CAPÍTULO 2
Catra y sus compañeras se reunieron en el laboratorio de Entrapta para comentar el ataque frustrado que habían realizado por la mañana, pero Scorpia quería hablar de algo más, algo que había visto desde la distancia, antes de que Catra lograse escapar de She-Ra.
―¿Por qué la besaste? ―preguntó sin rodeos.
―¿Qué? ―exclamó Catra incómoda, pues pensaba que nadie había presenciado su momento de debilidad.
―Lo vi todo, ¿por qué besaste a Adora? ―insistió Scorpia pero en un tono suave.
―Para desconcertarla ―dijo Catra de pronto―, para poder quitármela de encima, y funcionó, ¿verdad? ―señaló.
―Sí, pero… ―Scorpia no terminaba de creer en su argumento.
―Entonces no hay nada más que hablar ―zanjó Catra, y abandonó el laboratorio.
―Fright Zone log, hora: cinco de la tarde ―dijo Entrapta para su grabadora―, Catra ha inventado un nuevo e interesante método de distracción del enemigo, besar en la boca.
Scorpia le dirigió una mirada apagada y también dejó el laboratorio.
XXXXXX
―¿Dónde está Adora? ―preguntó Bow con entusiasmo―, quiero enseñarle un nuevo modelo de flecha que he fabricado.
―Se retiró a la habitación hace ya rato ―explicó Glimmer―, oye, Bow, ¿no crees que Adora está un poco rara desde que peleó con Catra?
―Ahora que lo dices… sí que la he notado más pensativa de lo habitual ―admitió Bow―, quizá sólo necesita descansar.
―Es como si hubiera pasado algo en ese enfrentamiento… ―susurró Glimmer.
―No le des tanta importancia, Adora sabe que puede confiar en nosotros y si necesita contarnos algo, lo hará ―intentó tranquilizarla Bow.
Glimmer no se equivocaba, había pasado algo durante el combate con Catra, algo en lo que Adora no podía dejar de pensar. No terminaba de comprenderlo, pero le había gustado el beso de Catra. Por eso no pudo rechazarla, por eso quedó desarmada física y emocionalmente ante ella. ¿Qué significaba eso?, ¿Catra no sintió lo mismo?, ¿sólo la besó para distraerla? Adora se sentía muy idiota.
Deseó ir a buscar a Catra y preguntarle abiertamente por qué la había besado, si había algo más detrás de ese beso, pero seguramente se reiría de ella y lo aprovecharía para tener ventaja en futuros combates. Sin embargo, para ella ya no había marcha atrás, ya no podía pensar en Catra de la misma manera. Sin pretenderlo, revivió el beso una vez más y se acaloró.
―¡¿Pero qué me pasa?! ―se reprendió en voz alta.
―¿Estás bien, Adora?, te escuché gritar ―sonó la voz de Glimmer, que se había teletransportado a su lado. Adora se sobresaltó, llevándose las manos al pecho.
―¡Casi me matas del susto, Glimmer, avísame antes de aparecer así, por favor! ―exclamó Adora.
―Perdona… ¿tienes fiebre? ―Glimmer la miró frunciendo el ceño.
―¿Qué?
Entonces, la princesa de Bright Moon llevó el dorso de su mano hasta la mejilla de Adora, que lucía sonrojada, y notó el calor.
―Estás como sofocada… ¿seguro que estás bien, Adora?
―¡Sí! ―mintió la rubia apartándole la cara―, sólo estoy un poco cansada.
«Eso dijo Bow, pero no me lo creo…», pensó Glimmer mientras se despedía de ella para dejarla descansar.
XXXXXX
Adora no era la única que había revivido una y mil veces aquel beso. Catra daba vueltas en su cama, incapaz de dormir o de hacer otra cosa que no fuera evocar la sensación de los labios de Adora sobre los suyos. Aunque funcionó para escapar, fue una estupidez, porque ahora todavía pensaba más en ella.
