Hello :) muchas gracias a Ankapoar y YukariHoshi por sus comentarios. Ya por fin el capítulo prometido. Espero que les haya gustado.

SÚCUBO

Capítulo 2

Para cuando Nelliel regresó, ya era poco más de mediodía. Grimmjow se había quedado dormido después del desayuno, así que no notó que su ausencia se había prolongado por tantas horas. Cuando la vio entrar por la puerta, apenas hacía unos minutos que se había despertado. Grimmjow se puso de pie y haciendo una mueca de dolor se acercó a la silla que estaba frente a la chimenea para sentarse al lado de Nell.

El calor era reconfortante y también cambiar de posición luego de tanto rato. Sintió un hormigueo por todo el cuerpo y combatió el dolor del cuello y del hombro. Las plantas funcionaban bien, pero lamentablemente no lo proveían de la fuerza que necesitaba.

-¿A dónde fuiste? –preguntó para iniciar una conversación más bien casual.

-A caminar –respondió Nelliel a secas. Se notaba que no tenía muchas ganas de platicar.

-¿Estás molesta conmigo? –Grimmjow no pudo contener un ataque de risa nerviosa por la contestación tan fría de la peliverde.

Nelliel soltó un suspiro y se puso de pie para acercarse a la mesa.

-No, no estoy molesta –y en verdad su voz sonaba más calmada que antes, sin ese tinte amargo que había tomado desprevenido a Grimmjow-. Haré la comida.

-No te molestes, has cocinado para mí desde que llegué.

-Entonces prepararé un té para el dolor.

-Estoy bien, ya no me duele tanto.

Ignorando sus palabras, Nelliel puso la olla con agua en el fuego y agregó algunas hierbas. Grimmjow se puso de pie y se acercó a ella para ver más de cerca lo que hacía.

-Recuéstate, no deberías hacer tanto esfuerzo –dijo Nelliel sin voltear a verlo pero consciente de que el peliazul seguía cada uno de sus movimientos.

-¿Qué hierbas utilizas?

El cuerpo de Nelliel se tensó de repente, algo que no pasó desapercibido para Grimmjow.

-No sé cómo se llaman, pero calman el dolor y tienen otras propiedades.

Grimmjow asintió en silencio. De pronto el ambiente se sentía diferente, más denso, como si a Nelliel no le gustara que cuestionaran su trabajo. De igual manera, ¿cuál era el problema? Era sólo un estúpido brebaje para el dolor, nada del otro mundo.

Grimmjow se sentó de nuevo en el sillón y cerró los ojos. Estaba pensando qué debería hacer una vez que dejara la cabaña y siguiera con su vida. ¿Hacia dónde debería ir? Tenía algunos conocidos en otras ciudades, así como amigos que le debían uno o dos favores. La pregunta era si Aizen sería capaz de rastrearlos para darle caza a donde quiera que fuera.

Entonces, sin saber muy bien por qué, empezó a sopesar la posibilidad de quedarse en la cabaña de Nelliel por tiempo indefinido. No sería un gran problema, una vez que estuviera más recuperado podía ayudarle con los quehaceres, incluso cazar algunos animales pequeños para comer (ya empezaba a hartarse del té de hierbas y la sopa de hongos). Y además, ya tenía la invitación y la aprobación de ella para quedarse. Tenía más que eso, parecía que Nelliel en verdad quería que se quedara ahí. ¿Por qué tanta insistencia? ¿Acaso odiaba tanto estar sola? Si ese era el caso, ¿por qué no regresaba a la ciudad?

Antes de poder responder a sus preguntas, Grimmjow sintió la mano de Nelliel en su hombro, tocándolo suavemente. Levantó la vista y se encontró con una humeante taza. Con toda la delicadeza que pudo reunir, la cual no fue mucha, la rechazó.

-He bebido más té en este par de días que en toda mi vida. Preferiría un poco de agua.

La sonrisa de Nelliel se esfumó poco a poco.

-Bébelo –insistió.

Grimmjow sintió que algo no iba bien. Nelliel trataba de ayudarlo a soportar el dolor de sus heridas, le había cambiado el vendaje, lo había alimentado, le había dado asilo en su cabaña, y todo eso estaba muy bien pero, ¿por qué lo presionaba tanto para beber el té? Grimmjow supuso que una taza más no haría la diferencia, de todas formas estaba dispuesto a irse, pero cada vez que tomaba una taza le entraba un sueño tremendo que duraba horas. Si no se iba en ese mismo momento, se quedaría dormido y para cuando despertara ya habría anochecido, con lo cual Nelliel pondría la excusa de que ya era tarde y que sería mejor que esperara al día siguiente.

