- Notas de Autor:¡Buenas buenosas! ¡Miles de gracias por los comentarios y favoritos! Genial que estén de acuerdo con mi versión de Bucky en el fic. Quiero arriesgarme un poco más con él, tengo más ideas del personaje y me agrada la idea de poder ampliar sus acciones ¿Iniciamos?

- Informaciones: Bucky tridimensional, organización furiosa y café frío. Aparición de varios personajes nuevos en la trama, nuevos en mi mente, nuevos en el fic, diviértanse*

- Advertencias: Spoilers para el que no haya prestado atención al resumen de la historia, y una excesiva dosis de amor por la escritura *Shine*

- Música: Culpa tuya, Denny. Si quieren un buen clima de lectura, aquí las recomendaciones:

- Captain America 2 Soundtrack - The Winter Soldier

- The Black Keys – Psychotic Girl

- Kula Shaker - Winter's Call

- The Black Keys – Dead And Gone

¡A Leer!

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Los árboles son figuras esqueléticas negras en las primeras horas de la madrugada, con un aura tan macabra y misteriosa que desafían a cualquier ser vivo, que estuviese tan perdido como él, a buscar refugio bajo su dudosa protección.

Parpadeó al sentir la llovizna helada caer en sus pestañas, y exhaló aire frio por la nariz mientras se obligaba a seguir la ruta ya establecida, tenía que continuar, su anterior refugio estaba en llamas y, si no era en extremo cuidadoso, pronto le seguiría.

"Hydra está en todas partes. Si cortas una cabeza, saldrán dos más en su lugar"

Era irónico. Había sobrevivido dos meses sin contratiempos, y de un segundo a otro, huía sin rumbo claro, sólo esperaba alejarse lo suficiente hasta que nadie diera con su paradero, no podía evitar repasar detalle a detalle cada investigación que hizo, todas las huellas que dejó, intencionadamente, detrás de sí, sabía que no lo encontrarían, o al menos creyó firmemente que sería como lo planeó.

En lo que sus pies aumentaban la velocidad mientras el eco de disparos lejanos lo impulsaba a esquivar matorrales y hundir ambas piernas en la orilla de un gigantesco lago tranquilo y helado, mentalizó un próximo enfrentamiento, jadeó algo superado por la adrenalina que le daba el pensamiento, pero no tenía demasiadas opciones en su posición. Luchar o morir, no había segundas oportunidades.

"Eres el Puño de Hydra, traerás la libertad que este mundo merece. Confío en tus habilidades para lograrlo."

Se encaminó lentamente hasta que el agua alcanzó la altura de su vientre, el choque de su piel cálida por la carrera reciente y las bajas temperaturas del cuerpo líquido le ocasionó espasmos involuntarios mientras ajustaba una práctica ametralladora, conseguida semanas antes, a la altura de su hombro.

Afirmó el dedo en el gatillo y se reclinó silenciosamente hasta que sólo el arma y la mitad de su rostro eran lo único visible, frunciendo suavemente el entrecejo mientras calmaba sus latidos y se concentraba en sobrevivir...

- ¡Por aquí! ¡Sigan el rastro!

El arrollador sonido de cargadores ajustándose y seguros liberados mientras las pesadas botas hacían totalmente claro su menor distancia a cada minuto que transcurría, en una madrugada que parecía querer devorar todo a su alrededor, habría hecho dudar a cualquiera, incluso renunciar a la idea de un enfrentamiento directo, pero no era su caso. Nunca era su caso.

"Soldado de Invierno, así te llaman tus enemigos ¿Qué piensas de eso?"

- ¿Alguien logra verlo?

- Ni un rastro. Activen las luces infrarrojas

Respiró hondo, exhaló el aire por la nariz, en cuánto los tuvo donde quería, jaló el gatillo.

"... Sólo son mis objetivos. Lo que yo piense no es relevante."

Los disparos alertaron a los que estaban llegando, pero era demasiado tarde: La mitad de los casi cincuenta agentes menores de Hydra que salieron tres días antes con la misión de capturar al fugitivo Soldado de Invierno estaban muertos, tintando con su sangre el lago y sus alrededores.