Catra se coló en el laboratorio de Entrapta y se acurrucó en sus pies, abrazada a sus cabellos, con la esperanza de que aquella calidez calmase su torturada mente. La princesa no dormía, aunque fingía hacerlo, como había hecho otras noches, y notó el temblor del cuerpo de Catra. Sollozaba, aunque trataba por todos los medios de contenerse. Entrapta recordó que Catra secó sus lágrimas con su cola cuando se sintió abandonada por las otras princesas, y no pudo hacer otra cosa que devolverle el gesto. Movilizó sus cabellos para abrazarla tiernamente. Catra abrió los ojos, húmedos de lágrimas, y la miró.
―¿Estabas despierta? ―exclamó avergonzada.
―No pasa nada, no tienes que sentirte mal ―aseguró Entrapta con una amplia sonrisa―, yo también he llorado delante de ti ―admitió sin pudor.
―Tengo una reputación que mantener, no le cuentes a Scorpia ni a nadie que me has visto así, ¿de acuerdo? ―demandó Catra.
―No lo haré, puedes confiar en mí… y en Emily ―dijo sin dejar de sonreír.
El robot emitió un par de ruiditos, como asintiendo las palabras de su creadora.
―Esas princesas no saben lo que han perdido ―aseguró Catra dejando de mirarla y acurrucándose entre sus cabellos, ronroneando―, pero mejor para mí.
Y cerró los ojos para intentar dormir.
―¿Esto ha sido por besar a Adora? ―preguntó de pronto Entrapta.
―¡Por supuesto que no! ―exclamó Catra con el pelo erizado―, sólo estoy frustrada por haber perdido otra vez ―mintió―, creo que me iré a dormir a mi habitación.
―No hace falta, de verdad, ya me estoy acostumbrando a encontrar pelos castaños entre los míos ―bromeó la princesa.
―Es que estoy en la época de muda, lo siento ―se disculpó Catra bajando las orejas. Entrapta no le dio ninguna importancia y le hizo gestos con los cabellos para que se tumbase otra vez―, gracias por dejar que me quede.
XXXXXX
Entrapta llevaba semanas trabajando en su nueva creación, a petición de Catra, algo que utilizase el poder del granate oscuro como piedra rúnica para enfrentarse a She-Ra y derrotarla. La felina se sentía más inquieta cada día que pasaba, pues se acercaba el momento en que volvería a ver a Adora, y se debatía entre el alocado impulso de volver a besarla y las ganas de derrotarla y humillarla por todo el daño que le había hecho. Se odiaba a sí misma por no ser capaz de reprimir unos sentimientos que, sin duda, Adora no merecía.
Scorpia había estado pendiente de ella, y no perdía la oportunidad de distraerla dándole conversación.
―¡Buenos días, Catra! ―saludó Scorpia con entusiasmo, abrazándola por detrás de improviso.
―¡Respeta el espacio personal! ―chilló Catra sorprendida, con todo el pelo erizado.
―Cierto, perdón… ―dijo Scorpia y retrocedió varios pasos―, ¿has organizado ya las incursiones de exploración en los Bosques Susurrantes?
―¿Qué? ―Catra recuperó la compostura―, voy a posponerlas.
―¿Por qué? ―preguntó preocupada.
―Porque tengo otro plan en marcha y es mi prioridad ―señaló Catra con expresión agresiva.
―¿Y puedo saber de qué se trata?
―Entrapta está trabajando en algo para mí, algo que me ayudará a vencer de una vez y para siempre a She-Ra ―exclamó con la mirada encendida.
Scorpia suspiró abatida, odiaba ver a Catra consumida por el rencor, sobre todo sabiendo que lo que la unía a Adora era mucho más que rencor. Pero la capitana de las fuerzas de la Horda era tan cabezota, que nada de lo que pudiera decirle, la haría cambiar de opinión.
XXXXXX
Después de haber estudiado con detenimiento la forma de luchar de Catra, observando sus entrenamientos durante semanas, Entrapta diseñó y fabricó una armadura capaz de utilizar el poder de la piedra rúnica granate oscuro, en sus manos desde que se la arrebataron a Shadow Weaver.
―¿Quieres probarla? ―invitó Entrapta con la mirada chispeante de emoción.
―Por supuesto ―afirmó Catra con una leve sonrisa.