-De verdad estoy bien, creo que será mejor que me vaya.

Grimmjow se puso de pie lentamente, apartó la taza de su camino y se dirigió a la puerta tomando su playera y su cazadora en el acto. Ya estaba con la mano en el pomo y supuso que debía decir algo antes de marcharse. Agradecerle las atenciones, desearle buena suerte, elogiar su sopa de hongos o cualquier otra tontería que se le ocurriera. Soltó un suspiro y volteó a verla por encima del hombro.

-Escucha, creo que…

Pero no alcanzó a formular la frase, porque sintió un doloroso golpe en la sien y todo se puso negro.


Sentía que caía en un vórtice infinito. Sus pies no estaban atados a la tierra y el estómago lo tenía revuelto. El dolor punzante en la sien fue lo único real, lo único de lo que estaba seguro de que era propio, pues aquella cacofonía de voces y los olores entremezclados parecían tan etéreos que temió estarlos imaginando.

Exactamente, ¿qué había pasado?

No lo sabía, sólo recordaba haberse levantado del sillón, caminar hacia la salida y…

No, no podía ser cierto. ¿Nelliel lo había golpeado con algo? Parecía imposible, tenía que serlo. Tenía que ser parte de su imaginación, pues aquella chica había sido toda atenciones hacia él y no había forma de que tuviera intenciones de dañarlo, ¿o sí?

-Nelliel –susurró Grimmjow. Tenía la garganta reseca y su lengua parecía de arena.

Y entonces, demasiado tarde, se dio cuenta de que estaba atado a la cama.

Nelliel, oculta entre las sombras, en donde no llegaba la luz de la chimenea, formó una sonrisa al ver a Grimmjow forcejeando con sus ataduras al tiempo que trataba de controlar la ira que lo azoraba y el dolor de su cuerpo. No había forma en que pudiera zafarse, y aun en caso de que lo hiciera, no tenía a dónde correr.

-¡Nelliel! –gritó Grimmjow, y su voz sonó descontrolada en las cuatro paredes de la cabaña.

Nelliel salió de las sombras lentamente y se aproximó a la cama donde yacía Grimmjow, que la veía como si fuera algo irreal y al mismo tiempo como si estuviera imaginando mil formas de vengarse de esa perra loca que lo tenía maniatado en contra de su voluntad.

Y si al principio consideró tener una charla tranquila para que lo dejara ir sin que nadie sufriera ningún daño, cambió de idea al ver la sonrisa socarrona surcando ese hermoso rostro de ángel y la dura expresión de su mirada. Ya no había bondad ni preocupación, sólo burla, soberbia y, si no se equivocaba, una tremenda carga de lujuria.

-¿Qué es esto? ¿Por qué mierda estoy atado y por qué me golpeaste en la cabeza?

La expresión de Nell cambió por un segundo y sus cejas se fruncieron en medio en señal de inocencia.

-Pobre Grimmjow. Tenía que hacer algo para detenerte -se sentó en la orilla de la cama y le pasó una mano por el rostro, acariciándolo como si se tratara de un cervatillo asustado-, no estabas dispuesto a escucharme y entré en pánico. Si te hubiera dejado marchar en esas condiciones quién sabe lo que te habría pasado allá afuera.

Grimmjow apartó la cabeza para librarse del agarre de Nell y la fulminó con la mirada.

-Déjame ir, esto ya no es gracioso.

-¿Dejarte ir? –repitió Nell confundida-. No, cariño, no irás a ninguna parte.

Grimmjow forcejeó con las cuerdas, lo cual no hizo más que agravar sus heridas. Nelliel chasqueó la lengua con desaprobación, se levantó y trajo una bandeja con agua y un trapo para limpiarle la sangre y el sudor del cuerpo. Se sentó a la orilla de la cama junto al cuerpo de Grimmjow.

-En breve te prepararé un té y te sentirás mejor –dijo con dulzura.

-No quiero tu estúpido té. Me has estado drogando.

