Sentimientos de una cadena
'Enfermedad y cura'
(¯`•._.• El amor es una enfermedad, no hay mejor cura que tú.•._.•´¯)
By; 'Asuka-hime'
Notas pasajeras; Aclaro que este capítulo sigue a mi libre albedrío, nada de manga ni nada porque todavía (no puede ser! T.T) no lo he visto pero es que lo quiero ver desde el principio para que no pase nada por alto como en Tsubasa Reservoir Chronicles. Espero que disfrutéis de este capítulo que me ha venido a la mente mientras que estaba con fiebre alta esta tarde (sí, pienso en PH hasta con fiebre… Oz… Creo que me ha subido la fiebre! XD). Si os gusto, sigo!
Disclaimer: Pandora Hearts no me pertenece, sino a Jun Mochizuki. Yo solo los tomo prestados para hacer semejantes locuras con ellos. La trama sí es mía (¡y Oz! ^^)
Alice
Odiaba la sonrisa de Sharon, odiaba la mirada asesina del cabeza de algas, odiaba la mirada burlona del payaso, pero sobre todo odiaba la mirada de preocupación de Oz.
Al final había pillado lo que los humanos, el cabeza de algas y el payaso llamaban; resfriado. Sí, un resfriado. Una enfermedad, como ellos le llamaban, la cual si no se trataba bien podía convertirse en algo peor.
El resfriado me había hecho darme cuenta como odiaba las enfermedades, y es que odiaba sentirme así de débil e impotente. No tenía ni ganas de pegarle una buena patada al cabeza de algas. Y todo porque estuve con el cabello mojado toda la noche anterior…
-Deberíamos de llamar a un médico-aseguró Oz con voz preocupada mientras que se inclinaba más a mí y me ponía su mano templada en mi ardiente frente. Subió más calor a mis mejillas.
-Ya viene de camino Oz-le recordó Sharon tiernamente.
-¡Pues debería darse prisa!-se aleteró Oz mirandome aún preocupado.
Su mirada me deprimía bastante. Tenía ganas de ponerme de pie y reir con prepotencia y airear mi pelo con maestrazgo mientras que gritaba; ¡Estupido sirviente, jajajajajaja, estoy perfectamente!. Pero la última vez que lo había echo había terminado mareada en los pálidos brazos de Oz y después, con una mirada de preocupación para no variar, me había susurrado lentamente mientras que me tumbaba de nuevo y me arropaba con la manta; Alice, no debes hacer eso. Descansa.
¡Hmp!. ¡No quería preocuparlo más!.
Pero… ¿No es eso lo que querías?. Él es tu eterno sirviente y te debe lealtad…
¡Hmp!. ¡Pero tampoco quería tanta!.
-Ojalá que haya tenido un accidente por el camino y no pueda venir. Así se irá de una vez el molesto conejo…
Le envié una mirada asesina al cabeza de algas, el cual estaba sentado en un rincón fumando. Me miró con competencia para luego soltar todo el humo en un solo soplo. Iba a contestarle cuando Oz se levantó y se dirigió a él.
-No digas eso, Gilbert-dijo enfadado con sus manos en sus caderas- ¡Y deja ya el tabaco!-gritó quitándole el cigarrillo para apagarlo en el cenicero que estaba en la mesita de al lado.- No es bueno ni para ti ni para la pobre Alice. ¡Debes de tener un poco de consideración!.
¡Hmp!. ¡Exacto!, por una vez Oz se da cuenta de lo que molesta el cabeza de algas.
Este se quedó con los ojos como platos por lo que le dijo mi sirviente pero este no le hizo ni caso y enseguida estuvo sentado otra vez en la silla que había al lado del sofá en el que estaba acostada. Me sonrió dulcemente.
-¿Cómo te encuentras?-preguntó tierna y dulcemente mientrasque cogía mi mano y la acariciaba lentamente.
Abrí la boca para contestarle y casi puedo jurar ver mi fantasma saliendo de ella.
-Bieenn- susurré con el fantasmito aún fuera. La verdad es que era algo gracioso.
A Oz le salió una gota en la nuca.
-Em… ¿De veras?-insistió.
-Siii…
El timbre sonó y Oz salió corriendo tan rápido que dejó humo a su paso y removió un aire huracanado que hizo volar mi pelo y el vestido y pelo de Sharon la cual estaba bebiendo té tranquilamente aunque elegante.
Se oyeron unas voces y al segundo siguiente un hombre mayor, regordete, calvo y con un maletín negro estaba al lado de un agitado Oz.