Entrapta empezó a colocarle las piezas metálicas sobre el cuerpo mientras canturreaba. Primero el peto, después los antebrazos armados con garras y finalmente el casco. Catra comprobó con alivio que apenas le pesaba y parecía adaptarse a ella como una segunda piel.
―Como verás, no pesa demasiado ―manifestó la princesa―, adelante, utilízala ―propuso mientras señalaba unas rocas. Scorpia las miraba en silencio.
Catra no dudó un instante, y corrió hacia las rocas. Saltó y se sorprendió al comprobar que había alcanzado más altura de la que alcanzaba sola. Después empezó a golpear las rocas, haciéndolas pedazos sin apenas esfuerzo. La armadura le otorgaba una fuerza descomunal, comparable a la de She-Ra o incluso mayor. Ahora sí que podría enfrentarse a ella y derrotarla. Entrapta no dejaba de sonreír debajo de su máscara, contemplando el resultado de su creación. Catra tampoco podía ocultar su satisfacción.
―¡Esta armadura es una pasada! ―rugió exaltada.
―Fright Zone log, hora: once de la mañana, el experimento ha sido un rotundo éxito, la armadura responde perfectamente a las órdenes de Catra, potenciando sus habilidades en alto grado ―decía Entrapta a su grabadora, después miró a Catra― Me alegra que te guste ―replicó.
―¿Gustarme?, ―exclamó mientras le levantaba la máscara metálica― es fantástica… eres realmente buena en esto de la tecnología ―aseguró Catra mientras le hacía una teatral reverencia―. Me arrodillo ante tu inteligencia, Entrapta del Dryl.
―¡Gracias! ―contestó Entrapta riendo y aplaudiendo emocionada como una niña.
Era la primera vez que había podido experimentar con una piedra rúnica, y aquello era sólo el principio.
Scorpia había estado en silencio hasta ese momento, pero necesitaba hablar con Catra. No le convencía su plan, porque sabía que Catra estaba fingiendo, que sentía algo más que rencor hacia Adora, y si llegaba a hacerle daño, acabaría sufriendo ella misma, y Scorpia no quería ver a su querida amiga sufrir. Se acercó a Catra mientras ésta se terminaba de quitar la armadura.
―¿Crees que esto es buena idea? ―preguntó Scorpia.
―¿Bromeas?, con esta armadura seré invencible, incluso para She-Ra ―exclamó Catra con excitación.
―Quizá no salga como tú esperas, Catra ―declaró Scorpia con seriedad.
―¿No crees en mis posibilidades contra esa princesa de pacotilla?
―No me refiero a eso… no quiero que sufras, Catra, eres una amiga muy preciada para mí… ―Scorpia intentaba hacerle llegar sus pensamientos sin llegar a verbalizarlos, no quería ofenderla ni meterse donde no la llamaban― Si veo que vas a hacer algo con lo que no estoy del todo de acuerdo, no voy a quedarme de pinzas cruzadas.
―¡Déjate de rodeos, Scorpia!, ¿qué quieres decirme? ―exigió Catra exasperada.
―Fright Zine log, hora: doce y media de la tarde, se respira tensión en el ambiente, las capitanas Scorpia y Catra parecen tener un gran desacuerdo respecto a mi último invento ―habló Entrapta para su grabadora, mientras sus dos compañeras ni reparaban en su presencia.
―Vi el zarpazo en el dibujo de Adora que hay en vuestras antiguas literas…
―¿Qué demonios hacías en la cama de Adora? ―exclamó Catra muy molesta, como si Scorpia hubiera violado una intimidad sagrada para ella.
―Sólo fui allí para buscar a Kyle y Rogelio, fue una casualidad, no pretendía nada, pero lo vi… estás cegada por el rencor, y es muy mal consejero.
―Si te preocupa que pierda el control y She-Ra lo aproveche para ganarme, relájate, no pienso darle una sola oportunidad… ―Catra se miró las garras―, voy a aplastarla sin contemplaciones.
Catra cerró el puño con fuerza. Scorpia negó con la cabeza resignada.
―Catra ha aprendido a utilizar mi armadura perfectamente ―intervino Entrapta―, sé que puede vencer a She-Ra ―Catra sonreía orgullosa con sus palabras, pero dejó de hacerlo cuando la princesa continuó―, sin embargo, la carga emocional que albergas hacia Adora puede entrometerse en el combate con consecuencias inesperadas ―añadió.