Ante la poca visibilidad y el terror por aquella visión, los últimos hombres en pie comenzaron a disparar contra el agua, queriendo -rogando- por siquiera haber rozado el brazo metálico de aquél maldito demonio que parecía más una leyenda a que un ser humano.

- ¡Nos encontró! ¡Dispárenle, por amor a Dios!

Los gritos de terror recorrieron kilómetros a la redonda, más de uno fue desmembrado por la fuerza descomunal que poseía aquél fantasma enfurecido, las balas caían como lluvia entre las plantas, pero nada, absolutamente nada, logró detenerlo.

Después de una hora con veinte minutos exactos, a las dos y cincuenta de la madrugada del lunes, el Soldado de Invierno había asesinado a más de treinta agentes de espionaje y guerrilla, sin salir más herido de lo habitual. De nuevo la máquina de matar salía a defenderse.

"Simpático chico. Entiendo la obsesión de Zola. Dice que eres su mayor logro, ahora lo comprendo..."

Bucky se limpió la sangre que recorría el brazo metálico y su mano humana en el agua, apenas terminó con la faena se enderezó, asegurándose de no tener inconvenientes para seguir avanzando, y, al ver toda la sangre y muerte que le rodeaba, no pudo hacer más que apretar los puños al soltar un grito de impotencia con furia cuyo origen desconocía

"... Eres un fantasma perdido"

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Fingió pasar las hojas de su aburrido libro de recetas, en realidad desde hace un buen rato no sabía qué era lo que continuaba después del tedioso "Al rellenar un pescado, debemos asegurarnos que...". Y no era culpa de su inusual aburrimiento o algún tipo de enfermedad que tuviera que ver con pérdida de la memoria a corto plazo, en todo caso, era absoluta responsabilidad del maravilloso vagabundo que estaba sentado a unas tres mesas de su asiento en el interior de un pequeño y acogedor café al cual iba desde que era una niña.

Se deslizó un mechón de cabello castaño detrás de una oreja, sonriendo como tonta al verle de reojo, por quién sabe cuánta vez, daba pena verlo así, la ropa desgarrada y recosida en algunos lugares, la mano que no estaba envuelta en un raro guante de cuero tenía miles de marcas así como hollín en cada centímetro de piel, barba de varios días, una gorra que le sentaba simpática a pesar de no tener nada de peculiar, y venía su parte favorita del conjunto: El rostro

Tenía más de veinte años viviendo en ese aburrido intento de ciudad, por lo tanto, conocía a muchas personas, incluso a los que sólo iban a pasar la temporada por el lugar, y no le había visto jamás, adivinaba por eso que debía ser nuevo, demasiado nuevo más bien, no podía evitar estudiar sus facciones, primero porque trataba de identificarlo, pero ahora era sincera curiosidad que rayaba en lo acosador.

Le gustaba la forma de su nariz, era muy estilizada, para ser alguien sin hogar se veía demasiado joven, quizá hasta de su misma edad ¿Por qué no estaría trabajando? Quizá era drogadicto, y quedó en la bancarrota, se ajustó nerviosamente los lentes al pensar en eso antes de continuar su indiscreto estudio de la tercera persona que estaba en ese local tan temprano, la segunda era el anciano Billy que atendía la caja.

La postura le daba un aspecto bastante marcial, y, en un determinado momento, logró descubrir los ojos que cargaba cuando observó por la ventana descuidadamente, alzando las cejas sin poder evitarlo al descubrir que eran de un verde abrumador.

"Vaya pedazo de gato"

Se mordió la lengua para evitar que algún sonido sospechoso saliera de su boca, y reflexionó de nuevo, vale, lo aceptaba, era demasiado bonito, le faltaba una buena ducha y quizá un corte adecuado de cabello, pero con ropas nuevas y a la medida, el sujeto fácil podría ser algún modelo de marcas, como ropa, o en todo caso, actuar porno para mujeres, al entender lo que estaba pensando soltó una risita delatora que al instante ahogó con el mocacchino tibio a un lado de sus inquietas manos.