El rostro de Nell se ensombreció y agachó la cabeza. Sus cortinas de cabello le cubrían el rostro y Grimmjow trató de adivinar lo que vendría a continuación. Lo que pasó fue demasiado rápido para asimilarlo. Un ardor en la mejilla y se encontraba mirando hacia la pared, el eco de la bofetada resonó en la cabaña. Lentamente volvió la cabeza y sus ojos azules se encontraron con los olivas de Nell. Tragó saliva al darse cuenta de que su mirada era una mezcla de odio y desprecio. Además, ¿por qué carajos le había dolido tanto el golpe?

-Todos los humanos son iguales –escupió Nell con la voz distorsionada.

-¿Qué...?

-Seres inferiores, despreciables, oportunistas...no son más que escoria; sobre todo los hombres. Los hombres como tú.

Grimmjow no entendía lo que estaba pasando, pero tenía la sensación de que tenía que salir de ahí antes de que fuera demasiado tarde.

-Escucha, Nell, sólo quiero ir a casa. Te agradezco los cuidados, en serio, pero no puedo quedarme aquí. Puedes venir conmigo si quieres, te conseguiremos ayuda y estarás mejor con...

-No has entendido nada, Grimmjow. Cuando dije que no irías a ninguna parte, lo decía en serio. Nadie nunca ha logrado escapar, ellos...simplemente no pueden irse...no quieren...

-¿Ellos? ¿Quiénes son "ellos"?

Nelliel compuso una sonrisa y se puso de pie, observando a Grimmjow como si se tratara de un trozo de carne especialmente jugoso. Grimmjow retrocedió en la cama lo más que pudo y se preparó para lo que fuera, otro golpe o aquellas blancas manos alrededor de su cuello, pero lo que sucedió lo tomó completamente desprevenido.

Nelliel se agachó con lentitud hasta tomar el borde de su vestido y lo fue subiendo por sus piernas sensualmente hasta sacarlo por la parte de arriba. Sólo llevaba un calzón blanco que se ajustaba demasiado bien a sus curvas y resaltaba sus largas piernas cremosas y el plano abdomen. Sus grandes pechos no estaban cubiertos por ningún tipo de sostén, y los pequeños botones rosados estaban erectos.

Grimmjow tragó saliva nerviosamente, sabiendo que era cuestión de tiempo para que junior despertara y le propusiera unirse a la fiesta. Frente a él estaba una mujer hermosa de proporciones divinas, y de pronto se le antojó la idea de quedarse en la cabaña, pero el ardor en la mejilla lo trajo de vuelta a la realidad justo a tiempo y se repitió que Nelliel era una mujer peligrosa.

-Nelliel, ¿qué estás haciendo?

La verdadera pregunta era ¿qué demonios estoy haciendo? pues no era ajeno a la sensación que el cuerpo de la chica le provocaba, y a la vez era bien consciente de que ni siquiera podía sostenerle la mirada.

La sonrisa de Nell se ensanchó al sentirse observada con detenimiento y relamiéndose los labios se inclinó hacia el oído de Grimmjow y le susurró:

-Debo admitir que has sido todo un reto. Usualmente no me toma más que un par de horas conseguir lo que quiero.

Un escalofrío bajó por el cuerpo de Grimmjow al sentir el cálido aliento de Nell en su oreja. Tuvo que cerrar los ojos y concentrarse en sus palabras.

-Y ¿qué es lo que quieres? –su voz sonó ronca, cargada de un deseo reprimido que no sentía desde hacía mucho tiempo.

-A ti, tontito. Sólo a ti -respondió Nelliel entre risas, y acto seguido lamió suavemente la mejilla de Grimmjow.

Eso fue la gota que derramó el vaso. La presión en su pantalón se hacía cada vez más insoportable, y el dolor ahora estaba concentrado en esa zona. Nelliel pareció darse cuenta de esto, y sentándose a horcajadas sobre su regazo empezó por quitarle el cinturón sin dejar de disfrutar la expresión de desconcierto y lujuria en el rostro del peliazul.

Cuando una mano fría se coló en su intimidad e hizo contacto con su carne, Grimmjow no pudo reprimir un gemido.

-¿Por qué? –fue todo lo que pudo preguntar en medio de una exhalación.

-¿Por qué? Eso es lo último que preguntan en momentos como este.

