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CAPÍTULO 2: La estrategia
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La bañera estaba toda manchada de rojo, y un hilillo espeso de sangre se abría paso entre las piernas de la chica, torcidas de forma grotesca, hacia el desagüe.
No había zona del cuerpo de Aoi que no presentara heridas, más o menos profundas, pero todas ellas habían sangrado abundantemente, tiñendo su ropa de color carmesí. Una siniestra mortaja, húmeda, pegada a su piel, marcando las curvas de su esbelto cuerpo como para hacer más evidente que la carnicería que había sufrido la había destrozado. Sin duda, de entre todas ellas, la herida que le resultaba más escalofriante era la de su cabeza. Le habían abierto el cráneo, seguramente golpeándola con algo muy pesado y, por la profundidad del golpe, puntiagudo. Entre que la frente había quedado destrozada y que la cara estaba completamente cubierta de sangre, la chica resultaba irreconocible.
- ¿Por qué lo has hecho?
Kaworu hubiera querido llorar, pero no podía hacerlo. El dolor que le producía la muerte macabra, despiadada y absurda de Aoi no podría mitigarse con lágrimas. Su cuerpo no era capaz de producir lágrimas para llorar por eso. Algo tan fútil como una lágrima, por más amarga que fuera, resultaría insultante ante la magnitud de aquel horror, ante lo que Aoi había tenido que sufrir por culpa suya.
- Lo he hecho por ti. Ha sido culpa tuya.
Eso ya lo sabía, no hacía falta que ella se lo dijera.
- Shiori, esto no era necesario. . .
- ¡Claro que era necesario! ¡Te estabas alejando de mí, por ella! ¡TÚ NO TE ALEJARÁS NUNCA DE MÍ! ¡NO LO PERMITIRÉ!
- ¡Entonces haberme matado a mí! ¡Aoi no tenía la culpa, ni siquiera sabía de tu existencia!
- ¿Matarte a ti? Eso es lo que te gustaría. Estarías dispuesto incluso a dejarte asesinar para deshacerte de mí. Pero eso no pasará nunca, ¿entiendes? Tú serás siempre mío, para mí sola, Siempre estaremos juntos, tanto si te gusta como si no. Y no permitiré que nadie te aparte de mí. . . porque tú me perteneces.
El hilo de voz, lúgubre y siseante, con que Shiori pronunció aquellas cuatro últimas palabras hizo que un escalofrío recorriera su espalda.
Ahora sí que empezó a sollozar. No ya por Aoi, no de pena ni de dolor, sino de desesperación.
Shiori no saldría nunca de su cabeza. Se quedaría allí para siempre, torturándole, arruinando su vida y la de todos aquellos que se acercaran a él. Nunca dejaría de recordarle que ella le consideraba propiedad suya, y sólo suya.
Y lo que era aún peor. Ella tenía razón.
Él sería siempre impotente ante el poder de Shiori. Nunca conseguiría separarse de ella, por mucho que lo deseara. Después de todo, Shiori era una parte de él mismo. Shiori había usado sus propios pies para acercarse hasta Aoi, había sido su propio brazo el que había inmovilizado a la chica mientras Shiori descargaba el cuchillo con furia sobre ella, habían sido aquellas manos que ahora miraba atónito, sus propias manos, las que habían golpeado su cabeza hasta desfigurar su preciosa cara, y por eso estaban también manchadas de sangre. ¿Cómo podía luchar contra alguien que ni siquiera. . .?
- ¿Cómo estás, a. . . ni. . . ki? – Preguntó una voz sensual y varonil, justo al lado de su oído, provocando un cálido vientecillo que acarició el interior de su oreja, haciendo que se le pusiera la piel de gallina.
- UAAAAAAAAAAAAA – Yuki pegó un salto de su silla, protegiéndose la oreja con una mano y llevándose la otra al pecho- ¡Mierda, Tatsuha! ¡¿Cuántas veces tengo que decirte que no hagas eso?!
- Vamos aniki, que yo sé que te gusta, jojojo – Respondió su hermano, mirándole con ojos golosines.
- ¡NO, NO ME GUSTA! ¡Y MUCHO MENOS MIENTRAS ESTOY ESCRIBIENDO!
- Lo que tú digas. . . Supongo que ahora que tienes a tu koi no necesitas que nadie más te haga mimitos – Yuki gruñó - ¿Qué? ¿No vas a ofrecerle a tu hermano algo de beber?
