Consuelo: (II de VI)Severus sintió su cabeza a punto de estallar. Su boca estaba seca y pastosa, tal y como si la noche anterior hubiera tomado ingentes cantidades de alcohol. La luz del Sol le dañaba la vista, mientras sentía un peso encima del lado izquierdo de su cuerpo.
Con pereza y desidia comenzó a moverse, gruñendo por lo bajo. Abrió los hinchados ojos, entrecerrandolos debido a la fuerte luz solar; era sábado, sin clases, y seguramente seria la hora de la comida.
El bulto encima suyo comenzó a cobrar forma, y con lentitud, el ovalado y aniñado rostro de Evan se volvió hacia el, mostrando su acostumbrada sonrisa gatuna. Y Severus recordó todo lo ocurrido la noche anterior, en el momento en que debía estar suplicando a Evans para que le perdonase.
- ¿Que mierda has hecho, Evan?- pregunto en voz baja mirandole con incomodidad. Acababa de acostarse con su compañero de dormitorio, o, para matizar, Rosier le había violado.
- Dirás que mierda hemos hecho, Severus. Yo no fui el único que disfruto ayer.- repuso en un susurro el slytherin, ensanchando su sonrisa. Lentamente se desperezo y levanto, frotandose el rostro con sus grandes manos.
- Fuiste tu el que empezó, Rosier.
- ¿Ahora soy Rosier?- su pregunta ante la acusación del moreno no obtuvo respuesta inmediata.
Severus se levanto, moviendose con lentitud, y tan pronto como se sentó en el mullido colchón, una aguda punzada de dolor le traspaso el bajo vientre. Encorvandose con una mueca de dolor, el moreno demando:
- Ni una palabra de esto a nadie Evan.
- Como quieras, Severus. No le diré nada a Lily.- dijo con malicia, utilizando conscientemente el nombre de la pelirroja. El aludido entorno los ojos, visiblemente molesto.- No creo que debas ir a suplicarle a Evans, no se lo merece.
- Tu que sabrás, Rosier. Ella es muy importante para mi.- dijo con decisión Severus. Realmente el lo sentía así; ella había sido su primera amiga, aquella que había podido y querido ver mas allá de su apariencia extravagante y fea, para quedarse con lo demás.
A pesar del dolor físico, y el nudo en la garganta por culpa de los remordimientos, el muchacho de ojos negros se levanto con dificultad y tomando su ropa, camino hasta el servicio, encerrandose allí.
Con lentitud y parsimonia, se coloco de espaldas al espejo, y giro su rostro, para ver su escuálida espalda reflejada en la superficie. Pero no era aquello lo que quería ver; bajo la vista hasta la parte mas baja de su espalda: entre sus blancas nalgas había restos de sangre seca, al igual que en la parte interna de sus muslos.
La vergüenza cubrió su rostro de un gracioso tono rojo; acababa de ser violado por un compañero. La peor parte sin embargo, fue la que a el concernía: prácticamente no había puesto resistencia, y finalmente, le había suplicado porque le follara como un animal.
Inspiro con fuerza, y se introdujo en la baldosa fría y blanca, de grandes dimensiones, que conformaba el suelo de la diminuta ducha del servicio. Abrió las manetas de agua, dejando fluir sobre su piel marmórea el liquido caliente.
Se sentía sucio, usado. Avergonzado, humillado... A punto de vomitar por los recuerdos de esa noche de embriaguez, se froto sobre su dermis con fuerza, intentando en vano quitarse esa sensación que le invadía.
Su esponja paso sobre su torso, cuello y brazos, para finalmente llegar a su entrepierna. Con mas fuerza de la necesaria se froto su pene y testículos, mordiendose los labios para acallar sus propios quejidos. El agua resbalaba por su rostro, mezclandose con sus saladas lagrimas; lo único bueno de llorar en la ducha.
Su cuerpo se encorvo, mientras cerraba fuertemente los ojos, mordiendose los labios hasta romperlos, cuando la esponja cayo desde su escroto hasta la sensible y delicada piel desgarrada de su ano. No obstante, el dolor no le detuvo, y como pudo, siguió frotando con dolorosa fuerza y violencia, quitando las muestras del abuso paulatinamente.
Después de frotar en sus muslos hasta dejar la piel enrojecida, la esponja cayo al blanco suelo de la ducha, y apoyando su espalda en la fría pared del baño, resbalo hasta quedar acuclillado en la fría baldosa de mármol.
Por un tiempo se quedo pensativo, mirando como el agua espumosa daba vueltas alrededor del desagüe, hasta desaparecer por el. No sabia que hacer, como abordar el tema, en que momento hablar con ella... El solo pensamiento de que Lily, su amada pelirroja, le odiara le producía arcadas, y una repulsión hacia si mismo mayor de lo normal.
Con pesadez, cerro el grifo del agua y salió desnudo. Las marcas rojas que había dejado la esponja todavía se encontraban vigentes cuando se miro al espejo. La reflectante superficie le devolvió el reflejo de un muchacho de cabellos grasientos, nariz ganchuda y cuerpo escuálido.
No tenía mucho que ofrecer a Lily, pero ella nunca se había fijado en su físico, pensó Severus, intentando animaras patéticamente. La nariz ganchuda y la piel cetrina no podía cambiarlas, pero quizás si hacia mas ejercicio se parecía un poco al tópico de macho alfa, guapo, sexy y todas aquellas frivolidades.
Sonrió torcidamente; nunca antes se había preocupado por su físico, nunca le había dado la menor importancia. Lily siempre le había querido por su carácter, por como era... Pero nunca le había amado.
Quizás nunca tuviera una mínima oportunidad con ella, igual estaba destinado a verla de lejos, parloteando con Potter, casada con el, tal y como el mismo Cornamenta había afirmado con total seguridad varias veces ese año, e infinidad de ellas en los anteriores.
Una mueca amarga y angustiada se poso en sus labios; no le gustaría verla besuquearse con el egocéntrico Potter. Suspiro, y sin volver a mirar su reflejo, se vistió.
Tenía asuntos que arreglar, sitios a los que ir, personas que le diesen su perdón... No perdería mas tiempo en ese baño, mirandose en un espejo y martirizandose, autocompadeciendose de si mismo.
Con decisión, salió del servicio completamente vestido, y miro a un Evan Rosier también vestido y sonriente, sentado en SU cama, aparentemente esperandole.
Con un cabeceo seco, saludo al chico antes de salir del dormitorio, con una extraña sensación en lo mas profundo de su corazón. Con rapidez, desparecio de la sala común, y camino por los angostos y húmedos corredores de fría y grisácea piedra, hacia el gran comedor.
Esa noche se disculparía con Lily Evans. Lo tenía claro; no mas inocentes cervezas ni otros trucos baratos. Hoy seria el gran día, y, si había suerte, le contaría sobre sus sentimientos.
Evans... Aquel apellido sonaba demasiado al nombre de su amigo, Evan. Suspiro, intentando concentrarse en lo verdaderamente importante.