Grimmjow hizo acopio de toda su fuerza mental y trató de concentrarse en cualquier otra cosa que no fuera Nelliel masturbándolo.

-¿Por qué haces esto? –su tono de voz era ahora más severo.

Nelliel rodó los ojos con fastidio y se alejó unos metros de Grimmjow, a lo que éste no supo si gemir de tristeza o suspirar de alivio.

-Ciertamente eres más hablador que el resto. ¿Tanto deseas saberlo? Bien, te lo diré. De igual manera eso no hará ninguna diferencia -cruzó los brazos y se acercó unos centímetros a la cama-. Soy un súcubo. Mi tarea es seducir hombres por medio de los sueños para recolectar su semilla y multiplicar a los demonios de mi clase. ¿Una mujer joven y hermosa viviendo sola en medio del bosque? Bienvenido al siglo XXI, cariño, eso sólo pasa en los cuentos de hadas. Esta es la apariencia que debo tomar para cumplir mi objetivo, no te gustaría ver mi verdadera forma, créeme.

A todo esto, y pese a la terrible situación, Grimmjow soltó una carcajada.

-¿Demonios, súcubos? Sabía que estabas mal de la cabeza, pero esto ya fue demasiado lejos. Desátame, preciosa, creo que ahora sí tomaré esa taza de té.

Nelliel sonrió de lado.

-Ah, el té. ¿No te preguntaste por qué te daba tanto sueño después de beberlo? Efectivamente, se trata de un somnífero natural. Tuve que darte más de una dosis para empezar a trabajar. ¿Recuerdas haber tenido algún sueño erótico estos últimos dos días? En gran medida es tu mente y tu naturaleza masculina y libidinosa, pero la otra parte era yo, induciéndote en ese estado para facilitar las cosas. Nosotros los súcubos actuamos mediante el sueño, pero al parecer las dosis que te di no fueron suficientes. Eres fuerte y es muy tardado entrar en tu mente; para cuando logro hacerlo el efecto ya ha pasado y despiertas en cuestión de minutos. Así pues, tendré que hacerlo a la vieja escuela, por lo cual tendrás que estar despierto. No te preocupes, el placer será el mismo. Y cuando acabe contigo...

Pero en ese momento Grimmjow tenía sentimientos encontrados y había dejado de escucharla. No sabía si debía creerle (pues era la historia más descabellada que había oído en su vida) y dejarse guiar por sus instintos, o seguir firme en la idea de que Nell estaba mal de la cabeza y tratar de persuadirla para que lo dejara ir. Si tuviera que tomar una decisión, escogería la que involucrara tener sexo con ella, pero si aquella idea retorcida resultaba ser cierta y Nelliel era, en efecto, un demonio...

-¿Me estás ignorando? Eso es muy grosero de tu parte –se quejó Nell.

Grimmjow sintió un escalofrío bajando por su espalda cuando las manos de Nell tomaron las presillas de su pantalón y lo bajaron lentamente hasta sacárselo por los pies. Una fina capa de sudor cubría su cuerpo y a la luz de las antorchas le dieron ganas de pasar su mano por sus brazos delgados y torneados, el fino cuello, la clavícula, los pechos, la estrecha cintura...

Entonces recordó que en su sueño había visto a una criatura extraña y se preguntó en qué momento se mostraría tal cual era. Su mandíbula se tensó cuando Nelliel reanudó sus atenciones hacia su amiguito y combatió la idea de sucumbir a su toque.

-Ya es suficiente, déjame ir -suplicó con la voz cargada de deseo que sonaba patética diciendo aquellas palabras contradictorias cuando lo que quería era gritarle que siguiera y lo hiciera correrse como nunca en su vida.

-¿Suficiente? Todavía no hemos empezado, Grimmjow. Apenas viene la mejor parte...

Grimmjow cerró los ojos y pensó en otras cosas. En el bosque, en el negocio que salió mal, en el dolor del hombro, en el olor del té calentándose en el fogón...

-Quisiera una taza de té, por favor.

Nelliel lo miró como si se hubiera vuelto loco. Grimmjow pensó que, en efecto, se estaba volviendo loco, pero tenía que ganar tiempo de alguna forma.

-¿Por qué crees que...?

Pero no alcanzó a formular la pregunta porque escuchó pasos afuera de la cabaña y luego una serie de golpes en la puerta.

