Cacería
Jabu entro sigiloso a la alcoba del príncipe. Ya era hora de que se levantara, se dirigió a una de las ventanas, de las que daban a aun jardín cerrado donde solo se tenía acceso por los aposentos del príncipe, y descorrió las cortinas. No paso mucho hasta que escucho los movimientos del joven de 18 años. Cuando descorrió las cortinas de la siguiente ventana, su señor ya se estaba estirando aun sentado en la cama y con mitad del cuerpo tapado por las sabanas.
-Buenos días su alteza.-Le dijo educadamente el niño de 13 años.
-Ya te eh dicho que me digas Milo-El joven soltó un bostezo.-Me molesta eso de alteza… Sabes que tenemos la suficiente confianza como para que me sigas llamando así.
-Lo siento Milo-Dijo el apenado niño. El mayor se levantó de la cama y dejo que sus músculos tronaran.- ¿Durmió bien?-Milo le lanzo una mirada de reproche.- ¿Dormiste bien…?-El chico sonrío al darse cuenta que le había vuelto a tratar de usted.
-Si…-Milo se acomodó la larga mata de pelo azul- ¿Ya desayunaron?
-No, vuestro padre y mi hermano nos esperan en la sala…-Informo el joven, al darse cuenta de que de nuevo estaba tratándolo de usted, salió disparado de la habitación antes de que Milo le regañara de nuevo.
-Cuando se le ira esa mañana de tratarme como si fuera superior a él…-Milo se acercó a una pequeña mesada, coloco agua en una pequeña fuente y se lavó la cara. Luego de peinarse, o intentar hacerlo, y vestirse salió a la sala. Había un pequeño trecho entre su habitación y la sala del ala Oeste. Por lo cual aprovecho para pensar que haría el día de hoy. Cuando llego su padre le miro con reproche.
-Nos morimos de hambre… ¿no puedes caminar más despacio?-Los dos hermanitos se miraron, hasta que entendieron la broma y sonrieron. Milo se sentó en su respectivo lugar, a la diestra de su padre frente a Jabu. Yato estaba sentado junto a su hermano y el rey en la cabecera de la mesa.
-¿Que tienes para hoy?-Pregunto Milo, mientras se untaba un poco de mermelada en un pan.
-Reuniones aburridas y sonreírle como idiota a los que no me soporto…-Informo su padre mientras se llevaba una taza de humeante café a los labios.
-¿No quiere venir con nosotros de caza?-Pregunto el alegre Jabu, su hermano le miro con reproche.-Oh… perdone su majestad… disculpe mi tono…-El chico miro apenado su pan con miel.
-No es mala la idea…-Kardia le revolvió el cabello con cuidado.-Pero ustedes normalmente van de caza todo el día…-Milo lo pensó era cierto, cuando ellos tres salían de cacería, esta le tomaba todo el día.-Y yo tengo que estar presente en esas aburridas reuniones…
-Hace tanto que no salimos los cuatro juntos a cazar-Comento el apenado Milo, mientras miraba de reojo a su padre, si tenía suerte le hacía morder el anzuelo-No tengo quien me haga competencia…-Los menores sonrieron disimuladamente. Habían descubierto la tetra del príncipe.-Pero que se le va hacer… Mientras tú te aburres aquí, nosotros estaremos cazando… No te preocupes, me asegurare de cazar el ciervo más grande en tu honor…
-¿Crees que no soy capaz de ausentarme de esas reuniones para ir de caza con ustedes?-Pregunto el algo ofendido hombre.
-No, padre ruego me disculpes. Solo que… como eres el rey-Milo le miro taimado.- supongo que encontraras aburrida una competencia de quien agarra el ciervo más grande.-Ante la expresión de su padre el joven se dio cuenta que lo tenía donde quería. Su padre era amante de la caza y que él, su hijo, le dijera que se aburriría en una cacería le encontraba inaudito.-Pero no te preocupes padre, sé que los años no vienen solos y supongo que tu puntería con el arco ha mermado un poco. Por eso ya no sales de caza…-Ahí estaba la última estocada. Si su padre no aceptaba en ir con ellos, sin duda algo había hecho mal.
-Yato.-Llamo el rey mientras se ponía serio. El joven se paró y le observo-Ensilla a Pólvora. Veamos quien tiene mala puntería hijo… Les espero en el otro establo.-El rey se retiró, hacia sus aposentos, por una de las entradas secretas. Que daba a la biblioteca cercana a estos.