Los dos salieron del despacho. Tatsuha se sentó en el sofá de la sala de estar mientras Yuki iba a la cocina a por las bebidas. Llevó zumo de naranja para su hermano y una cerveza para él.
- Gracias, aniki. Cómo me cuidas.
- Hn. ¿Qué te ha pasado ahí? – Señalaba un moratón en el pómulo izquierdo de Tatsuha.
- Ah, ¿esto? El saludo de Mika, jeje.
- Has vuelto a tocarle las tetas, ¿verdad?
- Aix, es que tiene unas tetitas tan redonditas y tan monas. . . ¿A ti no te entran ganas de acariciárselas?
- Por supuesto que no tengo ningunas ganas de acariciárselas.
- Pues no sabes lo que te pierdes. Son como dos manzanas calentitas, duras y firmes, con esos pezoncillos respingones que. . .
- ¡Son los pezones de tu hermana!
- ¿Y? – Respondió Tatsuha, con una expresión en su cara que dejaba bien claro que él no veía qué clase de inconveniente podía suponer eso.
Yuki dejó caer la cabeza, dejándolo por imposible.
- Cuanto más mayor te haces, peor estás de la cabeza. Anda, ponte un poco de hielo ahí. A veces tengo la impresión de que te follarías todo lo que camina.
- ¡Por supuesto que no, Eiri! Qué barbaridades dices. A la zoofilia no llegaré nunca.
- Bieeeeeeeeen, bieeeeeeen. Me dejas mucho más tranquilo. Esperemos que a la necrofilia tampoco.
- Los muertos no caminan, listo. Quedan automáticamente descartados.
Yuki apretó tanto la cerveza que tenía en la mano que dejó la marca de los dedos en la lata. Después de esto, hubo unos minutos de silencio y tranquilidad, en los que los dos sorbían sus bebidas sin decir nada.
- ¿Qué, aniki? ¿No vas a preguntarme por nuestro señor padre?
- ¿Para qué? Seguro que el viejo está mejor que tú y que yo juntos.
- JAJAJA. La verdad es que sí, pero él insiste en que no llegará al mes que viene. Y no para de repetir que, antes de cascarla, su único deseo es verte convertido en una persona decente, libre de esos vicios perniciosos que tienes, con una esposa honesta y respetable y un empleo de verdad.
Yuki volvió a gruñir. Lo de la "esposa honesta y respetable" ya le exasperaba bastante, pero lo que realmente le sacaba de sus casillas y hacía que las pocas conversaciones que mantenía con su padre acabaran invariablemente a gritos, era la costumbre que tenía Uesugi-kun de hablar de su profesión como algo que no era "un empleo de verdad". ¡Mierda! ¡Él había ganado más dinero sólo con una de sus novelas que su padre en toda su puñetera vida! ¿No era capaz de demostrarle un mínimo de respeto?
- Hn, no quiero seguir con este tema – Espachurró el cigarro contra el cenicero.
- Como quieras, como quieras. Pero la verdad, Eiri, no sé por qué no tienes un poco más de tacto. Mírame a mí: Soy el hijo ejemplar, papá nunca se queja de mí. Es más, presume de su chiquitín ante todos sus amigos – Dijo Tatsuha, con un aire de suficiencia insoportable - ¿Y por qué? Porque le digo que sí a todo, me ocupo de unos cuantos servicios para tenerlo contento, y después hago lo que me da la gana. ¿Por qué no intentas hacer tú lo mismo?
- Porque yo no soy tan asquerosamente hipócrita como tú y como Mika, y porque no me da la gana. ¿Está claro?
- Siiiiiiiii, aniki. Más claro que el vodka – Tatsuha decidió dejar aquella cuestión para no poner a su hermano de mal humor – Oye Eiri, ¿puedo quedarme un rato en tu casa? En la de Mika me aburro mucho.
- No. Estoy trabajando. Quiero aprovechar la tranquilidad de que no está aquí Shuichi.
- No seas así. Me quedaré jugando con la consola y no te molestaré.
- ¿Y por qué no juegas con el material de Nittle Grasper de Seguchi?
- Ojalá. En casa no tienen nada. Sólo en el home-studio de Tohma, y ahí no me deja entrar.
- Pues vete a dar una vuelta.
- Hn, tú lo que no quieres es que esté aquí cuando llegue tu novio. Eres un egoísta – Dijo Tatsuha, poniéndose de morros. Eso sí que puso de mal humor a Yuki.