Suspiró sin darse cuenta, seguro el pobre tenía hambre, no le había visto hacer algo más que entrar precipitadamente de la calle, empapado del torrencial aguacero que había iniciado hace unas horas, para sentarse sin dirigir la palabra a nadie en ese lugar, a ratos se frotaba las manos como buscando darse calor, o como si quisiera quitarse algo que le molestara.

Observó de nueva cuenta su vaso de café casi vacío y pensó en si sería una buena idea hacer lo que fugazmente su maquiavélica mente había ideado, lo planeó y finalmente canceló su cuenta, hablando en susurros con el viejo de la barra y pasándole algo de dinero extra, rogando porque fuese discreto.

En lo que recogía sus cosas escuchó la siempre cálida voz de Bill hablándole al extraño, mientras le dejaba un Capuccino "Por orden de la casa, y de esa señorita de la esquina que parece preocuparse mucho por usted" para soltar una carcajada e irse a la cocina genuinamente divertido, sintió el deseo de palmearse la cara, genial, su manera sutil de hacer las cosas no era como lo esperaba.

Fingió que no había sucedido nada mientras atiborraba hasta las servilletas de la mesa en su bolso, arrugando las guías de estudio, aunque en realidad eso no era demasiado relevante, ya había estudiado toda la noche antes de ir a ese lugar.

Se acomodó el morral y al darse la vuelta notó que el vagabundo la observaba fijamente, con los hombros tensos y una expresión tan fría que sintió pánico al instante, tenía una mano por debajo de la mesa, la enguantada, y el otro brazo lo había apoyado frente a sí sobre la superficie de la mesa, totalmente dispuesto a defenderse de un peligro que ella no veía por ningún lado.

Carraspeó la garganta y se balanceó distraídamente mientras ajustaba nerviosamente los lentes en su rostro, dio una incómoda repasada por los alrededores, techo, lámparas, paredes verde manzana, sillas de bar al frente de la barra, mesa de la esquina, vagabundo con la misma expresión, diablos. Le sostuvo la mirada, esperando algún tipo de explicación a tanta incoherencia, pero por más tiempo que permaneció allí, de pie y con los brazos cruzados, él no dejó de estudiar cada movimiento hecho por su inquieto cuerpo, sin decir ni una palabra.

A medida que pasaban los minutos en silencio, parecía que se enfadaba más, porque apretaba la mano en un puño cada vez más firme, y frunció el entrecejo notoriamente, la mujer parecía al borde de un colapso y él se limitó a emitir un gruñido que fue el detonante de todo.

No aguantó ni un segundo más la tensión presente y le gritó, fastidiada y confundida:- ¡Oh Vamos! ¡Es un maldito café y parecía que no habías comido en años! ¡No te voy a regalar droga, y menos en un lugar así! ¿¡Acaso no puedes simplemente ser amable ahora para que te vean como un bicho raro?! ¡Pues bien, si no lo quieres, dile a Bill que me devuelva el dinero a la próxima vez que regrese, y problema resuelto!:- Al terminar su desahogo caminó con pasos marcados a la entrada, largándose con una opresión en el pecho de pánico con enojo, no había entendido esa rarísima reacción del sujeto

Bucky permaneció en su lugar, parpadeó una, dos veces, antes de observar el vaso mediano frente a sí, separó los labios con ganas de explicar algo, o como mínimo defenderse de ese ataque verbal, pero comprendió que estaba solo al notar la ausencia de su extraña acompañante, fijó de nuevo su confusa mirada al vaso y finalmente lo sujetó del borde, arrojando la mitad del contenido a una planta cercana de su puesto, esperó media hora, una hora, nada sucedió

Al descubrir esto, soltó un sonido de disconformidad y se tomó lo que restaba dentro del vaso, pensando que era una pena total haberlo desperdiciado de aquella forma, pero después de esa madrugada, no podría ser confiado en lo que le restara de vida.