-¡Ayu...! –Grimmjow trató de gritar y Nell le cruzó la cara de un bofetón. Tomó un trapo que estaba a los pies de Grimmjow y se lo metió en la boca para amordazarlo.

-En un minuto estaré contigo, sólo tengo que deshacerme de nuestro inoportuno visitante. Créeme, deseo esto casi tanto como tú.

Nelliel guiñó un ojo y se levantó de la cama, recogió su vestido y salió de la habitación cerrando la puerta detrás de ella.


La luz en la cabaña indicaba que había alguien adentro. Alguien que pudiera responder a sus preguntas o darle algún indicio de saber lo que ocurrió con Grimmjow. Le tomaría escasos cinco minutos, a lo sumo, a menos que esa persona decidiera rehusarse sin ayudarlo, entonces tendría que echar mano de su amiguito de plomo, lo cual haría que la conversación terminara en dos minutos. Ulquiorra no se consideraba un gran conversador, pero vaya que tenía práctica en sacar información usando distintos métodos un poco más...rápidos y efectivos.

Comprobó una vez más el celular antes de acercarse a la puerta, pero todavía no tenía señal. No podía comunicarse con Yammy y por lo tanto no sabía si él o alguno de los otros había tenido éxito encontrando al malnacido peliazul. Si tan sólo Aizen se hubiera conformado con aceptar la supuesta muerte de Grimmjow sin solicitar una comprobación visual (el cuerpo o al menos la cabeza), no tendría que estar deambulando por el bosque a altas horas de la noche como si estuviera en un callejón sin salida. Había encontrado restos de la motocicleta, eso sí, pero no había rastro de su conductor. Sólo restos de sangre que se perdían a medio camino. Existía la posibilidad de que hubiera muerto con la caída y el cuerpo se lo hubiera llevado algún animal, pero también podía haber sobrevivido y arrastrarse como víbora hasta estar a salvo. Lo mejor sería barrer todo el lugar y quedar cien por ciento seguro. Aizen no aceptaría verdades a medias. Si Grimmjow estaba muerto quería saberlo y verlo con sus propios ojos, y si estaba vivo tal vez querría matarlo con sus propias manos, así que de cualquier manera el muy bastardo estaba acabado.

Ulquiorra guardó el celular en el bolsillo de su chaqueta y se aproximó a la puerta. Palpó la pistola en su cinturón en acto reflejo en caso de que tuviera que usarla, esperaba que no, y luego llamó tres veces.

Unos segundos después la puerta se abrió apenas unos centímetros y pudo ver medio rostro de una joven de cabello turquesa y ojos olivas. La consideraría atractiva de no ser porque no estaba interesado en esas nimiedades, pero no podía negar que entraba en el canon de "bonita".

-¿Quién es usted? –preguntó la joven casi en un susurro, parecía asustada.

-Necesito hacerle algunas preguntas, si no es molestia.

La chica lo pensó unos segundos y luego asintió lentamente.

-Adelante.

Se hizo a un lado y Ulquiorra entró. La chica cerró la puerta suavemente y le indicó que se sentara a la mesa. La mirada de Ulquiorra se detuvo en la puerta cerrada de la habitación que estaba al fondo. Tal vez...

-¿Vive usted sola?

-Sí.

La joven le acercó una humeante taza de té de hierbas y la dejó sobre la mesa. Ulquiorra vio el líquido con desconfianza pero no le dedicó más de dos segundos de su atención.

-Estoy buscando a un hombre llamado Grimmjow.

Ulquiorra notó que la joven se tensó un poco y luego se relajó. Fue un movimiento apenas imperceptible, que cualquiera con menos experiencia que él habría pasado por alto.

-¿Por qué? ¿Es peligroso?

La pregunta lo tomó desprevenido. ¿Qué debía responder? Grimmjow podía ser peligroso, sí, pero en todo caso él y Aizen eran aún más peligrosos. No es como que fueran las autoridades buscando a un criminal. Era un grupo de criminales de élite buscando a un malnacido que quiso jugarles sucio. ¿Ese hecho hacía una pequeña diferencia? Tal vez sí, tal vez no, pero no venía al caso.

-Sí, creo que sí.

-No suena muy convencido –respondió la joven evaluándolo con la mirada-. Tome un poco de té.

Ulquiorra ignoró el ofrecimiento descaradamente.