- ¡Si no fueras un depravado que no respeta nada, esto no pasaría!
- La culpa es tuya, por buscarte un koi tan requetemono y que se parece tanto a mi Ryuichi kawaii, con esos ojos, esa carita de niño, ese culito de. . . – Tatsuha empezó a salivar.
- Fuera de mi casa – Que no os extrañe. Si hubierais visto la expresión tan guarra que su hermano tenía en la cara, vosotros también le hubierais echado.
- Desde luego, cómo eres – Como vio que allí ya no había nada que rascar, Tatsuha cogió su mochila y se encaminó hacia la puerta – Con lo bonito que es compartir.
- ¡Que te largues!
Tatsuha se giró y le sacó la lengua a su hermano. Luego salió corriendo hacia la puerta, al ver que una lata volaba hacia su cabeza. ¿Verdad que es bonito el amor fraternal de los Uesugui?
Una vez solo en casa, otra vez amo y señor de su castillo, Yuki volvió a su despacho para seguir con lo que estaba haciendo. Se sentó en su mesa, encendió el ordenador y volvió a abrir el texto en el que estaba trabajando.
¿Cómo podía luchar contra alguien que ni siquiera. . . ?
¿Cómo podía luchar contra alguien que ni siquiera. . .?
. . . que ni siquiera. . .
- ¡Mierda! ¡¿Qué iba yo a poner aquí?!
-.-.-
- ¿Aún no llega Seguchi-kun? Qué raro que él se retrase.
- Se habrá quedado enganchado al teléfono. Como es su apéndice.
Los tres componentes de Bad Luck estallaron en sonoras risotadas, pero a Sakano-san eso no pareció hacerle ninguna gracia.
- Señores, no hablen así del jefe. Si llega a oírles. . .
- Venga, hombre. ¿Cómo va a enterarse?
Sakano se agazapó un poco sobre sí mismo, en una postura de autodefensa, y miró a su alrededor como si temiera que en la sala hubiera micrófonos ocultos.
- Él lo oye todo – Susurró, temeroso.
Hiro, Shuichi y Suguru volvieron a reírse. Llevaban ya un cuarto de hora esperando a su jefe en la sala de reuniones, y a parte de que se aburrían, no podían explicarse el retraso de Seguchi, siempre tan puntual.
Finalmente, la puerta se abrió y apareció Tohma, con cara de muy pocos amigos.
- Buenos días – Saludó/amenazó.
Las risas cesaron al instante. El jefe llegaba tarde y con cara de mala leche. Aquello no podía traerles nada bueno.
- Buenos días, Seguchi-kun – Respondieron cuatro voces al unísono.
RRRRRRUM RRRRRRUM
Tohma se dirigió a su sitio en la mesa ovalada caminando con dificultad. Llevaba algo colgando de la pierna izquierda que le impedía caminar de forma normal. Cuál no sería la sorpresa de los empleados cuando vieron que aquel "algo" era Tatsuha, agarrado empecinadamente a la pierna de su cuñado.
Por fin, Tohma consiguió llegar a su asiento. A los de Bad Luck y a Sakano parecía que se les iban a salir los ojos de las órbitas. Antes de comenzar, el presidente de NG Records levantó la vista y les dirigió una mirada de al-que-diga-ni-media-palabra-le-clavo-la-estilográfica-en-un-ojo. Los otros cuatro tragaron saliva.
- Ejem, ejem – Seguchi dio dos golpecitos en la mesa con los papeles y se sentó – Bien, empecemos. Como saben, K no puede acompañarnos hoy por ligeros problemas de salud. No es nada serio, no se preocupen. En cuanto a . . .
- ¿Cuándo viene Ryuichi? – Preguntó una vocecilla que provenía de debajo de la mesa. Las manos de Tohma temblaron ligeramente.
Sakano de puso blanco, Suguru parpadeó varias veces, Hiro se mordió el labio inferior y a Shuichi se le escapó una risita que consiguió convertir en un oportuno ataque de tos justo cuando su jefe le dirigía una nueva mirada asesina.
- Tatsuha, te dije que estuvieras callado.