Reflexionó que, por algún tipo de idea vaga que ahora surgía de los pantanos en el interior de su mente, debía disculparse con la chica que había sido amable con él en su peor momento, se rascó la palma de la mano derecha y frunció los labios incómodo, finalmente se enderezó para desechar el vaso y se acercó al hombre que atendía el local, el anciano apenas le divisó sonrió como si le conociera de toda la vida, eso sólo le hizo sentir más paranoico que antes

- ¿Qué necesita amigo?

Miró a sus lados, asegurándose que ningún agente de Hydra estuviese lo suficientemente cerca para reconocerle, y finalmente habló, incómodo hasta la espina dorsal por la mirada constantemente amigable del hombre, si no fuera porque sabía que era incapaz de hacerle algún tipo de daño físico, habría considerado su extraña forma de verlo como presión psicológica y le dispararía en la cabeza sin dudar

- La mujer... la del café... ¿Cuál es su nombre?

Diez minutos después, el Soldado de Invierno salía por los callejones traseros del local con un nombre y dirección escritos en un papel con total entusiasmo y detalle por un anciano que pensaba estar presenciando el nacimiento de un bonito romance en la pequeña ciudad

Bucky sólo pudo pensar que las personas eran demasiado descuidadas, fue tan sencillo que se seguía preguntando si no era otra estrategia de su antigua organización para eliminarlo del mapa efectivamente, guardó la hoja en uno de sus bolsillos, quizá después pensaría más detenidamente en ese detalle

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Cargaron las armas y observaron a los hombres frente a ellos, demasiado jóvenes, sin experiencia en los aspectos más importantes de una vida plena, dedicados a una organización clandestina, con cero posibilidades de comprender sus auténticas habilidades humanas.

Todos y cada uno, de pie y sin ataduras físicas, con las espaldas presionadas contra la pared, transpirando ansiedad, reflejando resignación y una dignidad que hicieron sentir a sus verdugos bastante lástima por ellos...

- ¡Firmes! ¡Ha llegado el Capitán!

Todos enderezaron la postura, el hombre que reconocían como superior dio un cansino repaso visual a los diez pobres diablos que el Puño de Hydra no alcanzó a eliminar, fallaron en su primera misión de espionaje, pero había estado tantas veces en ésa situación que ya le resultaba molesta e indiferente.

- ¿Alguna petición final?

Ninguno habló, el silencio hizo que el aire resultara más pesado de respirar en ése hangar subterráneo, los hombres desperdiciaron su último minuto de vida, y el Capitán no se hizo de rogar.

Alzó una mano en dirección a los militares con las armas y se dio media vuelta, dándole la espalda a esa penosa escena. Un momento antes de salir, escuchó la sinfonía esperada: Disparos descoordinados, y luego, el peso de los cuerpos colapsar sobre el suelo de hormigón, la puerta se cerró detrás de sus botas, impidiéndole escuchar nada más.

Desde el incidente con Steve Rogers, Hydra no se podía permitir más fallos en las misiones, y con ésta en particular, la dividida organización no toleraba fracasos de ningún tipo. Era alta prioridad. Acomodó su uniforme con ligero orgullo y se encaminó a los salones de entrenamiento.

Era hora de reclutar nuevos soldados para la tarea inconclusa.

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Apoyó los dedos metálicos sobre sus labios en profunda concentración, y sujetó el lápiz a su lado con la mano libre, lo golpeó dos veces sobre la tabla de la mesa hasta que se decidió y, con cierto temblor presente por la falta de práctica, trató de copiar en una servilleta en blanco aquella imagen a todo color de una revista que aún no comprendía el por qué se la había entregado, así sin más en la calle, un hombre demasiado sonriente.

Al principio se sintió en absoluto confiado, pero pronto descubrió que hacía lo mismo con todos los transeúntes del lugar, Bucky decidió no alarmarse sin motivos claros. Respiró hondo, y observó el resultado final, comparándolo silenciosamente al original, y entrecerró los ojos.

Algo bueno del mundo actual en el que vivía: Lo poco que sabía, seguía recordándolo vívidamente, por lo tanto sacó un encendedor y dejó la servilleta con un dibujo que le pareció una aberración insultante al original, incinerándose dentro de un recipiente de metal dónde había una pequeña hoguera, cada vez más llameante, por cada papel que lanzaba dentro de ella sin piedad. Aprender a dibujar, de cero, apestaba.