Entrapta sabía de primera mano que Adora significaba para la felina más de lo que se atrevía a admitir. No se creyó ni por un segundo la excusa de la frustración la noche que sorprendió a Catra sollozando a sus pies.
―¡¿Le has contado a Scorpia lo de la otra noche?! ―estalló Catra roja de rabia.
―¿Qué pasó la otra noche? ―preguntó Scorpia de inmediato, apareciendo al lado de Entrapta como por arte de magia.
―Le prometí a Catra que no lo contaría ―dijo la princesa tranquilamente. Scorpia bufó frustrada y miró a Catra.
―¿No me lo vas a contar?, ¿por qué no puedo saberlo? ―empezó Scorpia.
―Déjalo, no voy a seguir hablando de esto…
―¿Es que no confías en mí?, por favor, cuéntamelo ―insistía Scorpia con actitud infantil―, creía que éramos mejores amigas.
―¡Yo ya no tengo de eso! ―afirmó Catra con rotundidad―, y se acabó la cháchara, tenemos que seguir con el plan, Lord Hordak ya me dio permiso para llevarlo a cabo.
XXXXXX
Adora volvió a leer la nota que había recibido. Catra le pedía que se vieran porque necesitaba hablar con ella. No podía dejar de sonreír. ¿Quizá Catra había reflexionado y estaba pensando en abandonar la Horda? De pronto se sonrojó, ¿y si también se sentía diferente desde el beso que habían compartido? Adora se tapó la cara con un cojín y ahogó un gritito. Después habló al respecto con sus amigos.
―Yo no me fío de ella ―aseguró Glimmer sin tapujos.
―La verdad es que sus antecedentes no son muy buenos ―admitió Bow.
―Venga, chicos, Catra se merece una segunda oportunidad, igual que la tuve yo ―dijo Adora defendiendo a su vieja amiga―, voy a hablar con ella, creo que esta vez me escuchará.
―Y como yo no me fío, te acompañaré ―dijo Glimmer.
―Y yo también, para algo somos mejores amigos ―exclamó Bow.
―Está bien, podéis venir conmigo, pero dejadme hablar a mí ―pidió Adora.
XXXXXX
―Hey, Adora ―saludó Catra―, veo que has venido con escolta.
―Hola, Catra, veo que tú también ―contestó la rubia.
―Tranquila, Scorpia y el sirviente de Lord Hordak sólo han venido como testigos.
―¿Testigos? ―Adora frunció el ceño.
―Sí… ¡testigos de la derrota de She-Ra! ―bramó Catra y abrió la caja metálica donde se encontraban las piezas de la armadura.
―¿Qué es eso? ―preguntó Glimmer inquieta.
―Esto… princesa de Bright Moon, es lo que usaré para acabar con She-Ra ―replicó Catra mientras se ponía la armadura.
―¡Era una trampa! ―exclamó Bow buscando una de sus flechas.
―¡Lo sabía! ―chilló Glimmer poniéndose en posición defensiva.
―¿Vais a luchar los tres contra mí?, ¿She-Ra tiene miedo de luchar sola? ―acusó Catra.
―¡Por supuesto que no! ―afirmó Adora alzando su espada―, ¡por el honor de Grayskull! ―Se transformó en She-Ra y miró a sus amigos― No os metáis en la pelea, es cosa mía.
«Esto es mi responsabilidad… es culpa mía que Catra se esté comportando así», pensó Adora. Ambos respetaron su petición, pero sin ningunas ganas. Glimmer tenía un mal presentimiento.
Catra se lanzó contra She-Ra y las dos chocaron con violencia. Ahora, Catra podía defenderse de la espada de protección con sus garras metálicas, alimentadas por la magia del granate oscuro, no necesitaba esquivar todos los ataques de la rubia.
―Me has engañado, Catra, creía que realmente querías hablar ―dijo She-Ra mientras forcejeaban.