-Muy bien Milo.-Yato le sonrío-Por un momento pensé que se dio cuenta que le provocabas…
-Sabe que lo hice a propósito…-Milo bebió un poco de su café.-Solo finge estar ofendido, ante mis palabras, para darme el gusto. Como me malcría mi padre…-Los dos más jóvenes rieron. –Vayan a preparase, me visto y les alcanzo en el "establo"
Salón del trono.
-Señores.-Una doncella entro y se dirigió a los generales.-El rey les manda esto.-Les tendió una misiva con el selló real.
-Gracias, puedes retirarte.-Le dijo el general que tomo la carta. La abrió y una vez leída sonrío-Me voy a pasar el día con mis hijos… Cualquier cosa que suceda, búsquenme en mi casa.
-¿De qué hablas?-Otro de los generales arqueo una ceja escéptico. Les mostró la nota: "Día libre, mañana arreglamos todo".- ¿Qué demonios el pasa al rey?
-Lo que le debe pasar, es que estará agotado por la última batalla…-Concluyo el más joven de los generales.
-Sísifo… si nadie te pregunta. No respondas idioteces.-Le ladro uno, uno de los menos confiables.
-Pues no se ustedes, pero yo voy a hacerle caso al rey…-Informo otro.-Mi pequeño Regulus, está creciendo y quiero estar con él mientras crece.
-El príncipe.-Gruño por lo bajo uno.-Esto me huele a algo de él… no sé por qué. Pero es muy raro que el rey decida suspender todo a última hora.-La puerta se abrió y un niño de cabellera rubia y ojos azules entro. Los generales le vieron pasar junto a ellos, sin dirigirle la palabra o hacer una pequeña reverencia si quiera, lo que a los más ególatras les ofendió. Se acercó al trono y saco algo de debajo de este. Metió el objeto en cuestión dentro de su alforja y comenzó a salir del recinto.
Solo que uno de los generales le agarró del cuello de la camisa de algodón. El muchacho con un ávido movimiento se soltó y desenvaino el cuchillo de caza, que llevaba pendiendo de la cintura. A algunos les pareció que si el chico hubiera concluido su movimiento, el general en cuestión perdía la mano ante el filo del cuchillo, dentado de un lado y liso del otro.
-Puedo mandarte al poste por amenazar a un general con un cuchillo-Le dijo burlón el que tomo al niño desprevenido. El niño le miro, pero no replico.- ¿Qué eres mudo acaso?
-Ionia… deja al chico en paz.-Le dijo Sísifo con calma.-Me muestras ese brazalete que traes…-Miro al menor con calma, el pequeño envaino su cuchillo y le tendió una de sus manos. Sísifo vio el segundo brazalete en la otra, tomo con cuidado la muñeca del menor y observo el símbolo grabado en el brazalete- ¿Eres un siervo de príncipe…?
El brazalete tenía grabado un escorpión, sobre la lisa superficie, que debido a su posición, rodeaba toda la muñeca del menor. El chico soltó su mano del suave agarre y se retiró sin decir nada.
-¿Cómo sabes que sirve al príncipe?-Pregunto Ionia.
-El brazalete tiene un escorpión y no responde a nuestras preguntas…-Sísifo sonrío restándole importancia al asunto.- Puede ser que me equivoque… pero tengo entendido que el escorpión es el símbolo de los reyes…-El muchacho rió sin ninguna mala intención otros de sus colegas, en cambio, rieron con toda la intención de burlarse del general.
-Es medio arriesgado tener a menores al servicio del príncipe…-Dijo Ionia ofendido.
-Tal vez si, tal vez no-Fudo sonrío suavemente-Ese pequeño fue muy ágil y creo que si no hubieras sido un general, perdías la mano.
-No exageres Fudo-Le gruño el hombre.-No es para tanto.
-No sé ustedes, pero me retiro.-Fudo comenzó a caminar hacia la puerta por donde había salido el menor.-Les deseo buen día caballeros.
-Creo que llevare a Regulus a cazar-Comento el tranquilo Ilias.- ¿Vienes hermano?
-Claro…-Sísifo sonrió con calma mientras seguía a su hermano mayor.
-Sigo creyendo que el rey Kardia, no nos ha justificado su ausencia.-Fudo ya casi llegaba a la puerta, se detuvo y miro por encima de su hombro.