-Buenas dr. Novotny, ¿qué tal le va?-preguntó educadamente Sharon.
-Estupendamente, ¿y a usted señorita Reinsworth?-preguntó desanimado con voz grave.
-Estupendamente, es mi pequeña hermana Alice-me señaló con el dedo índice- la que no se encuentra muy bien.
Me miró expectante y luego encarnó una ceja.
-¿Desde cuándo tiene una hermana pequeña señorita Reinsworth?-gruñó.
-No es de su incumbencia señor, pero es como mi hermana pequeña aunque no compartamos la misma sangre.
El tipo viejo asintió aún con el ceño fruncido y luego me miró con algo de asco. Le envié una mirada asesina. Si no estuviera tan débil este tipo tendría su merecido, a mí nadie me mira con semejante desprecio.
Miré a Oz pidiendo auxilio pero él estaba demasiado preocupado para hacerme caso. Genial…
-A ver señorita…-dejó la frase en el aire para que yo le dijera como me llamaba
-Alice-contesté de mala gana. Fruncí mi ceño y él acentuó el suyo.
-Muy bien, señorita Alice, ¿Cuáles son sus síntomas?.
¡Sí hombre!, ¡le voy yo a decir al tipo este lo que me pasa!. ¡Ja!, ¿y este es el médico?.
-¿De verdad eres médico?-pregunté con arrogancia- se supone que los médicos saben lo que le pasa a la gente.
-Sí-contestó cerrando los ojos todo lo que podía mientras que le salió un tic en la ceja derecha-pero si no sé los síntomas no sabré que le pasa…
Abrí mi boca para contestarle de todo menos lo que me pasaba pero Oz se adelantó.
-Tiene temperatura alta y la nariz taponada. Le duele la cabeza-informó Oz con un deje de inquietud en su voz. Le lancé una mirada asesina, no quería que el viejo supiera que estaba tan mal.
-Muy bien, abra la boca y saque la lengua-me ordenó mientras que buscaba algo en su maletín negro.
-¡No!-gruñí mientras que me tapaba la boca con la manta.
-No se haga de rogar, por-fa-vor…-gruñó perdiendo la paciencia.
Negué con la cabeza y escondí más mi rostro para que no pudiera ver mi boca, solo dejé a la vista mis ojos. El doctor estaba a punto de gritarme, ya que había perdido la paciencia, pero la aterciopelada voz de Oz resonó en la habitación.
-Por favor, Alice-rogó- Haz caso al médico ya que si no te recuperas no podrás comer carne…
¿¡SIN CARNE!. ¿¡Por qué narices nadie había mencionado eso antes!.
Me destapé entera y abrí mi boca sacando la lengua. El médico, extrañado por mi reacción, puso un palo, que no estaba muy bueno, sobre mi lengua y miró en mi boca.
-Tiene la garganta inflamada. Solo es un resfriado. Denle este medicamento unos días y estará bien de nuevo-finalizó el viejo cerrando su maletín tras haber sacado un bote con una sustancia que no tenía buena pinta.
Se fue acompañado del payaso, el cual había terminado con más de diez platos de dulces, mientras que Oz los seguía con la mirada hasta que desaparecieron por la puerta.
-Será mejor que descanse en su cama-sugirió Sharon sonriéndome algo extraño.
Oz asintió e intentó pasar sus manos por mi espalda y piernas para llevarme pero yo me levanté antes y me dirigí a mi cuarto con paso ligero, pero antes de llegar a la puerta del salón me mareé.
-¡Alice!-gritó alterado Oz quien me cogió por detrás y me incorporó mientras que me tapaba con la manta la cual me arropaba minutos antes.
-Estúpido sirviente-susurré mareada y casi sin ganas. Tan mal estaba que me dejé abrazar por Oz el cual me guiaba a mi cuarto.
Apoyé mi cabeza en su hombro y me relajé dejándome caer en sus brazos. Él me cogió a peso en su espalda sin dejar que me cayera. Dejé caer mi cabeza en su espalda y cerré los ojos, me estaba mareando un poco…
Lo último que noté antes de caer en los brazos de Morfeo fue como me dejaba caer en mi cama y como me arropaba con cuidado.
Estúpido sirviente…
Oz
Había pasado un buen rato desde que traje a Alice a su cuarto para que descansara un poco. Estaba preocupado, muy preocupado. Alice nunca se había puesto enferma y la verdad es que no tenía muy buena pinta.