-No lo busco porque sea peligroso, de hecho si es o no es peligroso no es relevante. Tenemos un asunto pendiente y es preciso encontrarlo para ajustar cuentas.

-¿Puedo saber qué hizo?

-Podría decirle, pero entonces tendría que matarla –respondió Ulquiorra secamente, y no entendió por qué la chica se rió como si le hubiera contado un chiste o hubiera dicho algo gracioso. Estaba hablando en serio. Mortalmente en serio.

-Lo siento, no lo he visto.

Ulquiorra asintió. No tenía muchas ganas de forzar una respuesta, aunque si daba el tema por zanjado y resultaba que la joven sabía algo de Grimmjow...

-¿Segura que no vio nada? Es un hombre alto y fornido de cabello azul, seguramente está muy mal herido, así que no pudo haber llegado lejos.

La chica se encogió de hombros y negó con la cabeza.

Ulquiorra asintió y se resignó a que no sacaría nada más de ella. No tenía mucho caso torturarla, pues se trataba de una civil inocente. Ya estaba dispuesto a despedirse y retirarse cuando sus ojos se posaron sobre una tina con agua y algunas vendas ensangrentadas. A primera vista la joven estaba ilesa, así que no podía ser su sangre. Le estaba mintiendo y había ayudado a Grimmjow a escapar o le estaba mintiendo y Grimmjow seguía en aquella mugrosa cabaña. La puerta que permanecía cerrada lo tenía inquieto, y no quería irse sin comprobar cada maldito rincón.

Como si el destino estuviera de su lado, se escuchó un golpe sordo proveniente de la habitación. Ulquiorra le lanzó una mirada inquisidora a la chica, como esperando una respuesta.

-Es mi hermana –exclamó rápidamente.

-Creí que había dicho que vivía sola.

-Es que está enferma y no le gusta que la molesten. Si no tiene nada más qué decir debo pedirle que se retire.

Ulquiorra pensó que eso no había sido muy amable, pero no podía culparla. Si un desconocido se presentara de esa forma en su vivienda no lo pensaría dos veces y le llenaría los costados de plomo, así que su respuesta era comprensible. Bien, lo mejor sería irse de ahí y reunirse con los otros, pero antes quería hablar con la hermana en caso de que ella supiera algo.

-Le haré unas preguntas a su hermana y luego me iré –sentenció firmemente.

Sin esperar respuesta dio media vuelta y se acercó a la puerta. Llamó un par de veces y cuando nadie contestó giró el pomo suavemente y entró. Por primera vez su rostro se mostró consternado. Había un hombre semidesnudo amarrado a la cama, cubierto de vendas y con una tremenda erección que no dejaba lugar a dudas de lo que estaba pasando. Ese hombre era Grimmjow, y Ulquiorra no supo si se alegraba de verlo porque aquella estúpida búsqueda por fin terminaría o si hubiera preferido que siguiera perdido para no tener que toparse con semejante escena. Si algo tenía claro era que no podía tratarse de la hermana de la señorita de cabello turquesa.

Sin embargo, había algo que tampoco cuadraba. Si Grimmjow estaba ahí acostado con su miembro al aire, ¿por qué estaba amarrado, amordazado y con una expresión suplicante? Cualquier otro pensaría que lo estaba pasando de puta madre, pero Ulquiorra sabía leer entre líneas y comprendió que algo no estaba bien.

-Debo admitir que preferiría perseguirte en el bosque y dispararte por la espalda que tener que matarte en esa posición –confesó Ulquiorra.

Grimmjow se removió y murmuró algo, pero la mordaza dejó salir un sonido ahogado que no entendió. Lo que sí entendió fue que el peliazul trataba de señalar alguien detrás de él, pero no alcanzó a hilar los puntos antes de caer con un ruido sordo y perder el conocimiento.


El cielo había escuchado sus plegarias. A medias. Alguien había acudido, pero no a rescatarlo, sino a terminar con su vida.

Nelliel maniató al hombre que yacía en el piso y lo recargó en la pared opuesta. La fuerza que tenía era sorprendente, y Grimmjow comprendió entonces por qué le había dolido tanto aquella bofetada. Todo tenía sentido. Nelliel no era una joven ordinaria, era un demonio, por eso se las había arreglado para sobrevivir en el bosque completamente sola.

