del poderoso caballo de MacUchiha, dónde iría? De cada lado del puente, las aguas oscuras de Loch Duich se agitaban furiosamente, mientras las fuertes y heladas ráfagas de viento enviaban nubes bajas con promesas de lluvia que se escabullían a través de la superficie azotada por el viento del lago.
Indudablemente Eilean Creag parecería más majestuoso que sombrío en un día más claro, pero para Sakura, el gris taciturno de las macizas paredes y la oscura tarde le hacían parecer como la casa más apropiada para el solemne hombre con el que ella debía casarse.
Al final del puente elevado hicieron un alto antes de entrar a la casa del guarda final, una estructura maciza de torres gemelas, mientras unas barras de madera se elevaban. El espíritu de Sakura se hundió aún mas cuando montando debajo de la puerta de madera, la entrada dio paso a una oscuridad enorme parecido a un túnel.
Su respiración se atoró en su garganta, estrangulándola cuando echó un vistazo a lo que iba a ser su hogar. El muro de adoquín del castillo sombrío y poco acogedor.
Una fortaleza de piedra en una isla de piedra, gobernada por un hombre cuyo corazón, si ciertamente tenía uno, sería de piedra.
Sakura sintió el aire tangible, infeliz, lo suficiente como para aplastar toda su alma, extendiéndose por Eilean Creag. La atmósfera opresiva se asentó sobre sus hombros, la fuerza enfermándola casi físicamente.
Ni un alma se movió dentro del patio o cerca de las dependencias apelotonadas alrededor de los muros exteriores del castillo empedrado, hicieron un alto y Itachi MacUchiha desmontó rápidamente junto con los demás, la arrancó de su caballo y la dejó bajo la entrada arqueada que sostenía el escudo de armas de los MacUchihas.
Como si se apresura para estar libre de ella, él la soltó inmediatamente y se apresuró hacia las escaleras. Arriba, él abrió una puerta grande, claveteada en hierro, luego se giro para mirarla
—Naruto te llevará a Sasuke, — dijo. — Hablaré contigo después de que lo veas.
Sakura abrió su boca para hablar, pero él ya había desaparecido en la oscura penumbra más allá de la puerta. Ella le siguió, entrando en un vestíbulo débilmente iluminado de proporciones enormes. Como si no fuera conciente de su presencia el caminaba a grandes pasos y muy enérgicamente.
Después de filas de mesas y bancos, se abrió paso a codazos a través de un nudo de sirvientes hasta el extremo más alejado del vestíbulo, y desapareció arriba por un hueco oscuro de la escalera.
Muda y sola en el vestíbulo, Sakura le siguió con la mirada, agradeciendo que las antorchas no proyectaran bastante luz para que los presentes no vieran como sus mejillas ardieron ante su insensible desplante.
Ella se enfadó. Si el arreglo lo complacía o no el tenía la obligación de tratarla civilizadamente. Aparente, su prometido consideraba que una capa caliente y unos zapatos eran suficientes en su propio código de decencia.
—No es algo personal mi señora, el ha estado solo mucho tiempo. —dijo Naruto caminado a su lado. —Si usted me sigue, le enseñaré dónde puede refrescarse y después de que haya comido algo ligero, la llevaré a ver a Sasuke—
Anko los siguió, colocando suavemente sus manos sobre sus hombros.
—Mira que muchacho tan perdido. Te has comportado bien hasta ahora y si la intuición no me falla, el comportamiento del hombre no tiene nada que ver contigo. Simplemente se tu misma y todo ira bien.
—Espero que estés en lo cierto — contestó Sakura -, más para sí misma que para Anko —Por el amor de St Margaret y todo lo santos, espero que estés en lo cierto.
—Si me permite, entonces la llevaré a ver a Sasuke ahora - Naruto, el escudero apareció en el mismo momento en que Sakura terminó la pequeña porción de pescado. — Es deseo de mi señor que vea al muchacho cuanto antes.
Sakura, puso en su sitio su velo principal húmedo y reajustó los pliegues algo húmedos del arisaid de su madre, luego dejó al escudero agarrar su codo y guiarla a través del vestíbulo. Él diestramente esquivó a multitud de sirvientes que corrían a toda prisa, sus armas cargadas, sin duda listas para los preparativos de las fiestas matrimoniales Algunos les dirigieron miradas tímidas a su camino, los otros se les quedaron mirando más abiertamente.
Esperaba que pensaran que estaba demasiado cansada para quitarse sus prendas húmedas por la lluvia. No quería que adivinaran que había traído muy poca ropa. No deseaba su piedad.