Sus ojos estaban siempre entrecerrados, aunque ahora estaban completamente cerrados, perdiendo el vivo brillo que adornaban siempre sus hermosos ojos amatistas. Su piel estaba más pálida que de costumbre aunque algo adornada por sus coloradas mejillas. Su boca, la cual casi siempre estaba fruncida, estaba entreabierta para coger mejor el aire.
Había dejado de refunfuñar, de enfadarse, de fruncir su ceño, de gritar, de airear su largo y hermoso pelo, el cual había perdido algo de brillo y estaba esparcido por la pulcra almohada, y lo más preocupante; no comía carne.
Sí, llevaba un día sin probar un solo bocado de carne y eso me preocupaba bastante. Desde anoche, cuando me ayudó tanto en el balcón, estaba así. Si no estaba equivocado, creo que se ha puesto enferma porque tenía el pelo mojado cuando estuvo hablando conmigo.
Resoplé preocupado. Quería que Alice volviera a ser Alice.
Abrí mi reloj de bolsillo para mirar la hora, ya que debía tomarse el medicamento, y Lacie sonó en la habitación.
No hace mucho que encontré el reloj colgando de un brazo de una lápida en forma de cruz, tras haber caído por un agujero con Gil. No hace mucho que mi padre me envió al Abyss en donde me reencontré con Alice, mi salvadora. No hace mucho que acepté ser su contratista para salir de allí. No hace mucho que empezamos a buscar los preciados recuerdos de Alice…
La conozco como si hubiéramos pasado años juntos, sin embargo para mí han sido como unas semanas…
Suspiré.
Y aún así Alice era muy importante para mí…
Se removió un poco amenazando con despertarse, fue cuando me di cuenta de que había dejado a Lacie sonar y que tal vez le molestaba. Cerré el reloj rápidamente pero ya era demasiado tarde para enmendar mi error. Alice abrió sus hermosos ojos violetas.
Le sonreí tiernamente.
-Te desperté, ¿verdad?-susurré dulcemente.
Negó con la cabeza aunque yo sabía que era cierto.
-¿Has estado todo el rato aquí?-interrogó con el ceño fruncido.
Me tensé alterado.
-No… Salí un rato a comer algo…-mentí.
Nunca se me ha dado bien mentir y al final siempre me descubren y esta no iba a ser una excepción. Mi barriga sonó.
Me sonrojé y ella frunció aún más su ceño. Para que no me dijera nada puse mi mano en su frente, de nuevo, para comprobar su temperatura. Había remitido aunque debería de tomarse el medicamento.
Me levanté de la silla y me acerqué a la mesa donde Sharon me había dejado el medicamento para que no me preocupara de él. Tomé la medida exacta y me acerqué otra vez a la cama en donde Alice ya estaba sentada.
-Toma-le alcancé.
Volvió a fruncir su ceño.
-No quiero eso tan asqueroso-gruñó cruzándose de brazos y girando la cabeza para el lado contrario, inflando sus mejillas sonrojadas.
Resoplé y me senté en la cama al lado de ella.
-Vamos, no sabes si está malo o no. No lo has probado, Alice-intenté convencerla.
-¡Yo no me tomo eso!.
Resoplé de nuevo pero luego recobré la compostura mientras le sonreía. Seguro que eso funciona.
-¡Vamos A-li-ce~!. ¡Que viene el tren~!-canté infantilmente mientras que movía el pequeño vaso como un tren y hacía los mismo ruidos que uno.
Alice me miró incrédula, encarnando la ceja derecha, aunque no abrió la boca. Volví a resoplar cansado. Alice podía ser muy terca a veces.
-Si tú lo pruebas, yo me lo tomaré-chantajeó con sonrisa malévola.
Tragué bilis.
El medicamento estaba asqueroso, estaba seguro. La pinta que tenía no era muy bonita, pero si quería que Alice se pusiera bien de nuevo debía tomármelo sin rechistar.
Me acerqué lentamente la cuchara a la boca, conforme el tapón estaba más cerca de mi boca más cerraba los ojos y Alice más sonreía. Me tragué todo el contenido del tapón.
Hice un mohín, estaba muy asqueroso.
-¡Ja!-gritó saltando de la cama- ¡sabía que estaba asqueroso!. ¡Yo no me tomo eso!.
Abrí los ojos como platos.
-¿¡Qué!. ¡Hicimos un trato!-grité alterado yo también, saltando de la cama y poniéndome a su altura.