―¿Recuerdas lo que te dije en uno de nuestros entrenamientos en la Fright Zone? ―preguntó Catra―, ¡no hay nada demasiado bajo para mí, siempre que me haga lograr mis objetivos! ―rugió mientras la golpeaba con violencia, lanzándola contra unas piedras.
Glimmer, Bow y Scorpia contemplaban el enfrentamiento con atención, al igual que Entrapta desde su laboratorio, donde controlaba el vínculo entre el granate oscuro y la armadura, y Lord Hordak, que observaba y escuchaba todo a través de los ojos y oídos de su pequeño espía.
La felina aterrizó junto a She-Ra mostrando los colmillos.
―Parece que esta vez, el resultado del combate será distinto… ―rio Catra.
El deseo de venganza latía en sus venas con fuerza. Catra había logrado focalizar sus pensamientos en la traición de Adora, así que no dudaba al golpearla, y cada minuto que pasaba, su superioridad quedaba más patente.
Fueron las mejores amigas desde la más tierna infancia, la persona favorita de la otra, la única familia que conocieron en la Fright Zone. Sólo contaban la una con la otra, pero no necesitaban a nadie más. O al menos así había sido para Catra, que aun sabiendo lo que la Horda hacía realmente, nunca pensó en marcharse, porque allí estaba Adora, lo único y más preciado que tenía. En cambio, para Adora no era suficiente, y no dudó en abandonarla, en dejarla atrás y sustituirla por unos blandengues desconocidos. Aquello le rompió el corazón. Y lejos de arrepentirse o ir a buscarla, con el pasar del tiempo, Adora se reafirmó más y más en su nueva posición de princesa del poder.
Los ataques de Catra eran cada vez más violentos e implacables. She-Ra tuvo que empezar a esquivar las peligrosas garras de sus antebrazos. Los recuerdos y pensamientos que recorrían la mente de la felina se volvían cada vez más dolorosos y avivaban su agresividad. Adora quería estar del lado de la justicia, aunque eso significase traicionar a su amiga de toda la vida, como si no valiera nada para ella. Como si los dieciséis años en que compartieron entrenamientos, sueños, lágrimas y travesuras no hubieran significado nada para Adora. A Catra sólo le quedaba la venganza para aliviar su corazón roto.
"No importa lo que nos hagan, tú cuidas de mí y yo cuido de ti. Nada malo puede pasarnos si nos tenemos la una a la otra", las palabras de Adora eran como puñales que se le clavaban en el pecho.
―¡Mentirosa! ―gritó Catra mientras cogía a She-ra de la camiseta y la arrojaba contra el suelo. Después se dejó caer sobre ella, clavándole la rodilla y haciéndola aullar de dolor―, ¡maldita, mentirosa! ―repitió al tiempo que golpeaba su rostro una y otra vez, hasta que la sangre empezó a brotar.
―Catra… no… ―Adora intentó razonar con ella en vano. Su mirada estaba empañada por las lágrimas y detrás de ellas, sólo había oscuridad.
―¡¿Por qué me abandonaste?, ¿por qué rompiste tu promesa?!
La rabia que anidaba en su corazón la había dominado por completo. Una rabia alimentada por el abandono de Adora y por no ser capaz de matar la atracción que sentía hacia ella… por no poder dejar de quererla.
―Ca…tra… ―Adora casi no podía hablar, tenía la cara llena de moretones y cortes, pero su débil voz no llegaba a su viaje amiga, que seguía sentada a horcajadas sobre ella, propinándole golpes.
―¡La va a matar, Bow! ―exclamó Glimmer asustada―, ¡tenemos que hacer algo!
Bow asintió y sacó una de sus flechas, pero Adora se dio cuenta y movió una mano para pedirles que no hicieran nada. Todavía podía hacerla reaccionar, tenía que intentarlo una vez más.
―Catra… por… favor… mírame… ―She-Ra se esfumó debajo de su cuerpo y apareció Adora, maltrecha y cubierta de heridas. La felina detuvo su puño en el aire―, Catra…
De pronto, la voz de Lord Hordak inundó el lugar. Llegaba a todos los presentes a través de la boca de su sirviente.
―¡Mátala, ya la tienes a tus pies! ―ordenó―, ¡mata a She-Ra!
CONTINUARÁ…