No entendía ni siquiera cómo había terminado así, pero sentirse tan frustrado ante algo que parecía mucho más simple de lo que sabía hacer hasta la fecha, era como un golpe al orgullo que no poseía hasta ése instante.

Quizá influenciaba el hecho de que estaba escondiéndose de nuevo, en un almacén abandonado en el centro de la ciudad, y no quería gastar energías hasta trazar un nuevo plan, por lo tanto repasó con cierta curiosidad lo único nuevo que poseía y se encontraba en esa situación desde entonces.

Lo intentó de nuevo, en ésta ocasión empleando su miembro mecánico, y le sorprendió percatarse de la fluidez de los movimientos y los resultados decentes que obtuvo, a pesar de esto, seguía considerando que no le hacía justicia a la imagen original que estaba ahí, sobre esa desgastada mesa improvisada, como burlándose de las limitaciones de alguien tan roto como él.

Finalmente, se rindió, simplemente no podía, y observó hacia el firmamento por la abertura que había sobre su cabeza, sintió algo de molestia y apoyó su peso a lo largo del suelo, notando que el cielo se hacía más oscuro a cada momento, no parpadeó, quería notar todos los matices y no perderse de nada, era la primera vez que veía el exterior sin estar buscando un objetivo o alguna misión de espionaje.

Su respiración se reguló y la hoguera comenzó a reducir su luminosidad, pronto quedó en una oscuridad absoluta, los sonidos urbanos a su alrededor era lo único que le recordaba dónde se encontraba, trató de recabar en su memoria, estaba sintiéndose asqueado de seguir huyendo sin saber por qué lo hacía. Respiró profundo y apretó los párpados, dejando que su mente trabajara...

"Eres el Puño de Hydra"

"Mi mayor creación"

"¡Felicitaciones, Zola, has convertido nuestros ideales en realidad!"

"Yo moriré pronto, pero tenlo siempre en mente: Tú seguirás el legado de Hydra, nuestro futuro depende de la eficiencia. Fuiste diseñado para eso"

"¡No eres nada! ¡Sólo un maldito experimento!"

"Próxima misión, saldrás pronto, no debería ser tan difícil para ti. Hydra depende de tú éxito"

"¡¿NO ME RECUERDAS?!"

Ahí

Apretó los puños, sí, tal vez si seguía tratando de identificar sus emociones contradictorias en el momento que Steve Rogers le gritó con angustia y desesperación, recordara algo productivo...

"¿Bucky?"

"No voy a atacarte"

"Eres mi amigo"

Algo cambió, silencioso, diferente. Una memoria que no poseía antes apareció, como un pequeño maremoto en su mente...

"Soy el... Sargento... División 107..."

"Me... puedes..."

"Llamar..."

"Bu..." "...cky"

Gritó repentinamente, levantándose con tanta fuerza que chocó su brazo contra el intento de mesa y ésta cayó por una de las aberturas al exterior que le cercaban, respiró agitado y apretó su cabeza entre sus manos, encogiéndose al casi poder sentir la electricidad acabando con sus neuronas y el olvido tragándolo vivo, como si le arrancaran extremidad por extremidad una y otra vez en una tortura sin fin.

Su organismo se alteró a niveles alarmantes y se levantó, en estado de alerta ante un enemigo invisible, apenas inspeccionó su alrededor comprendió que seguía solo, y jadeó buscando aire mientras sentía la garganta demasiado seca, se enderezó y pateó el recipiente de metal con tanta fuerza que lo abolló al tiempo que salía impulsado por el agujero del lugar dónde debería estar el techo.

Finalmente quedó de pie, balanceándose nerviosamente, liberando y reacomodando el seguro de una de sus dos pistolas como maníaco, la tortura ya no era una posibilidad, dejó el seguro en su lugar al comprenderlo mejor que nunca antes. Estaba recordando, no entendía bien qué, pero al fin, después de tanto tiempo, se acercaba a una verdad que necesitaba sin saberlo.