-Ionia…-Otro de los generales le miro con reproche.-Si el rey quiere ausentarse, que lo haga. Está en toda su derecho de hacerlo. –La puerta se abrió y entro un joven muy parecido al niño de hace unos momentos y les entrego otra carta, esta vez a Fudo. Quien con una inclinación de la cabeza le indico que podía retirarse. El adolescente cerró la puerta detrás de él.
-"Dile al general Ionia: que cuando ocupe el trono será el primero que eche de su cargo... Mi padre puede ausentarse cuando guste, no cuando el crea que puede tomarse un día de descanso"-Fudo arqueo una ceja.- ¿Es una carta del príncipe?-Todos abrieron bien grande los ojos. Era la primera vez que el príncipe se comunicaba con los generales... Aunque sea por una carta, era la primera vez que lo hacía.- Hay más líneas "Con el resto, por ahora, no tengo razón para destituirlos de su cargos. Sencillamente Ionia nunca me inspiraste confianza, ni desde que era pequeño me resultaste una persona confiable…"
-Eso sí que suena a advertencia…-Comento Sísifo sorprendido.- ¿Hay más?-Fudo asintió.
-"Por el momento, hazte haciendo la idea de que dejaras de ser general cuando me toque ocupar el trono, que espero que sean dentro de unos LARGOS años. De mientras tienes tiempo de ganarte mi confianza. Pd: ESTA NO ES MI VERDADERA LETRA. Sino que le pedí a un pequeño amiguito, que tiene un cuchillo de caza, que la escriba por mí. Que tengan un buen día. Su príncipe."-Fudo ahogo una risa. Así que el pequeño niño si servía al príncipe y, al parecer, a este no le había hecho mucha gracia que Ionia maltratara al menor.-Ionia… algo me dice que la razón de la carta es que amenazaras al niño… Ahora si me retiro.-Fudo salió, seguido de los demás generales. Ionia maldijo al niño y al príncipe. ¿Cómo osaba a humillarlo de esa forma frete a todos los otros generales?
Camino a las caballerizas.
-No sé porque… pero tengo la sospecha que el príncipe nos conoce mejor de lo esperábamos.-Comento Sísifo, mientras iba a la par de su hermano quien asintió.
-No sé si fue inteligencia o idiotez -Comenzó Fudo.-El hecho de informarle a Ionia que no confía en él.
-Yo lo veo como algo inteligente.-Dijo un pelirrojo.-De esa forma, nos hace notar algo que ya sospechaba hace rato.
-¿De qué hablas Lugonis?-Ilias le miro, el otro se limitó a arquear una ceja- Yo tampoco le tengo mucha confianza a Ionia…
-No solo es si confiamos nosotros o no, el asunto es… ¿Si el rey confía en él?-El pelirrojo les miro fijo. Una buena pregunta sin duda.-No se puede negar que él sea un gran líder militar, pero su confianza puede ponerse en duda… Hay veces que hace cosas diciendo que es por el bien de la nación, pero estas en realidad pueden ser cuestionadas.-Los demás asintieron, pensaban lo mismo. Más atrás venia caminando Ionia y otros tres generales.
-El príncipe sin duda nos ha estado vigilando.-Informo secamente Tokisada.
-Sin duda lo de hace un rato, fue una muestra de que sabe el poder que tiene-Informo frio Ludwig.-Nos quiere amedrentar… ya sabemos que no quiere saber nada con vos, aunque haya dicho que tienes "posibilidades"…-Este miro atento a Ionia.-Supongo que también nos retirara de nuestros puestos a mí a Tokisada.-Cayo al ver a otro de los generales pasar al lado suyo y acercarse a su caballo, junto al grupo de Lugonis, Sísifo, Ilias y Fudo.
Donde están los caballos.
Mientras ajustaba la silla de su caballo miro de reojo a Ilias y a Lugonis, que realizaban la misma acción.
-Esos tres tienen actitudes sospechosas, se muestran irritables ante las palabras de nuestro príncipe.-Comento, por lo bajo, el joven con un ojo tuerto…-De donde yo vengo, eso es algo muy peligroso.-Informo con sorna sin subir la voz.-A mí me da igual quien gobierne, mientras sea justo con el pueblo.-Lugonis le miro de reojo.-Dudo que esos vayan a ser justos, si derrocan al rey.
-Gracias por compartir tu opinión Harbinger.-Fudo sonrió mientras montaba-Me llama la atención tu pensamiento… creí que tenías otra filosofía de vida.
-Sencillo.-Harbinger monto en su caballo-Me di cuenta que cuanto mejor alimentados están, más entretenido es. Sus huesos se hacen más duros.-El hombre soltó una risa y espoleo a su corcel abandonando el lugar.