-Es su culpa –explicó Nell encogiéndose de hombros-. Le ofrecí un té y lo rechazó. Mejor dicho, ni siquiera se dignó a tomar la taza en ningún momento. Esto es horrible para un súcubo, ¿sabes? Tener que noquear a un hombre para conseguir lo que uno quiere. Las mejores de mi clase ni siquiera tienen que ponerle una mano encima a su víctima.

Grimmjow se estremeció al escuchar la palabra "víctima".

-En fin, será mejor que me dé prisa y termine con él. Algo me dice que no va a querer la infusión cuando despierte.

Grimmjow murmuró algo ininteligible. Nell suspiró y le quitó la mordaza.

-¿Qué dijiste?

-Si es que despierta. Está sangrando.

Nelliel vio una mancha roja en el piso. Corrió hacia el hombre y le puso una mano en la parte de atrás de la cabeza, y justo donde lo había golpeado con el palo había una sustancia viscosa y caliente. Comprobó su pulso y vio que seguía vivo, pero tenía que admitir que se le había pasado la mano un poco.

-Es sólo un golpe, estará bien.

-¿Entonces no pretendías matarlo?

-No.

-¿Qué les haces a los hombres que secuestras? ¿Los dejas ir?

-La mayoría no quiere irse después de estar conmigo. A la larga se vuelven una molestia y tengo que deshacerme de ellos, de otro modo no me dejan trabajar.

-¿Y qué haces con ellos?

-Creo que ya sabes la respuesta.

-¿No sería mejor seguir...qué palabras usaste...recolectando la semilla de tus víctimas?

-No es posible. Sólo puedo estar con alguien una vez. Después es inútil.

-Pero...

-Basta de charla. En un momento estaré contigo.

Nell volvió a ponerle la mordaza y regresó al lado de Ulquiorra. Le puso una mano en la frente y cerró los ojos para concentrarse. Grimmjow observaba todo con atención. Aquel era el mismo ritual que ella había empleado durante sus intermitentes sueños. Ahí sentada con la mano en la cabeza de aquel hombre se veía casi inocente, y Grimmjow bien podría haberse enternecido de no ser porque ya sabía lo que estaba haciendo.

Calculó que tenía unos cuantos minutos antes de que terminara, así que por más que su hombría le pedía quedarse y disfrutar el "ritual", su cerebro le repitió que hiciera lo posible por encontrar una salida. Sus ojos barrieron la habitación en busca de algún objeto punzocortante que pudiera usar para deshacerse de sus amarres, pero no había nada a la mano. Lo que localizó fue un clavo medio oxidado en la cabecera de la cama y empezó a tallar la soga para romperla. Se detenía cuando creía ver que Nell se movía, pero sólo era su imaginación. Después de un par de minutos su mano quedó libre y pudo quitarse la mordaza. Se desató la otra mano y recogió su ropa en silencio para vestirse.

Era el momento oportuno para escapar tanto de Nelliel como de Ulquiorra, pero se detuvo a medio camino y sus ojos se posaron sobre el cuerpo inerte de Ulquiorra. Hacía falta ser un hijo de puta para dispararle por la espalda sin remordimientos, eso por descontado, pero Grimmjow sabía muy en el fondo que no era nada personal, sólo seguía las órdenes de Aizen. Podía bien salir de la cabaña y nunca más volver a verlo en su vida, o salvarlo del súcubo y cobrarse el favor más tarde.

Maldita conciencia, pensó con fastidio.

Se acercó lentamente a Ulquiorra y tomó la pistola que llevaba metida en el cinturón. Comprobó que estuviera cargada y antes de disparar observó fijamente a Nelliel, pensando que era una verdadera lástima tener que matarla, pues a pesar de ser un demonio no podía negar que le había salvado la vida. Además, la chica era realmente hermosa. Si tan sólo se hubieran conocido de otro modo...

Nelliel abrió lentamente los ojos y lo primero que vio fue el cañón apuntando directamente a su cabeza. Grimmjow sostenía el arma con una expresión indescifrable en el rostro. Era...¿compasión?

-Lamento que las cosas hayan resultado de este modo –dijo Grimmjow, y disparó.

FIN

TuT lo siento, tenía que ser un final trágico sí o sí.

Me dio más lástima por el gatito que al final terminó con las bolas azules :v

Hasta la próxima, dejen su review.