Hydra no iba a quitarle lo poco que había logrado recuperar de sí mismo. Era alguien. Alguien que quizá tuvo una vida antes de la organización, de los asesinatos, de la sangre, muerte y el forzoso olvido. No lo permitiría de nuevo. Era libre, era totalmente libre.

Y después de setenta años, Bucky Barnes se permitió sonreír, lleno de expectativas y nacientes esperanzas con respecto al futuro. Su futuro.

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No le habían enseñado a juzgar antes de saber con quién estaba tratando, pero de nuevo sentía que SHIELD era una organización convaleciente después del incidente de Hydra, el peso en sus hombros aumentaba tras cada día que Nick Fury continuaba en su lenta rehabilitación y ahora él daba las órdenes más importantes en todo momento. Vaya ironía

Removió los documentos entre sus manos, disimulando la mirada expectante del único ojo del Director por medio del papel, e ignoró sus bufidos fastidiados mientras intentaba comprender tanto tecnicismo y dar una respuesta satisfactoria, todavía seguía adaptándose a este nuevo mundo tan extraño. Finalmente soltó el mazo de líneas y especificaciones que se le antojaban en un dialecto extraterrestre, y respondió, con firmeza:- No entiendo nada de lo que dice aquí.

Se preparó para el discurso furioso de su superior, a pesar de que en condiciones actuales eran iguales en jerarquía:- ¡Demonios, Capitán! Si es demasiado para usted, entonces déjeme aclararle el reporte de Barton: Ha estado hurgando en un asunto que debería haber terminado, lo sabemos.

Alzó una ceja rubia, mientras respondía, defendiéndose con la seguridad del que posee la razón:- Es un tema que me concierne ¿Ahora el trabajo de sus espías es fisgonear la vida de los miembros de ésta organización?

- No trate de cambiar el hecho de que usted, Capitán América, al servicio de SHIELD y su nación, está rastreando el objetivo Soldado de Invierno, un enemigo que casi logra matarme, por si lo olvidó. Pensé que su moral tenía más lógica.

Steve podía soportar muchas cosas: Que Tony Stark lo molestara con términos que no entendía y grabara cada encuentro catastrófico con alguna maravilla tecnológica, que Natasha hiciera comentarios jocosos y con claras referencias sexuales a cada misión que compartían, sin contar la cantidad de veces que hizo de casamentera y él tuvo que disuadirla, finalmente se juntaran ella y Sam para esconder alguna de sus ropas predilectas y cambiar su armario por cosas que eran totalmente inaceptables para él y que jamás usaría.

Soportaba todo eso con dignidad, pero si había algo que podía sacar lo peor de sí era que dudaran de su lealtad por un viejo amigo que lo necesitaba. Que él sabía que lo necesitaba

Golpeó la mesa con fuerza medida, si lo hubiera hecho como realmente deseaba, la habría destrozado. Su voz sonó clara, firme y enardecida, aunque eso no intimidó al Director de SHIELD:- No se atreva a juzgar mis decisiones sin saber mis motivos. SHIELD no habría pasado por esto si hubieran logrado detectar la influencia de Hydra a tiempo, estoy tratando de arreglarlo mientras salvo una vida inocente, si tanto interés posee en lo que hago, le invito a hacerme compañía durante mis salidas nocturnas, tal vez le ayuden en su condición.

Se levantó del asiento, enojado, estaba cansado de que todos lo creyeran un demente por ir detrás de un sujeto que lo único que podía darle era una buena golpiza y que fue la punta de lanza para una de las peores crisis que la agencia de espionaje había tenido a lo largo de su historia, pero no contaba con el comentario cargado de indiferencia del Director:- ¿Vida inocente, eh? ¿Así piensas que es en realidad? ¿Lo crees?

Detuvo sus pasos, con el corazón palpitándole fuertemente, tuvo un presentimiento negativo, así que se dirigió a él y le observó con severidad, demandando explicaciones. Al notar que el hombre moreno sentado en la moderna silla de escritorio no planeaba decir nada, habló en su lugar:- Es lo que creo, y eso me basta.