-Bueno, por lo menos sabemos que Harbinger no se ira contra el rey…-Sísifo monto y partió junto a su hermano. Fudo y Lugonis le siguieron.
En otro establo.
Yato abrió la puerta secreta, que permitía el acceso a un establo oculto. Ahí su hermano menor y sus soberanos le esperaban jugando a las cartas.
-Te tardaste-Milo le miro llevaba una capa color marrón y una estola del mismo color, en el cuello. Al igual que su hermano y el rey.- ¿Que noticias nos traes…? -Jabu tomo las cartas y las guardo en su morral. Eso fue lo que había ido a buscar al trono, para poder ver las reacciones de los generales.
Al rey no le sorprendieron las actitudes de Ionia, pero a Milo le indigno que amenazara al menor. Por lo cual, con aprobación de su padre, le ordeno a Jabu escribir una carta en su nombre. En realidad él le había dictado la carta, con una buena cantidad de sugerencias de su padre, para ver la reacción de los generales.
-Al general Ionia no le ha caído en gracia sus palabras, los demás se mantuvieron serios. Aunque me pareció que los generales Harbinger y Sísifo contenían la risa.-Informo el joven mientras se ponía la capa- El señor Fudo también hizo un gran esfuerzo para no reír.
-Muy predecibles sus actitudes…-El rey sonrió, mientras montaba a su yegua gris.-Vámonos de una vez… Pólvora ya quiere comenzar a correr por el bosque…- Milo monto en un caballo color rojizo con patas blanca, Jabu en una yegua color miel y Yato en un caballo color café.
Bosques del reino. 5 Horas después
-¿Enserio el príncipe se comunicó con ustedes?-El adolescente abrió bien grande los ojos.
-Solo por carta.-Su tío le miro-Pero aparentemente ni siquiera era su letra. La mando a escribir por un sirviente para que no supiéramos como es la suya realmente.
-Vaya, sin duda es muy cuidadoso-Regulus miro atento a su padre-Pero que hay si realmente fuera su letra y dijo eso para despistarlos.
-Pensaba lo mismo Regulus… pero también pienso que dijo eso para hacernos creer que realmente esa es su letra.-Su padre le miro, llevaba el arco y una flecha sujeto en una mano.-Miren ese de ahí…-Delante suyo, comiendo en un pequeño claro, había un hermoso ejemplar de ciervo de alrededor de dos años.-Este es mío…-Ilias armo su arco dispuesto a matar al animal cuando una flecha, desde otra dirección, dio muerte al mismo. Los dos generales se miraron, mientras el niño hacia una mueca, sin duda había sido una buena presa. Al poco tiempo un joven, con una capa marrón, montado en una yegua color miel se acercó a su presa. Cuando desmonto se dieron cuenta que sin duda era más pequeño de lo que pensaron al principio. Regulus espoleo a su caballo y se acercó al claro.
-Oye… Esa presa era de mi padre…-Le gruño, su capa tenia bordado el escudo de la familia.
-La presa es del que dispara primero… y llevo persiguiendo a este hace más de una hora.-Le informo el otro. Mientras seguía en su labor.
-Regulus…-Su padre se acercó y le miro con reproche. Sísifo miro al ciervo, la flecha había ingresado por el ojo izquierdo y atravesado el cráneo.
-Buen tiro…-Le alago.
-Gracias General.-El muchacho, una vez terminada su labor, coloco el ciervo en la grupa de su yegua. En eso Sísifo e Ilias reconocieron el morral del joven.
-¿Eres el sirviente del príncipe?-Pregunto sorprendido Ilias.
-En realidad… es amigo de mi hijo.-Dijo una áspera voz. El dueño de la voz apareció montado sobre una preciosa yegua color gris, llevando en su grupa un ciervo muerto, y les observo debajo de la capucha de la capa que ocultaba su rostro.-Veo que ya conocieron a mi amiguito.
-Su majestad…-Sísifo, Ilias y Regulus realizaron una reverencia, sin descender de los caballos, con la cabeza.
-Si esta con la capucha… es claro que no quiere que lo traten como el rey…-Dijo el muchacho mientras montaba. Los tres nobles le miraron sorprendidos e indignados. Como se atrevía un sirviente a hablar así.