Al menos, su capa nueva estaba bien y escondía su traje de noche harapiento. Y, dichosamente, a diferencia de su velo y su precioso arisaid, la capa maravillosamente tejida se había quedado bastante seca... tal como su prometido le había asegurado.
Sí, dejaría que los sirvientes de Itachi pensaran lo que quisiesen hasta que ella estuviera dispuesta a afrontarlos, la capa y su velo la protegía bien.
Sentía las miradas evaluándola en el comedor, aun cuando Naruto la condujo entre las mesas hacia una escalera de piedra en espiral apenas visible mas allá de una oscura arcada en una lejana esquina del vestíbulo.
Algo acechaba en la oscura torre... un aire palpable de tristeza tan definido que parecía tener vida propia, no era la misma clase de vacío que rodeaba y llenaba a su futuro marido, pero era un sentimiento de profundo abatimiento, teñido con un poco de esperanza.
Los instintos de Sakura le dijeron que la atmósfera opresiva tenía algo que ver con el muchacho y repentinamente supo, sin lugar a dudas, que era verdaderamente el hijo de Itachi MacUchiha
Nunca había estado tan segura de algo en su vida.
Mientras más alto subían, mas segura se sentía.
Cuando alcanzaron el tercer nivel de la escalera, y Naruto no hizo el intento de detenerse, ella bruscamente lo sujeto de la túnica, —Si, milady?—
¿—Por qué está el niño en un lugar tan deprimente del castillo?—
—No me corresponde a mí responderle—.
Sakura se abrazó a si misma, con el repentino deseo de aliviar el dolor que ya presentía que existía en algún sitio en lo mas alto de la torre, este venía a ella como una nube oscura y espesa con cada paso que daba.
— Sé que Sir Itachi duda que Sasuke es su hijo. ¿Esa es la razón de que él sea mantenido hasta ahora en un lugar tan oscuro —?La incandescencia oscilante de una antorcha de la pared reveló la incomodidad del escudero. — Ciertamente provoca dolor a mi señor cuidar del muchacho, y no puedo decirle porque está ahí. Pero son órdenes de mi señor, y nunca cuestionamos sus decisiones.
Finalmente, en el cuarto piso, Naruto la condujo por un oscuro pasillo, hasta una puerta gruesa de roble —Puede que este dormido—.
—Entonces lo despertaré— dijo Sakura en voz baja, dando un pasa a la cámara llena de sombras en el momento que el abrió la puerta.
La nube de tristeza que había sentido en las escaleras y que se había intensificado en el pasillo, no fue nada comparada con la infelicidad que impregnaba la habitación. Las mismas paredes parecían saturadas de angustia, y le tomó toda la fuerza que Sakura poseía no derrumbarse bajo el peso de la angustia del niño.
Aunque un fuego ardía en la chimenea de piedra, le costó acostumbrarse a la oscuridad. Fue a la ventana y abrió los postigos. Cuando se dio la vuelta supo que sus instintos eran ciertos.
En una cama cubierta por un toldo, dormía el niño abrazado a un viejo perro. El perro la recorrió con la mirada, pero el niño continuó durmiendo inconsciente de que alguien había entrado en su habitación.
Estaba cubierto por una manta escocesa gruesa tejida en los colores de los MacUchiha, de la que sólo sobresalía su cabeza oscura, Sasuke no se movió cuando ella empezó a recorrer el cuarto….empezando por él y terminado en la imagen de un ciervo sobrevolando el aire justo sobre su cabeza.
Un fuerte zumbido se escuchó en sus oídos y la visión se intensificó con claridad hasta que pareció brillar desde dentro, luego el ruido se detuvo y la imagen desapareció como si nunca hubiera estado allí.
—Se siente enferma, Milady? —Naruto se le acercó, —Esta demasiado pálida, le traeré un trago de vino especiado o ¿prefiere que la acompañe a su habitación?
Los escalofríos todavía la recorrían de arriba abajo, pero negó con la cabeza — No, estoy bien—.
¿— Le gustaría ir a descansar antes de ver al señor Itachi? Sasuke no tardará en despertarse, él no duerme muy bien.
Sakura lo miró — ¿Entonces no vamos a perturbar su descanso verdad?
El escudero no hizo movimiento hacia la puerta, y un tinte rosado coloreó sus mejillas. —Mi señor había esperado que usted pasara algo de tiempo... ah... llegando a conocer a Sasuke—
—Eso no es posible con el muchacho durmiendo —dijo saliendo de la habitación.
— ¿Ahora, puedes escoltarme a dónde me espera tu señor?
—Pero…Sir Itachi…—
—Pero Sir Itachi quería preguntarme algo antes de que me retirara, ¿verdad? — Insistió, deliberadamente evadiendo la razón por la que había sido llevada a la habitación del niño — ¿Me llevarás o no?