- Debería mejorar sus apreciaciones Capitán:- Le extendió una carpeta repleta de fotos e informes, Steve la sujetó con inseguridad, al abrirla entrecerró los ojos, cuerpos mutilados y heridas de bala por doquier, mientras el total de fotos era mayor a veinte, al finalizar todo aquél espectáculo macabro, una sola fotografía apenas visible le hizo sentir un frío aterrador en su estómago: Un hombre de pie en medio del mar sangriento, extendiendo un brazo que relucía a la poca luz nocturna por el metal que lo conformaba, mientras disparaba y le asestaba en la cabeza a un soldado que se veía demasiado indefenso para él.

Se veía imbatible, poderoso y perdido, demasiado perdido, quiso haber estado en ese lugar, y detenerlo, de cualquier manera, antes de que siguiera empeorando las cosas. Mientras tanto, el Director seguía comentando:-… No es un corderito degollado, pero nos ha hecho un gran favor. Parece que, al igual que usted, insiste en ir contra los que debe lealtad:- Ese comentario le valió una mirada agresiva del súper soldado, pero Fury no iba a temerle a algo como eso:- Más de sesenta agentes de Hydra abatidos, en todos mis años he visto carnicerías memorables, pero como ésta ninguna. Debemos encontrarlo antes de que los organismos ignorantes lo declaren un asesino en serie.

- No lo hará:- La amenaza fue directa y clara, alzó una ceja, mientras el Vengador se defendía con todo su ser:- No hay nadie en éste lugar que pueda detenerlo, ni siquiera usted. Yo me encargaré de él, puedo hacerlo, pero no interfiera más en mis asuntos.

Le entregó los documentos con movimientos rígidos, y antes de irse, Nick Fury se permitió comentarle con una sonrisa irónica, ese hombre era tan enchapado a la antigua que lo hacía sentir un infante revoltoso:- No voy a dejar que esto pase bajo mesa. Si usted no logra detenerlo, puede creer que conseguiré los medios para hacerlo. Y, a diferencia de sus verdaderas intenciones, al maldito sólo le espera una larga sesión de tortura en mis manos, Stark estará encantado de colaborar una vez más con alguno de sus juguetes.

Sólo le respondió la puerta trancándose con un fuerte golpe.

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Se tiró en el sofá, mientras suspiraba sacándose con la punta de los pies aquellas botas preciosas que le habían costado dos meses de trabajo en el restaurant. Maldito jefe, malditas cocineras, malditos clientes, los odiaba a todos, vamos, era Viernes y se merecía un buen desahogo mental, la semana fue una locura, se quedaba dormida en clases, en el trabajo, en el transporte, tenía suerte de no estar viviendo al otro lado del país con lo accidentada que fue su jornada.

Prácticamente se arrastró hasta la cocina, abrió la nevera y sacó lo primero que encontró, cuando volvió a su lugar en el sofá, se extrañó ¿Había dejado el yogurt en el refrigerador pero sujetó la salsa de tomate? La lanzó a un lado, masajeándose las sienes, qué fastidio en verdad

Estaba a punto de abrirla y comerla –ya qué- cuando escuchó el timbre de su pequeño apartamento. No esperaba a nadie, y la curiosidad logró que se enderezara, con los pies descalzos y abriera la puerta sin esperar nada en particular.

Vacío

Volteó a ambos lados, buscando algo, o alguien, y cuando estaba a punto de salir al pasillo, su pie izquierdo chocó con algo sobre la alfombra de entrada. Se inclinó a recogerlo, era una especie de pájaro, rebuscó en su mente qué era y pronto dio con un nombre: Grulla

Era pintoresca: Estaba hecha en la hoja de una revista, y cuando la volteó, logó notar que la imagen de la revista era un ramo de flores variadas que ahora daban forma a ése pajarillo. Había un solo mensaje escrito en una de las alas: Para Kathy, gracias por el café.

Kathy quedó ahí, de pie en la entrada de su hogar, con el regalo entre las manos. Y en cuánto entendió el mensaje, sus gritos de emoción despertaron a sus vecinos.

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