-Ya le escucharon.-El rey soltó una risa burlona.-Si me escabullí del palacio es por qué quiero un día de cacería tranquilo.-Al poco tiempo escucharon el curioso cantar de un pájaro-Al parecer los otros dos encontraron una manada… Vamos…-Le ordeno al más joven.-Nos veremos mañana…-El rey espoleo a su yegua y partió en compañía del joven.
-¿Dijo los otros dos…?-Regulus miro a su padre ilusionado- ¿Creen que el príncipe sea uno de ellos?
-Creo que dejaremos la cacería para luego…-Sísifo miro a su hermano quien ligeramente frunció el entrecejo por la sorpresa- Si el rey castiga con calabazo una semana a quienes agarra merodeando cerca de los aposentos del príncipe, no me quiero imaginar lo que pasaría si por accidente nos topamos con él.
-El rey nunca dijo que no podíamos cazar por aquí.-Ilias le miro, también había sido picado por la curiosidad…-El rey fue hacia el este, vallamos hacia el oeste. De esa forma no nos cruzaremos…-Su hermano asintió y fueron a cazar por esa zona.
6 horas después.
Ya estaba comenzando a atardecer cuando buscaron un arroyo para refrescarse. Solo habían casado lo justo y necesario. No debían abusar de las presas de caza, porque cuando realmente se necesitara comida no habría. Regulus galopaba delante de su padre y su tío, estaba sediento. Con la emoción de salir de caza, se había olvidado de cargar las alcarrazas por lo cual cuando quisieron beber las hallaron vacías. Cuando llego al arroyo se quedó boquiabierto, no estaban solos. Su padre y su tío no tardaron en alcanzarlo.
-Hoy sin duda el día esta para encuentros.-Comento el divertido rey… Junto a él había otras tres personas montadas a caballo, con sus respectivos botines de caza.
-Su majestad…-Ilias comenzó a tartamudear…-Lo siento tanto… nosotros vinimos hacia el oeste… para evitar molestar….lo… duran…te…
-General Ilias no se preocupe, no molestan.-Dijo una calmada voz, los tres abrieron bien grande los ojos. ¿Ese había sido el príncipe? Miraron atentos a las tres figuras que acompañaban al rey. Una de ellas era más alta que las otras dos. Ese debía de ser el príncipe, si es que él formaba parte de la partida de caza.
-Su alteza…-Sísifo descendió del caballo y se arrodillo frente al jinete, del caballo rojizo y patas blancas.-Es un honor conocerle.-Ilias y Regulus le imitaron.
-Vasta de formalidades que incomodan a mi crio.-Dijo el rey mientras hacia un movimiento con la mano. Con esas palabras le confirmaba que, esa persona, era el príncipe. Debido a la forma en que llevaba la capucha, y la estola en su rostro, no era posible visibilizar nada del rostro del príncipe. Ni siquiera sus ojos. Sus manos estaban cubiertas por guantes de cacería negros, por lo tanto los generales no podrían decir si el joven tenía la piel blanca como su madre o de esa curiosa tonalidad cobriza, que parecía eternamente bronceada, de su padre.
-Mis señores-Comenzó el jinete montado en el caballo color café.-Ya es hora de regresar… si queremos cocinar el ciervo que atrapo usted su alteza.-El rey asintió y con un movimiento de la mano se despidió de los generales y partió a gran velocidad, seguido del príncipe y sus sirvientes.
Hacienda del General Ilias. 4 horas después.
-Padre lo escuchaste…-Regulus miraba emocionado a su padre mientras se metía en la cama. El joven de 15 años no había parado de hacer comentarios durante el trayecto del bosque hasta la hacienda. Se había callado en esta, pero ahora que estaba en su habitación tenía libertad de hablar.-Él sabe quién eres… Debió ser todo un honor escuchar al príncipe llamarte por tu nombre.
-Ya Regulus, para-Su tío le miro.-Recuerda que no debemos decir nada que vimos al rey y al príncipe, sin escolta, cazando.
-Si lo se…-El muchacho bajo la mirada.-Pero sin duda este día ha sido muy emocionante…
-Ya Regulus duérmete de una vez.-Le dijo su padre con una calmada sonrisa.-Buenas noches.
-Buenas noches, papa. Buenas noches tío Sísifo.
-Buenas noches.-Se despidió el otro general. Salieron del cuarto del menor y comenzaron a caminar por el pasillo-Ese chico esta hecho pura emoción…-Miro sonriente a su hermano.
-Si lo sé. Espero que guarde esta información…-Dijo el tranquilo Ilias.