—Por supuesto milady— dijo apresurándose a guiarla.
Bajando las escaleras, Sakura rezó a todos los santos esperando que le concedieran la sabiduría necesaria para elegir las palabras cuando se confrontara con MacUchiha de Kintal. Ella sabía lo que el quería de ella y ella sabía la respuesta.
Pero tenía la intención de ocultar la respuesta…en secreto Tenía un plan y si los santos misericordiosos la ayudaban podría funcionar.
Itachi oyó los pasos fuera de cámara privada antes de que ella diera a conocer su presencia. Había esperado hasta que los pasos del escudero se desvanecieran para golpear la puerta. Pero cuando le había dado permiso para que entrara, ella había vacilado.
Mientras él esperaba, recorrió con la mirada el solar, su bienamada habitación. El único lugar en el que él pensaba que podía alejarse del mundo.
Escapar del sufrimiento de su miserable vida.
Excepto por los tapices lujosos que decoraban las paredes, el solar era austero. Una mesa de madera pequeña, una incomoda silla y una gran baúl completaba el mobiliario. Ninguna almohada embellecía los asientos junto a las ventanas, ni siquiera la impresionante vista del lago hacía algo para aliviar la desolación de la cámara. Solo el fuego en el hogar proyectaba un poco de calor y comodidad.
No que a él le importase. Fue el viejo Fergus, su senescal quién insistió en la conveniencia de mantener el fuego. A Itachi le agradaba el cuarto escasamente amueblado y frío….que hacía juego con su estéril alma.
Había decidido deliberadamente encontrarse con su futura novia, allí, donde la severidad del entorno enfatizaría la imagen que el quería comunicarle.
Ya no llevaba su espada, pero continuaba con la túnica de malla negra. Sabía que proyectaba una imagen desalentadora que agitaría el modesto corazón de su prometida, a pesar de las interminables muestras de coraje que ella había dado en el viaje.
Era mejor para ella si pensaba que era tan frío o inamovible como los gruesos muros de su castillo.
Caminó hasta el hogar y esperó de pie con la espalda hacia la puerta, esperó. Después de un momento llamó otra vez y esta vez ella entró.
Cuando escuchó que la puesta se cerró, se giró — ¿Sabes porqué te elegí cómo mi esposa?
Después de lo que pareció una eternidad, el chisporroteo del fuego se escuchó como el único sonido.
Finalmente, ella inclinó la cabeza. —Sí, es a causa de mi don. —
El asintió, satisfecho.
Deberías saber que no puedo hacer uso de las visiones a voluntad.
—Tus habilidades de adivinación son bien conocidas en las Highlands, — cortó Itachi. Él había visto una extraña expresión cruzar por sus ojos y quiso oír lo que quería decir —No tengo duda de que me dirás la verdad.
Él hizo una pausa antes de plantear la pregunta que debía hacer. El temor de su respuesta envió más terror corriendo a toda velocidad a través de sus venas, que lo que sentía afrontando un batallón de montados caballeros ingleses y sus arqueros galeses alguna vez presentes.
De todos modos tenía que saber — ¿Has visto al niño?—
—Sí—
¡!El esplendor de Dios, la moza no dijo no más!
—Simplemente ¿sí ?—
¿Acaso no sabía que se quemaba por una respuesta?
¿—Y qué viste? — Las palabras salieron cómo una explosión de su boca.
En vez de darle una respuesta, ella alisó los pliegues de su capa y clavó los ojos en el suelo con obvia turbación. Con desconcierto obvio, Itachi comprendió. La había intimidado más de lo que era su intención, tal vez su atuendo de guerrero y la tristeza del solar la hacían sentir pequeña e insignificante.
Esa tenía que ser la razón de su silencio.
Caminado hacia una pequeña mesa, sacó dos copas con joyas incrustadas y las lleno de vino rojo como la sangre, le dio una a ella. —Brindemos por una unión que será beneficiosa para ambos —
Ella levantó su copa y dio un pequeño sorbo. Pero el pequeño gesto de bienvenida que Itachi había esperado la tranquilizara, sin embargo, pareció tener el efecto contrario, pues sus manos temblaban y ella derramó un poco de vino en el suelo.
—Me gustaría hacerle una pregunta, - dijo- su voz estable a diferencia de sus manos temblorosas.
Itachi tomó un sorbo largo de su vino antes de responder — ¿Qué te gustaría saber?—
—Nuestros clanes nunca han sido amigos, ¿Por qué no solo me secuestró? ¿Porqué casarnos?—
—Saber la verdad sobre la ascendencia de Sasuke no es la única razón por la que te escogí —Itachi se pasó una mano por el pelo y respiró profundamente. Solamente hablar sobre el muchacho le producía un gran dolor. —Tanto si el es mío o no, necesita el cuidado de un adulto cariñoso. Tú proveerás ese cuidado.