-¡No si estaba asqueroso!-revolvió sus palabras…
Fruncí mi ceño y volví a dirigirme a la mesa. Llené el recipiente, otra vez, y me dirigí enfadado a una extrañada Alice. O se lo toma, o se lo toma.
Despacio, la tumbé en la cama y yo encima de ella para que no se escapara. Al principio le pilló de improvisto y no reaccionó pero luego empezó a patalear para liberarse de mi agarre. La pude inmovilizar aunque estaba demasiado cerca de ella.
Le miré atentamente a sus hermosos ojos violetas desafiándola y ella a mí. Frunció su boca para que no pudiera abrirla para que le diera el medicamento.
-Vamos, Alice, no seas testaruda. Debes ponerte bien-le rogué para hacerla entrar en razón pero ella negó la cabeza. Cabezota- Muy bien, si no es por las buenas es por las malas.
Cerré los ojos corriendo, para no pensar de nuevo en lo iba a hacer pues si lo pensaba reaccionaría y vería que era una locura pero no podía hacer otra cosa. Capturé sus labios en un movimiento rápido y limpio.
Se tensó debajo de mí lo que hizo que apretara más fuerte mis ojos. Notaba como cierto calor subía a mis mejillas.
Recordé como me besó ella cuando sellamos el contrato e intenté imitar sus movimientos con mi boca. Alice siguió mi vaivén. Esta vez fui yo el que me tensé, no había esperado que ella me respondiera, esperaba que me apartara o algo así pero no que me correspondiera.
Su mano se entrelazó con la que no tenía el medicamento y yo le correspondí. Cuando nos separamos por falta de aire abrí mis ojos lentamente para ver su reacción.
Tenía los ojos cerrados pero no apretados, las mejillas estaban más rojas, no sé si porque le habría subido la fiebre o porque estaba tan sonrojada como yo, y los labios ligeramente abiertos.
Antes de que me dijera nada, dejé caer en su boca el medicamento y volví a posar mis labios en los de ella para que se tragara el medicamento y no lo escupiera. Y tal vez tenía demasiada fiebre porque todo lo que hice funcionó.
Alice se tomó el medicamento.
Le sonreí cuando abrió los ojos para enviarme una mirada asesina.
-Lo hiciste todo para que me tomara el medicamento-me acusó sonrojada.
Me incorporé para dejar de estar encima de ella, ya que debía de pesar, mientras que me revolvía el pelo nervioso.
-Sí-confesé más sonrojado que nunca.
Ella se incorporó también y se puso sentada a mi altura. Creía que me iba a pegar o algo así por lo que cerré los ojos esperando el golpe que nunca vino.
-Podías hacerlo más veces, ¿sabes?. Se siente muy bien-susurró sonrojada acercándose algo más a mí.
Me tensé quedándome estático ante sus labios los cuales se posaron en los míos tímidamente.
Nunca me hubiera imaginado que Alice pudiera ser tan tímida, pero al fin y al cabo Alice es Alice y ella es…
Todo para mí.
¡Holaaa!. ¡He vuelto como el turrón de Navidad!. Sinceramente no sabía si seguir con este o dejarlo como un oneshot pero al final, ¡he decidido seguirlo!. No sé si seguir más o dejarlo aquí, ¿vosotros que opináis?. Muchos de vosotros me habéis dado ideas para seguir, las cuales me encantan además me habéis animado a seguir este fic, pero… ¿Realmente queréis que siga como lo ha dejado?... En vosotros está si queréis otro capítulo o queréis otro fic diferente porque, sinceramente, estoy muy pero que muy contenta de la acogida que le habéis dado a Sentimientos de una cadena.
¡Gracias a todos!, en especial a; arual17, strange, Ashrriel, zara-alice, Suki90 y Kazumi Van Hellsing. Muchas gracias a todos lo que han dedicado un poco de su valioso tiempo a leerme, ¡gracias a todos los que me habéis aceptado con tan linda pareja!. ¡Y sí!, ¡hagamos una invasión de OzAlice!, ¡aquí me tenéis para luchar contra el enemigo! XD.
Como siempre, acepto; tomatazos, quejas, recriminaciones, halagos, o lo que sea. Me tenéis para lo que queráis, ¡podéis contar conmigo!.
Tras enrollarme tanto espero que os haya gustado y que me hagáis saber si falta, sobra, os gusta o no algo. ¡Una buena escritora se hace tras los errores que le hacen ver!.
Arigatto.
Att; 'Asuka-hime'
