Era de noche, las diez en punto para ser exactos. Las calles oscuras y desoladas del barrio hacían juego con la tenebrosa mansión que sobresalía de entre las demás casas.

Era la noche perfecta… para que las zombie idols pasaran un tiempo recreativo.

Lily se divertía entre los juegos que había en compañía de Yugiri, mientras que Tae corría tras Junko con la intención de morderla. Ai simplemente se encontraba sentada en una de las bancas, disfrutando en silencio del ambiente.

–¡Ve por ella! – Saki lanzó una pelota a Sakura, mientras Romero intentaba robarla.

Ella la recibió y antes que el perro se lanzara hacia ella, mandó la pelota de vuelta a la zombie rubia.

Sí, todo era absoluta paz y tranquilidad entre ellas, hasta qué…

–¡AAH!

Las demás voltearon instantáneamente ante el grito, topándose con Saki arrodillada en el suelo sin su brazo, Romero se lo había arrancado por completo.

–¡Sa…Saki chan!

Las demás miraban horrorizadas como su líder se retorcía… pero de la risa.

–¿Eh? – Sakura parpadeo un par de veces, mientras que Junko se desmayó por la impresión.

–No… No puedo – reía sin parar, girando en el suelo con su única mano en el estómago. –, La expresión en sus caras… ¡esto es legendario!

–¡Eso no es gracioso, Saki chan! – Lily infló sus mejillas, claramente molesta.

Esa es nuestra líder… – pensó Ai, sarcásticamente.

La rubia se levantó, secándose las lágrimas que habían salido por tanto reír.

–Vamos, claro que lo es. ¡Somos Zombies! No podemos sentir dolor, ni nada – sonrió, extrañamente orgullosa de ello.

–Tiene razón – agregó Yugiri, pensativa.

–Eh… Saki chan…

–¿Qué, Sakura? Si me vas a reclamar tú también, te la rajo.

–No… Romero se llevó tu brazo – señaló, percatándose que el perro ya no estaba ahí.

–¡¿Ha?! Vuelve aquí, perro del demonio.

Las demás sólo rieron, ahora sí resultaba gracioso.