¿— Y tú, señor? Un chico necesita a la madre y al padre. Especialmente un niño, debería tener el amor de su padre. No está bien olvidarlo.
Ante su pregunta, los dedos de Itachi apretaron la copa fuertemente. —Tú no estas aquí para cuestionar mis motivos. Yo solamente quiero saber para que me necesitas. Una niñera podría hacer lo mismo. O un aliado en quien confiaras lo podría criar—No hables de lo que no sabes.
Ella levantó su barbilla —De amar a los niños se mucho, milord—
El amaba al chico también, pero sus sentimientos encontrados no le incumbían a ella, pensó luchando contra la rabia que estaba recorriéndolo. Itachi puso bajó la copa y cruzó los brazos.
—Así es que dime lo que viste. ¿Es mío el muchacho —?
Ella lo miró de repente nerviosa, mojó sus labios antes de hablar. — No puedo decirlo, necesito tiempo para conocerlo antes de que mi don me lo demuestre. —
No queriendo que ella viera su desilusión abrasadora al escuchar sus palabras, Itachi regresó cerca del fuego y se mantuvo allí hasta que su cara no dejó ver ninguna emoción.
Finalmente se dio la vuelta, — ¿Cuánto tiempo?—
—No lo puedo saber, repitió
La furia, siniestra y glacial lo consumía, pero no dijo nada. La necesitaba ya que sus habilidades eran verdaderas, sus espías lo habían jurado, si tenía que esperar, entonces esperaría para saber la verdad.
Pero en ninguna parte estaba escrito que debía estar contento con hacerlo.
Por el Santo Pedro de Roma, él quería saber la verdad esa noche.
Cuando lo sepas, debes informarme inmediatamente, dijo cortante. —Tus deberes son cuidar a Sasuke y advertirme de cualquier traición que puedas prever. Nada mas se esperará de ti —
— ¿Nada más?—
Itachi la miró asombrado. Él había pensado que estaría aliviada, pero le miraba boquiabierta como si le hubieran salido cuernos y cola, luego agachó su cabeza y empezó a golpear fragmentos del piso con su bota nueva.
—Ya veo, — dijo ella en un susurro. —Tú no me quieres como una esposa de verdad.
¡Trueno del cielo! ¿Seguramente ella no estaba disgustada porque él no tenía intención de buscar su cama?
—No es una ofensa, señora. No tengo nada contra usted. — Cruzó la habitación y le levantó la barbilla hasta que ella tuvo que mirarlo —Con la muerte de mi primera esposa juré que nunca me casaría otra vez. Continuando casto no incumpliré ese voto
Su labio inferior comenzó a temblar, pero ella mantuvo su mirada fija.
—Como desee. —
—Esto no será un acuerdo desagradable, — La reconfortó Itachi — Tendrás tu propia habitación y tiempo para hacer lo que quieras, además contarás con mi protección. Es probable que hasta llegues a disfrutar de vivir en Eilean Creag. Esto es mejor que lo que has dejado atrás.
—Si... Estoy agradecida de no estar en el salón de mi padre.
—Bien, — sentenció soltando su barbilla.
Itachi se alejó de ella y fue a la puerta, abriéndola. ¿— puedes encontrar el camino al vestíbulo? Naruto debería esperar allí para llevarte a tu habitación. Descansa adecuadamente esta noche, pues mañana será un largo día. —
Aunque él mantuvo la puerta abierta, ella no se movió. Ella clavó los ojos en él, con la expresión mas extraña que alguna vez había visto. Cuando una solitaria lagrima resbaló por su mejilla, Itachi se maldijo silenciosamente y dio un paso hacia ella para intentar consolarla como mejor pudiera, para intentar explicarle que nunca había tenido intención de rechazarla personalmente.
El no quería a ninguna esposa.
Aunque estuviera un baile de sirenas todas desnudas, cada una mas deseable que la anterior, no lo persuadirían.
Pero antes de que pudiera decir algo ella pasó velozmente por su lado y huyó por el pasillo. Itachi esperó hasta que el sonido de sus pasos se apagó antes de cerrar la puerta y dar un golpe con el puño a los fríos paneles de roble.
Otra vez, él juró.
Ella corrió como si los perros del infierno y el diablo mismo la persiguieran.
Itachi apretó sus labios en una línea sombría.
Tal vez era él el diablo.
En ese momento, el ciertamente, se sentía así.
QUE INTENSO JAJAJA ESTE TIPO DE HISTORIAS ME ENCANTAN
Ofi Rodriguez