- Pero no me has dicho cuándo viene Ryuichi – Habían pasado dos días desde que Tohma le hiciera aquella promesa, y el chico empezaba a impacientarse al no notar ningún avance en los trámites para que su ídolo regresara a Tokio, así que llevaba todo el día acosando a Seguchi con una insistencia que hubiera acabado con la paciencia del santo Job, hasta llegar al extremo de engancharse a su pierna y amenazar con no soltarle hasta que le dijera e-xac-ta-men-te cuándo vendría Ryuichi. Al final, Tohma había decidido que la mejor estrategia sería ignorar a Tatsuha hasta que se cansara de hacer el indio. Con lo que no contaba era con que, de eso, él no se cansaba nunca.
- Estoy trabajando, no tengo tiempo para tonterías.
- ¡¿Tonterías?! ¡Oniisan, esto es muy importante! ¡Debería ser tu prioridad absoluta en estos momentos, en vez de tanto papeleo y tanto hacer la pelota por teléfono a lo peces gordos!
Esta vez, ninguno de los chicos pudo evitar que se les escapara un bufido de risa contenida. Incluso Sakano se permitió esbozar una tímida sonrisa. Tohma estrujó inconscientemente los papeles que tenía en las manos.
- Tatsuha, me estoy hartando. . . – Siseó amenazadoramente.
- Eres malo, oniisan. Y un mentiroso. ¡Le diré a todo el mundo que Seguchi Tohma no cumple sus promesas!
- ¡BASTA! – Tohma se levantó con tanta fuerza que tumbó la silla. Suguru y Shuichi se abrazaron a Hiro, sobresaltados, y Sakano se llevó con terror las manos a la cabeza – TOICH TOICH TOICH¡¡¡ – Con la pierna que le quedaba libre, Seguchi empezó a pisotear con fuerza la cabeza de su cuñado - ¡Estoy harto de ti! ¡No te soporto más! ¡Me sacas de quicio! ¡FUERA, FUERA TODOS! – Les gritó a sus empleados.
Como si necesitaran más. Hiro, Suguru, Shu y Sakano salieron atropelladamente de la habitación, no fuera cosa que aún recibieran alguna galleta como las que estaba recibiendo el joven Uesugi.
Tohma continuó pisoteando a su cuñado hasta que se quedó sin fuerzas. Por suerte para Tatsuha, la resistencia física de su oniisan no era nada del otro mundo, y el chico no sufrió ningún daño serio. De hecho, le hizo poco más que cosquillas. Después se marchó, resoplando, a su despacho.
"Arf, arf, arf. ¡Maldita sea! Ojalá pudiera dejarle encerrado en la sala de reuniones hasta que acabe esta semana infernal. Pero, claaaaaaaro, Mika no querrá que le haga eso a su querido hermanito. Ni eso, ni que le ponga un bozal. ¡Oh, qué harto estoy!"
Se quitó la americana y se recostó en si sillón, aflojándose el nudo de la corbata.
Más rehecho físicamente, empezó a pensar con claridad. "Hm, necesito buscar algo con lo que distraer a Tatsuha hasta que llegue el momento de que se marche. Por mucho que diga, al acabar las vacaciones empieza las clases, y su padre no le permitirá quedarse más tiempo, aunque sea para ver a Ryuichi. ¡Sí, eso es! Necesito mantenerle ocupado, entretenido, y le iré dando largas hasta el final de la semana, porque ni por todo el oro del mundo pienso traer aquí a Ryu-chan mientras ese animal esté en Tokio. Pero, ¿con qué puedo distraerle? ¿Con qué?"
Apoyó la barbilla en una mano y se cubrió la boca con el índice, pensando, pensando. . .
De repente, dio un golpe en la mesa.
- ¡Claro! ¿Cómo no se me había ocurrido antes? ¡Es perfecto, PERFECTO! ¡SOY UN GENIO! ¡SOY UN JODIDO GENIO!
Ai, ai, aaaaaaaaai. ¿Qué se le habrá ocurrido a este Tohma? Miedo me da, jujuju.
Siento muchísimo este retraso, pero resulta que me he cambiado de casa y estaba sin conexión, a parte de que, con todo el rollo de la mudanza, comprenderéis que la inspiración no daba mucho de sí, y la cosa estaba bastante estancada. Me perdonáis, ¿verdad? (sonrisita)
Como siempre, espero que el capítulo os haya gustado. Alguien me comentó que Tatsuha estaba un poco exagerado. Razón no le falta, pero lo he hecho a propósito para reír un poco más. Espero no haberme pasado, jiji.
Esto es todo de momento. Ahora, me despido.
HASTA LA PR"XIMA¡¡¡