-Lo hará. Regulus es impulsivo, pero sabe cuándo debe cerrar la boca.-Sísifo le sonrió, para calmar a su hermano. Entraron al despacho de este, la biblioteca de la hacienda-Cambiando de tema, no sé por qué, pero sospecho que se quién era el otro jinete.
-¿Qué otro jinete?
-El rey montaba en una yegua gris y el niño del cuchillo en una miel.-Sísifo miro a su hermano mayor, 10 años mayor, el solo tenía 25 y eso le hacia uno de los generales más jóvenes junto a Harbinger de 27-El príncipe montaba en un caballo rojizo… y el otro muchacho era…
-El que trajo la carta-Ilias entendió enseguida a donde quería llegar Sísifo.-Ellos deben de ser los únicos que pueden acercarse al príncipe.-Su hermano menor asintió…-Por qué les expondría tanto.
-Por la simple razón que jamás creeríamos que realmente, sirven personalmente, al príncipe.-Sísifo le miro. Todos habían pensado algo parecido, pensaron que los muchachos deberían ser hijos de alguna sirvienta y que el príncipe solamente había usado de mensajero al mayor...
Aposentos de príncipe, Palacio real.
-Que buena cena… Te luciste Yato-El rubio sonrió, ante las palabras del rey.-Ese ciervo sí que tenía la carne suavecita.
-Me alaga que reconozca mis talento culinarios su alteza…-Dijo el joven mientras levantaba los platos.
-También puedo reconocer tu buena puntería y la de Jabu-Dijo Kardia.-Sin duda son buenos arqueros.
-También son buenos en la esgrima.-Informo Milo, mientras bebía un poco de vino. De las bebidas alcohólicas era la única que había probado en lo que llevaba de vida.-Y mejor ni te digo de sus reflejos y los hábiles que son con los cuchillos y las pequeñas armas arrojadizas...
-Muy interesante-Kardia bebió un sorbo de su copa.- Chicos… no veo la hora de que sean más grandes y se conviertan en los guardianes de Milo.
-No creo que necesite guardianes…-dijo este por lo bajo.
-Conociendo, al igual que tú y ellos, como está la cosa ahí afuera.-Su padre le miró fijamente mientras se levantaba de la mesa- Es bueno tener a dos agiles sombras cuidando de tu espalda…o si lo prefieres dos hábiles soldados que sin duda llegaran lejos.-Miro a los jóvenes mientras les sonreía con aire fraternal-Chicos tienen grandes talentos, sin duda serán grandes generales en un futuro, cuando tengan la experiencia necesaria.-Su hijo suspiro, eso no podía negarlo-Buenas noches a los tres.
-Buenas noches.-Le replicaron los jóvenes.
-Iré a lavar estas cosas y me acostare a dormir-Informo Yato.-Jabu báñate y vete a dormir.-Le ordeno a su hermano menor, el joven de 15 años.-Buenas noches Milo-El otro le despidió con un movimiento de la cabeza. Una vez que Yato se retiró Jabu se fue a sentar junto a Milo a uno de los sillones.
-¿Te sucede algo?
-No, Jabu… solo estaba pensando-El muchacho le miro. Solo era tres años mayor a Yato y cinco más grande que él.
-Y que es ese pensamiento que amarga los ojos del príncipe.-Milo le miro arqueando una ceja-Perdón se me escapo...
-Ustedes. No quiero que nada les pase.-Como simple respuesta, con un movimiento increíblemente veloz, Jabu se levantó y arrojo tres Shuriken contra unas rosas, que cayeron al suelo partidas por la unión del tallo con la flor, y se clavaron con una certera precisión en la pared.- ¿Esa es tu forma de decirme que no me preocupe?-El niño le miro sonriente-Es posible que tengas razón…-Milo le sonrió-Ve… anda, a bañarte y a dormir que será un largo día mañana.-Jabu destrabo las estrellas sin problema y las guardo en su morral. Se despidió de Milo, con un beso en la frente de este, y tomo uno de los pasadizos secretos. Milo se quedó una hora más despierto, mirando las rosas cortadas en la unión del tallo y la flor para luego sonreír.-Ustedes sabrán cuidarse solos… Pero eso nunca evitara, que los cuide como si fueran mis hermanos…-Se levantó y se dirigió a su cuarto. Se cambió la ropa, por algo más cómodo y se acostó a dormir. Con la imagen de las rosas cortadas por las certeras estrellas se quedó profundamente dormido.
Continuara.
